Perdonen que tarde tanto en subir el fic, pero ya les dije lo que pasa, aparte estoy medio distraída porque quiero empezar
Con otra novela, y no se con cual, y estoy con otro quilombo con esta misma novela,
Lamento decir que esta va a ser más corta, porque esta no va a ser como la mejor, entonces...
Perdón, gracias a todas las que leen, las quiero mucho (LL

Capítulo XVI: Enfermedad de.. ¿Alzheimer?
By R. Martínez

- Hermione... ¿Hermione? – la castaña quedó colgando sobre sus brazos, casi sin vida, los brazos tendían y llegaban hasta el suelo, dónde Draco la apoyó del todo - ¿Hermione? Maldito anillo, no me dijo nada – maldijo mirando el anillo, el león se movía muchísimo, más que nunca, y recién lo notaba, pero la mano le quemaba. Quiso sacárselo, pero una mano lo detuvo.
- No... No lo saques de tu mano, ni ahora ni nunca, mientras que yo...
Una seca y ronca tos la interrumpió, Draco se inclinó sobre ella aún más, a medida que la tos se iba quitando de la garganta de Hermione.
- ¿Hermione, estás bien? – preguntó el rubio asustado, de repente Hermione volvió a sentir aquello que siempre tanto la molestaba... Aquella fuerte punzada en la cabeza, en la sien derecha, y en la mano derecha era dónde solía tener el anillo con la serpiente, dónde ahora había un gran círculo que definía los bordes de dónde antes se situaba el aro de oro. Su dedo índice estaba marcado por una especie de rastro que el anillo había dejado, mostrando esa parte del dedo de un color rojizo, más de lo normal, de un colorado más oscuro del tono que adoptaban sus mejillas cada vez que se sonrojaba ante la mirada del muchacho. Draco no entendía qué era lo que le pasaba, no contestaba, no hablaba, no hacía nada... Allí estaba, tirada en el suelo, entre sus brazos. Su brillante cabellera se escurría por entre sus manos, como agua. Sus párpados parecían suaves y pesados, pero aún así, ligeros. Sus pecas parecían ser más que la última vez que las vio, que las contó. Y sus labios, sus rojos labios estaban lastimados y se notaba que habían sido mordidos varias veces,
Tal vez en un ataque de nervios - pensó Draco -, o peor aún... De dolor ¿Sería el dolor tan fuerte e insoportable como para dejar tales marcas? Nadie sabría...
- ¡Hermione, dios, dí algo! – exigió el Slytherin.
- Lo siento, lo siento... – fue lo único que repitió apretando los labios y cerrando los ojos con fuerza para no largarse a llorar.
- ¿De qué? Yo lo siento, estoy seguro que esto es por mi culpa, lo siento... Hermione, yo... Yo te...
Draco tragó saliva para terminar la frase, pero no pudo, tuvo que contener las lágrimas. Pudo hacerlo, era un Malfoy después de todo... Solo se permitió una lágrima cayendo de su rostro, sobre los labios de Hermione, justo cuando estos se entreabrieron, lo que significaba una sola cosa; todo había acabado. Pero no podía perder esperanzas. Todo habría acabado, por ese día, Draco la llevó a la enfermería, dónde no despertó por los siguientes cuatro días. Draco iba a verla con moderación, sin que nadie lo viera.
- ¿Sabe ya que tiene? – preguntó un día Malfoy a Madame Pomfrey.
- No, lo siento querido – se lamentó. Sabía que era algo serio, pero no sabía si se trataba de una enfermedad o si eran tan solo síntomas que salían de la nada. Draco se dio vuelta justo para cruzar por la puerta, pero la tartamudeante vocecita de la enfermera lo detuvo – Aunque...
Draco se volteó, tan rápido como si acabara de escuchar a Hermione hablar.
- ¿Si? – preguntó impaciente por saber la respuesta... Madame Pomfrey suspiró parecía incómoda y triste, pero al mismo tiempo enojada.
- ¿Conoces la... La enfermedad de Alzheimer?
- No... Dios, ¿es... grave? – preguntó preocupado.
- Mira, no quiero... Preocuparte ni nada parecido, porque todavía no estamos seguros, pero... No tiene cura, además--
- ¿Morirá? – la interrumpió sin importarle lo que le decía.
- No, es solo una pérdida de memoria, aunque no siempre todo es olvidado... Lo siento...


Hermione sufría como nunca, a pesar de estar inconciente. Era peor que las punzadas en la cabeza, aunque aquello era un dolor constante. Tenía tantos sentimientos guardados en su mente, en su pecho, en su garganta. Dios, como quería, deseaba que su delicada y fina garganta quedara totalmente despejada de toda la basura que había allí, pero aún quedaban unos gritos ahogados que nunca nadie quisiera mencionar, un par de sollozos y llantos que nunca nadie quisiera llorar y una aventura que a nadie le gustaría olvidar, pero que pronto quedaría en el vacío, en el olvido.
En medio de la noche del viernes 7 de julio, a las dos de la mañana, finalmente... Hermione, pudo despertar. Estaba totalmente desorientada, no sabía dónde se encontraba precisamente... ¿Estaría en... Howgarts? ¿Estaría en... la enfermería? Lo último que recordaba era haber estado en un pasillo frío, en lo brazos de una persona... ¿Un ángel? ¿Habría muerto, y luego revivido? Todo podía ser. En primer lugar, no sabía que tenía ni que le pasaba. Todo le daba vueltas, un dolor de cabeza azotaba como si fuera un rayo que impactara contra su cráneo una y otra vez. Veía todo borroso y unas voces a lo lejos se oían distorsionadas y graves. Se volvió a acostar, con los ojos cerrados. Sentía la sábana y la almohada fría, pero su cuerpo estaba a una temperatura altísima y tenía muchísimo calor. Estaba sudando, y se sentía mojada y sucia, de alguna manera... Cómo si estuviera toda pegoteada por equis sustancia. Sintió una fría mano en la frente y una grave voz,
- Se despertó, pero tiene mucha fiebre – escuchó que le decía Madame Pomfrey a otra enfermera... Tal vez –, será mejor que descanses cariño... – le repetía la doctora a medida que su melodiosa y bondadosa voz la iba dejando dormida, en el más profundo de los sueños – Duerme...
¿Estaría Hermione sana? ¿Estaría bien? ¿Estaría viva? Quién sabía... Al diablo con el plan, al diablo con Zabbini, al diablo con todo. Iría a verla a plena luz del día, estuviera allí Potter o no. Salió bruscamente del cuarto y al escuchar la voz de Pansy no se detuvo, al contrario, aceleró el paso. Subió unas escaleras, pasó por unos pasillos y luego subió algunos escalones más. Llegó exhausto al último peldaño antes de entrar al ala de le enfermería. El corazón le dio un vuelco cuando vio que la cama en la que Hermione solía estar estaba ahora vacía. ¿Se habría ido? De seguro que ya se había recuperado... Se tranquilizó un poco ante ese pensamiento, pero de repente oyó unas voces en un baño que había a pocos metros de distancia cerca de la salida de la enfermería, reconoció una voz muy familiar, Potter. Salió corriendo, ¿estaría el con Hermione? Se apoyó contra la puerta, escuchando todo lo que decía...
- ¿Estás bien? – le preguntó. El estaba sentado en la mesada de mármol, dónde estaban los lavabos - Me asustaste cuando te empezó a sangrar la nariz, pero veo que no pasó nada... Me alegro – dijo, dándole unas suaves palmaditas en la espalda a la muchacha que estaba con la cabeza en el lavabo, secándose la sangre de la boca con el agua.
- Gracias Harry – le dijo dedicándole una sonrisa un poco sarcástica –, y las palmaditas en la espalda estuvieron demás, recuerda que no soy Ron.
- Lo siento – rió el Gryffindor – ¿Ya te dijeron que tienes?
- No... Pensaron que tenía Alzheimer, es una enfermedad de pérdida de memoria, en general muggle, pero bueno... Pero al ver que recuerdo todo, descartaron esa posibilidad y dijeron que seguirían buscando – explicó al ver la cara de confusión de Harry - También sugirieron que puede ser que no tenga nada... Solo un episodio de... Cosas raras – añadió.
- Oh – dijo, y luego de un momento de silencio, rió.
- ¿Qué? – preguntó la muchacha mientras se secaba las manos y la cara con una toalla blanco oro que había colgada en una manija de oro que estaba clavada en la pared.
- Te quedó un poco de sangre debajo de la nariz y parece un mini-bigote – explicó riéndose.
- Que maduro que eres – le replicó Hermione limpiándose.
- Lo siento... ¿Bueno, quieres ir a ver a Ron? – preguntó Harry bajándose de la mesada – Debe de estar preocupado, Ginny también. Y Parvati también, y Lavander también querrá. Bueno, todos...
- Eh... De acuerdo – dijo –, si es que ellos no se van a burlar de mi mini-bigote – dijo Hermione mientras que Harry pasaba su brazo por sus hombros y ella pasaba el suyo por el torso del muchacho.
- No te preocupes... Parvati tiene más que tu. Y no es de sangre, es puro pelo – le dijo mientras que salían abrazados del brazo.
- ¡Dios! – dijo, mientras que se retorcía de la risa – eres un asco.
- Pero te lo digo de verdad, tiene más que... Hagrid.
- ¡Pobre! – gritaba mientras que se iban alejando. Sus voces se perdieron a los pocos minutos y lo último que Draco llegó a escuchar desde atrás de una columna fue la risa de Hermione. Aquella hermosa risa, como la había extrañado en esos últimos días. Sin su voz, sin su sonrisa, sin su mirada. Sin su presencia. Fue en ese momento, cuando se dio cuenta, más que nunca, que por el resto de su vida, la necesitaría. Que por el resto de su vida la amaría.


- Esta foto es desastrosa – dijo Harry.
- Si, yo salí peor que en la anterior – comentó Ginny señalándose.
Ron, Harry, Ginny y Hermione estaban recordando buenos momentos, viendo fotos de un álbum que tenía Harry y charlando en la sala común de Gryffindor. Hermione soltó una carcajada al ver una foto del Gryffindor de bebé con un pañal y la boca llena de chocolate y con un malvavisco metido por la nariz.
- Si, si... Ya se, solía ser un poco...
- ¿Torpe? – sugirió Ron. Ginny y Hermione rieron.
- Iba a decir adorable, pero como quieras – Hermione volvió a reír junto con una sonrisa de Ginny y de los Gryffindors.
- ¡No! Esta foto es terrible, por favor, no la vean – dijo Ginny tapándola mientras que Ron se sonrojaba. Ninguno de los cuatro había salido muy bien en la foto de fin de año del segundo curso del colegio.
- Nunca lo había notado, pero hay tantos chicos... Feos – dijo Hermione con el entrecejo fruncido. Los demás se rieron -, lo digo de verdad. Miren a esa persona – dijo señalando a un muchacho gordo con anteojos y muy bajito.
- Oh, pero mira a este otro Hermione – pidió Ginny marcando a un chico con los dientes salidos y los ojos muy abiertos.
- Ese es Floriponsio McPilly, es un amigo mío de Ravenclaw – explicó. Harry y Ron se miraron un momento serios y largaron una carcajada.
- ¿De qué se rien? – quiso saber Ginny.
- ¿Floriponsio? ¿McPilly? – gritó Harry agarrándose las tripas. Ginny rió también, mientras que miraba a Hermione, haciéndose la ofendida.
- Ni siquiera McPhilly, es McPilly, como... ¡Te pillé! – dijo Ron mientras que se secaba las lágrimas. Harry había dejado de reír ya y Ron había quedado como un estúpido.
- No es gracioso.
- No lo es.
- Claro que no – dijeron los otros tres mientras que Ron se secaba otra lágrima con cara de tonto.
- ¿Quién es ese? – preguntó Hermione con el entrecejo fruncido, mostrando un chico con una túnica de un color que no se distinguía; la foto era en blanco y negro. Era un muchacho rubio, con los ojos de un color particularmente hermoso. Era un celeste grisáceo, que iba perfecto con el pálido rostro de este, quién reía junto a dos chicos más gordos, Crabbe y Goyle... – Ese es bastante lindo, y parece ser... Espera...
- ¿Qué? – inquirió Ron furioso, pero Hermione se quedó mirando la foto.
- Se me hace familiar – se dijo a si misma mientras entrecerraba la vista.
- ¿No sabes quién es ese, Hermione? – insistió Ginny.
- No... Se me... Me suena, mucho. De rostro, pero... No... No se su nombre.


- ¿Harry? Err... ¿Sabes dónde está Ron? – le preguntó Hermione un día que estaban en la sala común.
- Eh... Pues, creo que se fue a Hogsmade a visitar a Fred y George – supuso Harry mientras que pasaba de página del libro, Quidditch a través de los tiempos.
- Ah... Bueno, me gustaría preguntarte a ti... ¿Quién era el muchacho de la foto? Digo... ¿El rubio? – quiso saber, un poco avergonzada. Pudo notar que Harry movía su pie a un ritmo rápido, como si estuviera nervioso. ¿Tendría que decirle lo que había pasado entre ellos dos? No le caía bien Malfoy, pero el la quería de verdad y ella parecía que también a el, según lo que el le había contado.
- Eh... No se si te puedo decir, Her... Hermione... – dijo – Esto, me tengo que ir... Eh, adiós. Nos vemos – se despidió al ver que Hermione estaba por decir algo. Se llevó el libro con el, saliendo de la Sala Común.


- ¿Tendríamos que llevarla a la enfermería? – preguntó Harry mientras que iban a clase de pociones, Hermione se había quedado en su cuarto, porque le habían dado una semana sin clases, por lo que, por más que pidiera, rogara, etcétera, no podría ir a ninguna clase – No se acuerda de una cosa, de Malfoy... No sabemos si es alguna señal de... Algo, no se...
- No lo se, creo que... ¡Auch, idiota! – gritó Ron frotándose el brazo.
- Gracias comadreja roñosa. Agradece que te rocé siquiera, lustré un poco tu suciedad - dijo Malfoy mientras que sus secuaces se reían a los cuatro vientos.
- Dios, gracias a dios que Hermione no lo recuerda... – le dijo a Harry.
- ¿Qué dijiste? – preguntó desafiante Malfoy.
- Calla Ron, no le digas nada... – pidió Harry – No... No vale la pena.
- Repítelo comadreja, si es que tienes el valor suficiente.
- ¡DIJE QUE GRACIAS A DIOS QUE HERMIONE NO TE RECUERDA! – le ladró nuevamente. Malfoy se congeló. No recordaba quien era... La única persona que amaba y que iba a amar por toda la vida, no se acordaba de el...
- ¿Estás diciéndomelo de verdad? – preguntó Malfoy preocupado, sin poder creerlo aún. Pudo notar como Harry estaba quieto, sin decir nada.
- Si, ¿por qué te importa tanto? – lo alentó Ron acercándose a el.
- Yo... Yo... A mi... – hizo una mueca como si fuera a llorar, pero luego sonrió – A mi me importa un bledo, si no se acuerda de mi, mejor – dijo arqueando una ceja, aunque por adentro sentía como si fuera a explotar -. Vámonos, Crabbe, Goyle...
- Dios... – dijeron al unísono los Gryffindors.
Al final de la clase Harry se tuvo que quedar en detención con Snape porque tenido un pequeño incidente...
- ¡Dios! ¿Es que tienes celos de mi belleza, Potter? – le había preguntado Parkinson con una mueca de superioridad cuando el Gryffindor le había tirado un poco de hígado de Kappa en la cabeza. Harry no pudo evitar una carcajada, y con la boca tan abierta y a tan poca distancia, Pansy aprovechó y le metió el mismo hígado en la boca a Harry a quien lo único que se le ocurrió hacer fue tragarlo. Esto hizo que el pelo le empezara a crecer hasta que le quedara por la cintura.
- ¡Guau, eres aún más fea Potter! – lo "halagó" Zabbini, y todos rieron en coro. Ron no pudo evitar una risita por lo bajo.
- ¡Señor Potter, podría usted explicar este...
- cambio de look? – terminó Crabbe.
- cambio de sexo? – añadió Goyle. Todos los Slytherin volvieron a reír.
- De seguro que también trae unas lindas braguitas de algodón rosa debajo de esa túnica – bromeó Blaise. Harry estaba harto, tenía tan mal humor que ni podía hablar.
- ¡Suficiente! - calló Snape a los alumnos - Veo que los de Slytherin han desarrollado un nuevo sistema de bromas. Cinco puntos – Harry y Ron, al igual que todos los Gryffindors intercambiaron una mirada de asombro –, y veo que en cambio... El señor Potter nada más (afortunadamente) ha desarrollado un nuevo sistema de...
- Por favor no termine la frase, profesor Snape – había dicho Harry –. Castigado, entendí – dijo, se sentó y el tema fue olvidado. Cuando abrió el cuaderno para escribir encontró un corpiño rosa con corazones.
- De acuerdo, ¿quién fue? – preguntó mientras que todos se reían.
Los Slytherin también le chiflaban cuando se levantó para darle su redacción al maestro. Durante el resto de la clase, el pelo le molestó bastante para escribir.
- OK, esto es el colmo. ¿Alguien tiene una cola para atar el cabello? – preguntó levantándose, Parkinson le tiró una suya rosa con adornos de florcitas. Harry miró a las dos con una mirada sombría - ¿algo más varonil?
- No serviría de nada, Potter – contestó la morena. Todos volvieron a reír... Harry suspiró y se ató el pelo. Cuando se iban todos Pansy pasó a su lado y le gritó "Quédatela, no es mía de todas maneras...".
- No tenía intenciones de hacerlo, se la daré a Hermione – respondió.
Terminó la clase y Harry se quedó dos horas con Snape, acomodando frascos y todo tipo de chucherías.
- Dios... – susurró cuando salió del aula.
- ¡Potter! – lo llamaron desde atrás.
- Oh, Malfoy...
- Necesito que me digas bien... ¿Qué fue lo qué le pasó a Hermione? ¿Qué le pasa? ¿Porqué no vino? – le preguntó exasperado - ¿De quién más no se acuerda?
- No le pasa nada, solo que... Tiene una semana sin clases por este tema de la... Enfermedad que suponemos que tiene. No se, hoy estaba bien, bueno... Excepto porque quería venir a clases sin falta, y no la dejaron, pero además de eso, estaba excelente.
- Perfecto Potter, pero no respondiste mi otra pregunta – le recordó apretando los dientes-, ¿de quién más no se acuerda? – repitió nuevamente. Respiraba rápidamente, por los nervios. No sería justo ni posible que se acordara de todo y de todos menos de el. Harry suspiró.
- Lo siento.
- No... No puede ser – bufó, se dio vuelta y se despeinó el pelo con una mano, mientras que con la otra golpeó el aire.
- Le contaré de ti, y de las cosas que tuvieron en el... pasado, si quieres – sugirió Harry. No le agradaba la idea de ellos dos juntos, para nada. Pero se notaba que el la quería de verdad.
- ¿De verdad harías eso? – le preguntó dándose vuelta Draco, con cierta desconfianza en el blanco rostro.
- Si, porqué no. Solo si me prometes... Que harás cualquier cosa por ella y que no será infeliz. Ni por ti, ni por nadie – lo hizo jurar Harry.
- Potter... – comenzó acercándose al muchacho para que lo escuchara solo el – Daría mi vida para salvar a Hermione. No puedo creer que te lo esté diciendo a ti, pero... Es la verdad – confesó sonriendo.


Luego de unas horas de buscarla por todo el castillo y de ir también a Hogsmade, Harry entró a la sala Común, buscándola con la mirada. Pero solo encontró a Ron sonriendo maliciosamente, observando fijamente al fuego.
- Ron, ¡Ron! ¿Viste a Hermione? – le preguntó exhausto acercándose al sillón en el que su amigo estaba.
- No, no tengo idea dónde esta... – suspiró sin quitar la vista del fuego todavía con aquella tétrica sonrisa.
- Oh, perfecto... – se desplomó sobre el sillón junto a su amigo. Podía esperar, nadie sabía que Hermione no recordaba a Draco. Si... Además, nadie le contaría nada de el. De repente, Ron se volvió a Harry, lo miró con desprecio y volviendo a sonreír dijo las peores seis palabras que en ese momento podrían haber sido dichas...
- Le conté a Hermione de Malfoy...