Perdón qe de nuevo sea tan corto, pero me tngo qe ir a dormir .. :S
Chau, y muchas gracias a todas las qe leen.
Capítulo XVIII: Desesperación
"¿Con quién me voy a encontrar?", "¿Por qué tan tarde, por qué a esta hora?", "¿Por qué?" esas preguntas rondaron millones de veces por la cabeza de Hermione, durante horas y horas, hasta que se hizo la hora. Harry había estado muy, misterioso, por decirlo de alguna manera, aquél día. No le había dicho nada, solo que vaya a la lechucería aquella noche, a las dos. Y se había marchado del cuarto, desconcertado.
- Severus Snape es un estúpido-pelo-grasiento – murmuró por lo bajo. Aquel pasadizo era el que había tomado aquel mismo día que su cabeza se había golpeado con el suelo... Un escalofrío recorrió su espalda al recordar el sentimiento de algo húmedo que se esparcía por todo el suelo y el olor de la sangre...
Hermione bajó por las escaleras de caracol, llegó al último escalón y siguió caminando hacia delante, hasta toparse con una pared. Sacó su varita, y atravesó la pared. La pared se hizo de agua, como siempre. Se sumergió en la laguna, al meter su pie se mojó y una especie de remolino se formó, succionándola suavemente hacia el fondo, dónde se notaba un tipo de agujero en la tierra que había como suelo del lago, que daba al suelo de la lechucería, o sea que ese agujero se encontraba en el techo de ésta. Hermione aterrizó en el suelo de la lechucería. Seguía seca, menos por el pelo que estaba, al igual que las otras veces, húmedo. Se levantó un poco mareada.
- No creí que fueras a venir... – dijo una voz cálida y un poco desconfiada.
- ¿Qué? – preguntó Hermione. Levantó la vista al fin, al no reconocer la voz, pero al ver a la persona que tenía enfrente se sintió desilusionada, furiosa... Y a la vez, sorprendida – Malfoy...
- Si, Malfoy – suspiró por lo bajo el rubio.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó todavía extrañada, con un tono enojado en la voz.
- Pues... ¿No es obvio? Quiero... Hablar – dijo el Slytherin como si fuera lo más normal del mundo... Claro que lo era, para el... Claro que no lo era, para ella.
- Pues, yo no quiero hablar contigo... – le espetó y se dirigió a la puerta de la lechucería, a punto de salir, pero Draco se le adelantó y le cerró la puerta en las narices.
- ¿Por qué no quieres hablar conmigo, si ni siquiera me conoces? – inquirió susurrando.
- Creo que tengo suficientes motivos para no hablar contigo ó para desconfiar de lo que quieras hacer es exactamente 'hablar' Malfoy – le dijo enojada mirándolo fijamente a esos ojos iceberg que tenía... Esos ojos que ahora veía por primera vez, dios, eran hermosos. ¿Por qué justo tenía que ser él? –, déjame ir.
- No... – le dijo con una pequeña sonrisa en los labios, contemplándola a aquellos ojos almendrados que tenía. Su pequeña nariz respingada y sus preciosas pecas le daban un aspecto de niña tierna, como su sonrisa... Dios, lo que daría por verla sonreír como lo hacía antes...
- ¿Por qué? ¿Me echarás un crucio, como lo hiciste en el pasado? – le preguntó con el tono más frío que pudo. ¿Qué demonios le pasaba? No recordaba ser así... Solo guiarse por el físico de una persona, pero en lo único que podía pensar en ese momento era en tirarse a sus brazos y besarlo como si la vida le fuera en ello. De repente la mueca del rostro del Slytherin desapareció, pero aún así no sacó la vista de los ojos de Hermione. Dios Santo, ¿cómo estaba haciendo para soportar el tenerla tan cerca y no agarrarla en brazos? No tenía idea. Pero no lo podía hacer...
- ¿Por qué demonios dices eso? ¿Quién fue el idiota que te dijo eso, y cómo hiciste tú para creerle? – pero apenas terminó de decir la frase la mano de Hermione cayó en la mejilla de Draco, dejándola dolorida y colorada. El muchacho sin poder creerlo se frotó el rostro y miró a la chica con los ojos abiertos.
- El idiota que me dijo eso fue mi mejor amigo, el único que me dice la verdad. Y el que no me hace daño – dijo finalmente y estaba decidida a irse cuando vio lo que había desatado en los ojos del Slytherin. No era furia, ni asombro... Sino más bien algo que no creía que fuera a ver nunca en su vida, menos viniendo de una persona así... Era tristeza, o más bien, desilusión.
- Yo... Creo que tu amigo debería decirte la verdad de vez en cuando, sin importar de quién se trate – comenzó suavemente con la vista fija en el suelo y la mano pálida y fría rozándose la mejilla -. Y en cuanto a mi... Nunca te hice nada, en ese sentido... Y si alguna vez lo hice de otra manera, pues nunca quise hacerlo... – terminó. Tuvo ganas de decirle toda la verdad, pero no podía ser más débil que eso. En realidad, no podía permitírselo – Solo te quería decir que...
- Déjame... Ir... Malfoy – rogó la muchacha con los ojos cerrados tratando de no perder el control.
Sin otra palabra más, Draco abrió la puerta con un sentimiento horrible en la garganta... ¿Podría eso ser... Angustia? No tenía idea, pero fuera lo que fuera... No le gustaba.
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- Si quieres, puedo tratar yo de... Hablar con ella – ofreció el moreno, después de que Draco le haya contado lo ocurrido. Omitiendo un par de partes que pensaba que tal vez eran un poco bochornosas.
- De acuerdo...
Dio media vuelta y comenzó a caminar pero la helada mano del Slytherin lo frenó. Por primera vez vio algo en el rostro de éste que nunca había visto tan definido en otra persona... No era tristeza, ni curiosidad, esta vez, era... Miedo.
- ¿Qué piensas hacer para convencerla de qué yo no le hice nada? Digo... Después de creer eso, ¿cómo creerá que estuvimos juntos? Tu viste cómo me trató a mí... – se detuvo para recuperar la respiración – ¿Quién le dijo? – suspiró con la mirada en el suelo, cambiando de tema.
- Si te dijera... ¿Qué harías? – sopesó Harry. Pasaron unos segundos hasta que Draco abrió la boca.
- No estoy seguro – dudó.
- Entonces... No te puedo decir, lo siento, pero --
- Fue Weasley, ¿verdad? – repuso.
- No, no fue el – no le podía decir que había sido el, viniendo de Malfoy estaba un 99.9 seguro de que le haría daño. Lo que Ron había hecho estuvo mal, pero no merecía sufrir las consecuencias que el Slytherin se encargaría de otorgarle.
- No le haré nada Potter, solo quiero saber – insistió, aunque no sonaba del todo convincente. Aquella comadreja siempre había estado atrás de Hermione, y ella nunca lo había querido como más que a un amigo. Las probabilidades de que Weasley haya sido el culpable sonaban muy razonables.
- Si, fue el, pero te pido que no le hagas nada – rogó Harry -, te estoy ayudando con Hermione. Me debes una grande.
- ¿Qué me estás ayudan... – frenó. Obviamente que Harry lo estaba ayudando, y no tenía derecho a hacerle nada a ninguno de los dos... Para Malfoy, esto debía de suponer una especie de 'favor' – de acuerdo. No le haré nada a tu novio, pero necesito que me... Ayudes para pensar en cómo... Dios... – suspiró irritado. Comenzó a pensar en cómo seguir, mientras que se pellizcaba el puente de la nariz ¿Por qué diablos le estaba hablando a Potter de aquello? Era la única persona que lo sabía, pero... Seguía siendo Potter, el cabeza rajada.
- ¿No crees que sería mejor si fuéramos... 'amigos'? – sugirió de repente el Gryffindor. Malfoy levantó la vista con una sonrisa entre burlona y pensativa -, digo... No sería tan incómodo para ninguno de los dos y tal vez... Puede ser que, no seas tan malo como pienso – terminó y asintió con una pequeña sonrisa, bastante satisfecho con su explicación.
- ¿Tú y yo? ¿Amigos? – continuó aguantándose la risa, se señaló a el y luego al morocho - ¿Tu y yo?
- Es sólo por un tiempo, no te digo que me invites a tu casa a jugar a las muñequitas y a tomar el té, no es una cosa muy... Compleja tener amigos, ¿sabes? – insistió – Además, sería más simple expresarnos...
- Dios Potter, ya cálmate... Pareces una niña – comenzó -, de veras, ¿"expresarnos"? – dijo, y se rió.
- De acuerdo Malfoy, haz lo que quieras, yo solo estoy proponiéndote una idea para que esto sea más fácil de hacer, en vez de que cada cosa que diga tu me rechaces y te burles. Estoy tratando de ayudarte en una cosa de la que ni siquiera estoy obligado, y si tu no --
- De acuerdo Potter. Seamos... 'Amigos', siempre se puede intentar – lo interrumpió – pero ayúdame con Hermione, de veras la necesito de vuelta.
- Seguro, veré que puedo hacer – se dio vuelta y estaba a punto de caminar, cuando de nuevo frenó. Pero esta vez no fue ni una mano ni un brazo lo que lo paró, sino la voz del Slytherin.
- Y... Muchas Gracias... Potter – dijo Malfoy, incómodo, pero sinceramente. Harry asintió con la cabeza y se marchó.
- Maldita sea, Ron – maldijo para sí mismo Harry.
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- Necesito tu ayuda – dijo de repente Ron. El día estaba precioso, el cielo azul, despejado. Había un leve y cálido viento que hacía que la bella vista de Hogwarts pareciera menos tétrico, y con todos los verdes árboles alrededor más todavía. Pero aquellas cuatro palabras, sobre todo de parte del pelirrojo, sonaban mal, peor aún con ese tono. No tanto mal, sino como preocupantes.
- Te escucho – terció Harry con una mirada de recelo.
- Es de... Hermione. Creo que... Me... Eh... No sé muy bien como decirlo, es... Complicado – comenzó a tartamudear, torciendo las manos nervioso -. Creo que... que estoy enamorando de ella... Te juro que todo con Lavander ya pasó. Ya no me importa más. Nunca me ha importado mucho, pero ahora menos que antes. Prefiero estar con Hermione. No paro de pensar en ella, sueño con ella. – admitió Ron.
- ¿Te estás enamorando? – repitió Harry, incrédulo.
- Si... Y ya sé que está mal y que no debería hacer nada, porque somos amigos, pero... Me está volviendo loco, y yo... No se qué hacer
Ron necesitaba su ayuda. Eran más amigos entre ellos dos (obviamente), y enamorarse de alguien... Eso era un sentimiento fuerte, tal vez Malfoy sintiera algo más débil por ella que su amigo. Pero de todas maneras... Parecía que lo de Malfoy no fuera tan solo un capricho.
- Diablos Ron... No se qué decirte. Lo más probable es que no deberías meterte con ella, pero... No sé.
De repente Harry vió al Slytherin detrás de un arbusto que había cerca de ellos haciéndole gestos para que se acercara.
- Oh, demonios... Eh, Ron, me he olvidado una cosa en el invernadero, ya vengo.
- ¿Quieres que te espere?
- No te preocupes, te veo arriba – se despidió y su amigo se adentró en el hall de entrada del castillo, para luego irse a la Torre de Gryffindor. Harry frenó, se aseguró que no hubiera nadie cerca y se dirigió al lugar dónde había visto a Malfoy.
- ¿Malfoy? – llamó. Pero no lo vio por ninguna parte. De repente escuchó su fría voz detrás suyo.
- Ven, aquí no es seguro – dijo, y se lo llevó atrás de la parte en la que estaban los invernaderos - ¿Qué te dijo Weasley? – continuó una vez más refugiados.
- Eh... Nada...
- Vamos Potter, ¿qué te piensas? ¿Qué soy un estúpido? Sé que dijo que le pasaba algo con... Con Hermione – dijo dándole la espalda y apoyando una mano contra la pared de piedra, como si estuviera a punto de caerse. En sus ojos gris iceberg se pudieron notar distintos pedazos en el iris de sus ojos, como si fueran... Pedazos de vidrio helado. Fragmentos de iceberg ardientes de furia, trozos de hielo punzante, que demostraban todo lo que estaba sintiendo en ese momento; ira, envidia... Celos.
- No le pasa nada, solo que... Está enamorado de Hermione...
- ¿Qué piensas hacer? ¿Prefieres ayudarme a mi o a él?
- ¿Qué clase de pregunta es esa?
- Es obvio que prefieres ayudar a un amigo, así que si quieres ayudarlo a él... Está bien, me las apañaré solo...
- Tú también eres mi amigo... Más reciente, pero al fin y al cabo, lo somos Malfoy... – antes de que el Slytherin dijera nada y lo mirará de una manera peligrosamente tranquila, Harry tuvo suficiente para ver el dolor que le causaba que otra persona quisiera arrebatarle a su amiga – te ayudaré a ti... No sé cuándo, no sé cómo... Lo que menos sé es porqué. Pero de alguna manera lo haré – concluyó el Gryffindor. Pudo apreciar el afecto que Malfoy le tenía a su amiga, y sabía que ella había sido verdaderamente feliz aquellos días en los que salía con el... Así que de una manera u otra... Lo ayudaría.
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- Oh, Ron. Aquí estás, ¿está Hermione en su cuarto? Necesito hablar con ella...
- Si, está arriba, pero acaba de ir a dormirse – dijo Ron. Estaba sentado en una silla, leyendo El Profeta, con una taza de chocolate caliente en la mesa.
- Oh, de acuerdo. Porque le quería hablar de Malf... – Harry quiso que lo tragara la tierra. Se le había escapado.
- ¿Qué? ¿Qué le quieres hablar de... Malfoy? –
- Eh... No he dicho Malfoy yo.
- Si, dijiste 'Malf', estabas a punto de decir Malfoy.
- Pero fue porque me interrumpiste, en realidad quise decir Mal... Eh, Malffffffutis. Si, porque la poción... Malfutis que... No sé prepararla, y necesito ayuda, para la tarea de Pociones...
- No existe ninguna poción llamada Malfutis – dijo desconfiado.
- Si que existe.
- ¡Estás mintiendo! ¿Qué le dirás de Malfoy? – acusó el pelirrojo levantándose.
- ¿Qué? No estoy mintiendo – se defendió Harry.
- Si, ¿crees que no me doy cuenta cuándo miente mi mejor amigo? ¿Crees que de verdad soy tan estúpido? – preguntó el Gryffindor con recelo.
- ¡Dios, Ron, estás actuando como un completo idiota! – dijo comenzando a perder la paciencia.
- Pues, entonces dime la verdad. Así, si tengo razón alguna dejaré de serlo.
Lo único que se le ocurrió decir o hacer a Harry fue tratar de reprimirse la frase 'eres un idiota' e irse.
