Capítulo XIX: Juntos, Solos.
- Estamos solos Hermione. Estamos juntos – recordó. Esas exactas palabras le había dicho el pelirrojo, luego de contarle lo sucedido; su mejor amigo Harry había tenido una gran pelea con él, y para vengarse decidió ayudar a su enemigo, Malfoy. Esto le pareció muy raro a Hermione, sabía que Harry nunca haría algo así, pero se dio cuenta que en ese mundo, y más aún después de lo que había pasado con su 'enfermedad' o lo que fuera que estuviera mal con ella, tal vez su vida no fuera perfecta como creía y, además de todo, podía ser que no se acordara de algún detalle...
Se aferró a la columna para luego deslizarse con la espalda hasta el suelo por la pared.
Llevaba ya varias horas llorando, tratando de respirar.
Malfoy, Harry... Todo se iba derrumbando.
Pero sentía como si no hubiera aire en sus pulmones.
Cada vez que se acordaba de Malfoy sentía un escalofrío recorrerle todo el cuerpo, y un impulso... Como si quisiera moverse frenéticamente, sentía como si estuviera tratando de alcanzar algún vago recuerdo en su memoria que estaba demasiado lejos para descubrirlo, pero demasiado cerca como para tentarla. De vez en cuando veía imágenes de ella y Malfoy besándose apasionadamente, pero aparecían tan solo por un segundo, y luego se desvanecían lentamente, para prolongar el dolor que sentía al pensar en esa situación desgarradora. Aunque éstas, dejaban una dulce y desesperante sensación, y Hermione a veces creía que su mente estaba tratando de decirle algo, pero buscaba en su cerebro, estrujándolo, sacudiéndolo, estrechándolo, pero no encontraba nada. Y luego por horas lloraba nuevamente y su cabeza le dolía, en vano... Pero esa vez el dolor era el peor, estaría su enfermedad... ¿apareciendo nuevamente? No podía estar segura de nada, tenía miedo, y por primera vez de lo que ella recordaba... Tristeza. Toda su vida estaba comenzando a ser un verdadero desperdicio.
Dejó que el dolor la consumiera y la matara... Tan solo por un momento, unos minutos, para saborear aquel efecto que surtía en todo su ser. Comenzó a respirar agitadamente, tratando de tranquilizarse. Sin rendirse, sin querer hacerlo, o por lo menos concientemente.
Recordaba aquel frío pasillo. Cómo nunca lo había hecho... En aquel mismo lugar Hermione había abrazado a Draco, ese día en el que el se había desmayado o Merlín sabe qué le había pasado.
- ¡Maldita sea! – gritó dentro de su cabeza. Aquel maldito y horrible dolor era como si le hubieran clavando una aguja en la sien, y las cicatrices nunca se sellaran. Quedaran abiertas. Cómo sentía que las cosas habían quedado con Malfoy. ¿Qué demonios era ese sentimiento? Angustia, respondió una voz dentro de ella...
- Dios... – suspiró, respirando hondo. Sostuvo el aire unos segundos y luego lo renovó dentro de sus pulmones. Se agarró la cabeza nuevamente, con la misma intensidad con la que quería que el dolor parara. De repente, una tos se coló por su garganta, impidiendo a ésta que lanzara un grito desgarrador, el cual Hermione se acababa de enterar que tenía varios meses queriendo salir. Una tos imparable, un dolor incesante, una tristeza constante... Su corazón se partió a la mitad, no tenía el suficiente tiempo para pensar en todos los problemas que estaba teniendo. Se llevó la mano a la cara, viendo allí un borroso anillo con una serpiente moviéndose lentamente y sacando su lengua amenazante... Y antes de que pudiera seguir pensando, todo se volvió negro, y sintió como unos fríos brazos la envolvían y la levantaban del suelo, y cómo nunca sintió antes, con el tacto de aquella persona, experimentó una sensación de amplitud completa. Cómo si con estar en los brazos de aquel sujeto, no le faltara nada, y todo dolor quedara flotando en el aire, justo en el lugar del que ella acababa de irse.
Podía oír, murmullos, vocecillas a su alrededor. ¿O estarían en su cabeza? Con un poco de suerte no estaría en la enfermería, no podría soportar preguntas, ni gritos. Estaba cansada, se sentía llena, cómo si se hubiera comido todo el banquete de Hogwarts ella sola, pero al mismo tiempo, vacía. Cómo si la vida no tuviera sentido, ¿por qué demonios todo era tan complicado? Sintió una colcha de terciopelo debajo de su peso corporal, y mientras se aferraba a ella suavemente, abrió los ojos.
- Oye, está despertando – oyó decir a alguien.
- ¿Her... ¿Hermione? – dijo otra persona.
Parvati y Ginny estaban frente a ella. La pelirroja estaba sentada a los pies de su cama, parecía preocupada, pero contenta. Y la otra parecía triste, pero satisfecha. Antes de que ninguna de las dos pudiera hablar Hermione, sintió un dolor en la frente, cómo si le ardiera. Y cuando se llevó la mano a la parte dolorida, palpó un pedazo de algodón húmedo con algo que seguramente fuera agua oxigenada.
- ¿Recuerdas qué te pasó? – preguntó la pelirroja.
- No, lo único que recuerdo es haber tenido un dolor de cabeza, y al despertarme, ya estaba aquí – dijo. Omitió el detalle de que una persona la había levantado, porque suponía que había sido alguna de ellas dos. No sabía porque pero pudo sentir una leve pizca de decepción que la llenaba.
- Espera... ¿Te despertaste aquí? – le preguntó Parvati.
- Si...
- Pero... ¿Cómo... – las amigas se miraron la una a la otra, y Ginny negó con la cabeza.
- ¿Qué pasa? – inquirió Hermione con un sentimiento de ilusión dentro.
- Eh... Nosotras te encontramos aquí, o sea... Hace tan solo un rato entramos y te vimos aquí en la cama, sola...
- Bueno, no... Sola, exactamente.
- ¿Había alguien conmigo? – la castaña trató de recordar, pero no se acordaba de que nadie estuviera con ella, en realidad no se acordaba de nada, pero no había escuchado nada.
- Si, no llegamos a ver quién era, apenas llegamos y estábamos hablando, estábamos distraídas, y cuándo oímos algo volteamos la cabeza y... – explicó la pelirroja antes de frenar.
- ¿Y? – la incitó Hermione.
- Y no había nadie, o sea... Llegamos a ver una persona, pero no vimos quién era... Parecía un muchacho.
- Oh... – Hermione se sintió entre feliz y desilusionada... Feliz porque había una pequeña posibilidad de que aquel muchacho que la había ayudado fuera... él. Desilusionada porque esa pequeña posibilidad era demasiado pequeña – Eh... Chicas, me gustaría que... Me dejaran sola por un momento, si es posible.
- Si, claro – dijeron ambas al unísono y la dejaron sola.
Hermione se quedó en su cuarto, en la cama. Abrazó sus rodillas con los brazos y cerró los ojos, tratando de respirar el aire puro y fresco que entraba por la ventana. Respiró hondo, y luego, aún con los ojos cerrados, dejó que dos pequeñas lágrimas se deslizaran por su rostro. Que bajaran por el borde de sus mejillas y se unieran en su mentón, dejando de por medio su delicada nariz, abandonando un rastro húmedo atrás, y en aquel momento formaba lo que la identificaba más que nada, un corazón partido a la mitad.
Harry entró al cuarto de niñas, no sin antes golpear la puerta de caoba.
- Pasa... – había respondido Hermione con la voz rota. Mientras sentada en el suelo miraba por la ventana, frente a ella, a la misma altura de su rostro. Cuando Harry entró no desvió la mirada de esta, siguió vagando con la mirada por el Lago Negro, sentía que se agitaba de esa manera, tratando de decirle algo... Recordaba que algo había pasado allí con alguien, pero no recordaba ni qué, ni con quién.
- Hola Hermione... – saludó Harry. A Hermione se le heló el corazón al oír precisamente esa voz.
- Hola – respondió fríamente, mirando de soslayo al Gryffindor.
- ¿Estás... bien? – preguntó el amigo.
- Perfectamente – repitió con el mismo tono, tratando de no largarse a llorar en aquel mismo momento... Dios, aquello sería patético, odiaba llorar frente a la gente.
- ¿Estás segura? – dudó Harry, tocándole el hombro para llamar su atención. No creía que Hermione estuviera 'perfectamente'.
Ya está, hubo contacto. Eso fue más de lo que Hermione pudo aguantar. Y en ese segundo, en esa milésima de segundo, todo estalló.
- ¿Me estás preguntando si estoy bien? Pues veamos... Si, creo que estoy perfecta. Tengo un problema con mi cuerpo y mi mente que no se qué demonios es, que según Madame Pomfrey es la enfermedad de Alzheimer, y dice que ni siquiera está segura. Por otra parte, uno de mis mejores amigos me miente, queriendo aliarse con mi enemigo, que al mismo tiempo es la única persona que no recuerdo, y la única que muy dentro de mí, siento que es la que le da sentido a mi vida. Por lo que me quedo yo sola con Ronald, que es demasiado brusco al decirme la verdad, y no hay otra manera de decírmela. Así que si crees que estoy bien, perfecto, vete corriendo y díselo a todo el mundo, y si no lo crees, puedes irte igualmente, a mi me trae sin cuidado lo quieras hacer Harry.
Se levantó del frío suelo de piedra y se sentó en su cama, apoyándose contra la pared de roca, rindiéndose al cansancio, a la fuerza, a todo que se anteponía en su camino, dejándose vencer ante la debilidad y comenzando a llorar inconsolablemente.
- ¿De qué hablas Hermione? – le preguntó Harry preocupado, acercándose a ella. Se sentó cerca suyo, en la cama y le quiso acariciar la cabeza, que había escondido entre el hueco de sus rodillas y de su pecho.
- Hablo de que toda mi vida apesta. Todo apesta... – se desahogó.
- Eso no es verdad, nos tienes a mi, a Ron, a Ginny, a Parvati... Y, aunque no lo creas por cosas que la gente te dice o tu no quieres o puedes creer, hay otras personas que también te aman... Tal vez más que nosotros...
- ¡Ja! No lo creo... – comentó con una risa seca.
- Hermione, escúchame... Sé de lo que hablo, y de todas maneras... ¿Por qué dices que te miento? – le preguntó nuevamente el moreno.
- Por lo que me dijo Ron.
- ¿Qué te dijo Ronald? – exigió el Gryffindor, comenzando a enojarse.
- Tú deberías saberlo, ¿no lo crees?
- Eh... ¿Debería? – insistió confuso.
- Harry, no te hagas el estúpido conmigo, como si no supieras de que estoy hablando... Si no tienes las agallas para enfrentarme y decirme lo que me tengas que decir, o para decir que estás mintiendo, solo... Vete.
- Pero, Hermione, te estoy diciendo que--
- Vete... Harry. Tan solo, vete – rogó la muchacha y su amigo, entre furioso y desconcertado se fue, sin decir una palabra más, pensando en desatar otro caos.
Hola a todo el mundo. Gracias a todas las que leen, nunca creí que pudiera llegar a tener tantos reviews, tal vez no sean demasiados, pero para mi son bastantes ya y aparte para mi cada uno de ellos valen muchísimo. Gracias a todas nuevamente, y acá les dejo el nuevo capítulo de Miel y Caramelo.
Ya se que a Ron lo estoy haciendo medio malito, pero tienen que entender que está enamorado de Hermione y que va a hacer cualquier cosa por ella. Y tal vez les parezca medio raro que Harry haya decidido ayudar a Draco antes que a Ron con Hermione, pero bueno... Lo hace porque cree que la mejor opción no es que dos amigos se involucren. Por eso lo ayuda, aparte... ya leyeron lo que le dijo a Draco: 'para eso están los amigos'
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Cariños, R. Martínez -
