Este no sé si será UNO de los últimos este cap. y si, es corto... Pero así me deja más tiempo y lugar para escribir el final...
Sepan perdonarme por favor, pero lo que peor se me da en escribir son los principios y los finales. Voy a tratar de no decepcionarlas, voy a hacer lo posible, y hasta no conseguir el mejor final que se me ocurra no la voy a subir. Pero por favor, perdónenme si las decepciono...

Cariños, R.Martínez

Capítulo XX: ¿El final?

Furia, si. Estaba definitivamente enfadado. Ron era un mentiroso que se dejaba llevar por sus sentimientos, sin importar cómo él quedaba. Eso, le había dicho a Hermione que Harry estaba ayudando a Malfoy, aunque eso era verdad... Pero lo estaba ayudando porque valía la pena, y Malfoy no le había hecho nada malo – nada malo como lanzarle un crucio, en realidad. Pero los días en los que habían estado saliendo se notaba que Hermione estaba más animada... La mayoría de los días, y Harry sabía que el Slytherin no le había causado aquella enfermedad a su amiga -, cómo le había también mentido Ron.

Había acordado reunirse con Malfoy en la sala de trofeos, al entrar vio que aún no había llegado... Eso lo inquieto aún más y se apoyó contra la pared, pensando en cómo decirle. No conocía mucho a Malfoy, pero por su actitud hacia Hermione podía decir desde ya que iba a estar devastado una vez enterado de la situación

- ¿Cómo reaccionará? – se preguntó en voz alta.

- ¿Respecto a qué? – oyó inquirir una voz fría.

El Gryffindor no necesitaba levantar la mirada para saber quién había hablado. Dios, ¿cómo se lo diría? Una cosa que no notó hasta que volteó el rostro fue que con verlo, no le alcanzaba para sentirse la mitad de lo que él sentía.

Tenía ojeras muy oscuras y pesadas, como si no hubiera dormido en días. La tez más pálida de lo normal, el pelo estaba desordenado, como si en un ataque de nervios o furia se hubiera tratado de arrancar todo el cabello. La corbata verde estaba cortada a la mitad y floja. Tenía la camisa arrugada y la túnica estaba cubierta de polvo.

- ¿Qué demonios te pasó? – trató de averiguar un poco curioso, ¿habría sido aquello por Hermione? – Estuviste... ¿Llorando? – continuó al notar que sus párpados estaban muy hinchados.

- Estás loco Potter, yo no lloro. Soy un Malfoy... – le recordó con una mueca-sonrisa apagada. Harry puso los ojos en blanco – Dime ya que pasó con Hermione.

Harry se quedó sin palabras en ese mismo instante al ver la expresión del rubio una vez que se dio cuenta de que algo iba mal.

- Lo siento, pero... Dice que no quiere saber nada de ninguno de los dos. Cree que soy un traidor porque te estoy ayudando, o porque estoy hablando bien de ti, o sea que aparte de estar enojado con los dos, tampoco quiere hablar con ninguno. Por lo que estoy tratando de decirte que... No te puedo ayudar hasta que ella me vuelva a hablar. Lo siento – se disculpó, y luego se calló, esperando una reacción violenta e irracional de parte de Malfoy. Éste se volteó, mirando por la ventana.

- Está bien – fue lo único que dijo.

- Que... Que, estás.. Estás diciendo que.. ¿Estás diciendo que-- que está bien? ¿Que-- que no te importa? - tartamudeó Harry después de unos momentos de incredulidad.

- No es que no me importe, pero su vida es su vida. Tiene libertad para hacer lo que quiera, y no voy a hacerme más odioso forzándola. Que haga lo que quiera – explicó. Estaba entre furioso, indignado y derrotado -, por eso te voy a pedir que no le hables de mi de nuevo. Gracias por tu ayuda Potter, adiós.


Se tiró a su cama, sobre las frazadas de terciopelo verde. Devastado, demolido, derribado, cansado, harto, roto... Tanto por dentro como por fuera. Sentía como si cada segundo de vida, de mera existencia fuera un total desgaste. ¿Qué sería de él sin Hermione? Ella había sido como una luz que iluminó su repugnante y tétrica objetividad.

Se podría decir que era estúpido pensar que solo una persona merecía ser la única especial de entre tanta gente que Draco había conocido en toda su vida. Estaba toda la casa de Slytherin, toda su familia, todos sus amigos de afuera de Hogwarts y también estaba esa especie que tanto abundaba en la vida del rubio; chicas. Mujeres, muchachas, como se las quisiera llamar. Eran todos sinónimos; niñas, adolescentes, hembras, damas, putas... Todas las chicas que Draco había conocido en toda su vida eran verdaderas putas. Se había liado con millones, pero no... Con Hermione había sido diferente. Había durado más de meses, habían tenido sus complicaciones, pero al final todo había salido perfecto, se habían peleado, reconciliado, besado y amado por una eternidad. De maneras dulces, suaves, tiernas, sensibles, delicadas. Ella lo había cambiado, de ello no había duda. Él nunca había querido cambiar, eso tampoco era una pregunta, era más bien una afirmación, una especie de súplica. Le encantaba ser quién era. Poderoso, la gente le temía, nadie se atrevía a engañarlo, a mentirle, a retarle, amenazarle, y menos aún a enfrentarlo. Nadie dentro de Slytherin, muy poca gente de Ravenclaw, y ni hablar de Hufflepuff. De Gryffindor una muy pequeña porción se atrevía a contradecirle cualquier cosa, casi nadie. Y a él no le había importado mucho en realidad, pero en ese mismo instante recordó cómo se sintió la primera vez que Hermione lo insultó y él, en vez de sentirse indiferente, se sintió dolido... Dios, odiaba a cualquiera que lo cambiara, que lo ablandara o disciplinara. Y siempre se podría pensar eso de Draco Malfoy, el niño entrenado para odiar, para no sentir sentimiento alguno, debajo ninguna circunstancia. Había odiado a todo el mundo siempre, tal vez sentido un poco de 'respeto' por alguien poderoso o algo de... Normalidad, tal vez se podría llamar, hacía gente de su casa. Cómo Nott, Crabbe, Goyle o Pansy... Al igual que un tiempo atrás lo había hecho con Zabini, tal vez. Pero nunca había sentido confianza hacia ninguno de ellos, ni mucho menos cariño.

Pero Hermione le había cambiado la vida, la actitud, y a pesar de que solo se mostrara diferente con ella, en cierta forma el sabía que había cambiado su forma de tratar a la gente alrededor de él, por lo menos un poco. Algo llamado paciencia había crecido dentro de él, desde que conoció a Hermione. Y ahora que ella estaba a punto de desaparecer... Todo le parecía más oscuro. Se acercó a la ventana, solo para echar un vistazo.

Pudo advertir que el lago estaba frío, parecía hecho de hielo. Y el cielo estaba tomando un color... Grisáceo, blanco. Todas las nubes tapaban el normal cielo turquesa. El viento agitaba el bosque prohibido y batía las hojas, mientras que caían hacía la fría tierra. Pudo notar como una muchacha observaba sus dedos y jugaba con sus manos, apoyada contra el tronco del árbol que permanecía leal, cerca del Lago Negro, por más fuerza que este tomara. Era Hermione.

Si, su castaño y alborotado pelo era inconfundible. Su clara y tersa piel se fundía con la poca niebla que descansaba sobre la superficie del agua. La miró por unos momentos. Unos, o más tal vez. Segundos, minutos... Horas, ¿tal vez? Podía ser. Con Hermione el tiempo pasaba muy rápido, le quitaba tiempo de su preciada compañía. No le alcanzaba una vida para estar con ella, nunca nada sería suficiente. La miró un minuto más antes de alejarse. Para apreciarla un instante, antes de lanzarse en un abismo oscuro. Sin aquella luz, sin esa particular dulzura, sin Hermione.