Capítulo XXI: El comienzo

Esto no sé si es tanto un capítulo como una 'introducción a una MUY CHIQUITITA PERO PEQUEÑÍSIMA segunda parte', porque no es lo suficientemente largo (corto para mi, en realidad porque mis caps. son en general de una carilla y media, xD) para ser un capítulo de verdad.

Perdónenme, les pido disculpas por la novelas TAN mala que les estoy dando. Las próximas son mejores, recién me puse a leerla de nuevo y hay cosas que no encajan, cosas que están mal redactadas (de esto no tanto en realidad), y descripciones que quedan mal... Perdón, pero ya voy aprendiendo de las 'experiencias' y me siento mucho más libre y mejor para seguir escribiendo otros fics, ) Les mando saludos y cariños,

R. Martínez -

Capítulo XXI: El comienzo

'¿Qué me pasa?' se preguntó Hermione. En su cabeza y en su esternón, no podía sentir más que una creciente angustia, nostalgia. Añoraba algo, pero no sabía con exactitud qué. 'Da igual, probablemente sea solo un efecto secundario de la vida... Se podría tratar de una enfermedad, se siente como una...'

Obviamente algo le pasaba, y a pesar de no saber qué, sentía que nada podría ser peor.

Contempló el Lago Negro, los pequeños y débiles témpanos que descansaban sobre la superficie le hacían recordar a aquellas lagunas congeladas de vuelta en Londres, en su hogar. Pudo también ver en su mente aquel océano que había visto cerca de un país muggle, cuyo nombre no recordaba en ese momento, y que estaba lleno de icebergs... Iceberg. Gris iceberg, recordó a su 'viejo amado', el solía tener los ojos de aquel color. El todavía tenía los ojos de su color, seguía viviendo, aunque ya no era suyo. En alguna manera, nunca lo había sido, pero cada vez que recordaba su rostro o que estaba simplemente desconcentrada, distraída o tan solo... Mirando aquel lago, bajo la sombra de un árbol, veía imágenes en su cabeza de ellos dos besándose, abrazados, de los dos con unos anillos muy parecidos en las manos. En más de una ocasión había notado que él la miraba, que el también tenía uno de esos imaginados anillos. Y en otros momentos aquellas frases que el repetía cada vez que había insistido en verla y en las que ella había cedido, él le había dicho cosas que ella no comprendía, que no recordaba...

Contempló el Lago un par de minutos más antes de pasar la vista al cielo. Alzó los ojos, dejando que un par de gotas de fría lluvia se escurrieran por su rostro, cómo lágrimas. ¿Era posible llorar por un ángel? ¿Por algo que no existía? ¿Por algo que nunca fue suyo? El ángel venía del cielo, al igual que la lluvia, sus propias lágrimas inundaron sus ojos, borroneando toda la vista. Sintió la fresca y liviana brisa golpeando su tez. U escalofrío helado recorrió todo su cuerpo, haciendo que se estremeciera, para que se calentara juntando sus manos alrededor de las rodillas. Notó que tenía un anillo en la mano, del cual se había olvidado totalmente. Cada vez que lo veía se acordaba del Slytherin... Tuvo ganas, por un momento, tan solo por unos segundos, de tirar el anillo con todas sus fuerzas a las turbias y cortantes aguas. Esperaba que se hundiera en el fondo de todo y quedará allí, enterrado, como un tesoro sin dueño. Un corazón sin dueño. Lo comenzó a observar. Se sacó el anillo de la mano para observarlo mejor, lo acercó y pudo ver el reflejo de su ojo castaño. Una serpiente se movía bruscamente de un lado al otro, como si estuviera teniendo convulsiones, ¿que querría decir eso? Casi siempre veía al reptil sacando la roja y venenosa lengua pero mucho más tranquilo. Probablemente no significara nada, pero de todas maneras se inquietó un poco...

Se aburría, si. No tenía ganas de hablar, de estudiar, ni siquiera de pelearse con Harry, con nadie, tampoco de regañar a Ron por hacer mal las cosas, no tenía ganas de hacer nada... No tendría que enojarse con Ron, el le había salvado la vida. Al mismo tiempo que se la había arruinado, pero solo había tratado de ayudarla, aún a pesar de no lograrlo, se lo tendría que estar agradeciendo, pero no se sentía lo suficientemente capaz como para hacerlo. Comenzó a poner el anillo en distintos dedos para ver en cuál le quedaba mejor. Mano derecha; meñique, anular, pulgar. Mano izquierda; pulgar, índice, y por último... anular.

Una fuerza extraña recorrió todo su cuerpo, sintió como si una nueva Hermione tomara control absoluto sobre toda su fuerza y voluntad. Dio un saltó en el lugar, parecía un pez fuera del agua, aunque estuviera fuera de sí misma, se sentía perteneciente a ese lugar, a ese... Espiritú. De repente se sentía viva... Rara, pero normal. Horrible, pero hermosa. Angustiada, pero feliz. Frustada, pero enamorada. Sintió una corazonada y un repentino vuelco en su corazón, empezó a buscar, a rasquetear en cada rincón de su mente y memoria para encontrar lo que 'buscaba'. Como un cofre perdido, valiosísimo. Un tesoro lleno de recuerdos, agradeció no haber tirado el anillo. Ahora tenía dos tesoros; y el segundo era mucho mejor que el primero. Recobró conciencia de lo que había pasado con aquella persona que no recordaba, la única que no recordaba; Malfoy. Draco Malfoy. Ella había tenido una enfermedad, probablemente de la memoria, por eso no recordaba. Un millón de imágenes cruzaron frente a sus ojos; ellos dos abrazados, besándose, él desmayado, muchas veces felices, otras peleados, algunas lamentados y la mayoría fuera de sus conciencias. No eran sabedores de que otro mundo y personas los rodeaban, no tenían idea de nada cuando se encontraban ellos dos juntos. Ignorantes de todos los conflictos dentro del colegio, de las casas, de la gente. Diferentes razas, diferentes casas, diferentes personas, diferentes aspectos, diferentes personalidades, un mismo encaprichamiento. No, era algo mucho más fuerte que eso, era... Verdadero amor. Si cabía, algo aún más contundente. Comenzó a llorar con todas sus fuerzas. Recordaba y comprendía todo, ahora le faltaba no más ni menos que ir a buscar a su ángel, a su dios. Al propietario de aquella lluvia dolida que caía del cielo.