Hola n.n. Perdón en el enorme retraso, aquí mí trae otro cap que no sé exactamente qué tiene…luchas no hay, pero se anticipa una ..

Capítulo 5. Gris libertad

Shikamaru replegó su sombra y se reencajó el hombro izquierdo con un leve chasquido. Kankurô invocó su marioneta de alas negras para que volviera apaciblemente al pergamino, donde se gravaron de nuevo los caracteres dorados. Alrededor de ellos, un puñado de jounin y ANBU tendidos en el suelo, inconscientes. Giraron en dirección a la puerta metálica. Abierta, chirriaba agudamente sobre sus goznes. El interior se sumía en la oscuridad.

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Temari descendió de dos en dos los breves escalones, mohosos y, curiosamente, férreos, a juzgar por el óxido visible en los remates. Tras el corto descenso, llegó a una zona más espaciosa, aún así angosta. La celda era pequeña, húmeda y maloliente, de paredes metálicas, al parecer. Ni siquiera un rayo de luz se filtraba por cualquier obertura y la oscuridad sólo era atenuada por la iluminación natural provinente del exterior. Al fondo de la prisión, una forma definida.

–¡Gaara! -exclamó Temari, con los ojos desorbitados.

Arrodillado en el suelo, vestido con harapos, un chico de veinti pocos yacía inconsciente. La única razón por la que no se había desplomado aún sobre el suelo era que unos pesados grilletes de hierro aprisionaban sus muñecas. Estaba extremadamente delgado, de un color enfermizo. Parecía capaz de desvanecerse en cualquier momento. Su cabello pelirrojo estaba grisáceo, apagado, desvaído. La piel de la cara delineaba su pómulos muy estrechamente. Una barba corta pero desordenada cubría su rostro. Tenía los ojos cerrados, pero las ojeras eran tan pronunciadas que daba la sensación de estar mirando a dos cuencas vacías.

Respiraba, pero de un modo débil e irregular.

Temari trató de controlar sus nervios y se acercó a él, forzando los grilletes con cuidado de no hacerle daño. Inmediatamente notó las costras alrededor de las muñecas, seguramente debido a un constante forjeceo. Nada que hacer: los grilletes eran de hierro macizo, irrompibles para alguien que no poseyera una fuerza sobrehumana. Aunque...quizás con las cadenas...

Insertó un kunai entre dos eslabones e hizo palanca, empujando chakra a través del metal, pues sabía de sobra que aquellas cadenas estaban selladas con chakra. Tras un par de minutos de aquella manera, el material cedió y uno de los brazos de Gaara quedó libre.

Cuando terminaba de hacer lo mismo con el otro brazo, Shikamaru y Kankurô irrumpieron en la celda, respirando entrecortadamente por la corrida.

–¡Gaara...! -exclamó en el acto Kankurô, corriendo hacia su hermano menor.

–¿Está...muerto...? -susurró Shikamaru, conmovido.

–Inconsciente -respondió Temari escuetamente- Kankurô, ayúdame a levantarle...

Mientras faenaban, ninguno reparó en algo que cayó deslizándose por la escalera que habían seguido al descender, apilándose en apariencia inofensivamente al borde del último escalón, como una bestia aguardando pacientemente a su presa.

Kankurô se acercó a su hermano y levantó uno de sus esqueléticos brazos para sostenerle. Y, súbitamente, Gaara abrió los ojos. El mayor apenas tuvo tiempo de abrir la boca para exhalar un sonido de alivio cuando la mano rígida y pálida del Kazekage se cerró entorno a su cuello.

Nadie se movió en los instantes que siguieron, contemplando sin aliento Gaara intentaba estrangular a su hermano mayor. Kankurô tragó saliva, pálido como el papel.

–Gaara... ¿qué?

En ése preciso instante, Shikamaru resbaló con algo que corrió bajo sus pies. El chico sólo atisbó a descubrir que lo que envolvía sus tobillos y manos era arena antes de que una masa oscura se le lanzara encima, palpando en busca de su cuello, sin duda con intenciones nada amistosas. Temari, horrorizada, miró en dirección a su hermano menor, que seguía con su obstinado intento de estrangular a Kankurô.

–¡Gaara! ¿¡Qué estás haciendo...!? -vociferó, dando un paso al frente.

–¡No, Temari...! -alcanzó a advertir Kankurô.

Tarde. La arena voló por el aire e impactó sobre el cuerpo de la kunoichi, provocando que saliera despedida hacia el muro contrario.

Gaara parecía ajeno a todo ello, con una fría crueldad que fuera tan característica en él unos años atrás.

Cuando fuera un monstruo.

–¡Gaara, basta! -bramó Kankurô a duras penas, con el último aire de sus pulmones- ¡Somos nosotros...!

El pelirrojo pareció reaccionar. Si más no le miró fijamente, con los ojos verdes perdidos, concentrados en un odio tan profundo como los pozos del infierno. Tan llenos de rabia como en sus días de Jinchuuriki.

¡Urusai, otô-san! (1) -vociferó.

Y la terrible verdad cayó sobre ellos como una capa plomiza.

Gaara había enloquecido. El juicio destrozado por los años de encierro, por quién sabe qué torturas impuestas a su persona. Por sus recuerdos de un padre cruel y de una madre inexistente. De nuevo sus ojos parecían odiar al mundo, sin reparos, sin medidas. Sólo rabia y furia enjauladas que podían hacer bambolear al universo entero sobre un pilar invisible.

Todo el color de la cara de Kankurô parecía haberse disuelto como la sal en el agua. Con los ojos negros desorbitados de terror, intentó reunir el valor suficiente para separar los labios ajados y emitir unas palabras.

–Gaara... Soy yo...aniki (2)... Y ella es Temari... Somos tus hermanos, Gaara...

Su voz sonaba casi a una súplica por la vida propia. No era para menos, pues el miedo de sus ya lejanos años de infancia desfilaba ante sus ojos como una serie de fotogramas. Los instantes en los que tembló de puro terror ante la figura de Shukaku, aferrado en ocasiones al brazo de Temari, la cual tampoco podía retener sus llantos de pavor.

Pero Gaara sólo apretó el agarre.

A aquellas alturas, Shikamaru estaba casi totalmente cubierto por la masa arenosa y, aunque trataba de escapar con todas sus fuerzas, el pánico empezaba a llevarle al punto de sucumbir y su prodigiosa mente yacía colapsada. Había contemplado con sus ojos como Rock Lee quedaba prácticamente inválido por un ataque de Gaara, posteriormente el como dos hombres habían sido desintegrados ante sus ojos, hasta que sólo la sangre y la arena se habían movido juntas en el ambiente, como un sólo y malévolo ente. Y la carencia de aire empezaba a ser alarmante.

Temari entreabrió los ojos con un gesto de dolor y un quejido ahogado producto de su espalda dolorida. Vio a Shikamaru tendido en el suelo, pataleando vanamente contra su atacante. Y Gaara...de pie, con una expresión psicópata, estrangulando firmemente a su hermano mayor, el cuerpo del cual empezaba también a cubrirse de arena reptante. Kankurô no se movía, inerte, como una muñeca de papel zarandeada por una brisa fugaz. Se estaba asfixiando, con los dedos de Gaara en su garganta junto al lazo de arena en su tórax.

La mujer se mordió el labio inferior, tenazmente, hasta que la sangre manó como un río de la herida. El nudo de emociones se soltó violentamente, y el miedo, el dolor y el valor estallaron como un pequeño cúmulo.

–¡Gaara...! -rogó, extendiendo los brazos al frente, como en rezo último.

Y aquel gesto resultó ser el catalizador del desastre.

En primer lugar, el decrépito pelirrojo giró la cabeza, distrayendo su atención por un segundo de sus ansias de matar. Sus labios temblaron levemente, y sus párpados cayeron un poco para ocultar parte del iris. Finalmente, un susurro desvaído emanó de sus labios partidos y ensangrentados.

Okaa-san... (3)

Y, sin más, sus escasas fuerzas, reavivadas en un instante de demencia, se extinguieron como una hoguera caída en cenizas. Sus extremidades, pesadas como el hierro, tiraron de él hacia abajo. Sólo los brazos robustos de un aturdido Kankurô lograron evitar que se estrellara contra el suelo.

El silencio que siguió fue increíble, exceptuando, claro está, el de la arena cayendo al suelo sin el sustento de chakra que hubiera tenido para matar. Shikamaru se incorporó, jadeando, con parte del pecho lleno de cortes y heridas, aunque nada de gravedad. Temari bajó los brazos, con los ojos desorbitados, colapsados por varias emociones que trataban de abrirse paso al mismo tiempo.

Kankurô tosió, olvidando por un momento el nudo que tenía en el pecho y concentrándose en el del cuello, no exento de gravedad. Temari se le acercó una vez recuperada de su propio shock, angustiada.

–¿Te encuentras bien...? -susurró.

El muchacho no respondió. Prefirió apartarle la mirada y asentir ausentemente. Se acomodó el brazo de Gaara tras el cuello, hasta que Shikamaru acudió a su lado y le ayudó con la otra extremidad del Kazekage.

Los tres se miraron por unos segundos. Lo que habían visto, oído y sentido en aquella celda no lo olvidarían con facilidad. Mientras salían al frío exterior y se confundían con la noche, trataron de olvidar aquella escaramuza y, con ella, la sensación que, inexorablemente, les había traído.

Puro terror.

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Baki siempre acostumbraba a cerrar la puerta con sus tres candados, de modo que si alguien, ya fuera ninja o un simple ladrón, tratara de entrar, haría el ruido suficiente para intentar abrirla, acarreando con ello que él despertara en el proceso. No obstante, esa noche los dejó descorridos. Si realmente existían en Sunagakure ninja capaces de cumplir una misión en un tiempo récord, esos eran Temari y Kankurô, un dúo casi perfecto en todos sus aspectos. Que la misión fuera recuperar a su hermano menor no hacía sino añadir razones para una veloz ejecución de la silenciosa tarea.

Pero ni siquiera Baki estaba preparado para lo que vieron sus ojos cuando Temari abrió la puerta con una mano, evitando como pudo que chirriara más de la cuenta. Tembloroso, el jounin de la Arena se apresuró a ayudar a aquellos muchachos a meter en la casa a un Gaara casi desvanecido de inanición. Tras asegurar la entrada, se adentró en la cocina a preparar sendos tés tonificantes.

Mientras Shikamaru ayudaba a Gaara a sentarse en un sillón, Temari se quitó el abanico de la espalda y lo dejó en la primera silla que encontró, desencajando los hombros de aquel peso que aún no se había acostumbrado a llevar de nuevo. Escrutó la sala con la mirada y sólo vio algo que le llamó la atención. Kankurô estaba sentado en una silla lejana, en un rincón en sombra. Sus brazos descansaban sin movimiento sobre sus rodillas, rígidas. Sus ojos, de aquel profundo color negro, miraban al frente sin mirar nada, perdidos, confundidos por quién sabe qué pensamientos. Temblaba.

Temari arqueó las cejas con preocupación y se acercó a él, dándole un golpecito en el hombro al que él, por cierto, no reaccionó. Había notado lo callado que había estado él durante todo el camino de vuelta, pero lo achacó a la impresión o, quizás, al alivio.

–¿Qué ocurre, Kankurô? -preguntó- ¿Te encuentras mal?

El chico no respondió, se limitó a hundir la cabeza entre los hombros, tanto como pudo, como dominado de pronto por una súbita vergüenza.

–Siempre lo supe... -aseguró con voz ronca, tragando saliva- Siempre supe que me parecía mucho... a él...

–¿Él? -cuestionó Temari- ¿De quién hablas?

Pero el muchacho se estremeció de nueva cuenta, esta vez con más violencia, y hundió el rostro entre las manos. Sus ojos estaban húmedos, algo que tomó por sorpresa a Temari con más contundencia de la esperada. Desde que eran niños, no había visto llorar a Kankurô. Era un chico rudo, orgulloso de sí mismo, prepotente hasta un extremo que solía ser irritante. Y, por supuesto, jamás mostraba sus emociones, ni el miedo, ni la tristeza, ni el sufrimiento ni la agonía. Sólo en alguna ocasión felicidad y triunfo.

La última vez que le vio llorar...

Temari abrió los ojos a sobremanera, sintiendo un repentino dejà vu que la golpeó como una maza. Sí, lo recordaba... La última vez que Kankurô lloró frente a ella, tenía el labio partido, un ojo morado y los tobillos llenos de golpes.

Y su padre, Kazekage-sama, le miraba de pie, con fría y cruel indiferencia.

Temari se cubrió momentáneamente los ojos con ambas manos, queriendo espantar aquellas imágenes de su cabeza. Pero no podía, era incapaz de ello. Ahora incluso sentía las súplicas de su hermano menor, llamándole, clamándole ayuda con desesperación.

Y la mirada ida de su padre flotaba ante sus ojos.

–Creo que por eso...me pegaba tanto y a ti ni siquiera te tocaba... -gimió Kankurô, con las lágrimas resbalando por sus mejillas- En su demencia, se veía a sí mismo reflejado en mí... Y en ti veía a okaa-san... -murmuró, con sendos estertores sacudiendo su pecho- Lo mismo ha sucedido con Gaara...

Temari sintió que su corazón daba un vuelvo. Era cierto, no podía negarlo. Mirando una y otra vez el retrato de su madre, la chica había comprendido que se parecía increíblemente a ella. Todos lo decían, era como si Karura hubiera vuelto a la vida a medida que ella iba creciendo. Y Kankurô...era idéntico a Kazekage-sama. El mismo cabello, la misma piel bronceada...los mismos ojos negros y profundos como pozos.

–Y durante muchos años he temido convertirme en él... No quiero cometer los mismos errores, Temari... -murmuró Kankurô, con las cejas arqueadas en un gesto de pena- Sois todo lo que tengo... Cualquier paso en falso por mi parte podría... Hoy Gaara me ha confundido con él -soltó de pronto.

–No digas eso -rogó Temari, sin saber cómo reaccionar. Negó con la cabeza- No te pareces en nada a otô-san... Tú fuiste el que fue en persecución de dos Akatsuki de nivel Kage sólo por traer a tu hermano de vuelta. Tú fuiste el que agonizante por el veneno le rogaste a Baki que te dejara ir a buscarle... ¿Qué hay de otô-san en eso, eh? -insistió.

El chico no respondió. Se limitó a frotarse los ojos con la manga de la camisa negra, abstraído. Conmovida, Temari atrajo la cabeza de su hermano hacia sí hasta recostarla en su pecho, permitiendo que Kankurô llorara a sus anchas, como un niño pequeño que demuestra su miedo a la oscuridad en un ambiente íntimo.

Se sintieron súbitamente arrastrados a las garras del pasado.

–Temari... -llamó entonces la voz de Shikamaru.

La rubia alzó la mirada, ligeramente fuera de lugar. Kankurô se sorbió la nariz discretamente y se puso en pie. Shikamaru les miraba con seriedad y un toque de alerta.

–Se ha despertado -dijo únicamente.

Ante aquella mención, los dos hermanos prácticamente saltaron sobre el sillón en el que yacía Gaara, dando de nuevo señales de vida.

–Gaara... -musitó Temari, agachada al lado del pelirrojo.

El aludido pareció reaccionar a los estímulos externos, porque sus párpados temblaron débilmente y dejaron ver sus ojos verdes, velados y desorientados. Escudriñó la estancia con la mirada, como si tratara de ubicarse, y entonces vio a Temari, mirándole con angustia. Separó los labios, pero nada manó de ellos, salvo un quejido lastimero.

La rubia tomó una de sus manos enjutas entre los dedos, notando un frío envolvente y mortífero. Trató vanamente de calentársela. Sus ojos se llenaron de lágrimas traicioneras, pues jamás había visto a su hermano en un estado tan deplorable.

–Te...Temari... -logró decir Gaara, aunque no parecía muy consciente de lo que decía.

La rubia le sonrió dulcemente, dichosa al sentirse reconocida. Después, Gaara deslizó la mirada en Kankurô, los ojos oscuros del cual lucían tristes y decaídos. Un momentáneo miedo cruzó la mente del marionetista, temiendo quizás que Gaara vislumbrara de nuevo en él al fantasma de su padre.

Pero no fue así.

–Temari...Kankurô... -susurró el pelirrojo- Estáis aquí...

–Eres libre, Gaara -sonrió su hermano, con una expresión de felicidad de oreja a oreja.

El Kazekage tardó un poco en asimilar sus palabras, pero cuando por fin cobraron un sentido revelador para él, sintió como si un mundo de sensaciones agradables se abriera ante sus ojos, como un abanico empuñado por unas manos gentiles y maternales.

Ya no estaba en aquella celda fría. Ya nadie entraría para escupirle palabras denigrantes ni golpearle sin compasión.

Estaba con sus hermanos. Temari y Kankurô. Sus seres queridos.

Su familia.

Cerró los ojos y se dejó caer en un sueño intranquilo pero placentero. Escuchó algunas voces confusas para sus oídos. Arrugó el entrecejo cuando le pareció distinguir la silueta de un hombre alto de cabellos pardos y mirada fría en la inmensidad blanca. No obstante, una visión más poderosa borró aquel espectro de oscuridad.

Dos manos, de dos personas distintas, que se extendían hacia él como queriendo acariciarle.

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Aún estaba oscuro, silencioso, y el aire olía como si un cenagal del tamaño de la Arena fuera a surgir de repente de la nada.

Jiraiya terminó de trepar por la leve montaña y encontró una pendiente que descendía describiendo una suave curva. Inspiró aire lentamente, hinchando los pulmones con plenitud. La falta de aire ante un esfuerzo contínuo era una de las cosas que le recordaban a Jiraiya que ya no era un jovencito.

Cargando sus enormes rollos de pergamino a la espalda, extendió los brazos hacia atrás y echó a correr ladera abajo. Pronto vislumbró el brillo discreto del agua, los nenúfares planos y hermosos como colas de pavos reales. Encontró el camino de rocas que discorría entre el agua y fue saltándolas una tras otra. Finalmente, una pequeña isla en el centro de la superfície de agua. Aterrizó con facilidad y recuperó el aliento con rapidez sorprendente. Sólo entonces habló.

–Bunta, he venido a charlar un rato.

El agua cerca del margen se estremeció. En la superficie aparecieron burbujas que estallaron violentamente. Y entonces, de súbito, una masa de naranja intenso surgió de las profundidades, produciendo una fría llovizna artificial.

–Hombre, Jiraiya... Cuanto tiempo. Has envejecido estos últimos años.

–Me gustaría poder decir lo mismo de ti, Bunta, pero por suerte para ti tienes más vida de la que ningún humano tendrá nunca -comentó Jiraiya.

El viejo Gamabunta, tan enorme e imponente como siempre, rió con estridencia. Se sentó sobre sus ancas y, con naturalidad, sacó su pipa de mano, sorpresivamente seca, y empezó a fumar tranquilamente, echando anillos de humo por la comisura de la boca.

–Dime, Jiraiya, te escucho.

El hombre se sentó en el suelo y se cruzó de brazos, meditativo.

–Quería preguntarte algo...sobre Minato.

El sapo se sacó el tabaco de la boca y miró al sannin con extrañeza. De haber tenido cejas, seguramente las habría fruncido.

–¿Qué es lo que quieres saber?

–Verás, Bunta -empezó a explicar Jiraiya- Minato dejó escrito en un rollo de pergamino ciertos datos que debían servirnos en el futuro. Hablaban sobre Naruto, sobre los efectos que Kyuubi podría tener sobre él. Había diversas menciones a algo que llamaba el "deterioro del cuerpo y el alma".

–No es de extrañar, era predecible -aseguró Gamabunta, pensativo- Un Bijuu tiene muchísimo poder, más tratándose de Kyuubi. Un cuerpo humano no está preparado para retener tanto chakra en sus canales.

–¿Cómo podía Minato saberlo? Conocer todos los efectos, me refiero... -musitó Jiraiya.

–Suponía que eras más agudo, Jiraiya. Pero, al fin y al cabo, siempre fuiste un hombre sin talento... -suspiró Gamabunta.

Jiraiya frunció los labios, molesto, y trató de pensar en los posibles significados de aquella frase, pero no acudieron a su cabeza. Miró inquisitoriamente a su invocación. Gamabunta apagó su pipa y se la guardó en el chaleco.

–Minato era excepcional en todo lo que hacía. Tenía talento, fuerza, valor y...mucho poder. Mucho más de lo normal, Jiraiya -murmuró, mirándole- Sin embargo, nadie hubiera podido predecir que tendría el poder para derrotar a Kyuubi y sellarle. Eso era impensable, simplemente nadie podía hacerlo. No obstante, el día en que Kushina dio a luz, Minato salió a enfrentar a Kyuubi. ¿Por qué crees que lo hizo? ¿Qué razones tenía para preferir un combate casi letal a marcharse de la villa y proteger a su familia?

Jiraiya estaba noqueado. Las posibilidades que se agolpaban en su cabeza eran rápidamente descartadas, ya fuera por improbables o por totalmente irracionales. Sin embargo, una verdad sobrevivió a la purga y fue tomando fuerza en su mente. Abrió la boca, patidifuso.

–Las cosas no salieron como él quería... ¿verdad? -sugirió.

–Exacto -aseguró Gamabunta, complacido por ser entendido- Minato tenía confianza en poder detener a Kyuubi con facilidad. Algo extraño tratándose de un dios demonio de Nueve Colas, ¿no te parece?

–Bunta, dime qué sabía Minato sobre Kyuubi... -exigió Jiraiya, impaciente.

El sapo se tomó su tiempo antes de responder, pero finalmente clavó en él sus ojos de anfibio y abrió la boca.

–¿Nunca viste la marca en su ombligo?

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El amanecer despuntaba, fusión maleable de dorado y rosa, en la lejanía. Aún la oscuridad gris cubría la villa y el despertar de los más jóvenes parecía aún distante.

Pero Sakura ya estaba despierta. De hecho, apenas había dormido un par de horas aquella noche.

Se hizo la cama, no con demasiada pulcritud, algo a lo que se había habituado desde que era ANBU. Después de una ducha rápida, se puso el uniforme de recambio y cogió el protector blanco que se colocó, ceñido, sobre la cota de malla. Aunque aquel atuendo pareciera complicado a simple vista, resultaba increíblemente cómodo de llevar. Sobretodo el de las mujeres, dado que llevaban diversas almohadillas que se acoplaban a la cintura y al contorno del pecho. Se peinó sin demasiado cuidado y cogió la máscara del mono. Salió por la ventana sin despertar a nadie.

Saltó de un tejado a otro durante unos minutos y, finalmente, llegó a una casita pequeña cercana al parque de Konoha. Estaba hecha de madera clara, quizás roble, y tenía un aspecto hogareño y acogedor incluso desde fuera. Llamó a la puerta con energía. Tsunade no tardó en abrir, acomodándose bien un batín que dejaba entrever su sustancioso escote.

–Sakura... -susurró- ¿Qué haces aquí a estas horas?

–Discúlpeme, Tsunade-sensei -se excusó Sakura- Quería comentarle algo que me preocupa. Es...referente a Naruto.

La mujer se mordió el labio inferior con fuerza, denotando así su nerviosismo, pero finalmente se hizo a un lado y la invitó a pasar con una gesto de mano. Sakura pasó a la salita que tan bien conocía y se encontró con un visitante inesperado. Jiraiya estaba sentado en una silla cerca de la ventana, con una taza de humeante té caliente entre las manos.

–Ah, hola, Sakura-san -saludó el sannin.

–Buenos días, Jiraiya-sama -devolvió el gesto Sakura, manteniendo su sorpresa.

–¿Cómo quieres el té, Sakura? -preguntó Tsunade tras cerrar la puerta.

–Blanco y con una cucharada de azúcar. Como siempre, sensei -le recordó, tomando asiento al otro lado de la mesita ovalada.

Tsunade no tardó en salir de la cocina con un taza de porcelana, con exquisitos dibujos de flores y hojas de cerezo talladas, humeante, que desprendía un embriagador aroma a té recién recogido. Después de dárselo a su discípula, Tsunade encendió una varilla de incienso y sopló, dejando que un humo perfumado inundara el cuarto con sus cambiantes e irrepetibles volutas.

Permanecieron unos segundos en silencio, sorbiendo el té con deleite. Finalmente, la sannin se inclinó sobre la mesa, cruzando las piernas con elegancia.

–Dime, Sakura. ¿Sobre qué querías consultarme?

La chica no respondió en el acto, sino que observó los posos que iban quedando visibles en el fondo de la taza. Suspiró.

–Naruto fue herido con una katana el abdomen. Fue Sasuke -dejó caer con contundencia.

Los dos sannin se miraron como si se les acabara de aparecer el fantasma de Orochimaru. Si antes ya parecían pálidos, el color de sus rostros se volvió directamente cadavérico.

–¿Dices que fue Sasuke? -sugirió Jiraiya.

–Así me lo dijo Naruto cuando le encontré herido -explicó Sakura- Fue en la frontera con la Hierba. Al parecer, Naruto se enfrentó también con un tercero, pero desconozco quién era.

Jiraiya se cruzó de brazos mientras Tsunade, por su parte, se sobaba la cabeza, como si padeciera de una migraña monumental.

–Así que Uchiha Sasuke sigue vivo... Y no parece demasiado amistoso con Konoha, que digamos -meditó la mujer.

–No es eso lo que he venido a deciros, maestra -insistió Sakura, cambiando de tema- Naruto no ha podido curarse de esa herida por sí mismo. Tuve que empeñar en ello todas mis habilidades médicas. Pero esto ya me lo temía. Ahora todas las marcas le dejan cicatriz. Es como...si el chakra de Kyuubi ya no le protegiera.

El color pálido de los rostros de los sannin alcanzó un nivel francamente alarmante. Era como si todos sus miedos se estuvieran cumpliendo uno tras otro. Tras un largo y callado suspiro, Tsunade hizo un gesto con la mano.

–Hay algo que no te hemos contado, Sakura. A parte de nosotros dos, pocos son los que lo saben. Y yo sólo conozco la historia entera desde hace unos pocos minutos.

–¿Qué sucede? ¿Qué tiene que ver con Naruto? -preguntó Sakura, intrigada.

–Sabes que Kyuubi está sellado en Naruto, ¿cierto? Yondaime, antes de realizar el sellado, dejó un largo manuscrito lleno de posibles efectos adversos que esa relación simbiótica podía ejercer sobre Naruto -explicó Jiraiya- Y después de investigar un poco y preguntar a diversa gente, hemos recibido una explicación a ése escrito.

Teniendo en cuenta el tono misterioso de Jiraiya, Sakura se esperaba cualquier cosa. Aunque, para ser sinceros, jamás llegó a imaginarse algo de aquel calibre.

–Yondaime fue el anterior Jinchuuriki de Kyuubi -reveló Jiraiya.

La chica permaneció inmóvil, estática, esperando a que su mente asimilara aquella revelación.

–¿Perdón? -sugirió, perdida.

–Al parecer, por una razón que desconocemos, Yondaime tenía sellado en su interior al Kyuubi -procedió a explicar Jiraiya- Nunca lo mostró abiertamente, y en ello debo reconocer su buena actuación, pues nunca percaté de ello. Sin embargo, poco a poco, su cuerpo fue deteriorándose por el contacto...

Sakura sintió como si un balde de agua fría hubiera caído sobre su cuerpo y la hubiera empapado de pies a cabeza. Trató de inspirar aire, pero el dolor al hacerlo resultó demasiado atroz.

–¿Qué quiere decir con eso, Jiraiya-sama?

–Yondaime empezó a sentirse débil y acechado por el chakra demoníaco cuando pasó de los veinticuatro años. Sus heridas no sanaban como antes y sufría jaquecas constantes. La verdad es que por esa época le noté bastante enfermo, pero lo atribuí a simple cansancio. Y, entonces, Kyuubi logró liberarse y, en una desesperada venganza, atacó la villa de la Hoja -expuso Jiraiya.

Tsunade intervino en la conversación, al mismo tiempo que la varilla de incienso terminaba por apagarse.

–No sabemos qué hubiera pasado con Yondaime de seguir atado a Kyuubi... Pero, seguramente...habría terminado por extinguirse.

Y Sakura empezó a sentirse pequeña e insignificante. Impotente como una hormiga que se ve atrapada por una corriente de lluvia.

¿Aquel era el destino final de los Jinchuuriki? ¿Consumirse en un infierno de debilidad y dolor junto a su demonio interior?

No. No podía ser. Era demasiado cruel para ser real.

Giró sobre sí misma a la velocidad del rayo y salió al exterior por la primera obertura que encontró. Tsunade y Jiraiya permanecieron allí, inmóviles cual centenarios árboles, mientras las cenizas del incienso volaban junto a la cortina blanca de la ventana abierta.

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El silencio del hospital se le hizo frívolamente cercano. Le recordaba demasiado a una lápida, a la mortífera monotonía insonora de los cementerios. Sólo dos veces había llorado de pie junto a una tumba. En una ocasión, la de una anciana que le enseñó una valiosa lección. En la otra, su propio padre yacía detrás, o al menos lo que quedaba de él.

No se veía con fuerzas de sentir aquella melancólica lejanía de nuevo.

Corrió como poseída por los pasillos, sin aliento, hasta que se detuvo frente a la puerta de cristal de la que saliera sólo unas horas antes. La abrió violentamente y descubrió que no había luz en la estancia, pues la penumbra envolvente ayudaba a los enfermos a dormir y las persianas restaban pasadas hasta que se hiciera de día.

Naruto dormía profundamente en su camilla, y sólo su respiración parecía cortar aquel silencio, pues Sai no hacía ruido al respirar.

La chica se acercó a la camilla de Naruto. Le miró, luchando para retener los lagrimones que pugnaban por salir de sus ojos. La verdad parecía cada vez más punzante, como una espina abriéndose paso en la carne e hiriendo cada vez más.

Sin apenas reparar en ello, levantó una mano y rozó la mejilla morena del ANBU, notando de pronto cuanta frialdad emanaba. Sólo entonces se le hizo cercano el proceso que había comenzado y de cuya cura no disponía.

Naruto movió levemente la cabeza y despegó los párpados, desorientado. Cuando consiguió identificarla, sin notar la humedad de sus ojos, esbozó una cariñosa sonrisa.

–Sakura...

Y, de repente, Naruto le pareció dolorosamente frágil.

Como una figura de bello cristal veneciano, que se rompe con sólo tocarla.

Con su eterna máscara de felicidad, Sakura sonrió.

–Buenos días, Naruto.

Aún estaba allí...

La pregunta era por cuánto tiempo.

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Una clase de aprendices de ninja podría haber tenido fácilmente unos cuarenta alumnos hacía unos años. No obstante, en aquella situación inestable pocos niños nacían y, de los que lo hacían, muy pocos se encomendaban a la tarea de ser shinobi, dado que los padres conocían bien la alta probabilidad de muerte.

Aquel día, cuando la sensei de uno de los primeros cursos entró en el aula, contó quince niños. Quince...no dieciséis como era habitual. Aunque no era raro. Los padres de Matsuko Yukihiro habían fallecido el día anterior en terreno de la Arena. La profesora se sentó en su silla y se echó unos cabellos de la larga melena parda hacia la espalda. Golpeó una vez en el pupitre con una mano, pidiendo silencio, y escudriñó los rostros inocentes con sus rasgados ojos marrones.

–Veamos, chicos. Supongo que habréis repasado la lección de ayer... -dijo Tenten, lo suficientemente alto como para ser oída- ¿Cuales son las tres artes ninja que un aprendiz debe dominar o como mínimo conocer para ser un shinobi completo?

Un puñado de críos alzaron la mano. Tenten señaló a uno en particular, el cual se puso en pie con orgullo y desparpajo.

–El Ninjutsu o técnicas ninja -recitó- Consiste en juntar el chakra y los sellos para crear ataques elementales o ofensiva – defensiva.

–Muy bien, Daisuke -aprobó Tenten- El ninjutsu es el arte que os permitirá ascender a gennin en su debido momento, así que es elemental dominarlo. Tú -señaló a una niña tímida, cuya mano temblorosa se alzaba hacia el techo.

–El Genjutsu o técnicas ilusorias, sensei... -musitó, aunque con suficiente volumen- Con él un ninja puede confundir a un enemigo y hacerle ver algo irreal...

–Correcto, Hikari -asintió Tenten- Muy pocos ninja se especializan en genjutsu, pero es una de las habilidades más difíciles de dominar. Bueno, me falta una. ¿Quién me la dirá?

Una última mano se alzó en el aire con determinación. Tenten sonrió mientras miraba a un niño de revueltos cabellos rubios, que se puso en pie.

–El Taijutsu o técnica física -explicó el pequeño- Es el arte básico del ninja. Un ninja puede en casos extremos prescindir de todas sus habilidades y seguir en combate gracias a su taijutsu.

–Nunca mejor dicho, Takeru -concedió la profesora, hinchando el pecho.

–Pero profe, eso último es mentira -protestó el pequeño Daisuke.

Tenten alzó la vista, patidifusa, sin saber si reír o no, así que se aclaró la garganta y miró al joven castaño.

–¿Por qué dices que es mentira? -sugirió.

–Un ninja no puede depender sólo de su taijutsu. Un buen ninja debe saber dominar muuuchas técnicas ninja -hizo un gesto de grandeza con los brazos- Eso es lo que diferencia a un ninja de una persona normal.

–En eso te equivocas -aseguró Tenten, poniéndose en pie, tajante.

Anduvo hacia delante, sobre el suelo de madera, hasta que apoyó la cadera en la parte delantera de su mesa y, con los brazos apoyados en el borde, observó a la clase.

–No es necesario para un ninja conocer técnicas ninja. Lo único que un shinobi necesita realmente es dedicarse a su tarea con trabajo duro. Os contaré algo -susurró, guiñándoles un ojo- Hace años, yo era parte de un equipo de ninja, el equipo 3 de mi generación. Mis compañeros eran un Hyuuga, un usuario del Doujutsu de la pura visión...y un chico que no conocía ninguna técnica ninja. Bien, éste último chico era incapaz de ejecutar los sellos y sacar una técnica elemental o de cualquier otro tipo. Ni siquiera podía hacer el Kage Bunshin -añadió, arqueando las cejas.

La clase entera estalló en risotadas. Para sus mentes infantiles y tan poco complejas en el raciocinio, resultaba bastante patético que existiera un ninja incapaz de hacer ningún tipo de ninjutsu. Tenten, lejos de enfurecerse, permaneció impasible.

–Exacto. Así le trataban todos -prosiguió, con seriedad- Se reían de él por ser incapaz de utilizar los sellos -más risas que ella ignoró- Pero él no se rindió, porque gozaba de la voluntad de fuego de la villa de la Hoja.

Silencio absoluto. Todos escuchaban con total interés la historia que les relataba su maestra. Tenten cambió de posición, cruzando los pies.

–Entrenó duro, durante días y noches, ignorando el dolor, sangrando por la dureza de sus entrenamientos. Y cada vez iba siendo más y más fuerte. Llegó un día...en que sintió que no necesitaba las técnicas ninja para ser uno de ellos. En los exámenes de Chunnin, le tocó el único rival al que no podía vencer. Quedó casi inválido, pero ni siquiera ahí se rindió y siguió entrenando. Tras una complicada operación, logró ponerse de nuevo en pie y volver a ser ninja. Y siguió entrenando, durante años enteros...hasta que un día decidió que ya había llegado la prueba definitiva. Y nuestro amigo retó al Hyuuga en combate -sentenció.

–Qué estúpido... -comentó un chico- A un Hyuuga no se le puede vencer. Tienen esos ojos tan raros -puso los ojos en blanco, provocando risas entre sus compañeros- que ven el chakra y pueden cerrarte los puntos... Algunos incluso tienen la defensa absoluta.

–¿Eso piensas? -sugirió Tenten, divertida- Pues bien. El combate empezó y el Hyuuga atacó. Pero nuestro ninja resultó ser mucho más rápido. Trató de utilizar la defensa, pero él también era más rápido que el Kaiten. Hyuuga trató de golpearle, pero nuestro amigo también era más fuerte. Y, tal como os imagináis, el Hyuuga perdió. Y tuvo que reconocer que una barrera de sangre no lo es todo.

La clase parecía una catacumba, pues un silencio semejante cubría el ambiente. Los niños ni siquiera parecían respirar, mudos del asombro. Tenten se puso las manos en las caderas, sonriendo.

–Con esto quiero deciros que no importa las técnicas que dominéis ni del clan al que pertenezcáis -determinó- Sólo importa el trabajo duro, el empuje y el valor que tengáis para seguir adelante. ¿Lo comprendéis?

En ése preciso momento, llamaron a la puerta. Tenten indicó que se podía pasar. Un jounin de cabellos negros apareció en el umbral y, observando a la clase, miró a la profesora.

–Profesora, ¿puede hablar con usted un momento?

La mujer no dijo nada de inmediato, pero finalmente sonrió ampliamente. Observó a sus discípulos con una sonrisa torcida.

–Se ha acabado la clase -anunció- Salid a jugar. Hoy hace muy buen día.

Entre vítores y agradecimientos, los pequeños salieron como una marabunta, ya fuera por las ventanas o por la puerta. Sonriendo amablemente, el jounin entró en el aula y miró a Tenten, sonriendo maliciosamente.

–Así que el ninja que sólo sabía hacer taijutsu, ¿eh? -sugirió, divertido.

–Vamos, Lee, esa es una anécdota digna de contar... -rió Tenten agradablemente.

–Sí, aunque, desgraciadamente, a Neji no le hace tanta gracia hablar del tema -comentó Lee, sonriendo gentilmente.

–¿Cómo iba a hacerle gracia? Le ganaste, Lee -aseguró Tenten, pinchándole con un codo.

–Sólo porque miraba hacia otro lado... -dijo Lee, enrojeciendo.

–Venga, Lee... Neji tiene el Byakugan. Te vio igualmente, pero no pudo hacer nada -explicó Tenten.

–Cambiemos de tema, por favor... -rogó el moreno, arrugando sus pobladas cejas- ¿Has hablado ya con Gai-sensei?

Tenten sacó dos cintas para el pelo de sus bolsillos y empezó a hacerse sus infantiles moños mientras hablaba con su amigo.

–Sí, y el mes que viene me presentaré a las pruebas para ascender a jounin -declaró la kunoichi, haciendo un nudo.

–Eso me anima. Neji es ANBU y ya nunca viene con los jounin. Así al menos tendré alguien de los viejos tiempos conmigo -dijo Lee, sonriendo con amabilidad.

Tenten miró por la ventana y suspiró, pensativa. Le dolería dejar a aquellos niños por las misiones, pero Konoha necesitaba desesperadamente una nueva remesa de jounin. Y ella deseaba ser útil.

–Cuánto me gustaría que pudiéramos volver a ser un equipo sin estas desafortunadas circunstancias...

–Ya, pero después esto será algo de lo que nos reiremos -aseguró Lee- Nunca es tarde para construir otro futuro. ¿Ya se lo has dicho a Neji? -saltó de pronto.

La kunoichi enrojeció de golpe hasta las orejas, ruborizada. ¿Tan evidentes eran sus emociones? Supuso que para nadie era un secreto que sentía atraída por Hyuuga Neji desde antes de coincidir en el mismo equipo...excepto para el mismo Neji, claro está. Aunque los años la habían hecho madurar. No iba a depender de un hombre para construir su vida. Sin embargo, siempre se había planteado intentarlo algún día, cuando dispusiera del valor y la fuerza suficientes para confesárselo.

Sabía muy bien que, en el hipotético e improbable casi de que Neji aceptara intentarlo, el clan Hyuuga no estaría de acuerdo. Pues ella no era una kunoichi de un clan ni una familia célebre. De hecho, si había habido algún otro shinobi o kunoichi (4) en su familia, lo desconocía totalmente. No ostentaba la posición social ni militar suficiente como para ser un buen partido para el heredero del clan Hyuuga.

Y, bueno...Neji nunca había dado muestra alguna de corresponderle.

–No, Lee. No se lo he dicho y no pienso hacerlo. Hay cosas más importantes en las que pensar -declaró, cogiendo un puñado de hojas y dedicándose a ordenarlas- Después de todo, estamos en guerra.

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De nuevo llovía. Cómo odiaba la lluvia...

El goteo constante, similar a un martilleo, le producía dolor de cabeza. Odiaba el fango que se le pegaba a las sandalias, aunque jamás lo reconocería. Y, quizás por su afinidad con los reptiles, no soportaba el tacto de las agujas de lluvia sobre su piel.

Pero pan y ajo. Había que aguantarse, ya que tanto en la Hierba como en las demás naciones ninja del norte, el tiempo era lluvioso prácticamente siempre.

Sacó a Kusanagi y se inclinó al lado de un riachuelo, cuya superficie apenas se alborotaba con el salpicar de la lluvia. La hoja de la katana estaba aún sucia de sangre seca. Quizás Naruto estuviera muerto, quizás no.

No, seguramente no. No había notado cambio alguno en su Sharingan. Y, a pesar de todo lo sucedido, Naruto seguía siendo su mejor amigo. Le gustase o no, era así.

Observó su rostro en la superfície cambiante del río. Unas profundas ojeras lo cruzaban, llegando a límites insospechados. Y sus ojos sangrientos seguían brillantes en un rostro hundido y casi muerto en su expresión. Una leve barba desordenada le rodeaba la boca, dado que llevaba unos tres días sin afeitarse.

Lo mirara por donde lo mirara, cada vez se parecía más a Itachi. Y, de hecho, ya poco le importaba que eso así fuera. Es bien sabido que sólo un dios puede matar a otro dios.

Sólo un segundo Itachi podía vencer al primero.

Eso era Itachi. Un dios. Inalcanzable, caprichoso, orgulloso y regio. Omnipotente. Lo había comprobado en su último enfrentamiento. Tardó meses en recuperarse de aquel encuentro, siendo sólo los cuidados de Karin capaces de aliviarle las heridas.

Su odio sólo crecía por momentos, aunque ello pareciera imposible. Y la rabia sólo se acrecentaba cuando pensaba en que su peor enemigo seguía yendo por el mundo, riéndose de él y de su poder, irrisorio al lado del suyo propio.

Pero no descansaría hasta darle muerte. Hasta ver el miedo en sus ojos en el momento en que hundiera a Kusanagi en su pecho. Quería oírle suplicar por su vida, ver como un dios mayor desmontaba a otro de su caballo.

Sintió un chakra inmenso pero sustancialmente calmo a sus espaldas. Se irguió, dándole la espalda.

–Juugo, busca a Suigetsu y Karin. Vamos a los terrenos de la Cascada.

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(1) ¡Urusai, otô-san! - ¡Cállate, padre!

(2) Aniki - Hermano mayor

(3) Okaa-san - Mamá

(4) "Shinobi" se refiere a ninja varones. "Kunoichi" es para las mujeres.

Chivizuke: Tampoco escribes tan raro, chic. Te voy a entender igual XD. Narutín es el prota, no me lo puedo cargar así sin más. Imagina esto "Y Naruto murió". ¿A que no cuela? XD. Besus.

Mizuru Temari: Jeje, no, si a Gaara lo van a sacar…el problema es cómo reaccionará él. Ya lo verás. Besotes.

Darwin: Kiba siempre le pongo de amante sufridor, jeje. Es que me parece tan achuchable xD. Weno, Sakura ya intentó matar a Sasuke en el manga, supongo que en el fic con más razón, ¿no? XD. Salu2.

NEIL-SEMPAI: Jeje, Itachi y Deidara no han dejado de ser fuertes, sólo están depres xD. Volverán a ser como antes, tú tranquilo xD. Salu2.

Ligabiss: Liga-san!!! Wiii, rewiev largo como a mi me gustan n.n. No sabía que te gustara el KibaHina, pero a mí es la única pareja que incluye a Hinata que me late (incluso olvido el asco que le tengo a ella, jejeje). A mí me pasó lo mismo, odie a Hidan una semana y luego lo querí otra vez XD. ¿A Sai lo bashean? O.o. Cuando!!! Porqué???!! Si Sai es amor .. Pobrecillo pues ¬¬. Lo de Itachi me lo pensé bien y al final recurrí a la voluntad de grupo. A ver, son dos criminales en medio de una guerra, coñis. La unión hace la fuerza, así que veo normal que Itachi intente ganar aliados, ¿no? Aunque esa intención pronto cambiará…jejeje. (lo de sexy me lo has quitado de la boca, chica…es lo que pienso ¬). Sip, no pasará el rescate tan fácil…pero weno, ya lo verás XD. Y grácias por decirme lo de los dedazos, chica. Ahora escribo en el portátil y no domino tanto el teclado bajito como el hondo del ordenador grande (y se me van algunas teclas XD). Besazos enormes, wapíxima.

Darklight ultimate y sasukeofdarkness: Mil gracias, majos .

dannya6: Jeje, parece que ha molado la escena KibaHina…quise que pareciera gris y cruel, creo que lo he conseguido (MUAJAJAJA). Besotes n.n

Shitacashi: Ya te contesté en Paraíso, y debo decir que me descentró un poco tu review. Para empezar, no he tenido apenas tiempo de escribir sobre Hinata, así que no he podido diminutarla (creo que esa palabra te la has inventado, pero weno XD). Si esperabas un fic NaruHina en el que ella fuera la diosa suprema y Naruto y Kiba se pelean por ella, te has equivocado de fic. Yo he puesto lo que creo más probable, y en mi opinión Hinata nunca pasará de ser una chunnin del montón (sin ánimo de ofender, pero es mi opinión). Sobre el yaoi, eso ya me pareció retrógrado a más no poder. ¿Ser lesbiana por escribir yaoi? Perdona, pero la gente actual está abierta a nuevas expectativas. Si tú resultas ser la típica chica cuyas únicas metas en la vida es casarse con un tío rico, lo siento por ti. Para mí el amor es algo más que el cuerpo. Y no, no me gusta ninguna mujer, hasta ahora sólo me han gustado chico, pero cualquier día puede sucederme y no me sentiría rara. Eso es el AMOR. Todas las personas son bisexuales en mi opinión. Enamorarte de un género u otro es sólo cuestión de gustos o de azar. Después de echar la charla filosófica del día XD, Salu2.

Evangeline D. Hearn: Si es que, como ya he dicho, Sai es amor .. Y yo no lo veo perver, sólo es…curioso XD. Kiba siempre lo pongo en cosas dramáticas y melancólicas, si es que es el típico chico que ríe de todo pero lo pasa mal TT.TT. Jeje, yo también disfruté mucho con lo de Dei e Itachi (tienes razón, Deidara es muu wapo el condenado…XD). Es que no voy a poner a Itachi meloso ni amistoso. Es frío y punto, leñes ¬¬ XD. Temari manda, claro que sí, si es que es la mejor (casi no se nota que me encanta XD). Jeje, creo que he topado con una fanática de Yuu Watase .. Y Genbu Kaiden me encanta (pero como el original no…si es que Nuriko y Tasuki para mí son difíciles de suplir XD). Yo también me he comprado los cuatro libros que he visto de la edición de lujo, aunque esté en catalán… Por cierto, ¿eres de Cataluña o semejante? Por lo de pobret…XD. Besotes, wapísima.

Nagao: Kiba es amor, estoy harta de decirlo (igual que Sai). Y es cierto, Kiba siempre está ahí, leñes, a ver si Hinata se da cuenta, que él siempre la ayuda XD. Deidara e Itachi…waaa, recalqué lo de "rubia" para que la gente cayera en ello XD. Muchísimas grácias por tus halagos, no se merecen. Besossss.

Quiero dejar algo claro. Cualquier otra crítica contra el shonnen-ai o el yaoi no será escuchada. Es un género como cualquier otro. Las estadísticas dicen que 1 de cada 10 personas tendrá una pareja de su mismo sexo. No me creo un mundo en el que todas las personas sean homosexuales, pero tampoco uno en donde todos sean heterosexuales. Te enamoras de la persona, no de su cuerpo, y la sociedad debe entender eso. No voy a escribir nada explícito en un fic no yaoi, así que no vais a ver nada que dañe vuestros ojos y vuestra mente, ya sea puritana o moderna.

Sólo quería aclarar eso.

Besos y hasta la próxima.