Un capítulo que no me ha convencido mucho, pero bueno, la crítica dirá XD. Tengo pensado algo bastante raro para el próximo, algo que se me ocurrió en un examen de biología LoL. XD
Capítulo 6. La fuerza del destino
–Venga, Gaara -sugirió Temari- No vas a engordar del aire...
–Ya lo sé, Temari. No tienes que repetirlo tantas veces -aseguró el pelirrojo con su habitual voz monótona, cogiendo de mala gana el plato con bolas de arroz que su hermana había empujado hacia él.
Gaara había despertado al atardecer del día siguiente, con mucho mejor aspecto a decir verdad. No obstante, Temari tenía mucho que decir con respecto a su apariencia enjuta. Para ser sinceros, Gaara dudaba seriamente que algo entrara en su estómago, pues estando encerrado apenas sí lo habían alimentado con pan seco y agua. Sin embargo, cuando el aroma del arroz preparado por las diestras manos de Temari ascendió hasta sus fosas nasales...cambió directamente de parecer. Y, como no, su hermana permaneció allí hasta que no quedó ni un sólo grano.
Cuando ya podían ver anochecer por la ventana velada, Kankurô y Shikamaru salieron de la estancia contigua, seguidos por Baki. Habían pasado allí toda la tarde calibrando sus siguientes movimientos y qué harían a partir de ahora. Shikamaru se había unido gustoso, en parte porque era su misión y en parte porque le sería totalmente imposible regresar a la Hoja sin ser asesinado en el intento. A aquellas alturas, ya se habían percatado de la desaparición de Gaara y de sus hermanos, y el país del Viento entero estaba en su búsqueda.
Kankurô se derrumbó en un sillón, visiblemente agotado a nivel mental. Shikamaru se dejó caer en el suelo de madera, suspirando por lo bajo. Gaara y Temari se giraron con interés, expectantes.
–Siento no haberos acompañado -se disculpó la mujer- ¿Habéis encontrado a alguien?
–Bueno, la información que tenía Baki no era cercanamente reciente, pero supongo que el margen de error es muy pequeño -comentó Shikamaru.
–Hemos localizado a algunos de los nuestros, los superiores -explicó Kankurô- Takari se retiró y vive como civil, pero estoy seguro de que es una tapadera. Seiji y Kurosaki fueron relegados a genin -arrugó el entrecejo por pena- Yagami fue asesinado y Misao desapareció. Podemos considerarnos afortunados de los que quedan -aseguró- Mañana iremos de visita -suspiró con profundidad.
Después, se quedaron en un cómodo silencio, dejando que la modorra se apoderara de ellos momentáneamente. Finalmente, Temari se hizo hacia atrás en la silla y miró a sus hermanos alternativamente.
–Kankurô, tú y Gaara podríais daros un baño. Estoy segura de que a Gaara le hace mucha falta, pero temo que resbale y pueda golpearse -dijo Temari, preocupada.
–No estoy tan desvalido, Temari -protestó Gaara escuetamente.
–Lo haré encantado -dijo de pronto Kankurô, poniéndose en pie y arrastrando a su hermano menor lejos de la mirada exasperada de Temari.
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Entre el vapor que empañaba el antiguo espejo, Kankurô se echó un cubo de agua caliente sobre la cabeza, dejando que el cabello castaño se le pegara a la cara. Suspiró, relajado, mientras se inclinaba hacia delante y vertía una nueva tanda de agua sobre la cabeza de su hermano, borrando de su cuerpo los rastros de jabón.
El mayor trataba de ocultar su expresión de pena. Podía contar las costillas de Gaara a simple vista y estaba seguro de que las marcas de los grilletes le durarían meses. Y Gaara apenas había abierto la boca en el tiempo que llevaba despierto.
–¿Te parece si nos metemos en la bañera ya? Se enfriará el agua... -comentó Kankurô.
El menor no dijo nada, sólo se limitó a asentir quedamente. Con la ayuda de los robustos brazos de su hermano, se introdujo en la bañera. Cuando ambos estuvieron sumergidos en el agua, pudieron oír el sonido de parte de ésta derramarse sobre el suelo de baldosas azules. Era lo más relajante que hubieran sentido en mucho tiempo, así que se distrajeron cuanto quisieron mientras contemplaban el vapor ascendente y aspiraban el olor a limón del agua. Un par de minutos después oyeron la puerta corrediza de la estancia contigua abrirse y cerrarse con rapidez. Seguramente Temari les había traído ropa limpia. Kankurô se irguió un poco y miró hacia la pequeña ventana cerrada.
–¿Sabes? Temari estuvo muy preocupada desde que te encerraron... Lloró mucho, yo la oía llorar durante la noche. Ha sufrido mucho con todo esto, Gaara... -susurró.
El aludido agachó la cabeza, hasta que su barbilla rozó la superficie del agua turbia.
–Lo siento... No quería que lo pasarais mal por mi culpa... -musitó el pelirrojo.
Kankurô notó por vez primera cuán grave se había vuelto la voz del Kazekage. Seguramente había dado el cambio estando encerrado. Aquel simple pensamiento consiguió deprimirle substancialmente.
–No debes disculparte -aseguró- Es lo que debíamos hacer. Te lo debemos.
El castaño entornó los ojos y apoyó la espalda en las baldosas que tenía detrás, contemplando a Gaara con una sonrisa paternal, semejante a la del abuelo que mira a su nieto favorito. No obstante, la seriedad empañaba sus ojos oscuros, herencia de su difunto padre.
–Queremos compensarte, Gaara. Queremos recuperar el tiempo perdido. No merecías tanto desprecio cuando eras pequeño... -musitó.
Gaara apartó la mirada, sintiéndose incómodo. Lo referente a su pasado solía molestarse, aunque rara vez demostraba aquel malestar. No iba a negar que muchas veces había deseado vengarse de la gente que le hizo daño. Aunque eso, claro está, fue antes de liberarse del peso de su "otro yo".
Veía con total claridad los rostros aterrorizados de sus hermanos, sus ojos llorosos de pupilas contraídas por el miedo. Y, si se echaba una mirada a sí mismo, veía un ser deforme de ojos púrpuras, con brazos de arena y garras que aullaba en rabia animal.
El espíritu de la arena, consumido por el odio y la ira. Una visión que asustaría a cualquiera.
–Si dijera que eso no me importa, mentiría... -admitió Gaara, sacando la mano del agua- Pero en cierto modo, lo comprendo... Pediros que os quedarais a mi lado hubiera sido demasiado. Éramos pequeños...y Shukaku intentó mataros varias veces... Además...os dije tantas cosas de las que ahora me arrepiento... -confesó, con la voz casi desvanecida.
Cómo olvidar aquella lejana vez, antes de los exámenes de Chunnin... Sus hermanos trataron de evitar que cometiera una masacre innecesaria, y a cambio él...les había tratado como a simples despojos humanos. Aunque en aquel momento era incapaz de creérselo, recordaba con claridad los pensamientos que circularon por su mente.
Poseído por Shukaku, sólo veía a sus hermanos como obstáculos. Seres inútiles y entrometidos que frenaban su mano cuando trataba de matar más de la cuenta. Por eso en aquel tiempo deseó matarlos, apartarlos para siempre de su camino.
Sin embargo, ahora... No cesaba de ver sus rostros a través de los años, unas sonrisas que permanecían inalterables desde los primeros años de su infancia hasta la fecha. Era como si el tiempo que pasaron separados por su padre jamás hubiera existido.
Gaara siguió con la cabeza gacha, pero se llevó la mano al pecho y apretó sobre el corazón. Le gustaba sentir aquel latir cálido y, en cierto modo, humano. Entornó los ojos levemente.
–Lo siento... -emanó únicamente.
Kankurô suspiró y negó con la cabeza, plácidamente.
–Eres demasiado inocente, Gaara. No pintas nada como Kazekage -comentó, obviamente bromeando.
El aludido no respondió, pero en el fondo agradeció la comprensión. Las cosas habían estado muy tensas a lo largo de los años con Temari y Kankurô, especialmente con éste último. Con aquella conversación parecía que habían aparcado los momentos malos, dejando un hueco para los venideros.
Satisfecho, Kankurô se inclinó sobre su hermano y observó su rostro cubierto por una desordenada y, afortunadamente, corta barba.
–Bueno, habrá que hacer algo con esto que te ha salido aquí -bromeó el mayor, pellizcando su mejilla, antes lampiña- Voy a tener que enseñarte a afeitarte, porque por lo que veo no has tenido ocasión de aprender...
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Prendió el encendedor al tercer intento y acercó la llama al extremo del cigarro. Con elegancia lo sujetó entre los dedos y dio dos largas caladas. Shikamaru la miraba hacer, molesto. No acababa de acostumbrarse a la nueva adicción de aquella mujer.
–Creo que fumar no va contigo -comentó.
–¿Preferirías que hubiera caído en el alcohol? -le espetó Temari con una ceja levantada- Es un vicio que te mantiene lúcido. Además, no eres el más indicado para decirme eso -añadió, señalando con un gesto el cigarro que el chico sostenía entre los dedos.
Shikamaru no respondió, pero la miró con reproche. A sus ojos, el tabaco era un vicio de hombres. Una mujer como Temari no debería castigar así sus pulmones.
De pronto, les llegó una risa grave, provinente al parecer de la ventana del pasillo que daba al cuarto de baño.
–Parece que se divierten... -comentó Shikamaru, levantando una ceja.
–Sólo Kankurô se está riendo -observó Temari, buscando algo que hacer a su alrededor- Es un bruto insensible. El pobre Gaara no está para bromas.
–Sinceramente, no sé mucho de tu hermano, pero no creo que se hunda por esto -adujo Shikamaru inconscientemente. Se calló ante la mirada asesina de la rubia- No quiero decir que no haya sido grave, pero... Naruto y yo casi nos morimos de miedo cuando nos lo encontramos en los exámenes de Chuunin.
Temari rió para sus adentros al imaginarse la escena. Se inclinó hacia adelante con una maliciosa sonrisa de oreja a oreja.
–¿Tú, acojonado? Me hubiera gustado verlo... -aseguró, triunfante.
–Mendokusai... -masculló Shikamaru por lo bajo, apagando el cigarro en el cenicero cercano.
Después, se repantingó en la silla y movió con aburrimiento sus ojos por la sala. Inevitablemente, lo único atrayente de la sala llamó su atención.
¿Cómo podía una mujer resultarle tan endemoniadamente complicada? Era compleja como una partida de Go y Shougi. Un sólo movimiento con una pieza podía llevarte a la derrota o a la victoria. Con Temari era igual: una frase o una palabra dichas en un momento o en otro suponía el conocer a una dulce mujer o encontrarse ante una fiera rabiosa.
Quizás era eso lo que tanto le llamaba la atención. Maleable, cambiante, impredecible.
Sin saber por qué, acudió a su cabeza una frase que su padre le dijo en una ocasión, justo después de conocer a Godaime Hokage.
"Lo entenderás cuando crezcas. Una mujer será dulce con el hombre del que se enamore."
E, imposible de eludir, acudió a su memoria el recuerdo de aquella noche bajo los cerezos, a la orilla del estanque. Su pelo dorado, su aroma a jazmines, sus ojos verdes convertidos en el espejo de millares de estrellas traicioneras... Aquella mera imagen logró que su cuerpo se sacudiera como recorrido por una corriente eléctrica.
–Temari... -musitó.
La aludida expulsó el aire por entre sus labios rosados y posó en él sus iris color esmeralda, con el rostro ligeramente ladeado.
Tras unos minutos de insufrible contacto, Temari agachó la cabeza, algo nada habitual en ella, no al menos en su antiguo yo.
–Shikamaru, debemos dejar de lado esto... -soltó, con contundencia.
El jounin de la Hoja permaneció estático, tratando de averiguar qué quería expresar exactamente Temari con aquella afirmación. La mujer se puso en pie y caminó hacia la ventana, contemplando la villa a través de una rendija.
–Dicen que donde hubo fuego quedan cenizas. A veces es conveniente que estas no revivan -declaró. Tras darle la espalda, le encaró de nuevo- Shikamaru, no voy a darte falsas esperanzas. Una guerra como nunca he vivido se acerca y debo mantenerme centrada, sin distracciones adicionales. No te negaré que... -hizo una leve pausa- ...me agradaría repetir aquel momento, pero... no ahora.
Se acercó a él sin hacer ruido, consciente de que la mueca de indiferencia que demostraba no era más que un vano intento de ocultar su frustración.
–Te prometo que cuando todo este lío termine, pensaré en seguir lo que dejamos hace seis años -juró.
Shikamaru no respondió en el acto, sólo hizo imposibles por ocultar su decepción. La primordial razón por la que se había comprometido a realizar aquella misión era por reencontrarse con Temari. Pero, en el fondo, se lo esperaba. Después de todo, había ido a poner sus ojos en una de las más belicistas kunoichi que había conocido nunca.
"Mendokusai..."
–Vale, pero con una condición -protestó, haciendo ver que no le importaba- Tienes que dejar de fumar.
Temari dejó la inexpresión plasmada en su cara por unos segundos, pero después sonrió de oreja a oreja, de un modo deslumbrante, y le dio un leve empujón en un hombro. Justo en aquel momento, Gaara y Kankurô salieron del baño y éste último les saludó.
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El aire húmedo de la mañana impactó en su pálido rostro, inexpresivo como la mayor parte del tiempo. Sai llevó su cuerpo, en su opinión totalmente recuperado, hasta el borde de la terraza del hospital. Sus iris negros giraron con él para mirar la parte posterior de Konoha, cuya perspectiva apreciaba desde allí. Las rocas de los Hokage, que contemplaban con lágrimas negras por la impotencia cómo la villa caía en la desgracia.
Notó la presencia de alguien más en aquel lugar. Giró sobre sí mismo y distinguió un cabello rosa al otro lado de la superficie. Sakura estaba sentada de espaldas en un banco, al parecer contemplando también la vista. Sai se sorprendió, pero no expresó aquel desconcierto en su rostro.
–Buenos días, fea -repuso.
Sakura arrugó levemente el entrecejo, ligeramente molesta, pero ya acostumbrada. Sai la llamaba así desde siempre, pero sabía que no lo hacía con mala intención, o al menos eso esperaba, por el bien del chico.
–Hola, Sai -saludó sin demasiados ánimos. De pronto, procesó que éste estaba allí y no en su cama- ¿No deberías estar acostado?
–Shizune-san ha venido hace un rato a revisarme -explicó el chico, sentándose- Dice que tengo mejor las costillas y que ya puedo salir a la calle y esas cosas. Dentro de un par de días podré volver a hacer misiones.
–Me alegro mucho... -comentó la muchacha, antes de volver a su posición meditativa y quedarse así.
Sai la observó con precaución. Descubrió unas grandes ojeras surcando el joven rostro, los iris verdes desvaídos, grisáceos. Signos ineludibles del cansancio y un acusado insomnio.
–Oye, ¿sabes que si no duermes aún te arrugarás más? -soltó.
Esperaba animarla de aquel modo, ya que la reacción más corriente de Sakura sería crispar los dedos y asestarle un derechazo en pleno rostro. No obstante, la aludida siguió inmóvil, con un pensativo parecer, como si se sintiera derrotada por algo superior a ella.
–Sai... ¿alguna vez has tenido que lidiar con algo...que escapa de tus manos? ¿Algo que haga sentir tan...impotente...que lo darías todo por conocer una solución? -murmuró, con la voz rota.
El moreno meditó un momento, mientras sus ojos recorrían los lejanos bosques de Konoha, visibles a través de la infranqueable muralla.
–Sí, creo que eso lo sentí una vez... -musitó, sacando de su bolsillo un trozo de pergamino y un lápiz. Se puso a dibujar mientras hablaba- Hace muchos años, cuando aún entrenaba para la raíz...
Sakura clavó en él sus iris esmeralda, tratando de averiguar de qué estaba hablando Sai. Pero como siempre, su rostro era como una máscara, y sus sentimientos no se plasmaban de acorde a sus gestos. Sonreía levemente, como siempre que pintaba.
–¿Qué sucedió...? -quiso saber.
–Mataron a mi hermano -explicó Sai, con los ojos entornados, sin dejar de pintar- Me dijeron que había sido un accidente, pero sé que no era así. Él sabía demasiado para ser tan joven y la raíz se deshizo de él. Le clavaron una katana aquí -se golpeó el pecho con dos dedos antes de hacerlos descender de nuevo sobre el lienzo- Le enterraron bajo el barro en una noche de lluvia. Y creo que entonces sentí lo mismo que tú dices: impotencia, como si sintiera no poder hacer nada.
La chica no comentó nada al respecto. Tal y como había dicho Kakashi, las palabras de consuelo no siempre eran buenas. Intuyó que era una de esas ocasiones. Sai dio un trazo más duro en el dibujo y le habló sin mirarla.
–Y dime, ¿por qué te sientes impotente?
Sakura agachó la cabeza ante la mención a su problema. Se apretó las manos sobre la falda, tratando de descargar la frustración retenida.
–Es sobre Naruto -confesó- No puedo decirte exactamente por qué, pero sufro por él. Tengo miedo de que pueda pasarle algo que escape a mi abasto... Me duele admitirlo, pero le debo demasiado. No he hecho por él ni la mitad de lo que él se ha jugado por mí.
–Tranquila, fea -repuso Sai, con una expresión ameboidea que Sakura interpretó como una sonrisa- Después de muchos años de problemas, ves las cosas de otra manera. Es como un dibujo que empiezas a pintar desde abajo. Si empiezas desde el pie de la hoja, emborronarás a medida que vayas dibujando. Por eso es importante comenzar a lidiar con las cosas que tienes más cerca, es decir, arriba. Y verás que todo resulta más fácil si te ocupas de las cosas a medida que llegan y no te angustias por algo que aún no ha sucedido.
Sakura le miró con una expresión patidifusa, sorprendida por el manejo de las palabras del muchacho.
–Vaya, Sai... No esperaba que fueras capaz de decir algo tan profundo -admitió, con una mueca maliciosa.
–Gracias -dijo el moreno, sacando algo de un bolsillo- Lo leí aquí. Kakashi-san me lo prestó -explicó, mostrándole a Sakura un librito con el lomo de un llamativo color rojo que rezaba "Icha-Icha Paradaise, volumen 4".
Si Sakura hubiera tenido delante a Kakashi o aún a Jiraiya, les hubiera partido la cara. ¿Qué pretendían difundiendo aquellas novelas entre los jóvenes de Konoha? No obstante, supo apreciar el gesto de Sai. Aunque Sakura tenía mucha más confianza con Naruto, Sai era una persona capaz de escuchar en silencio, ideal para que uno se desahogara. Era un chico curioso como un párvulo, que trataba de asimilar toda la información posible, por lo que no le molestaba en absoluto que la gente le contara sus problemas.
Sai terminó de dibujar y retiró el lápiz del papel, sacudiéndose los dedos ennegrecidos. Sakura se inclinó a un lado y descubrió con total sorpresa que había estado pintando un retrato suyo. En él, Sakura tenía la frente despejada, con pelo recogido con algunos adornos. Un kimono de costumbre con algún detalle de cerezos en flor adornaba su apariencia.
–He pensado en ponerle un título -comentó el moreno, inexpresivo- Últimamente lo he estado haciendo, pero no tengo demasiada práctica...
Se llevó la parte inferior del lápiz al labio inferior, alzando los ojos hacia el cielo, pensativo.
–¿Qué te parece... -empezó, con total inocencia- ...La señora de Uzumaki?
La chica no reaccionó en el acto ante aquellas últimas palabras, ya que creyó que había oído mal o que se había confundido. No pudo expresar lo que experimentó, pues dos partes suyas se debatían ferozmente en su interior. Una era la que desechaba aquella profunda idea y trataba de expulsarla. La otra tiraba salvajemente de aquella secreta emoción para sacarla a la luz.
Sai notó el desconcierto en el rostro de su amiga y miró el lienzo con el entrecejo levemente fruncido.
–Lo siento, no estoy acostumbrado a poner nombre a las cosas que pinto -se excusó el moreno, encogiéndose de hombros- Fue lo primero que se me ocurrió. ¿No te ha gustado? -sugirió.
–No, no -se apresuró a asegurar Sakura, moviendo las manos en el aire- No está mal. Es sólo que...
Apartó la cabeza y trató de evitar el contacto visual con Sai.
–...me ha sorprendido.
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Una habitación acogedora no era suficiente para calmar su rugiente espíritu.
Una sábanas cálidas no valían para acallar el dolor y el miedo que calaban hondo en su pecho.
Naruto estrujó las colchas con más fuerza de la justa, hundiéndose las uñas en la carne casi sin querer. La impotencia ardía en su interior y le dañaba más de lo que hubiera podido esperar. Dos problemas restallaban en su cabeza, cada cual con más fuerza, como si trataran de ganarse su favor y establecerse así como prioridad.
No podía evitar pensar en lo que le había dicho Kyuubi. Decir que tenía una confianza ciega en las palabras del Bijuu era mentir descaradamente, pero en cierto modo se había acostumbrado a la presencia del demonio de nueve colas dentro de él. Por muy traicionero que fuera Kyuubi, seguía siendo un ser que vivía para sus intereses, así que cualquier cosa que implicara su seguridad era de vital importancia.
Si el Bijuu decía que estaba mal era que lo estaba. El asunto parecía grave.
Naruto ya había notado pequeños indicios, y Sakura al parecer también. No se curaba como antes y el chakra rojo ya no manaba con la misma facilidad de antaño. Se llevó una mano al ombligo, abstraído, mientras se mordía el labio inferior con fuerza. Debía hablar cuanto antes con Jiraiya, pero nadie más debía enterarse.
Para Naruto eso era serio y urgente, pero más que una herida de katana en el estómago le dolía saber quién la había empuñado.
Sasuke. La única persona a la que había considerado jamás un hermano. En la búsqueda del cual consagró varios años de su vida hasta que por fin, derrotado, aprendió a vivir con aquel supuesto fracaso.
Y, de súbito, aparecía de nuevo en su vida con la más desgarradora de las llegadas. Había soñado muchas veces con los tiempos pasados. Había elucubrado y moldeado en su mente una y otra vez, incansable, una escena perfecta en la que Sasuke regresaba a Konoha y los tres, de nuevo el equipo 7, caminaban de la mano hasta la roca de los Hokage.
Sí. El lazo del equipo 7 era irrompible. El problema era la complejidad de esa relación. Maleable, confusa e incluso poco ética, al menos para cualquiera ajeno a ellos tres. Con el tiempo, tanto Sakura como él habían aprendido a vivir con ello, a suplir con otras cosas el hueco dejado por Uchiha Sasuke.
Pero era complicado. Sasuke parecía dispuesto a eliminar cualquier rastro de ése lazo.
Decidido, Naruto se puso en pie, calzándose los zapatos que tenía al lado de la cama. Con una expresión de decisión, apartó a un lado sus miedos personales, sus propios problemas, y se centró en el recuerdo de Sasuke.
Su promesa, ya vetusta, seguía sin cumplir. Si quería llevarla a cabo, tenía que empezar por ponerse en marcha.
Ya vestido, asegurándose de que las vendas aguantarían, saltó por la ventana. Su destino: el despacho del Hokage.
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El león y el tigre mirándose de frente, desafiándose.
Era una comparación que cualquiera entendería si observara de cerca el comportamiento y la tensión que existía entre aquellos dos criminales de Rango S, sentados en apariencia pacíficamente uno enfrente del otro, obviamente a varios metros de distancia. Y es que Itachi Uchiha se consideraba un hombre frío, sin temperamento, impasible a pesar de todo, que sólo en situaciones extremas se dejaba llevar por las pasiones. Pero no podía evitar reírse en sus adentros, mofándose de la mirada exasperada y cabreada de su compañero Deidara, quien, para qué mentir, empezaba a sentirse un poco muy cabreado por la actitud sumamente desafiante del Uchiha.
Llevaban dos días, sólo Dios sabe cómo, yendo ambos por los profundos cañones boscosos de la Cascada. Lo de Dios sabe cómo viene referido a cómo no se habían matado ya, pues Deidara era más fácil de crispar que un niño, Itachi podía matar con la mirada y, para colmo, no soportaba a los que eran todo lo contrario a él. Y si había alguien, exceptuando por supuesto su mentalidad retorcida, que fuera opuesto a él, ése era Deidara, el mismo que estaba sentado frente a él, comiéndose una bola de arroz con hambre voraz y al mismo tiempo acechando cada uno de sus movimientos.
Qué frustrante... Sólo el instinto de grupo podía explicar que aún siguieran juntos.
–Oye, Uchiha: ¿qué vamos a hacer a partir de ahora? -sugirió- ¿Hacia donde tienes pensado ir?
–No tengo pensado ir a ningún sitio -musitó el moreno- Soy un fugitivo. Me limito a sobrevivir.
Deidara suspiró con pesadez, provocando que unos mechones de color ámbar se removieran efímeramente. Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas tras terminar la comida y permaneció quieto, moviendo únicamente los pies con dejadez. Daba la sensación de que un aburrimiento demencial pesaba sobre su ser. Itachi sabía que se habría puesto a moldear sus molestos bichos explosivos de no ser porqué tenía la arcilla justa para defenderse en caso de ser atacados.
A decir verdad, el menor gozaba de mejor aspecto, al parecer de Itachi. Dos días comiendo decentemente y con alguien evitando que terminara emborrachándose le habían hecho un bien insospechado. Incluso parecía haber recuperado su ánimo malicioso y su aspecto juvenil.
–Uchiha... ¿qué haremos si nos cogen? -inquirió de pronto Deidara, mirándole fijamente.
Itachi no respondió en el acto. Pensó rápidamente doscientas manera de asesinar lentamente a alguien, pero no le apetecía poner en práctica ninguna.
–No estamos en menos peligro del que estábamos cuando formábamos parte de Akatsuki, Deidara. Sabes bien que quien se quedaba atrás se dejaba atrás. De hecho, apenas nos lamentamos un par de días por tu "muerte" -siguió, a pesar del fruncimiento de ceño del rubio- A mí me busca Konoha por el exterminio de mi clan entero. Obviamente, me darían la muerte más dolorosa que se les ocurriera -dijo, sin demostrar amargura por ello, sólo indiferencia- ¿Por qué fuiste tú un Nukenin?
–Je, era un terrorista, y tú lo sabes -explicó Deidara, con cierto toque de su histórico orgullo- Me cargué a Sandaime Tsuchikage y a los principales líderes ANBU de Iwagakure. Después me uní al sector rebelde de la guerra cantonal. Te aseguro que aún hay ninja que tiemblan cuando oyen mi nombre.
Itachi no demostró emoción alguna, pero una leve mueca de desdén se reflejó en su entrecejo tras unos segundos.
–Hablas como si te enorgullecieras de ello -comentó escuetamente, hundiendo la nariz en el cuello de su capa negra.
Deidara le miró interrogante, visiblemente sorprendido por aquella reacción que no esperaba. ¿Orgullo? Claro que se enorgullecía de aquella fama, aunque ahora ya fuera un simple recuerdo.
Ladeó la cabeza, borrando la leve sonrisa prepotente de su expresión.
–Uchiha, sé por qué te uniste a Akatsuki... -reveló.
Aquellas palabras provocaron una reacción desmedida en el Uchiha, al menos para tratarse de él. Sus ojos, mancillados con el Sharingan, se abrieron a sobremanera. Incluso sus finos labios tomaron forma de una pequeña "o", mirando a su rubio compañero como si le viera bajo una nueva y reveladora oscuridad. Deidara apoyó las manos en los tobillos y se inclinó hacia adelante, inexpresivo.
–Esos ojos...son difíciles de resistir, ¿verdad? -sugirió por lo bajo, apartando la mirada azul.
Itachi parecía que iba a decir algo, pero finalmente se quedó rígido, como un gato que ha captado el olor de un enemigo. Expulsó el aire levemente por los labios y después miró por el rabillo del ojo a la espesura de sus espaldas.
–No estamos solos -emitió.
Tras oír aquellas palabras, Deidara se puso en pie ayudándose por ambas manos, metiendo una de éstas entre sus ropas y rozando la arcilla húmeda que aún guardaba. Su mirada azul escrutó también las sombras aunque, obviamente, no tenía el rango de visión de su compañero.
Unos arbustos se movieron en una dirección que el rubio no pudo identificar. Era en momentos como aquel cuando echaba de menos el visor electrónico del que se desprendió siete años atrás. Y entonces, el silencio sumió al claro, por unos interminables segundos...hasta que Itachi alzó levemente el cuello y habló:
–Han pasado muchos años, ototô -murmuró casi inaudiblemente, sin moverse ni un ápice.
Deidara abrió mucho los ojos a causa de la sorpresa. Buscó alrededor, de un modo casi frenético, mientras dejaba atrás toda precaución y empezaba a modelar arcilla como un poseso. Y en aquel preciso momento, algo agudo cortó el aire y pasó rozando su mejilla derecha, dejándole un largo y superficial corte sangrante. Sus iris azules observaron el otro extremo del claro, encontrándose mirando hacia unos ojos negros y sin reflejos como el carbón.
Se preguntó en silencio cómo había podido Itachi captar la presencia de Suigetsu, Karin, Juugo y su hermano menor sin ni siquiera volver la vista. Y sus dientes chirriaron de ira al reconocer a Uchiha Sasuke, el segundo descendiente de aquel linaje maldito que le había vencido en su vida.
–Hijo de...
–No te sulfures, Deidara, o acabarás muerto -sentenció Itachi, totalmente tranquilo, sin inmutarse- Está intentando hacerte caer en un genjutsu.
–Je -rió Deidara por lo bajo, cambiando de pronto de parecer, como si se divirtiera- Sé muy bien cómo parar los genjutsu del Sharingan. Caigo en ellos...pero no me los creo -aseguró, bajando el párpado derecho.
Sasuke no dijo nada, pero miró sin demostrar ninguna emoción el cómo su hermano, el aniquilador de todo su clan, le ignoraba completamente. Después posó sus ojos sangrientos en el, a su parecer, grotesco chico de cabellos rubios, el cual le desafiaba con la mirada provinente de un sólo ojo.
–Esa mirada demente... -susurró- Eres el Akatsuki de las bombas...
Deidara movió cielo y tierra para contenerse en su respuesta, pues entendía que debía ser precavido. El menor de los Uchiha le señaló con un dedo, con firmeza.
–Tú...deberías estar muerto -sentenció Sasuke, sin mostrar más que un leve desconcierto- Ambos deberíais estarlo.
–Puede que así sea. Pero estamos aquí -comentó Itachi con indiferencia.
Después, con una lentitud maquinal, se incorporó y fue poniéndose paulatinamente en pie, aún sin mirar a su hermano directamente. Hizo un gesto de dejadez con la mano. Un instante de silencio, y...
–Dime, Sasuke...
Inmediatamente, se encontró detrás de su hermano menor, susurrándole al oído, ante la absoluta perplejidad del equipo Hebi, los cuales retrocedieron por la sorpresa.
–...¿han mejorado tus ojos últimamente?
De un modo tan rápido que ni siquiera los ojos de un ave podrían seguirlo, Sasuke desembainó a Kusanagi y la hundió en el hombro de su hermano. La sangre le salpicó la cara, o al menos eso pensó hasta que, desdibujándose, la silueta de Itachi se descompuso en un giro de plumas negras, pequeñas criaturas oscuras que se elevaron hacia el cielo gris.
–Primer fallo -declaró Itachi, encontrándose de pronto de espaldas, unos metros por detrás de Sasuke. Para alguien capaz de realizar genjutsu con un sólo movimiento de un dedo, aquello no suponía un problema.
Y, de súbito, la imagen de Sasuke se distorsionó a ojos de todos, separándose con una exasperante facilidad en las siluetas de decenas de serpientes, que se enrollaron sobre sí mismas hasta extinguirse en sendas volutas de humo negruzco.
El real apareció justo al lado de Itachi, con el brazo izquierdo rodeado por uno de sus letales Raikiri. De un sólo golpe lo hundió en la caja torácica del ex-Akatsuki. De nuevo una ilusión, dado que Itachi reapareció en la rama de un árbol cercano, tranquilamente sentado. Nadie le había visto moverse hasta allí.
–Segundo fallo -sonrió, socarrón.
Lejos de dejarse crispar los nervios, Sasuke envainó su katana e hizo un significativo gesto con una mano.
–Juugo, ven conmigo por si acaso. Esta vez no quiero correr riesgos -sentenció.
Que el menor de los Uchiha renunciara a su orgullo era algo inesperado, pero se mirara por donde se mirara, una mala señal para Itachi. Juugo era ni más ni menos que el originario del sello maldito. Sin duda alguna un oponente a tener en cuenta.
–Suigetsu, Karin, liquidad a ese estorbo -indicó el menor de los Uchiha, señalando con la cabeza a Deidara.
La pareja de shinobi asintieron, acordes. Deidara intuyó el peligro. Era un atacante de largo alcance y su taijutsu no era nada del otro mundo. En el suelo era terriblemente vulnerable. Y además... desconocía las habilidades de sus oponentes. Sólo podía valorar sus poderes teniendo en cuenta que, siendo seguidores de Uchiha Sasuke, debían ser algo fuera de lo normal.
Alzó una mano y abrió la palma. Un pequeño búho desplegó sus alas de arcilla. Y justo cuando Suigetsu se lanzaba sobre él con la titánica espada en mano, invocó con una sola mano los sellos que le hacían falta. Una pequeña explosión controlada y, al retirarse el polvo, su diminuta creación alcanzaba tranquilamente los cinco metro de largo.
Con su agilidad natural recuperada, saltó al lomo de su enorme ave y alzó el vuelo, llegando en un instante lejos del alcance de sus perseguidores. Entonces, calibró su situación.
"Maldición. Estamos en un lugar muy cerrado" pensó el de la Roca, observando su entorno de sólidas laderas de roca "Mi técnica explosiva será torpe en este lugar. Debo llevarlos a un terreno más abierto"
Tomando aquella certeza al pie de la letra, les dirigió a sus atacantes una fingida sonrisa de superioridad y se alejó de allí a una distancia prudencial, no la suficiente para perderles de vista pero sí lo bastante reducida como para que pudieran seguirle.
–Intenta llevarnos hacia donde su técnica sea más favorable. Quiere obligarnos a combatir en un punto donde haya más visibilidad para él -adivinó Karin, echando a correr en aquella dirección.
–Que lo intente... -rió Suigetsu en voz baja, sorteando un enorme árbol- Poco conoce de las técnicas de la Niebla...
Dicho esto, echaron a correr ladera abajo, siguiendo al Akatsuki y descendiendo a su vez por el valle que desembocaba en una llanura contigua a una cascada, con su pertinente río.
En aquel lugar, el criminal pareció encontrar las condiciones óptimas para la batalla.
Deidara jamás lo hubiera admitido en público, pero tantos años sin apenas utilizar las manos le habían hecho algo torpe. Ya no poseía la facilidad para crear figuras que ostentara unos años atrás. No obstante, el instinto de supervivencia podía llevarle a ejecutar sus técnicas con la rapidez y perfección de antaño.
Aquello quedó patente cuando extendió los brazos y un puñado de mariposas de arcilla desplegaron sus frágiles alas en el aire. Suigetsu y Karin observaron aquel autentico enjambre de animales explosivos lanzándoseles encima. El criminal de la Niebla extendió un brazo hacia atrás, para apartar a la kunoichi e, invocando unos sellos con ambas manos, levantar su enorme espada sobre su cabeza.
–¡Suiton: Daikabe no jutsu! (Elemento agua: técnica del gran muro)
Deidara no esperaba aquella técnica de contraataque, de modo que se protegió la cara con ambos brazos cuando una tromba de agua del tamaño de una montaña ascendió en el aire desde el suelo, en su dirección. No obstante, una sonrisa triunfante desdibujó sus rasgos.
Las mariposas, empapadas, plegaron sus alas y se precipitaron hacia el suelo, en apariencia inservibles. Sin embargo, sólo hizo falta una señal y un grito por parte de su creador para que se convirtieran en mortales explosivos.
–¡Katsu!
Una explosión en cadena, como las de antaño, fue detonando una a una las mariposas de arcilla, que llovieron sobre Suigetsu hasta dejarle, literalmente, desecho. Karin, lejos del alcance de las bombas, miraba hacia el rubio en el cielo, con el rostro plasmado por una mezcla de horror e incredulidad.
–Deberías saber que la tierra siempre vence al agua... -declaró Deidara, con prepotencia.
Sólo entonces comprendió que finalmente volvía a ser el mismo de siempre. Si más no, las mismas ansias de destruir recorrían sus venas cual adrenalina hirviente.
Miró abajo, entornando los ojos para distinguir los restos de su enemigo. Pero sólo vio un charco acuoso en el suelo. Y ya estaba sonriendo, complacido por su aplastante triunfo, cuando captó un movimiento a sus espaldas. Sus ojos azules miraron de reojo, viendo el destello de una hoja plateada.
Se zafó tan rápido como dio de sí, pero eso no le evitó que la hoja de la enorme espada de Suigetsu le penetrara en la carne, más concretamente en el muslo izquierdo. Ahogó un quejido de dolor, pero se cubrió rápidamente la pierna herida y ordenó a su creación que se elevara más, lejos del alcance de otros posibles ataques.
Ante sus ojos, a la altura del suelo, Suigetsu le miraba con una sonrisa enorme, que dejaba perfilar claramente unos dientes agudos, definitivamente no humanos. El agua era su elemento, y la cascada había sido su aliada en aquella ocasión.
–Los ataques destructivos no pueden nada contra mí -declaró- Como puedes comprobar, mi cuerpo se recompone sin ni siquiera gastar chakra.
Deidara no demostró emoción alguna, se limitó a morderse el labio inferior con discreción. E, inevitablemente, una sonrisa divertida cruzó sus labios.
Aquel combate era todo un reto.
Lo mejor que podía pedir para volver a estar en forma.
º º º º º º º º º
Itachi saltó con facilidad un desnivel de más de diez metros y siguió corriendo, esquivando los obstáculos del terreno como si se deslizara en el aire. Notó que seguían sus pasos, unos pies pesados como el plomo y otros ligeros y ágiles. Buscaba un lugar idóneo para el enfrentamiento, improvisando sobre la marcha. A pesar de los años de exilio, su mente seguía siendo brillante.
Y, ante sus ojos, surgió a lo lejos una enorme superficie, plateada y lisa como un espejo. El viento calmo no alteraba la tranquilidad del agua, sólo el sol reflejándose de un modo cegador, como un disco dorado. En el centro del mismo, una escultura titánica de un hombre con armadura, seguramente uno de los Kage de la aldea de la Cascada.
Perfecto. Aunque no llegaba a distinguir los detalles, sólo la sombra del agua, ya había escogido.
Aceleró el paso, saliendo a campo abierto, fuera de las sombras de los árboles, descendiendo por la ladera llana de hierba que conducía al lago, encajado en un valle rodeado de cumbres borrascosas.
Con los pies adheridos con chakra a la pared vertical de fría piedra, se encararon, firmes como vetustos pilares. Sasuke miraba hacia abajo, al mayor de los Uchiha, los cabellos negros del cual se zarandeaban por un húmedo viento imperante. Juugo, contemplando, atento, esperando ser necesitado.
Sólo entonces Itachi se aventuró a mirar a los ojos a su hermano, al rostro como mínimo.
Una superficie roja como un charco de sangre chocó contra otra de igual color. El contacto visual entre ambos se volvió tan atenazante como el tacto del metal al rojo vivo.
Finalmente, Sasuke sonrió, al parecer complacido, dejando que sus rasgos adquirieran cierta juventud.
–¿Conoces la historia del cuervo y la serpiente, aniki? -sugirió, burlón- El cuervo, orgulloso, confiaba en sus alas para cazar a la serpiente dormida. Sin embargo... -sonrió ampliamente- ...la serpiente le mordió y su veneno terminó por matarle.
–Las leyendas siempre mienten -aseguró el mayor de los Uchiha, haciendo girar una kunai entre sus dedos, con dejadez- Y allí están los dioses para desmentirlas. O, en mi caso, el mensajero del mismo -añadió, con una mirada turbia.
Sasuke comprendió a qué se refería exactamente. Aún le costaba olvidar la conversación previa al combate que mantuvieron, en la cual Itachi le reveló por fin la existencia de un tercer Uchiha vivo, Madara.
Y, así mismo, le reveló sus auténticos objetivos.
Sasuke era consciente de que, en el caso de luchar en serio, Itachi podía destruirle con una sola mirada. Sólo tenía un único punto a favor.
No había desarrollado los mismos ojos que Itachi. Y, en consecuencia, éste no iba a matarle. No aún al menos. No sabía cómo iba a reaccionar Itachi, pero esperaba que adoptase la actitud del animal herido que ataca ciegamente.
Porque la ira es la derrota.
–Dicen que el diablo sabe más por viejo que por diablo -sonrió Itachi con altanería- Te dije que no vinieras a mí hasta que no consiguieras esos ojos... El resultado será el mismo que la última vez. Aunque este no es un lugar adecuado para un enfrentamiento como este...
–¿Preferirías combatir en el templo de la familia, con todos los antepasados y carne de tu espada mirándote? -sugirió Sasuke sardónicamente- No, este ya es un buen lugar. Aunque sospecho que me estás dejando ventaja adrede, y eso no me gusta nada -admitió.
En un movimiento rápido como el pensamiento, alzó una mano y descargó un ataque eléctrico sobre el Uchiha. La corriente eléctrica se dividió en el aire y atacó a Itachi en todas direcciones. El moreno saltó ágilmente y esquivó la técnica, lanzándose inmediatamente sobre su hermano menor con un kunai que manejaba como una mera extensión de su cuerpo.
–Estamos cerca del agua, y que yo sepa no dominas el chakra de Raiton -comentó Sasuke, deteniendo la acometida con el filo de Kusanagi- ¿Es mera casualidad la elección del lugar o intentas burlarte de mí? -añadió, agachando la cabeza para evitar un golpe de su hermano que iba directa a su rostro.
–Tómalo como un auto-desafío -declaró Itachi, malicioso, llevándose los dedos a los labios- ¡Katon: Dai Housenka no jutsu! (Elemento fuego: Gran bola de fuego)
La temperatura ascendió súbitamente a su alrededor, arrasándolo todo a su paso y apresándoles en un pequeño infierno comprimido.
E Itachi saltó. Ni siquiera los ojos de Sasuke pudieron despegarse de aquella visión.
El mayor de los Uchiha cayó envuelto en el fuego que él mismo había generado, sin quemarse con las llamas que lamían su cuerpo, dibujando su cuerpo un arco perfecto en el aire mientras caía. El efecto óptico que producía era similar al de flotar en el aire. Su melena negra se mecía con el viento que barría el lago de un modo etéreo.
Y aterrizó. Sus pies tocaron la hierba con una agilidad máxima, como si no rozaran el suelo al desplazarse.
En un relámpago de dolor que no esperaba, Sasuke sintió el filo de una arma penetrar en su brazo derecho, a la altura del bíceps. Su primera reacción fue apartar la extremidad herida, pero su cerebro le advirtió de que corría peligro quedándose donde estaba, así que posó el Sharingan en la sombra de su oponente y ejecutó un salto en el aire para alejarse, dejándose caer hasta el nivel del agua.
Itachi le sonreía, con un kunai ensangrentado firme entre los hábiles dedos de su mano izquierda.
–Sigues cayendo en trampas obvias... La experiencia es un gran don, ¿no te parece? -comentó, con una nueva expresión pétrea.
–El talento puede vencerla. Y debes saber que los contactos ayudan -contestó el menor, con firmeza.
A decir verdad, no eran tan parecidos. Sumergidos en una misma frialdad, eran totalmente opuestos en pensamiento. Uno confiaba ciegamente en su poder y el de su clan. El otro en el conocimiento y la rotura del pasado.
Encontrándose, aún por azar, seguían luchando en la batalla de su era.
Uchiha contra Uchiha. Un destino que dos hermanos, muchos antes de que ellos llegaran al mundo, habían decidido por ellos.
º º º º º º º º º
Neji suspiró con agotamiento y se dejó caer al pie de un árbol, con la espalda apoyada en la corteza. El equipo al que pertenecía estaba acampando en una zona cubierta de la Hierba. Hacía dos días desde que salieran de Konoha y no habían encontrado enemigos todavía, pero un viaje tan largo y sin pausas había terminado por agotar al escuadrón.
El ANBU retiró de su rostro la máscara del tigre y se echó hacia delante los cabellos color ébano atados en una cinta. Abrió una cajita de cristal y se tragó una píldora del soldado lo más rápido que pudo, tratando de eludir el sabor amargo. Después, se sumió en un silencio relajante, expandiendo su pura visión más allá de lo normal. Para algo era el vigía y retaguardia del grupo.
En base de entrenar sus ojos con los años, éstos habían tenido una sorprendente evolución. Primeramente pasó por una fase de hipermetropía aguda, en la cual era incapaz de distinguir una "a" de una "o" a veinte centímetros de distancia. Afortunadamente, resultó sólo temporal, y Hiashi había asegurado que era normal y que él también pasó por ello. En aquellos momentos, sin embargo, su campo de visión podía expandirse en un área circular de tres kilómetros y a más de diez en línea recta unidireccional.
Y, con esa vista privilegiada, vio algo. Distinguió varios chakra desmedidos que se movían confusamente, más o menos a unos seis kilómetros de distancia. Si no se equivocaba, aquello ya eran terrenos de la Cascada. Percibió un chakra dorado monumental, que se desplazaba en el aire, junto a otros un poco menores moviéndose al nivel del suelo. Y más allá, una masa de chakra azul oscuro como la noche, junto a dos usuarios más, uno de los cuales tenía una energía púrpura oscuro.
Neji se sorprendió. Sólo en una ocasión había observado chakra tan desmedidos, y fue cuando luchó siete años atrás contra Akatsuki.
Colocándose por precaución la máscara de nuevo, se escurrió como una sombra huidiza y echó a correr hacia el bosque profundo.
º º º º º º º º º
Quiero comentar una cosa sobre Sai XD. No creáis que quiero introducirle a Sai una faceta pervertida con lo de que lea el Icha-Icha, sino más bien recalcar el hecho de que el pobre no se entera de nada XD. Sai es un personaje muy bueno, pero no me quiero salir del patrón. Es una pequeña joya de Kishimoto .
Darwin: Espero no haberte destapado un spolier importante. Lo siento u.u. Tendré que advertir sobre ellos. Gracias por los halagos. Salu2.
0o-Lady Scorpio-o0: La verdad es que empeño empeño no sé si se le puede llamar. Estoy de exámenes hasta más arriba de la coronilla y apenas tengo tiempo de escribir TTwTT. Intento que lo poco que escribo sea algo decente XD. Chû!
Ligabiss: Wee, de nuevo un revi largo, Liga-san! Amo los reviews largos n///n. Jeje, es que de repente que dijeran: Gaara, hemos venido a rescatarte! Y él: Venga, vale, no me parecía muy emocionante XD. Era por meterle intriga o sorpresa. Creo que las personas después de estar encerradas se les va un poco la olla hasta que se acostumbran (lo he leído en varias novelas… u.u). Lo del Jinchuurikismo (dios, qué buena palabra te has inventado XD) creo que es una obsesión mía. Creo que si un día se me va la olla hasta Akamaru será un Jinchuuriki XD. Espero que no se haga repetitivo, la verdad u.u.
Lo de poner a Sakura tímida no me parece bien. Sakura es bestia y bruta, y eso no tiene porque ser (siempre) un defecto. Ponerla tímida se me hace "Hinatizarla", y eso no le pega. Igual que tampoco pega poner a Hinata como una chica que golpea a Naruto para frenarlo. Cada personaje con lo suyo, creo yo (menudo discurso estoy liando…XD).
A mí Lee también me encanta, por eso quería darle un poco de suerte al pobre, que creo que es el personaje más frustrado de todo Naruto (nunca le sale nada bien del todo al pobre…TTwTT). Neji también me cae genial, pero una lección de humildad a un heredero de barrera de sangre nunca va mal XD. Ahora que lo mencionas, SÍ he visto a Sai basheado. Entre otro en fics yaoi donde se quiere violar a Naruto (y entonces Sasuke hace de príncipe rosa (?) que lo salva). Y yo no lo entiendo, si Sai me encanta, no le hace daño a nadie TTwTT.
Weno, como siempre, me he excedido en la respuesta. Cuídate mucho, Liga-san (sí, -san; como me llames a mí -sama te caneo, que tienes tu mejor redacción y ortografía que 5 yo n.n). Besotes!
Inuzuka pau: Ante todo, pregunta tonta: ¿eres catalán o semejante? Es que de allí conozco yo muchos Pau XD. Ni caso, paranoias mías u.uU. Weno, muchas gracias por haberte leído el fic y por los ánimos, pero te aseguro que no es para tanto n.n. Abrazos.
Icha-hana: Sí, tengo costumbre de publicarlos en muchos sitios, pero luego se me olvida actualizar TTTwTTT. Salu2.
Chica93: Chica, lo mismo me pasa a mí XD. Los rubios de verdad no me van mucho (los hay de muy guapos, pero en general no), pero mi porcentaje de personajes de anime rubios favoritos es peligrosamente alto XD. Entre Deidara, Temari, Frey, Takeru y no sé cuantos más tengo montada una lista que pa qué XD. Siento que no te guste el KibaHina. En lo personal, aunque Kiba se parezca mucho a Naruto, Hinata se ve mucho más natural con él y actua normal, y eso es un gran cambio n.n. Eso iba a decir, será SHONEN-AI, nada de yaoi ni nada. ItaDei, que no sea meloso, pero tampoco a lo bestia (sino me tocará subir más el rathing TTwTT). Mil gracias por seguir el fic con tanto entusiasmo. Besazos enormes!
Rakita92: Ande me vas leyéndotelo todo de golpe! O.o Lo que me sorprende es que sigas viva después de leer tantos desvaríos juntos XD. Gracias por leerte el fic, pero de golpe me sigue pareciendo excesivo… (menos mal que aún está empezando, porque sino sería mucho más grave XD). Sí, bueno, seguiré EDDCU, pero con algunos cambios, que espero que sean a mejor (sé que perderé muchos lectores por algo que voy a hacer, pero bueno… sirve para contentarme a mí misma n.n). Sip, adoro a Deidara. Es amor! XD. Besos-.-
Conii-san: XD, tampoco escribo tan bien. Voy a hacer un poco de profe de lengua: lo mejor para escribir es leer mucho. Yo amo leer, y muchas expresiones de autores se te van quedando, para luego poder ponerlas en los fics (ojo, que no me copio de nadie, que conste, pero el vocabulario se enriquece mucho al leer, a mi parecer… u.u). Gracias de nuevo, abrazos!
Sakura H. Uzumaki: Wee, una fan del NaruSaku (debo entender por el nick XD). Gracias por los ánimos. Salu2.
Nyissa: Qué decir… Me ha impactado que te gustaran precisamente las mismas kunoichi que a mí O.o. Temari, Tsunade y Sakura. Clavaditas! XD. Sabes, eso de que Sakura tendrá que comprobar lo dotado que está Naruto (LoL) me ha dado una ideaza para algo…XD. No sé, no sé… Pero Sai siempre suelta comentarios de esos, así que no creo haberme pasado o.o. En cuanto a Kiba, qué decir de él, a mí también me encanta XD. Es un secundario de lujo, a mi parecer.
Deidara es un genio, aún sigo sin creerme lo que sucedió (me pareció que Kishimoto fallaba demasiado a favor de Sasuke. Se le "vio demasiado el plumero" XD). Bueno, por lo que a los hermanos de la Arena respecta, son el equipo que más me ha gustado desde el principio, y las historias de ellos me chiflan. Aunque, curiosamente, Gaara es el que menos me gusta de los 3 o.O. Algo rara sí que soy XD
Te voy a decir algo. Por lo que a Kakashi se refiere, había pensado exactamente en Anko! No miento, te lo aseguro, y tenía pensado liarlos en el futuro y todo! XD. Gracias por el consejo, ahora sé que al menor a alguien le gustaría XD.
Besazos enormes y mil gracias. Te has pasado con la recomendación. Hay muchos fics buenos en el fandom, sólo es cuestión de buscarlos (vamos, creo yo XD).
