En primer lugar, me disculpo públicamente porque he faltado a la promesa que hice. Dije que actualizaría EDDCU antes que éste, pero no he podido evitarlo. Ayer me vino el ramalazo y escribí casi todo el capítulo de tirón. Ojalá pasara esto con el otro fic T.T. Lo siento de verdad.
Os informo de que estoy enfermita. Tengo el síndrome de Kishimoto XD. El hecho de "kishimotizarse" viene empezando con síntomas como que le des una importancia descomunal y mucho más espacio a los fics al tema Uchiha que a todo lo demás junto. Pero os comunico que me estoy curando de eso y pronto notaréis los resultados en el fic XD.
Traduciendo: como hace ya dos capis, estoy escribiendo mucho sobre los Uchiha, pero eso cambiará. Una vez se resuelvan la mayor parte de misterios, volveremos con nuestros amados protas!. Espero que a nadie le moleste que Itachi tenga tanto protagonismo (y ya no hablar de Deidara XD).
Capítulo 8. Verdades de sangre. Terror
Naruto era incapaz de entender cómo podía durarle tanto a alguien un plato de ramen. El caso era que Hinata llevaba más de un cuarto de hora con una ración delante y apenas la había tocado. Si no le gustaba el ramen, podría habérselo dicho antes de que la invitara. Trató de darle conversación. Sabía que Hinata no era una persona muy habladora, pero todo tenía un límite...
–¿Cómo van las misiones? -sugirió, sacando un tema al azar.
–B-bueno... -musitó Hinata, sin mirarle directamente- Apenas he hecho misiones últimamente. Con la guerra y todo eso... Sólo soy chuunin y no tengo mucho que hacer...
–Ya veo -aseguró Naruto, volviendo a su delicioso aperitivo- Yo no me hundiría por eso. Quiero decir que no creo que seas mejor o peor que los otros chunnin. Cuando esta maldita guerra se acabe, volverán a hacerse los exámenes. Quizás entonces puedas ascender a jounin sin problemas.
Hinata no supo qué decir exactamente. Así que se limitó a callar, dibujando una leve sonrisa que se apresuró a ocultar. Naruto notó su felicidad y sonrió también, de un modo zorruno. Siempre era gratificante lograr esbozar una sonrisa en el rostro de alguien.
Tras la esquina en sombras, Kiba dejó caer la orquídea que había ido a recoger cerca del río para ofrecérsela a su compañero de equipo. Apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se hundieron dolorosamente en la carne. Totalmente aplastado por todos lados, se alejó de aquel lugar, lanzando maldiciones en la penumbra envolvente, bajo una luna pálida como el cristal que justo entonces empezaba a dejarse ver.
De nueva cuenta era rechazado. No del mismo modo, pero sí con el mismo dolor.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
–Buenas noches, Naruto-kun -saludó una voz monótona.
El rubio dejó de prestarle atención a su plato. Se deslizó de espaldas sobre el borde del taburete y entornó los ojos para distinguir a su interlocutor. Sai descendía la calle, inmune a la lluvia. Llevaba el uniforme de ANBU y el agua resbalaba por sus brazos desnudos, bastante más musculados que en sus primeros tiempos. Se detuvo frente a Naruto, con una sonrisa mixta e imposible de descifrar.
–Ah, hola, Sai -devolvió Naruto con entusiasmo.
Sai pareció advertir entonces la presencia de Hinata, porque se elevó ligeramente de puntillas para identificarla. Aunque resultaba un gesto casi irrisorio, arrugó levemente las cejas y mantuvo los labios fruncidos mientras hablaba.
–Rokudaime-sama nos ha llamado -anunció- A nosotros dos y a Sakura-san. Es urgente -añadió, como si se sintiera apurado.
–¿A estas horas? -se sorprendió el rubio.
–Veo que tu oído es tan corto como tu p... -empezó a decir Sai, pero Naruto se lanzó rápidamente sobre él y la tapó la boca.
–Vale, ya lo he pillado. Es urgente -concedió Naruto, con una expresión con la que pretendía esconder sus ganas de asesinar a Sai.
Se volvió hacia Hinata levemente y le dirigió una rápida sonrisa mientras se impulsaba con ambas manos para separar su taburete de la barra del puesto de ramen.
–Venga, Hinata, hasta luego -se despidió, echando a andar tras de Sai- Y recuerda: no te hundas -la animó, antes de que los dos ANBU dieran un salto y se confundieran con la noche.
La chica se quedó en el mismo sitio, inmóvil, como si pensara que el frío posterior a la lluvia podría volatilizar su rubor. Mordiéndose el labio inferior, se puso en pie y subió calle arriba, evitando sumergir los pies en los charcos de barro. Cuando dobló la esquina para llegar hasta la avenida que desembocaba en el barrio de los Hyuuga, vio algo en el suelo.
Una orquídea de pétalos blanquecinos arrancada de su ramillete. Pureza eclipsada por la suciedad del barro.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
A pesar de que la noche era fría y de un ambiente invernal, Sakura yacía en su cama sin sábanas ni demás ropa de abrigo, sólo el ligero camisón sobre la ropa interior. Se removía inquietamente sobre el colchón, y estaba peligrosamente cerca de caer contra el suelo debido al precario equilibrio de su posición.
Su malestar físico y emocional tenía una causa. Honda, profunda, sólo suya. Pues en los sueños la línea que separa la realidad de las pesadillas... es y siempre será...
...peligrosamente difusa.
"Corría por la senda sombría de un siniestro bosque, de árboles de corteza y hojas marchitas y ramas retorcidas. Descalza, con los pies malheridos y entumecidos por el frío. Sentía el sabor metálico de la sangre en la boca y ésta resbalando los labios. Moribunda, perseguía algo que brillaba doradamente entre los árboles, zigzagueando ante ella y marcando un camino intermitente que seguía casi por instinto.
Y repentinamente, una mano húmeda surgía de la oscuridad y le aferraba el brazo izquierdo, obligándola a detenerse. Un grito de terror se elevaba en el aire gélido y quebraba el mortal silencio.
Era Sasuke. Tambaleante e inseguro, se había arrastrado desde las tinieblas hasta ella, y aferrándola con una mano ensangrentada había tratado de mirarla. Y ella, horrorizada, había retrocedido, pues donde antaño hubieran dos ojos negros y brillantes como el ónice sólo quedaban unas aterradoras cuencas vacías.
–Sa-sakura... -gemía entrecortadamente, con una expresión implorante- Ayúdame... Por favor...
Ella negaba con la cabeza, incapaz de articular palabra, pues un pánico venenoso se apoderaba de su ser. Apartó las manos sanguinolentas de ella a manotazos, sintiendo unas ganas ineludibles de vomitar. Todos sus años de entrenamiento psicológico no le estaban sirviendo de mucho en aquella insospechada situación, pues sólo el terror y el deseo de huir llenaban su confundida mente. Notó las lágrimas saladas y calientes como gotas de cera deslizarse por sus mejillas y llegar hasta sus labios. Un nuevo tirón quiso llamar su atención. Giró, con el corazón latiendo dolorosamente en su pecho.
Naruto estaba de pie frente a ella. Pálido como un fantasma, con el rostro mancillado de rojo muerte. Sus ojos azules eran ahora desvaídos pedazos de gris oscuro, incapaces de mirarla con la vivacidad de antaño.
–Na-naruto... -fue capaz de musitar Sakura, desecha en lágrimas de confusión y terror- ¿Q-qué pasa...? ¿Dónde estamos...?
Pero el chico no respondió en el acto. Lentamente, retiró la mano que tenía sobre su pecho, y la sangre resbaló hasta el suelo con un sonido denso y salpicante. Sakura sintió que algo se rompía en su interior, que un pavor que nunca antes había sentido se manifestaba como una gran explosión.
El corazón de Naruto no estaba. Físicamente. Una herida letal e incurable atravesaba su torso. Privación de vida más allá del holocausto.
–Sakura-chan... Me voy a morir...
Sólo entonces Sakura comprendió la terrible y casi irreal situación en la que estaba envuelta. Las dos personas más importantes de su vida clamando su ayuda.
Sus manos manchadas de sangre. Y en ellas, la posibilidad de salvar a uno de sus compañeros.
Sólo a uno. Vida y muerte. La inexorable doble cara de una misma moneda."
La regia garganta de la muchacha fue brutalmente desgarrada por un grito que se exteriorizó desde sus labios. Se incorporó bruscamente, empapada, y con el corazón latiendo tan dolorosamente en su pecho que creyó que saldría de su sitio. Un estremecimiento recorrió su espalda cuando el frío de la habitación golpeó sus hombros desnudos, temblorosos y bañados en sudor. En un acto reflejo, se cubrió con el edredón para protegerse, las piernas le temblaban incontrolablemente bajo las diversas ropas de cama. Respirando entre jadeos, Sakura se llevó una mano a la frente y se limpió el sudor de la misma con el dorso de la mano. Después, entre lágrimas, se encogió en posición fetal sobre el colchón y se llevó las manos a la cabeza, estremeciéndose como una hoja a merced del viento.
El terror que había experimentado no lo olvidaría con facilidad. Era como una mancha negra en su conciencia.
Se puso en pie con cierta inseguridad, dejando que el frío de las baldosas se transmitiera poco a poco por sus pies. Los estertores seguían estallando en su pecho y sabía que sería totalmente incapaz de volver a conciliar el sueño.
Se preguntó sin querer qué haría de encontrarse realmente en una situación. El saber que sólo podía salvar a uno. Naruto o Sasuke. La vida de uno podría volver a la luz y la del otro se hundiría en las sombras para siempre, llevándole la muerte.
Sacudió la cabeza. Sólo había sido un sueño estúpido, una pesadilla que enseguida olvidaría. Suspirando, se acercó a la ventana y retiró el picaporte para dejar que la luz del exterior iluminara el cuarto.
En lugar de eso, encontró el rostro de Naruto al otro lado del cristal, a escasos centímetros de la ventana. La combinación del susto de encontrarse una cara en el exterior, en plena noche, con la reciente pesadilla y encima yendo como iba, con un leve camisón que poco dejaba a la imaginación... La reacción de Sakura era predecible.
–¿¡Qué haces a estas horas en mi ventana, tontolabas!? -bramó la chica, sin darle más importancia al hecho de poder despertar a media Konoha.
–Lo siento, Sakura-chan... -se excusó Naruto, temblando de miedo- Pero es que Kakashi-sensei nos ha mandado llamar. Tenemos que ir a su despacho ahora mismo.
–Vale -repuso Sakura con más tranquilidad, recuperándose, cerrando con fuerza la ventana para cambiarse.
Sacó atropelladamente el peto blanco, el portakunáis, el equipo médico y los demás ropajes, poniéndoselo todo encima sin demasiado orden.
Logró ocultar bajo su sentido del deber el pánico que había sentido, pero lo cierto es que aún tenía rastros de lágrimas en los párpados cuando saltó por la ventana y siguió a sus compañeros de equipo, confundiéndose los tres en la negrura.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Lo primero que Sakura pensó fue que había regresado un nuevo equipo accidentado y que debería trabajar a destajo para salvar vidas, cosa muy corriente en los últimos tiempos. No obstante, el edificio del Hokage estaba tan tranquilo que resultaba inusual. Ni siquiera un guardia custodiando las puertas y velando por la vida del principal pilar de Konoha. Los pasillos sombríos estaban vacíos cuando los tres compañeros se deslizaron por ellos cual sombras furtivas.
Justo al doblar el recodo que les dejaba frente a la puerta del, en otros tiempos fastuoso, despacho del Hokage, divisaron a una persona apoyada de espaldas contra el muro. Naruto y Sakura sonrieron al reconocerle; Sai simplemente lo intentó sin demasiado éxito, obteniendo aquella expresión ameboide.
–Buenas noches, capitán Yamato -saludó Sakura de manera confiada.
–Lo mismo te digo, Sakura -le devolvió el ANBU, con una sonrisa mixta y extraña muy común en él.
No tenía muy buen aspecto, al menos en comparación a como se había ido más de un mes atrás, en una misión ultra secreta en terrenos de la Roca. Estaba aún más pálido de la habitual, muy delgado, y su rostro estaba cruzado por algunas heridas superficiales, no lo suficientemente graves como para requerir jutsus médicos pero sí lo bastante como para hacerle ver desfavorecido.
–¿Qué ha sucedido, Yamato-taisho? -sugirió Naruto, angustiado como era normal con los miembros de su equipo.
–Tuvimos algunos problemas al adentrarnos en el país de la Tierra -confesó el superior, con el semblante sombrío- Perdimos algunos hombres. Los ninja de Iwa son excepcionalmente buenos en camuflaje y estrategia. El terreno de allí es muy agreste y la mayoría de nosotros no está acostumbrados a ello. Al menos conseguimos algo de información, por supuesto.
Recuperó su expresión animada de inmediato, incitándoles con una mano a que pasaran antes que él al despacho del Hokage. Tras pasar la puerta se vieron sumidos en la oscuridad. Descubrieron la silueta de Kakashi recortada sobre el fondo de la villa, con la única iluminación natural de las estrellas y de la luna creciente, que cuajaba lentamente en el cielo. Bajo aquel cinéreo resplandor, Kakashi les pareció más mayor y cansado que nunca. La guerra finalmente hacía mella en su inquebrantable parecer.
Sai cerró la puerta a su espalda, y luego se reunió con sus compañeros de equipo para escuchar lo que tenía que decirles Rokudaime. Tras un breve silencio, Kakashi habló.
–Voy a encomendaros una misión de vital importancia. Sólo a vosotros cuatro, de incógnito -declaró en voz baja, inexpresivo.
–¿Sin nuestros equipos? -sugirió Naruto, extrañado. No era demasiado habitual que un equipo ANBU quedara sin su líder.
–Así es -confirmó el Hokage, cruzando las manos- En esta misión, mientras menos gente se vea implicada, mucho mejor. Es altamente secreta y un gran número de gente podría echar a perder el elemento sorpresa.
A continuación, sacó cuatro carpetas muy finas y las dejó sobre la mesa, obviamente esperando a que ellos las recogieran. Una vez las tuvieron en las manos, procedió a explicar su función.
–Vuestro objetivo es llegar hasta la villa de la Nube, evitando el bloqueo de las tropas enemigas, y negociar con el Raikage para que nos conceda el apoyo militar -determinó- Ahí están las rutas que suponemos más seguras, lo cual os permitirá llegar en menos de tres días. Eso si no encontráis obstáculos, claro. Debéis memorizarlas antes de partir y destruirlas posteriormente.
Mientras esperaba a que sus inferiores echaran un vistazo a los planos, se apoyó en el respaldo de su sillón y suspiró con sumo cansancio.
–Había pensado en enviar a Tsunade-sama y Jiraiya-sama, pero creo que en caso de ataque sorpresa sobre la villa, serán mucho más vitales aquí -sentenció, meditativo- Si todo sale bien, aún tenemos posibilidades de ganar esta guerra.
Los cuatro ANBU se miraron entre sí, sin encontrarle lógica alguna a aquella información. Naruto decidió llevar la voz campante y tratar de aclarar las dudas de sus compañeros.
–Kakashi-sensei, aunque consiguiéramos los quinientos efectivos prometidos, el bloque enemigo sigue teniendo una superioridad numérica aplastante -aseguró- No ganaremos la guerra así. Como mucho un par de meses.
El aludido no respondió de inmediato, simplemente se limitó a mirarles de un modo crítico, valorando cuánta información podía revelarles. No había cuatro ninja en los que confiara más que en ellos, así que la decisión no resultó muy difícil.
–En realidad, hay cierta información que no es de dominio público y que hasta ahora sólo sé yo -confesó el Hokage, cruzando los brazos tras la espalda- Si se nos proporciona el apoyo militar de la Nube, tendremos la mitad del éxito. La otra parte del triunfo recae en un juego a doble banda.
–¿Qué quieres decir, Hokage-sama? -se aventuró Yamato, sin conseguir sacarle sentido a aquella afirmación.
–Naruto, Sakura y Sai, ¿cuanto tiempo hace que no veis a Shikamaru? -inquirió de repente Kakashi.
Los tres jóvenes se miraron entre sí, sin saber a dónde quería ir a parar. ¿Qué pintaba Shikamaru en todo aquello?
–Ahora que lo mencionas, hace prácticamente un mes que no lo he visto -admitió Sakura, sobándose la barbilla- El otro día Ino también me comentó que nada sabe de él desde hace mucho.
–Eso es porque no está en la villa -anunció Kakashi- Hace poco más de tres semanas, envié a Shikamaru a Sunagakure. En él deposito toda mi esperanza. Su misión es entablar una alianza con el sector rebelde de la Arena. Más concretamente con sus líderes, Temari y Kankurô.
Una euforia envolvente empezó crecer en el pecho de Naruto. Si todo aquello era cierto, sus probabilidades de mantener intacta la villa de la Hoja crecían de forma exponencial. Él mejor que nadie sabía lo mucho que había sufrido tras la noticia del encierro de Gaara, aunque poco a poco se había ido abandonando a la resignación y a la impotencia.
–¿Y? -inquirió Sakura, ansiosa, moviéndose nerviosamente sobre un pie y otro alternativamente- ¿Cómo le va? ¿Se sabe algo?
–Al principio pensé que seguramente lo habían matado antes de llegar a la Arena. Pero me recordé a mi mismo que no conviene subestimar a nuestro buen amigo Shikamaru -rió levemente Kakashi bajo su máscara- Hace tres días recibí un mensaje suyo en el que informaba de que ha devuelto del exilio a Temari y Kankurô y que los tres juntos lograron rescatar a Gaara.
–¡SÍ! -gritó Naruto, dando un repentino salto y enarbolando ambos puños en el aire- ¡Shikamaru, eres un puto genio!
El líder ANBU se sentía incapaz de silenciar su explosión de entusiasmo infantil. Gaara, uno de sus mejores amigos y aliados, estaba de nuevo en libertad, y ni más ni menos que con sus hermanos. A salvo. Nada sucedido en los últimos años podía haberle hecho sentir tan lleno como en aquel momento. Las ganas de empezar su misión y contribuir así a una nueva época de paz se acrecentaban sin pausa.
–Bueno, ¿cuando partimos? -inquirió, incapaz de estarse del todo quieto.
–Dentro de tres horas -anunció Kakashi, sacando el formulario para archivar la misión- Tened en cuenta que se dará por cumplida si volvéis con la promesa de los efectivos acordados dentro de siete días.
–Sí, Rokudaime-sama -respondieron los tres a coro.
–Muy bien pues -Kakashi parecía complacido- Podéis iros. Excepto tú, Sakura -añadió, señalándola.
–¿Yo? -quiso saber la chica, llevándose una mano al pecho.
–Sí. Quiero comentarte algo referente a los venenos que utilizan los ninja de la Hierba, por si acaso os cruzáis con ellos -comentó Kakashi, como quitándole importancia- Los demás podéis ir preparándoos.
Los tres ANBU giraron sobre sus talones y salieron de la habitación, dejando solos a la kunoichi y a su Hokage. Una vez la puerta estuvo cerrada, Kakashi suspiró y se quitó el sombrero que le distinguía como cabeza de la villa. Se frotó las sienes con dos dedos, como si se sintiera dolorido. Esperó por precaución, para asegurarse de que no hubiera nadie escuchando, y prosiguió.
–No quiero hablarte de ningún veneno, Sakura. Quiero darte información. Información primordial y muy secreta, debo añadir. Y confío en mi juicio al creer que debes ser tú la componente del equipo que lleve la carga de lo que ahora voy a revelarte -declaró. Después, la miró fijamente con su único ojo visible- No obstante, debo preguntarte si tienes la fortaleza psicológica suficiente como para mantener en secreto lo que voy a decirte. Salvo en una circunstancia extrema, nada de lo que te revelaré debe salir de esta habitación. ¿Lo has entendido?
–Sí, Kakashi-sensei -aseguró Sakura, tensa pero convincente.
–Bien -asintió el hombre, visiblemente complacido.
Se puso en pie con agilidad y caminó hacia un extremo de la habitación. En aquella misma pared, a escasos centímetros del techo, colgaban cinco retratos, uno al lado del otro. Los Hokage. Shodaime, Nidaime, el anciano Sandaime, el juvenil Yondaime y, por supuesto, la anterior Hokage, Tsunade Hime. Con cuidado, Kakashi se puso de puntillas y descolgó el retrato de Yondaime, su maestro, el hombre del cual lo aprendió todo. Miró con cierto aire melancólico los vivaces ojos de su mentor, y después dio la vuelta al retrato. Retiró la chapa de madera que mantenía la fotografía tras el cristal y sacó una segunda imagen que, doblada, habría pasado desapercibida para cualquiera. Se la tendió a Sakura, la cual la cogió con cierto aire de confusión.
–Desdóblala -ordenó Kakashi.
La kunoichi hizo lo que él le pedía y observó a las dos personas que aparecían en la fotografía.
Una de ellas era Yondaime Hokage. Lo reconoció por su pelo rubio y sus ojos azules, rasgados. Sin embargo, no tenía el rostro serio y decidido habitual en los retratos de él que eran de dominio público. Sonreía de oreja a oreja, de un modo jovial y entusiasta. Con una cara muy muy parecida a...
Bueno, sí, para qué negarlo. Muy parecida a la de Naruto. Al lado de Yondaime, sentada en una silla, había una mujer. Tenía los ojos de un color verde claro como la hierba, y el pelo muy largo y de un color cobrizo precioso. Sonreía dulcemente, mientras sus manos rodeaban la figura de un generoso embarazo.
Sakura descubrió de inmediato el detalle. El modo con el que los brazos de Yondaime parecían protegerla, rodeando sus hombros en un ademán cuidadoso. La mirada de devoción en los ojos de la mujer.
–No... no puede ser -declaró, patidifusa.
–Sí -declaró Kakashi, dándole la espalda- No es de dominio público que Yondaime estaba casado. Pero así es. Ella es Kushina, la esposa de Yondaime. Uzumaki Kushina.
Sakura seguía mirando la fotografía con estupefacción, por lo que su cerebro tardó unos fugaces segundos en asimilar el impacto de aquella últimas palabras. Con los ojos agrandados, giró lentamente la cabeza hacia Kakashi. Sus labios temblaban, incapaces de articular bien.
–¿Q-qué has dicho...? -sugirió, en un hilo de voz.
–Es exactamente lo que estás pensando -admitió Kakashi, volviendo a colgar el retrato de Yondaime en su sitio- El bebé que estaban esperando era Naruto.
Sakura no supo qué decir. El torrente de ideas parecía implacable y llegaba a su cabeza con una fuerza imposible de asimilar. Demasiadas cosas empezaban a cobrar sentido a la vez y otras tantas preguntas se abrían camino furiosamente. Tragó saliva un poco y apretó la fotografía entre las manos hasta que éstas temblaron.
–Lo sospechaba -admitió sinceramente- Nunca he creído posible que nadie notara ese parecido entre Yondaime y Naruto.
–¿Qué te hizo pensar eso? -preguntó Kakashi, ahora sí, perplejo.
–No lo sé -confesó Sakura, encogiéndose de hombros. Miró la fotografía con cierta dulzura- Supongo que es instintivo. El parecido, su deseo de ser Hokage. No sé -terminó, apartando la mirada.
Miró a su sensei, con la garganta tan seca que creyó que las palabras se quedarían atascadas en ella.
–¿Quién más lo sabe? -preguntó, por ocuparse en algo.
–Sólo Jiraiya-sama y Tsunade-sama. Puede que Yamato e Iruka lo sospechen, pero no tienen nada claro -añadió Kakashi, infranqueable- La verdad es que Jiraiya-sama iba a ser algo así como el padrino de Naruto. Pero eso nunca llegó a realizarse. Yondaime murió y todo acabó ahí. Para mucha gente -admitió.
Sakura asintió quedamente, aún tratando de asimilar toda aquella información. Suspiró para eliminar la tensión y le tendió la fotografía a Kakashi. No obstante, éste la rechazó con un gesto de negación y una leve sonrisa invisible.
–Quédatela -opinó- Creo que llegado el momento debes ser tú quien se lo diga a Naruto.
–¿Por qué yo? -sugirió Sakura, arrugando las cejas, sin comprender- Yo no tengo nada que ver con esto. No creo estar a la altura de esa responsabilidad.
–Lo estás. Para Naruto eres ahora mismo la persona en la que más confía. Creo justo que seas tú y no otra persona quien le diga algo tan importante -se encogió de hombros Kakashi, como si todo aquello careciera de explicación.
Sakura estaba indecisa. No podía imaginar el impacto que aquella información podría provocar en Naruto. Ella no se caracterizaba precisamente por su tacto. Decirlo de un modo inadecuado podría ser muy perjudicial para su compañero.
Dobló cuidadosamente la fotografía y la guardó en la bolsa donde llevaba los antídotos. Esa siempre la llevaba encima, de modo que era muy improbable que se perdiera. Una vez se ajustó bien la tira de cuero a la cadera, miró a su Hokage de un modo inquisitorio.
–¿Por qué me lo dices ahora y no en otro momento? -quiso saber, cruzándose de brazos.
–Porque puede serte útil en vuestra negociación -respondió Kakashi, volviendo a su asiento- Nidaime Raikage tiene una gran deuda con Yondaime que nunca ha llegado a pagar. Durante la última Gran Guerra, Yondaime llevó a sus tropas hacia la villa de la Nube para protegerlos del ataque de la Niebla. El Raikage juró que algún día pagaría esa deuda con Konoha y con los sucesores de Yondaime.
–Comprendo -asintió Sakura, pensativa.
–Entonces ya puedes irte. Que tengáis suerte -deseó Kakashi escuetamente, con el semblante ensombrecido.
Sakura inclinó con levedad la cabeza y después salió al exterior, deslizándose sin un mínimo ruido. Una vez se quedó solo en el despacho, Kakashi giró sobre el sillón y le dio la espalda a la villa. Su único ojo visible se posó en el retrato de su maestro. Recordó sin querer a los otros componentes de su equipo, y descubrió de pronto cuanto los echaba de menos. Mientras abría un cajón para dejar unos informes y, ya de paso, sacar su inseparable lectura, un pensamiento sorprendentemente profundo llegó hasta su mente.
"Minato-sensei, Kushina-san... No imagináis hasta qué punto se está repitiendo vuestra historia."
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Itachi se consideraba una persona con grandes capacidades para pensar. Concentrarse, descubrir los recovecos de los acertijos. Se creía bastante capacitado para descifrar todos aquellos misterios con la mínima información. Pero, como bien dice la ley de Murphy, si algo puede salir mal, saldrá mal. O dicho de otro modo: si hay algo que pueda importunar a Uchiha Itachi y a su capacidad de concentración, ése algo estará más cerca de lo que él desearía.
Y ése algo en concreto no cesaba de entorpecer su camino.
–Uchiha, paremos un poco a descansar. No puedo más con esta pierna, hum... -admitió Deidara, sentándose sobre restos de ladrillos y llevándose una mano a la herida, que iba sanando lentamente.
Itachi suspiró para sus adentros y giró con una cada vez más limitada paciencia. Se maldijo cien veces por haber decidido que dejaba a Deidara acompañarle y mil veces más por haber pensado que abandonarlo a su suerte no le proporcionaba beneficio alguno. Comprendía que, herido como estaba, no era tan rápido ni tan resistente. Lo que escapaba a su comprensión era por qué debía él asumir esas deficiencias.
–Konoha está a menos de veinte kilómetros -anunció, sintiéndose como un mentor enseñando a un aprendiz excepcionalmente torpe- Está oscureciendo y debo acabar lo que tengo que hacer allí antes del alba.
–Queda mucho para eso, hum... -argumentó Deidara, apoyándose con una mano en el muro medio derrumbado de un antiguo puesto de guardia para intentar ponerse en pie- Además, entrar en Konoha debe ser igual de complicado de día que de noche, ¿no, hum?
–Todo sería más fácil si pudieras haces una de tus chapuzas de arcilla -comentó Itachi con malicia, dándole la espalda.
–¡No son chapuzas, hum! -vociferó Deidara. Apartó la mirada levemente, molesto- Y la arcilla no se saca de la nada, ¿sabes? Debería encontrar una zona húmeda para...
Y de súbito una mano le aferró por el hombro.
Su primera reacción fue intentar zafarse, pero lo cierto es que en apenas una centésima de segundo se vio despedido hacia atrás, hasta que su espalda chocó dolorosamente con el muro que segundos antes le sirviera de apoyo. Jadeando de dolor, notando que las rocas habían perforado su ropa, alzó la cabeza con rabia para identificar a su atacante.
Una figura oscura como la boca de un precipicio se erguía de pie a su lado, cubierta con una capa negra que ocultaba también su rostro. Al tiempo en que Itachi se daba la vuelta para discernir al atacante, el hombre giró para encarar al rubio. Y el rostro de Deidara se deformó de terror.
El rostro de su agresor resultaba invisible, pues restaba oculto tras una máscara en forma de huella dactilar. A través de un único orificio, el brillo tétrico de una pupila observaba al joven caído en el suelo.
–To-tobi... -musitó Deidara, con los ojos desorbitados- Tú...
Retrocedió cuanto pudo, con torpeza. Sintió los puntos de la herida tensarse, pero todo su malestar físico empezaba a resultar irrisorio al lado de aquella súbita aparición.
–No, tú moriste en la explosión...hum -negó con la cabeza, como viendo un espectro que le aterrorizara más allá de la locura- No pudiste escapar... Es imposible -concluyó.
–Tampoco tú deberías haber sobrevivido, ¿no, Deidara-sempai? La lógica no impera precisamente entre los ex-Akatsuki -soltó el enmascarado.
Después, dándole la espalda como si fuera un vulgar parásito, se encaró a Itachi, el cual permaneció firme pero en una posición claramente defensiva. Alerta, aguardando como la gacela dispuesta a huir de su depredador al mínimo movimiento.
–Vaya, Itachi-kun. Me alegra ver que sigues en una forma aceptable. No te veía desde nuestro último encontronazo. Empezaba a pensar que estabas criando malvas -comentó Tobi, acercándose a él.
–No todos podemos desaparecer con tanta facilidad como tú. Algunos nos limitamos a no ser vistos -declaró Itachi, entornando los ojos.
–Inteligente respuesta -concedió Tobi, cruzando las manos tras su espalda- Pero eso no me aclara la razón de tu actitud en nuestro último encuentro. Pero ya me da igual. He venido a concluir con lo mío.
Dicho esto extendió una mano al frente, como clamando la recompensa a un favor concedido en el pasado.
–Y ahora, dame lo que me corresponde -exigió con firmeza.
Itachi dejó atrás su inquebrantable seguridad y retrocedió dos pasos, inseguro. Sus iris rojos seguían fijos en la mano que le tendía el otro Akatsuki, negra como las bocas del abismo.
–Uchiha... ¿qué es lo que quiere de ti, hum? -preguntó Deidara, no muy seguro de querer conocer la respuesta.
El aludido tragó saliva de un modo imperceptible, y respondió sin quitar su mirada sangrienta de, ahora sí, su enemigo.
–Mi ojo. Mi Mangekyô Sharingan -soltó sin más. El sudor resbalaba por su frente y le humedecía el puente de la nariz.
–¿Qué...? -sugirió Deidara, en medio de un silencio aplastante.
Algo oscuro y denso, asfixiante, cubría el ambiente y parecía anonar los sentidos de los más jóvenes, cuyos ojos yacían fijos en la sombra oscura del Akatsuki enmascarado. Tobi suspiró y se llevó los dedos a las sienes, negando levemente. Aquel gesto pareció romper un poco la tensión, dando paso inmediatamente a la abrumadora verdad.
–Sabías de tarde o temprano ese era el precio que tenías que pagar. Los siete años de plazo expiraron hace mucho. Sólo fuiste un mediador, Itachi -dejó caer, con contundencia- El instrumento idóneo para que los ojos de Sasuke obtuvieran el Mangekyô Sharingan...
Avanzó hacia él, y empezaron un endemoniado juego de movimiento espejo. Uno avanzaba, el otro retrocedía. Ni un sólo segundo que permitiera romper el contacto visual. Pero Itachi temía aquel cruce de miradas: él mejor que nadie sabía lo desmejorado que estaba su Sharingan. Podría caer en un genjutsu sin apenas darse cuenta.
–Me faltaba un ojo para ser completo... Un ojo que reuniera las tres técnicas que se pronosticaban para tu tipo de Mangekyô Sharingan -explicó Tobi, avanzando más y más- Yo nunca las he poseído. Por eso era necesario que Sasuke te matara y lo obtuviera con ese asesinato. Tú estabas quedándote ciego y no me servías...
–¿Qué quieres decir...? -se aventuró Itachi, con el entrecejo arrugado, demostrando, por vez primera, una expresión de auténtico miedo.
La mención de su hermano empezaba a intrigarle. Y es que Tobi hablaba como si tratara de insinuar que él era inferior a Sasuke. Absurdo.
–Pero...ahora... has fracasado miserablemente -prosiguió Tobi, ignorando su pregunta- No eres un dios, Itachi, porque aunque intentes ahogarlos, no has sido capaz de matar tus remordimientos. Y mis ojos te han hecho enloquecer de ambición y dolor poco a poco. No eres más que un perro herido al que su amo abandonará en breve.
Y ya con sumo terror, Itachi contempló el gesto que había nutrido sus pesadillas durante prácticamente toda su vida. Un gesto que, irónicamente, él mismo había utilizado infinidad de veces con Sasuke.
Los dedos extendidos hacia él, clamando el sacrificio de sangre de los descendientes Uchiha. Sus ojos. El precio de la ambición y el salvoconducto a la oscuridad eterna.
–¡KATSU! -estalló una voz a espaldas de ambos.
Tobi apenas tuvo tiempo de girarse cuando una onda expansiva equiparable a la de diez sellos explosivos le alcanzó en el costado izquierdo. Giró sobre sí mismo, con la mitad del cuerpo reducida a una masa amorfa.
Deidara se mantenía en perfecto equilibrio sobre un ser de arcilla que serpenteaba como una cinta atada a merced del viento. La creación, de aspecto totalmente vivo, abría sus fauces amenazadoramente y rugía en dirección a su enemigo. Tobi le miró con altanería y rió de forma socarrona tras la máscara.
–Vaya, vaya, Deidara-sempai -comentó- Parece que has aprendido a apreciar a tus compañeros de equipo en estos años.
–¡Cállate! ¡No me hables con esa confianza, hijo de puta! -bramó el joven, ya a simple vista enfurecido- Tú no eres el mismo Tobi con el que compartí equipo hace siete años, hum.
–Tienes razón -admitió Tobi- No soy el mismo. Ahora soy alguien a quien debes temer.
–No me amenaces, hum -advirtió Deidara, alzando las manos en son de advertencia. Las bocas de sus manos hicieron chirriar los dientes- Aún no eres capaz de intimidarme.
Dicho y hecho, el dragón de arcilla emanó un grito de guerra y se lanzó sobre Tobi a una velocidad inhumana. El hombre se hizo a un lado para esquivarlo, lo cual no evitó que la cola del ser se enrollara en su cuerpo: ocasión que Deidara aprovechó para intentar rescatar a Itachi.
–¡Vámonos, Uchiha, hum! -bramó, tirando de uno de sus brazos.
Éste estaba aún demasiado anonado como para reaccionar en el acto, así que fue una suerte que la capacidad de reacción de su compañero estuviera en mejores condiciones, ya que logró subirle al dragón artificial y sentarle a su espalda. A una sola orden suya, el reptil soltó a su presa, se elevó en el aire y se perdió en el cielo dorado del atardecer, zigzagueando como un fuego fatuo.
Tobi se quedó en el suelo. En las sombras crecientes de la puesta de sol, su cuerpo se recompuso con un esfuerzo ínfimo, inexistente. Uno de sus poderes, mejor guardado que el mejor de los secretos.
–Interesante -comentó únicamente, riendo con ganas. Después, se teletransportó lejos de allí.
Aún tenía mucho tiempo.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
El dragón de arcilla serpenteaba por el cielo, con las luces del atardecer reflejándose en su superficie húmeda y de aspecto maleable. Deidara trataba a la vez de ralentizar sus desbocados signos vitales y de mantener en el aire, gracias a su conciencia, a su gran obra nacarada. Pero a decir verdad resultaba difícil. Demasiado información y muy poco tiempo para asimilarla.
–Tobi... es un Uchiha...hum -musitó, aún incapaz de creérselo- No entiendo cómo no me lo dijo en todo aquel tiempo que fuimos compañeros, hum...
Instintivamente, giró sobre sí mismo y se sentó de espaldas al viento. Itachi estaba todavía en la misma posición, inmóvil. Algo superior había arrancado de cuajo su infranqueable seguridad en sí mismo. De repente parecía confuso como un pez sacado del agua, que aletea desesperadamente por volver a sumergirse.
Tras el breve silencio, Itachi interpretó que Deidara quería respuestas. Y aunque le doliera, le había salvado el pellejo. Le debía más que fuera una escueta respuesta.
–Es mi mentor, Uchiha Madara. El fundador del clan Uchiha -declaró, con cierto tono de fastidio.
Los ojos azules de Deidara se dilataron hasta pareces dos zafiros ovales, densos y turbios como el agua profunda.
–Eso es imposible, hum -protestó con insistencia- Por lo que yo sé, el clan Uchiha es muy antiguo. El fundador no puede seguir vivo, hum. Tendría alrededor de...
–...doscientos años -terminó Itachi por él- Los tiene. Es una de las habilidades de su Mangekyô Sharingan.
Deidara no podía más que renegar de todo lo que estaba oyendo. Sabía que todos los Akatsuki (a excepción de él, por supuesto) habían perseguido el objetivo de perpetuar sus poderes en el tiempo. Teniendo en cuenta que Hidan estaba enterrado eternamente en un hoyo, Tobi o Madara, cómo fuera, era el único del que podía decirse que había obtenido su objetivo.
–Él me empujó a buscar un método de obtener el Mangekyô Sharingan y me entrenó en secreto desde que apenas podía tenerme en pie. Más antes de enfrentarme con mi hermano hace casi siete años... -relató Itachi- Intenté vencerle y derrocarle. Pero fracasé y tuve que huir. Tiene una experiencia escalofriante que ni siquiera mi Mangekyô Sharingan puede suplir.
Un silencio incómodo se instaló entre ambos. No sólo tenían que evitar a todas la villas que les buscaban y que les darían muerte, sino que ahora debían preocuparse de un enemigo adicional. En aquel sentido, ser un criminal era una autentica mierda.
–Te has quedado sin arcilla -observó Itachi, alzando la mirada con lentitud.
–Bueno, hum... -masculló Deidara, dándole la espalda y fingiendo que no le importaba- Ya conseguiré más en algún sitio. En terrenos de la Hoja no debe ser tan difícil de encontrar, hum...
Después le miró de reojo, dándose cuenta de que estaban yendo sin rumbo fijo.
–Bueno, ¿aún quieres ir a Konoha, hum? -cuestionó.
–Más que nunca -aseguró Itachi apoyando el brazo izquierdo en una rodilla- Pero no nos será fácil entrar allí. En situación de guerra, la vigilancia debe estar triplicada. Y además... tengo la sensación de que alguien nos sigue desde hace días -añadió, mirando con desconfianza los bosques que sobrevolaban, como esperando ver una silueta furtiva siguiendo su trayectoria.
–No te preocupes. Déjamelo a mí, hum -dijo de pronto Deidara, con cierto orgullo en la voz.
Itachi no podía estar más perplejo. Miró a Deidara con los ojos rojos, por vez primera, con un inocente desconcierto.
–Aunque no te lo creas, soy bastante bueno disfrazándome, hum -aseguró el rubio, con una sonrisa de seguridad- No me costará nada adentrarme en Konoha en secreto.
Teniendo en cuenta que en su reencuentro le había confundido con una prostituta, Itachi no podía más que confiar en sus dotes. No obstante, había un hueco en aquel racionamiento que no encajaba.
–Dime una sola cosa. ¿Por qué alguien como tú arriesgaría su vida por mí? -sugirió el Uchiha, arrugando el entrecejo.
Deidara apenas lo meditó, pero se sonrió a sí mismo, moviendo la cabeza levemente.
–Quisiera saber quién fue el asesino de mi familia, hum. Pero, además, después de todo lo que he oído sobre los Uchiha... siento curiosidad. Sólo dime qué es lo que necesitas y yo lo conseguiré, hum.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Noche profunda. Las puertas de Konoha cerradas y flanqueadas por una decena de jounin. Otros tantos patrullaban los puntos débiles de la muralla, a prueba de posibles intrusiones. Al pie del edificio del Hokage, Izumo y Kotetsu mantenían una firme posición. No obstante, llevaban horas de guardia y el cansancio empezaba a hacer mella en ellos. Kotetsu se apoyaba alternativamente en un pie y en otro, dolorido.
–Joder... -masculló entre dientes- Comprendo que alguien tenga que hacer esto, ¿pero no tienes la sensación de que siempre nos mandan a nosotros la guardia más larga?
–Bueno, al menos tenemos tiempos para dormir de vez en cuando -comentó Izumo en actitud pasota.
De súbito, una persona surgió de las sombras y llegó hasta el círculo de luz que proyectaba la desvencijada farola. La chica les saludó con un gesto de mano y una leve sonrisa.
–Buenas noches, chicos -saludó.
–Ah, hola, Sakura-san -devolvió Izumo, aliviado- ¿Qué haces a estas horas por aquí?
–Tengo que entrar en los archivos para coger unos libros sobre el tratamiento de venenos -aseguró Sakura, poniendo el primer pie en la escalera.
–¿Ha habido un nuevo ataque? -se preocupó Kotetsu, incorporándose.
–No, no os preocupéis -aseguró la chica, negando con las manos- Es sólo para informarme para la próxima misión. Hasta ahora, chicos -acto seguido, siguió escaleras arriba hasta que se perdió en la penumbra del edificio del Hokage.
Los dos jounin se relajaron y se sumieron en un silencio confiado. Cuando llevaban dos minutos de aquel modo, Kotetsu arqueó la espalda y miró a su compañero mientras se apoyaba en su enorme arma, para él manejable como una ligera katana.
–Oye, Izumo -inquirió- ¿Sakura-san no estaba en una misión con Naruto-kun y Yamato-taisho?
–Bah, es la aprendiz de Godaime -repuso éste, restándole importancia, mientras ahogaba un bostezo- Tiene cierta libertad para hacer lo que quiera.
Kotetsu no comentó nada más, pero durante el rato que siguió tuvo una extraña sensación que no le dejaba sosegar, como el haber pasado algo por alto. Algo de vital importancia.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Los pasillos eran bocas de lobo. Oscuros, siniestros, sin ninguna iluminación artificial. Llegar a un lugar en concreto se convertía en una auténtica odisea, al menos evitando las paredes contra las que uno podía chocar. Los pasos cortos y pacientes pronto se volvieron rápidos y sigilosos al asegurarse de que ningunos ojos se posaban en su persona.
Finalmente dio con lo que buscaba. Una puerta de madera oscura con una placa gravada en dorado. Los caracteres esclarecían a la perfección la función de la habitación que ocultaba.
"Archivos de misiones"
Con una sonrisa de autosuficiencia, la figura hizo el ademán de arrancarse la melena de color rosado. En un estallido de humo blanco, la verdadera apariencia de dicho intruso quedó al descubierto, más nadie estaba allí para corroborarla.
–Estúpidos ingenuos, hum -rió Deidara por lo bajo, forzando la cerradura con un empuje de chakra.
En escasos segundos de ardua tarea, fue capaz de partir el pestillo y por consiguiente de entrar en la habitación. Una vez dentro, suspiró con alivio y observó el panorama. Por la diminuta rendija de la ventana de cristal del techo se colaba un rayo de luna intermitente. Y vio las estanterías. Hileras y columnas de cajones y más cajones. Miles y miles de registros de las misiones de la más poderosa de las naciones ninja.
Silencioso como un ladrón experto, empezó a rebuscar fichero tras fichero. Tal y como esperaba, los registros de las misiones estaban ordenados por rango y fecha, y no por lugar de destino, lo cual le dificultó un poco las cosas. Buscó entre las estanterías, reduciendo cada vez más el radio temporal de búsqueda. Haciendo un cálculo aproximado, cogió una caja que contenía las misiones de un lapso de cinco años. La cogió firmemente bajo el brazo y se dispuso a salir de una vez de allí. No obstante, justo cuando se dirigía hacia la puerta, ésta chirrió al otro lado de la enorme estancia. En unos escasos segundos, una voz estridente emitió una sonora señal de alarma:
–¡Rokudaime! ¡Hokage-sama! ¡Han entrado en los archivos! ¡El intruso sigue en la villa!
–Joder, joder... -maldijo Deidara, girando sobre sí mismo y dirigiéndose directamente hacia el lugar del que había venido.
Utilizar un camuflaje o un disfraz no le servía de mucho. Se había hecho pasar por la kunoichi que derrotó a Sasori varios años atrás, pero no tenía ninguna explicación factible para el hecho de que ésta hubiera forzado la cerradura. No tenía demasiado sentido.
Dio gracias hasta a Jashin, quién quiera que fuera ése, por tener una flexibilidad superior a la normal, por lo que pudo encaramarse en una de las estanterías, partir la ventana cercana al techo con una patada y salir al exterior con la habilidad de un contorsionista. Apareció en un tejado que se inclinaba peligrosamente hacia la calle, con el viento zarandeando virulentamente todo su cuerpo. Desde aquella altura, llamó al dragon de arcilla que permanecía pacientemente oculto a un par de kilómetros de la muralla de Konoha. No podía reutilizar la arcilla, así que se había visto obligado a conservar aquel medio de transporte hasta el límite.
Pero, justo cuando apreciaba el destello nacarado del dragón de arcilla retorcerse en la lejanía, una sombra fugaz como un impulso eléctrico se cernió sobre él, y el impacto que alcanzó su rostro por poco le desvió la mandíbula. Cayó hacia atrás, golpeando con su cuerpo contra las tejas rojas y evitando por pura suerte que su preciada carga se le cayera. Se incorporó a duras penas, estremeciéndose por la mezcla de dolor y sorpresa, y descubrió un detalle familiar.
Su agresor iba totalmente vestido de verde, y no sólo por el chaleco típico de la Hoja.
–Tú... -susurró Lee, con los ojos desorbitados.
Deidara miró de reojo hacia la oscuridad, pero su dragón aún estaba algo lejos. Volvió a prestarle atención al joven ninja, retrocediendo mientras trataba de mantener su precario equilibrio. Tras la súbita la movida, la herida de su pierna volvía a reclamar su atención. Y, para colmo de males, aquel jounin era todo un experto en taijutsu.
–¿¡Es que vosotros no morís nunca!? -bramó Lee, utilizando su inusitada velocidad para acercársele por detrás y envestirle con un golpe de pie.
Deidara recibió el impacto de lleno en la espalda y se dobló con un jadeo de dolor. Se arrastró lejos del alcance del ninja, pero de poco le servía. Lee se lanzó sobre él con ambos puños cerrados, y le propinó unos rápidos golpes en diferentes puntos del cuerpo. El criminal sintió que que alguna costilla le cedía, y el dolor le impedía pensar con claridad. Quizás por ello actuó de un modo aún más temerario de la habitual.
Rodando a un lado y recorriendo gran parte del tejado, se precipitó intencionadamente hacia el vacío. Una caída de cinco pisos, limpia y sin obstáculos. En otras palabras, un suicidio.
Pero era un genio del cálculo. Y como tal, había previsto el curso de los hechos. Por ello no sintió sorpresa alguna cuando su cuerpo cayó con suavidad sobre la superficie maleable de su dragón de arcilla. Sólo un metro le separaba del suelo cuando remontó el vuelo y eclipsó la luz de la luna a las decenas de ninja que corrían bajo sus pies, apresurándose en un vano intento de atraparle.
Cruzó la muralla de Konoha y se adentró en el bosque profundo, volando a la altura suficiente como para no caer en una emboscada. Complacido, comprobó que la caja seguía, a pesar de todo, sujeta bajo su brazo. Intacta.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Itachi aguardaba con paciencia decreciente en un claro del bosque, lo bastante alejado de las sendas principales que seguían los ninja de la Hoja. Deidara estaba tardando más de lo prometido y empezaba a preocuparse. No tanto por la suerte de éste, sino por el destino de su preciada carga.
Esa fue la razón de que saliera de golpe de sus pensamientos cuando percibió el sonido de algo avanzando torpemente entre los árboles, arrancando ramas a su paso como una bestia enfurecida a la que se le acaban las fuerzas. Y de pronto Deidara apareció en la penumbra, sangrando por la nariz, medio encogido y cojeando más de lo normal.
–Joder... Por qué será que últimamente siempre acabo hecho una mierda... -masculló entre dientes, valorando las heridas de su accidental encuentro. Afortunadamente, eran más superficiales y escasas de lo que había creído en un principio. Pero seguía doliéndole el costado y temía tener un hueso roto- Creo que intentarán seguirme, hum -se quejó.
–Silencioso y sigiloso como sólo tú -comentó Itachi con cierto tono de sarcasmo.
Deidara bufó por lo bajo, sintiéndose herido en su ego. La falta de arcilla era su principal inconveniente. Y ya que su última creación había expirado y disuelto en una masa amorfa e inservible, poco podía hacer a partir de entonces.
–¿Tras lo que te pedí? ¿El registro de la misión a Iwagakure? -preguntó el Uchiha con cierta urgencia- Necesito verlo.
–¡Joder, Uchiha, me está siguiendo media Konoha, hum! -gritó Deidara, un tanto fuera de sí- ¡Ya podemos irnos cagando leches!
–Necesito saberlo ahora -declaró Itachi, mirándole de un modo amenazador.
Deidara no podía eludir el efecto que aquellos iris rojos producían en él, de modo que asintió quedamente y le pasó la caja de archivos. Itachi aferró el objeto cúbico de rígido cartón y lo destapó. Descubrió entonces un sinfín de pequeñas fichas de papel ordenadas por fecha en diminutas carpetas.
–Aquí hay miles de misiones de rango S. Hay demasiado espacio de tiempo -murmuró con fastidio.
–Yo tenía seis años, así que debía ser el año treinta y uno.. -trató de hacer memoria Deidara, y apuntó una de las carpetas- Era verano, puede que julio u agosto... -murmuró.
Itachi no juzgó su memoria y cogió lo que le indicaba. Empezó a rebuscar misión tras misión, hasta que por fin dio con algo que podía ser la explicación a todo aquel embrollo en el que, sin saberlo, estaba metido desde su más tierna infancia. Aguzó los ojos y leyó:
Misión 14572 del año CCXXXI
Días: 13 – 21 de julio
Rango: S
Objetivo: Infiltración en Iwagakure y ataque a civiles y ninja sin distinción de rango.
Líder: Uchiha Fugaku
Subordinados:...
Seguía una larga lista de nombres, pero Itachi no podía apartar los ojos del nombre del líder de la misión. Un balde de agua fría había caído sobre él y le había empapado hasta el alma, pues un estremecimiento semejante se había transmitido hasta cada milímetro de su ser.
Uchiha Fugaku. Su padre. El mismo hombre cuyo cuerpo destrozó con una katana.
Por inverosímil que pudiera resultar, el mismo que quemó la casa de Deidara con el Amaterasu.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Itachi sentía compasión de sí mismo. Sí, se autocompadecía. No encontraba otra palabra que describiera mejor lo que sentía en aquellos momentos. Lo que había descubierto recientemente era la causa de su pesar.
Uchiha Fugaku, su progenitor, tuvo el Mangekyô Sharingan. Y, por el testimonio de Deidara, sabía utilizar el Amaterasu, el dios del Sol. Desconocía si también poseía el Tsukuyomi o el Susanoo, pero ello poco le importaba. Fuere como fuere, era un usuario del Mangekyô Sharingan.
Las ideas se agolpaban sin orden en su cabeza, y su mente hasta entonces lúcida empezaba a teñirse con el negro de la duda. Siempre había tenido claro que Madara había querido aprovecharse de él, sacar algún beneficio después de tanto esfuerzo porque él dominara su Mangekyô Sharingan. Sin embargo, siempre había creído que controlaba aquella situación hasta cierto punto, que tenía cierto dominio sobre lo que Madara hacía o dejara de hacer con él.
En aquel momento, pero, Itachi estaba cada vez más seguro de que sólo había sido un títere. Una muñeca desmadejada que Madara había controlado con unos hábiles hilos. Había sembrado en él el deseo de poder, la ambición y la indiferencia ante los lazos. Y él se había dejado hacer. Sin cuestionarse nada, sin preguntarse el porqué de nada.
A fin de cuentas, había sido un simple peón. Qué irónico que en el pasado él pensara lo mismo de cada miembro de Akatsuki que ostentaba un estatus inferior al suyo.
Suspiró levemente y se inclinó hasta que la barbilla descansó sobre su rodilla derecha. Por más seguridad, Deidara y él habían decidido pasar la noche en un hostal de una pueblecito cercano a la villa. Nadie sospecharía que un intruso se quedara tan cerca del peligro, de modo que era la opción más fiable. Mientras Deidara había caído rendido y respiraba rítmicamente al otro lado del cuarto, él era incapaz de dormir. De hecho apenas había dormido en los últimos años. Poco a poco su cuerpo se había acostumbrado al constante insomnio. La verdad es que nunca había sido muy dormidor. Lo evidenciaban las ojeras que surcaban su rostro desde que era un crío.
Se encogió súbitamente y ahogó un quejido. Aquel pulsante dolor volvía a latir en sus sienes. Era una sensación que le era ya demasiado familiar. Al principio se asustó mucho, pero tras tantos años de sufrir aquellos dolores nocturnos y las posteriores hemorragias, apenas le afectaba. Sólo le producía una exasperación mayor a la habitual, eso debía admitirlo. Se cubrió el rostro con ambas manos y sintió el líquido caliente deslizarse entre sus dedos. Pero no se preocupó.
La luna era creciente. Esa noche el dolor sería breve.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Deidara no había dormido mucho aquella noche, aunque sabía aparentar muy bien todo lo contrario. Había estado dándole vueltas a asuntos que no le concernían y que carecían absolutamente de sentido para él. Aún así, le producían una curiosidad atrapante e imposible de eludir. Quería saber más, era algo innato en él.
Su cuerpo se quejó cuando un golpe bien dado le sacó bruscamente de aquel placentero linde entre la consciencia y el sueño. Con los ojos desacostumbrados a la luz, vislumbró a Itachi de pie frente a él, poniéndose la raída capa de viaje.
–Vámonos.
Deidara no comentó nada, pero sabía que los ojos de Itachi habían vuelto a sangrarle esa noche. La curiosidad y a la vez el pavor que le provocaba aquel continuo suceso desembocaban en una intriga tan hipnótica como magnética. Deseaba saber el porqué, y quería contemplar las lágrimas de sangre al mismo tiempo que huir de ese miedo.
Bostezó. Aún estaba demasiado dormido como para pensar con claridad. Se sentó al borde de la cama con cierto esfuerzo y buscó sus malolientes sandalias bajo la cama. Aquel único gesto le causó un ramalazo de dolor que le ascendió hasta el cráneo. Sí, ya era oficial, se había roto una costilla. Con cierto esfuerzo, siguió a su compañero escaleras abajo, intentando alcanzarle.
–¿A dónde vamos ahora, hum? -sugirió, frotándose el ojo izquierdo. ¿Por qué Itachi odiaba tanto estar siempre en el mismo sitio.
–Al templo de la familia Uchiha. O a lo que queda de él -fue la contundente y breve respuesta.
Fueron las únicas palabras que intercambiaron antes de salir al exterior, donde un día soleado y magnífico borraba toda evidencia de las tormentas sucedidas en los días anteriores.
Más ninguno de los dos había reparado en la persona que había estado apoyada al pie de la escalera de la posada. Una silueta que, discreta, había escuchado aquella última conversación. Si uno miraba bien, podía apreciar el brillo de unos ojos blancos como la sal bajo los pliegues de la capa de viaje.
–Así que el templo Uchiha...
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Los pies de ambos jóvenes perseguidos se posaron en un terreno de rocas derrumbadas. Itachi observó con aparente indiferencia lo que en tiempos había sido el mayor templo que hubiera visto el hombre. No sentía orgullo alguno al pensar que su familia había sido la artífice de aquella monumental muestra de arquitectura. En el fondo, era un clan podrido y corrupto como cualquier otro.
Sólo un muro había resistido, prácticamente intacto. Manchurrones de sangre, impactos de golpes, dedazos de negrura y de odio. Signos de una batalla que la memoria ya parecía haber borrado. Y en aquella pared, bajo los signos del tiempo, inalterable, gravado en la roca por años y años, el enorme emblema de la familia Uchiha.
Itachi permaneció quieto unos instantes, contemplando aquel símbolo con una mezcla inexorable de emociones que, por supuesto, no demostró. Su rostro seguía siendo una tumba, sentimientos sin rostro para ser expresados.
–Aquí... nos enfrentamos mi hermano y yo hace siete años -declaró, con profundidad- Una lucha con un final inesperado -admitió.
Deidara se sintió sobrecogido por aquel silencio y los rastros de destrucción. Pensó en su modo de hacer volar las cosas y en lo hermoso que lo consideraba. Sin embargo, una explosión no dejaba aquellos retazos de luchas. Ni sangre, ni golpes, ni ecos de gritos arrancados sin compasión. Incluso él sentía cierto miedo por aquel basto cementerio de recuerdos.
Itachi decidió terminar con lo que había ido a hacer y se acercó a la resistente pared. Los caracteres dibujados en ella eran difíciles de leer, pues la intemperie había erosionado el contorno de las letras en algunos tramos y los trazos se desdibujaban. No obstante, logró encontrar el trozo que le interesaba. Aquellas palabras sólo estaban escritas en dos lugares: uno en el sótano de su antigua casa, en el corazón de Konoha. Otro era allí mismo, el único accesible para él en aquel momento. Empezó a refrescar sus conocimientos sobre la historia de su clan.
"Los tres Sharingan..."
Algo que ya sabía, por supuesto. La unión de los tres Sharingan daba al usuario un poder sin precedentes, una fuerza ilimitada que podía opacar a los propios dioses.
"El sol, la luna y el trueno. Amaterasu, Tsukiyomi y Susanoo... La Tríada de dioses."
Ello lo confirmaba. Y él había conseguido por fin reunirlos. A través de la rotura de lazos, se había apoderado de la esencia de las tres míticas divinidades. El fuego eterno, el mundo invertido gobernado bajo su yugo. Y el escudo irrompible más duro que el diamante, portado por el dios del trueno.
Volvió a mirar en la roca y descubrió unas frases que le llamaron la atención. Se preguntó cómo, en todas las veces que había ido allí, le habían pasado desapercibidas. Quizás es que en aquellos momentos, ya pasados y desfigurados en el tiempo, se creyó poseedor de toda la información que necesitaba. Entornó los ojos para distinguir las letras y siguió leyendo los retazos que aún pudieran resultar coherentes.
"Asesinato del precedente..." "Nueva etapa..." "...hermano menor cederá sus ojos al mayor." "...la traición supondrá otro camino distinto..." "...el esfuerzo es la tercera vía..." "...cura posible para la oscuridad eterna..."
"La unión de los tres iniciará el proceso."
Y cayó en el pavor más absoluto.
La última oración removió algo en su interior. Súbitamente, todo cuando había vivido cobraba un escabroso e inhumano sentido. Las palabras y los recuerdos se complementaban perfectamente en su mente, contando un cuento de proporciones épicas. Un cuento de terror que helaba la sangre en las venas.
Y él, como un niño asustadizo, bebió de aquel horror.
"Lo he interpretado mal desde el principio. Mi padre tenía el Amaterasu. Yo poseía éste más el Tsukuyomi y el Susanoo.."
La verdad cayó sobre él, amenazando con aplastarle. Podía ver el final de aquella macabra historia.
"Si Sasuke me mata, obtendrá la Tríada... Y si Madara se mueve, los tres Sharingan estarán por fin juntos..."
Tragó saliva. Toda la imagen que había construido de sí mismo se desmoronó en un segundo, hecha añicos. Por primera vez desde que se conocía, sus ojos amenazaron con llenarse de lágrimas de rabia.
"¿Fue por eso...
...por lo que sucedió aquella masacre?"
–¡Maldita sea! -bramó, dejando rienda suelta a las emociones.
Su puño cerrado golpeó la roca ante la que estaba inclinado. Se hizo daño, notó alguna contusión en los dedos. Sus rodillas dolieron de igual modo al impactar sobre la roca y dejarle rendido en una posición que él consideraba humillante.
–¿Qué significa esto, Uchiha? -quiso saber Deidara, tan alarmado como desorientado.
Itachi tardó un poco en responder, y cuando lo hizo no pudo retener una serie de escalofríos que recorrieron su cuerpo a sus anchas.
–Significa que si mi hermano descifra esto, me matará aunque le cueste cualquiera de sus miembros... Y entonces Madara se pondrá en marcha -musitó, con voz queda, girándose hacia él.
Deidara no podía asegurarlo, pero juraría que un atisbo de terror inhumano permanecía reflejado en aquellos iris negros como la noche. Un pánico demencial danzaba en cada milímetro de aquella negrura.
–Y si eso sucede... -Itachi negó con la cabeza, meditabundo, perdido en la oscuridad- ...ya no habrá retorno posible...
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Tras la putada de cortarlo ahí (XD), procedo a responder los reviews n.n
Chica93: Comentar lo de las metáforas. AMO utilizar metáforas cuando escribo, pero a veces no encuentro las que quiero y temo liarlo mucho si empiezo a abusar de ellas. Creo que en este fic estoy pecando mucho de esto y me paso con tanta metáfora y comparación. El ritmo se corta un poco en esos puntos. Me disculpo por ello u.u.
LoL, NejiSaku, una buenísima pareja crack. Yo amo el crack, la verdad. Si por mi fuera, Kishimoto ya estaría juntando a Deidara con Sakura, jejeje. Pero bueno, en el manga real sí que prefiero el NaruSaku n.n. Nada, chorradas mías.
Por lo de los dedazos, tú tranquila. Una vez de me saturó el corrector de Word de tantos dedazos que hice juntos XD. Y comprendo lo que dices: da MUCHA pereza corregirlo todo. Soy la primera que pienso eso, jejejeje.
Muchos besazos enormes y gracias por tu infinita comprensión.
Darklight ultimate: Jeje, no sé, me apetecía poner a Hinata por ahí. Mira que a mí no me gusta, pero creo que necesitaba un empujoncito en su reducido ego, así que quien mejor que Naruto para eso XD. Lo del secreto de Sakura… Tiempo al tiempo XD. Salu2.
Ligabiss: Te amo por tus kilométricos reviews. Me lo paso pipa leyéndolos XD
Como dijo uno de los tantos Jacks del cine: vayamos por partes (XD).
Me alegra ver que no fui muy exagerada con el tema Sasuke. Yo le tengo algo de tírria (los que sigan el manga sabrán por qué. Me ha fastidiado mucho en DOS ocasiones T.T). Al final, como digo, todo el mundo tendrá lo que (a mi criterio, claro) se merece XD
"La anestesia es amor" XD, me pienso poner esa frase en el nick del Messenger algún día. Me apetecía poner una imagen así cruda, de esas que hacen que estés con los sentidos a flor de piel. Si lo he conseguido o no, yo ya no lo sé, es cosa vuestra XD.
Con Deidara sí que soy un poco cafre XD. Tengo una tendencia innata a hacer sufrir en los fics a mis personajes favoritos. Lejos de ser sadismo (?), creo que es para que el personaje en particular parezca más "humano". Cuando yo lo releo, siento que me acercó más al personaje, y eso me encanta n.n.
Resumen, gracias por decir que lo dramático me quedó bien. Me siento un poco perdida en ése ámbito, la verdad u.u.
Lo de Hinata ya lo he explicado arriba XD. Creo que me vino la idea de manera inconsciente para suavizar el poco gusto que tengo por ella XD. De momento, creo que estoy superando muy bien el instinto de bashearla. Me siento orgullosa de ello XD.
De nuevo, Liga-san (y punto, ya no sigamos con esto XD) mil gracias por tu infaltable y siempre extenso review. Da gusto escribir por recibir reviews así (eh, sin menospreciar a los demás, que conste XD).
Besazos y puñados de abrazos.
NEIL: Comentar que lo del OC sería algo muy secundario, apenas saldría. Me refiero en plan "X estaba con Y desde hacía unos años" y poco más XD. Tendré mucho tacto con ése aspecto. Ya he pasado por algunas situaciones delicadas con algunos OC. Salu2.
Inuzuka pau: Suigetsu es un salidorro, así de claro XD. Lo de Sasuke lo puse como manera de compensar. ¿Qué gracia tiene el lado oscuro si no tienes que dar nada a cambio? Para más información, un repasito a Star Wars XD (lo siento, adoro esas sagas XD). Salu2 y mil gracias.
Santalia: Jeje, tranki. Si me conocieras sabrías por donde van los tiros con Naruto y Sakura. Salu2.
Lissy Aquarius: Wao, una nueva amiga XD. No pasa nada, yo también hago eso a veces. Depende de cómo te motiva ese día para dejar el review. Sé lo que es eso XD
Yo a Sasuke tampoco es que lo odie en plan a muerte, pero me da un poco de rabia que siempre se salgo de rositas. Me gustaba mucho más como era en la primera temporada, era bastante más humano u.u. Iep, otra fan de Deidara XD. A mí me encanta y no puedo resistirme a hacerle salir mucho (como ya habrás comprobado XD). Me ha sorprendido el hecho de que no te guste Hinata. No es demasiado común O.o (pero me alegro de que hayamos coincidido, la verdad XD).
Muchas gracias por el comentario tan largo. Ya he comentado varias veces que me gustan así n.n. ¡Besazos y hasta pronto! (supongo XD).
HikariBuffy: XD. Tu revi es una obra maestra XD. Sí, yo también he sufrido alguno de esos síndromes de abstinencia. Y como soy rencorosilla, le hago lo mismo a las personas que siguen el fic, muajajaja (COÑA con mayúsculas, que conste XD). Ciento un abrazos y gracias por seguir el fic.
Dirce-chan: Wee, una compi de CN! Lástima que las últimas veces que he colgado allí el fic no lo ha leído nadie T.T. Pero weno, compensa con toda la gente que tiene la bondad de leerlo aquí en . A mí me pasa como a ti: Hinata y Sasuke no me caen de la patada tampoco, pero odio que los sobrevaloren y les tiren tantas florecitas (yap!). ¡Coincidimos con Temari! Es un modelo de mujer que me gusta mucho. Contrasta con Shikamaru, que es tan machista LoL. Bueno, el ItaDei… siempre tengo la manía de juntar a Deidara con alguien, y como las chicas presumo que estarán pilladas, le ha tocado a Itachi XD. Nop, en serio, es una pareja que me gusta. Pero por respeto a la gente que no le guste el yaoi, no escribiré nada fuerte n.n.
Ahora al dato: ¡No me lo puedo creer! ¡Nuriko-fan! ¡Fushigi Yuugi-fan! La verdad es que aunque escriba mucho más de Naruto, Fushigi Yuugi es el manga que más me gusta de todos los que he leído. Es muy especial n.n.
Besazos gigantescos XD
Rakita92: Lo de humanizar a Itachi es un proceso, pero no es de piedra (vamos, creo yo XD). Hasta los criminales normales tienen sentimientos, dejando de lado su demencia o ambición. Siempre hay algo que te puede hacerle sentir a uno. Bueno, y después del momento pasteloso, prosigo XD.
Supongo que ahora ya sabes quién fue el Uchiha que vio Deidara en su pasado. Lo que ahora toca es explicar la razón de todo eso, kukuku. Pero tendrá que esperar un poco, la verdad XD. Llorar sangre es de lo más normal, ¿Qué no lo sabes? XD XD XD. Puede que me quedara un poco raro eso, pero después he explicado que en este fic super-raro, a Itachi le pasa desde hace mucho, así que ya se debe haber acostumbrado, digo yo XD. Juder, perdona si te he hecho odiar a Hinata, no era esa mi intención en lo absoluto O.o. Mira que intento que no bashear a nadie en los fics y mantener el OoC (ahora me esfuerzo más que antes, todo hay que decirlo XD). Siento de verdad si no me está saliendo como quería XD. A mí no me gusta Hinata, pero no quiero que nadie cambie de opinión por eso, jejé n.nU. Wao, debo decir que es raro que un NaruHina lea un fic NaruSaku, pero bueno, ojala todos fueran como tú, la verdad XD.
Gracias por tus halagos. De verdad no se merecen. Besos!
Deborah!: Jeje, mira que lo de llorar sangre es algo que quería poner en el El Destino del Clan Uzumaki, pero ahora que lo he puesto aquí, creo que se repetiría mucho LoL. Pero tranki, lo voy a seguir, pero con muchos cambios. Sólo tengo que poner las ideas en orden y empezaré la tirada larga T.T. Wei, me alegra que te gusten los fics yaoi XD. Es un género que está surgiendo ahora, e intento darle un toquecito. Me alegra que te hayan gustado XD. Salu2.
Nyissa: Tranki, yo también sé lo que es la universidad. Agobia mucho, sobretodo las prácticas (a mi parecer, claro. Aunque en algunas me lo paso pipa XD). Por cierto, ¿qué estudias? XD. Gracias por el revi que nunca falta. Te lo agradezco mucho n.n Besos.
Hasta pronto y muchas gracias por leer. Os quiero (ala, ahí está la vena pastelosa-Disney XD).
