Aquí estoy de nuevo dando la tabarra, jeje. A partir de ahora sí que no sé cuando voy a actualizar porque lo exámenes se me echan encima.

Disfrutad.

Capítulo 9. Sin salida. El hijo de Yondaime

El silencio le lapidaba sin compasión. De súbito sintió un acceso de conducta esquizofrénica: todo cuanto había a su alrededor le parecía peligroso, como si el cosmos entero forjara una secreta conspiración para lanzarse sobre él y sumirle en la oscuridad eterna. El corazón le dolía en el pecho, pero más que una dolencia física parecía algo que surgía de su alma, torturándolo más allá del límite.

Con un esfuerzo sobrehumano, Itachi logró tensar las rodillas y ponerse en pie. Sus dedos se deslizaron por la roca grabada, acariciando las ancianas marcas sangrientas que habían aguardado por años que el que las dejara allí regresara al mismo lugar.

Todo se venía abajo a su alrededor. Su objetivo acababa de disolverse como tinta en agua, dejándole confuso como una bestia herida.

Cuando la resignación y el vacío ya habían inundado cada parte de su ser, reunió la fuerza suficiente para darse la vuelta y marcharse de aquel lugar, a partir de entonces, maldito para él.

Y lo sintió. De pronto una fuerza férrea como el acero había inmovilizado cada centímetro de su cuerpo. Creyó que era un efecto del pavor que estaba empezando a sentir, pero nada más lejos de la realidad: lo que le mantenía estático en el suelo era algo real, una fuerza que le tenía, literalmente, adherido al suelo.

–¿Qué es esto...? -articuló forzosamente, sin apenas dejar oír su voz.

Deidara notó que algo iba mal, así que hizo un ademán de acercarse para averiguarlo. No obstante, algo fugaz como un proyectil pasó rozando su mejilla izquierda. Insospechadamente, una fuerza surgida de la nada se abalanzó sobre él y le lanzó al suelo, hasta que su cuerpo impactó dolorosamente contra el terreno desigual.

–¿¡Qué coj...!?

Y ante sus ojos, una sombra vestida de blanco entró en su campo visual, apareciendo al lado de Itachi. Una melena de color ébano se deslizó en el aire al mismo tiempo que un movimiento de giro de su cuerpo.

¡Hakke: Rokujuuyonshou! -gritó Neji, lanzándose sobre su inmóvil blanco.

Por vez primera en su vida, Itachi vio como un ataque que escapaba a su comprensión recorría su cuerpo como saetas imposibles de esquivar. Sus ojos, aunque rápidos debido al Sharingan, fueron incapaces de seguir la trayectoria de los dedos del joven Hyuuga, que impactaban una y otra vez en su cuerpo, insuflando chakra que se clavaba en sus canales como agujas mortíferas.

Un mareo aplastante ascendió hasta los sentidos de Itachi, algo que nunca antes había experimentado. Las imágenes se convirtieron en manchurrones de colores borrosos antes sus ojos, y el mundo entero cayó a plomo cuando perdió el equilibrio y se precipitó hacia el suelo, inmóvil. Impactó sobre las rocas y se quedó allí, incapaz de moverse, sintiendo que el dolor de los golpes tardaba una eternidad en manifestarse.

Neji bajó los brazos, complacido por el efecto de su barrera de sangre. Se giró hacia sus compañeros ANBU, que procedían a inmovilizar al otro criminal.

–¡Vendadle los ojos! -bramó, señalando al Uchiha tendido ante él.

A su señal de alerta, dos ninja acudieron a toda prisa y apresaron a Itachi con cuerdas irrompibles. Sacaron sendas vendas gruesas y oscuras y cubrieron a sus ojos la luz del mundo. A espaldas de Neji, Deidara trataba de ponerse en pie, forcejeando en un vano empeño contra sus captores.

–¡Atadle las manos, deprisa! ¡Puede que utilice arcilla como explosivo! -gritó el Hyuuga al acercarse, conocedor de las habilidades de aquel Akatsuki.

Pero poco había de temer. Un único Juuken bien dado en el estómago bastó para cortarle la respiración a Deidara, el cual emanó un quejido de dolor y se desplomó rápidamente sobre el suelo de roca, inconsciente.

Neji se incorporó, con la respiración entrecortada, y un jadeo de cansancio se escapó de sus pálidos labios. Estaba agotado. Cuanto mayor es el chakra de un enemigo, mayor esfuerzo supone el sellarlo con el Juuken. Aquellos criminales tenían una fuente inagotable de éste, ciertamente impresionante. Una de las mayores que Neji hubiera visto en su vida.

Uno de sus compañeros ANBU acudió a él cuando vio que sus pies fallaban y amenazaba con desplomarse allí mismo, exhausto. Mientras le ayudaban a sentarse en un muro medio derrumbado, Neji sintió bullir el triunfo en su interior.

No había sido nada fácil. Desde que captara el rastro ya hacía días, les habían seguido la pista, pisándoles los talones a cada movimiento, esperando cual oportunistas cuervos el momento idóneo para caer sobre ellos. Cuando aquella mañana, en la posada, había oído que se dirigían al Templo Uchiha, lo tuvo claro. No habían necesitado más de unos minutos de ventaja para preparar la trampa: el sello paralizador, cuyos caracteres aún brillaban, negros, en el suelo, bajo el cuerpo de Uchiha Itachi.

Un éxito, sin duda alguna. Más lo que venía a continuación tampoco estaba muy claro.

–Hyuuga-san, ¿qué hacemos con ellos? -sugirió otro ANBU, que tiraba del cuerpo de Deidara para atarle las manos a la espalda.

–Los llevaremos a Konoha -ordenó Neji, asegurándose de que podía mantenerse en pie- Enviad un mensaje a la villa para que preparen una de las celdas de máxima seguridad. Llegaremos allí al anochecer.

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+

Llegaron a la villa de la Nube en el tiempo previsto, y eso que por el camino habían sufrido un par de emboscadas. Pero no había sido nada que un par de puñetazos (gentileza de Sakura) y unos cuantos ataques de Naruto no pudieran remediar.

Se encontraron en un terreno extremadamente accidentado, con cumbres coronadas por pequeñas borrascas que pintaban el horizonte de espirales negras. La lluvia era intensa, y una tormenta eléctrica de proporciones bíblicas cubría la vista en todas direcciones, dejando caer rayos que quebraban el cielo con un desgarrador estallido de truenos. Estuvieron a punto de desorientarse, más lograron localizar a lo lejos unos enormes portones tallados en la roca, envueltos en una densa masa de nubes blanquecinas, inmunes al inestable clima.

Los ninja de Kumogakureles detuvieron a la entrada, como era de esperarse. Naruto y sus compañeros se presentaron como miembros del ANBU de Konohagakure, y tras mostrarles las bandanas y sus credenciales, les permitieron pasar. Calados hasta los huesos, unos miembros del equipo médico les ofrecieron unas mantas para guarecerse del frío y la humedad mientras se dirigían al edificio central de la villa, que se erigía tallado en un pilar de roca maciza excavada en el valle oculto. Tras unas cuantas precauciones de rigor, que incluían dejar atrás todas las armas cortantes, el equipo de cuatro fue llevado a presencia del Raikage.

Naruto esperaba que el Raikage fuera cualquier persona. Después de todo, el Kazekage de la villa de la Arena había sido un chico de su misma edad con un demonio mapache en su interior. Pocas cosas podían resultarse inusitadas. Pero la verdad es que le sorprendió lo que encontró. La sala de recepciones de la aldea de la Nube era inmensa, y hecha de un cristal azul translúcido que permitía ver el cielo de fuera. Tras los muros semitransparentes, los rayos retumbaban y la lluvia resbalaba sobre la superficie curva. Y en el atrio donde debía sentarse el líder de la villa no había un sólo asiento: había dos.

No una, sino dos personas. Dos Raikage.

Lo más curioso del caso es que parecían hermanos, más exactamente gemelos. Un chico y una chica de más o menos su misma edad, con ojos dorados como los de un halcón y cabellos negros cual brea. Vestían el atuendo oficial del Kage, esa vez de un color amarillo. Sentados en sillones gemelos, inspeccionaban a los recién llegados con ojo crítico. La mujer habló, al parecer llevando la voz campante.

–Bienvenidos seáis, hijos de Konoha -declaró, de un modo ceremonial e impersonal- Yo soy Taiyou (1), Sandaime Raikage, y éste es mi hermano menor, Tsuki (1), Yondaime Raikage. Juntos ocupamos el puesto del anterior Raikage.

–Os comunico en nombre de mi equipo nuestro más sincero agradecimiento -concedió Yamato, inclinando la cabeza en señal de respeto- Largo es el camino que nos separa ahora de nuestra villa y estamos exhaustos.

–Aquí podréis descansar cuanto gustéis -sonrió el chico, al parecer menos irascible que su hermana- Os prepararemos unas habitaciones para vuestra estancia aquí. Pero ahora discutamos la razón de vuestra visita, si no es molestia.

Los ninja de Konoha se miraron entre sí, sin saber exactamente cómo abordar aquella discusión. Antes de que pudieran decidir un modo de diálogo, Naruto se les había adelantado y, firmemente plantado ante los Raikage, y hablándoles en un son que podía describirse como amenazador.

–Hace más de un mes, la villa de la Nube le prometió al Hokage quinientos efectivos en señal de apoyo por la guerra que está sufriendo Konoha. Después recibimos una negativa que no venía al caso -declaró, sin tapujos- Hemos venido para asegurarnos de que se cumple esa promesa.

Los dos hermanos se miraron al mismo tiempo, al parecer tan idénticos en sus reacciones como en su aspecto físico. Parecieron tomar una decisión sin una sola articulación vocal, ya que fijaron de nuevo la vista en sus invitados y se dispusieron a hablar.

–Perdonad aquel mensaje de negativa sin ninguna explicación adyacente -se disculpó Taiyou, sin variar su expresión- Hace apenas dos meses que hemos ascendido a Raikage y los asuntos políticos aún nos quedan algo grandes. Esa decisión fue tomada por un consejo regente del señor feudal, sin nuestra participación y excluyéndonos del todo.

–Entonces, ¿nos vais a conceder el apoyo militar? -sugirió Naruto, esperanzado.

Los ojos dorados de la mujer impactaron sobre él, y de pronto el muchacho supo por qué ella era Raikage. Era la misma fuerza que habían irradiado en tiempo los ojos del anciano Sandaime y el mismo poder latente que aún era capaz de transmitir Tsunade con una mera mirada.

–Una cosa no implica a la otra -respondió Taiyou, casi masticando las palabras- No es una decisión que podamos tomar a la ligera. Deberemos retirarnos a discutir sobre...

–¡No hay tiempo! -gritó Naruto, dejando atrás toda precaución.

Su voz llena de rabia rebotó contra los muros cristalinos. Los ninja que guardaban por la vida de los Raikage se movieron un poco, inquietos, aguardando por cualquier intento de agresión contra sus superiores.

–¡Mientras nosotros estamos aquí discutiendo, Konoha podría estar siendo atacada! ¡No tenemos oportunidad alguna de ganar esta guerra sin ayuda! -vociferó, cerrando los puños con fuerza.

–No, Naruto... -intentó calmarle Yamato.

–Cuida tus palabras -intervino de pronto Tsuki, refiriéndose a Naruto, como si intentara sobreponerse a su propia candidez- Ahora no estás en Konoha. Si consideramos que es un peligro para nuestra villa enviar tropas de la Nube, no lo haremos.

–Pero las promesas deben cumplirse -protestó Naruto, respirando con fuerza- Prometisteis quinientos apoyos, y no me moveré de aquí hasta que nos acompañen hasta Konoha.

Dicho esto, separó firmemente los pies, cruzó los brazos sobre el pecho y se sentó en el suelo con sus habituales movimientos felinos. Sus compañeros se miraron entre sí, totalmente estupefactos. Para ninguno era un secreto la incesante tozudez de Naruto, pero es que hacía muchos años que no hacía uso de ella. Definitivamente, la idea de no poder ser útil a su villa lograba alterarlo a sobremanera.

–Naruto, por favor, estamos ante los Raikage... -masculló Sakura entre dientes, intentando hacerle entrar en razón- Por favor...

Más vio algo en los ojos de Naruto que la hizo desistir de inmediato en su empeño de convencerlo. Un brillo de frustración en sus iris azules que pocas veces manifestaba con suficiente claridad.

La misma que relucía en su mirada siempre que fracasaba en traer de vuelta a Sasuke. Abstraída, se dio la vuelta para mirar de nuevo a los Raikage, que observaban la escena con sus bellos rostros inmutables. Asintieron al mismo tiempo y se pusieron en pie con graciosidad.

–Tenemos que retirarnos a valorar vuestra propuesta -anunció Taiyou, imprecisa en su tono- Mientras tanto, podéis descansar en la habitación que os prepararán. Qué descanséis.

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+

A pesar de que la habitación que les habían asignado era de lo más confortable, Sakura se sentía inquieta e increíblemente sola. Uno de los factores podía ser que sus dos únicos acompañantes en la noche profunda eran dos ANBU mucho más antiguos que ella, de modo que no hacían ruido alguno al respirar. Por ello se veía envuelta por las sombras y el silencio, y aquella sensación nunca había sido de su agrado.

Las casas de la villa de la Nube eran fascinantes, muy alejadas de la normalidad de las viviendas de Konoha. Hechas de un cristal tan azul como el cielo, aislaban perfectamente de la temperatura exterior y no dejaban pasar ni un mísero sonido del exterior. Uno podía ver todo lo que sucedía en el exterior, pero nadie podía atisbar lo que pasaba en el interior, tras el férreo muro visual y físico. No es necesario añadir que por fuera parecían simples rocas talladas en la montaña, lo cual resultaba una gran ventaja para no ser detectadas por posibles espías aéreos.

Bien, Sakura sufría insomnio. Y, por mucho que aparentara lo contrario, Yamato lo sabía. Fingir que dormía era una de sus muchas cualidades, por lo cual la chica no advirtió su estado de alerta cuando, calzándose las sandalias ninja, se deslizó silenciosa en la penumbra y salió al exterior. Para Yamato no cupo duda alguna de cual era su destino: Sakura se sentía por naturaleza llamada al lado de Naruto. Era un comportamiento que ya había observado la primera vez que le asignaron el equipo 7, o lo que quedaba de él. El paso de los años le había dado la razón, así como un poco de frustración: aunque Naruto y Sakura compartían una amistad fuera de lo corriente, de lazos irrompibles y férreos, su relación parecía haberse estancado en aquel punto. La causa no era ningún misterio: el desconocimiento de los sentimientos del otro.

Sin embargo, ajena a aquellas conclusiones, Sakura seguía su camino. Algunos ninja de la Nube se giraban a mirarla, pues reconocían su atuendo ANBU como distintivo de su villa. Los ignoró a todos y siguió su camino hacia el edificio de recepción al que llegaran hacía unas horas, en medio de una tormenta ya dispersa. Se adentró en la desierta sala central, cubierta por un velo de penumbra sólo atenuada por la luz natural exterior.

Tal y como había esperado, Naruto seguía sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, manteniendo un impenetrable empeño. Ni siquiera parecía afectarle el frío nocturno que reinaba en la sala desierta. Continuaba en la misma pétrea posición que antes. La chica se le acercó con pasos sigilosos y se mantuvo a cierta distancia.

–Naruto... No seas tan cabezota -le sugirió, cruzándose de brazos y apoyándose en una sola pierna- Aún no te han dicho que no. Sólo se han retirado para valorar nuestra propuesta. Anda, ve a dormir un rato...

–Me pone enfermo -expresó Naruto, con la vista fija en el suelo.

Sakura le miró sin decir nada, atenta a cada nimio movimiento de su cuerpo o a cada sonido que soltaran sus labios. Naruto parecía hundido en su propios dolor y autocompasión, y era en aquellos momentos en los que Sakura se sentía más miserable e inútil. Naruto nunca expresaba sus más profundas penas, soportaba en un aguante perenne, y verle sufrir de aquel modo, mecido por un lado por la inquietud y por el otro por la desconfianza en el porvenir, resultaba doloroso.

Atrozmente doloroso.

–Shikamaru, Gaara y sus hermanos seguramente se están jugando el cuello por revivir la alianza con Konoha -musitó, meditativo, tras un largo suspiro- Y si no conseguimos el apoyo de esta villa, Konoha está perdida. Y ya no podré volver a mirarles a la cara, a ninguno de ellos -concluyó, mordiéndose el labio inferior.

La chica fingió parecer inmutable, pero lo cierto es que algo empezaba a bullir en su pecho de un modo imparable.

–No soportas que te dejen atrás, ¿verdad? -sugirió.

Naruto alzó la mirada hacia ella, y Sakura hubiera jurado que podía verse reflejada en los iris azules del muchacho. Por un momento, el espíritu fogoso e imbatible del muchacho hiperactivo que conocía siete años atrás pareció reavivarse bruscamente. Más pronto cayó de nuevo en la oscuridad y el desánimo.

Fue más de lo que Sakura pudo soportar.

La chica giró sobre sus talones y se dirigió a pasos agigantados hacia la puerta que podía ver tras el atrio en el que se habían sentado los Hokage esa tarde. Naruto descubrió los movimientos de su compañera y se apresuró a ponerse en pie de un salto para intentar seguirla.

–Sakura-chan... -emitió en un leve susurro, en un ademán de extender una mano hacia ella.

Pero la impresión le detuvo, pues hubiera jurado que los pies de su compañera creaban surcos en el cristal que estaban pisando. Prefirió optar por la alternativa prudente y mantenerse alejado. Sakura era impredecible y le era imposible saber si había hecho o dicho algo que la hubiera molestado. Permaneció mirándola mientras abría la puerta y se adentraba en la sala del otro lado.

Sakura irrumpió en la habitación contigua con la misma fuerza que un huracán, casi rompiendo la puerta de roca azul magníficamente tallada. Las personas allí reunidas se pusieron en pie a una velocidad alarmante, entre ellos los dos jóvenes Raikage. Antes de que pudiera parpadear, cuatro ANBU de la villa de la Nube la tenían rodeada, esperando cualquier atisbo de ataque por su parte.

–¿¡Qué es esto!? -exigió saber Taiyou, alarmada- ¡No se te permite estar aquí!

–Tranquilícese, Raikage-sama -apaciguó Sakura, con un gesto de manos- No tengo intención de hacer nada. Por favor, cerrad la puerta -aconsejó a los ninja, que no le quitaban los ojos de encima.

–¿Pretendes atentar contra nuestros Raikage, ninja de la Hoja? -sugirió un ANBU, con una voz grave y gutural.

–Nunca haría algo así. El país del Fuego es una nación pacífica -aseguró Sakura, ofendida. Posó la mirada en los jóvenes Raikage- Por favor, sólo quiero hablar con vosotros.

–La discusión ya había concluido de todos modos, y ante esto aún nos queda más claro -sentenció Taiyou con severidad, apartando la mirada- Kumogakure no ofrecerá apoyo militar.

Sakura se mordió el labio inferior hasta el punto de hacerse daño como auto castigo. Y supo que era el momento. Si no lo decía entonces, la confianza que Kakashi había depositado en ella sería totalmente inútil. Agachó levemente la cabeza y tomó aire, aspirando así mismo el valor.

–Raikage-sama, por favor, escuchadme -suspiró a la desesperada-, Uzumaki Naruto, el líder ANBU del primer escuadrón, ése chico rubio que hay ahí fuera -especificó-, es el único hijo de Yondaime Hokage. No se irá de aquí hasta conseguir que le hagáis caso -aseguró con profundidad.

Aquellas palabras, cual inesperado catalizador de un irreversible proceso, produjo un silencio tan aplastante en la estancia como el que reinaba en plena llanura en una noche helada de invierno. Ambos Raikage permanecieron rígidos, y después se giraron hacia ella con la lentitud con la que corren las agujas de un reloj.

–¿Has dicho que es el hijo de Yondaime Hokage? -quiso saber Tsuki, con los ojos dorados llenos de interrogantes.

–Sí... -asintió Sakura en un quedo susurro- Sé que Nidaime Raikage, vuestro predecesor, tenía una deuda con Yondaime. Nunca hubiera recurrido a esto de no ser necesario, pero Konoha está en una situación desesperada -concluyó con firmeza.

Tsuki suspiró con una leve sonrisa gentil y, elegantemente, se desprendió del sombrero que cubría su cabeza y que le elevaba simbólicamente sobre los otros ninja de la villa de la Nube. Sus ojos del color del oro tenían un tinte melancólico cuando miró a Sakura.

–Vaya, no sabía que Yondaime Hokage hubiera tenido un hijo... -admitió el chico- Esto cambia las cosas.

–Esto no cambia nada, Tsuki -intervino Taiyou con fiereza- Sabes lo peligrosa que es esta situación. El país del Rayo podría sufrir el mismo destino que Konoha.

Los ojos del gemelo menor revelaron una gran fuerza de voluntad cuando encaró a Sandaime Raikage y la desafió con la mirada.

–Sea así. Sé que esa hubiera sido la voluntad de Nidaime -aseguró sin titubear.

Sakura había observado la conversación de ambos hermanos con incertidumbre, más pronto se vio obligada a reaccionar cuando sintió la mirada de Tsuki puesta sobre ella.

–Nidaime Raikage era nuestro padre -dijo el muchacho tristemente- Falleció hace dos meses debido a una enfermedad derivada de una herida incurable en una guerra ya pasada. Su mayor pesar en el lecho de muerte fue no haber podido pagar aquella deuda. Sé que no negaría nada al hijo de Yondaime Hokage.

Taiyou, a sus espaldas, frunció los labios, pensando en las posibles y nefastas consecuencias que aquella decisión podía acarrearles. Más el recuerdo de su padre seguía claro y vibrante en su memoria.

"Taiyou, tú eres la mayor. Sé que sabrás juzgar justamente, no según lo conveniente, sinó según lo correcto. Brilla fuerte y cuida del honor de la Nube."

Sonrió suavemente, y Sakura supo que todo iba bien, que las cosas iban a mejorar a partir de aquel momento.

Cuando salió unos minutos después de la habitación, Naruto la estaba esperando, sentado sobre sus talones a los pies de los sillones de los Raikage. Se puso en pie de inmediato al notar su llegada y sus ojos azules titilaron en la penumbra, ansiosos de saber.

–Sakura-chan, ¿qué ha sucedido? ¿Qué habéis decidido?

La chica estaba decidida a no mostrar ninguna expresión, pero no pudo evitar que sus labios se curvaran ligeramente en una sonrisa esperanzadora.

–Vete a dormir y descansa, Naruto -le aconsejó- Mañana al alba partiremos con quinientos ninja de Kumogakure.

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+

La mañana despuntó sombría en el norte, pues las nubes siempre estaban presentes en los días de la Nube. No había algarabía ni el habitual bullicio, ya que Kumogakure sufría un duro golpe: alrededor de la mitad de los ninja de la villa partían a luchar del lado de Konoha. Muchos sabían que no volverían, y aquel ánimo tenebroso había afectado a todos los habitantes.

Sobretodo teniendo en cuenta la visita del señor feudal esa mañana. A pesar del hábitat pintoresco de los ninja de la Nube, todos sabían que el regente de la zona era un hombre de escasa paciencia e intereses muy claros: dinero y poder. El individuo en cuestión había irrumpido de malas maneras en el despacho de los Raikage justo cuando éstos terminaban de firmar por escrito el acuerdo con Konoha. Ambos jóvenes giraron bruscamente para mirarlo, pues el hombre avanzaba enloquecido hacia ellos.

–¿¡Qué creéis que estáis haciendo, niños insensatos!? -bramó con su voz cavernosa y llena de poder.

–Firmar un pacto con Konoha -señaló Taiyou como si resultara obvio- En el futuro, este trato nos beneficiará.

–¡Konoha ya está perdida! ¿¡Acaso no oís las noticias que llegan del sur!? ¡Estan prácticamente sitiados! ¡Es sólo cuestión de días que sus defensas caigan! -vociferó el noble sin miramientos- ¡Perderemos la mitad de nuestros efectivos militares en vano!

Tsuki se frotó las sienes doloridas y después se encaró al hombre, que le sacaba tranquilamente dos cabezas de alto. A pesar de su corta estatura, su presencia logró impresionar al señor feudal.

–Hace años, la Nube estuvo a punto de ser exterminada. Si logramos sobrevivir fue sólo porque Yondaime Hokage mandó a la mitad de Konoha para luchar a nuestro lado. Mi padre selló aquel acuerdo con su puño y letra -señaló con firmeza.

–¡Esos pactos son papel mojado, niño estúpido! -gruñó el hombre agresivamente- ¡Inservibles, ya nadie los recuerda! ¡Konoha no podrá ganar esta batalla!

–Sí podrá -intervino de súbito Taiyou, mirándole de frente con sus ojos de halcón- Cuentan con algo que nosotros no podemos siquiera imaginar.

Aunque no lo dijeron abiertamente, a la cabeza de ambos hermanos acudió el rostro de Naruto, en una obstinación indoblegable y constante. La viva imagen de la Voluntad de Fuego.

Descubriendo de repente que no podía variar ni un ápice la decisión de los Raikage, el señor feudal optó por otra estrategia, bastante más arriesgada pero mil veces más efectiva.

–Os arriesgáis a que os envíe al destierro... -masculló de un modo amenazador- Si vuestro juego no sale bien, me aseguraré de que se os plasme en el Libro de Bingo como conspiradores contra el País del Rayo.

–Hacedlo si os place -protestó Tsuki, hinchando el pecho- Cuando Konoha gane la guerra y se alce triunfadora, vos tendréis que huir como un perro apaleado a esconderos entre la muchedumbre.

Y ése había sido el resultado del "encontronazo". Más los Raikage se habían repuesto y habían salido a las puertas ocultas de la villa a despedir a sus militares.

Naruto estaba en primera fila, ajustándose los protectores para los brazos y las tobilleras. Su rostro volvía a estar iluminado por una intensa y entusiasta sonrisa de oreja a oreja. Sai se colocaba a hombros dos enormes pergaminos. Hacía apenas dos horas, tras despertar, había enviado con un pájaro de tinta un mensaje a Konoha para anunciarles la buena nueva. Sakura estaba a su lado, revisando su inseparable botiquín y analizando el muestrario de antídotos y demás medicinas. Se apresuró a ocultar de la vista la fotografía de la familia de Naruto cuando Yamato se le acercó a pasos livianos y silenciosos. Su rostro denotaba cierta intriga y ansias de saber.

–¿Todo listo, Sakura? -sugirió.

–Sí, Yamato-taisho -asintió la chica con una evasiva sonrisa.

El hombre miró derredor un par de veces, a modo de precaución, y después

–Sakura, ¿qué les has dicho para que nos concedieran el apoyo militar? -quiso saber, mirándola de medio lado.

La kunoichi meditó rápidamente sus palabras y decidió que aún era pronto para hacer público lo que había tenido el valor de revelar. Sonrió con hábil evasividad.

–Nada. Simplemente les hablé de Naruto -aunque había ocultado información, nadie podía negar que había sido absolutamente sincera en lo dicho.

Yamato pareció dudar por un segundo de la veracidad de sus palabras, pero finalmente asintió a modo de aceptación y se encaró a Naruto.

–Cuando quieras podemos partir -anunció. Después, se adelantó ya en el camino, pues era el encargado de llevar la avanzadilla y asegurar el terreno.

Naruto inspiró aire profundamente y lo expulsó por las fosas nasales con lentitud. Por mucha seguridad que aparentara, debía admitir que guiar a quinientos ninja hasta Konoha era una enorme responsabilidad. Un sólo fallo por su parte y todo podía echarse a perder.

Sintió dos golpes en los hombres, uno más fuerte que otro, todo hay que decirlo. Descubrió a lado y lado la expresión animosa de Sakura y una imperturbable y extraña mueca en el rostro de Sai, que interpretó como una señal de compañerismo.

Sus dudas se disiparon en el acto. Alzó un puño hacia el cielo y gritó.

–¡Escuchadme: tardaremos tres días en llegar a Konoha! ¡Debemos ser cautos y sigilosos! ¡Sólo pisaréis por dónde yo o mis compañeros pisemos! ¡Los terrenos de Konoha son muy distintos a estos y mucho más difíciles! ¡Recordad: sigilo por encima de todo! -esperó al asentimiento general- ¡En marcha! -ordenó en un clamor de guerra.

Como si fueran un sólo ser, él, Sakura y Sai se lanzaron hacia delante, descendiendo por la aguzada ladera con una agilidad casi etérea. A sus espaldas se encendió el sonido estrepitoso y dispar de mil pies siguiendo sus pasos. El triunfo y el arrojo eran palpables.

Konoha estaba a punto de ser salvada.

Naruto sonrió plenamente mientras salían a campo abierto, recorriendo el llano a toda velocidad.

"Shikamaru, Gaara... Confiad en nosotros. Lo conseguiremos."

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+

El jounin cerró la puerta a sus espaldas y se frotó la frente con cansancio. Después fue hacia un grifo de agua preparado estratégicamente a unos pocos metros y vació en el hueco cóncavo todo un muestrario de agujas quirúrgicas. Dejó correr el agua, y ésta se tiñó de rojo al ir lavando la sangre adherida a los finos trozos de metal agudo.

Las torturas eran algo de cada día para él, cosas del oficio. Una vez fue él quién las recibió, y ahora en su trabajo debía imponerlas. No le producía especial placer encerrarse en una habitación insonorizada con un maníaco y obligarle a hablar mientras le veía sudar y gritar de dolor. Simplemente le era indiferente. Para los criminales, aquel era el precio a pagar por sus crímenes. No le despertaba ni lástima ni satisfacción. Fría indiferencia, nada más.

–¿Ya has terminado, Ibiki? -sugirió una voz femenina a sus espaldas, precedida por el sonido de una puerta al cerrarse.

El aludido reaccionó con suma lentitud al reconocer la voz, de modo que apenas hizo ruido al girarse. Mitarashi Anko seguía siendo una mujer imponente y peculiar, pero la guerra y los años habían limado su carácter. Apenas sonreía ya y poco quedaba de su célebre vitalidad y su travieso parecer. Otra de las muchas leyendas de la Hoja caídas en el olvido.

Morino suspiró cansadamente y hundió las manos en los bolsillos de su abrigo.

–Sí, pero no le he sacado nada... -admitió.

–¿Has sido compasivo? -le espetó Anko, entornando los felinos ojos pardos.

–Compruébalo tú misma -le invitó el jounin, haciéndole un gesto con el brazo.

Tras las paredes de cristal insonoro, Anko atisbó la figura del Nukenin que estaba siendo interrogado. El criminal tenía un aspecto lamentable. Incluso ella, acostumbrada a ver torturar y recibir dolor, encontró aquella visión totalmente escalofriante.

El joven permanecía sentado en una silla de hierro, con las manos atadas con cadenas selladas con chakra a los posabrazos, al igual que los tobillos en las piernas del asiento. Tenía el rostro lleno de manchas de sangre, y de hecho el líquido vital empañaba sus labios, como si le hubieran partido la boca varias veces consecutivas. El torso desnudo marcado por decenas de heridas de aspecto terrible. Pero sin duda lo más espeluznante de su apariencia eran sus manos. Las uñas ensangrentadas, de un color amarillento. Una escena macabra, capaz de nutrir pesadillas para toda una vida.

Anko retuvo un gesto de asco e, inevitablemente, lástima. La tortura que siempre terminaba por hacer hablar a los criminales era la especialidad de Ibiki. Consistía simplemente en introducir agujas debajo de la capa inferior de las uñas. El dolor era atroz y ni siquiera las mamparas insonoras podían acallar los gritos de los torturados, que solían escupir verdades a la desesperada.

–Está...totalmente destrozado -se sorprendió la kunoichi.

–Así es. Llevo más de cuatro horas torturándolo, pero no ha gritado ni una sola vez. Tampoco me ha dicho sobre Akatsuki o el supuesto Uchiha Madara -aseguró Morino- Sostiene que hace siete años que nada sabe sobre la organización y que seguramente se ha disuelto. Si sabe algo, realmente está hecho a prueba de torturas.

La kunoichi observó al joven del otro lado. Su cabeza se movía alternativamente a un lado y a otro, balanceándose peligrosamente sobre el cuello, y sus labios ensangrentados parecían murmurar cosas incoherentes. Era la viva imagen del delirio. Dio gracias al hecho de que una banda metálica cubría sus ojos y le impedía verlos, pues lo más seguro era que estuvieran inyectados en sangre y que transmitieran el dolor con mucha más crudeza.

–Apenas está consciente, Ibiki -susurró Anko, arrugando el entrecejo- Creo que ya no puede más.

–Me sorprende incluso que haya aguantado tanto, a decir verdad -admitió el jounin, pensativo- Pero tienes razón. Morirá si sigo de este modo. Además...

Se rascó la mejilla, agudizando los ojos. Vio como Itachi Uchiha sufría un nuevo espasmo y después su cabeza quedaba inmóvil sobre su hombro izquierdo.

–...sospecho que hay algo de verdad en sus palabras -musitó- Llama a los jounin y que le lleven a su celda. Avisa después a Tsunade-sama, por favor.

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La sala de recepción del Hokage estaba abarrotada de gente, resultando imposible que un sólo ninja más cupiera en ella. Habían retirado las mesas de admisión de la misiones hacia las paredes, siendo estas incluso llenas de ANBU que trataban de mantenerse en equilibrio en posturas ágiles y felinas típicos de ellos. No había jounin o ANBU de Konoha que no estuviera allí, al menos estaban presentes todos aquellos que no estaban en el frente, alrededor de la mitad de los militares de la villa.

En una mesa rectangular colocada de modo estratégico en el centro de la estancia se sentaban los representantes que se consideraban indispensables. Obviamente, Rokudaime Hokage se sentaba a la cabeza, flanqueado a lado y lado por Jiraiya y Tsunade. Se distinguían otros jounin y ANBU importantes, como Hiashi Hyuuga y su heredero Neji, así como el trío de jounin Ino-Shika-Chou. Shino Aburame se sentaba solo, pues su compañero Kiba seguía en paro temporal de sus misiones. Al lado de Tsunade, Ibiki Morino y Anko Mitarashi.

Kakashi suspiró antes de empezar a hablar y adoptar de nuevo una actitud despreocupada muy característica en él.

–Dado que era una información de alto secreto, parece lógico que el rumor ya se sepa por media aldea -aseguró- Os han llegado habladurías que en parte son ciertas, al menos en su base. El equipo de Neji Hyuuga ha capturado a dos miembros del antiguo Akatsuki, con vida. Uno de ellos es Uchiha Itachi.

El silencio fue instantáneamente rasurado por el sonido de cien murmullos crecientes que intentaban vanamente de hacerse oír sobre los demás. A pesar de que el rumor ya había corrido, que el propio Hokage confirmara la noticia había supuesto un impacto muy importante. Kakashi pidió silencio con las manos y después prosiguió.

–Ibiki ha sido el encargado de interrogar a Uchiha Itachi. El interrogatorio ha durado alrededor de cuatro horas y no ha conseguido ninguna información sobre Akatsuki. Al parecer es cierto que no ha vuelto a alzarse tras su caída de hace siete años -concluyó Kakashi.

–Rokudaime-sama, ¿qué pretende hacer con los dos criminales ahora? -sugirió un líder ANBU- Sé a ciencia cierta que su peligrosidad es máxima y que pueden resultar catastróficos a pesar de estar retenidos. Son astutos y pueden urdir con facilidad un plan para vengarse.

–Hay que ejecutarlos -intervino Inochi Yamanaka, como si fuera algo obvio- Tenerlos encarcelados resulta inútil, eso está claro.

Kakashi no supo qué decir en aquel momento, pero tampoco fue necesaria su intervención, puesto que alguien acudió instintivamente en su ayuda.

–El caso es que iban a ser inmediatamente ejecutados después de obtener la información necesaria, pero ahora hemos barajado otra opción -habló Tsunade, con las manos cruzadas sobre la mesa- Sus poderes son desmedidos y poco comunes, por no decir irrepetibles. A modo individual, Uchiha Itachi prácticamente no tiene rival. Su Sharingan es un arma de tortura como nunca se ha visto. Y Kuroishi Deidara, el ninja de la Roca, es el shinobi con mayor impacto de ataques masivos que haya visto nunca. Podríamos aprovechar ése potencial si formaran parte de nuestras filas -soltó con cierto temor la última frase.

Un tumulto de voces confusas estalló súbitamente. Los jounin más veteranos se pusieron en pie, indignados, gritando palabras de odio e injurias contra los objetos de la conversación. Los miembros del equipo ANBU se miraban entre sí y negaban violentamente con la cabeza. Otros tantos presentes hicieron oír sus palabras de protesta.

–¡Silencio! -ordenó Tsunade. Al parecer aún gozaba de cierta autoridad, pues todos los presentes se silenciaron en el acto, más no volvieron a sus sitios- Konoha está pasando por una situación desesperada. Las alianzas que hemos intentado establecer aún son inciertas y es muy posible que fallen. Todos sabéis que si nos atacan ahora, no sobreviviremos. Cualquier apoyo, por nimio que sea, puede suponer la vida de muchos civiles o ninja.

–Son asesinos, Godaime -protestó Shikaku Nara con exasperación, como si todo aquel asunto resultara absurda- Tenerlos aquí libremente no haría más que ponernos en peligro. ¿Qué nos garantiza que no intentarán matarnos a la mínima? ¡No podemos confiar en su palabra!

–Nadie ha dicho nada de confiar en ellos -intervino Jiraiya, apoyando la barbilla en una mano- Son criminales despiadados, asesinos, dementes en cuyo raciocinio no cabe la lógica. Habíamos pensado en un método alternativo para tenerlos bajo control. La idea nos vino al pensar en la supresión que los miembros principales de la familia Hyuuga poseía en tiempos sobre los secundarios.

Los ojos del sannin se posaron significativamente en Hiashi Hyuuga, el cual mantenía su porte firme e imperturbable, equiparable al de un anciano roble inmune a los cambios del mundo. El hombre comprendió en el acto aquella indirecta proposición y se aclaró la garganta antes de hablar.

–El sello de los Hyuuga puede ser controlado por cualquier miembro de la rama principal -explicó el hombre- Destruye las células cerebrales con una mera orden de un miembro del souke (2). No habría problema en imponérselo a los dos Nukenin y tenerlos así controlados. No me agrada la idea de imponer de nuevo una técnica que yo mismo intenté enterrar, pero si es por el bien de Konoha no tengo nada que decir al respecto.

Tsunade y Jiraiya se miraron con complicidad y suspiraron con alivio. Habían supuesto de antemano que Hiashi se mostraría reacio a utilizar las técnicas secretas de su clan, pero al parecer la guerra también había logrado cambiar el férreo carácter del líder Hyuuga.

–Bien. Entonces éstas serán las condiciones: les propondremos inmunidad diplomática absoluta por el lado de Konoha -sentenció Kakashi, sin emoción o sentimiento en el rostro- No serán juzgados por sus crímenes mientras estén bajo nuestra jurisdicción. Y en el futuro, si cumplen con su cometido,... se les borrará del Libro de Bingo (3).

El silencio de nuevo se apoderó de la estancia cual todopoderoso verdugo. Nadie se atrevía a decir nada, pero sus miradas y algunos continuos gestos de negación con la cabeza dejaban bien claro que ninguno aprobaba la decisión allí tomada.

Por las mentes de todos circulaba el recuerdo del exterminio del clan Uchiha. Cuerpos despedazados, regueros y charcos de sangre manchando el asfalto, niños decapitados sin compasión... Eran imágenes gravadas en fuego en la historia de la villa y habitaban aún en las pesadillas de los ninja a los que se les encargaron retirar los cadáveres.

El hecho de que un Hyuuga pudiera controlar a Uchiha Itachi no era una garantía suficiente de seguridad.

–No debéis sufrir por ellos, no al menos por Uchiha Itachi -sentenció de pronto una voz anciana a sus espaldas.

Los ninja allí reunidos se apartaron como pudieron para dejar paso a tres personas mayores, que se abrieron camino de forma categórica hacia la mesa donde presidía el Hokage. Tsunade intercambió una mirada con Jiraiya y después posó sus ojos felinos en Koharu, la Honorable Anciana de la villa, intentando intimidarla. Más ella no iba sola, sino que la seguían Homura-sama y Danzou, el líder de la Raíz del ANBU, ya bastante impedidos por la edad.

–Qué grata sorpresa, Koharu-sama, Homura-sama -saludó Kakashi neutramente- Me sorprende veros aquí después de vuestro retiro.

–Ja, di mejor que te sorprende vernos aquí cuando no hemos sido informados directamente de lo sucedido -habló de forma hiriente Homura, moviendo inquietamente su cayado- Las noticias vuelan, Kakashi, para bien o para mal.

Tsunade frunció los labios, molesta. Para nadie resultada desconocido el hecho de que desconfiaba seriamente de aquellos ancianos y sus ardides, especialmente de Danzou, que se opuso al modo de gobierno de su mentor, Sandaime. Más se contuvo y echó mano de su autocontrol cuando se puso en pie y cruzó su mirada parda con la de los ancianos.

–Bien. Si tanto empeño tenéis en inmiscuiros en los asuntos de una generación que no es la vuestra, adelante -ofreció, notando sobre ella las miradas sorprendidas de Kakashi y Jiraiya.

Danzou dio unos pasos al frente, sosteniéndose con su bastón, y deslizó el enfoque de su único ojo sano por los presentes.

–Uchiha Itachi no atacará a la villa de la Hoja, aún si le dejáramos en libertad. Su clan no representaba ningún problema para él, pues gozaban de habilidades inferiores a la suya. Pero, a pesar de su locura y demencia, no es un necio. Sabe que no puede oponerse a toda Konoha él solo y que podemos vencerle con facilidad si nos unimos -sentenció- El sello del clan Hyuuga es la mejor restricción que podemos darles, pero no debéis temer por vuestras vidas mientras él esté aquí.

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Itachi llevaba horas inconsciente, o quizás balanceándose peligrosamente en el lindero entre ambos estados. Susurrando incoherencias de un modo casi inaudible, sufriendo convulsiones de vez en cuando. Estaba de aquel modo desde que abrieran la celda hacía ya horas y le arrojaran dentro sin el menor miramiento. Su aspecto era lamentable y cualquiera podía deducir a qué tipo de interrogatorio lo habían sometido. Para Deidara parecía obvio que él no hubiera resistido tantas horas consecutivas de inhumana tortura.

Al principio había pensado en pedir ayuda a alguien para que atendiera las heridas de su compañero. Después de todo, si le dejaban así las manos, lo más probable era que terminaran por amputárselas debido a la gangrena. Rato después, pero, había llegado a la conclusión de que sus vidas no valían nada para los ninja de Konoha. No eran más que despojos corruptos que merecían el peor de los finales. No albergaba esperanza alguna en que un alma caritativa viniera a paliar el dolor de Uchiha Itachi.

Él tampoco estaba precisamente de perlas. La costilla rota le producía un dolor creciente y punzante, y el hambre, el insomnio y el frío presionaban su ya previamente delicado estado físico. Pero se resistía a quejarse: tras ver el poco provecho que habían sacado del interrogatorio de Itachi, lo más seguro era que él fuera el siguiente. No le producían especial curiosidad las maniobras de tortura de la villa de la Hoja.

Con las manos encadenadas a la espalda, el esfuerzo para incorporarse requirió ser mucho mayor. Posó sus ojos ahora sombríos en la figura de Itachi, tendida en el suelo y recorrida por bruscos movimientos espasmódicos. Y de pronto se dio cuenta de que no podía apartar la mirada de él. Quizás lástima, quizás angustia, quizás el deseo de ver de nuevo aquellos poderosos ojos rojos como la sangre fresca.

El único arte que, una vez, admitió que era superior al suyo.

Súbitamente, la celda metálica emitió un sonido mecánico y se abrió hasta golpear contra la pared. Deidara giró bruscamente la cabeza en aquella dirección, como un gato alertado por un cercano sobresalto.

De pie en el umbral, con las manos apoyadas en las exuberantes caderas, Tsunade Hime clavaba sus ojos llenos de fiereza en él. Con un gesto de desprecio y desconfianza, giró la cabeza en dirección a los ninja que la acompañaban.

–Dadles un baño, a los dos -señaló la mujer a modo de orden- Proporcionadles ropa limpia y todo los enseres de higiene que necesiten y después traédmelos al despacho del Hokage.

No supo la razón de aquellas palabras, pero mientras dos jounin se acercaban y le ponían en pie de malos modos, Deidara sintió una repentina punzada de esperanza.

Por alguna razón, no deseaba morir aún.

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Deidara nunca había estado en el despacho de un Kage, pero le pareció que el de Rokudaime era bastante austero en comparación a lo que había imaginado. Lo único que cabía resaltar eran los enormes ventanales que ofrecían una visión inmejorable de la villa de la Hoja: gris y moribunda, sí, pero magnífica.

Sólo había seis personas en la habitación cuando entraron: Kakashi, sentado en el escritorio, a lado y lado Jiraiya y Tsunade. En un rincón en sombras, los dos Sabios ancianos de la villa y Danzou. Deidara se temió lo peor.

La verdad era que después de que les hubieran bañado, cambiado de ropa, afeitado y peinado tenían un aspecto mucho más agradable. Además, Tsunade se había molestado en curarles las heridas, tanto las recibidas en el interrogatorio por Itachi como las que ya cargaban consigo. Nadie que no les conociera hubiera dicho que eran buscados criminales. Ello, claro está, sería obviando el hecho de que diez ANBU vigilaban cada uno de sus movimientos y les llevaban fuertemente sujetos con cadenas. En el caso de Itachi, ni siquiera le permitían tener los ojos al descubierto, aún vendados por una tira de lo que supuso plomo. La fama del Sharingan le precedía y nadie pensaba arriesgarse a sufrir sus efectos.

El silencio fue roto cuando Rokudaime se decidió a hablar. Pasaba su mirada de uno a otro criminal, intentando pasar por alto el odio que los ojos de Deidara demostraban al recordar el momento en el que perdió un brazo luchando contra él.

–Admito que no sé cómo manejar esta situación -comentó en un suspiro- Estamos pasando por una muy mala época y nos aferramos a un clavo ardiendo.

Se detuvo al escuchar la leve risa, burlona y prepotente de Deidara, que era incapaz de contener su excitación ante aquella confesión.

–Je, por fin lo admitís, hum -sentenció con desafío- Si para acabar con diez simples criminales necesitasteis a toda una aldea, ¿qué esperabais que sucediera cuando la Hierba, la Arena y sobretodo la Roca cayeran sobre vosotros, hum? Era predecible.

Aquellas palabras le costaron un golpe bien merecido en pleno rostro y un labio partido, más no cesó en su empeño de demostrar su alegría, y la sonrisa maliciosa no se borró de su rostro, aún decorada con el rojo de la sangre.

–Ahórrate tus burlas, Kuroishi Deidara -ordenó Kakashi, haciendo uso de su autoridad- No estás en condiciones de actuar como un crío consentido e infantil. Matarte ahora nos costaría menos que nada.

–Hablando de ello, ¿no resulta curioso que aún no lo hayáis hecho? -intervino de pronto Itachi, esbozando una leve expresión de seguridad.

–Es esa la razón por la que estáis aquí -admitió Jiraiya, apoyado en la ventana con los brazos cruzados- Tras arduas deliberaciones hemos decidido perdonaros la vida, pues no sois nuestra mayor amenaza ahora. Pero, como comprenderéis, ello implicará un precio.

Ninguno de los dos criminales se movió, simplemente permanecieron callados en su muda presencia. Las razones de aquel silencio resultaban inquietantes. Kakashi suspiró discretamente y luego continuó.

–Debéis combatir del lado de Konoha -sentenció- No se os permitirá utilizar vuestras técnicas en la villa, sólo en el frente, en territorios enemigos. Os ofrezco borraros del Libro de Bingo si demostráis lealtad.

–Ja. Hacer explotar este patético pueblo no me requeriría más de un segundo, hum -anunció Deidara son soberbia. Negó con la cabeza- Sencillamente rayáis la estupidez.

–Antes de poder hacerlo, ya habrías muerto -le anunció Tsunade, frunciendo los labios- Hiashi Hyuuga, el líder del clan más antiguo del País del Fuego, os sellará con una técnica levemente modificada con respecto a la original. Un miembro Hyuuga os vigilará las veinticuatro horas del día. Un sólo gesto que le indique que intentáis algo y moriréis de muerte cerebral en menos de un segundo.

El silencio que siguió a aquella amenaza resultó casi salido del averno. Itachi no sentía necesidad de decir nada, y Deidara no supo qué decir, a pesar de que deseaba saltar sobre ellos y emprenderla a golpes con todo el que se cruzara por delante. O aún mejor, a explosiones.

–Si no intervenís, supongo que significa que estáis conformes a las condiciones -supuso Kakashi, apartando la mirada y bajándola hacia su escritorio- Bien, ahora Tsunade os llevará a presencia de Hiashi Hyuuga para que... concluya con el asunto.

–Rokudaime -intervino de pronto la anciana Koharu, poniéndose en pie desde su silla en un rincón- Quiero pensar que no te opondrás a una diminuta proposición por mi parte.

–Habla, honorable Koharu-sama. Te escucho -asintió Kakashi, aunque con una mueca de escaso convencimiento.

Homura avanzó un poco hasta que la luz de la ventana lanzó sombras en sus nombrosas arrugas y se reflejó en sus pequeñas gafas.

–Quisiéramos hablar en privado con el Uchiha -explicó- Sería un buen punto que también Danzou se quedara. Ya sabe: nuestra generación fue la que decidió sobre sus crímenes. Queremos hacerle saber que ese odio aún pervive.

Deidara no dijo nada cuando le arrastraron a la fuerza al exterior de la habitación, pero no pudo evitar una leve sensación de miedo que se apoderaba de él lentamente.

Itachi siguió en el mismo sitio, inmóvil, con las manos atadas a la espalda en su silla. Seco e inmutable.

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La habitación era sombría con las persianas bajadas. La respiración de Uchiha Itachi no era apreciable para ningún oído humano, gracias sin duda al entrenamiento de ANBU que recibió a la corta edad de trece años. Y, entre sus otras habilidades desarrolladas en esa época, prestaba más atención que a ninguna otra a la que le permitía saber que había tres personas con él en el cuarto. Sentía sus respiraciones, el crujir de sus huesos y sobretodo sus miradas puestas en él.

–Bien, Uchiha, ahora eres un ninja de Konoha -sentenció Homura-, y por lo tanto eso te convierte en nuestro aliado. Pero hay un asunto que debemos zanjar antes de que empieces a ejercer como tal.

Itachi sabía de lo que iban a hablar, más no tenía nada que decir. Siguió quieto en su silla, atado, sin motivaciones para intentar siquiera soltarse y escapar. En realidad, tampoco tenía a dónde ir ni razones para tratar de poner en práctica una huída.

Así de vacío se sentía.

–Lo... acontecido hace trece años debe permanecer en secreto. Tus motivos, los recovecos de tus actos... -susurró Homura con imperturbable firmeza- Deben quedar sepultados en la memoria y nunca salir a la luz.

Aunque no pudieron asegurarlo, los tres ancianos contemplaron con rabia cómo los labios del chico se curvaban en una mueca burlona, llena de regocijo.

–Comprendo. Esa información no es de dominio público y no os conviene que lo sea. Pero ahora que la rotura de aquel pacto es tan evidente, carece totalmente de razones que yo lo mantenga en secreto -declaró Itachi de un modo apático.

Danzou y los Honorables Ancianos intercambiaron una mirada molesta, más permanecieron impávidos ante la recurrente amenaza de Uchiha Itachi.

–Debes reflexionar sobre el impacto que esto podría tener sobre Konoha -comentó Koharu-sama, frotándose las manos sobre su cayado- Estoy segura de que no has olvidado tus orígenes ni dónde están tus lealtades. Recuérdalos.

–Mi memoria es excelente, pero no pienso seguir cubriendo las espaldas de nadie -afirmó Itachi con adusta serenidad- No podéis pedirme que siga cargando con un crimen que yo no decidí llevar a cabo.

–Has vivido todos estos años en el exilio como renegado -se hizo oír Homura, ligeramente exasperado- Por la información que nos ha ido llegado, has seguido tus planes personales sin que ello supusiera una carga para tu misión original. ¿Por qué cambiar ahora?

Sumergido en la oscuridad que le impedía ver, Itachi se dijo que ya había tenido bastante. Demasiados años sumido en las sombras, demasiado tiempo ocultando verdades que podrían desmembrar al mundo ninja sin el menor esfuerzo.

–Estoy cansado... -admitió el chico, en un quedo murmullo- Cansado de mentir y fingir algo que no quiero ser. Destrocé mi vida y mi futuro por culpa de Konoha... Sólo pido que me dejéis en paz. Ya basta.

Los ancianos se miraron como si se sintieran inseguros, más sus ojos yacían fríos y pétreos, perdidos en el deseo de la estabilidad de todo lo que habían construido. Pero sus planes se habían ido desmoronando con la llegada de Itachi.

Le temían. Era la horma de su zapato.

Danzou sonrió levemente de un modo calculador y se acercó a Itachi, con la intención de ser oído con total claridad. Le observó por unos escasos segundos y luego alzó la cabeza.

–Callará -aseguró- Sabe que sólo nosotros podemos garantizar la seguridad de su hermano. Uchiha, Sasuke sólo será encontrado vivo si nosotros así lo queremos. Yo controlo la Raíz: un sólo movimiento en falso por tu parte, y los ANBU traerán a Sasuke dentro de una caja, ahogado en su propia sangre.

Hábiles en la detección del lenguaje corporal, a ninguno de los presentes les pasó desapercibido el escalofrío que recorrió la espalda de Uchiha Itachi. Casi podían ver como los pequeños engranajes de su genial mente le indicaban cual era la mejor opción a seguir.

Agachó la cabeza. La derrota simplificada en un sólo gesto.

–Tú mismo buscaste tu desgracia. No fuiste un buen ninja ni un buen artífice de la matanza Uchiha. Tu perdición no fue otra que tu rol y tu amor de hermano mayor -comentó Danzou ponzoñosamente.

Uchiha Itachi no respondió a aquel intento de enervarlo. Aquellas palabras no suponían nada nuevo para él.

Sabía que eran ciertas. Lo supo desde que Sasuke llegó al mundo.

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(1) Taiyou & Tsuki: "Taiyou" es "sol" y "Tsuki" es "luna". Es una manera de expresar la antigua creencia en algunos países de que los gemelos están hechos de contrapuntos y representan cosas opuestas: ying y yang, luz y oscuridad, cielo y tierra.

(2) Souke & Bouke: El souke es la rama principal del clan Hyuuga y sometían al bouke o rama secundaria mediante un sello de la esvástica budista en la frente.

(3) Libro de Bingo: En él aparecían los criminales de rango S de las naciones ninja.

Ligabiss: Wola, Liga-san. Como siempre, tu infaltable review n.n (ya es costumbre encontrarlo el primero XD).

Jiji, a Kiba aún le queda un ratito para pasarlo mal, pero después la recompensa será muy grande (es algo lógico que pase en mi fic ya que es uno de mis personajes favoritos, aunque no salga mucho XD). Lo de la orquídea … juas, ni siquiera sé por qué elegí esa flor, la verdad (mira que hay flores). Puede que sea porque es la que mi papi me regala por mi cumple y me parece muy chula XD (idas de olla mías, disculpa).

El sueño de Sakura (no diré que en el futuro no tendrá repercusiones porque sí que tendrá, kukuku) viene a significar que tiene que decidir de una vez cual de los dos es más importante para ella y eso será un paso de maduración. De hecho creo que en el manga ya tiene ese dilema xD.

A Lee sí que tengo ganas de hacerle salir. Es un personaje que me motiva mucho para escribir, de verdad. A ver si le pongo por algún sitio que el tengo medio abandonadito T.T.

Bueno, besazos y mil gracias por el comentario largo, como siempre. Salu2.

NEIL: Salu2. Buf, el síndrome de Kishimoto es de difícil recuperación. Aún se me va la vena Kishi XD. Gracias por leer siempre el capi. ¡Hasta luego!

AniWitch: Jeje, veo que hay más fans NaruSaku de lo que creía XD. Qué tiempos oscuros aquellos en los que éramos minoría y nos ganaban los NaruHina… (ahora que se aguanten, oye XD). A mí mi instinto me dice que le haga bashing a Hinata, pero no caeré en la tentación, no quiero que el fic quede mal por eso XD. Jeje, parece que también res Akatsuki-fan. La verdad es que también estoy bastante quemada con Sasuke por matar de maneras poco creíbles… y encima a mis personajes favorito -.-. Wenga, saludines!

Inuzuka pau: Wee, me alegro que no moleste lo de los Uchihas XD. Pero ahora (a partir del siguiente capi) me voy a centrar más en Naruto (que por algo es el prota, coñis XD). Como ya he dicho antes, Kiba tendrá su recompensa. También es uno de los personajes que más me gustan y no voy a dejarle así, claro está. Salu2 y hasta pronto.

Lissy Aquarius: Jeje, es cierto que los Uchiha son difíciles de ignorar, pero todo tiene un límite. Me voy a centrar a partir de ahora XD.

Es lo que yo digo con Hinata: Kishimoto tenía muchas posibilidades de hacerla un buen personaje y la dejó simple, hueca y con poco desarrollo. Me es cargante, la verdad XD. Tranki, ahora no saldrá prácticamente hasta dentro de … ocho capítulos o más XD.

Punto Deidara, algo fundamental XD. Sí que me gustan como equipo, la verdad. Mientras más diferentes sean, más dinámico queda el conjunto. Lo cierto es que sí que me estoy ensañando con Deidara, pero ya lo he dicho antes: siendo mi favorito se puede deducir que eso no durará mucho.

Lo del clan Uchiha e Itachi es algo que me venía dando vueltas desde hace tiempo, y con los recientes descubrimientos del manga se me encendió la bombilla a toda potencia XD.

Noooooo!! No caigas ante el relleno o irás a la hoguera!! XD.

Weno, besos enormes y hasta otra!

HikariBuffy: La idea del sueño es que Sakura se dé cuenta de su dilema y decida de una vez. Y, sí, de momento NaruSaku/SakuNaru hay muuuuuchos XD. Salu2.

Nyissa: Jeje, a mí las prácticas me gustan, pero me rompen toda la tarde X.x. Eso sí, como hago Ambientales, son la mar de entretenidas, con animalitos y esas cosas XD. Jeje, los Sabaku saldrán en el próximo. El problema con su sub-trama la tengo ideada pero las escenas de "en medio" me faltan y ahora mismo estoy en blanco con respecto a ellos. Algo se me ocurrirá para el próximo XD.

Lo cierto es que vi el dibujo y me quedé en plan LoLazo. Dibujas genial, pero (con perdón) me impactó más que tenías toda la razón. ¡Son Sakura y Naruto como me los imagino! XDDDD.

¡Cuidate y hasta pronto!

Deborah: Para eso estoy yo, para cambiar el mal destino de Itachi, muajajaja.

Jeje, lemon en plan yaoi no sé si voy a poner porque puede haber lectores a los que no les guste. Este fic es básicamente hetero, así que no sé yo… Puede que ponga algo, pero sólo insinuado y avisando de antemano, después no quiero quejas XD.

Espero que te pongas bien y mejores muy rápido n.n. Besazos!

Weno, sólo comentar 4 cosillas (dicho a ojo, creo que son menos XD).

El próximo capítulo será fundamental para el fic (a diferencia de este, que vaya rollo me ha salido XD). Habrá mucho NaruSaku y se centrará principalmente en Naruto y su relación (?) con Kyuubi.

También aparecerán Gaara & cía (por fin, oye, que me estaba pasando XD). Ya hecho en falta a Kankurô y Temari.

Decir que me ha encantado poner estos fugaces OC que son los Raikage de la villa de la Nube. Llevaba tiempo queriendo poner algún personaje hecho por mua, más que fuera salir en un par de capis. Por fin lo he conseguido XD

Y, por último, que ya tengo un poco más de la mitad del próximo capi de EDDCU. Sé que llevo tiempo prometiéndolo pero oye, estoy bastante espesa con respecto a ese fic. No sé qué hacer para suplir el dichoso atasco del ficker T.T.

Saludines a todos y millones de gracias por leer.