Hola a todos, gente. Bueno, aún no he acabado los exámenes pero he decidido hacer una mini parada porque ya estoy hasta los mismísimos (ejem). Sólo en mi comunidad se les puede ocurrir acabar los exámenes a mitades de julio…
Este capítulo tiene MUCHO SakuNaru, no meloso pero sí intenso. Espero que os guste porque a mí no me ha gustado XD.
Bueno, disfrutad de la lectura.
Capítulo 10. Derrumbamiento. Incierto provenir
Lo primero que Uchiha Itachi vio al despertarse de un sueño inducido de forma intencional fueron unos ojos blancos como un mar de sal. No reaccionó en absoluto, más bien dejó que sus sentidos alcanzaran el ritmo de procesamiento de su cerebro. Reconoció en el rostro adulto de aquel hombre una raíz de su propia técnica ocular. Los ojos de los cuales, según los mitos y la tradición, venía su propio Sharingan.
–Ya estás sellado, Uchiha -emitieron aquellos labios pálidos, cargados de desprecio.
Itachi no dijo nada, pero sabía exactamente qué significaba. Notaba aquel dolor latente cerca de su frente, un poder tan letal como efectivo, que podía aniquilarle con una facilidad bochornosa. Prefirió no saber si la marca era visible o qué forma tenía. Un irracional deseo de tranquilidad abarcaba en aquel momento sus prioridades.
Se incorporó y se sentó en la camilla en la que le tendieran, quizás varias horas, con anterioridad. Deidara estaba sentado en el otro lado del cuarto, frotándose la frente con insistencia. Itachi distinguió un dibujo en forma de cruz justo debajo de la línea del cabello. Al parecer Deidara consideraba aquella marca denigrante, pues buscó por todas partes la bandana de la Roca para cubrirla. No obstante, un apretón terrible de la mano de Tsunade sobre su hombro le detuvo.
–¿Qué crees que haces? -le exigió con fiereza- ¿Tan pronto olvidas dónde están ahora tus intereses?
Acto seguido, aferró un protector frontal de Konoha con una mano y lo estampó en el pecho del rubio, haciéndole daño, al menos a juzgar por su cara. Deidara se mordió la lengua y refunfuñó en voz baja, notándose deseoso de hacer explotar algo.
Itachi alzó la cabeza y su mirada se cruzó por un instante con la de la Quinta. Nunca había tenido el placer de combatir contra ella, pero su fama la precedía. Sólo una vez había conocido a una mujer cuyo poder era equiparable al suyo y teniendo en cuenta la caída de Akatsuki, seguramente debía estar muerta.
Tsunade era la segunda, pero le pareció inmensamente superior.
–Andando. Los dos -exigió, furiosa-. No sufráis: si tantas ganas, tenéis, pronto tendréis la oportunidad de cargaros a cuantos oponentes queráis.
Aquella idea pareció seducir a Deidara, que se apresuró a seguir a la mujer a pasos fuertes y largos. Itachi les precedió con más lentitud, rezumando seguridad por cada uno de sus poros. Cual condenados a muerte, avanzaron por el pasillo del edificio del Hokage, y un murmullo exterior les acompañó hasta que, finalmente, vieron la luz del día.
Ambos criminales se quedaron sorprendidos al comprobar que había toda una aglomeración de gente al pie del edificio del Hokage. A pesar de estar acostumbrados al odio y rencor público, tuvieron que admitir que el tener decenas de ojos puestos en ellos resultaba sobrecogedor y molesto.
La noticia había corrido como la pólvora. La nueva de que estaban relativamente indefensos ya era de dominio público. Por primera vez en mucho tiempo, ambos se sintieron como simple carnaza para el pueblo.
Izumi Hyuuga se adelantó frente a ellos, con una expresión que podía definirse como "de póker". Era un joven de unos veinti pocos, hijo de un primo de Hiashi Hyuuga y miembro de la rama principal. Él había sido el elegido para vigilar las veinticuatro horas del día a los dos Nukenin. Para tal objetivo se había elegido una vivienda vacía cerca de la ladera de los Hokage, lo más lejos posible del centro urbano. Y allí debían permanecer hasta recibir nuevas órdenes. Izumi les señaló con un dedo y apuntó después al frente, echando a andar a su lado.
Caminaron entre el silencio y las miradas hirientes. Pudieron ver rostros deformados por el odio y la repulsión. E, instintivamente, Deidara sabía que de un modo u otro él pasaba desapercibido en aquel juego de contactos visuales.
Itachi era célebre, era famoso por su crimen, por el exterminio más importante de la era. Él sólo era culpable de la muerte de unos ninja del montón y de un Kage. Se mordió la lengua disimuladamente ante la paradójica mezcla de envidia y compasión.
De súbito, una mujer de mediana edad de entre el público lanzó algo contra Itachi. El caso es que el vegetal, de un intenso rojo, se estrelló en su mejilla izquierda y le ensució de jugo y vergüenza.
–¡Desgraciado! -bramó la mujer- ¡Te cargaste a toda aquella gente! ¡Asesino!
Itachi se incorporó ágilmente y trató de seguir su camino con la mayor dignidad posible, pero en ésta ocasión fue un cubo de agua el que impactó en su rostro. La cinta roja que recogía sus cabellos se desató, y su melena negra se desparramó, empapada, sobre sus hombros.
–¡Hijo de puta! ¿¡Cómo te atreves a volver por aquí!? ¡Basura! -otra señora se unió a la réplica.
Envalentonados por el arrojo de la mujer, todos los presentes se unieron a la protesta, emitiendo una serie de amenazas contra el último de los Uchiha. Deidara apenas podía dar crédito a lo que veía, al odio retenido por aquellas gentes. No eran Uchihas, ¿por qué se enfurecían por algo que no les atañía?
Tsunade, Hiashi Hyuuga, Rokudaime y todos los demás que permanecían en lo alto de las escaleras no movieron ni un dedo. A sus ojos, aquella sublevación contra Uchiha Itachi estaba totalmente justificada. Sin embargo, Deidara no pudo soportar la situación de su compañero, avanzando entre insultos e impactos de diversos objetos, manteniendo una expresión inmune que amenazaba por desmoronarse.
Y Deidara no pudo más. Emitió un grito de rabia y se volvió hacia un lado del gentío, en una posición amenazadora.
–¡Callaos, cabrones, u os mataré a todos, hum! -vociferó, estallando de ira.
No obstante, sólo hizo falta una mirada vacía del custodio Hyuuga para que el joven cayera de bruces al suelo, con la cabeza atenazada por el dolor de miles de neuronas siendo destruidas en milisegundos. Un grito agónico se escapó de sus labios, pero retuvo con fuerza el sonido, apretando la mandíbula tan fuerte que creyó que se le partirían los dientes. Hubo algunas risas de regodeo entre el pueblo, pero se acallaron pronto.
Itachi retrocedió sobre sus pasos y puso una mano ante el pecho de Izumi Hyuuga, en un intento de pararlo.
–Déjale -emanó Itachi, en son de amenaza-. No está haciendo nada.
Acto seguido, se hincó con una rodilla al lado de Deidara, que jadeaba en el suelo con fuertes estertores. Le ayudó a ponerse en pie, aunque el otro no se sostenía del todo de forma autónoma.
–Sigues siendo igual de estúpido... -murmuró Itachi- Frénate un poco o no vivirás para hacer explotar nada...
Profundamente fastidiado, Deidara comprendió que tenía razón.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Naruto debía admitir que las cosas estaban saliendo a pedir de boca. Aunque no quería tentar a la mala suerte, no podía más que alegrarse. En casi tres días habían circulado por el camino más rápido entre la villa de la Nube y Konoha y en aquel momento se encontraban a sólo unas cuantas horas de la Hoja, ya dentro de las fronteras del país del Fuego. Avanzaban sin tregua por el cañón de un viejo río abandonado, cubierto a lado y lado por foresta.
El rubio capitán ANBU alzó la cabeza cuando Sai apareció en dirección contraria, esquivando como podía la oleada de ninja que se dirigían al corazón de la nación. Aterrizó junto a él y después tomó el mismo rumbo que él, corriendo a su lado.
–¿El camino está limpio? -sugirió Naruto.
–Parece que sí -informó Sai, a través de la máscara ANBU del pájaro- No hemos detectado presencias sospechosas. Sakura está a unos doscientos metros, a la izquierda del desnivel. Yamato-taisho aún no se ha puesto en contacto conmigo -señaló, golpeándose el transmisor que llevaba en el oído.
–Sólo quedan cuatro horas para llegar a Konoha -suspiró Naruto, dando un salto y subiéndose a la rama de un árbol- Espero que todo salga bien hasta entonces.
Hay personas que están seguras de poseer la habilidad para llamar los problemas. Puede asegurarse con total precisión que Naruto Uzumaki es una de ellas, pues en el mismo instante en el que terminó de decir aquella frase, algo estalló a unos pocos metros de ellos, y en escasos segundos se vieron absorbidos por una densa nube de humo.
El caos reinó. Los ninja que iban delante se detuvieron, sin saber en qué dirección ir, incapaces de cruzar aquella capa de denso gas que les asfixiaba y les hacía toser. Naruto alzó los ojos llorosos hacia la confusión gris y atinó a descubrir unas figuras fugaces que se deslizaban entre los árboles, camuflados en aquel aire contaminado. Aquella visión disparó todas sus alarmas.
–¡Nos atacan! -bramó, y su grito reverberó en las cercanas laderas que protegían el término de Konoha-. ¡Sacad las armas y agrupaos!
Los ninja de la Nube parecían muy capaces, porque atendieron a su llamada en el instante. Adoptaron una posición ordenada, en diversas filas, de modo que los atacantes de largo alcance se posicionaban detrás y los de cuerpo a cuerpo delante.
Era una autentica emboscada. Naruto reconoció a ojo los uniformes de la Roca y la Hierba en diversos de los atacantes. Un ejército como aquel estaba destinado a ser una unión terrible: los ninja de Iwa eran estrategas excepcionales, mientras que los de la Hierba se especializaban en camuflaje. Por lo general, uno podía matar a otro ninja sin que la víctima denotara jamás su presencia.
–¿Cómo es posible que no les hayamos visto hasta ahora? -sugirió Sai, aunque sin demostrar miedo alguno.
–Se escondían en la sombra de la montaña -opinó Naruto, sacando sus dos katanas gemelas-. Por eso ha sido difícil verles. ¿Dónde estarán el capitán Yamato y Sakura?
Un estruendo semejante al desplome de una montaña reverberó en el cañón, llamando la atención de ambos bandos, que giraron en dirección sur. Una sombra enorme y temible se erguía por encima de las copas de los árboles, rugiendo de forma amenazadora. Naruto sintió que un miedo superior a él le tomaba desprevenido.
–¿Q-qué es eso...? -susurró, en un hilo de voz.
Lo primero que le había venido a la cabeza fue la imagen de un demonio de colas, semejante al Shukaku, que vio diez años atrás en una terrible manifestación de poder. Descubrió que el ser que se elevaba sobre las cabezas de los ninja tenía la anatomía de un dragón, con unas fauces titánicas abriéndose entre rugidos de guerra. Naruto advirtió con estupefacción que la piel del ser tenía la contextura de la madera. Y un profundo alivio inundó su pecho.
–Yamato-taisho... -susurró, sonriendo.
En efecto: la figura del ANBU permanecía firmemente plantada sobre la cabeza del enorme ser surgido de la naturaleza de mokuton, herencia del Primer Hokage. Corriendo cañón abajo apareció la figura fugaz de una kunoichi, que emanó un grito de potencia inhumana y golpeó el suelo bajo sus pies con una precisión única.
Un surco de aproximadamente siete metros de profundidad se abrió horizontalmente en el suelo, siguiendo la línea del barranco. La brecha desequilibró la parte este del cañón, provocando la caída a plomo de varios ninja que yacían ocultos en la espesura superior. Sakura aterrizó al lado de Naruto flexiblemente y adoptó una posición de ataque.
–Me alegro de que estéis bien -masculló rápidamente Naruto.
–No estamos bien, Naruto -repuso la kunoichi con cierto aire de miedo en la voz.
El rubio ANBU la miró, y discernió el brillo verde de sus ojos tras los orificios de la máscara. Sakura estaba angustiada, hasta un punto que no recordaba haber distinguido en su rostro desde hacía varios años.
–Vienen más, Naruto. Muchos más. Todo un ejército de la Roca y la Hierba -susurró, tratando de mantener la voz firme-. Nos superan en número por mucho.
El chico agachó la cabeza, mirando al suelo sin mirar nada. La frustración estalló en su ser como un volcán. Su objetivo, su esperanza de éxito, se estaba desmembrando con una facilidad exasperante. Y no sólo eso, pues si no lograban frenar la embestida de sus enemigos, Konoha sería arrasada en cuanto el ejército llegara a sus puertas.
Miró hacia los efectivos de Kumogakure que aguardaban a sus espaldas. Algunos eran experimentados luchadores que llevaban toda una vida en batallas, pero otro sector, los más jóvenes, parecían atemorizados y confundidos. Seguramente muchos de ellos nunca habían salido de los confines de la Nube.
Y, desgraciadamente, muchos jamás volverían a su hogar.
–Debemos plantarles cara de todas maneras... -masculló Naruto, atenazado por la tensión-. No podemos dejar que lleguen a Konoha. Hay que advertir a la villa de esto.
–Deberíamos enviar un mensaje urgente para que evacuen a los civiles y después... -comenzó Sakura, analizando a sus oponentes.
No obstante, atisbó una silueta fugaz que se acercaba a ellos de frente, blandiendo un arma larga que se retorcía sobre sí misma, plagada de espinas. Ambos se apartaron de la trayectoria, y el enemigo que les había atacado encontró la derrota a manos del Hiraishin no jutsu de Naruto.
Aquel primer ataque fue el detonante. Los enemigos cayeron sobre ellos en masa, y el choque fue tan brutal que mil gritos de guerra surgidos de ambos bandos se elevaron en el día raso del país del Fuego.
Yamato utilizó el mokuton para elevar decenas de postes de madera entre ellos y sus atacantes, tomándolos por sorpresa. Muchos de ellos se enrollaron en el cuerpo de algunos ninja y los hundieron en un abrir y cerrar de ojos en la tierra, siendo entonces blancos fáciles. Sin perder la concentración ni un sólo instante, el ANBU buscó en la mirada a Sai, localizándolo a unos metros de él, combatiendo cuerpo a cuerpo con tres rivales.
–¡Sai, son muchos! -vociferó, emprendiendo un golpe bajo contra una jounin enemiga que le venía de frente- ¡Manda un mensaje a Konoha, rápido!
El joven ANBU atendió velozmente a su mandato, y sacó un pequeño pergamino que llevaba guardado en el portakunáis. Con su fugaz pincel, trazó la figura de un halcón y dentro de su perfil unos cuantos y desordenados caracteres. Invocó su poder con presteza y se vio envuelto por una voluta de humo.
En el mismo instante en el que el halcón negro se precipitaba hacia el cielo, alguien surgió velozmente por la espalda del chico y le propinó un terrible golpe en el lado derecho de la cabeza. El sonido resultante fue estremecedor y letal.
Sai sólo atinó a ver cómo el mundo se ensombrecía ante sus ojos antes de caer derrumbado en medio de un esporádico campo de batalla.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
El chico despertó suavemente en su cama, ahogando un quejido placentero. Las sábanas mullidas y cálidas por su propio cuerpo rodeándole le proporcionaban cierta seguridad, una sensación de protección que había buscado fervientemente en los últimos días. Permaneció unos instantes sumido en las profundidades de sí mismo, recordando por qué sentía que el mundo se abría a sus pies como un abismo inexorable y profundo como las bocas del infierno.
Y entonces le venía a la cabeza la razón y no podía parar de llorar.
Más ese día hizo un esfuerzo. Se puso en pie, arrastrando su cuerpo exhausto, y caminó descalzo entre los tres perros grises que dormían a los pies de su cama. Acarició efusivamente la cabeza del enorme can blanco que dormitaba entre suaves gruñidos cerca de la puerta, y después se dirigió a la espaciosa pero desordenada cocina. Por un momento esperó ver a Tsume andando de un lado para otro, con su habitual expresión enfurruñada, preparando platos de comida aquí y allá, tanto para sus perros como para sus hijos.
Pero no la vio, y en el fondo sabía que jamás volvería a verla. Su fuerte aroma no volvería a flotar en la cocina. Y empezaba a olvidar poco a poco su perfume.
Con los ojos oscuros y rasgados velados de lágrimas, el muchacho se acercó hacia el vestíbulo, ignorando el hambre que sentía. Descubrió entonces los gemidos lastimeros de un gran animal oscuro como la pez tendido en un rincón en sombras.
Volvió sobre sus pasos y abrió varios armarios de la cocina, buscando lo que quería. Vació una generosa ración de la mejor comida canina que podía encontrarse en Konoha en un bol y volvió al recibidor. Se agachó al lado del animal que lloriqueaba y le acarició la cabeza con una habilidad que sólo los Inuzuka podían conseguir. Acto seguido, le tendió el alimento que había traído para él.
–Venga, come algo... -rogó Kiba con dulzura y paciencia- ¿No querrás morirte de hambre?
El enorme perro negro olfateó levemente el plato que le tendía su nuevo y joven dueño, pero terminó por apartar la cabeza y apoyarla en el suelo, con la mirada de su único ojo perdida.
Kiba suspiró con pesadumbre y se mordió la lengua, como tratando de ahogar una tensión alojada en lo más hondo de su ser. Kuromaru, el compañero de su madre, se estaba quedando en los huesos, y es que desde el fallecimiento de Tsume no había comido nada. Kiba había intentado por todos medios alimentarlo, pero era inútil. El can parecía haber perdido incluso la habilidad de hablar.
Comprensivo, el joven sonrió tristemente y le rascó levemente la zona posterior de las orejas a Kuromaru.
–Yo también la echo de menos...
Tras unos largos segundos de silencio, Kiba se dejó caer sentado sobre el suelo, hundió la cabeza entre los brazos y empezó a llorar de nuevo, como había hecho muy a menudo en los últimos días.
Se sentía desamparado como un bebé perdido en el bosque. La casa en la que había crecido y pasado sus felices años le parecía ahora sombría y angosta, llena de recuerdos que le atormentaban sin pausa. Era como si el fantasma de aquel dolor no quisiera dejarle y fuera a alimentarse de él por toda la eternidad, cual vampiro sediento del sufrimiento ajeno.
Se rodeó los hombros con las manos y trató de contener sus llantos, convirtiéndolos en necias convulsiones. La tensión que requería aquel esfuerzo sobrehumano provocó que sus garras se hundieran en su carne, atravesando la leve ropa.
Pero ni siquiera en aquel silencioso dolor podía sentirse mejor.
–¡Kiba! ¡Eh, Kiba Inuzuka!
Secándose las lágrimas a toda velocidad, se apresuró a correr hasta la cercana ventana. Levantó la parte inferior del cristal y miró hacia abajo. Descubrió a un jounin que estaba gritando bajo su ventana. Sus ojos detectaron entonces otros muchos ninja que corrían en dirección a las enormes puertas de la villa, juntos y en pelotón, como una masa amorfa negra y verde.
–¿Qué pasa? -sugirió el joven Inuzuka, tratando que su voz sonara firme.
–Un ejército entero de ninja de la Roca y la Hierba ha emboscado al capitán Uzumaki cuando volvía con los refuerzos de la Nube -informó rápidamente el jounin- ¡Rokudaime-sama nos ha enviado en misión urgente a todos los que estamos aquí!
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Un kunai con un sello explosivo se hundió en la tierra blanda, denotando una explosión inminente. Naruto se apresuró a correr para cubrirle las espaldas a unos ninja de la Nube que, metidos de lleno en sus combates individuales, no habían notado aquel peligro. Lo desactivó con un golpe de chakra con un pie y después giró a toda velocidad para alzar sus katanas en pos de dos jounin de la Roca.
El sudor brillaba en su frente y un dolor insistente reclamaba su atención a cada segundo, latiendo desde su muslo izquierdo. El corte empezaba a curarse pero, tal y como había temido, el proceso era mucho más lento. Llevaban casi dos horas de batalla y no parecían apenas progresar. Los enemigos seguían creciendo en número y ellos ya estaban cansados. Además, habían sufrido bajas. Alrededor de unos cuarenta, según los cálculos.
Algunos sólo niños.
–¿¡Cuando cojones van a llegar los refuerzos de la villa!? -bramó Naruto en un aullido mezcla de dolor y exasperación.
–Los rastreadores deberían llegar en una hora como mucho. Los demás puede que en dos o tres -anunció Sakura, soltando un fuerte puñetazo al frente.
–¡Eso es demasiado...! -vociferó Naruto, hundiendo con rapidez la katana izquierda en el estómago de un enemigo-. ¡Podríamos estar aniquilados para cuando estén aquí...!
Sakura sabía que tenía razón, pero intentaba ser optimista. Confiaba en la efectividad de los escuadrones de avance y rastreo de Konoha y en que los encontrarían pronto. Por el momento, no podían hacer más que resistir.
Oteó la zona con la mirada. El aire olía a sangre y a muerte, y los gritos de los heridos y de los que morían llenaban los oídos. Había imágenes más suaves que podían producir pesadillas para toda una vida.
–Naruto, ¿dónde está Sai? -sugirió Sakura, en el momento en el que se cruzaban para intercambiarse los enemigos.
–No lo sé. Hace rato que no le veo. Estará en la zona de bosque -comentó Naruto, utilizando el Hiraishin no jutsu para embestir contra dos ninja de la Hierba.
Sakura terminó con sus oponentes a la mayor velocidad posible y después giró sobre sí misma en un círculo completo, buscando fervientemente una cabeza negra en particular. Y la halló, más no como esperaba, luchando, sino caída en el suelo y rodeada por una terrible aureola roja...
–¡Sai...! -gritó, horrorizada.
Echó a correr en aquella dirección, preparando ya su chakra sanador, que borboteaba en sus manos como si manara de una fuente. Dos ninja enemigos trataron de bloquearla y abatirla, pero encontraron su perdición con la letal fuerza inhumana de la muchacha, que simplemente los hizo volar varios metros en el aire.
Sakura se hirió las rodillas cuando se dejó caer bruscamente al lado de Sai, que yacía inconsciente en el suelo, tendido sobre un charco de su propia sangre. Con un cuidado practicado durante años, depositó las manos bajo su cuerpo y le dio la vuelta, desprendiéndole la máscara del ANBU.
La herida brillaba con sangre en la cabeza del joven, y Sakura buscó de nuevo el valor que necesitaba para curarle tras comprobar que seguía teniendo signos vitales. Más Sai no reaccionaba, y eso no dejaba de ser una mala señal. Con delicadeza, depositó una mano sobre la herida, dejando manar el chakra con lentitud pero firmeza. Suspiró con alivio al comprobar que las células respondían y se apresuraban a obedecerla. Los labios de Sai temblaron levemente y ahogó un jadeo dolorido.
–Sai, ¿cómo est...? -empezó Sakura.
Algo la interrumpió, en forma de una fugaz katana que surgió de la nada, directa a su cabeza. Echando mano de su capacidad evasiva, inclinó todo su cuerpo y emprendió un golpe de espaldas a la kunoichi de la Hierba que había intentado atacarla. Vislumbró a otros dos oponentes acercándose por su retaguardia, pero ni siquiera tuvo tiempo de reducirlos. Un lobo de tinta se había alzado entre ella y sus enemigos y rugía amenazadoramente, mostrando sus enormes colmillos.
Sakura vio a Sai con el pergamino abierto sobre las piernas, con la mano de dedos fugaces garabateando desesperadamente.
–Sai, ¿estás bien? -se preocupó- Aún no te he curado del todo -observó, notando que la herida aún estaba allí, pequeña, pero visible.
–Estoy bien -concedió el ANBU, aunque se le notaba aturdido y agotado-. Mejor ve a ayudar a Naruto-kun -le aconsejó, poniéndose en pie tan rápido como pudo.
Su instinto curativo le dictaba a Sakura que se quedara allí y terminara con su trabajo, pero sus ojos se posaron en el joven de pelo rubio que combatía a unos cincuenta metros de ellos, con una fiereza innata e inquebrantable.
No obstante, Sakura nunca llegó a correr hacia él. Una sombra terrible se cernió sobre ella y sintió una voz grave reverberar a sus espaldas:
–¡Doton: shikei no sakebigoe! (Elemento tierra: grito de muerte)
Una fuerza terrible tiró de ella como un agujero negro, hundiéndola poco a poco en el suelo. La chica emanó un sonido de alarma y utilizó su fuerza sobrehumana para romper aquella atadura, aunque resultó más difícil de lo esperado. Y en aquellos valiosos segundos en los que forjeceó con el alud de tierra y rocas que quería ahogarla, el ninja que había invocado el elemento tierra cayó sobre ella.
No pudo evitar un alarido de dolor cuando el kunai se clavó dolorosamente cerca de su hombro. La sangre salpicó su rostro y la sintió resbalar por su espalda. Cuando consiguió salir del hoyo, atacó ciegamente a su agresor, mandándolo unos diez metros más allá y llevándose posteriormente una mano a la herida para calmar el dolor y empezar a sanarse. Jadeaba por el esfuerzo y el cansancio, y la vista empezaba a emborronársele. Sólo entonces comprendió que el asunto era más grave de lo que creía: un kunai envenenado.
Identificó de inmediato de qué tipo de sustancia tóxica se trataba. Algún veneno hecho con metales pesados. Los efectos empezaban con un dolor pulsante que se iba extendiendo por las células circundantes, apareciendo después efectos secundarios como parálisis y mareo. Ya sentía dos de aquellos síntomas, así que no se lo pensó dos veces y abrió el botiquín para sacar un antídoto.
Sin embargo, alguien la agredió por detrás en el momento en que sacó el pequeño frasco. Privada de la totalidad de sus habilidades físicas, se desplomó con pasmosa facilidad, de bruces sobre el lecho de rocas, totalmente indefensa. El antídoto que iba a salvarle la vida rodó por el suelo, lejos de su alcance.
Y Naruto lo vio. Y supo que no llegaría a tiempo para evitar que el ninja de la Hierba, de pie tras su compañera, le cortara el cuello de un sólo y contundente corte.
De súbito toda aquella guerra pasó a un segundo plano. Todo, desde los aliados que caían a sus pies a los enemigos que se desplomaban ante sus ojos carecía de importancia. El mundo entero se disolvía en un todo de color gris, donde sólo la sangre manando de la herida de su compañera resaltaba con una abrumadora crudeza.
Su mente se paralizó, y una voz rugiente y antigua como los pilares del mundo reverberó en su cabeza.
"Quieres salvarla, ¿verdad? Tranquilo, yo te ayudaré..."
Una risa macabra y gutural estalló en las inmensidades de su cabeza, estremeciéndole hasta el alma. Un miedo atroz se apoderó de él al comprender que lo que se avecinaba escapaba totalmente a su control. Lo supo con el característico arder de su cuerpo y el sudor frío que ensombreció su vista.
–¡NO...! -bramó a la desesperada.
Y el sello cedió.
--
Un hilo de saliva pendía de la comisura de los labios de Sakura, producto de un progresivo y letal envenenamiento. Sabía que uno de sus enemigos estaba sobre ella, quizás eligiendo de forma precipitada la manera más contundente de matarla. Esperó un fugaz tajo en el cuello, lo más rápido y eficiente en aquellos casos, pero aquel nunca llegó.
Un temblor de tierra hizo estremecer el barranco entero, desequilibrando al ninja que la amenazaba. Sacando fuerzas de flaqueza, Sakura logró retorcerse y emprender un rodillazo contra el ninja en cuestión, sintiendo sus huesos astillarse bajo la rótula. Ajena al origen del terremoto, se estiró para alcanzar el antídoto y se lo clavó en el hombro, suspirando con alivio al notar sus instantáneos efectos. Se puso en pie con relativa facilidad y descubrió de reojo a Sai situándose a su lado, señalando algo que no atinaba a ver.
Sucedió. Una oleada de calor semejante a lo que debía ser la entrada el infierno sacudió el claro, logrando hacer retroceder a decenas de ninja y derribando a otros tantos. Sakura sintió el peso de un fornido jounin de la Nube caer sobre ella. A su lado, Sai esquivó la misma situación con una felina y practicada agilidad.
Con un jadeo dolorido, Sakura apartó al hombre que la había aplastado y posó sus ojos en el centro del cañón. Un peso frío como el plomo se adueñó de su alma y la desgarró por dentro.
Entre una densa niebla rojiza como la sangre, se erguía una figura que podía medir fácilmente seis metros de altura. Una siniestra aura roja envolvía su silueta, más su cuerpo era negro como la pez, surcado por una miríada de surcos granates, cual arterias demasiado expuestas. A su espalda, seis colas de tamaño desproporcionado se batían ferozmente en el aire, alzando remolinos ardientes a cada leve movimiento.
–Naruto... -musitó, estática.
–Shh, no llames su atención... -susurró Sai, haciendo acopio de su sigilo para retroceder unos pocos pasos, tirando de Sakura.
La chica, aún demasiado impresionada, se dejó arrastrar hasta quedar ambos ocultos bajo la sombra de la ladera. Sakura no despegaba los ojos de la figura de Kyuubi, quieta e inmutable como una bestia al acecho que espera pacientemente a que su prese caiga en su campo visual. Los ninja que rodeaban la zona, tanto amigos como enemigos, se retiraban a toda velocidad del círculo candente, alarmados por la aparición de aquel ente que ni siquiera parecía corpóreo.
Sai obligó a Sakura a sentarse y trató de tranquilizarla. La kunoichi no parecía muy lúcida, aún intoxicada por el envenenamiento recibido minutos atrás.
–Naruto... Sai, tengo que ir... -murmuraba de forma casi incoherente.
–Sakura-san, sé que quieres ir a curarle, pero tienes que calmarte un poco -le aconsejó el chico, poniéndole las manos en los hombros-. Intenta curar tus heridas antes, sino no podrás ayudar a Naruto-kun. Tenemos que esperar a que Yamato-taisho venga hasta aquí y utilice el colgante para sellar el poder de Kyuubi, ¿comprendes?
Pero Sakura negó con la cabeza, totalmente abstraída. Sus ojos verdes yacían desorbitados en la temible figura del Jinchuuriki, como si no fuera capaz de ver nada más en aquel mundo. El sudor brillaba en su frente y ensombrecía su vista.
–Mírale, Sai... -emitió, con una voz casi muda-. No es como aquella vez...
El ANBU dirigió sus ojos negros, carentes de brillo, hacia la figura desdibujada de lo que en aquellos momentos era Naruto. Las colas rojas y negras zarandeaban el aire de forma agresiva, creando pequeños torbellinos ardientes en su radio de efecto. Sai supo de inmediato a qué se refería Sakura.
–Son seis colas, no cuatro como en la última ocasión... -susurró, sobrecogida- Si la otra vez ya había perdido la conciencia de sí mismo... ¿Qué estará pasando ahora dentro de él?
La chica se estremeció y se rodeó los hombros con los brazos, temblando de forma visible. Reunió una pequeña cantidad de chakra sanador en su mano y empezó a suturar la herida del hombro. La impaciéncia y la angustia la aprisionaban como una irrompible garra. A medida que su cuerpo iba curándose, sentía que su alma se hería de un modo incurable. Una herida que se escaldaba cruelmente mientras más miraba la figura ardiente de Kyuubi.
Las esperanzas de ambos jóvenes aumentaron cuando Yamato surgió en el claro, algo malherido pero manteniéndose en pie con destreza. Sus ojos sabios y expertos comprendieron de inmediato la situación y localizaron en el acto a los otros dos miembros de su equipo, proporcionándole esto cierto alivio.
Sin más ceremonias, juntó las manos e invocó unos rápidos sellos.
–¡Mokuton! (Elemento Madera)
Sendos postes de madera, anchos como troncos, surgieron del subsuelo y rodearon en un abrir y cerrar de ojos al jinchuuriki, lo cual resultó bastante fácil teniendo en cuenta el tamaño del ente. Al notar que intentaban atraparlo, el ser de llamas negras reaccionó por fin y empezó a retorcerse, zarandeando su titánico cuerpo. Yamato invocó una segunda hilera de postes que reforzara a la primera, hasta que logró encerrar al ser demoníaco en una jaula tan hermética como una caja fuerte.
Tras aquel esfuerzo inicial, cayó de rodillas al suelo, agotado. Había recibido diversas heridas en la batalla y ello repercutía en su rendimiento. Se distrajo momentáneamente de intentar recuperarse cuando vio a Sakura y Sai acercarse a él a toda prisa.
–Deberías estar escondidos... Esto aún no ha terminado -repuso el ANBU, negando con la cabeza-. Los enemigos se han ido, pero ahora queda lo más difícil.
Dirigió una significativa mirada al cajón de madera, que contenía un ser más vetusto que la aparición del ser humano. Sakura juntó las manos levemente y se apresuró a curar las heridas de su superior mientras éste invocaba unos sellos, lentos pero seguros.
–No tenemos mucho tiempo -informó Sai, mirando hacia la estructura cúbica que tenían en frente.
Y tenía razón. La madera empezaba a humear por el centro, carcomiéndose poco a poco por los diversos ensamblajes. El fuego se estaba generando en aquella improvisada jaula, y el monstruo que contenía amenazaba por liberarse en una explosión que podía resultar catastrófica.
–¡Iros de aquí...! -vociferó Yamato, poniéndose en pie y empujando a sus dos discípulos con fuerza- ¡Se liberará pronto!
Reanudó la formación de los sellos, justo en el momento en el que una brecha enorme surgía en una porción de madera carbonizada y un hálito infernal emanaba de ella. Un gran ojo rojo, con un iris reducido a una ranura, le miraba amenazadoramente desde aquella obertura. Yamato trató de sobreponerse al pavor que le dominó y, en un último esfuerzo, logró completar su técnica.
–¡Hokage-Shiki Jijun Jutsu: Kakuan Nitten Suishu! (Estilo Hokage – Técnica de Sumisión: Santuario de Manos Entrelazadas)
Seis pilares enormes surgieron de la nada, rodeando a la mezcla de Naruto y Kyuubi como un círculo de destrucción. Yamato juntó ambas manos e invocó la fuerza del colgante, que aún debía estar en algún lugar de la inmensidad de chakra rojizo, pendiendo el cuerpo vacío de Naruto.
Sin embargo, resultó catastróficamente inútil. Kyuubi emitió un aullido de triunfo y sus colas se enrollaron en los pilares, cada una en uno, quebrándolos cual irrisorios mondadientes. Yamato se vio presa del más absoluto terror.
–¡Imposible...!
Y él era el primer objetivo. Una de las colas de Kyuubi se lanzó directa hacia él, aunque retuvo el impacto a duras penas con triple escudo de madera.
–¡Huid! ¡Huid todos! -gritó con todas sus fuerzas.
Kyuubi por fin parecía haber despertado de su letargo, como si ya poseyera por completo el control. Su mirada sedienta de sangre humana oteó el claro, eligiendo a sus presas en un juego aleatorio de macabro azar.
¡Zas! Sus zarpas atravesaron el cuerpo de una kunoichi de la Nube, matándola en el acto. ¡Bum! Su colas aplastaron sin ninguna complicación a un ANBU de la misma aldea. Y la destrucción no parecía cesar. Pronto fue una realidad cruel: ninguna guerra podía producir aquella masacre instantánea. En un hora podía acabar fácilmente con los quinientos efectivos.
Y entonces sería el fin. De una villa, de un sueño. De todo.
--
Sakura observaba aquel terrible panorama semioculta en una roca. Incapaz de hacer nada, se había encogido sobre sus rodillas, con las manos en la cabeza en un ciego intento de evadirse de aquella situación que la estaba matando dada su veracidad. Lloraba de puro pánico, y por primera vez en mucho tiempo temió de verdad por su vida, anteponiendo esa preocupación a cualquier otra cosa. Y se sintió sucia y despreciable por ello, aún a pesar de saber que aquella emoción era un sentimiento anti natural producido por la cercanía del Bijuu.
El estado de Sai tampoco era mejor y ello sólo incrementaba la certeza de muerte en Sakura. No se movía, pero sus iris negros miraban fijamente al Jinchuuriki. Sus pálidos labios entreabiertos temblaban ligeramente, lo cual era la mayor muestra de miedo que había visto en su rostro desde que se conocían.
La chica gimió en voz baja y deseó hacerse pequeña e insignificante para que nada reparara en ella. Ningún mal, ninguna amenaza. Que todo se solucionara como la última vez.
Y de súbito recordó.
"No importa lo que puedas o no puedas hacer por Naruto. Lo importante es la fuerza de tus sentimientos hacia él"
–Naruto... -susurró.
Sólo en aquel momento descubrió lo que tenía que hacer. Lo que su alma confundida pero libre le ordenaba que hiciese, porque sino se arrepentiría toda su vida. Porque sino jamás volvería a ser feliz.
No sin él.
Y tal y como sucedió siete años atrás, salió a la carrera en pos de Naruto. A buscarle, a traerle de vuelta. Poco importaba que Sai intentara detenerla, o el estado en el que quedara su cuerpo después de llegar hasta Naruto, ni el dolor que sufriera cuando el chakra ardiente la alcanzara.
Sólo deseaba ver de nuevo su limpia mirada azul. Y aquel deseo era tan irracional que nada podía vencerlo.
–¡Naruto, vuelve en ti! -vociferó con todos sus pulmones, sin detener su marcha.
Los ojos sangrientos del Kyuubi se posaron en ella, estudiándola durante milésimas de segundo. Dos colas se lanzaron sobre ella, dispuestas a ahogarla cual molesto insecto, pero sin embargo resistió el empuje, esquivando el radio abrasivo con un salto. Siguió avanzando, y un aliento de fuego le quemó parcialmente la cara, haciéndola aullar de dolor. Pero ni siquiera entonces se detuvo, con el rostro abrasado por lágrimas y calor.
–¡Naruto, debes reaccionar...! -gritó con más fuerza aún, quemándose la garganta en el intento.
"Así, grita más. Grita su nombre. Más fuerte. Tan fuerte que pueda oírte. Como él hizo contigo... aquella vez"
Kyuubi parecía haberse hartado de sus molestos chillidos, pues bramó con violencia y apresó el cuerpo de la kunoichi entre sus zarpas. Sakura, ensangrentada y aturdida, siguió intentando desasirse, sin cesar en ningún momento de gritar el nombre de su compañero. Las llamas empezaron a lamer su cuerpo, quemando su ropa y rozando dolorosamente su piel, efecto que contrarrestó en gran parte con sus habilidades curativas. Hizo acopio de su fuerza sobrehumana y liberó el chakra violentamente: logró liberar su cintura y cayó al suelo, retrocediendo un par de pasos pero sin alejarse.
No iba a darse por vencida.
El problema principal era que Kyuubi parecía haber perdido el interés en ella. La joven casi juraría que había reído de forma macabra mientras giraba sobre sí mismo y apuntaba con una creciente esfera de energía negra hacia los shinobi de Kumogakure que permanecían ocultos en la espesura inferior del cañón.
Era el momento.
–¡NO! ¡BASTA, NARUTO! -bramó Sakura, haciéndose oír sobre el rugido animal.
Y de súbito la enorme bestia se paró en seco, como si fuera una estatua de pura roca.
Un silencio increíble, totalmente etéreo, se expandió en el ambiente como aceite sobre una superficie lisa. Al menos en un corto lapso de tiempo, antes de que un escalofrío total recorriera el cuerpo maleable del Jinchuuriki.
Sorpresivamente, Naruto no embistió contra sus aliados. El ser en el que estaba convertido emanó un aullido de demente locura y se estrelló de manera premeditada contra la ladera de piedra. Algunas rocas se desprendieron de la cumbre, impactando en el cuerpo envuelto de chakra del Jinchuuriki, pero el ser ni humano ni demonio le proporcionó inmunidad frente a dichos impactos.
–¿Qué está haciendo...? -sugirió Sakura, incapaz de siquiera parpadear.
–Parece que intenta... frenarse a sí mismo -explicó Sai, unos metros más allá, sobándose la cabeza dolorida. La miró, no exento de cierta sorpresa en su expresión-. Tu voz le ha despertado. Ahora es un poco más Naruto-kun.
Volvieron a posar sus ojos en el ser llameante. Seguía golpeándose contra las rocas, con una insistencia creciente, como si tratara de dejarse inconsciente a sí mismo. Y, quisieran o no, era una cosa que iba a suceder pronto.
Un crujido terrible reverberó en los muros de piedra cercanos, y la fuerza ardiente implosionó. De nuevo una nube de polvo cegó la vista de los presentes. Cuando se disipó, más deprisa de lo esperado, Naruto yacía en el suelo, inmóvil, con las ropas carbonizadas y un alarmante color marrón recorriendo su piel.
–Naruto... -susurró Sakura, echando a correr hacia aquella dirección.
Esquivando los diversos bloques desprendidos, la chica logró llegar hasta él. Temblando toda ella de inseguridad, se dejó caer a su lado, observando los daños a simple vista. Dolía mirarle, pues tenía los brazos, el pecho y las piernas abiertos en algunos casos por heridas de aspecto desconocido. Preparó su chakra con fugacidad y procedió a cumplir su trabajo, tratando al mismo tiempo de serenarse.
En el mismo instante en el que puso las manos sobre el pecho de Naruto, una energía maligna y enferma la golpeó de pleno. Un ramalazo de dolor se extendió por sus brazos y se acercó peligrosamente a sus puntos vitales. Un alarido de sufrimiento se escapó de sus labios al tiempo que retiraba las manos en un acto reflejo. Jadeando y sudando frío, temblando a la par de pies a cabeza, comprendió la situación en la que se encontraba.
"Es su chakra... El chakra de Kyuubi. Jamás había sentido nada tan... terrible."
Miró a Naruto con los ojos desorbitados. Su piel brillaba con una leve pero casi palpable aureola negra y roja.
"Su cuerpo ya no puede retenerlo más... Se está..."
En una reacción precipitada y para nada meditada con anterioridad, volvió a apoyar sus manos, envueltas en chakra curativo, sobre el pecho del chico. Sintió de nuevo aquel chakra siniestro tratando de extenderse por sus canales, pero fue más rápida: protegió sus órganos vitales con una gran proporción de chakra, evitando que fueran dañados y que ello la interrumpiera.
El dolor empezó a agarrotar sus brazos, pero no cesó en su empeño. Sintió su chakra abriéndose paso a ciegas por los canales de Naruto, reparando lentamente unos daños que lograban incluso horrorizarla. El chakra demoníaco no sólo había dañado las células: las estaba devorando lentamente. Para ella resultó evidente que seis colas habían sido demasiado.
Sin embargo, a pesar del espanto y la dificultad inicial, se sorprendió gratamente al ir viendo que la curación avanzaba bien. La piel quemada de Naruto se recomponía poco a poco, recuperando el aspecto liso y levemente moreno que tuviera en un principio. No obstante, Naruto seguía sin moverse, y su corazón latía de forma muy lenta e irregular.
Sakura sudaba a raudales, y un progresivo agotamiento se extendía por su cuerpo a medida que se vaciaba de chakra y descuidaba sus propias heridas en el proceso. No obstante, el resultado fue tan gratificante como comprobar que Naruto empezaba a reaccionar, primero con un temblar de los párpados y luego con la articulación de unos labios mellados por la sequedad.
–Sakura-chan... He oído tu voz...
La aludida se tragó las lágrimas de alivio y siguió con lo suyo, evitando pensamientos que pudieran suponer una interrupción. Pudo ver el azul de los ojos de Naruto, velado por la debilidad y el dolor, pero cada vez más puro.
Y tras distinguir el rostro de Sakura lleno de quemaduras ennegrecidas, el brazo ensangrentado cruelmente desgarrado y los lágrimas resbalando profusamente por sus mejillas, Naruto supo de inmediato qué había sucedido.
Nunca antes había sentido tantos deseos de morir como en aquel momento.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
Sentado en el barandal que cerraba el pequeño parque, Shikamaru esperaba con infinita paciencia que la persona a la que esperaba llegara. Harto de fumar, había intentado dedicarse a su otro hobby solitario. Sin embargo, la iluminación artificial del cielo de Suna, a prueba de invasiones, hacía imposible distinguir ni siquiera un mero jirón de nubes. Así que estaba mortalmente aburrido y un tanto cansado de esperar a un contacto que no parecía llegar.
Cuando su reloj digital anunció las dos de la madrugada, percibió unos pasos acercarse a su posición. Era un modo de andar sutil, delicado y elegante, como si aquellos pies apenas rozaran el suelo al desplazarse. La otra persona se situó de pie a unos diez metros de él y esperó en silencio.
Shikamaru no podía estar seguro a simple vista de que aquella era la persona a la que estaba esperando. Había seguido al pie de la letra las instrucciones de Baki y éste había acordado una reunión con el contacto, pero no le había proporcionado ninguna descripción física. De todos modos, el desconocido iba cubierto de pies a cabeza por una capa, con lo cual aquella información tampoco hubiera resultado demasiado útil.
El chico suspiró y miró hacia el cielo como si estuviera allí por casualidad.
–Apenas hay estrellas esta noche -emitió de forma trivial.
–Porque la sombra del viento las ha apagado (1) -respondió la otra persona.
Era una voz de mujer, seria pero suave como el terciopelo. Shikamaru sonrió con cierto aire de triunfo y se volvió. La desconocida había respondido bien al santo y seña, luego debía ser la persona que buscaba. Intentó ver en las inmensidades de la capa, pero la penumbra jugaba en su contra.
–Has tardado -repuso Shikamaru-. Baki acordó que a la una de la madrugada.
–He tenido contratiempos. La villa está muy bien vigilada -repuso la mujer con serenidad.
Shikamaru rió para sí al identificar aquel tono altivo con el de cierta mujer en la que no podía dejar de pensar. Más esta carecía del tinte espontáneo y lleno de confianza que poseía la voz de Temari.
–Al grano. Baki me ha dicho que nos conviene tenerte de nuestro lado. Asegura que puedes sernos de mucha utilidad -informó.
–Bueno, reconozco que mis habilidades no son precisamente comunes. No es simple conveniencia: me necesitáis para contactar con Konoha y mantener un canal abierto. La gente para la que trabajé con anterioridad podían comunicarse en pocos segundos gracias a mis técnicas -sugirió la mujer, en un tono totalmente apersonal.
Si aquello era cierto, Shikamaru debía reconocer que era un buen as en la manga. Si querían aliarse con Konoha, la comunicación era elemental. Si aquella mujer podía ayudarles, no debían dudar en acoplarla a sus filas. No obstante, quedaba un detalle pendiente.
–Simple curiosidad. ¿Por qué quieres combatir con nosotros? -sugirió, esperando obtener una respuesta concisa.
No podía asegurarlo, pero hubiera jurado que ella dibujaba una leve sonrisa a la sombra de la capucha. Sus ojos pálidos destellaron en las tinieblas. Con una elegancia digna de un grácil cisne, la mujer elevó una mano de dedos pálidos para recibir a una pequeña mariposa de papel que se posó en ella.
–Asuntos personales -fue la breve respuesta.
+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+
(1): Es un juego de palabras. "Kazekage" es "sombra del viento". Viene a decir que la presencia de un mal Kazekage ha apagado las estrellas.
Bueno, gente hermosa. A partir de ahora voy a hacer caso a las normas y sólo contestaré aquí los reviews anónimos. Los demás revisad vuestros correos que allí estará XD (aunque puede que mañana, que hoy ya tengo mucho sueño T.T).
Deborah: Wola! Jeje, pues pobre tu profe, porque anda que parecerse a Ibiki…XD. Bueno, del NaruSaku ahora va a venir mucho y del fuerte. Espero que lo disfrutes. Pues Gaara no ha salido en este capi, pero para el siguiente sí que saldrá y bastante (creo, no lo tengo seguro XD). Salu2.
HikariBuffy: Me parto con lo del descarga in neurona, pero suena mejor golpe de remo XD. Buf, muy contentos no deben estar, más uno que yo me sé, que no soporta que le den ordenes XD. Pero bueno, es lo que hay, ya lo he puesto y punto. Mil gracias por seguir leyendo. Besos!
Inuzuka pau: Supongo que a estas alturas ya debes haber acabado los exámenes, espero que hayan ido bien XD. Yo también prefiero mi fic al manga XD. Nah, es coña, pero ahora el de verdad está un poco lioso y en este fic yo soy la dueña, muajaja. Salu2.
Rakita92: Siento mucho haberte spoilereado el manga. Lo siento, creía que todos lo habían leído a estas alturas (aunque en tu situación lo comprendo XD). Temí que Naruto me saliera demasiado infantil en ese momento, pero es que no deja de ser él XD. Precisamente una escena que tenía pensada es el encuentro de Naruto y Sakura con Itachi. Sakura rifa hostias e Itachi tiene todas las de ganar, jejejej. Nada, espero que te hayan ido bien los exámenes. Un abrazo!
