hg-rw-4ever: gracias!! :) me alegra mucho que te haya gustado el anterior y...wow, sos muy rapida para leer xD jaja, yo ni loca podria leerlo todo en media hora :P ah, y otra cosa...yo tambien amo a Ron y Herm!! :D la mejor pareja xD

Alicia Banqer: muchas gracias :D a mi tambien me costó poder hacer mi cuenta...pero bueno, aqui estoy! xD que bueno que te haya gustado la anterior :) a mi tambien me encanta Sirius...aunque amo demasiado a Remus, jeje xD gracias por el consejo, voy a tratar de mejorar en cuanto a la narracion :)

RAYMAR: jaja xD ya lo estoy subiendo ;P

Capítulo 3:

-James, no nos has presentado a estas tres encantadoras jovencitas.-le dijo su abuelo al joven.
-Yo les presento a ella.-saltó Sirius, señalando a Cris.-Ella es Cristine, mi novia.
-¿Cuántas veces tengo que decirte que no me llames Cristine, nunca?-le dijo ella en voz baja, de modo que solo él escuchó. E igualmente se rió.
-Mucho gusto en conocerte, querida.-dijo la mujer, estrechándole la mano.
-Remus, te toca.-dijo James, sonriendo.
El castaño se sonrojó ligeramente y dijo:
-Ella es mi novia Esmeralda.-y apretó un poco más la mano de ella.
-Un placer, jovencita.-dijo el hombre, saludándola.
-El placer es mío.-respondió ella.
-¿Y tú, querida?-preguntó la abuela de James, dirigiéndose a Lily. Ella abrió la boca para presentarse, pero James le pasó un brazo por los hombros y dijo:
-Ella es Lily Evans, mi novia.
Ambos ancianos sonrieron.
-Un gusto, Lily.-ambos le estrecharon la mano.
-Bueno, ¿Quieren acompañarnos a cenar?-preguntó el hombre.-Será cena para ocho, ¿verdad? Sí, ocho. Ven, querida.
Él y su esposa desaparecieron de la habitación, dejando solos a los jóvenes.
-¡Lily, Es!-exclamó Cris, saltando de al lado de Sirius y abrazando a sus amigas.
-Tanto tiempo-dijo Lily, sin soltarla.
-¿Tanto tiempo?-preguntó James.-Oh, vamos no fue tanto…
-¿Y tú finges que puedes aguantar?-preguntó Sirius, sonriendo.-Si tú la invitaste aquí.
-Lo sé.-respondió, sin sacar los ojos de la pelirroja.-Lily, ven para acá.-la llamó.
-Espera un poco-dijo ella y continuó enfrascada en la conversación con sus dos amigas.
-Oigan, ¿Ustedes escucharon sobre esa organización de Dumbledore?-preguntó Remus a sus dos amigos.- ¿La Orden del Fénix?
-Sí.-respondió Sirius, que al parecer también estaba bastante interesado en el tema.-Dicen que es una organización contra ese tonto que se hace llamar Voldemort.
-Si están haciendo un grupo para detenerlo no debe ser muy tonto que digamos.-discutió Remus.
-Oh, vamos. Dumbledore es un millón de veces mejor mago de lo que ese tal Voldemort puede ser. No sé por qué se preocupan tanto por él.
-¿Voldemort?-repitió James, volviendo a la realidad.-Hace unas semanas me ofrecieron unirme a un tipo llamado Voldemort. Diciendo que eliminarían a las personas nacidas de muggles y yo me negué.-recordó el moreno.-Debe ser algún loco que solo quiere llamar la atención.
-Yo también lo creo.-dijo Sirius.
-No lo sé.-respondió Remus, inseguro.-Si Dumbledore cree que hay peligro…yo me uniré.
-Pues sí…-dijo James, despeinándose, con aire pensativo.-Creo que yo también.
-Bueno…supongo que si Dumbledore lo dice…sí, claro, yo también.-concedió Sirius.- ¿Y qué me dices de Peter?
-Luego le enviaré una lechuza si tengo tiempo.-dijo Remus, sin darle importancia.
-Oigan, después de la cena debo ir a la casa de mi prima, ella y su esposo salen, y como yo soy el único decente en la familia me pidió cuidar a su hija Nymphadora. ¿Quieren acompañarme? Ella muy buena compañía, pero hay que estar vigilándola siempre, la última vez me quitó mi varita cuando estaba distraído y accidentalmente incendió las cortinas.
-¿Y por qué no usaste el Aguamenti?- preguntó Remus.
-No lo recordaba.-respondió, encogiéndose de hombros.-Para cuando lo recordé, las cortinas se volvieron cenizas. En fin, cuidarla es trabajo de dos personas. ¿Vienes conmigo, James?
-Sirius, me costó muchísimo traer a Lily aquí. Ahora déjame disfrutarla.
- Pues si continúa todo el día hablando con Cris y Green no disfrutaras mucho.-discutió el moreno.- ¿Y tú, Remus?
-Pues…claro, está bien.-respondió el castaño.
-Ya está la cena.-anunció la abuela de James, dirigiéndose a los jóvenes.
-Muchas gracias.-dijeron las tres amigas, educadamente y se dirigieron al comedor, seguidas por los chicos.
Los seis amigos se sentaron a la mesa. Cris, Esmeralda, Lily y Remus comían normalmente y James y Sirius, como si esa fuera su última cena. Los abuelos de James sonreían, por lo visto acostumbrados a la peculiar forma de comer de su nieto y su amigo.
Cuando la cena concluyó, los platos se levantaron de la mesa hasta llegar a la cocina y comenzaron a lavarse solos.
-Bueno, tengo que irme.-le dijo Sirius a Cris.-Me voy con Remus a cuidar a mi sobrina.-estaba a punto de darle un beso de despedida, pero ella se lo impidió.
-Voy contigo.-dijo alegremente.
-¿En serio?-preguntó el moreno.
-Claro.-respondió sonriente.-Me encantan los niños.
-Eh…pues claro, vamos.
Remus se despidió de Esmeralda y del resto y los tres desaparecieron rumbo a la casa de Andrómeda y Ted.
-Bueno…sé que te costó traer a Lily hasta aquí así que no te arruinaré el momento.-dijo Esmeralda, con una sonrisa.-Nos vemos Lily.-abrazó brevemente a su amiga y salió por la puerta de la lujosa casa de los Potter.
-Acompáñame, Lily.-dijo James, la tomó de la mano, y la guió escaleras arriba.
Después de subir varios tramos de escalones se toparon con una puerta que tenía colgado un cartel que decía: Habitación de Cornamenta y Canuto.
-Guau, creo que tú y Canuto no se destacan en la limpieza.-observó Lily, al ver el desastre del cuarto.
-Pues no.-admitió James, sonriendo.-Pero quería que la vieras. ¿Quieres ver el jardín?
-Claro.-respondió la pelirroja.
-Bien, pero desaparezcámonos, me cansó mucho con las escaleras.
-Tienes que hacer más ejercicio.-comentó riendo.
Al siguiente parpadeo se encontraban en un hermoso jardín adornado con distintas flores y árboles, y una fuente en el centro.
-Pues veo que el jardín es lo mejor de la Mansión Potter.-dedujo ella.
-Sí, mi madre plantó todo esto, antes de…-se detuvo unos segundos y se aclaró la garganta.-Bueno, luego de eso yo me dedico a regarlas. Aunque admito que a veces lo olvido.
-Haces un buen trabajo.-respondió ella, sonriendo.
-Gracias.-dijo caballerosamente, apareció un par de sillas y la invitó a sentarse.