Capítulo 5:

Ya habían pasado tres largas semanas después de la visita de Lily, y ellos no habían vuelto a verse. Se comunicaban por cartas, ambos se escribían casi todos los días. Lily no había tocado el asunto de sus padres en ninguna de sus cartas y James tampoco sacó a flote el tema.

Por lo que ella y sus amigas le habían comentado, su hermana no parecía tener el mejor carácter de la familia.

Había ocasiones en que James deseaba invitarla a su casa, así pasaría menos tiempo en la suya, pero ella casi siempre contestaba negativamente sus invitaciones apelando diferentes excusas.
El miércoles amaneció soleado, y los dos jóvenes todavía no se habían despertado, hasta que…
-Sirius… golpean la puerta.-gruñó James, luego murmuró algo entre sueños y se dio vuelta entre las sábanas.
-Ve tú. Yo fui el mes pasado…-dijo Sirius, somnoliento, y se levantó perezosamente.-No es la puerta.-agregó, frotándose los ojos, y dirigiéndose hacia la ventana.
-¿Entonces?-preguntó su amigo, más dormido que despierto.
-Es una lechuza.-murmuró, corrió las cortinas, y vio a una gran lechuza de color pardo, en cuyo pico descansaba un sobre.
El moreno abrió la ventana, y el animal entró inmediatamente a la habitación, hasta posarse sobre su cama vacía.
-Es la lechuza de Cris.-dijo Sirius, sonriente y le quitó la carta al ave.
-¿Qué dice?-preguntó James, ya completamente despierto, sentándose en el colchón.
-Dice que... -empezó Sirius, abriendo el sobre y leyendo la carta a toda velocidad. De repente, abrió los ojos desmesuradamente.- ¡Dice que encontró un departamento en el Callejón Diagon! ¡Y que quiere que vaya a verlo lo más rápido posible!-dicho esto, corrió hacia el armario y comenzó a vestirse, colocándose lo primero que encontró. Cuando ya estuvo listo dijo:-Nos vemos.-y desapareció de la habitación.

James simplemente bostezó, tomó torpemente su varita, cerró las cortinas con un hechizo, y se volvió a dormir.

Sirius, por su parte, reapareció dentro de El Caldero Chorreante y se dispuso a entrar en el Callejón Diagon. Cuando llego, reconoció a Cris enseguida, por su llamativo cabello, y la saludó con un beso considerablemente largo.
-Ven-le dijo Cris, tomándolo de la mano y lo llevó de regreso al bar, subieron un tramo de escaleras y se encontraron con una puerta. La chica sacó la llave emocionadamente de su abrigo y abrió la puerta. Dentro se podía observar una habitación amplia, iluminada por la luz del sol que le llegaba por una gran ventana, estaba vacía.
-Esto sería la sala.-explicó ella, estaba tan emocionada que por poco daba saltos.-Vamos, quiero mostrarte el resto.-Cris le mostró todo el departamento (lo cual no les llevo mucho tiempo, ya que era bastante pequeño) y se volvieron a detener en la sala.- ¿Y bien? ¿Y bien?-preguntó, ansiosa.
-Es… muy amplio-dijo Sirius sonriendo, y Cris soltó una risita nerviosa.-Es perfecto.-murmuró y le dio otro beso. Cuando se separaron, murmuró:
-¿Haces un hechizo o algo así para que no tengamos que respirar?-ella sólo sonrió y lo abrazó con ternura.

-Aquí tienen.-dijo Lily. Sirviéndoles la cena a sus padres. Les llevaba un par de platos con comida a la cama.- ¿Cómo se sienten?-preguntó, sentándose en una silla junto a la cama de sus padres.
-Con estos cuidados ¿Cómo sentirse mal?-dijo el señor Evans, mientras tomaba los cubiertos.
-¿Que tienes ahí, Lily?-preguntó su madre, sonriendo y señalando el pergamino que ella traía en la mano.
-Es una carta.-respondió y sintió como el rubor subía hasta su rostro.
-¿No será de algún chico?-preguntó su madre, bromeando.
Lily asintió con la cabeza, mientras su rubor era cada vez más notorio.
-¡Hija! ¡Cómo no me dijiste nada!-exclamó la mujer, sin dejar de sonreír.-En realidad pensaba que era de alguna de tus amigas, pero si es un chico. ¿Cómo no lo has invitado aquí? Ya quiero conocerlo
-Mamá, no sé si James…
-¿Así que James? ¿James qué?-intervino su padre, con la misma sonrisa que su esposa.
-James Potter.-murmuró, muy avergonzada.
-Ah.-dijo la señora Evans.- ¿El James Potter que siempre decías que odiabas? ¿Que te molestaba sin cesar? ¿El presumido e insoportable James Potter?-preguntó, divertida.
-Sí, el mismo.-confirmó su hija, desviando la mirada.
-Entonces definitivamente tienes que invitarlo.-concedió el seor Evans.
-Está bien, está bien.-aceptó a regañadientes.- ¿Cuándo?
-El viernes estaría bien.-dijo su madre.
-Sí, yo también lo creo.-acordó su marido.
-Bueno… entonces le enviaré una carta preguntándole si quiere venir.
-De acuerdo.-dijeron sus padres, y continuaron con su cena.

Lily salió a toda prisa y llegó a su cuarto, agradeciendo que su lechuza todavía no hubiera vuelto de su paseo nocturno.
Se recostó en su cama y contemplo el techo, no habría problemas con sus padres, pero… ¿Y Petunia? ¿Sería capaz de comportarse relativamente bien con James? ¿De hablarle educadamente? ¿De tratarlo de forma civilizada aún sabiendo que es un mago…?
La respuesta a todas esas preguntas estaba más que clara, y comenzaba con N…
Lily suspiró y se levantó pesadamente. Pensó en James, y sonrió, él siempre la había hecho más feliz, desde que lo conoció, aunque nunca se había dado cuenta… Claro que le molestaba que él se paseara con chicas a su alrededor. Pero nunca asoció eso a que estuviera enamorada del moreno. Ahora ya tenía los sentimientos más que claros, sabía perfectamente lo mucho que le gustaba James. Y, antes de salir de su habitación, un último y esclarecedor pensamiento llegó a su cabeza: No iba a perder a James, el amor que sentían mutuamente no iba a desaparecer por una tontería tan grande como la manera en que su hermana lo tratase.
Salió de su habitación, y al pensarlo mejor se arrepentía de que su lechuza no hubiera vuelto todavía.