Capítulo 2: Gentiles Caballeros del Horror.

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Influndeles terror oh Señor,
que sepan los paganos que sólo son hombres.
(Salmo 9)

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Cruzó la pierna en escuadra, dejando descansar su tobillo sobre la rodilla. Su espalda se inclinó ligeramente hacía atrás. Llevó el cristal fino a los labios y tomó un trago del exquisito Borgoña, no sin antes dejar que su suave olor inundara su sentido olfativo.

—¿Por qué debería a mí preocuparme eso? —preguntó indiferentemente, haciendo una mueca de disgusto. Sus cansados ojos brillaron tenuemente a través de la oscuridad del lugar y la sombra del sombrero que portaba, ambos glóbulos se posaron sobre el hombre que tenía a la izquierda

—No creo, que quieras darle más problemas a Harry ¿verdad?

Una risa seca salió de su garganta, mientras dejaba la copa sobre la mesa más cercana. Y se acomoda la montura de las gafas. Descruzó la pierna relajándose completamente, entrelazando sus dedos sobre su regazo y cerrando sus ojos.

El hombre de ojos grises observó a su hermano tomar aquella posición reflexiva que le disgustaba enormemente, parecía estar más muerto que vivo. Sirius respiró profundamente y parpadeó. James había cambiado demasiado con el paso del tiempo.

—No es que quiera interrumpir su charla familiar, pero...

—Silencio —ordenó James al tercer hombre aún con los ojos cerrados—. Sabes Sirius, generalmente es Harry el que me trae problemas, no al revés.

—Eres un egotista.

James rió nuevamente. Tras varios segundos Sirius se unió a la risa de James. Y es que, cada vez que Sirius le decía que era un egocéntrico, era como si el loco le dijera que estaba demente.

—Muy bien, dado que soy un ególatra sin remedio y tú un ser humilde y sin vanidad.

—Sin ironías James, por favor.

—Tú empezaste. Como sea, no me importa tu opinión.

—Sólo me expresaba a favor de mi sobrino favorito.

—Que dulce eres —exclamó James con falso agradecimiento—. ¡Aléjate de mi hijo! —le advirtió.

—¿Bocadillos? —le ofreció Sirius ignorando la mirada asesina que le dirigió James.

El tercer hombre bufó. Era increíble la crudeza de estos hombres. Todo lo que decían del señor Potter era absolutamente mentira no era un ser completamente desalmado, era alguien mucho peor.

Todo en un principio le había parecido de ensueño. Él caminando por los oscuros pasillos de aquel lúgubre lugar, lleno de gárgolas, esculturas demoniacas, pinchos y adornos retorcidos. Siempre en total oscuridad, siempre con la sensación de que la casa se lo tragaría por completo. Pero siempre con su misión en mente.

Los excéntricos gustos de aquella familia podía ignorarlos fácilmente, sin embargo lo que no pudo dejar de admirar fue aquel enorme retrato de la difunta señora Potter. Hermosa, realmente una belleza increíble, suave y delicada, con un toque de cruel majestuosidad. En verdad fue una prueba existente de la belleza cruel. "¿Hermosa, verdad?" habían sido las primera palabras que el señor Potter le había dirigido.

El amo del lugar se había aparecido de la nada. Había surgido de entre las sombras de su hogar, tan silencioso y escurridizo como la oscuridad. La primera impresión que le dio, fue la de una efímera figura espectral que vagaba por el lugar. Después de todo, sus vestiduras negras se mezclaban con la penumbra del lugar. Y lo único que se lograba ver era la pálida mandíbula, el sombrero negro y puntiagudo hacía su trabajo, escondiendo su faz casi por completo. Aunque tampoco necesitaba ver el rostro del hombre. Su mente velozmente había dibujado las gallardas facciones de piel pálida, cabellos tan negros como la noche y ojos castaños fríos y apagados, sin vida, sin alma.

Había pasado varios días bajo las torturas de aquel ser, que lo miraba todo sin decir o hacer absolutamente nada. No había tortura que amedrentara a ese hombre o quizás escondía su asco tras la sombra del sombrero negro que llevaba. Pero lo encontraba muy difícil, porque él llegaba, se sentaba y lo observaba todo, en silencio. Todavía su compañero, hacía muecas de vez en cuando y en algunas ocasiones salía del lugar, según Black: "Para tomar un poco de aire." Era un cobarde, aunque de estar en la situación de él, también buscaría un respiro de aquel aire viciado de sangre, carne putrefacta y huesos rotos.

—Entonces señor...¿Cómo dijo que se llama? —preguntó Sirius mientras se servía unos canapés.

Las cadenas que sostenían su lacerado cuerpo chillaron un poco. A lo lejos un sonido agudo se escuchó. Ratas lo más probable, porque nadie más bajaba a aquel lugar, sólo el dueño de la cámara de torturas y su amigo entraban.

—¿Por qué no viene y me lo pregunta?

Sirius rió. —¿Y ensuciarme mis nuevos zapatos? No gracias. Sabes, la sangre es algo difícil de quitar.

—Entonces usted ya no se puede ensuciar más.

La sonrisa de Sirius desapareció. Quien lo iba a pensar, el Black renegado, que despreciaba las creencias de su familia, se había convertido en lo que un Black era: un asesino torturador.

Sirius se levantó de su asiento y fue hacía el hombre que colgado del techo por las manos, apenas si le miraba a través del ojo que medio podía abrir.

—Supongo que ninguno de los dos —sinceró Sirius—. Pero hay una gran diferencia, yo no lo hago por diversión.

El hombre rió en su cara, pese a que todos los músculos los tenía destrozados o dislocados.

—¿Entonces qué es esto Black? Te ofreces para la unción de los santos oleos.

—No, se llama tortura psicológica. Tú sufres, mientras nosotros tenemos una confortable y agradable charla. Es menos bárbaro que el uso del potro, la horquilla del hereje, las máscaras infamantes, el collar punitivo, la dama de hierro, y el preferido de la casa; la rueda.

—¿Y no lo disfrutas?

—En general...no. Pero creímos haber escuchado de Sally que tenías algo más que decirnos.

—¿Podre salir de aquí?

Sirius se encogió de hombros y se sentó en sillón de antes, que le daba la espalda al hombre.

—¿Cuándo has visto que yo libere a alguien? —dijo tras un largo silencio James.

Era verdad, todos los que se adentraban en la mansión Evans, jamás salían. Era por eso que la recompensa por ir y salir vivo del lugar era enorme y demasiado tentadora para dejarla pasar. Grave error, pensar que se puede ser más inteligente, que toda aquella fortaleza.

—¡Te dije lo que querías!

—No todo, pero si un poco de información...—el hombre se rascó la barbilla buscando la palabra más adecuada—. Interesante.

—Son los planes más recientes del señor Oscuro. ¡Debes ser más...!

—¿Por qué? . ¿Le habrías mostrado tú misericordia a mi familia? —el hombre encadenado levantó el rostro completamente mallugado—. No, y no trates de mentir. Sí te dejó libre serás una constante preocupación, serás un potencial asesino de mi familia, con conocimiento de mi casa. Además ¿Qué te hace pensar que Voldemort te dejará vivir para contar lo que sabes? —el hombre bajó la cabeza—. Quizás te deje hablar y luego te mate, sería lo más natural de un ser como él. Así que, o mueres en mis manos o en las de Voldemort ¿En qué dilema me pones verdad? —ironizó.

—Él tiene planos de tu casa.

James alzó una ceja. —Falsos. ¿cierto?

El hombre alzó la cabeza, desconcertados.

—Uno de sus hombres regresó. Roggers.

—Él está muerto.

—Ahora, creo que sí. Y aunque siguiera vivo yo no me dejaría ver ni por mi madre. Quedo en verdad muy mal.

—Él dijo.

—No me interesa.

—Mintió.

James suspiró y puso los ojos en blanco. Era obvio que Voldemort había estado enviando a sus secuaces a la casa de los Evans, para saber si lo que tenía era verdadero o falso. No había otra forma de saberlo más que ir hasta la casa y revisarlo. Pero como ninguno había regresado, Voldemort no sabía si era verdadero o falso.

—Piensa mandar algunos de sus secuaces a unirse a Eduard Freeman. Le hará una propuesta interesante por tu cabeza.

James se cruzó de brazos desde su lugar. Así que Voldemort uniría fuerzas con Eduard, o lo intentaría, porque Eduard era un cabezota que odiaba a todo aquel que tuviera que ver las artes oscuras. No soportaba a Voldemort, ni a James. Que Voldemort se preocupara por eso.

—Me siento benévolo. Si el próximo que llegue aquí es auror, te dejaré ver como se muere, si es mortífago, acabaré contigo rápidamente. —Una gran O, se dibujó en el rostro del hombre—. Buena suerte Newman.

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El hombre de los cabellos plateados caminaba aprisa por los pasillos de su pequeño reinado. La luz de las estrellas iluminaba su camino, así como su cabellera. Blanco y blanco se juntaban y jugaban con los destellos azules y plateados. Parecía como si en vez de cabellera tuviera agua en la cabeza y la barba. Su túnica azul claro, no hacía más que acentuar su fantasmagórica y mística presencia. Quien se topará con él, bien podría pensar que era un fantasma o alguna alucinación semejante.

Con la agilidad de un hombre en el cenit de su vida, subió las escaleras que la gárgola custodiaba. Cuando entró en su despacho, descubrió que su invitado le esperaba.

—Buenas noches Albus.

—¡Buenas noches James! me sorprendí cuando me dijeron que ya habías llegado. Pensé que vendrías mañana.

Su antiguo alumno le miraba fijamente a través de sus gafas de montura redonda, acentuando aún más con éstas, lo hundido de sus ojos cafés; cansados y desprovistos de esperanza. Parecían los ojos de alguien que sólo ha visto la soledad y el dolor. El mundo le había abofeteado fuertemente varias veces.

La negrura de su cabello largo amarrado en una coleta y la oscuridad de sus ropas, no hacía más que destacar su descolorida piel. Si bien James, no carecía de color en la piel como su primera esposa, su antiguo tono rosado saludable, se había esfumado para dejar un cenizo y débil color carne.

Negro, negro y más negro. De pies a cabeza todo lo que él portaba era de ese lóbrego color, algunos pensaban que era debido a que a pesar de tantos años, aún le seguía guardando luto a su amada esposa. Otros decían que era una forma de afirmar sus macabras acciones. De no ser por Voldemort, a él bien le hubiera bautizado como el Señor Oscuro, por lo sombrío de sus ropas. Aunque también hubieran podido llamarle el Señor Ostentoso, debido a que sus atuendos siempre incluían joyas. Otra sutil provocación de su parte, para mostrarle al mundo que tan poderoso era.

Ese día portaba diamantes; en sus manos, su túnica, y sus zapatos.

—Yo también, pero me cancelaron una cita. Al parecer alguien ha reconsiderado la idea loca de querer registrar las propiedades de Seth en Budapest.

—Seth Evans, un hombre absolutamente desconcertante. Jamás le escuche decir una sola palabra, Enio hablaba por los dos. —James sonrió al escuchar aquella breve descripción de una de las peculiares formas de ser, de sus suegros—. Sigue siendo un misterio su muerte ¿verdad?

—Los mortífagos hacen las cosas así.

Dumbledore se llevó una mano a la barbilla. Una risa infantil invadió aquel silencio que se produjo. Albus se enderezó y observó a su ex-alumno. Otra vez aquella risilla infantil resonó por el lugar.

—¡Hola! —exclamó una vocecita tras las capa negra de James, del lado derecho. Una nueva risita se escuchó—. Hola. —La misma carita redonda de ojos castaños claro y cabello negro rizado desordenado le saludo del lado contrario.

—Olvide mencionarlo, traigo compañía.

Albus le sonrió al niño que le miraba tras las piernas del hombre de lado izquierdo. Dumbledore forzó a su cerebro, antes de decir: —Hola Demian.

Una risita estalló nuevamente. El niño apareció de lado derecho y le sonrió con un travieso brillo.

—Espero que no importe.

—Está bien James, para ellos las puertas de Hogwarts siempre estarán abiertas.

James asintió. Dumbledore fue hasta su escritorio y lo rodeó para tomar asiento. Albus observó al niño bajar por las escaleras.

—¡No! —dijo James en voz alta, al tiempo que se sentaba, en la silla que estaba frente al director.

Tras uno de los pilares el niño sonrió traviesamente.

James suspiró pesadamente.

—Déjalo James, tengo muchas cosas. —James se encogió de hombros, no era nadie para cuestionar la autoridad de Dumbledore en Hogwarts.

—¿Y a que viene tu llamado? Harry ha estado divirtiéndose últimamente. —"Diversión" era la palabra que James usaba para denominar cualquier hecatombe que Harry pudiera crear—. O tal vez esta vez es Kali.

Dumbledore negó con la cabeza. —Ninguno de los dos James. Es sobre la Orden.

James abrió la boca. —¿En qué te puedo ayudar?

—Necesito que escondas por un tiempo a algunas personas.

—¿Mortífagos reformados?

—No, James. Se infiltraron en las redes de Eduard Freeman.

—¿Mortífagos con Freeman? Bueno no es nada nuevo, no se sabe en quien confiar en estas fechas.

—No eran mortífagos, pero lograron sacar información valiosa.

James alzó una ceja, le era difícil de entender, pero cuando Dumbledore no quería hablar, no decía nada. Una risa infantil estalló a sus espaldas, mientras que algo se estrellaba contra el suelo.

Dumbledore alzó la vista para ver al niño reírse con un dedo en la boca. El niño le guiñó un ojo y se escondió entre los cachivaches de Dumbledore. Otra vez comenzó la risa, el niño salió de uno de los pilares de la sala y se volvió a meter por el mismo. Albus parpadeó desconcertado.

—Favian, vuelves a tirar otra cosa y tendré que castigarte.

La risa del niño parecía un manojo de cascabeles danzarines. El chiquillo de cabellos negros salió por debajo de la mesa y corrió a meterse en el pilar derecho. La cabecita con cabellos negros salió del pilar izquierdo y les sonrió a los hombres. Se escondió y volvió a aparecer del lado derecho.

Albus sonrió con una chispa de diversión en sus ojos. Así que se encontraban los dos, nunca lograba distinguir a ese par. Eran como dos gotas de agua, no había nada que fuera diferente en ellos.

—Lo repararé. Últimamente no puedo detenerlos, rompen todo a su paso. Son más traviesos que Harry y Kali juntos. Viene en la sangre supongo —dijo James sonriendo—. Debían quedarse en casa, pero se me han pegado a la piernas, no tuve más remedio.

Albus observaba a los dos niños corretearse por el lugar, mientras reían y se hablaban en ese extraño lenguaje de los gemelos. James se levantó e intentó calmar a los niños, pero se quedó en medio de un seguimiento en círculo de los niños.

Su alumno había cambiado drásticamente desde la muerte de su primera y más amada esposa. Nada había vuelto ser igual en él, ni física, ni mentalmente. El James optimista, bondadoso, ingenuo y alegre, había sido enterrado con Lilian. Toda la alegría y luz de su vida, se habían ido con ella. Ahora no era más que una máscara de dolor y tristeza, los únicos que lograba sacar de él la vieja sombra de su empolvado y enmohecido otro yo, eran sus hijos.

Sus hijos eran los que mantenían a James cuerdo y no tan sepultado en aquel viciado ambiente en el cual se había metido. Sus hijos hacían en él la diferencia entre el hombre de hierro y el hombre cruel. Albus no sabía si en verdad su ex-alumno había cometido todas aquellas atrocidades que se le imputaban. Sin embargo sí estaba seguro de algo, si James tuvo que hacerlo, era debido a su familia.

Los rumores acerca de la familia Potter-Evans eran demasiado horrorosos. Voldemort les perseguía, el ministerio les acechaba, la misma Orden vigilaba continuamente a James. Los ataques les llegan por todos lados, sólo se tenían a sí mismos y la ayuda de los mejores amigos de James, pero eso no era suficiente para protegerlos. El animal que es atacado reacciona con violencia. El hombre que ve amenazada a su familia, está dispuesto a pasar por encima de cualquiera.

—¿Podemos, podemos, podemos, podemos? —preguntaron los niños con insistencia. James se pasó una mano por el cabello que llevaba amarrado—. ¡Pa, pa, pa! —Cada uno tiraba del lado contrario de la túnica de su padre.

—Pero no vayan a hacer ninguna travesura.

Los gemelos sonrieron maliciosamente. —¡No! —Ambos salieron corriendo del lugar en medio de gritos y jaleos.

—Espero no causen problemas en los pasillos —dijo James, mientras cerraba la puerta—. Así que tengo que esconder a unos cuantos en algún lugar perdido. ¿Cuánto tiempo?

—Unos tres o cuatro meses, lo necesario para rearmar toda una historia de nuevo.

James asintió, mientras ponía su mente a trabajar. —¿Algo más?

—El Ministerio intentará entrar de nuevo a tu casa James. Deberías ser más amable con ellos.

—¿Es el Ministerio amable conmigo? —espetó—. Pueden intentar todo lo que quieran.

—Ese lugar es...un buen refugio, pero no es impenetrable James.

Lo sabía, James lo sabía de sobra, sin embargo aquello no le preocupaba demasiado. Aquel que osara adentrarse en la oscuridad de sus pasillos, estaba condenado a soportar diversos horrores.

—¿Tienes algo nuevo para mí?

Albus sabía reconocer cuando desistir de hablar de un tema. —He escuchado que Voldemort quiere entrar en Hogwarts.

—Ya está en Hogwarts —dijo James secamente.

—Me refiero a tomarla, incluso colocarse como director.

James rió. —¿Y qué va ha hacer? Convertir a Hogwarts en su centro de entrenamiento. Seguro que quiere convertir a todos los alumnos en aprendices de mortífago. Ya me imagino, puntos extra por cada uno que mate a un muggle o sangre sucia. —El hombre reía de su absurda idea, sin embargo a Dumbledore no le parecía en lo absoluto divertido—. No podrá entrar a menos que reciba ayuda. Y claro para eso están Malfoy y sus secuaces, hasta el tonto de mi sobrino Dudley, ese chico es aberrantemente parecido a su padre, hasta cuando Harry le puso orejas y cola de cerdo, me pareció ver a su padre.

—Esa es una grave acusación James —dijo Albus tranquilamente.

—Pero es verdad y lo sabes. Lucius es un mortífago y hará cualquier cosa por ayudar a su señor. Tendrás que vigilar a todo Slytherin, claro que a mi Kali no.

—Hay un mortífago perdido James.

—Y decenas de magos —añadió.

—Fue visto por última vez en un bar, en donde aseguró que entraría y saldría de tu casa con información.

—Tal vez se perdió en el camino.

—Sólo tenía curiosidad.

James se enderezó. —Agradezco tu confianza. Últimamente no he parado de esquivar acusación, tras acusación. Me daría igual, pero con Kitty en un estado tan delicado comienzan a exasperarme. No es fácil lidiar con dos adolescentes que no se llevan nada bien, dos niños hiperactivos, un amigo narcisista, los problemas matrimoniales de un hombre lobo, las dudas existenciales de otro, un Ministerio de Magia tan pesado, una Orden tan desconfiada, la publicidad de Rita Sketter, el fastidioso de Voldemort y una mujer embarazada, creo que lo último es lo peor.

—Voldemort va muy en serio tras la información James. Me interesa este último mortífago perdido porque tenía información sobre los últimos movimientos de Voldemort, pertenecía al círculo interno. No era muy cercano, pero...Voldemort ha comenzado a hacer alianzas con el exterior.

James cruzó sus brazos. —Hay mortífagos en Francia, Escocia, Alemania, España, Rumania, Países Bajos, Noruega y Finlandia. Quiere empezar a cimentar sus ideas, poco a poco. Aunque creo que ha recibido mucha aceptación en Noruega y Rumania. No nos caería nada bien una invasión de vampiros o de magos en estado Bersek.

—Así que, sí pasó por tu casa.

—No, yo me paseé por el callejón Knocturn. Tengo muy buena recepción ahí. Sirius hizo el resto, los aurores escuchan más de lo que dicen. Además Vanesa y Remus hacen su trabajo muy bien y Peter también.

Albus observó a James dar aquella información, como si diera las noticias del clima. Él también sabía más de los que decía, mucho más.

Cuando Albus se enteró de todas las atrocidades de las cuales le señalaban por culpable, lo primero que se le vino a la mente, fue un complot en su contra. Los familiares más allegados de Petunia Dursley —antes Evans—. Deseaban la caída de James, obviamente acusarle de la muerte de Seth y Enio, era una acusación muy buena y no falta de pruebas. Después de todo, el matrimonio de Lily y James inició de la manera más inapropiada. James no tenía las mismas creencias que los Evans, tenía una educación distinta, ideales diferentes; James no era lo que deseaban los Evans para que seguiría el linaje. Sin embargo al ser el esposo de Lily, se hacía merecedor a toda la herencia de los Evans. Suficiente razón para matar a unos suegros en verdad desagradables.

Naturalmente James ganó y muchos creyeron en su inocencia. Meses después la culpabilidad era casi evidente. Al menos sí se le veía como el culpable de la muerte de mortífagos, aurores y civiles por igual. Poco a poco los rumores sobre la sangre fría de James se fueron extendiendo hasta el punto en que el mundo se volvió en su contra. Al menos las personas que no le conocían.

Dumbledore sabía que el antiguo James era incapaz de matar a alguien. Era un joven arrogante que solía hacer bromas crueles y lastimar irracionalmente a un compañero. Pero jamás atentaría contra la vida de alguien, ni siquiera contra la vida de su antagónico —Severus Snape—. Sobre el alcance de éste James, no tenía idea. Sus manos estaban manchadas de sangre, no había duda. Pero Dumbledore estaba seguro que James no mataba por negocios o placer; defensa era la única opción que le quedaba.

Si bien en la lucha contra Voldemort, James prefería hacerla por su parte, la lealtad hacia Dumbledore era grande. James no era como la mayoría de la gente que pertenecía a la Orden —y la Orden no le tenía mucha confianza—. Sin embargo había algo que todos sabían claramente, era un gran aliado, pues él era un magnate con dinero y libertad sin límites. Las conexiones que tenía en el Ministerio eran suficientes para mover los hilos delicadamente por detrás. Se abría paso entre las filas de aristócratas con gran facilidad y tenía oídos y ojos por muchos lados. Tenerlo como enemigo, resultaría mucho peor.

La puerta se abrió sacando a ambos hombres de sus cavilaciones.

—Padre.

James se levantó y caminó hacía su primogénito.

—Hijo. ¿Qué tal la escuela?

Harry se encogió de hombros con las manos en los bolsillos de la túnica. —Supongo que bien.

—¿Divirtiéndote?

Harry dibujó una gran sonrisa en su rostro. —Mucho.

James se volvió hacia Albus y dijo con orgullo—: Ese es mi hijo.

—Lamento llegar así. Vi a Demian y Favian y...

—Está bien Harry —Dumbledore le sonrió afablemente—. Llame a tú padre, para arreglar algunos, asuntos. El consejo escolar lo puede nombrar miembro.

—Claro —aseveró James—. Y venía a pedirle consejo a Albus. No sabía si conseguir votos amenazando a la gente o torturándola.

—Interesante —terció Harry—. Voto por la segunda.

—Lo vez Albus, la diplomacia sin sutileza no es diplomacia.

James y Harry rieron. Negro, el humor del padre y del hijo era negro.

Padre e hijo se miraron por unos instantes, antes de que el silencio comenzara a ser incomodo.

—Supongo que ya debo irme, aunque me gustaría hablar con mi hijo a solas. ¿Puedo?

—Iré a las cocinas, hay algo que debo arreglar. No te pierdas el postre de esta cena Harry, te gustará.

—Seré puntual señor.

—No hay problema si voy en busca de mis demonios por mi cuenta ¿verdad? —dijo James recordando que le hacían falta sus acompañantes.

—Toma tu tiempo James. Aunque a estas horas ya deben de estar intentando evadir a Hagrid para correr por el bosque.

—O molestando a un Slytherin. —El hombre se encogió de hombros—.Viene de familia.

Dumbledore salió por la puerta trasera del lugar.

Harry esperó las órdenes de su padre con una sonrisa en los labios. James le indicó que fuera por delante y así ambos salieron del despacho de Albus Dumbledore.

La luna era una fría compañía silente. Vigilaba sus pasos y los iluminaba, mientras les mostraba su bella blanca cara. Sonriente, la traviesa dama blanca les espantaba las sombras, a las que ellos tanto se aferraban.

—Los vi en el mapa —rompió Harry el silencio.

—Ajá.

—¿Algo va mal?

—Aparte de que estamos en guerra, no, creo que no. —Harry soltó un bufido largo y pesado—. Me ha llegado cierta información.

—¿De los sin rostro o de los arrogantes?

—De los sin rostro. Atacarán Hogwarts.

Harry frunció el ceño. —Es imposible entrar a Hogwarts por la fuerza.

—Difícil, mas no imposible.

—¿Alguien más sabe del pasadizo del sauce boxeador? . ¿Qué hay de Honeydukes? —James se encogió de hombros—. Crees que es posible.

—Creo que entraran con ayuda Harry.

Las cripticas palabras de James, bastaron para que Harry comprendiera por completo.

—Y quiero que te alejes. —El chico se detuvo—. No estoy seguro de lo que buscan, pero no dudaran en quererte llevar con Voldemort. —James miró a su hijo a los ojos, colocando sus manos en los hombros del chico—. Esto no se trata de valentía o poder Harry. Creo que puedes contra ellos, pero no es el tiempo y sabes perfectamente lo que sucedería si te atrapan.

—Te volverías completamente loco.

—Me entrarían unas ganas enormes de apuntar mi varita a tu arrogante trasero y expulsarte todos los demonios, sí. —Harry sonrió, era la manera de su padre de decir que perdería por completo la razón.

—Sin embargo padre, averiguare lo que pueda. —James asintió y soltó a su hijo—. Ya me lo temía. —Su padre alzó una ceja—. Hace unas noches, Draco me invitó a tomar el té, a solas.

—No volverás a acercarte a Sirius, te está pegando sus mañas.

Harry rió. —Dijo que la familia me recibiría con los brazos abiertos, que limpiaría el nombre que mi madre ensucio. —Harry sintió la sangre correr por las venas de su padre, cualquier insulto a su esposa era pagado con la máxima de las penas—. Naturalmente le dije que era un idiota. Sé que debí enviarlo una semana por lo menos a la enfermería, pero no deseaba pasar otra noche con Filch.

—Otra vez con lo mismo. Esos nunca se cansan, en verdad.

—Esta vez mencionaron, algo sobre hacerle daño a Kali o a los gemelos. Hermione cree que sólo era un intento de intimidarme, Ron cree que iba en serio, pero no lo sé papá.

—Cuida de tu hermana Harry.

—Yo no tengo hermanas —aseveró el chico rudamente.

—Mucho cuidado con tus palabras jovencito.

—Tú la adoptaste, eso no la hace mi hermana en ningún sentido.

—La sangre no te hace parte de una familia Harry.

—Mis tíos son diferentes, papá. Y Petunia no tiene que ver aquí. Ok, ok, papá deja de mirarme así, veré que no haga tonterías.

—Ten mucho cuidado Harry, no te fíes de nadie. Y mantén a los chicos fuera de esto, no será nada agradable.

—¿Sabes cuándo sucederá? . ¿De eso hablaban Dumbledore y tú?

—No, Dumbledore sólo sospecha, pero yo sé que sucederá. No sé cuando, aún no lo han decidido. En cuanto lo sepa, te lo hare llegar y espero que no te metas en problemas.

Un escalofrío recorrió la espalda de Harry. El término "problema" era una palabra que su padre reservaba para indicarle que no metiera las narices en determinados asuntos o terminaría siendo castigado severamente por él. Y ¡vaya que había muchos problemas de esos en su familia!

—Muy bien, ahora...¿a donde habrán ido esos dos?

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Hermione miraba constantemente la entrada del gran comedor.

—Ya volverá y nos contará. El pastel de manzana ha estado especialmente delicioso. ¿No quieres?

—Ron por favor, preocúpate por cosas más interesantes.

El pelirrojo negó con la cabeza y cortó un pedazo de su pastel. —Ya le conoces, hace lo que le place.

—Al menos debió decirnos con quien iba.

—Tal vez con una chica y no quería que tú te entrometieras.

Hermione le devolvió una mirada muy dura. —Él sabe que eso no me molesta Ron, y siempre nos avisa cuando va a salir con una chica. Esto es imprevisto.

—¿Crees que sea de nuevo Draco?

—Tal vez.

—O tal vez Kali. —Hermione soltó un sonido de exasperación. Si había alguien a quien Hermione odiaba más que a Draco Malfoy y las predicciones de Sibil Trelawney, esa era Kali H. Potter. Hermana adoptiva de Harry, tres años mejor que él—. He escuchado que ha causado problemas.

—¿Cómo sabes eso Ginny? —le preguntó su hermano.

—Me acabo de enterar.

—Un segundo¿desde cuándo estás escuchando?

Ginny puso los ojos en blanco y se dispuso a comer un bollo de chocolate.

—No termino de entender —dijo Ron repentinamente. Las dos chicas le miraron desconcertadas—. Como alguien como Dudley puede ser primo de Harry.

—Como alguien como la señora Dursley puede ser hermana de la difunta señora Potter —exclamó Ginny—. La señora Potter era una hermosura.

—Me da un poco de miedo.

—No me gusta su madre —apoyó Hermione.

—Pero era hermosa.

Unas jóvenes de Ravenclaw comenzaron a cuchichear en una voz más alta de lo normal, mientras que muchos comenzaban a señalar. Minerva McGonagall detuvo la conversación que tenía con Madame Sprout para ver lo que sucedía. Al parecer no era nada importante pues ambas mujeres se dirigieron un par de palabras antes de salir del comedor, por la puerta de los profesores. Las chicas parecían encantadas mientras los jóvenes miraban con algo de recelo. De pronto una risa eructó del Gran Comedor. Todos al comienzo de la entrada, reían.

Draco Malfoy y su pandilla avanzó entre la gente con su típica arrogancia. Dudley y Nott precedían a Crabbe y Goyle que eran los que abrían paso. Duldey hizo un comentario que hizo reír a los Slytherin. En cuando Draco se encontró en primera fila, el asco en su cara se hizo evidente.

—Algo no va bien.

Hermione y Ron se levantaron seguidos por Ginny. La gente que se aglomeraba era bastante.

—¿Qué sucede Seumus? —le preguntó Ron.

—Yo los he visto antes —murmuró Neville—. Creo que son parientes de...

Hermione se abrió paso a través de los chicos sin sutileza.

—¡Demian, Favian! —gritó la joven.

Los niños que se encontraban en el centro de todo aquello, prestaron atención a la chica y le sonrieron traviesamente, mientras agitaban sus manitas.

—¡Nena lista! —exclamó uno de ellos—. Ella es lista, no como tú. Rubia.

Hermione abrió los ojos sorprendida, al ver como el pequeño insultaba al Slytherin más orgulloso. Ron por el contrarió rió, como todos los demás.

—¡Mocoso!

—¡Tonto, tonto, tonto! —corearon los dos mientras brincaban en círculos—. ¡TONTO!

Draco Malfoy avanzó hacía ellos, con varita en la mano.

—Juega, juega, juega —los niños giraban en círculos.

—Yo alejo, hasta el más valiente en la batalla —dijo uno de los gemelos.

—Y yo hago, que te paralices en la querella.

—Juntos o separados, ambos te hacheamos —entonaron ambos—. En todo momento y en todo instante, en tu corazón estamos. Y ni en la muerte te abandonamos. Pues atormentarte es nuestro trabajo, que para ayudar a nuestro padre ¡Con gusto aceptamos! —Las caras de los presentes cambiaron, era una rima bastante macabra—. Tonto mago, pon tu cerebro a trabajar, e intenta adivinar¿quién soy yo?

A Hermione siempre le daba mala espina cuando esos dos entonaban esa fea canción, sabía que era el juego favorito de los gemelos: adivinar quién es quién. Pero la rima, era espeluznante, sin embargo no se podía esperar nada alegre, de la familia Potter.

Draco estaba visiblemente confundido, los conocidos sabían de qué iba el asunto, sin embargo los demás no entendían lo que sucedía.

—Tú eres Demian y tú Favian —dijo Ron.

Los niños le sonrieron a Ron y le guiñaron un ojo. Después rieron fuertemente y se dirigieron a Draco. —¡Rubia, rubia, no tienes idea, porque no tienes sesera!

La punta de la varita de Draco se iluminó. Y en sus ojos se dibujó una clara advertencia.

—Jugando con su primo preferido —exclamó una voz.

Draco apretó la varita fuertemente en su mano y sintió la furia recorrerle de pies a cabeza. El chico se enderezó y se giró para ver, al ser que le habían enseñado a despreciar.

—Buenas noches Draco, chicos —dijo James tranquilamente, observando a los jóvenes detrás del rubio—. ¿No hay un saludo para su tío?

El asco era bastante evidente, las caras llenas de repugnancia en ambas partes era notable, sin embargo como buenos magos de la hipócrita aristocracia se saludaron cortésmente. Y varios, "Buenas noches tío" salieron de la boca de los jóvenes. Aunque todas las palabras fueron dichas masticadas con los dientes y con dificultad debido al enojo.

—¡Harrymado! —gritaron ambos niños lanzándose a los pies de su hermano.

Harry se vio envuelto por cuatro brazos, que le tiraban por todos lados, en medio de agudos gritos de palabras que no alcanzaba a distinguir. El chico de Gryffindor le lanzó una mirada de auxilió a su padre. Quien se limitaba a observar la escena con indiferencia.

James luchó por evitar que una sonrisa acudiera a sus labios en medio de la concurrencia y es que los ojos verdes de su hijo, le recordaban a los de la madre, quien horrorizada ante los llantos de su hijo le pedía ayudaba para descifrar que era lo que le sucedía.

—¿Padre?

De entre los Slytherin una joven salió. Estaba en la plenitud de la adolescencia temprana. Sus llamativos cabellos rojo estridente enmarcaban unas facciones delicadas y altivas, que destacaban sus profundos ojos negros.

—¡Kaqui! —chillaron los gemelos.

Harry con sus dos medios hermanos a su alrededor, pudo sonreír sinceramente. Aunque la sonrisa le duró muy poco, pues su padre no tomó ese apodo muy bien que digamos.

La joven se acercó a su padre y le saludo muy efusivamente, mientras que él se limitaba a dejarse abrazar y besar por la joven.

Delante de la gente, los únicos que demostraban afecto eran los gemelos y Kali. Harry, James y Leira eran más fríos. Esa era una de las tantas cosas que diferenciaban a Harry y Kali, uno de los probables temas de discusión de los jóvenes.

—Buenas noches Kali.

La joven se miró las manos avergonzada, mientras Harry sonreía. Murmuró algo indescifrable, mientras James iba hacía los gemelos.

—¿Quién soy? —preguntaron los gemelos.

James cruzó los brazos y les miró fijamente, tras un breve tiempo avanzó hacia ellos y dijo:

—Tú eres Cas. —Agarró a uno de los niños por el brazo—. Y tú eres Tigo. —Tomó al otro.

Ambos soltaron un gran: "¡Buuuu!"

A pesar de los forcejeos de los niños, la fuerza del señor Potter logró contenerlos en pocos segundos. Una mirada bastó para que los niños dejaran de retorcerse y se tranquilizaran. Con un niño en cada brazo James miró a su primogénito.

—Nos vemos.

Harry le hizo una leve inclinación con la cabeza. Kali le despidió con su mano y James se limitó a asentir con la cabeza.

Padre e hijo eran aterradoramente similares, los mismos gestos, la misma altura, la misma complexión. Sólo los separaba el color de los ojos, la cicatriz en la frente de Harry y el paso de los años en la cara de James. Sin embargo ver al señor Potter era como ver el futuro de Harry, la misma pálida y ceniza piel, los ojos hundidos, desprovistos de vida, esa expresión fría y vacía. Hasta la misma presencia parecía que iba a estar calcada. Demasiado poder, demasiada presencia, demasiada maldad, la simple presencia del señor Potter había congelado al alumnado.

En completo silencio, el señor Potter comenzó a dejar el gran comedor con sus dos hijos menores, uno en cada brazo. No tenía que pedir permiso para pasar entre los alumnos, ellos mismos se movían velozmente intentando no interponerse en el camino del temible señor Potter.

—¡.¡Ataque en Cornualles de mortífagos!.!

El gran comedor estalló en gran alboroto, los jóvenes comenzaron a cuchichear ruidosamente.

—Hubo varios muggles y magos muertos.

Las caras extremadamente pálidas se hicieron presentes. Cualquiera podía haber perdido un familiar esa noche. La casas de color rojo, azul y amarillo lucían estar muy preocupadas, la única que se encontraba medianamente serena era la casa del color verde/plata.

—¡James!

El hombre que le llamaba no necesitaba alzar la voz para llamar su atención, media el doble de alto que el humano promedio. Además él conocía de sobra al guardián de las llaves y guardabosques de Hogwarts.

—Buenas noches Hagrid.

El gigante se abrió paso hacía James a gran velocidad. Harry observó como Hagrid se inclinaba para decirle algo a James por lo bajo. Su padre tenía un semblante pensativo, en cuanto Hagrid se fue, James miró a sus dos pequeños, les dijo algo y estos sonrieron.

James dio media vuelta y fue hasta Harry.

—Estas a cargo de estos dos —le dijo secamente mientras bajaba a Demian y Favian.

Harry agarró a sus dos hermanos y frunció el ceño, deseando preguntarle más detalles a su padre. James se acomodó la capa y sencillamente respondió.

—Serios Problemas.

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Las confesiones de Kirsche:

Pues…mjujuju, comenzamos con los problemas. Y empezamos a conocer a la "familia" Potter. ¿Qué les ha parecido?

Muchas gracias a todas aquellas lindísimas y preciosas personas que han dejado sus opiniones, sobre esta segunda saga ¡os adoro! -.

Reviews: noiraaa, Vensa, Neyade, Clawy, Dark Guy, eglantier, Undomiel de Vil, Lettice-Evans-Potter, Ginebra, alesiiiiiitaaa, BlancEspirit, Kaori Potter. Sandy0329, CaRmEn EvAnS, pikita45, Kaito Seishiro, SarhitaPotter, camislafann: Os he respondido via reply, si no les ha llegado su contestación avisenme.

Tomoe: Amiga mía…pues noticias mías creo que vas a tener. ¡Os pido no decir nada! (me refiero a comentarlo con otras personas. Debes prometerlo.) Y pues, la pequeña hermana de Harry, no se llama Lily, se llama Kali y uuh, creo que no le agrada mucho a nuestro pequeño Harry. ¿Por qué? XXDDD es un reverenda tontería, pero…muy natural. Y pues si las cosas salen bien, nos vemos muy pronto en Con Aroma y después IP, quizás salga antes IP. Nos vemos vale ¡Bye!

Kitsune Blademaster: Aminguinguinguis. Creo que tendre que entrar como la horrible amiga celosa. ¿Cómo que dejarme por una fulana del Ragnarok? X0 eso si no me agrada XXDDDD. Pues espero verte pronto, para darte más noticias de este finc, que se te gusta y que por cierto…se supone, eres editor.

ChikaBPotter: la página, está en nuestra contra. No me ha llegado tu mail nuevamente. Y pues…espero poder hacer lo mejor, para tirarlos de las sillas cada vez que pueda ;) no muchas veces, porque no se vayan a lastimar XXDDD. Haber, os dejo mi e-mail, y así me envías uno a mí. Os pido que en el nombre del pensaje, pongas algo como: Feeling the Wickedness, para que pueda detectarlo de inmediato ¿vale? Pues haber mi mail es: kirsche (guion bajo) himitsu (arroba) hotmail (punto) com naturalmente va todo juntito ¿vale? Pues nos vemos y espero poder ahora sí contactarte.

Prongs: pu's carnal, ya ves, que me tomo mi tiempo, para hacer todo tranquis, que tenemos que evitar en la menor medida posible, cometer errores. Para que ustedes no se me pierdan, pero aquí yo chambeo la más rápido que pueda. ;)

Fefi: ¡Hola! Pues, creo que la mayoría sería feliz si Harry fuera Slytherin, fue bastante difícil tomar la decisión de hacerlo Gryffindor, pero…si hay que aceptar una cosa, es que Harry es Gryffindor y ni modo. Pero vale, un Harry Sly, suena interesante, quizás en otra ocasión :P Y pues, chica aquí vuelo y te mando saludos, esperando la estés pasando muy bien.

Mamyra: ¿Hace cuanto que no escucha ItNoG? Tiene un buuuen rato. Pero u.u sucedió la cosa horrible que los escritores tememos¡se fue la musa! Si, tú crees, la muy caprichosa me dejó colgada. Tengo el capitulo…3 medio hecho, me falta una escena, pero aún teniendo ese capítulo, no sé que poner el cuarto y es por eso que no lo he sacado. Espero un día continuarlo, prometo trabajar en él. Y bueno, no me queda más que agradecerte por tu comentario tan lindo del este primer capítulo. Y pues…X.X haber como nos va de aquí en adelante.

¡Nos vemos pronto!

Dejen Reviews!

Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.

M.O.S.