Capítulo 3: El Régimen de la Perversidad.
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"Vueltos locos en su mal camino,
y desdichados a causa de sus faltas,
sentían asco de cualquier alimento
y estaban a las puertas de la muerte."
(Salmo 107)
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Ella, con su dolorosa y magistral figura negra caminaba por el prado, indiferente a los lamentos de los mortales. Ella, con la luna coronando su helada belleza, liberaba las almas de su pesado cuerpo. Ella, inocente de todo, cargaba con la ira de la humanidad.
¡Oh desgraciada señora flaca! Sobre tus frías espaldas, cargo todas mis penas.
Con los ojos en el horizonte, esta inmaculada dama negra derramó lágrimas por sus inútiles manos, que sólo servían para traer lamentos y gritos, nunca alegría y sonrisas. Girando en redondo observó a los gentiles jinetes del terror.
Cada uno poderoso, cada un hermoso, cada uno desgraciado. Se descuartizaban lentamente el uno al otro sin entender que eran simples mortales, sin entender que la humanidad, no podía jugar a ser Dios. Ojala, ojala que con sus malditas manos pudiera arrebatarles la vida, pero su maldición, sólo funcionaba con aquellos a los que le había llegado la hora y a ellos, a ellos desgraciadamente aún les faltaba un tanto.
Entre los sueños desechos y el amor quemado, observó como nuevamente la perversidad violaba a la bondad. Y ella sólo podía maldecir su nombre.
La huesuda, era una tía con mucho humor. Pues sólo ella, podía juntar a los cuatro hombres más malditos de toda Inglaterra, en medio del desastre y la destrucción. Pese a que los congregados no disfrutaban de las macabras fiestas que esos cuatro organizaban, bailaban tristemente sus desgraciadas melodías, sobre ceniza y astillas.
El caballero de ojos granate observó a su alrededor y se sintió en desvergonzada desventaja; no tenía pensado encontrarse con el caballero de la impura justicia, ni con el hidalgo del trono de juguete. Miró fieramente al gentilhombre de los ignotos secretos y con un hosco gesto comenzó a retirarse.
James observó a Voldemort desvanecerse en las sombras; como de costumbre. Miró a Rufus Scrimgeour y a Eduard Freeman, al ver que no harían nada para evitar la huida de Voldemort, él se encogió hombros. Podría seguirlo, pero sería un autentico suicidio. No estaba preparado para enfrentarse a Voldemort; nunca lo había estado y menos aún con tal despliegue de mortífagos. Él era uno solo.
Además iba a tener que poner su mente a trabajar para evadir las acusaciones que le levantaría Eduard, otra vez comenzaría con su tonta y cansina letanía de que era el aliado número uno de Voldemort. A veces se preguntaba si así, las cosas serían más sencillas. Bostezó y observó los restos del Noxmort matriz. ¿Qué andaría buscando ahí Voldemort? Cualquier chuchería de los Evans lo más seguro.
—Era una lástima —dijo James—. Apenas iba a sacar mis tazas de marfil traídas del Congo, aunque siendo Voldemort le gustarían más las tazas de obsidiana y jade ¿no?
Eduard le lanzó una fría y dura mirada, mientras que Rufus se limitaba a poner los ojos en blanco. La irreverencia de ese muchacho nunca se le había ido.
—¿Qué acaso no era una reunión para discutir el precio del té?
Rufus lanzó un bufido profundo mientras le daba a los aurores la orden de dispersarse y buscar mortífagos o personas heridas.
—Cournalles es la tierra de los malditos Evans —dijo Eduard—. Este es el lugar de la infernal primogénita de los Evans y esta es la casa de té.
Rufus se giró hacia Eduard.
—Que observador eres Eduard —dijo James—. ¿Por qué crees que estoy aquí? Porque quería decirle a Voldemort que le han aparecido nuevas arrugas, por favor.
—¿La tierra de los Evans? —preguntó Rufus.
James se encogió de hombros.
—Ellos nacieron aquí.
James puso los ojos en blanco, ya sabía por dónde iba Eduard. —¿Y luego? Porque no se quedaron aquí.
—Tú dímelo, Potter.
James se llevó una mano a la barbilla. —Porque…porque un lago artificial no pegaba con el paisaje, el mar es más atractivo en esta zona, pero todos pueden tener una casa con vista al mar, sin embargo¿tener un lago propio? Sólo en Escocia y el lago es de la comunidad.
Rufus miró a James y negó con la cabeza. A veces era un tipo muy pesado, pero Eduard tampoco era muy amable con él.
—¿Se han llevado algo del café James?
—Salón de té —le corrigió—. Pues no sé, verás con todo convertido en cenizas es difícil hacer el recuento. ¿Quieres que empiece a jugar a ser Dios para decirte?
—Black estará encantado en ayudarte —dijo Rufus, antes de desaparecer.
James se cruzó de brazos y miró a Eduard.
—Mi último emisario no ha regresado de tú casa Potter.
James suspiró. —¿Tienes la certeza de que llegó?
—Tengo la certeza de que en tú casa hay cosas siniestras y muchos muertos.
—Sí, sí. Ya he escuchado eso, cuando me tope con un cadáver te lo envío. ¿Crees que todos los que están aquí tiesos tienen que ir a tu casa? Es que como me los acabo de encontrar.
Eduard murmuró unas cuentas maldiciones en contra de James Potter antes de dar media vuelta y desaparecer entre el humo y el fuego del lugar.
James alzó la vista y miró todos los cuerpos chamuscados de los magos y muggles. En este lugar había demasiada muerte, a pesar de ser de noche se podía ver el suelo teñido de rojo. Había sido una batalla muy sangrienta, sin sobrevivientes para ningún bando.
—Siempre he pensando que deberías traer tu propio ejército.
James bufó y dio media vuelta. —Por supuesto Sirius, lo haré para ser acusado de armar un ejército en contra del Ministerio.
—No, esa acusación fue para Albus. Y la propició tu hijo.
James sonrió en la oscuridad del lugar, le encantaba que su familia le diera problemas al Ministerio de Magia.
—¿Qué es lo que sabes Sirius? —dijo James, al ver a su hermano muy callado.
—Que te van a multar por tener especímenes prohibidos. O intentarán llevarte a Azkaban, Eduard lo intentará.
—¿Han encontrado alguna de las mascotas de Lily?
—No lo sé, pero creen haber visto Erkling. —James se pasó una mano por la barbilla pensativo—. Eso te costará¿Quién rayos quería tener un asesino de niños en un salón de té?
—Alguien que no quería niños en el salón de té —murmuró James—. Yo no preocuparía por ellos.
—¿Qué puede ser peor que eso?
James sonrió perversamente. —La atracción principal de este lugar el Nundu.
Sirius suspiró, estaban perdidos. —¿Alguna idea de cómo recuperarlo?
—¿Hueles a menta por algún lado? Enio hechizó el aliento para que no causara infecciones, así no tendríamos problemas con salubridad.
Sirius puso los ojos en blanco. Los Evans se preocupaban más por salubridad que por seguridad. Cuanto te agarran con un Nundu de mascota no se fijan si apestaba el lugar o no, el Nundu era una bestia considerada una de las más peligrosas del mundo. El Ministerio se preocuparía más por saber si no se comió a alguien de postre, o por saber si el dueño no lo ocupó para jugar a los cristianos en épocas de Nerón. Y teniendo los antecedentes de James, lo enviarían a la cárcel antes de que dijera: Azkaban.
—¿Y que buscamos aquí James?
James seguía caminando por la planicie sin decir una sola palabra, su mirada cansada vagaba de un punto en la tierra al otro, mientras sus pies se deslizaban suavemente por el desastre que era el lugar. El hombre tropezó con algo, y a base de punta pies levantó algo del suelo. Sirius frunció el ceño y se acercó para ver qué era lo que James había encontrado.
—¡Suelta eso! Ugh, que desagradable, James.
El brazo mutilado de una persona yacía frente a las narices de James. Por el grosor de los dedos y la falta de uñas y finura, parecía ser la parte de un hombre o algo que una vez fue hombre. James parpadeó como si hubiera encontrado algo desconocido y excitante. Sacudió el brazo del muerto haciendo que lo jugoso del brazo salpicara hacía todos lados.
—¡James! —se quejó Sirius.
El hombre le sonrió con diablura y dejó de sacudir la mano. Sirius comenzó a limpiar su túnica de cualquier cosa asquerosa que se le pudiera haber quedado.
—¿A quién tengo que agradecer la idea de un Nundu suelto?
James sonrió al escuchar esa voz, y con el brazo del muerto señaló a Sirius.
—¡Ey! Yo no sabía nada —se defendió Sirius.
—Será difícil de esconder James. ¡Gárgolas Galopantes! Soy tan sólo un funcionario con determinado rango en la sección de Criaturas, no soy Merlín para capturarlo sin que nadie se entere, sabes que sólo…
Pero James estaba más entretenido admirando su nuevo anillo de plata y obsidiana que aun guardaba vestigios de su antiguo dueño. James sonrió ante la cara de enojo de Remus y le dio unas palmaditas en el hombro, con una mano chamuscada y verdosa.
—James.
El hombre le entregó a Remus algo, que el hombre lobo se limitó a tomar sin ver lo que era, ni importarle lo repugnante que resultaba al tacto. James caminó en silencio hasta volver al lugar de donde había recogido el brazo. Sacó su varita y las cenizas volaron alrededor del hombre, envolviéndolo en una nube grisácea y putrefacta.
Remus frunció el ceño y se giró a Sirius.
—Yo que tú, tiraba eso.
Remus miró el brazo mutilado en sus manos, lo soltó al instante buscando algo con que limpiarse, Sirius terminó por darle un pañuelo para que no usara su túnica.
—Eres muy gracioso ¿sabes?
Pero la nube de cenizas se dispersaba para revelar la nada. Sólo fuego, astillas y un brazo con la marca tenebrosa era todo lo que tenían por delante.
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Se aferró a las mantas negras de su cama, mientras esperaba a que aquella horrible criatura de las sombras se fuera para poder dormir en paz. Uno nunca debía confiarse de ellas, en cualquier momento aprovecharían para lanzarse sobre uno y chuparle la sangre o el alma. Había escuchado docenas de historias sobre las criaturas que rondaban su casa y no sabía decir cuál era la más repugnante de todas, pues todas eran iguales. Excepto tal vez por algunas gárgolas, todas las demás le daban miedo.
La entidad maligna y horrible del ser se acercó a él un poco más. Las pesuñas de sus manos se aferraban a los postes de la cama, mientras que con sus diminutos ojos amarillos le miraba intensamente, sus alas se abrieron súbitamente y dejó que su lengua bífida saliera de su boca. Éste no iba a esperar a que él durmiera, atacaría ahora. La cosa brincó sobre de él, esperó impaciente a que las pezuñas del animal se posaran sobre su rostro y con su lengua babosa y bífida le tocara él rostro, sin embargo aquello nunca sucedió.
El animalesco nocturno se retorcía de dolor y chillaba silenciosamente en el techo. Giró su rostro y observó las sombras moverse. Pensaría que fue cosa de su imaginación, pero no era la primera vez que sucedía eso. Sonrió y se recostó en la cama, aparentando volver a dormir. Y ella se volvió a mover. A ella le gustaba observarle desde las sombras y a él, a él le gustaba observarle a través de sus pestañas. Era como si ambos jugaran el mismo juego, te veo pero tú no me vez. Y sólo ellos jugaban, nadie les interrumpía, nadie se interponía.
El golpe le despertó inmediatamente, Harry se levantó con una mueca huraña en su cara. Podría matar a quien se había atrevido a despertarle de aquel hermoso sueño, en donde su madre lo había visitado.
Buscó al causante, cuando esta vez alguien le pateó la pierna. Favian o Demian le había golpeado, Harry se llevó una mano a la cabeza, eran sus hermanos pero nunca sabía quién era quién. Se volvió a acomodar y jaló las sábanas para cubrirse. Pero uno de sus demoniacos hermanos decidió que él no merecía estar tan cubierto, porque comenzó a jalar la sábana.
En cuanto la sábana dejó de deslizarse por su cuerpo, la agarró y la jaló bruscamente. Segundos después tenía dos bultos chillones brincoteando en su cama que le lanzaban manotazos por todo el cuerpo y la cara.
—¡Harrymado despierta, Harrymado es de día!
Harry se quejó y escondió su cabeza de bajó de la almohada que agarraba con amabas manos. Ahora recordaba porque le gustaba estar en Hogwarts, no tenía que soportar a sus dos fastidiosos hermanos. El silencio se hizo y Harry dejó de agarrar la almohada, aquello era muy mala señal. Algo le quitó la almohada y entonces aguanieve le bañó de la cabeza al torso.
Los dos demonios salieron despedidos de la cama y salieron corriendo del cuarto dando chillidos y risotadas estridentes. Harry se levantó dispuesto a seguirlos y darles lanzarles un par de maleficios.
—¿Estás bien Harry?
—¡A ti que te parece Weasley! —bramó, con aquella voz grave y fría similar a la de su padre.
El pelirrojo cerró los doseles de su cama, cuando Harry hablaba en ese tono era mejor no intervenir en cualquier cosa que se le cruzara por la mente; era demasiado peligroso.
Harry buscó su varita, sólo para descubrir que ese par de mocosos se la habían llevado. Sin importarle bajar en paños menores, el chico se lanzó hacia la sala común de Gryffindor en busca de sus hermanos.
—Buenos días.
El gesto iracundo de Harry se esfumó para dar paso a uno de extrema vergüenza.
—¡Harrymado está rosa!
—Señor Potter.
—¡Harrymado está que revienta de roja!
Harry sintió deseos de ahorcar a ese par, pero prefirió buscar algo con que taparse. Por suerte alguien había olvidado una capa en la sala común y con ella se cubrió, aunque no fuera de su talla.
—Buenos días Leira, profesora McGonagall —dijo, cuando se sintió lo suficientemente fuerte para que no le temblara la voz.
—¿Mala noche? —El chico le sonrió a la mujer de su padre, mientras se encogía de hombros—. Ya me los llevo.
—¡Demonios quieren quedarse con Harrymado! . ¡Demonios no quieren dejar a Harrymado! —chillaron los dos niños, al tiempo que corrían a abrazar a su hermano.
Los niños miraron a su madre que sin ningún gesto, sólo a través de su mirada castaño claro les ordenaba soltar a su hermano. Ambos chillaron y patalearon cuando Leira tomó a cada uno por el brazo.
—Nos veremos pronto —dijo Harry, tranquilizando a sus hermanos. Pese a sus palabras y promesas, los chicos se fueron con su madre con una mueca poco agradable en el rostro. El único que lograba controlar a ese par de insufribles niños, era su padre. Una sola mirada de James bastaba para calmar a esos dos…y a toda la familia.
De acuerdo con Leira, era porque esos dos eran tan insufriblemente insoportables como el padre.
—Cuiden a Leira y a nuestra hermanita.
—Va a ser niño —protestó Leira.
Harry se encogió de hombros. La discusión del sexo del nuevo miembro de la familia ya había dado dolores de cabeza a todos.
—Ó hermanito —añadió Harry.
—Nos vemos —fue la seca despedida que Leira le dirigió.
—¿Está bien? . ¿No fue nada grave verdad?
Leira se giró suavemente haciendo que algunos mechones rizados de su castaña cabellera le cayeran por el rostro. Dirigiéndole una mueca de disgusto a su hijastro le contestó: —No sé nada por ése. Y si quieres mi opinión, puede irse mucho al cuerno.
Harry observó a su madrastra irse con una sonrisa en los labios. Su padre estaba a salvo, no había sucedido nada grave, excepto porque había hecho algo que había molestado a Leira, pero su padre y ella se vivían la mitad de su matrimonio discutiendo y la otra tratando de fastidiar al otro. Hasta era sorprendente que tuvieran ganas de engendrar más hijos. Ese par era todo un misterio.
Harry dio media vuelta y comenzó arreglarse para el nuevo día.
Pese a la creencia de todos, él no detestaba a Leira, por el contrario le caía muy bien. Era una mujer-niña bastante excéntrica, con un carácter afable y coqueto para todo el mundo. Excepto cuando su padre se metía con ella, porque entonces se convertía en un dragón enfurecido. Su padre solía burlarse de ella, llamándola: "ratoncito debilucho." Hasta le llamaba por su segundo nombre; que ella detestaba, sólo para molestarla. Decía que iba más de acuerdo a su dueña, pues: Kitty sonaba como chillido de ratón.
La primera vez que había visto a Leira, le había recordado a un ratón; demasiado delgada y demasiado pequeña. Bueno, cuando conoció a Leira ella sólo tenía quince años, no era una edad para decir que era una mujer hecha y derecha ¿verdad? Desde la primera vez que Harry y Leira se hablaron se cayeron en gracia, caso contrario de Kali; pero ella no tiene importancia.
Cuando su padre le informó de la posibilidad de casarse con otra persona. A Harry no le sentó nada bien, de una u otra forma sentía como si fueran a traicionar a su madre. Se suponía que su padre amaba a su madre¿Cómo podía darle su amor a otra mujer que no fuera Lily Evans?
Era muy chico para comprender que su padre no estaba traicionando a Lily, sencillamente seguía su vida como a Lily le hubiera gustado que fuera. Aunque no sabía si pelear con su segunda esposa todo el tiempo fuera algo que su madre quisiera. Tío Sirius decía que a Lily le hubiera encantado ver como una mujer le venía a fastidiar la vida a James, con lo retorcido que era su humor; estaría burlándose de James desde el más allá y afirmaba que venía en sueños para darle a Leira nuevas ideas. Aunque tía Vanessa decía que bien podría estar su madre preparando sus peores maldiciones para torturar a James y a Leira, el orden sería indistinto.
Por su parte Harry se llevaba muy bien con Leira porque era una persona agradable, además él nunca había visto a Leira como una madre y Leira jamás había visto a Harry como un hijo. Eran más bien una especie de amigos.
Además Leira sentaba muy bien en la familia Potter-Evans, había iniciado su matrimonio con un grandísimo escándalo. Tan grande que hasta se equiparaba con el primer matrimonio de su padre. En realidad cada vez que discutía la aristocracia de eso, no sabía cuál había sido peor. Y es que si bien, el primero no fue con mucha pompa y como debería ser, según lo que ha escuchado de todos. El segundo si fue anunciado y con pompa, pero no era la forma de realizarse, sino la edad de los novios. ¡Leira es quince años menor que James! Cuando se casaron Leira tenía quince años y su padre treinta. Hacía más de dos siglos que se no veía nada semejante, eso de casar a niñas con hombres adultos había quedado para la edad media. James hasta podía pasar por el padre de Leira, después de todo Harry en ese entonces tenía sólo doce años.
—¿Me estás escuchando Harry?
Harry alzó una ceja y sonrió. —Por supuesto Hermione, sólo estaba pensando en el tema.
La joven untó mantequilla al pan y continuó la plática.
—Muy bien, porque tengo unas cuantas preguntas que hacerte sobre ese tema. ¿Estás seguro de que no hay nada de eso en tu casa?
—¿Por qué habría de tenerlos?
Las mejillas de Hermione se tiñeron de un suave rosa. —Tienes razón, es que…como es vieja y antigua.
—Papá la terminó de construir hace poco. —Hermione asintió y continúo desayunando.
—Mamá me dijo que en la vieja casa de los Evans había visto cosas excéntricas. Tampoco es que la nueva mansión este exenta de esas cosas —dijo Ron.
Harry se encogió de hombros. No cualquiera tenía una mansión llena de cosas espeluznantes. Toda su vida Harry había vivido en medio de gárgolas, esqueletos, ángeles chillones, demonios y demás imágenes que inundan las pesadillas de chicos y grandes.
—¿Crees que tu padre nos permita mostrar una gárgola? Sería interesante ver el funcionamiento, todavía no me explico cómo le hizo para dotarlas de vida, sin el método tradicional.
—Fueron regalo de Seth —contestó Harry secamente.
—Tu abuelo era…—Ron le lanzó una mirada de soslayo. Harry sabía que las palabras eran: un frío y déspota asesino, o algo peor—. ¿Cómo estás seguro de que no usó el método tradicional?
—Le pregunte, y dijo que no —arguyó Harry. Las gárgolas de la casa Evans, no estaban hechas por el método tradicional: maldecir a un humano, y una vez hecho piedra, deformarlo. Estaban hechas de una forma aun más horrible. Un escalofrío le recorrió la espalda, aún recordaba la larga explicación que su abuelo le había dado. Era un hombre despiadado sin duda—. Pero no Hermione, mi padre no permitiría algo semejante. Además, a ellas no les gusta salir de la mansión.
Hermione hizo una fea mueca. —Me gustaría hablar con ellas. —Harry respiró profundamente, en el tema de los objetos de la familia Evans era tan obstinada como con los elfos domésticos.
—Todo lo que está en la casa, está porque quiere. Mi padre no obliga a nadie a quedarse. —Era una gran mentira, pero ella no tenía la necesidad de saberlo.
La chica iba a protestar, pero la entrada de lechuzas opacó su intento. Harry impaciente, esperó a que le entregara el diario. La lechuza dejó caer el periódico y se fue. El chico tomó el diario. No necesitó buscar la nota, el ataque y su padre estaban en primera plana. Leyó velozmente todo el reportaje y aventó el diario.
¡Voldemort se había atrevido atacar el salón de té de su madre! Ella lo había construido y adornado con mucho esmero. Harry recordaba las interminables noches en las que ella y su padre hablaban de la decoración, el lugar de los muebles, etc. Harry a sus pocos años había expresado su opinión sobre el lugar de algunas cosas, él había pasado mucho tiempo en aquel lugar de pequeño.
—¿Cómo está? —preguntó una voz.
Harry se sirvió café, conteniendo la furia.
—No me ignores.
—Lárgate entonces —gruñó Harry.
—Es también mi padre, merezco saber.
—Envíale una lechuza.
—Él te dejó a cargo de esas pequeñas bestias, tuvo que venir a recogerlas.
—Mis hermanos, no son bestias. No son de tu calaña. —La joven entrecerró los ojos con furia—. Y vino Leira y el pequeño.
—Va a ser niña —replicó Kali—. ¿Qué te dijo esa?
—La plática entre Leira y yo, fue privada.
Kali echó hacia atrás su rojiza cabellera y sonrió. —Pelearon. Entonces está bien. Muy bien.
Harry observó a su hermana postiza salir del comedor con una sonrisa en la cara y un caminar alegre. La mañana se le había amargado completamente.
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—Vamos Harry quita esa cara, hay cosas más importantes que tu detestable hermana. Pon atención a la clase.
—No eres su madre Hermione —intervino Ron, mientras hacía un complicado movimiento con la varita para evitar que una extraña planta se le enroscara en el brazo—. Además ¿a quién le importa si las flores de esta planta carnívora son amarillas y cambian a naranjas?
Hermione emitió un bufido y se volvió hacia Harry. —Por lo menos, deberías aparentar hacer algo.
—Estoy pensando en mi padre Hermione —dijo el chico pausadamente—. En su última visita me ha dicho cosas inquietantes y hay más problemas de lo normal.
Hermione tocó la planta con la punta de su varita y logró que la planta se quedara quieta por completo, para poder quitarle las espinas. —¿Sobre tú "otra" familia o sobre…—la chica se acercó al oído de Harry y susurró—: Voldemort?
—Sobre ambos. Nunca he entendido porque la "familia feliz" quiere que me una a ellos. Nunca quisieron a mi madre, la creen una traidora a sus creencias. Pero…
—Pero ellos te quieren a ti. ¿No crees que se deba a Voldemort?
—Tal vez Hermione. Sé que son mortífagos declarados, pero…no es por Voldemort. Mi padre no me cuenta muchas cosas sobre la familia de mi madre ¿sabes?
—No sé si yo quisiera escuchar esas historias —comentó Ron—. Los Evans siempre fueron…—El chico sacudió la cabeza, como si quisiera quitarse una mala vibra—. He escuchado historias terribles.
—Ya lo sé —suspiró el chico—. Pero, no son cosas que no haya escuchado antes, chismes de salones de baile. Siempre que pregunto, mi papá se sale por la tangente. Sé que la familia Evans no está limpia, todo el mundo lo sabe. Y aún así ¿Por qué no contarme?
—Sus buenas razones ha de tener. ¿Puedes ayudarme Harry? —Harry movió su varita y las espinas restantes cayeron suavemente por la mesa sin dispersarse—. Gracias, aunque yo sólo quería que detuvieras a las flores. No quería que me comieran un dedo.
Hermione puso todas las espinas de su planta en una charola y dejó su planta en un lugar donde no podría molestar a nadie más. Acto seguido, tomó la planta de Harry y comenzó a quitarle las espinas, no sin antes hechizarla para que no se estuviera moviendo.
—Tal vez no quiere que…se empañe el recuerdo de los Evans —dijo de pronto Hermione.
—Yo también necesito ayuda Hermione —le reclamó Ron. La chica puso los ojos en blanco, en tanto Harry sonrió.
—¿Más? —preguntó el chico incrédulo. Hermione le dirigió una mirada de elocuencia—. ¿Estás hablando de de mi madre Hermione? —espetó el joven alzó la voz y frunció el ceño—. ¡Ella era…!
—Baja la voz. No la estoy acusando de nada. —Harry se volvía un intolerante cuando alguien no hablaba bien de su madre—. Pero ciertamente es difícil concebir que ella fuera un santo ángel en medio de toda su familia. He leído sobre los Evans y todos eran gente…poco amable con la sociedad.
Harry le arrebató la planta y comenzó a arrancar las espinas de mala gana. —No tienes que hacer nada por mí.
—No estoy diciendo que fuera una mala persona. Y no arranques las espinas de esa forma Harry o vas a lastimarte. Tú madre no era mala, pero su familia no era muy buena influencia ¿sabes?
—Mis abuelos no eran tan malos —les defendió Harry, aunque sabía que quizás quería hacer a Seth un abuelito cariñoso y a Enio una dulce abuelita consentidora.
Hermione suspiró pesadamente, Harry no entendía de razones cuando se hablaba de su madre.
—Claro, los Evans, eran…muy amables —dijo Ron.
Harry le lanzó una mirada furibunda a su amigo y terminó por arrancar las espinas con parte de la corteza de la planta. La campana del fin de la clase sonó, antes de que Hermione pudiera replicar por el trato inhumano de Harry hacía la planta. El chico terminó por botar la planta en el primer lugar y salió de la clase, visiblemente molesto.
Hermione y Ron corrieron detrás de él.
—La próxima vez, le dices que en verdad crees que la señora Potter, era una asesina.
Hermione frunció el ceño e hizo un gesto hosco. —Hay pruebas muy fuertes en su contra. Tú y yo sabemos que no era un ángel. Lo que pasa es que Harry la tiene muy idealizada. Además, tú también lo crees.
—Hola Harry ¿Vas con retardo?
—¡Hola Donnan! No te había visto. ¿Te toca herbología?
—De acuerdo con mi horario, eso creo. Tú padre se ha metido en graves líos, me he enterado del Nundu suelto. Aunque, bueno ya sabes, tiene ayuda. —El chico le guiñó un ojo y le sonrió—. Te contaré como acaba esto.
Faolan Donnan Lupin era un viejo amigo. Cuando era pequeño, Harry había crecido en la soledad de las viejas mansiones Evans y Potter. No tenía amigos, y los niños de su edad no deseaban acercársele, le tenían mucho miedo. Donnan Lupin fue el único niño que jugó con él, por eso era para él…quizás era el hermano menor distante. Harry podía platicar con él sobre las cosas que giraban alrededor de la familia Evans sin muchos tapujos y sabía que él no abriría la boca, ni en sus más oscuros sueños. Además sería capaz de verlo desde el punto de vista de Harry y James, por algo su padre estaba en el mismo bando. Sin embargo no era su hermano incondicional del alma. Se parecía mucho a la relación que tenía su padre con el tío Remus. Cercana, fiel, pero no tan intima. Envidiaba mucho la relación que su padre tenía con Sirius, el primero sabía lo que pensaba el otro y viceversa. A pesar de que Ron era su mejor amigo, no había podido forjar con él una relación así. Ron jamás entendería el lado oscuro de su naturaleza.
—¿Preocupado Potter? —siseó una voz a sus espaldas.
Donnan y Harry se giraron hacía el despreciable Slytherin. Y como de costumbre, Draco no podía moverse sin su estúpida banda. Crabbe, Goyle, Durlsey, Parkinson, Blaise, Bulstrode, Blaise…un frío escalofrió le recorrió el cuerpo al ver, a la chica adoptada por los Lestrange y Kali.
Los negros ojos de la Slytherin pelirroja se clavaron en la verde mirada del chico, quien le dirigió una mueca de desprecio.
—¿Por qué debería estarlo Malfoy?
El rubio platinado avanzó hacía Harry con arrogancia, alzando la barbilla. —"ÉL" ha sido muy paciente Potter, pero no esperes más. Está dispuesto a todo ¿sabes?
—Dime algo que no sepa Malfoy. Trata de sorprenderme.
Una horrible mueca se plasmó en la cara del joven. —Sabes muy bien porque va. Usará todo lo que tiene para obtenerlo.
—Durante diecisiete años ha ido tras mi padre, Malfoy. No veo porque ahora deba comenzar a preocuparme —dijo Harry, sintiendo que estaba gastando saliva—. Otro día menos desagradable, nos vemos Donnan.
—Vamos Potter, como si no lo supieras —dijo Lestrange.
Harry miró a Kali por el rabillo del ojo. Sólo a la insulsa bastarda se le ocurría hacer migas con semejante gentuza. No pensaba contestarle a esa niña estúpida, dio media vuelta y comenzó a caminar hacia Ron y Hermione, quienes corrían hacía él. Suponía que ambos pensaban que se estaba metiendo en problemas.
—¡Harry! —dijo Ron recuperando el aire—. Está…
—¡Ugh! —bramó Deneb Lestrange—. Pordioseros y sangre sucias.
Harry se giró hacía la joven con varita en mano.
—¡Olvídenlo chicos! —gritó Hermione, agarrando el brazo de Ron.
—Tan impío como tu madre —dijo Dudley.
—¡Harry, sólo quiere provocarte! Usa la cabeza. —gritó la joven, mientras intentaba impedir que alzara su varita.
Harry apretó fuertemente los dientes y le lanzó una mirada cargada de furia a Hermione. El chico suspiró fuertemente y se relajó.
—Pero no tan rastrero como tú —contestó el chico finalmente.
Dudley rió con sorna. —Ya veremos. Después de todo, tu madre se arrastró en los pies de tu asqueroso padre…
Harry no supo lo que hizo, sólo lo hizo. Fue tan rápida e inconsciente su reacción, que tomó consciencia hasta que la varita apuntaba a Draco Malfoy para que no hiciera nada en su contra, mientras que Bulstrode era la que intentaba calmar a Dudley en el suelo.
Dudley se miró las manos con largos tentáculos y las grandes ampollas extendiéndose por todo su cuerpo, mientras un líquido amarillento caía por las heridas.
—¡La pagarás Potter! —gritó Dudley.
Harry puso los ojos en blanco. —Mira cuanto miedo te tengo —canturreó el joven.
Hermione tironeaba del brazo de Harry, para alejarse de ahí. El daño estaba hecho y el chico recibiría detención, pero Hermione no quería empeorar las cosas.
—Lárgate de aquí con tu amigo traidor y tu asquerosa novia sangre sucia —gritó Pansy Parkinson.
—Pero más dignos que tú.
Pansy aventó a Goyle adelante de sí y apuntó a Harry con su varita. Draco aprovechó eso para lanzar un maleficio a Harry. Sin embargo Ron rechazó el maleficio.
Harry dio un paso hacia adelante bruscamente y con una cara llena de demencia.
Los Slytherin echaron la espalda hacia atrás. Harry torció una malévola sonrisa.
—Larguémonos de aquí. La basura me enferma.
—¡Lo descubriré y tomaré lo que también es parte de mi legado! Y los sangre limpia gobernaremos.
Harry dio media vuelta y frunció el ceño. —Claro Dursley.
—Esa asquerosa perra lo sabía y no se lo quiso decir a mi madre. ¡Pero sí se lo dijo a tu maldito padre! Ella tenía más derecho, era una Evans.
Hermione, Ron y Donnan miraron al chico con intriga. ¿De qué hablaba Dudley?
Harry avanzó hacía Dudley. —El maleficio te está afectando el cerebro Dudley. Llévenlo a la enfermería.
—¡Todo el mundo habla de eso Potter! No te hagas el desentendido. ¡El secreto de los Evans!
—¿Cuál de todos? —preguntó Harry. Harry conocía el abanico completo que eran las leyendas sobre la familia Evans, pero nunca había recibido una confirmación o negación por parte de su padre.
—¿No lo sabes Potter? —se burló Draco, con una voz grave—. Deberías enviarle una lechuza a tu padre, haber si se digna a contestar. Con lo cobarde que es…
Draco salió volando hacia los arbustos más cercanos. Harry farfulló un par de cosas y se fue con Ron y Hermione.
Donnan suspiró, la única ocasión en la que Harry y Kali peleaban del mismo lado, era cuando defendían el honor de James Charlus Potter.
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Las confesiones de Kirsche:
He recibido de varios de ustedes la duda sobre los integrantes de la nueva familia Potter. Pues veamos, la nueva esposa de James es Leira (Kitty). En orden descendente los hijos de James son: Harry Potter-Evans, Kali Potter (adoptada), Demian y Favian Potter (hijos de Leira) y él/la bebé que espera Leira. Y antes de sus maquiavélicas mentes comiencen a hacer teorías erradas, todos los hijos de Leira son de James, nada de engaños o cosas chuecas por ahí. Cualquier otra duda, ya saben review o e-mail ;).
Reviews: Kaito Seishiro, Sandy0329, Ginebra, BlancEspirit, Dark Guy, Lettice-Evans-Potter, Clawy, camislafan, kaori Potter, CaRmEn EvAnS, kokoro-metztli, emeraude.lefey, SarhitaPotter: Ya saben, respuesta vía reply, cualquier cosa avísenme y os hago llegar mis respuestas.
Tomoe: Ya sé te dije que os enviaba algo, pero surgió algo de último momento, espero poder enviártelo pronto, no sé cuando, pero un día de estos es seguro ;). Y bueno, aquí tienes un nuevo capítulo, espero que lo hayas disfrutado.
pauU neriia: Creo que en las notas de arriba he aclarado tus dudas, al menos eso espero. En cuanto a Kali, interesante teoría aunque olvidas algo: ella murió antes de que eso pudiera suceder. Si no respondí a algo, puedes dejar un review o enviarme un mail y con mucho gusto te lo aclaro.
pikita45: Los cambios en los personajes eran algo inevitable, las cosas que sucedieron al final de feeling the darkness les dejaron marcados. Seth está muerto, las circunstancias de su muerte son extrañas puesto que creen que James lo asesino, y James afirma que fueron los mortífagos, Dumbledore cree lo mismo. ¿Aparecerá Seth? Sí, en recuerdos del pasado, en donde también veremos a Lily. Cualquier día hablamos ;).
Y por último un AVISO IMPORTANTE: Es hora de comenzar a seguir las reglas así que, anónimos por favor dejen sus mails para que yo me pueda comunicar con ustedes y responder a sus reviews. Si no desean colgar sus mails en la página, pido que me envíen un mail a: Kirsche (guion bajo) Himitsu (arroba) Hotmail (punto) com, en donde pondrán como título de mail: Feeling the Wickedness, el Nick con el que firman sus reviews en para saber cuándo me estás dejando un review. De lo contrario me veré imposibilitada para ello y no podre aclarar sus dudas, por favor envíenmelo, yo les regresare un mail para avisarles que ya los tengo.
El que tenga sus mails, NO será objeto para que les envíe cadenas, propaganda, o los agregue en el Messenger. Sencillamente será para responder reviews, enviarles material de Feeling the Wickedness (presentaciones power point, imágenes ó banners que suelo compartir con todos aquellos a los que puedo contactar) claro que pueden especificar que no desean recibir este material y exclusivamente usare sus correos para responder reviews.
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Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.
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Dejen reviews.
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M.O.S.
