Capítulo 4: Los Secretos de los Evans.

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Cada cual engaña a su prójimo, se dicen
buenas palabras pero con doblez.
(Salmo 12)

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Harry limpiaba la sala de los profesores. Primero esparcía unas gotas de agua y luego con la escoba barría. No era un trabajo muy pesado, era algo tedioso y poco viril, pero era mejor que lavar los baños. McGonagall se había visto muy compasiva al designarle la limpieza de la sala de los profesores durante un mes completo. La última vez que había lanzando algún maleficio en contra de un Slytherin, McGonagall le había impuesto ayudar a Hagrid en los huertos del colegio durante tres meses. Había sido una labor agotadora, pero Hagrid nunca era tan estricto y de vez en cuando le había dejando usar la varita para cuidar de los huertos de Hogwarts. Inclusive le daba permiso para comer los frutos. Había sido el mejor de los castigos en realidad. Harry estaba terminando de juntar el polvo que había limpiado cuando la puerta se abrió.

Ambos torcieron los labios en signo de desagrado. Nunca se habían llevando bien, nunca se habían agradado, desde el primer momento que se vieron sólo pudieron odiarse.

—Espero que lo hagas bien. Si no es así, hablare con tu jefa de casa.

—Mi padre me enseñó muy bien. Gracias a usted, yo sé cómo hacerlo —contestó mientras seguía con sus labores, como si le importara poco la presencia de él ahí.

La furia hizo brillar los ojos negros del hombre. No había soltado ninguna palabra altisonante, pero el joven le había ofendido más allá de las palabras.

—Justo…

—¿Cómo mi padre y mi madre? —complemento el chico.

Una rígida mueca se dibujó en la boca de Severus Snape.

—Cuidado con tus palabras, Potter.

Harry dejó de barrer y levantó la vista. —¿Dije algo malo?

—No —Harry sintió como el hombre le pateaba el estomago con sutileza—, no hay duda de que eres igual de impertinente, arrogante y crédulo como ellos.

—Y me siento muy orgulloso, si quiere saberlo. Vivieron bajo sus propias reglas.

Snape rió. —A tú padre le encanta contarte cuentos de hadas.

La sonrisa de Harry se desvaneció y observó al hombre. —Él sólo me cuenta la verdad.

Snape tamborileó sus largos y blancos dedos, como si estuviera tratando de decirle algo. —Tan inepto como de costumbre Potter, tú mente es lenta y poco profunda. En eso, no te pareces a ninguno de los dos.

El hombre salió dejando al joven con una cólera interna demasiado grande para contenerla. Harry tuvo ganas de ponerse a repartir palazos a los muebles con la escoba. Terminó su trabajo y subió hecho una furia a la sala común.

La mayoría de los estudiantes se habían ido ya a dormir, algunos de sexto y séptimo rondaban por el lugar. Cuando le vieron llegar, muchos de ellos rompieron a cuchichear; su padre y las terribles acusaciones hacia él volvían a estar en la primera página del Profeta, y por tanto estaban en boca de todos.

Cuando unas chicas de sexto año se atrevieron a mirarle por mucho tiempo, el joven avanzó hacia ellas con una mirada cargada de rabia. Todas ellas palidecieron y casi al instante se deshicieron en el lugar. Harry se abalanzó sombre ellas obligándolas a salir corriendo de la sala común. El chico comenzó a reír, había descargado un poco de su frustración sobre ellas, aunque no lo merecían.

Suspiró y comenzó a caminar por la sala común en círculos, mientras ponía a todos sus pensamientos de cabeza. Odiaba tener que enterarse de las cosas de su familia por medio de otros. Su padre le había dicho que un día le diría todo aquello que necesitara saber, pero por el momento, merecía disfrutar de la vida, tal y como era. Su padre hacía lo mejor para él; Harry lo sabía, pero era desesperante enfrentarse a la gente que injuriaba a su familia y no sabía cómo defenderla. Algunas veces pensaba que ni siquiera valía la pena defenderla. Sabía que la familia Evans estaba cubierta por la sangre de inocentes y atacantes por igual, sabía que muchas personas habían muerto por las manos de su padre, sin embargo también sabía que no había otra forma.

—Si sigues dando vueltas con esa cara psicópata, vas a poner a todos nerviosos. No hay muchos cargos serios en tu contra, pero la sangre es fuerte.

Harry observó a la joven pelirroja y sonrió torcidamente. —No haría nada que les sorprendiera. ¿Qué haces despierta Ginny?

—Digamos que no puedo dormir.

Harry alzó una ceja. —¿Alguna razón en especial?

La joven se encogió de hombros y se sentó cerca de Harry, con un movimiento de su mano le invitó a sentarse a su lado. El joven tomó asiento poniendo algo de distancia entre ambos.

—¿Quieres hablar?

Harry buscó el fuego que calentaba la sala común.

—Es sólo que…tuve una discusión con Draco. —Ginny sonrió—. Todo el mundo lo sabe.

—Por lo menos nos hacemos a la idea. Creo que nunca habíamos visto que tu hermana y tú…

—No es mi hermana —farfulló inmediatamente.

—La adoptada de la familia Potter y tú —se corrigió Ginny así misma—, pelearan del mismo bando.

Harry sonrió sintiendo la sangre subir por sus mejillas por ningún motivo en concreto. —Extremadamente raro ¿no?

—Nunca he entendido…

—Olvídalo —le cortó inmediatamente—. Como iba diciendo, discutí con Draco y Dudley, y me dijeron algo que…hay algo que me… —El chico se pasó una mano por la barbilla—. Preocupa.

—¿Algo o alguien?

—Dijeron algo sobre mi familia. Algo inquietante, no es que nunca lo hubiera escuchado, pero al mismo tiempo me pareció tan…diferente. —Harry se recargó en el respaldo del sillón completamente.

—El secreto de los Evans.

Ginny y Harry se pusieron de pie y se giraron para ver quien intervenía en la plática.

—La sala común no es un buen lugar para discutir esto, Harry.

—El salón de té no está abierto a estas horas, Hermione.

La joven bufó. —Por lo menos usa algún buen hechizo para…

—Muffliato —dijo Harry inmediatamente. Hermione hizo una mueca arisca—. Lo sé, es bastante desagradable e irónico, pero no se puede hacer nada. Por los menos mi padre tuvo el placer de hacerle tragar sus propios hechizos, quizás algún día se los cuente.

Ron alzó los pulgares y se sentó cerca de su hermana. Ninguno de los dos magos que Harry mencionó le quitó aquella mueca a Hermione, por el contrario, se la acentuaron.

—¿Qué decías de mi familia?

—El secreto de los Evans, Donnan cree que los Slytherin se referían a eso.

Harry alzó una ceja, esa frase le recordaba algo, pero no tenía idea sobre qué.

—¿Tienen secretos los Evans? —le preguntó Ginny.

Harry parpadeó. Tener secretos los Evans, por supuesto…miles. —No.

—Papá me comentó algo —dijo Ron—. Cuando fui a las vacaciones de verano de primer año, me contó que antes de que iniciara la guerra contra "Ustedes-saben-quien," ya se consideraba a los Evans, como una de las familias oscuras por excelencia. Los Evans, junto con otras familias formaban un círculo cerrado de sangre puras y descendientes de magos oscuros. En cuanto "Tú-sabes-quien" subió al poder, muchas familias de sangre pura se unieron a él de inmediato, mientras que otras tardaron más. Esas fueron las familias que usaban la magia oscura para su propio beneficio, y no querían compartirlo, al menos las más ancestrales.

—¿Una guerra en las propias familias de la oscuridad? —dijo Hermione con sorna.

—La sangre pura ya no era muy respetada ¿sabes? Antiguamente ser sangre pura significaba pertenecer a la realeza. Sobre todo aquellas que tenían años que todos sus integrantes iban a la misma casa. Muchas de ellas empezaban a caer en la decadencia.

—Pocos querían tener relaciones con las familias de magia negra. Tenían dinero y mucho poder, pero eran mezquinos —les aclaró Harry.

—Además los enlaces entre ellos mismos, comenzaban a generar hijos tontos.

—Regresión genética —murmuró Hermione.

—Con Él, muchas vieron la oportunidad de volver a la época de la grandeza de la pureza. Pero otras no deseaban compartir sus secretos.

—Seth prefería repartir calabazas antes que poder —rió Harry.

—No sé sabe quien fue, pero repentinamente dentro de la comunidad se empezó a expandir el rumor de que "el secreto de los Evans" podía terminar con "Ustedes-saben-quien." Muchos decían que era un poder ancestral, otros que era un arma secreta…hasta se hablaba de la varita de Merlín —Harry sonrió. Seguro, si su padre tuviera la varita de Merlín ya habría acabado con Voldemort hace muchísimo tiempo—. Eso resultaba genial, aunque irónico porque todo el mundo juraba que los Evans preferían que "Ya-saben-quien" acabara con todos, antes que ellos ayudar a la comunidad mágica. —Después de todo, Seth no les era tan desconocido a todos—. De cualquier forma muchos temían que los Evans se unieran a las filas de Él.

—Pero no fue así. —Harry le dirigió una sonrisa a Hermione.

—Fue una gran sorpresa para todos que la primogénita de los Evans, escogiera a un sangre limpia que iba en contra de las creencias de los Evans.

Un extraño, pero grato sentimiento recorrió el cuerpo de Harry. Su madre había ido en contra de todos y se había casado con su padre, por amor.

—Es debido a ese rumor que Él aún busca entre las cosas de los Evans. Quiere el poder de ellos.

—Pero ya no existen —replicó Ginny.

—Técnicamente, es Harry quien debería tener el poder. O su padre —dijo Ron seriamente.

Los chicos se volvieron hacía Harry quien aún rememoraba a su santa madre. —Yo no sé nada —dijo cuando reaccionó—, y mi padre tampoco.

—¿Estás seguro Harry? —inquirió Hermione.

—Su mi padre tuviera el poder de freír a Voldemort en un dos por tres, hace siglos que lo hubiera hecho.

Ron se encogió de hombros. —Es lo que se rumorea, hace mucho que no salía a la luz. Aunque hay viejas historias sobre los Evans, que me ha recordado Donnan.

—"El secreto de los Evans" suena como a cuento del Santo Grial —comentó Hermione.

—Siempre se ha especulado mucho sobre ellos. Dicen que han matado a por lo menos, un miembro de cada familia de magos. —Harry rió dando a entender que eso se le hacía completamente absurdo—. Y bueno, siempre se les ha relacionado con la magia negra.

—¿Tú qué opinas? —le cuestionó Ginny.

Harry se levantó del lugar y se acomodó la túnica. —Que a papá le resultará divertido.

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Harry escuchó cuando Ron cerró sus doseles y le susurró unos secos: buenas noches. Harry esperó unos segundos y sacó de debajo del colchón un pequeño retrato en blanco.

—¿Papá? —susurró.

El chico apretó el retrato fuertemente, mientras comenzaba a transpirar y las manos las sentía incómodamente húmedas. Harry sacudió el retrato, parpadeó y esperó un rato más. Estaba a punto de volver a llamar a su padre, cuando la pintura comenzó a moverse como si un torrente de agua hubiera caído y estuviera removiendo la pintura.

—Los niños deberían estar ya dormidos —dijo una ronca voz, al tiempo que la figura de su padre se acomodaba en la silla vieja barroca.

—Necesito hablar contigo.

—No me lo imaginaba —ironizó el hombre colocando sus manos entrelazadas en su vientre.

—Tuve una pelea con Draco y Dudley.

—He escuchado eso. McGonagall me envió un tratado completo sobre ello, de hecho. Esa mujer tiene una memoria impresionante, se ha acordado de mi pelea con Lucius en tercer año. Ya no la recordaba. A Dursley le encante un par de veces, no me gustaba ese tío. Comencé a tomarle cariño cuando supe que inevitablemente seríamos parientes. Recuerdo que una vez…

—Papá —le interrumpió Harry con sutileza.

James sonrió y se arrebujó en la silla. —¿Qué es lo que te inquieta Harry?

—¿Qué es el secreto de los Evans?

—¿Cuál secreto? —preguntó James visiblemente incomodo.

Harry suspiró. —Dudley habló de un legado familiar, que también le pertenecía a él.

—La bola de manteca le ha estado llenando la cabeza a su hijo de basura. No sé porque no me sorprende, Dursley nunca fue muy listo a decir verdad¡qué va! era un bobo mentecato. Siempre andaba con la rubia desabrida de Lucy…

—No pregunte por mi tío.

—Que escalofriante suena —murmuró James—. Le dije a Lily que no deberíamos juntarnos con semejante porquería, pero Petu siempre…

—Entonces es cierto, existe. ¿De qué se trata?

—Mira muchacho, deberías dormir, mañana tienes clases y yo…

—¿Es por eso por lo que Voldemort está tras de nuestra familia? . ¿Por eso mi madre…?

James suspiró y miró algo que estaba más allá del retrato. —Harry —terció con una voz, que le apenó mucho al chico—. No imagines tantas cosas. Es un tema delicado, no puedo hablarlo aquí.

Harry asintió con la cabeza. —Llévame a casa.

—Todo a su tiempo…oh no me mires así mocoso, deja de hacer esa cara. ¿Por qué diablos tuviste que sacar los ojos de tu madre? Voy a patearte ese gordo trasero.

Harry sonrió complacido, al ver que su padre negaba con la cabeza pesadamente. —Estoy listo.

El cuadro comenzó a elevar su temperatura y Harry empezó a sentir un incomodo cosquilleo en los dedos. De pronto sintió como el cuadro lo succionaba y él se convertía en oleo. No era un sentimiento muy agradable, pero era algo necesario. Harry cerró los ojos, para dejar que aquello pasara. Para cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba en el suelo de una gran habitación, la cual estaba adornada con cuatro sillones de cuero, mesas de caoba negra, pinturas y fotografías de familiares cercanos. La pintura que más sobresalía del lugar, era la que se encontraba hasta el fondo y casi cubría toda una pared, era una réplica de la pintura que se había hecho en la boda de sus padres.

Harry se levantó y se sacudió la túnica. Se acomodó las gafas y reconoció la antecámara que llevaba al dormitorio principal de la mansión. Harry buscó a su padre y al no verlo, se puso a curiosear por el lugar. Antiguamente su padre y él habían pasado muchas horas en aquel lugar, a Harry le encantaba esa sala. Le gustaba porque el olor de su madre se encontraba impregnado en el lugar y siempre solía observarla dormir o andar por su cuarto desde aquel lugar.

Ahora pocas veces entraba, en general era el cuarto que usaba su padre, pero de vez en cuando se le veía a Leira pasearse por ahí. Y Harry no culpaba a la joven de no querer pasar mucho tiempo en ese lugar, estaba lleno de fotografías y retratos de la madre de Harry. Harry abrió la puerta del dormitorio principal. James alzó la vista y la volvió a bajar desde su lugar, eso significaba que no le molestaba que Harry invadiera sus dominios. Harry avanzó hasta la sala de cubierta suavecita de color negro y mesas de roble. Harry no le veía sentido a tener una sala en la antecámara y en la recamara principal, pero los ricos gastaban el dinero de la manera más absurda posible; prueba de ello era la colección de escobas y pelotas de quidditch que tenía su padre. Leira siempre le amenazaba con fundir su saeta de fuego, construida de oro puro y diamantes. ¿Para qué diablos quería uno una escoba con la cual no se podía volar? Harry no tenía idea, pero no se quejaba en lo absoluto. Él también podía gastar a lo estúpido. Era divertido hacerlo.

Harry se acercó a su padre y le observó quitarle un zapato a uno de los gemelos.

—Últimamente no puedo quitármelos de encima —dijo.

Demian y Favian dormían hechos nudo sobre uno de los sillones. Parecían dos tiernos gatitos.

Harry observó su alrededor y encontró una manta, que les colocó encima. James le agradeció, mientras que se levantaba y dejaba los zapatos de los niños sobre la mesa de caoba. El joven caminó por el lugar y se sorprendió al ver a Leira dormida en la cama de su padre, generalmente dormían en cuartos separados; naturalmente no todo el tiempo. Los gemelos y el nuevo miembro de la familia, lo confirmaban.

Harry tenía la teoría de que dormían separados, para evitar matarse el uno al otro mientras estaban inconscientes durante sus peleas absurdas, ya que estas elevaban sus niveles de sadismo. Leira se movió y se quejó entre sueños. Su padre se apresuró a colocarle una compresa fría sobre la frente y revisó a la joven.

—¿Se encuentra bien? —susurró Harry.

James asintió, le reacomodó las almohadas a Leira y fue hasta Harry, sentándose cerca de los gemelos.

—Me pregunto si debería poner un hechizo para evitar que durante la noche se cayeran. O quizás debería dejar que se cayeran, han sido una verdadera lata esa tarde. —Harry no pudo evitar las ganas de reírse. Para que su padre pusiera esa mueca de fastidio y dijera aquellas palabras con ese tono de tedio, los chicos debieron ser algo así como dos gorgonas irritantes. Aunque no era difícil imaginarlo, a Harry lo exasperaban con gran facilidad.

—Si Lily hubiera tenido unos gemelos como estos, lo más probable es que se hubiera encerrado en el armario y no habría salido hasta que fueran mayores de edad.

Si su madre hubiera tenido que soportar a Demian y Favian, lo más seguro es que hubiera terminado ahogando a los niños en la bañera.

—¿Y bien? —preguntó el chico.

—Oh si, el "secreto de los Evans." —dijo James recordando porque tenía a su hijo enfrente de él, en aquel instante—. Pues verás Harry, yo tampoco lo sé.

Harry entrecerró los ojos.

—Sabes que tu madre y yo, no recibimos mucho apoyo en nuestra relación. —Era una forma muy poética de decirlo. Todo el mundo había estado en contra de la relación de su madre y su padre—. Una vez, considere la idea de raptar a tu madre. Antes de conocer a Seth por supuesto. En realidad no me importaba si tenía que luchar contra Seth durante toda una eternidad. Podía luchar contra él, pero no podía luchar contra la terquedad de tu madre. —A Harry le encantaba escuchar cosas de su madre, le hacía sentir que ella estaba cerca de él—. Génesis, me dijo un día: si quiere salvar a la señorita Evans, entonces busque la forma del librarla del "secreto de los Evans."

Harry se enderezó: Génesis. Un nombre que hacía mucho tiempo que no lo escuchaba, cielos, casi se sentía tener que desempolvar viejos recuerdos. Su dulce nana, había muerto para protegerlo a él y a su padre.

—Busque un poco, sobre eso, pero los Evans tienen demasiados secretos. Después no me importó, tu madre me dejó muy en claro que era algo en lo que no debía meter mis narices. Ella era mi esposa, la próxima madre de mis hijos y por lo tanto, lo demás no me importaba.

—Entonces, no lo sabes.

James negó con la cabeza. —Pero tengo que advertirte que si la "familia feliz", vuelve a las andadas de querer descubrir el "secreto de los Evans" tengas mucho cuidado Harry. Puedes encontrarte con muchas cosas desagradables.

—Ron me contó…

—¿Los chicos saben de esto?

—Dudley me lo gritó a la cara, en medio de los jardines de Hogwarts. No había muchas formas de ocultarlo ¿verdad? —James suspiró—. ¿Por qué quiere la "familia feliz" saber el secreto de los Evans? . ¿Qué ganan ellos?

—Hay muchos rumores en torno a eso Harry. Dicen que los Evans tenían un poder antiguo, que tienen un arma secreta, que era la forma en la que ejecutaban a sus enemigos, eran los guardianes de hades. Son tantas cosas que podría hacer un libro con todas las cosas absurdas que…

—Pero pueden ser verdad. Es decir, tú no sabes que era el secreto. Si existe el rumor es por algo. Mi mamá dijo que era verdad, sólo no te dijo que era el secreto exactamente. ¿Seth nunca mencionó algo? . ¿Ni siquiera lo insinuó?

—La "familia feliz" está convencida de que es magia negra. Quizás con eso, piensen que ayudaran a su Señor: "Oh soy el malo, más malo de todo el barrio." O tal vez opinen que con eso, no necesitarán del Señor Oscuro, para conquistar al mundo. Pero Lily me dijo que el secreto de los Evans, era algo que les pertenecía a ellos y nada más. Que podía ser un poder, una formula, un hechizo, podía ser cualquier cosa y no necesariamente era magia negra o blanca.

—Pero… ¿Por qué tía Petunia no lo sabe?

—El "secreto de los Evans" sólo era desvelado al primogénito. No tengo idea de porque.

Harry frunció el ceño. Los cuentos y leyendas alrededor de la familia de su madre, siempre había sido un elemento presente en todas las etapas de su vida. No era algo significativamente nuevo para él y sin embargo, aquellas palabras le removían recuerdos muy profundos. Era tener esa extraña sensación de que has recordado algo, pero no sabes exactamente que.

—No lo vuelvas a mencionar enfrente de tus amigos. No hables de eso con nadie. Si esos tipos te siguen molestando, es mejor que me avises.

—No necesito que me defiendas como si fuera un niño pequeño.

—Puedo tratarte como mejor me plazca. Soy tu padre.

Harry puso los ojos en blanco, odiaba esa cantaleta de los padres. Era un argumento estúpido, autoritario y sin sentido. Era su padre, no había duda; le había dado la vida, y no se quejaba. Pero era el propio Harry quien le había dado ese poder, sin Harry hijo no había James padre.

—Escúchame bien jovencito —aseveró—. Esto no es un juego, al buscar el secreto de los Evans puedes poner tu vida en riesgo. Muchos…

—¿Lo han buscado? Es por eso que vienen los mortífagos, no es por mí. La cicatriz que tengo…

James se puso de pie. —Sí y no Harry. Voldemort es un dictador que tiene miedo de todo el mundo. Cree que con Lily muerta, puede tomar el poder de los Evans.

—Pero estoy yo en medio —susurró Harry—. Soy el siguiente en la línea de sucesión de los Evans. Además soy el primogénito ¿Por qué no me lo habías contado?

Su padre suspiró y resopló completamente exasperado. —Harry a los tres años quisiste enfrentar a Voldemort. Gracias a eso, tienes una cicatriz producto de una maldición asesina mal hecha. Si te decía sobre el secreto de los Evans, probablemente te hubieras puesto a buscarlo y no es algo con lo que debas involucrarte.

—Mi madre hubiera querido.

—Lily no hubiera querido verte atado a eso Harry. Ella detestaba ser la primogénita de los Evans.

Harry observó el suelo. —¿Mamá me lo hubiera contado?

James se pasó una mano por el cabello. —Tal vez. Sea lo que fuere el secreto de los Evans, murió con tu madre.

Harry torció los labios.

—Aléjate de eso Harry —dijo James firmemente—. Es muy peligroso, no sabes lo que te puedes encontrar.

—Papá. Soy el primogénito, los demás son gente que quiere arrancarle el poder a los Evans. Yo soy un Evans.

—No sé de quién sacaste esa terquedad. Si de mi familia o de la cabezota de tu madre, tal vez es una estúpida mezcla de ambos. Estoy orgulloso de la lealtad y el cariño que le tienes a tu familia Harry. Pero técnicamente eres un Potter.

—Papá, Demian y Favian son más Potter, yo soy el único que lleva la sangre Evans. Aunque en realidad, el Evans eres tú. —James sonrió torcidamente—. Eres el esposo de mi madre, o eras. Eres el señor de esta mansión, todo aquello que les pertenecía a ellos, ahora está en tu poder.

—Comienzo a considerar quitarte del testamento, sabes —murmuró su padre—. Nunca había pensando cuanto valdría mi muerte.

—¡Papá! —se quejó el chico—. No bromees con eso.

—¿Con quitarte del testamento?

—¡Papá por favor!

—Eres un Evans, tanto como eres un Potter. Pero los Evans no eran personas muy condescendientes, incluso entre ellos mismos se mataban. El secreto de los Evans, quizás en esencia no es maligno, pero el camino y lo que lo rodea, va más allá de la maldad.

—¿Le tienes miedo?

—Uno siempre teme a lo desconocido. Y tener miedo de vez en cuando es bueno Harry. Será mejor que te saques de la cabeza cualquier idea de búsqueda. No voy a tolerar que estés husmeando por aquí y por allá. Si los idiotas de tus primos quieren dar la vida por las frustraciones de sus padres, deja que ellos se maten. Tú pon tu cabeza en otro lugar, prepárate para ser auror y sube tus calificaciones. Eso es un buen propósito.

—Papá, nadie en el Ministerio me daría el puesto de auror, ni aunque estuviera de parte de Voldemort. Así que tendré que cuidar de las propiedades de los Potter-Evans.

—Tú quieres que te quite del testamento ¿verdad?

—Estoy siendo realista. Además no creo que sea un trabajo aburrido, tiene sus momentos de acción ¿no?

Su padre murmuró algo inverosímil. Fuera de los problemas con los aurores y los mortífagos, James tenía que lidiar con muchísimas otras cosas a punta de varita. Además hacía y deshacía las cosas a su antojo, no había nadie que pudiera detenerlo. Eso era más divertido que cazar a los chicos malos.

—Y para estar a mi altura, te faltan siglos enteros de experiencia.

—¿Te estás llamando viejo?

—¡Viejo el caldero más usado que tienes! Podría pasar por tu hermano, sabes. Más respeto jovencito.

Harry sonrió socarronamente. —Era una simple pregunta, podrías haber dicho que no.

—Es tiempo de que vuelvas al colegio, mocoso. Tengo cosas más importantes que atender.

—¿Y qué tienes que atender a las once cuarenta y cinco de la noche, padre? . ¿Darle cuerda a los relojes?

James entrecerró los ojos y se acomodó en el sillón. —Tú quieres que te saque a rastras de aquí ¿verdad? —Harry suspiró—. A Dumbledore no le va hacer gracia sino te encuentra en tú cama. Y no quiero tener más problemas Harry, la pelea con Malfoy ha sido suficiente.

Harry abrió la boca para protestar, su padre hizo lo que quiso en Hogwarts, cuantas veces quiso ¿Quién era él para ponerle limites?

—Tu padre. —Cuando se relajaba olvidaba las defensas mentales, Harry se reprochó mentalmente aquello—. Ve a Hogwarts, descansa, duerme, molesta Slytherins y sube tus calificaciones. Si puedes permanece pegado a Hermione, a ver si así se te pegan unas cuantas de sus virtudes; y no habló de que te vuelvas un defensor de causas impertinentes.

—Quería pedirte permiso para llevar una gárgola; para ver su funcionamiento.

—Siempre he dicho que un día la matarás de un paro cardiaco ó un día Hermione te llevará a juicio. —Las ideas de Hermione eran muy contrarias a la familia Evans, ella creía en que el mundo podría estar mejor. Los Potter-Evans sabían que más retorcido, siempre podía estar—. Te estás tardando.

Harry se levantó de su lugar. —¿Qué tiene Leira?

James se quitó una pelusa invisible de su túnica. —Tuvo una recaída.

—¿Ella y el bebé están bien?

James asintió. —Ahora todo va de maravilla. Mi niña nacerá saludable.

—Niña —murmuró Harry—, claro mi hermana. Cuándo supiste que iba a nacer¿Qué querías que fuera?. ¿Y mi mamá?

¿Pensar? Estaba aterrado ante la idea de que Harry no hubiera nacido, el miedo le carcomía de imaginar que las cosas no hubieran salido bien. James estaba demasiado ocupado trabajando, evadiendo a Seth, regañando a la descuidada Lily que le importaba poco su condición e iba y venía a sus anchas, que olvidaba llevar una buena alimentación. En esos momentos estaba inventándose una excusa lógica para evadir las preguntas molestas de ambas familias a la hora de que naciera Harry. ¿Pensar en el sexo del bebé? No, James ni siquiera se lo planteó.

—No quisimos pensar en ello Harry. Eras nuestro primer hijo, así que sólo ansiábamos que nacieras.

—¿Mamá también?

—Claro, era la más emocionada —Horrorizada en realidad—. Aunque le daba un poquito de ansiedad, ya sabes era un poco torpe con los niños —Escuchaba llorar a Harry y se ponía tan histérica que no se podía mover ni un solo centímetro.

Harry sonrió. —Se debió asustar cuando llegue antes ¿verdad?

—Todos nos sorprendimos cuando llegaste antes —sonrió James—. Nos llevamos una gran sorpresa. —Los dos casi se caen del susto cuando se enteraron que Lily estaba embarazada—. No sabíamos como decírselo a tus abuelos, de ningún lado. —James se veía frito por Seth y Lily se veía enterrada viva por Dorea—. Tenía que ser especial, ya sabes su primer nieto —La mentirota que se aventaron tenía que salir perfecta.

—Vaya, me alegro papá. ¿No crees que ella sea prematura como yo, verdad?

—Tal vez. Pero nacerá sana, como tú —La sonrisa de James tuvo una cadencia maliciosa—. Fuerte y grande, a pesar de todo lo que digan de los niños prematuros.

¿Harry prematuro? Por supuesto, llegó muy temprano, inclusive se comenzó a formar antes del matrimonio.

Harry sonrió. —¿Ya has pensando en el nombre?

—¿Alguna sugerencia?

—Lo que sea, pero no nombres como los de mis hermanos. Es difícil hacerles comprender por qué no se les puede llamar por sus nombres reales.

—Piensa en algo.

Harry asintió y tomó el viejo retrato entre sus manos. —Nos veremos después papá. Y…no hablaré más del secreto de los Evans.

James sonrió y despidió a su hijo con una mano. El retrato succionó a su hijo velozmente en medio de la oscuridad de su terrífica mansión. Cuando el retrató cayó al suelo, se metió las manos a los bolsillos.

El secreto de los Evans.

—¿Lo has escuchado cariño? Ya han regresado. No, esta vez no se detendrán ante nada.

El silencio perpetuó reino en el lugar. Él conocía los tormentos de ese tabú, la brecha al pasado comenzaría a abrirse. Terribles cosas podrían suceder, muerte y desolación era todo lo que podría traer una búsqueda como aquella. ¿Por qué a pesar de ser tan peligroso, seguían buscando aquella respuesta?

James suspiró, pero ya no era un niño que creía en sueños convertidos en copos de nieve, ya no era el muchacho que obedecía a todos, a cambio de vivir unos momentos de paz con su esposa: ya no era el crédulo que había puesto la seguridad de su familia a manos del Ministerio. El James que un día el mundo mágico había coronado como el padre, esposo, hijo y profesionista modelo, había muerto con Lilian. Ella, pero sobre todo aquellos que le traicionaron, habían matado al dulce, encantador, alegre y siempre optimista James.

Ahora era…ahora simplemente era el Señor Potter-Evans. Dueño de todo un impresionante reinado, que no estaba al servicio de nadie. Y eso incluía sus secretos, aquel que se atreviera a penetrar en sus secretos, acabaría muerto.

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Era la tercera vez que bostezaba, mientras que McGonagall explicaba cómo convertir madera en piedra. No es que tuviera sueño, había descansado perfectamente, inclusive se había saltado la primera clase del día. Sencillamente estaba aburrido. Hermione a su lado, le lanzaba miradas reprobatorias. Transfiguraciones, no era una materia que a Harry se le diera con facilidad, por el contrario le costaba lo suyo, y sabía que terminaría por pedirle ayuda a Hermione. Así que se enderezó y trató de prestar atención a las palabras de su profesora.

Ron en la silla de enfrente garabateó algo en su pergamino y Harry vio que en su pergamino en blanco aparecía algo. Harry sonrió, sólo había un juego tan preferido por los ociosos; el famoso tres en raya. Harry tomó su pluma y colocó la cruz en la esquina superior derecha. Hermione bufó exasperada. No era la distracción más entretenida, pero al menos le aseguraría a Harry que no se dormiría al instante.

—¡Todos a practicar!

La mayoría de los estudiantes se colocaron en círculos pequeños y empuñaban sus varitas contra los asientos.

Harry alzó su varita y tocó la silla ociosamente. —Creo que es de buena madera —Ron rió ante el comentario.

—Deberías prestar atención Harry. Está clase es muy importante, como auror uno debe…

Harry puso los ojos en blanco. Desde que era pequeño, había deseado convertirse en auror. Siempre le habían llenado de emoción los relatos de su tío Sirius, quien le platicaba cada una de sus incursiones y batallas contra los mortífagos. Con el tiempo, creció con la idea de que al crecer se convertiría en un gran auror, hasta que entró a Hogwarts y se dio cuenta de lo que siempre sería: el primogénito Potter-Evans.

—Pues ya tendremos tiempo de aprender, verdad Harry.

El chico de ojos verdes asintió mientras su amigo pelirrojo golpeaba la madera constantemente, en un intento de perforarla, en vez de transformarla. Hermione alzó la nariz.

—No me pidan ayuda. ¿Escuchaste eso Harry?

El chico se rascó la cabeza. —Vale —respondió con una voz cansina. Y bostezó.

—Creí que te habías dormido temprano. ¿A dónde fuiste?

Y aquí iba Hermione de nuevo con su perorata. —Dumbledore me invitó a tomar el té de media noche.

Harry y Hermione se miraron fijamente.

—Vale, recibí una carta de mi padre y estuve pensando en ello. —Hermione relajó su dura expresión—. Le escribí sobre…sobre lo que Malfoy dijo.

—¿Qué te respondió?

—Los familiares de mi madre, siempre han estado buscando eso. Es como una especie de búsqueda del tesoro.

—No es una leyenda entonces. —Hermione dejó de apuntar su silla que ya había adquirido un color plateado, aunque aún no se le habían borrado las rugosidades de la madera.

—No, al parecer existe.

—¿Él lo sabe? —preguntó Hermione entusiasmada.

Harry suspiró. Esa era buena pregunta. Su padre era un gran tipo y Harry le adoraba, pero sabía que había muchas cosas inciertas entre James y él. Quizás demasiadas. Había vivido toda su vida alrededor de su padre. Conocía cada uno de sus gestos, sabía que cuando aparecía en público su padre era el señor inquebrantable, cruel, indiferente, déspota, quien caminaba como si fuera el amo del mundo. En esos momentos, no había sentimientos dentro de su padre. Pero con su familia, cuando sólo estaban sus adorados hijos y la loca de su esposa, James era el padre abnegado, que se enorgullecía hasta de las más estúpidas tonterías que hicieran sus hijos y en él, en él sólo se reflejaba el amor y otros tantos sentimientos. Así que Harry sabía cuando algo le era inquietante. Y el "Secreto de los Evans" era una de esas cosas que lo habían inquietado demasiado.

—Dice que no.

Hermione frunció el ceño.

—Pero no le creo Hermione.

La chica alzó la ceja tan alto, como su anatomía se lo permitió. Que Harry afirmara semejante cosa sólo lo encerraba un adjetivo: ASOMBROSO. El chico idolatraba al padre y a la madre, de una forma que podía rozar lo enfermo, sobre todo a la madre. A pesar de lo maduro que era su amigo en algunos aspectos, en sus sentimientos hacia sus padres, Harry le recordaba a los niños pequeños que creen que su padre es Superman y su madre, la Mujer Maravilla. En el caso de la señora Potter, una mezcla entre Miss Universo y la Virgen María.

—¿Porqué? —preguntó Ron.

Harry suspiró. —No creo que me mienta por completo —Hermione puso los ojos en blanco, era mucho pedir que Harry pusiera en entredicho la palabra de su sabio, adorado y amado padre. James Potter era la verdad absoluta—. Creo que sabe algunas cosas sobre el "secreto de los Evans" pero no todo. Mi madre nunca se lo dijo.

—Pero era su esposo —replicó el pelirrojo—. Debía saberlo ¿no?

—Eran cosas de los Evans —murmuró Harry tan bajito que los chicos tuvieron que acerarse para oírle.

Lo que los chicos no sabían era que las "cosas de los Evans" sólo le pertenecían a ellos, la muerte sería para aquel que violase esa ley.

—¿Y acaso tu padre no es "El Evans"? —preguntó Hermione.

Harry se rascó la cabeza. —Algo parecido. Pero esto era exclusivo de los primogénitos.

Hermione resopló sin entender el punto, al igual que Ron.

—Pero me dejó muy en claro, que no debo andar buscando respuestas a ello.

—Tiempo. —La profesora McGonagall les devolvió a la realidad—. Practiquen para la próxima clase, en donde repasaremos todo lo aprendido hasta ahora.

El primero en salir del salón fue un chico de Hufflepuff. Harry tomó sus cosas lentamente.

—Apúrate Harry ó llegaremos tarde a Encantamientos.

Hermione siempre tenía que ordenarle algo, ella era feliz dirigiendo a los demás, sobre todo si ese alguien era tan flojo como Harry.

—Ya voy.

Al salir al pasillo los tres chicos comenzaron a andar sin fijarse en su alrededor, enfrascados en una charla sobre Halloween. Esa noche en Hogwarts se acostumbraba dar un faustuoso banquete, en donde todos se divertían. Los mayores solían hacer bromas pesadas a los de menores, dado que Hermione era premio anual ella debía vigilar por el bienestar de los chiquillos. Harry y Ron votaban por dejar que los mayores se divirtieran.

—No puedo defraudar a mi padre —dijo Harry—. Él siempre…

—¡Harry! No puedes hacer eso, además…—Hermione se agachó a recoger los libros que se le habían caído al suelo—. Qué raro, mi mochila no tenía ningún agujero esta mañana.

Ron se ofreció para sostener los libros mientras Hermione trataba de componer la bolsa.

—Demasiado grande para abrirse de un momento a otro —dijo Ron.

Harry pasó una de sus manos por el asa de su mochila y se la reacomodó, observó a su alrededor algo salió volando hacía él. Harry dio un paso hacia atrás y observó como la cosa se estrellaba en el suelo y liberaba un polvo grisáceo que ascendió velozmente. Harry se cubrió con la manga de su capa la nariz, al verse envuelto en un espeso humo verde. El aire se hizo un poco húmedo y denso, la cosa verde no olía desagradablemente ni nada por el estilo. Alzó la vista y distinguió a una niña con una túnica negra demasiado grande y el cabello negro sobre el rostro.

El humo desapareció y Hermione comenzó a sacudirle la túnica. —¿Estás bien?

—No me sucedió nada. Supongo que sólo quería molestar.

—¿Quién? —preguntó Ron.

—Una niña de primer año.

Ron alzó una ceja y observó el pasillo, ahí no había nadie. —Se ha esfumado. Ahora tienes una excusa perfecta para dejar que los mayores les jueguen bromas a los de primero, Hermione.

—Eso no ha sido gracioso, Ron —se quejó la chica—. ¿De qué casa era, Harry?

El chico se encogió restándole importancia al asunto. —¿Podemos pasar a las cocinas antes de ir a Encantamientos?

Ron asintió mientras que Hermione replicó un par de veces, sin embargo cuando los chicos le propusieron que ella se fuera a Encantamientos y que ellos irían después. Ella se negó tajantemente alegando que lo más probable es que no entraran a clase.

—¿Y qué piensas hacer al respecto, Harry? —cuestionó la joven tras un largo silencio entre ellos.

Harry parpadeó y se cruzó de brazos. —Investigar.

Un brillo extraño cruzó por los ojos de la joven, al igual que la sonrisa de Ron se agrandó. —No chicos, no puedo permitirlo.

—¿Es que acaso nos escondes algo, primogénito de los Evans? —se burló Hermione.

El chico abrió la boca para contestar, aunque no tenía idea de que decir, al final sólo logró balbucear algo similar a—: En lo absoluto. Yo siempre les he dicho la verdad. No tengo secretos para ustedes.

¿Tener secretos los Evans? Si los Evans siempre han dicho la verdad.

A medias.

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Las confesiones de Kirsche:

Tarde...lo sé, tarde mucho pero ya saben que no es fácil andar actualizando todos mis fics a la vez. Como sea aquí vuelvo con este capítulo que espero les guste y si tardo en actualizar échenle la culpa a…a…a los reviews, (¿Qué?) es que...nunca son suficientes (Broma). Por cierto...culpen a por no tener capítulo el domingo 12 de agosto...la cosa chafaba en el Login. Nos vemos, besitos.

Ah sí bueno, bueno...yo ya he leido el libro de los Deathly Hallows, si alguien le interesa saber lo que opino, pues puede darse una vuelta por mi bio¿vale? cuidado con lo que pongan en los reviews, no vayan a chafarle el libro a nadie, de preferencia los tomatazos a mi punto de vista del libro via PM, o mail, sino queda de otra pues ni modo en review. Por cierto, quedan avisados aquellos que leen reviews que puede haber spoilers de los lectores sobre el libro 7 así que: CUIDADO.

Reviews: Kaito Seishiro, Ginebra, BlancEspirit, Emaraude.lefey, lordaeglos, CaRmEn EvAnS, kaori Potter, Dark Guy, SarhitaPotter: ya debió de haberles llegado mi contestación via reply, ya sabes sino les llegó avisenme...y culpen a Daidouji, Prongs, pikita45: os he respondido via mail, así que ya deben contar con mi respuesta, sino la tiene avisenme y os la vuelvo a escrbir y enviar.

Lazenca Daidouji, Prongs, pikita45: os he respondido via mail, así que ya deben contar con mi respuesta, sino la tiene avisenme y os la vuelvo a escrbir y enviar.

pauUneiira: No me pude ver tu mail, verás no puedes escribirlo vamos a llamarlo de corrido, porque ese tipo de cosas no están permitidas por ff .net, por favor cuando lo pongas da espacio cada tres letras o algo así, para que yo pueda verlo. Tu teoría es...bueno hay que recordar, que nunca se confirmó si Lily estaba embarazada, o sea puede que no haya niño/a. Por otro lado supongamos que hay niño/a, si Lily tuviera...que se yo, siete meses vale puede ser, pero la joven apenas comenzaba a demostrar síntomas (que nunca se confirmó NADA). Hay que decir que es algo difícil, pero bueno es una teoría muy interesante.

De los que enviaron sus mails para poder contestar les cuando entren en anónimos, sólo me llegó el de: y0misma: ya os he respondido el mail, de cualquier forma ;). Si alguien más envio mail y no ha resivido mi respuesta envienlo de nuevo.

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Se despide de ustedes:

Kirsche Himitsu Fyrof.

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M.O.S.

M.O.M.

M.O.J.