Capítulo 5: Protensidad Deletérea.
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Persigo a mis enemigos y los alcanzo,
no
volveré hasta que estén exterminados.
(salmo 18)
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Silencio.
Hasta el viento tenía miedo de pasar por aquel lugar. Su respiración se hizo lenta y pesada. Extensas llanuras cubiertas por nieve y cenizas se extendían hasta confundirse con el horizonte. No le gustaba el lugar para nada, excesiva quietud para ser un gran pueblo cuyo reloj marcaba las dos de la tarde. ¿Dónde estaba toda la gente?
Caminó sintiendo el cuerpo demasiado tenso, su sangre corría por sus venas a una velocidad inimaginable, aquí había algo, algo maligno. Se lo gritaba sus sentidos, su mente, su corazón, casi podía sentirlo. Un suave susurro se escuchó a sus espaldas. Brincó y dio media vuelta, mientras sentía como sus músculos se contraían preparándose para congelarse del susto.
Idiota, se sintió completamente idiota pues no había nada detrás de él, probablemente hasta se había imaginado el sonido. Permitió que sus músculos se relajaran un poco, sintiendo ese característico dolor que procede al esfuerzo de endurecer todo el cuerpo, aunque no pudo relajarse por completo. Algo maligno habitaba en ese lugar.
Volvió a dar media vuelta y avanzó por la calle. Grandes casas de madera en exceso rusticas poblaban el intento de calle, todas pretendían estar alineadas y estar una enfrente de la otra para darle a la calle rectitud, pero no sólo no estaban bien alineadas y había huecos entre unas casas y otras, sino que a la mayoría le faltaban maderos por donde uno sentía que le observaban. Al final de la calle sólo la temible llanura infinita era todo lo que había.
Respiró profundamente sintiendo como le dolían los pulmones y avanzó poniendo un pie delante del otro. El viento sopló hacia él con fuerza por la calle, colándose por las rendijas de las casas, provocando un ruido infernal similar al gritó grave que resuena en una caverna.
Se llevó los brazos a la cara pero en cuanto su capa cubrió sus ojos, se sintió completamente vulnerable, los bajó inmediatamente y entrecerró sus parpados siguiendo su camino. Un terrible crujido de algo desgarrándose resonó por el lugar. Sus piernas se negaron a moverse pese a que su mente le ordenaba que se movieran. Los músculos de sus brazos se endurecieron por completo en espera del golpe. La cosa se arrastraba pesadamente por el suelo, como arrastra el condenado sus cadenas. El viento adquirió una mayor fuerza y el ser avanzó a mayor velocidad, tal vez él no se arrastraba, sino que dejaba que su arma rozara el suelo para avisar al condenado que estaba a punto de morir. La muerte dejaba que su guadaña rozara el suelo, anunciando a su presa que estaba a punto de sucumbir y no podía hacer nada. Su corazón martilló fuertemente contra su pecho. El cazador jugaba con la presa.
Algo fue lanzando hacia él con suma fuerza, por apenas unos milímetros esquivó el golpe. El pedazo de madera cayó lejos de él y fue entonces cuando el viento se calmó. Una risa resonó por el lugar. Lo sabía, no estaba solo. Un tacto frió y helado le rozó la mejilla, se llevó una mano al lugar para detener al fantasma, pero era un simple copo de nieve. Nieve y cenizas caían a la par en el lugar.
Bisagras sin aceite rechinaron fuertemente, mientras que la madera arañaba el suelo. Un frió escalofrió le recorrió. La madera se hundió bajo el peso de una firme pisada, seguida del sonido de algo que se arrastra, de nuevo una pisada firme y otra que se arrastraba. Giró hacia su derecha mientras que un grito se le atascaba en la garganta, unos dedos carcomidos por el paso del tiempo se aferraban al filo de una puerta, lo primero que salió fueron unos cabellos negros sucios y enmarañados. El vestido estaba raido, deteriorado por las ratas y demás animalejos.
Tomó una gran bocanada de aire, para no desmayarse, pero el aire se llenó de un almizcle de pescado muerto, fruta echada a perder y carne en pésimo estado cuando han pasado mucho tiempo bajo el sol abrazante. La putrefacción se adentraba en sus pulmones y le roía dolorosamente las entrañas. Se llevó una mano a la boca para evitar vomitar de tan asqueroso que olía, así que no pudo reprimir que los jugos gástricos se le arremolinaron en la laringe al ver los gusanos, que se anidaban en el suelo alrededor de la mujer que caminaba hacia él. El vestido roto dejaba al descubierto un pie amoratado, producto de alguna rotura o tortura, la masa amorfa estaba cubierta por un intenso color purpura y rojo escarlata, rodeada por el característico amarillo de la pus, en donde rechonchos gusanos se apretujaban todos juntos y se arremolinaban en torno a la carne pútrida.
Su mano huesuda con pedazos de su carne verdosa colgando se estiró en dirección a él y él dio un paso hacia atrás con el corazón latiéndole velozmente, ella —o lo que fuera— avanzó. El gruñido de un animal llegó hasta él, la cosa intento de nuevo acercársele y él volvió a dar un pasó hacía atrás. El chillido de enojo fue tal que levantó el rostro y mostró su horrenda cara. Miedo, terror, pánico, con una horrenda piel rasgada, muerta y roída por los años, la cosa le miraba a través de sus ojos acuosos, pero opacos, mientras que su enorme boca con dientes grotescos, carcomidos y afilados amenazaba con arrancarle la cabeza. De las manos de ella surgieron largas y peligrosas garras al tiempo que le lanzaba un zarpazo.
Trató de correr, pero la cosa le atrapó un brazo, asqueroso y repugnante así era su tacto, áspero y llenó de líquidos fétidos que apestaban tanto que mareaban, la mano libre de la cosa se abanicó en aire y fue directa a su estomago. Pensando en su vida y no en su limpieza, la golpeó fuertemente en el hueso con carne fofa y mohosa que le sostenía y corrió lejos de ella. Una casa estalló en llamas repentinamente, mientras un nuevo grito grotesco salía de la boca de la muerta.
Observó la casa arder mientras corría, la ventana estaba apuntó de estallar. Una cabeza mutilada se estampó contra la venta mientras que todo su contenido se esparcía por todo el cristal. Sangre y sesos salpicaron al chico al estallar la ventana. Se cayó al suelo de la impresión. Una mano con pesuñas le agarró el tobillo. Brincó desde el suelo clavando sus manos en la tierra. Demonios inferiores eran los culpables de todo aquello. La lengua bífida y viscosa del ser le tocó la ropa. La boca deforme le mostró una sonrisa sardónica llena de sangre y baba que manchaba sus piernas.
Soltó manotazos llenos de tierra mientras gritaba desesperadamente, pateó al demonio y corrió sin volver la vista atrás, escuchando los chillidos agudos que resonaban por todo el lugar, pues el demonio se había quedado sin su comida.
Corre y no pares de correr, porque están aquí y vienen a comerte. Los demonios acostumbrados a la sangre, no esperan para arrancarte las entrañas y reírse de ti mientras que tú con ojos desorbitados, observabas como ellos te comen lenta y satisfactoriamente.
¡De nuevo le había atrapado por el tobillo!
Cayó al suelo, pero esta vez resbaló por una pendiente. El pozo era una cosa llena de agua negra y moscas. ¡Había sido un estúpido! Nadie le había agarrado el tobillo, había resbalado él solo.
Se levantó del lugar y trató de escalar, no era un pozo profundo, dos metros cuando mucho. Brincó y se colgó de los guijarros pegajosos de la tierra maloliente. Trató de escalar pero cayó, el agua le empapó de pies a cabeza, mientras que su espalda caía sobre algo mullido, asqueroso pero mullido. Pensó que era hierba que había crecido en aquel precario lugar y se levantó de inmediato. Sangre chorreaba de sus brazos, sus ojos se abrieron sorpresivamente, no se sentía lastimado gravemente ¡no había heridas profundas! Metió sus manos al agua y las volvió a sacar. El aire se le fue, el corazón se le detuvo, todo él se congeló por completo. Centenares de cuerpos yacía en aquel pozo sin fin, todo ellos en diferentes estados de descomposición, manos, dedos y pies desmabrados con manchas negras flotaban como flores en el mar de sangre. Torsos, brazos y piernas negros se amontonaban en un solo lugar y las cabezas, las malditas cabezas todas ellas de hombres le miraban con sus ojos sorpresivamente abiertos cubiertos por una película lechosa, en donde las moscas se paraban y los gusanos se anidaban.
Un ruido extrañó de algo siendo succionado reverberó por el lugar, con los músculos del cuello hechos nudo, volteó a ver qué era lo que lo provocaba. Una jovencita sentada sobre los cuerpos masticaba los tendones de lo que solía ser un brazo. Mordía, masticaba y tragaba la carne humana, indiferente a lo que se llevaba a la boca, de vez en cuando se pasaba la lengua por los labios como si estuviera disfrutando del mejor de los manjares.
Giró y comenzó a correr a través de los cuerpos mutilados, sin importarle si pisaba algún miembro en el acto. El mar de muertos se movió, cerró los ojos y siguió su camino. Alguien o algo le perseguían, podía escuchar sus pasos, podía sentir su mirada clavada en él, podía oírle respirar.
Manos trataban de detenerlo pero él seguía corriendo, ignorando a los cadáveres sin vida que de vez en cuando uno parecía moverse. Salió del pozo de alguna forma y llegó a una antigua mansión. Era una casa enorme, vieja, fría y escalofriante, le recordaba su propia casa.
Un agudo gritó resonó por todo el lugar. Gemidos y chillidos inundaron el ambiente, una mujer era torturada. Su corazón le dolió, su respiración se hizo agitada y pesada, ella le gritaba, ella le llama, él la conocía. Sus pies se movieron rápidamente siguiendo el doloroso clamor de quien él conocía.
Las puertas de madera con figuras retorciéndose de dolor eran la única entrada, arañazos se escuchaban detrás de ella, gritos y más lamentos llenaron sus oídos. ¡Ella le necesitaba! Se abalanzó sobre la puerta y la luz se hizo en el oscuro lugar.
El lugar estaba lleno de sangre, grises fantasmas le miraban con las cuencas de sus ojos vacías, pálidos y sin vida. Todos ellos se parecían entre sí, quizás eran familiares. Ella gritó nuevamente. Sus miembros estaban destrozados, huesos, músculos y tendones habían sido machacados y a pesar de todo, una mano con dedos tembloroso trataba de alcanzarle, como si le pidiera que se acercara para tocarlo tan sólo una vez. Dio un paso hacia adelante y la figura de negro tras la mesa de tortura la golpeó con cruda brutalidad, disfrutando del dolor de ella.
Un odio irracional creció en él, no le importaba ser un simple humano enfrentándose a un ser de cuernos retorcidos y negros. Otro golpe descendió sobre ella, mientras sus dedos le imploraban tocarlo. Su vista se clavó en el rostro de ella desfigurado por la sangre, los golpes y el sudor. Si había algo vivo en ella era sus ojos. Furia, ira, venganza ¡sangre! De su boca sólo pudo salir una palabra:
¡Madre!
Sus brazos se estiraban al aire, mientras que el frio de la noche se colaba por sus doseles rojos. Se encontraba bañado en sudor y con todos sus músculos tensados, le llevó un tiempo reconocer que estaba en su cama, en la habitación de los chicos de Gryffindor en Hogwarts. Y no en una mansión desconocida, en un cuarto de tortura. La cabeza comenzó a punzarle terriblemente, había tenido una pesadilla espantosa, se llevó sus manos a la cara para convencerse de que estaba en la realidad y no en un sueño. Su respiración era agitada y su corazón latía velozmente, haciendo un bum, bum, bum, grave que amenazaba con salir volando de su pecho. Se cubrió el rostro con amabas manos y trajo toda la información coherente a su cabeza, intentando tranquilizarse.
Mañana tenía un examen de pociones y Snape era en exceso desagradable con él, así que tenía que descansar para que pudiera repasar las lecciones. Doscientas hojas más todo lo que en años anteriores habían visto, tremendo trabajo ¿no? Sí eso Harry, piensa en lo terrible que será presentar un examen antes de banquete de Halloween, Snape es una asquerosa persona que sabe joderla bien.
Se recostó en la almohada empapada, agradeciendo su frialdad pues le provocaba escalofríos incómodos que afirmaban que él se encontraba en la realidad. Enrolló la parte baja de las sábanas en sus pies y se cubrió con las mantas hasta la barbilla, el silencio de la noche le puso nervioso. La madera crujió bajo el peso de algo. Harry respiró profundamente y alzó su brazo para tomar de su cómoda una fotografía.
Lily Evans le miraba con rudeza, mientras que él la abrazaba. "No seas tonto Potter, no hay nada" se dijo a sí mismo, aunque la verdad era otra. Harry nunca le había temido a la noche, por el contrario adoraba las sombras totales. En las tinieblas podía verla, en la negrura podía sentirla, él y ella siempre se habían reunido en el silencio en la más tenebrosa y escalofriante penumbra. Su madre era la reina de la oscuridad, reina…no, era la ama y señora de ella. Él no les tenía miedo, pues él, era el hijo de la oscuridad.
Harry cerró los ojos, no, no sentía miedo por él, aquel miedo que palpitaba en su corazón era por su madre. Pero su madre no podía estar en un cuarto de tortura pues ella ya estaba muerta.
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—¡Estás loco!
—Mira quién habla. —El hombre soltó un enorme bufido.
—No puedes hacer eso, James. Podrían comerlos ¿y qué sucede si algún león decide cambiar su platillo de gacela a humano?
James lanzó un sonido extraño. —Y yo que pensé que te preocuparías más por los Nundu o los Erumpen. Leones, que poca imaginación tienes, Sirius.
—No es divertido. James.
—Creí que me apoyarías, Remus.
El licántropo puso los ojos en blanco. —James, esconder a la gente de todo el mundo en África es buena idea, ponerlos en la República Democrática del Congo es homicidio. ¡Ese país está en guerra!
—Y por eso nadie pensará que están ahí.
Remus y Sirius lanzaron quejidos de exasperación.
—Pueden morir a causa de los muggles. Cuando ellos se pelaban con flechas y espadas estaba bien, pero ahora tiene armas peligrosas. Sin contar que África tiene las enfermedades más raras de todo el mundo y son las más atroces. Además de sus animales, ¡África es un continente en exceso peligroso!
—Creí que habías dicho que era buena idea.
—¿Por qué no los enviaste a Egipto, Mozambique, Lesotho, Marruecos, Guinea?
—¿Y perderse la oportunidad de encontrar diamantes en una caminata por el jardín? Eres muy cruel, Remus.
Remus quiso estrellar su cabeza contra la pared. Cuando a James se le metía algo en la cabeza, difícilmente podían sacárselo. Lo que él nunca entendía es que vivía a un paso de Azkaban, si se morían los protegidos de la Orden del Fénix en el Congo, ni Dumbledore lo sacaba de Azkaban. Desde que Lily se había muerto, a James le encantaba jugar con su vida, siempre se arriesgaba por cualquier tontería.
—Ruega porque no se mueran —finalizó Remus.
James sonrió. —Si sobreviven en la seguridad de mi casa, probarán que no hay nada que temer de las armas muggles y que no estoy envuelto en el trafico de diamantes.
—Eso no probará absolutamente nada, James. ¡Es la idea más estúpida que se te ha ocurrido! Pones la integridad de tu familia en peligro, sólo para probar que no estás envuelto en el tráfico de diamantes. Como si esa fuera la acusación más fuerte que tienes.
—Has herido mis sentimientos y mi inteligencia —dijo James melodramáticamente—. Ya no eres mi amigo, Remus.
El hombre lobo puso sus ojos en blanco. —No quiero que tú o tu familia sea lastimada de nuevo, James…
Remus y James se miraron fijamente, el señor del imperio Potter-Evans sonrió afablemente. Esa sonrisa era la vieja y rota esencia de James, era como volver a ver al chiquillo despreocupado que alborotaba de vez en cuando la tranquilidad de Hogwarts.
—Entonces ¿Me cubrirás las espaldas, amigo? —preguntó James.
Remus tuvo ganas de aventarle la silla a la cabeza a James. —Eres un completo estúpido inepto.
James se encogió de hombros. —Pero así el mundo me ama —exclamó, estirando los brazos y sonriendo falsamente.
—A los idiotas les encanta soñar.
Remus y Sirius rieron abiertamente, haciendo que el sonido de la risa reverberase por las paredes de la siniestra mansión.
—Buenos días Leira —saludaron Sirius y Remus.
—Sabes que no me gustan que las ratas anden en mi estudio, son muy molestas.
La mujer se sentó a lado de Remus. —¿Y cómo está Nessa? He escuchado que tiene mucho trabajo en Wizengamot.
—No estoy pintado ¿sabes?
—Lo cual es una lástima —le susurró Leira a Remus—. Quiero que le digas que no se involucre con Finwick, podría ser muy peligroso.
—¿Qué sabes de él?
Leira le regaló una sonrisa misteriosa mientras caminaba hacia James. —Tengo antojo de kobeiba, shai nana y kumafa.
James entrecerró los ojos. —Pídele a un elfo que te lo traiga o ve tú por él.
Leira torció su sonrisa. —¿Estás seguro de eso? —dijo, mientras recargaba sus codos en el escritorio de James y colocaba sus sobre sus dedos entrelazados su cabeza.
—Si con eso tú desapareces ahora, sí.
—Bueno. —Leira se levantó de su posición y caminó hasta la puerta con cierto aire infantil a su alrededor, antes de irse se volvió hacia su esposo y dijo—: Luego no digas que no te lo advertí.
La puerta se cerró con un fuerte estruendo.
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Harry observó las ondas que su piedra había provocado en el lago expandirse velozmente, pequeñas pero concisas al principio, grandes e indefinidas al final. Lanzó otra piedra, con cada piedra que lanzaba, las entrañas del lago se removían hasta que pedazos del fondo flotaban a la superficie. Observó la piedra que tenía en su mano y la lanzó hacía el fondo.
Se cruzó de brazos y observó como burbujas emergían a la superficie para estallar con un suave borboteo. Harry frunció el ceño, se supone que sólo se debían producir ondas, tal vez al remover el fondo algo había querido salir.
Una nueva burbuja estalló, era su imaginación o esta vez se había formado un poco más cerca. Se acercó al agua y otra burbuja salió, la cosa avanzaba. Pronto una serie de burbujas comenzaron a estallar en la superficie, siempre una delante de la otra, como si alguien avanzara por debajo del agua.
El chico se subió a un tronco y se inclinó para ver la cosa desde arriba. Las burbujas se detuvieron debajo de él. Harry se agachó tanto que su nariz rozaba el agua, solo veía su propio reflejo. El viento sopló y su imagen se distorsionó un poco, entrecerró los ojos y algo se movió, Harry se hizo hacía atrás para enfocar mejor.
La horrenda piel rasgada, muerta y roída cubría su faz, su enorme boca con dientes grotescos carcomidos y afilados se encontraba entre abierta, era la muerta de sus sueños. El pánico comenzó a correr por todo su cerebro, aquella quería atraparle. Los ojos de ella se abrieron de golpe, Harry se hizo hacia atrás tratando de evitar que las manos de ella le tocaran nuevamente. La putrefacción le inundaba los sentidos, apestaba, ella apestaba de manera alarmante. Quiso incorporarse pero las manos de ella le agarraron por el cuello, tirando de él y metiéndolo al lago.
El agua y el olor fétido de ella le ahogaban, quería salir a la superficie pero ella le retenía. "Dámelo, dámelo, dámelo." Harry apretó su varita y la agitó en un intento desesperado de librarse de ella. Pero era inmune a la magia. "Va a ser mío." Harry golpeó el cuerpo fofo, llenó de gusanos y porquería fuertemente, sus manos salieron a la superficie tratando de agarrase de algo. "Los malditos nunca escapan." Los gusanos se metían por las ropas, las lombrices babosas se le metía por la nariz, insectos negros y pequeñitos se clavaban en su piel tratando de atravesarla, animales y bichejos pasaban del cuerpo de la muerta a él y se apoderaban de su cuerpo. "Mío, mío, mío" Podía sentir sus patitas moviéndose en sus ojos. Se sacudió violentamente tratando de quitarse aquellas cosas horribles, pero ella le sujetaba con mucha fuerza, se dobló y abrió la boca para gritar, pero unas cosas peludas se metieron a la boca y comenzaron a caminar por su lengua, tocando sus dientes y su paladar, los gusanos se adentraron en la cavidad, tocando todo con sus gordos y baboso cuerpos, hasta metérsele en la garganta.
—¡Harry!
Escupió, escupió sacudiéndose violentamente limpiándose a fuerza de manotazos todo el cuerpo. "Asqueroso, asqueroso, asqueroso," pensó.
—¿Qué era lo que hacías? —Harry se levantó del suelo sintiendo como el viento comenzaba a colarse debajo de sus prendas—. No debiste inclinarte de ese modo, ponte esto. —Hermione se quitó la capa y se la colocó a Harry sobre los hombros—. Mírame, Harry. ¿Qué tienes en el cuello? Harry.
—Parece una mano —dijo Ginny—. ¿Estás bien? La gente del agua te atacó.
Harry le arrancó el espejo a Ginny y se observó el cuello, tenía una mancha grande y bastante nítida, parecía que alguien con la mano llena de tierra le hubiera intentado ahorcarle. Harry se tocó el cuello, no dolían, así que no eran hematomas.
—Mira tu mano Harry —dijo Ron.
Harry se observó la muñeca. Ella le había agarrado de ahí, subió su brazo hasta la nariz. La putridez de su cuerpo se le había pegado, su muñeca apestaba.
—Harry.
El chico alzó la vista para ver a su amiga, detrás de Hermione estaba ella.
—¡Hermione! —Harry la jaló por el brazo hacia sí y la abrazó, mientras que con la mano libre apuntaba con su varita a la muerta pero, ya no había nadie.
Ron y Ginny observaron como Harry apuntaba al aire y fruncieron el ceño. Harry había salido del gran comedor bastante alterado tras haber discutido con Dudley, ellos lo habían estado buscando todo el rato y lo encontraron de cara al agua, sostenido únicamente por sus manos en la rama que se inclinaba peligrosamente, de pronto Harry cayó al agua y le observaron batallar. Fue cuando Ron se metió al lago y sacó a Harry, no lograron hacerlo reaccionar hasta hace un poco. Y ahora apuntaba a la nada, como si de pronto fuera a atacarle, era bastante extraño.
—No otra vez —susurró Harry—. ¿No la vieron?
Los hermanos Weasely negaron con la cabeza.
—¿Podrías soltarme?
El chico se alejó de Hermione mientras comenzaba a dar vueltas. "No estás loco, no estás loco." —Sonará extraño, pero…vi a alguien que quería atacarme.
—¿Tu necesidad de atraer la atención de la gente es tan fuerte, Potter?
Harry juró en voz baja por haber dicho aquello en un lugar tan abierto. —¿Qué quieres, Malfoy?
—Yo puedo decirte lo que quieras, Potter, sabemos que él no quiere decirte nada.
—Cualquier cosa que tú me ofrezcas, Malfoy, es basura.
El rubio sonrió y meneó la cabeza. —Es tú legado, ¿Por qué no has de saberlo?
Estúpido Malfoy. Harry quiso darse media vuelta y olvidarse de todo, pero el maldito bastardo tenía tanta razón.
—Sabes algo, Malfoy no tengo tiempo para esto, así que di tu oferta ahora ó lárgate.
El rubio sonrió como si hubiera ganado la escaramuza.
—Puedo decirte lo que sabemos de Evans y a cambio, tú nos dirás algo sobre tu casa.
Información por información, inteligente pero no lo suficiente.
—Si mañana no recibo una respuesta adecuada, tendremos que…persuadirte de otra forma.
—¿Esa es una amenaza, Malfoy? —dijo Ron, alzando su varita.
—Déjalo, Ron.
—Tu padre sabe que no somos suaves en eso.
—Vete de aquí.
El rubio sonrió torcidamente y avanzó por entre la hierba.
—Debes de decirle a Dumbledore, Harry. Él te protegerá y…
Harry alzó una mano, haciendo que Hermione dejara de hablar. —Esto es entre mi familia y la de ellos.
Hermione lanzó un bufido. —Harry, Malfoy te acaba de amenazar y bien sabes que ellos no se limitarán a darte un par de maleficios.
—¡No lo entiendes, Hermione! —bramó el chico—. No tienes idea de lo que estás hablando. ¡Ellos quieren matar a mi padre! Quieren acabar con mi familia, desean lo que nosotros tenemos. No es un ataque en mi contra, ¡están luchando en contra de los Potter-Evans! ¡Y no voy a permitir que eso suceda! Esto es entre nosotros, no tenemos porque involucrar a nadie más. Los Potter-Evans no tienen miedo de nadie, y si quieren guerra, guerra es lo que tendrán.
—Esas ideas son medievalistas.
—¡Pues me importa poco! Es lo que creo y si no te parece, es tú problema.
—¿Quién crees que eres, Harry? No puedes pelear en contra de todos…
—Soy Harry James Potter Evans, primogénito de dos de las más antiguas casas de sangre pura —clamó el chico con orgullo y aplomó, antes de dar media vuelta y caminar con ese aire de supremo poder, pedantería y majestuosidad que caracterizaba a la cabeza de la familia Potter-Evans.
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Los inferí parecían brillar bajo el agua a la luz de la luna cuando se les miraba desde aquella altura de la mansión. El señor de la casa admiraba su reinado sentado en un carísimo sillón negro, mientras que el fonógrafo hacia resonar las cuerdas del violín dotando a la estancia con melancolía y desesperación. Una sonrisa insana se plasmó en su faz, tenía ganas de estallar en carcajadas pero no quería que el llanto del violín se viera opacado. Se acomodó las gafas y observó como la tierra se alzaba formando una polvareda indefinida, la temperatura del viento bajó, no podía sentirla pero el cristal de su ventana comenzó a empañarse repentinamente, esa capa blanquecina e indefinida comenzó adueñarse de todos los cristales de la mansión, la luz de la habitación se apagó. El viento silbó dolorosamente.
James sintió el golpe, sin embargo ni siquiera parpadeó. Las fauces del chacal estaban impresas enfrente de su ventana. James soltó una cruel seca risa y la bandeja de plata se elevó de su lugar para ir flotando hasta el brazo derecho del sillón, Lily solía divertirse mucho haciendo aquello.
James estalló el cristal que tenía enfrente y escuchó como la bestia aullaba de dolor, el cristal cayó al suelo como si fuera lluvia. Las dríades de los arboles siniestros de la mansión bailaban para él mientras que algunos espíritus negros se unían a ellas. James apenas si movió sus ojos observando la bandeja de plata para luego volver a poner su atención al frente. La bandeja flotó hasta colocarse enfrente de él, la servilleta negra que cubría su contenido resbaló suavemente. El olor a carne recién cortada y sangre inundó la nariz de James.
El primer trozó de carne salió volando y en medio del aire fue devorado por algo invisible. Los thestral volaban cerca de la mansión esperando los trozos de carne. Uno a uno los retazos de carne cruda salieron volando hacia la oscuridad de la noche, mientras los cabellos negros y otras criaturas se disputaban los trozos en medio de aire o en suelo. Encantador, el final era lo mejor, vaciar la sangre y ver como la tierra se nutría de ella, Lily sabía hacer crecer diversas flores del color rojo sangre. Él se limitaba a ver como cosas malignas nacían de la tierra.
Las criaturas comenzaron a agitarse, el chacal gruñía ferozmente, con sus garras y dientes buscaba algo en la tierra, James vio algo elevarse al aire; una serpiente, Voldemort no se cansaba de enviar a sus secuaces. James cerró sus ojos escuchando los sonidos de la noche, el silencio se hizo en lugar, la serpiente cayó al suelo pesadamente, James abrió sus ojos mientras una sonrisa demencial y maligna coronaba su faz.
Las bestias nocturnas se inclinaron ante él y salieron a la caza de cualquier que quisiera perturbar la vida de la familia de la oscuridad.
El cristal de la mansión comenzó a rearmarse en silencio mientras que el fonógrafo se detenía. Un viento helado penetró en la habitación, manos del hielo tocaron su faz, la frialdad penetró su piel, extendiéndose en todo su exterior. La punta de una lengua le acarició los labios, carisias lascivas atravesaban su ropa elevando su temperatura, un besó aquí, un roce por acá, ella lo hacía condenadamente tan bien. Respiró profundamente mientras sus manos se deslizaban por los muslos de ella levantando su túnica. Ella se reacomodó pegándose a él, sintiendo primero el vientre abultado de ella.
—¿Lo mataste?
Ella bufó y siguió entregada a lo suyo.
—Ratón.
—¡No me llames así! —bramó. James abrió los ojos, el castaño claro de los ojos de ella se encendió tornándose casi rojo. Parpadeó y abrazó a su mujer comenzando a besar su cuello.
—Leira.
La mujer lo aventó contra el sillón agarrándole el cuello con amabas manos.
—Sólo quiero a mi esposo, ¿es mucho pedir?
—Sólo quiero un sí o no, ¿es mucho pedir?
Una mueca de fastidio se dibujó en el rostro infantil de ella mientras se bajaba de las piernas de James. Estando de pie comenzó a caminar acomodándose la túnica nuevamente.
—Querida, no arruines el momento
—Ve y averígualo tú mismo.
James se levantó y caminó tras de ella, abrazándola por detrás. —Quieres jugar.
Leira suspiró al sentir las manos de James adentrándose por su túnica. —Eres —el aire pareció escapársele de los pulmones—, un…ah…—Leira se mordió los labios, antes de soltar—: maldito bastardo.
—Me gusta saber que me he casado con una niña muy mala.
—¿Qué tanta maldad quieres ver en mi?
—¡Y mami y papi…! —Sirius dio media vuelta agarrando la puerta y tapando la entrada—. Están…jugando a las manitas calientes.
—¿Jugar? ¡Yo quiero, yo quiero jugar! —chillaron dos voces.
Leira y James se apuraron a acomodar sus ropas. Sirius giró su vista para evaluar si los niños podían entrar al salón. Leira se sentó en un sillón y James se cruzó de brazos ocultando cualquier emoción.
Sirius dejó entrar a los niños con todo y su ruido constante. —Para eso existe la cámara principal ¿saben?
Leira rodó los ojos. —Mira cariño, puedo hacer con él lo que plazca donde me plazca. No me hagas decir esas cosas.
Sirius observó a Leira y luego a James, esos dos no tenían remedio. —Tenemos problemas.
—Si no me dices, Sirius, no me doy cuenta.
—Guarda tu mala leche para otra persona, James, alguien notó que uno de los sellos se ha roto.
—Las mascotas han salido a divertirse —dijo James indiferente.
—No esos sellos.
—¡Joder!
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Idiota, sí Harry James Potter Evans, era un idiota, pero ¿Y qué? Al menos era un idiota con causa…¡Por Morgana, que lo quemaran vivo si volvía a decir semejantes estupideces! Harry suspiró profundamente y se colocó en frente de la pared de piedra descubierta y llena de humedad.
—"Gran Salazar."
La puerta de la sala común de Slytherin apareció ante él y Harry se adentró al terreno de las serpientes. Un frío escalofrió le recorrió al recordar que cuando él era chico, había ansiado con todo su corazón quedar en aquella casa. Diez Slytherin estaban sentados alrededor de la chimenea de fuego verde y platicaban en susurros, que casi se podían confundir con silbidos de serpientes. Harry buscó con su vista a alguien más que aquellos diez, pero no había nadie más en la sala común, aquello apuntaba a que la cosa sería un desastre.
—Potter, veo que has venido.
—Me encanta ver tu cara de idiota, Malfoy.
Harry no pudo reprimir la sonrisa que se dibujó en sus labios al ver a Malfoy hacer una mueca bastante agria, sin embargo su alegría se apagó cuando vio a Kali sentada con aquella majestuosidad que había copiado de la madre de Harry en una silla, como le detestaba. Kali siempre deseaba parecerse a Lily Evans para llamar la atención de su padre.
—Al grano.
—Hoy es Halloween y tenemos que celebrarlo —dijo Draco, alzando una copa y haciéndole una reverencia.
—De este lado, Potter. —Parkinson vestía con una túnica demasiado ceñida de color morado con un horrendo bordado. La chica le hizo una reverencia mientras le señalaba la puerta.
"Rematadamente inepto." Harry suspiró, con un gesto de asco tomó el brazo de Parkinson y se dejó guiar. ¿Cómo diablos se había visto envuelto en esto? Al carajo, sí al carajo debió mandar su maldito orgullo, que se jodiera en el infierno el estúpido Gryffindor con todo y sus mentados ideales. ¿Es que acaso había una ley que decía que todo Gryffindor debía caer en la trampa de una serpiente al cuestionar su valor? Pues que gran mier…coles le había tocado y eso que era viernes.
Parkinson caminaba de una forma extraña, meneaba sus caderas y arqueaba su espalda haciendo que su busto resaltara. ¿Acaso pensaba seducirlo? Las Slytherins no le agradaban a Harry para nada, las detestaba. La única mujer digna de llevar el escudo de Salazar Slytherin, había sido su madre.
—Te va a gustar.
Harry torció los labios y trató de soltar la mano de Parkinson, pero ella se la apretó fuertemente.
—Ni siquiera lo pienses, Parkinson, no voy a…
El Gran Comedor estaba en su esplendor, la luz de las velas era tenue pero suficiente para que uno pudiera ver por donde andaba, murciélagos, calabazas y arañas surcaban los cielos esa noche. Esqueletos bailarines danzaban entre los estudiantes al ritmo del jazz y una letra pegajosa, bastante divertida aunque sin mucho sentido. Harry adoraba la cena de Halloween más que cualquier otra noche en Hogwarts, en definitiva en su última noche de Halloween en Hogwarts él debía de estarla disfrutando.
Los susurros no se hicieron esperar cuando el apareció escoltando a una Slytherin, y tras él toda la panda de arrogantes hijos de papi que estaban de lado del Señor Oscuro. Dumbledore alzó una ceja y le observó fijamente, a la orden de Harry, Dumledore iría a su rescate.
Era una bastardo gilipollas con demasiado orgullo, que Dumbledore esperara todo lo que quisiera, él resolvía sus asuntos por sí mismo. Lo sentaron a lado de su querido primo Dudley al final de la mesa de Slytherin y compartió con ellos la comida. Ugh, una comida excelente para tan asquerosa compañía, lo más seguro es que mañana le diera alguna extraña enfermedad estomacal.
—Halloween una noche mágica ¿no lo crees, Potter?
Harry observó la sonrisa maligna que se dibujaba en la cara de Draco, quien se sentó de frente a él y supo que algo iba muy mal.
—Que la disfrutes.
La adoptada por los Lestrange generalmente casi no le hablaba, se limitaba a mantenerse detrás de Kali y hacerle muecas horrendas desde las sombras. Muy extraño.
A sus narices le llegó un olor a rosas, pergamino y tierra húmeda, Kali se sentaba del otro lado de él, ella no le dirigió ninguna mirada o mueca, sencillamente se limitó a tomar un par de bombones cubiertos de chocolates así como galletas y otras confiterías. Sus movimientos con las manos eran delicados y agraciados a la hora de usar los cubiertos, a simple vista cualquiera podría decir que ella era toda una señorita de gran abolengo.
—Muestra tú orgullo.
Harry apretó los dientes fuertemente, ¿Quién era ella para darle ordenes? Él siempre mostraba su orgullo, en ningún momento se avergonzaba de quien era.
—Ellos no te deben arruinar esta cena.
Como le odiaba. Harry tomó el cucharón y se sirvió un poco de piña cristalizada, piñones glaseados y frutas secas, no permitiría que los Slytherin, ni la molestia que era su her…la adoptada de la familia, le arruinaran Halloween.
—Seré franco, Harry. —Harry mordió la fruta con mucha fuerza—. No nos agradamos, sin embargo somos primos, si tú compartes conmigo el secreto no tienes porqué contárselo a los demás.
Harry observó a la bola de grasa que era Dudley, no lo soportaba, en realidad no soportaba a ningún pariente de su madre.
—¿Qué dices, Harry?
—Me pasas la mermelada de cereza.
Draco observó a los dos jóvenes y sonrió, Harry tuvo ganas de estamparle el frasco de mermelada en la cabeza, pero sería un crimen, no podía concebir que la mermelada se desperdiciara.
—¿Disfrutaste las vacaciones, primo?
Harry giró los ojos, si había algo que le disgustara más que tener a la "familia feliz" cerca, era que ellos trataran de entablar conversación con él, en verdad eran una plaga.
—Si te refieres a que disfrute de ver como mi padre entregó a la dulce y adorada tía Bella a los aurores, sí estuve la mar de divertido con ello.
Crabbe y Goyle sujetaron a la adoptada por los Lestrange de los brazos.
—Espero que no te haya provocado una úlcera saber que escapó de ellos —replicó Draco, haciéndole un gesto a la chica Lestrange para que se sentara.
—No, eso quiere decir que mi padre puede volver a humillarla. ¡Eso fue muy considerado de parte de tía Bella! —La noche no podía ser tan mala después de todo, ver la cara de molestia de toda esa panda, era algo placentero—. Se le van a enfriar sus duraznos en almíbar, señorita Lestrange.
La chica clavó el tenedor en el durazno con mucha fuerzas, Harry no dudo en pensar que la chica hubiera deseado que el durazno fuera su cabeza.
—Mientras todo quede en familia —susurró Zabini Blaise.
Harry alzó una ceja, en definitiva algo no estaba bien, los Slytherin nunca le hablaban tan familiarmente. Zabini jamás le dirigía la palabra, al menos dejó de intentarlo después de que la Señora Zabini fue rechazada por su padre; de acuerdo con James Potter, era hermosa pero letal, James era muy joven para la señora Zabini y él deseaba vivir varias décadas más. Lo cual le pareció a Harry una locura cuando James decidió casarse con Leira, pero de tener como madrastra a Leira ó a la señora Zabini, definitivamente no había mucho que pensar.
Parkinson abrió la boca para comentar algo con Draco, cuando el saxofón resonó fuertemente por el lugar y Harry puso toda su atención a la banda bizarra de esqueletos, murciélagos y doxys que tocaban en el lugar. La mayoría de los Slytherin detestaban el espectáculo que ofrecía Dumbledore en Halloween, pues creían que era alguna vulgar costumbre muggle, Harry sonrió, la verdad es que los "sangre pura" no tenían ni idea de lo que era una fiesta de Halloween hecha por muggles.
Harry observó por el rabillo del ojo las caras de asco que hicieron cuando comenzó a seguir el ritmo del jazz con sus hombros, una chica de Hufflepuff le hizo una clara invitación a bailar, Harry sonrió y negó con la cabeza, el baile le gustaba pero él era un pésimo bailarín. La única vez que recordaba haber bailado sin estresarse por pisarle los pies a su compañera, había sido un día en el que su madre lo llevaba en brazos —había estado jugando en el puente que cruza el lago de su casa, se había caído y había sido salvado por los inferís del lugar, su madre lo arrancó de los brazos de los inferís, lo llevó a su cuarto para limpiarlo y cambiarle de ropa, Lily lo alzó con sus manos y le escrutó con la mirada como si fuera una pintura a la que estaba evaluando, su madre le había puesto la capa al revés, los botones de la túnica no concordaban con el número de ojales, y había olvidado abrocharle uno de los zapatos, pero ella curveó los labios hacia arriba como si estuviera satisfecha; él no tuvo el corazón para arruinarle el momento.
La mansión se había llenado de un extraño ruido, su madre había fruncido el ceño y alzando un ceja. La puerta del cuarto se abrió; entró James con su aura alegre y festiva llevando una gran sonrisa en el rostro, la cual se amplió al ver a Lily cargando a Harry mientras sus ojos brillaban intensamente, rió para él solito y se acercó a ellos. James acomodó a Harry en los brazos de Lily, los sacó al pasillo y comenzó a danzar con ellos por todo el lugar. Harry recordaba ver el suelo y el vestido negro de su madre bambolearse de un lado hacia el otro, sentir como el viento le golpeaba en la cara cuando de repente su padre hacia girar a su madre sobre sí misma, la risa alegre de su padre iluminando toda la mansión, su madre con aquella mueca de disgusto pero sus ojos verdes brillando intensamente llenos de diversión. Harry se había reído mucho ante las ocurrencias de sus padre y las replicas de su madre, aunque había sido algo incomodo estar entre dos personas, sobre todo cuando una de ellas es muy efusiva.
La música se apagó y Harry volvió su atención al plato, debería aprender a bailar sin pensar en que pisará a su compañera. Kali le tocó el antebrazo, él alzó la vista, una joven de Slytherin de cabello negro caminaba por detrás de Malfoy con la cabeza agachada y un andar lerdo, se detuvo y giró su cabeza para ver a Harry, sus ojos verdes derramaban lágrimas.
—¿Potter?
Harry fijó su atención en Draco.
—Estábamos pensando en ir al nuevo bar exclusivo de Hogsmeade, tu apellido es la entrada, ninguna sangre sucia ó pobretón entrará ahí.
Harry bufó, como si él quisiera gastar su día en Hogsmeade con ellos, alzó de nuevo la vista buscando a la chica, pero ya no había nadie. Se llevó una mano a la cara.
—¿Cansado?
Risas a su alrededor y la temperatura comenzando a descender, el frio se colaba por debajo de sus ropas como manos babosas que le acariciaban, respira y siente el hielo adentrarse en todo su ser, congela sus pulmones, congela sus venas, congela el cerebro, congela el corazón, hiela a la razón.
Más risas a su alrededor, Crabbe y Goyle lo sacan del comedor, Kali le mira con aquellos profundos pozos negros llenos de indiferencia, oscuridad, las mazmorras, putrefacción…ella está aquí. Huye, corre, el pecho le duele, se retuerce, grita, demanda. Las manos llenas de gusanos, pus, sangre, carne podrida y huesos le acarician en rostro.
—No me toques.
Risas a su alrededor, ella está encima de él, siente su carne, su olor tórrido, la quiere lejos de él, no soporta, no puede, es terrible, es maligna, ella ríe. Un rezo, un canto, alguien murmuraba.
El suelo se hundía, la negrura lo tragaba, ella se lo estaba llevando con él. Pelea pero no puede ganarle a la oscuridad, pelea pero es que él es parte de ella, pelea pero ella es dueña de su cuerpo, se deja y cae, cae y para de caer.
Tierra pintada de rojo, un grito perforando sus oídos, hombres y mujeres muertos por doquier, alguien que solloza, una vieja mansión, el lamento del alma, madera carcomida, gente que gime. "Harry." Las aguas agitadas del lago negro de su casa, alguien llora, el pasto negro, una súplica que se eleva al cielo, una mansión, una confesión no escuchada, piedras que lloran sangre, la risa insana del asesinato. "Harry." Las escaleras principales de la mansión, gente arañando las paredes, una mujer de negro le observa en silencio, algo que se arrastra, una mujer llora "Harry." Ella se mira las manos quemadas, sus ojos verdes no se han apagado con el paso del tiempo, levanta la vista y Harry observaba como el fuego desfiguró el bello rostro de su madre, sus parpados en carne viva se abren y cierran velozmente. "Harry." Con una mano negra le señala una pared. Piedra caliza marcada con el símbolo de los Evans: grande, claro, imponente. Fuego a su alrededor, ella está en llamas, trata de agarrarla pero ella corre hacia la pared. "Harry." Manos, manos que le agarran de por todos lados clamando piedad, una puerta, un ruego.
—¡Madre!
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Las confesiones de Kirsche:
¡Genial! No sé, este capítulo me ha E-n-c-a-n-t-a-d-o, y eso ya es mucho que decir ¿no? Bueno, quiero saber su opinión, vamos, vamos.
Hay una pregunta que ha aparecido mucho en sus reviews, ¿este es un fic Harry+Ginny, o Harry+Hermione? Pues…no os voy a decir la pareja o si hay pareja, eso lo tienen que descubrir ustedes mismos, pero puedo decir que tendrán sus momentos ambas, así que habrá momentos Harry+Ginny y Harry+Hermione. Lo sé, soy una chocante, pero ya he dicho: NO soy shipper de ninguna de las dos, mi pareja favorita para Harry es Draco, pero…este fic NO será slash, así que siéntase tranquilos por ese lado.
Por cierto, os aviso que he abierto un blog en donde estaré hablando de mis fics (y otras tonterías) cualquier tema que gusten debatir sobre: cualquier fic, estoy abierta a sus sugerencias. El blog es: ht tp//co nsp irac ion del ali be lula .blo gsp m/ (quiten espacios y ahí tienen la página, me encantara verlos por ahí, tal vez pueda responder reviews anónimos por esa página, estén pendientes).
Reviews: DarkGuy, CaRmEn EvAnS, Ginebra, lordaeglos, Tomoe, Kaito Seishiro, J-JPD, Karin Mathews, Nadesiko04: respuesta va reply, de no haber llegado me avisan.
Tomoe: respondido vía email. Elisa Black: gracias por tu review.
Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.
¡Dejen comentarios!
M.O.S./M.O.M/M.O.J.
