Capítulo 6: Recuerdos de una Misa Rota.
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El malvado se impone y aplasta al humilde:
que quede atrapado en las trampas que maquina.
(Salmo 10)
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Azotó la puerta y caminó por el lugar mientras los gritos a sus espaldas continuaban. Encontró sus protecciones, se colocó de frente a la pared y comenzó a enfundárselas con enojo.
—¡Harry!
El chico siguió amarrándose las protecciones de las manos y no volteó a ver a la chica, quien con un semblante alterado, buscaba su atención.
—Déjale en paz, Hermione.
La joven bufó sonoramente al pelirrojo. —No te metas en esto, Ron.
—¡Es mi amigo! —bramó el chico.
—¿Y quieres sacrificarlo por un tonto juego?
Harry se volvió hacia sus amigos quienes se miraban fieramente, chispas salían de los ojos de ambos.
—Fui yo quien ha decidido jugar, Hermione, no Ron. Así que por favor, no interfieras.
La chica dejó de mirar al pelirrojo y se volvió hacia Harry. —No te has recuperado, no es seguro que vueles en una escoba buscando una nuez en medio de una carnicería, por favor, Harry.
—Nunca dejaré que Gryffindor pierda ante Slytherin, o ninguna otra casa.
—Así se habla amigo —le aplaudió Ron.
—¡Harry! Piensa en que…
Harry golpeó con su puño el mueble de hierro en donde se guardaban algunas de las túnicas de Quidditch, Hermione y Ron brincaron ante el sonido.
—No voy a dejar que crean que me han amedrentado, Hermione. ¡Soy fuerte y eso es lo que les voy a demostrar!
El chico caminó por el pasillo.
—¡Ellos saben que lo eres! Nosotros lo sabemos, no tienes a nadie a quien probarlo, Harry.
Ron y Hermione seguían a Harry por detrás.
—Mi padre ha venido a verme jugar, ¡y ganar!
Hermione gimoteó agudamente, tratando de detener a Harry pero éste se lanzó al estadio de Quidditch en su saeta de fuego, sin volver la vista atrás.
—Busca un buen lugar para vernos, Hermione.
Hermione golpeó a Ron en el brazo. —Es terrible que arriesgues la salud de Harry por el quidditch.
—Le vigilaré. —Hermione entrecerró los ojos, apretando fuertemente la mandíbula—. Él ha elegido su forma de enfrentarlos.
El estadio estaba a reventar de gente, Hogwarts se había convertido en una marea extraña comandada por los colores de aquellos que se enfrentaban: plata, verde, dorado y rojo. Banderas y canticos abundaban por el lugar ensalzando a la casa de sus jugadores. Era el partido más deseado de la temporada, el primero y más espléndido, la casa de Slytherin contra la casa de Gryffindor. Los gritos eran ensordecedores.
—Rojo, dorado, rojo y dorado, leones valientes; destrocemos a las rastreras serpientes.
Sirius agitó la bandera de Gryffndor en lo alto y se volvió hacia los niños a quienes gritó: —¡El que no brinque es serpiente, el que no brinque es serpiente!
Las gradas del estadio comenzaron a crujir bajo el peso de los niños que brincaban de un lado hacia otro mientras cantaban algo como:
—¡Amo a Gryffindor la casa que con su garra escarlata y su piel dorada se ha ganado mi corazón! Y como no la voy a amar, si es el lugar de los de pasión valiente, coraje ardiente y bravura sin igual…
Los gemelos brincaban abrazados envueltos en una bandera de Gryffindor y gritaban cosas como: "Muerte a los Slytherin" o "arránquenles la cabeza a las serpientes venenosas". Se veían bastante graciosos con los cachetes pintados de rojo y dorado.
James sonreía ligeramente a lado de Leira quien llevaba una túnica que decía: Espero a un león valiente debajo del escudo de Gryffindor.
Sirius se sentó por un momento sin dejar de agitar su bandera de Gryffindor. —¡Ah! —suspiró Sirius, antes de continuar—:recuerdo aquellos días en que sobrevolaba el estadio y con el bate dirigía a las porras contras los Slytherin.
—Eso te costó una sentencia de castigo, no podías acerarte a las gradas. Todo por ser el instigador de una batalla a puño limpio entre Gryffindors y Slytherins.
—Y luego estuvieron a punto de prohibirme la entrada al estadio. Te empieza a fallar la memoria, Moony.
—El quidditch se vive diferente desde las gradas —comentó James, quien ese día sobre sus atuendos negros se había puesto su vieja bufanda de Gryffindor—. Se siente una emoción distinta y…—El hombre dejó de hablar para contestar a la porra—. ¡Gloria!
—¿Qué? Ah… Gryffindor, Gryffindor Gloria —dijo Leira.
—¡Harry! —gritó Sirius alzando la bandera de Gryffindor en lo alto.
—Es difícil verte, Sirius —se mofó el chico.
Sirius llevaba una túnica de un escarlata escandaloso con dorado muy brillante y un león de fauces abiertas en el pecho.
—Es genial ¿verdad?
Harry rió. —Tío Remus, que bueno verte por aquí. —El hombre se encogió de hombros y agitó su banderita de Gryffindor—. Bueno, los veo al final del partido.
—No te pases mucho las manos por la cara o te vas a embarrar de pintura —le advirtió Leira secamente. Harry llevaba la mitad de la cara roja y la otra dorada—. Buena suerte.
—Patea el trasero de las culebras de agua puerca —fueron las palabras de aliento de su padrino.
—Has algo más entretenido que agarrar la snitch frente al perdedor de Malfoy, no sé, estréllate en el suelo y rómpete algo, mejor estrella a Malfoy, así no tengo que pagar yo otra escoba.
Harry sonrió y se alejó de las gradas con las últimas palabras de su padre en la cabeza. El chico no pudo evitar reír frente a todos los jugadores, ganándose miradas extrañas.
Madame Hooch soltó las bludgers, la snitch y al final la quaffle. Todos comenzaron a volar por el lugar. Harry se elevó unos diez metros por encima del estadio, vio a su padre observarle y después buscar por el estadio el reflejo dorado de la snitch, mientras que Sirius dirigía las porras de Gryffindor.
La presencia de su padre en los partidos de quidditch era algo natural, los Gryffindor le tenían cinco gradas reservadas; una para los asistentes y cuatro para mantener la distancia.
Aunque había compañeros de su casa que le tenían miedo a él y a su familia, cuando se trataba de quidditch parecía que se olvidaban de ello, pues la leyenda que fueron los merodeadores había sobrevivido hasta estos días y todos sabían que ellos habían sido unos Gryffindors, muy Gryffindor.
Una sonrisa acudió a sus labios, aunque se tuvo que agarrar fuertemente la escoba al sentir el súbito mareo que le sobrevino; el campo de quidditch desapareció para dar paso a la vieja casa de sus sueños. Era una vieja mansión imponente brillando al sol con boquetes que dejan entrever su interior, la madera crujía al paso del viento, esa casa, ese lugar. Sacudió fuertemente la cabeza para alejar la imagen y trató de respirar profundamente, el estadio de quidditch volvía a él y con ellos sus gritos.
Respiró pesadamente, no quería que le diera otro ataque de pánico. Respiraba a un ritmo lento y constante, mientras trataba de concentrarse en el partido. Ron defendía la portería y lo hacía decentemente bien, Ginny se colaba entre los Slytherin para agarrar la quaffle y anotar un tanto. Hermione se sentaba a lado de Remus a quien le sonrió y se puso los binoculares, Harry trató de dar la vuelta, no quería que ella le viera la cara pálida, porque era capaz de arrodillarse ante su padre para que lo hicieran bajar de la escoba.
—¿Asustado cara rajada?
Harry bufó y anduvo por el estadio sin buscar nada en particular, no quería pelear con Malfoy. Su padre le observaba con los ojos entrecerrados, a pesar de que los lentes de James brillaban por el sol, podía sentir sus ojos sobre de él. ¿Ya se había dado cuenta de que no estaba bien? El chico alzó el rostro, no era buena idea hacer que el partido durara tanto, tenía cosas que hablar con su padre y no creía durar mucho tiempo en la escoba; el mareo volvía a él, no quería pasar de nuevo por lo que sucedió en Halloween.
La dureza del suelo incomodaba su espalda; frio sudor recorría todo su cuerpo pero se acentuaba en su faz. Gruesas lágrimas pugnaban por salir, pero el primogénito de la oscura casa de los Potter-Evans nunca lloraba; sin embargo ver a su madre sufrir era suficiente para que olvidara todo estúpido orgullo.
Alguien le tocó la frente y removieron sus negros cabellos, dándole una mejor visión del lugar, estaban en algún pasillo de las mazmorras de Hogwarts; gritos de batalla reverberaban alrededor.
—¿Qué viste? . ¿Dónde está? —Draco Malfoy lo incorporaba, mientras le apabullaba con confusas preguntas.
—¡Mírame! —Harry recuperó sus energías súbitamente para hacer una mueca de asco y le escupió directamente en la cara a Kali.
Harry se levantó del suelo y observó a través de su borrosa vista a Hermione, Ron, Ginny, Neville y Luna pelear con algunos Slytherin. Su cuerpo se desequilibro y se llevó las manos a la cara. Fragmentos borrosos, como si un espejo roto le mostrara diversos puntos de una escena, una mujer que caía al suelo con sangre brotando de sus brazos, alguien que reía, un hombre abría la boca completamente asombrado, una mujer chillaba llena de horror, un golpe seco, el escudo de Slytherin se tambaleaba.
Fuego, gritos de agonía, su madre arañaba la madera intentando liberar de su cuerpo el dolor. Como la lluvia que cae violentamente sobre el frágil cristal, Harry se vio inmerso en un montón de imágenes sin sentido pero llenos de violentas sensaciones, alguien torturaba a su madre, alguien la lastimaba, alguien le hacía daño. Harry gritó lleno de desesperación y salió corriendo directamente hacia el Bosque Prohibido.
Árboles, ángeles, arbustos y argullos se entremezclaban en la oscuridad, deformándose provocando un cuadro bizarro lleno de una profunda confusión. El aire se acababa, todo se abalanzaba sobre él, se cerraba, lo asfixiaba, lo ataba, lo atrapaba.
El agua del río estaba helada, la noche era muy fría y sin embargo Harry siguió hasta que se encontró viendo el cielo desde el fondo del lago; las algas y helechos acuáticos le rozaban las manos y se enredaban en sus piernas. La luna se veía más grande desde abajo, su brillo se perdía entre las profundidades del río.
Sus manos tocaron un pedazo de tela, Harry bajó su vista para encontrarse con lo que parecía ser un corsé, el aire comenzó a faltarle, de inmediato subió a la superficie. Piel desnuda sobre las rocas de la orilla, besos, gruñidos, carisias, el escudo de Slytherin se deslizaba por el cuerpo de una dama. Ron lo arrastró hasta las orillas del río, no sabía qué era lo que había visto.
Imágenes disparejas y dispersas le venían a la mente desde aquel día. A veces eran fragmentos de la vida de alumnos de Hogwarts o eso pensaba Harry, pues veía a figuras con las bufandas y escudos de las cuatro casas. Otras imágenes eran sobre esa vieja mansión con las decenas de cuerpos pudriéndose al sol. Había unas imágenes que inquietaban a Harry de manera exorbitante, esos eran aquellos cuadros en los que el ambiente le resultaba en exceso similar a los pasillos o cuartos de su casa. Odiaba ver todo eso.
—¡Harry!
El grito de Ginny hizo reaccionar al chico, que observaba como Malfoy se lanzaba en picado. Harry vio la snitch y fue por ella, ganarle a Malfoy era cosa sencilla, siempre lo hacía, siempre lo haría. Todo por la gloria para Gryffindor, todo para que su padre siempre se sintiera orgulloso de él, todo para que le demostrara a su madre que él era un valiente Gryffindor, como el hombre al que ella había amado.
Harry estiró su brazo, pero la snitch caprichosa se escurrió obligando a los chicos a espabilar sus sentidos sino querían estrellarse en el suelo. Harry logró enderezar la escoba y seguir como si nada su trayecto, Malfoy le seguía muy de cerca.
—¿Dónde está, Potter?
Harry estornudó, empujando sin querer a Malfoy y ambos se vieron envueltos en un raro nudo con los palos de las escobas. Harry jaló su escoba y estuvo a punto de estrellarse contra el suelo de lo cerca que paso de este. El chico ascendió y vio la snitch volar varios metros delante de él. Malfoy tenía problemas con su escoba pero seguía en la lucha. Harry aceleró, la snitch iba a ascender y, sin meditarlo, Harry se soltó de su escoba brincando hacia la pelota. La escoba de Malfoy le golpeó el brazo pero Harry no soltó la pelota, por el contrarió apretó más la mano. La caída al suelo fue dolorosa, sin embargo sus quejidos fueron silenciados por el bramido que soltaron las tribunas, al saber que Gryffindor volvía a ganar.
Antes de que Harry pudiera protestar fue alzado en los hombros de algunos chicos de Gryffindor, le dolía el brazo pero los hombres no lloraban, ni se quejaban. La marea rojo con dorado lo alababa enardecidamente, mientras cantaba esa canción de: "Amo a Gryffindor la casa…"
Harry hizo que esa masa amorfa le soltara y alabara a sus demás compañeros del equipo, en el barullo el chico se escabulló hasta las duchas de Gryffindor, le dolía el antebrazo y lo veía ligeramente hinchado.
Se encerró en las duchas y dejó que el agua cayera suavemente sobre su piel desnuda, se pasó una mano por el cabello viendo como en el suelo, la arena del estadio se aglomeraba en la coladera. Las pequeñas gotas de agua caían pesadamente junto con la arena, Harry sacudió sus manos dejando que el agua limpiara toda la suciedad. Alguien se reía a lo lejos, en el suelo las gotas de la regadera se entremezclaban con pintura negra, alguien colocaba una bandera de Gryffindor mojada sobre los hombros de un Slytherin.
Harry salió de la ducha sólo con una toalla en la cabeza. Tabaco, alguien fumaba en las duchas de quidditch, alzó la vista un poco asustado. Con presta velocidad agarró una toalla grande y se la envolvió en la cadera.
—Nunca me ha excitado el cuerpo de un hombre. —Absurdamente sus mejillas se tiñeron de color rosa—. Y si piensas que nunca te he visto desnudo, te equivocas. —Esperaba que no hubiera nadie más en los alrededores, la cosa se había puesto sumamente embarazosa para Harry—. Sino empiezas a contar la historia, me entrarán unas ganas tremendas de darte una gran paliza en ese trasero desnudo.
Harry alzó la cabeza, se quitó la toalla que ahí descansaba y se la colocó en los hombros. Su padre mostraba una pose de indiferencia bastante inquietante. Él recargaba su espalda en la pared con elegancia, el brazo derecho lo tenía ligeramente flexionado, en la mano de este brazo sostenía con dos dedos un cigarrillo a medio terminar, su brazo izquierdo sostenía el peso del cuerpo que recaía sobre el bastón de ónice y rubís. Su progenitor entreabrió los labios para dejar escapar un halito de humo que se elevó hasta el techo, sus ojos cafés brillaban con una locura demencial.
El chico suspiró y buscó su ropa interior, dio media vuelta, comenzando vestirse. —No sé qué sucedió, repentinamente comencé a tener visiones…quizás sean sueños en los que veo cosas extrañas. Algunas veces creo que veo fragmentos de la vida de alguien o quizás de muchas personas, otras visiones me muestran una mansión, quizás una casa solariega; es un lugar escabroso, papá. No tiene gárgolas, ni estatuas demoniacas, ni pinchos y trinchetes como nuestra casa pero es…macabra. El ambiente es terrible, es como si pudieras sentir el pánico de los habitantes y poder oler su miedo. Terror, mi cuerpo tiembla cada vez que está ahí…es extraño pero casi podría asegurar que la misma casa grita de tan viciada que está.
Harry se volvió hacia su padre, con la túnica mal puesta y el cabello lo suficientemente húmedo como para que no se le alborotara. James Potter seguía casi en la misma posición de antes, sólo que ahora le daba un profundo jalón al cigarrillo pero sus ojos seguían fijos en él. Harry miró el suelo esquivando las inquisitivas luces castañas de James Potter, en ese momento su padre le daba miedo.
Se sentó en un banquillo y continuó: —En esa casa hay…no sé exactamente lo que sean, pero creo que puedo llamarlos fantasmas. No tienen una forma solida, no hablan, no se mueven, sólo me miran con sus ojos completamente blancos y caras pálidas sumamente alargadas. Todos están en una habitación…y ahí, ahí también está mamá. —Las manos del chico temblaron y su cuerpo se estremeció profundamente—. ¡La torturan papá, en ese lugar la torturan! —La voz del chico se quebró, mientras sus manos estrujaban la túnica con fuerza—. Ella sufre, a ella le duele mucho…no lo soporta y ella me busca, quiere tocarme, quiere que esté con ella, ella me llama. ¡Mamá me llama! —Los ojos de Harry se volvieron cristalinos, las lágrimas comenzaban a nublar su visión—. Papá…papá ¿crees que mamá quiera que me vaya con ella? ¿crees…crees que ya no quiera estar sola en el más allá?
James se irguió ruidosamente, dejando su actitud despreocupada y elegante. Golpeó fuertemente con el bastón el suelo y se dirigió a su vástago, con un ímpetu ardiente. —No, ni siquiera lo pienses. ¡No vuelvas a decir semejante estupidez! —la voz del padre era muy áspera y cargada de una ira contenida. James estaba furioso—.Tu madre dio la vida por ti, ella quería que vivieras. ¡No vuelvas a pensar en una cosa como esa! —gritó su antecesor sumamente alterado.
Harry asintió con la cabeza y bajó la vista ligeramente avergonzado. —Sólo…yo, bueno, es que…no puedo, no, noo…quiiieero, ¡Papá! No soporto verla sufrir.
James respiró ruidosamente adoptando una pose muy rígida. —Es sólo una imagen, Harry. —El chico abrió la boca varias veces, pero sólo balbuceos incoherentes salieron de él—. Tu madre era una mujer muy fuerte, de estar siendo torturada, nunca, escucha esto muy bien, Harry, ella nunca demostraría su dolor. Lily jamás se sometería ante nadie.
Y Harry le creyó, no dudó de las palabras de su padre, sólo que no comprendía porque entones James encontraba tan atractivo el suelo de repente.
—Esta…casa, mansión, lo que sea, está rodeada de cuerpos, muchísimos cadáveres la rodean, inclusive el horizonte parece estar lleno de muertos.
James suspiró pesadamente.
—No sé quien hizo esto o si es cosa mía, pero los Sytherin parecían estar enterados, Draco me… —Pero Harry se calló, no pudo seguir hablando. James Charlus Potter le agarraba el rostro con sus dos manos y lo miraba fijamente. James se había quitado los lentes. Harry no se atrevió a protestar o moverse, ni siquiera pudo respirar. Era como estar bajo una luz acusadora, los ojos de su padre lucían aterradores, era como observar los ojos del depredador que juega con su presa, y juega con ella no porque quiera comerla, sino por simple y cruel placer. Deseaba huir, escapar para esconderse, pero no podía, no porque James fuera su padre, sino porque su cuerpo no le respondía.
James le obligó a verlo directamente a los ojos, veía el reflejo de sí mismo en los ojos castaños de su progenitor. Un castaño extraño, a veces cobrizo, a veces dorado, otras veces las dos cosas a la vez y ninguna al mismo tiempo. Harry intentó brincar, pero su cuerpo se quedo en el simple impulso, quizás fuera la luz, quizás fuera el momento, pero los ojos de su padre había brillado con un escarlata infernal, similar al fuego que lo consume todo. Ese fuego que es justamente rojo, no naranja, ni con toques de naranja, sino rojo.
Era tanto el estupor de Harry que no sintió cuando su padre le tocó con su varita y le lanzó un hechizo. Sólo vio como una sombra se despegaba de su cuerpo, se elevaba al techo y tomaba la forma de una mujer, alguien que Harry muy bien conocía.
Los gusanos caían al suelo y su olor putrefacto inundaba la habitación. La mujer gritó su enojo a su precursor, pero este se limitó a agitar su varita y hacerla estallar. La mancha saltó del techo a la pared del baño. Su progenitor sonrió fríamente, agitó de nuevo su varita y esta vez la cosa explotó en una nube de polvo verdoso. James hizo aparecer una capsula para que el polvo no los tocara a ellos. Harry vio al polvo esparcirse por todo el lugar y luego desvanecerse.
—¿A dónde fue?
James se volvía a colocar los lentes y se encogió de hombros. —Con suerte no lo volveremos a ver.
Harry observó a su padre sacudirse la túnica y salir del lugar con un andar lento, mientras hacía sonar su bastón concorde a sus pasos.
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Albus Dumbledore deambulaba en su despacho lleno de impaciencia, sabía que la puerta se abriría de un momento a otro, mas nunca lograba imaginar que era aquello que entraría. La familia Potter era toda una caja de sorpresas y a él siempre se le había dado muy mal la adivinación. Se sentó tras la mesa llena de pergaminos y libros sobre transformaciones, se recargó en el respaldo observando al fénix picotear el aire. Sin saber porqué, se pasó una mano por la frente, atrapando en la yema de sus dedos el sudor que amenazaba con traicionarle; aquel nerviosismo no dejaba de calarle.
En realidad hacían más de quince años que ese desasosiego le torturaba lentamente, el asenso de Lord Voldemort al poder fue algo ineludible, los años que extendió su terror fraguaron la época moderna, y su caía debía ser algo inevitable. Cuando escuchó de boca de Sibyl Trelawney que aquel que lo vencería llegaría pronto a este mundo se puso frenético. Comenzó a hacer todo un listado de los padres que pudieran ser candidatos a traer a este poderoso ser, sus alumnos Lily y James Potter habían sido descartados de inmediato. Un legado de terrible oscuridad los precedía, el poder para vencer al Lord Tenebroso debía venir de la luz, no de la oscuridad. Tanto la Orden como los mortífagos se removían internamente para dar con aquel que vencería al señor Oscuro, pero un año pasó y no hubo señales de nada, el siguiente transcurrió y la idea comenzaba a ser considerada un mito. El mismo Lord Tenebroso se reía ante aquella tontería, ya se sentía invencible pues decía que había burlando al mismo destino, pero seguía matando a los jóvenes que cumplían con las características de la profecía. Tres años y todos creían que Voldemort iba a ser el dueño del mundo, era implacable, la resistencia se negaba a dejarse vencer pero la desesperanza era un factor aplastante.
Vino la desgracia de la familia Potter, la escabrosa mujer del que pronto sería el Jefe de Seguridad Mágica había muerto en una venganza dirigida por los Kruvakrozen. El Ministro, a través del Profeta se dedicó a alzarse una y otra vez en contra de las antiguas familias, sobre todo en contra de Lily Evans. El carismático James Potter murió con su esposa y renació en la sociedad como el pletórico dueño del imperio oscuro. Mueren sus suegros en un accidente ignoto. Asesinatos y desapariciones se dan en aquellos que se atreven a ensuciar el nombre de Lily Evans, así como aquellos que quieren profanar sus posesiones. James es llevado a juicio, sale libre pues muchos creían en su inocencia en ese entonces y poco tiempo después él solito se encarga de dilapidar la confianza que el mundo mágico le tenía. Casi cuatro años y el señor Oscuro cae en la casa de los Evans. Se desvanece en la inquietante nada, mas nadie cree que esté derrotado. El Señor Tenebroso no puede ser exterminado por la misma maldad que él alimentaba, la comunidad mágica sabe que volverá. La caída de Voldemort en la casa Evans, sólo hace más que acrecentar el miedo y las intrigas a la familia.
Y en medio de todo eso, está Harry James Potter, el-niño-que-vivió. La semilla de la maldad, la simiente de la oscuridad, el legado de la crueldad. A los tres años sobrevive a aquel que ha matado a docenas de magos muchísimo más competentes, en la casa del vicio y lo deletéreo. No es el elegido para hacer vencer la luz sobre la oscuridad, es el escogido para seguir el dominio del terror.
Dumbledore tenía que hacer algo, conocía a James Potter y sabía que no era un hombre que aprobara las dictaduras y la muerte indiscriminada. Y ahí está Albus Dumbledore, cerca de James y Harry; un niño dulce y encantador como un día lo fue su padre. En ellos no hay maldad, no hay ambición, ni pretensión, sólo las marcas demasiado profundas de la incomprensión de la sociedad y la amargura que eso provocaba.
James pudo haberse salvado de las garras de la perversidad, pero no hubo nadie para sujetarlo. Dumbledore quiere ayudar al hijo a salvarse a sí mismo, así como salvar el honor de la madre y el padre, además de asegurar que no seguiría el legado de la oscuridad.
La puerta se abrió estrepitosamente con un fuerte portazo. Fakes agitó las alas disgustado por el ruido.
—¡Albus tienes que detenerlos! —gritó Minerva McGonagall.
El anciano suspiró, lo había olvidado: Slytherin y Gryffindor tiene las varitas demasiado largas para mantenerlas alejados los unos de los otros. El rencor de los hijos era por el odio de los padres. Malfoy nunca dejaba de molestar y Potter no lograba contener el impulso de contestar. Debería comenzar a prohibir que los padres pudieran venir a ver a sus hijos jugar quidditch, le traía más problemas de lo que debería.
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Observaba los frascos brillar a través de la luz mezquina de las velas, la pluma desgastada rodaba por su escritorio produciendo manchas en el ensayo y le daba completamente igual. Estaba desparramado en la silla con las piernas muy estiradas y su espalda casi tocaba el asiento, sencillamente estaba aburrido, era un bonito eufemismo para decir que lidiaba con sus propios demonios.
La puerta del salón contiguo se abrió, seguida de un sonido metálico determinante. se enderezó al escuchar ese andar cadencioso acompañado con el pomposo repiqueteo del metal. El hombre se levantó por completo con la varita potentemente sujeta en la mano. Conocía muy bien ese andar y esa bastarda arrogancia.
Salió de su despachó aventando la puerta y apuntando a su contrincante al pecho. Odio, le odiaba con toda su alma, soltaba espuma por la boca con tan sólo verle.
No se podía determinar quien odiaba más a quien, irracional, incontenible, increíble, en ese momento vivían para odiarse.
—¿Miedo?
En la estancia se escuchó el rechinido de dientes de quien apuntaba con su varita. —Largo —escupió lánguidamente.
El intruso frunció la nariz y ladeó se cabeza para quitarse el mechón que le caía por en medio de la cara, su cabellera azabache brillante y rebelde se movió ligeramente hacia atrás, para volver dejarse desparramar por los hombros.
—No me place verte —masticó las palabras, colocando el bastón en medio de sus piernas, recargó una de sus manos en el bastón, seguida de la otra—. He venido a advertirte.
La ira se desató en los ojos profundamente negros. Un escalofrío recorrió su espalda y lo irguió obligándole a subir los hombros, mientras su quijada temblaba.
—O le cortas los dientes a tus serpientes o se los corto yo.
Una sonrisa burlesca y tosca curveó los labios del profesor.
—Que enternecedor —veneno era lo que había en su voz. La faz de la arrogancia vislumbró una mueca tensa con unos dientes amenazadores—. Papi viene a proteger a su inútil hijito.
La sangre le estaba hirviendo en la cabeza a él, como buen bruto Gryffindor tenía más viseras que cabeza fría.
—Que tu padre no te quisiera por ser tan desagradable no es mi problema, Snivellus —desprecio con tono a estúpido perdedor, le zumbaron en la cabeza a Severus. Chispas intensamente rojas salieron de la varita de Snape—. Ya no son niños y si no dejan en paz al mío, voy a cazarlos como las cosas asquerosas que son.
—¡No me vengas a dar órdenes, Potter! Menos cuando se trata de algo para que nadie toque el precioso cabello del niño de tus ojos; que no sabe hacer nada decentemente bien.
—¡Te lo advierto que los mato! Y me porta un bledo lo que opine Dumbledore, porque también la pagas tú.
—¿¡Estás amenazándome!?
—Con firma y todo. Tu deber es proteger a mi hijo, que no se te olvide.
—¡No soy tu sirviente, Potter! Ayudo a Dumbledore.
—¡Y yo no voy a permitir que deje expuesto a MI hijo a los jueguecitos de los otros! —bramó James golpeando el suelo con su bastón—. Sólo para saber "quien no está tan viciado;" esos nacieron podridos y no hay remedio.
Snape relajó su cuerpo y añadió con malicia. —Entonces no sé de qué te preocupas, Potter. ¿O acaso tengo que recordarte que tu adorada mujerzuela nació en la misma bazofia? Madre e hijo son el mismo desperdicio.
Y toda cordura desapareció.
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—¡Vamos, Hermione! Eres una aguafiestas —se quejó Harry tratando de que su amiga le soltara el brazo.
—No creo que sea bueno que te involucres en una batalla verbal entre el señor Malfoy y Sirius. Además ¿no estabas tú mal?
Harry parpadeó sin comprender sus palabras. —Ya no —exclamó contento—. ¡Sólo un poco! No voy a participar, sólo observar.
Hermione le dirigió una mirada de reproche.
—¿Vienes a la fiesta, Harry? —Ginny ya no llevaba la túnica de quidditch, se había puesto una túnica bastante informal—. Es sólo un par de horas, nos iremos a dormir temprano. —La joven le guiñó un ojo—. Además eres invitado especial.
Harry no supo que responder, buscó a Hermione con la mirada y ésta se encogió de hombros.
—No nos sentaría nada mal. —Hermione pudo leer en los ojos de Harry que esa no era la respuesta que había deseado.
—Sí, tienes razón, vamos —dijo el chico un poco incomodo—. Aunque vayan ustedes por delante, me he olvidado de despedirme de mi padre y Leira. Además quiero tener unas palabras con ella.
Hermione entornó los ojos. —Será mejor ir contigo, no quiero que vayas a meterte en los asuntos de Sirius.
Harry hizo un gesto de ofensa, pero al final sonrió.
—¡Aquí están! Los estuve buscando, vamos a la fiesta.
—Harry quiere despedirse de su familia, Ron —le contestó Ginny.
—Hace mucho que no veo al tío Remus, enseguida voy a la fiesta, se los prometo —aseguró el chico, dando media vuelta y corriendo por el pasillo.
—Nos vemos. —Hermione corrió tras Harry dejando a los hermanos Weasley un tanto perplejos.
—¿De qué me he perdido? —preguntó Ron ligeramente molesto.
Harry salió al vestíbulo esperando encontrarse con Sirius, pero el lugar estaba ya vacío, tal vez ya se habían ido. El chico bajó las escaleras lentamente un poco decepcionado.
—¡Harry! —Hermione le agarró por el codo.
—¿Crees que ya se han ido? —inquirió el joven, a Hermione su voz le pareció un poco triste.
La muchacha negó con la cabeza. —Deben de estar por algún lado, Dumbledore siempre sale a despedirlos.
Harry asintió y se dirigió a la salida para ver si su familia estaba en los prados de Hogwarts. Estaba buscándolos intentando ignorar las mirada de su amiga, sin embargo el silencio se hizo demasiado incomodo para tolerarlo.
—¿Estuvo tan mal, Hermione?
La chica suspiró y se colocó a su lado, buscando también con la mirada a la familia Potter. —Sé que es difícil, mucho en realidad. Nunca entendí porque la dejaste.
Su amigo se tensó aunque intentó demostrar indiferencia. —Yo, verás, no sé cómo explicarlo. —Harry se sentó en las escaleras con Hermione a su lado—. ¿Desde cuándo lo sabías?
Hermione río quedamente. —Ron me contó lo que tú le habías dicho. —Harry giró los ojos, era una respuesta demasiado obvia—. Pero no me lo creo.
—Me alegró que Ron sí. —Harry trató de decirlo con cierta cadencia de chiste, pero Hermione le hizo saber que no causaba ninguna gracia—. No quise mentirle a Ron, y creo que mi peor error fue salir con su hermana. —Hermione abrió la boca y aspiró ruidosamente tomando aquello como un insulto—. No es porque piense que Ginny haya sido un error, fue algo genial. Digo que fue un error porque no pensé bien las cosas y tuve que mentirle a mi mejor amigo, ¿entiendes lo que quiero decir?
—¿Qué quieres a Ron más que a Ginny?
Harry abrió la boca ligeramente sorprendido, meditó las palabras y balanceó su cabeza de un lado a otro. —Creo —finalmente decidió algo dubitativo—, pero es que hay mucho más que eso, Hermione. —Harry parpadeó varias veces y jugó con sus manos, estaba tratando de ordenar sus ideas—. Tuve una plática con mi padre, y sí, fue antes de que cortara con Ginny.
—¿No le gustaba Ginny?
—Tú siempre has sido su preferida —bromeó el chico—. No, a mi padre le agradaba. "Una mujer a la que le encanta el quidditch, es perfecto" —imitó Harry la voz ronca de James, aunque no había mucha diferencia—. Creo que tiene todo lo que podría encantarle a mi padre: Gryffindor, excelente jugadora de quidditch, buenas notas, carácter, rebeldía, bonita, valiente, entregada a sus amigos, pelirroja.
—Perfecta, si ustedes fueran la vieja familia Potter. De cualquier forma te recuerdo que tu madre era una orgullosa Slytherin. ¿Qué tiene que ver que Ginny sea pelirroja?
Harry sonrió. —Mamá odiaba el quidditch, se le hacía un juego vulgar. ¿Nunca se los había contado? Mi madre era pelirroja natural, se teñía el cabello de negro por Enio; decía que el pelirrojo era un color insultante. No estoy de acuerdo con mi abuela pero así era ella, extravagante.
—Entonces es por tu familia.
Harry se reacomodó recargando su espalda en los escalones, colocando sus codos en ellos. —Hay cosas que no puedo compartir por ahora, Hermione. —Ambos jóvenes se miraron fijamente—. Además tenía la sensación de que Ginny me pedía el "felices para siempre," quizás no este año pero si pronto y no sé si pudiera dárselo. Hermione, mi familia no es como cualquier otra y no todos pueden entenderla.
Un silencio bastante incómodo acaeció entre ambos, el viento sopló fuertemente; Hermione supo que había otros significados en las palabras de Harry, había muchas cosas que su amigo no le había dicho y quizás ya iba siendo tiempo de hacerlo. Hermione colocó una mano en la rodilla del chico, cuando una gran explosión retumbó por el lugar.
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Hermione y Harry trataron de abrirse paso a codazos y gritos de "abran paso a una prefecta" pero al llegar a la puerta de las mazmorras todo su esfuerzo se había ido por un tubo, la puerta de las mazmorras estaba cerrada. Harry tomó a Hermione de la mano y ambos corrieron a través de los estudiantes, una puerta cerrada no era nada para el hijo de un merodeador.
Ambos atravesaron los pasadizos correctos para llegar a las mazmorras, no sabían que era lo que podían encontrar, la cacofonía del lugar no ayudaba mucho, diversas voces reverberaban por el lugar, nada se entendía, todo se confundía.
Hermione iba detrás de Harry intentando ver por encima del hombro del chico, que tenía su varita en ristre dispuesto a todo. Ambos caminaban lentamente, esperando que el atacante apareciera delante de ellos. Harry podía sentir los dedos de la mano izquierda de Hermione clavándosele en su costado izquierdo y los dedos de la mano derecha en su hombro derecho, así como su respiración.
Los dos se deslizaban lentamente por el pasillo que metros más adelante, daba vuelta hacia la derecha.
—Hermione… —Harry quería que su amiga se le despegara pues comenzaba a ser molesto caminar de aquella forma, cuando las piedras de la pared que doblaba a la derecha, explotaron llenando el lugar de polvo y piedrecillas sueltas.
Harry tosió incontrolablemente intentando sacarse el sabor a tierra húmeda de la boca.
—¡El profesor Snape está peleando, Harry!
Hermione se encontraba al final del pasillo, señalando hacia donde el camino torcía a la derecha. Harry dejó de toser y fue hacia su compañera. Efectivamente Snape parecía estar en medio de un duelo, no sólo mágico sino que verbal también y le estaba costando demasiado.
Ambos chicos corrieron hasta salir a una sala amplia donde se efectuaba el combate.
Severus Snape tenía varios golpes en el rostro, su cabello negro grasiento se encontraba todo alborotado, como si lo hubieran revolcado por el suelo y parecía estar chamuscado del lado derecho. Sus ropas negras se encontraban rotas, dejando ver su interior por donde se podían apreciar cortadas y raspones profundos.
Su contrincante, James Potter, se encontraba en un estado similar o quizás más lamentable. El cabello negro suelto, desparramándosele salvajemente por todos lados obstruyendo su vista desprovista de sus típicas gafas de montura redonda. Sus impecables ropajes oscuros se encontraban desgarrados y estropeados, un hilo de sangre oscura le escurría por la cabeza de lado izquierdo.
Hermione se abrazó a Harry al ver ambos hombres batallar, crueldad y maldad era todo lo que despedían dichos seres, implacables se vapuleaban el uno al otro. En sus ojos, en sus actos, en cada movimiento el odio y la aberración se podían oler y tocar. Danzaban el macabro vals de la enemistad que amarga, que corroe, que daña, que es veneno, que derruye la razón.
—¡Pelea, pelea, pelea! —Remus contenía a los gemelos detrás de sí, intentando que James entrara en razón, sin embargo no podía hacer mucho y Leira se limitaba a ver a su esposo fríamente.
—¡Sirius no ayudas mucho! —gruñó Remus jalando a uno de los gemelos de la túnica para que no se uniera a Sirius.
—¡Los niños quieren ver a tía Lucy colgando del techo por los pies!
—¡SÍ! —gritaron los gemelos al unisonó alzando las manos al cielo y brincando efusivamente.
A través de la polvareda y los hechizos que se lanzaban James y Severus, Harry pudo ver a Sirius peleando con Lucius Malfoy.
—No creo que esto sea bueno, Harry —le susurró Hermione. Harry se encogió de hombros, dándole a entender que no había nada que hacer—. Tienes que detener a tu padre, yo lo intentaré con el profesor Snape.
Harry rió. ¿Detener a esos dos? Seguro, sólo si se lanzaba en medio de ellos, pero sería cometer suicidio. Además Snape no se detendría, por el contrario le lanzaría la maldición asesina, el crucio por lo menos.
—No es buena idea, Hermione. — Harry detuvo a la joven por la muñeca—. Lo mejor será esperar a que se cansen.
La chica le lanzó una fría mirada llena de enojo, Hermione estaba dispuesta a plantarse en medio de James y Severus, por lo cual Harry tuvo miedo: en ese momento a su padre no le importaría dañar a una jovencita, a Snape tampoco. Cuando esos dos peleaban se olvidaban de su alrededor, remordimiento era algo que ambos poco conocían.
Harry tomó a Hermione de la mano fuertemente y atravesó con ella el trecho que los separaba de Remus, haciendo el camino lo más pegados a la pared posible, esquivando algunos maleficios perdidos de James y Severus.
—¿Quién va ganando? —preguntó Harry con una sonrisita sardónica.
Remus le echó una severa mirada de reproche, el chico se limitó a sonreír y sentarse a lado de Leira.
—¿Llevas azúcar encima? —Leira palpó los bolsillos de Harry con sus manos, incomodando con ello al joven—. Remus no quiera darme una barra de chocolate hasta que detenga al idiota de mi marido, ya le hecho dicho que el bastardo hará lo que quiera. ¡Tengo hambre! —finalizó una voz en exceso demandante.
—Nunca me han gustado las cosas demasiado dulces y no suelo comer nada entre clases —se disculpó Harry.
—Harrymado, Harrymado, Harrymado. —Uno de sus hermanos le jaloneaba insistentemente la túnica, por lo que no le quedo otro remedio más que prestarle atención.
—¿Qué quieres?
Su hermano le estiró los brazos poniendo una carita de lo más inocente y dulces, el diablo quería que lo cargara. Farfullando al viento Harry tuvo que permitir que el chamaco se le colgara del cuello mientras gritaba animando a su padre.
—¡Esto es el colmo! —clamó Hermione, arremangándose la túnica—, voy a detenerlos…
Remus puso una cara de espanto al ver a la chica tomar su varita con tanta seriedad, el licántropo trató de disuadirla pero nada funcionó, hasta que Leira se le puso enfrente con firmeza.
—No te metas en los asuntos de mi esposo —clara, precisa y concisa, era una amenaza en toda la regla, Leira no soportaba que nadie interfiriera en las cosas de James Potter.
Hermione buscó el apoyo de Harry, pero éste estaba demasiado entretenido observando a Sirius para prestarle auxilio.
Un chorro de luz dorada inundó la estancia junto con un pitido ensordecedor que obligó a todos a taparse los oídos. Albus Dumbledore hacía su acto de presencia plantándose enfrente de sus ex-alumos y exigiéndoles con la mirada cuentas inmediatas.
Harry sonrió maliciosamente, besaría a su padre por permitirle ver la cara de vergüenza que tenía Snape en ese momento.
—¡Inaceptable! Ya no son unos chiquillos, señores. Tiene hijos a los cuales darles una educación, ¡Qué clase de ejemplo son para ellos!
Los Dioses eran generosos con Harry, debería comprarse un boleto de lotería, no existía mujer alguna como Minerva McGonagall para poner en ridículo hasta al más sensato de todos los hombres. Y Harry los observó a todos con mirada socarrona.
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Dumbledore se llevó una mano a la cabeza antes de sentarse en su silla tras el escritorio lleno de chucherías y libros. Se veía ante un punto crítico, debía decirle a James Potter que no podía poner un pie en Hogwarts hasta nuevo aviso, sin embargo eso podría causarle más problemas de los que solucionaba. Si les negaba la entrada, ni James, ni Lucius podrían pasearse por Hogwarts a sus anchas, Snape podría estar muy tranquilo, pero eso acarreaba que James podría armarle un zafarrancho tremendo, y no podía arriesgarse a perder a James, era un integrante muy importante. Además bastaba una palabra de él para que Harry la siguiera el pie de la letra.
Si no le prohibía la entrada, entonces se sentiría el amo de Hogwarts; podría hacer lo que se le viniera en gana y eso Albus no podía permitirlo. Ni hablar de Lucius, pero era el que menos le importaba, Lucius no estaba en la Orden del Fénix y trabajaba para Voldemort, no para él. James Potter por el contrario, se suponía estaba de su lado pero su lealtad muchas veces dependía de lo que Albus le permitiera hacer. Albus sabía que James jamás se uniría a las filas de Voldemort, eso estaba clarísimo, sin embargo que no trabajara con Voldemort no quería decir que fuera precisamente agradable con Albus. Dumbledore había visto que tan arisco podría ser James con el ministerio y no quería que su pupilo se volviera en su contra.
Eso podría dar pie a perder a Harry. Ahí estaba el quid de todo el embrollo, Harry James Potter, el niño que Albus había visto crecer en medio de tanta maleza, con un corazón puro, con una mentalidad que una vez tuvo James Potter, con una inocencia que una vez fue de Lily Evans, no podía dejar que aquel niño que veía como su hijo propio se perdiera entre el pasado espinoso de sus padres.
La puerta se abrió y James Potter entró como si fuera el dueño del lugar, su cabello negro largo hasta por debajo de lo hombros se revelaba contra la cinta que pretendía amarrarlo y se escapaba hacia todos lados, dándole a su alumno un aire de mendigo, James se sentó delante de Albus Dumbledore abanicando su capa como si fuera la mejor y no estuviera llena de agujeros y chamuscada.
—No entiendo…—comenzó a decir Albus.
—Mi hijo —sentenció James fríamente—, cuando me uní a la Orden, deje algo muy claro —Su alumno se había puesto de pie y le daba la espalda—: Estaría a sus órdenes, siempre y cuando no le sucediera absolutamente nada a Harry.
—Hogwarts es seguro, James.
James giró sobre sus talones y miró a Albus con indignación. —¡Seguro! —bramó—. ¡Por favor, Hogwarts es tan seguro como que los Chudley Cannons ganen la siguiente temporada!
Albus Dumbledore se sintió terriblemente ofendido, una cosa era que sucedieran cosas anormales y otra que tildara a Hogwarts de ser un castillo de palitos de madera. —No creo que tus comparaciones…
—¡Me prometiste velar por su seguridad, Dumbledore! —James iba muy en serio, hacía tiempo que Albus no lo veía tan fuera de sí.
—Y hay seguridad para Harry.
—¡¡No me vengas con esos cuentos!! —le gritó su ex-alumno, llevándose las manos a la cara—. Porque lo primero que vi en él al llegar éste día a Hogwarts, era una maldición acechando su salud gravemente.
Dumbledore parpadeó desconcertado, ¿Qué la salud de Harry se había visto en peligro? El hombre no tenía conocimiento de aquello, aunque era verdad que no se había acercado mucho a chico en estas fechas, se fiaba de lo que los profesores le comentaban: que Harry era perezoso, algo arrogante pero que en general llevaba las cosas bien, de vez en cuando se distraía en clase y se ponía a jugar con Ron. Nada anormal en sus comentarios sobre su conducta o salud.
—No tenía idea de que…
—¡Por supuesto que no tenías idea! —volvió a clamar James—, ¡¿Qué diablos ibas a saber?! Siempre le concedes demasiada clemencia a esos Slytherin, ¡pero yo estoy harto!
Aquí se veía venir la tormenta, James Potter estaba tan enojado como un dragón al que lo levantan bruscamente de su sueño.
—Me llevo a Harry.
El silencio acaeció en el lugar de forma sumamente incómoda, esa había sido una declaración que Albus ni en sus más locos sueños se esperaba. Le había caído por completo de sorpresa, hasta le había parecido un chiste, y uno de muy mal gusto.
—No puedes…
—Es mi hijo y tengo todo el derecho de sacarlo de aquí y llevármelo a donde se hinche la gana —acervó James, cerrando apretando fuertemente los puños, mientras iba de izquierda a derecha dando pasos veloces y fuertes.
—Ya es mayor de edad.
—El poder sobre mi hijo lo tengo hasta que se case y forme una familia, está inscrito por una ley que ni tú, ni nadie puede quebrantar —Le apuntó James con el dedo, con los ojos entrecerrados dejando de pasearse de aquí para allá.
Albus respiró profundamente, el león andaba suelto, herido y no veía la forma de calmarlo.
—Piensa en Harry, James, el chico tiene que terminar su educación, además que está rodeado de amigos…
—¡Patrañas y al diablo! La vida de mi hijo está por encima de esas tonterías.
—¿Crees que Harry piense lo mismo? —terció Albus. James volvió a pasearse por la sala sumamente enojado con los brazos cruzados en el pecho—. Quizás hubo un percance del cual no nos dimos cuenta, pero…
—Su trabajo es vigilar por la integridad de Harry, con eso no juego.
—Pero eso no te da derecho a batirte en duelo, con un profesor de Hogwarts.
—La bola de pelos sebosa no quiso escucharme y…—comenzó a defenderse James alzando la voz en un tono muy peligroso.
—¡Basta, James! —le cortó Albus, poniéndose de pie—. Fue un error nuestro al no darnos cuenta que Harry estaba en un aprieto, pero el muchacho no vino a pedir ayuda y no podemos andar adivinando lo que le sucede, si le sucedió algo malo y no fue a la enfermería…
—¡Me importa un bledo si mi hijo es un cabezota sin remedio! ¡Ustedes deben velar por su bienestar!
—Harry no es el único alumno de Hogwarts, James.
—¡Pero sí el único que a mí me importa! ¡Y el único que tiene que ir a salvarle el trasero a los incompetentes del Ministerio y la Orden! ¡MI hijo está en peligro a causa de Voldemort, es por quien ese bastardo va y no entenderé de razones cuando se trata de su seguridad! —Podría James no estar a la altura de Albus Dumbledore fisiológicamente, pero en aquel momento el hombre era sumamente intimidante, James estaba dispuesto a atacar con tal de mantener a su niño a salvo, más que enojo o ira, James sentía miedo y pavor de que el hijo de Lily resultara lastimado.
James dio media vuelta dándole la espalda a Dumbledore y comenzó a tamborilear el pie en el suelo, haciendo un ruido desesperante. Se pasó una mano por la cabellera alborada y llena de polvo, para volver a cruzar los brazos.
El hombre suspiró y dijo—: Sé que pelearme con el Tío Cosa Seboso estuvo mal, perdí los estribos por completo. —James descruzó los brazos y los dejó caer en los costados—. Acepto que aquello no estuvo bien, pero ya sabes que ése engendro y yo no nos soportamos, además insulto a Lily y ¡Eso NO Estoy Dispuesto A Permitirlo! —Dumbledore no podía verle la cara a James, pero imaginaban que la tenía roja de ira, quizás en la última frase, pasara al morado.
—Y yo tampoco puedo permitir que armes disturbios en mi colegio, James —le contestó Albus tranquilamente, provocando que James volviera a mirarle de frente, el hombre estaba frenético. Albus negó con la cabeza y caminó hacia su alumno—. Entiende una cosa, James, hay muchas cosas de las cuales tenemos que encargarnos. —Albus le posó una mano en el hombro de James, quien lo miraba con los ojos entrecerrados—. Lamento que Harry se haya visto en una situación precaria, pero si el chico no copera…
James le aventó la mano a Albus de una forma muy brusca y salvaje.
—Escucha, James.
—¡NO! —bramó James—. Escucha tu Albus, UNA, UNA SOLA SITUACIÓN QUE PONGA EN JUEGO LA VIDA DE HARRY Y LO SACÓ DE HOGWARTS.
Albus Dumbledore observó a su alumno pasarse una mano, por el cabello con nerviosismo.
—Estás advertido, una más y Harry no vuelve a pisar Hogwarts, ni nos acercaremos a tu Orden nuevamente. —Con esta última declaración, James salió del despacho del director hecho una furia.
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Las Confesiones de Kirsche:
Merezco ser puesta en asador al carbón por retrasarme tanto, pero aquí vuelvo (eh, estoy actualizando todos mis fics, eso promete). Hace tiempo escribí este capí y ahora que lo vuelvo a leer me digo: Que mala leche tiene James. Anyway, sobre la pareja de Harry, sigue siendo abierta no hay una fija, y dada la petición de público: habrá la oportunidad de un slash (que no es seguro, yo no prometo nada) sólo dejo la oportunidad, pero aunque me manden 745 reviews pidiéndome esa pareja, si yo no siento que se pueda dar, no hay fic slash.
¡Comenten!
Estén pendientes porque la siguiente semana habrá un especial de Navidad de Feeling, no lo voy a publicar aquí (en el fanfic), lo voy a sacar como One-shot, será un BONUS. (Es decir no están obligados a leerlo porque se perderán del hilo de la historia, pero tampoco quiere decir que no haya "pistas" interesantes —inserte risa malvada—). Aún no sé el título del capítulo, pero sé que les gustará, sobre todo para aquellos que quieren ver algo —que no dije o conté— sobre Feeling the Darkness, para quienes no hayan leído esa parte, es sólo una memoria interesante).
"Porque la navidad en la casa de los Potter-Evans: no puede ser blanca, ni en paz y armonía."
Reviews: lordaeglos, Kaito Seishiro, Undomiel de Vil, Ginebra, Dark Guy, Karin Mathews, alesiiiiiitaaa, Piper Lupin: respondido via reply, si no les llega me avisan y vuelvo a contestar.
Tomoe, emeraude.lefey, LetticeEvansPotter, Prongs, vita: respondido via e-mail, PM, msn si no les llega, ya saben a dónde enviar los reclamos.
Atir: Sí, existe Feeling the Darkness como antecedente de esta saga, pero no es necesaria leerla, ya que todo se explicara aquí. Ambas se dan en el mismo universo pero son independientes. Por favor deja e-mail o el siguiente review no lo podre contestar.
Nalia: gracias por tu review.
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Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.
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M.O.S.
M.O.J.
M.O.M.
