Capítulo 7: Antigua Anatema.
&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&
"¿De qué me sirve tener un
corazón puro
y mantener mis manos inocentes,
cuando todos los días me apalean y
no hay mañana en que no me castiguen?
(Salmo 73)
&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&-&
En las frescas mañanas como aquella, cuando el sol comenzaba a calentar la tierra, y el azul del cielo es tan claro y nítido, gustaba de sentarse tras su gran escritorio y contemplar la bóveda celeste, observando el camino del astro rey. Pocas veces había prestado demasiada atención a los jóvenes que salían formados en hilera hacia la puerta principal para ir a Hogsmeade.
El día de hoy no se encontraba tras su escritorio, ni siquiera estaba en su despacho, se encontraba en una de los pasillos secretos del castillo con la nariz pegada al cristal y las manos puestas en el alfeizar de la ventana.
—¡¿Qué tuvo el descaro de qué?! —gritó su acompañante fuera de sí.
—No es la primera vez que lo hace.
—Arma un jaleo con todo su sequito por un estúpido juego, promueve que los Gryffindor provoquen a los Slytherin. —El hombre de túnica negra, comenzó a contar con los dedos cada una de las acciones—. Va a buscarme a mi salón para tratarme como si fuera uno de sus sirvientes y todavía…
—Serverus —terció el anciano.
—Es un cara dura, eso es lo que es. Siempre pavoneándose como si fuera el dueño de todo el lugar desde que era un niño, y su maldito mocoso…
—Severus —alzó nuevamente la voz Albus Dumbledore y Snape se guardó sus venenosos comentarios para sí mismo recargándose en el alfeizar de la ventana, observando el mismo paisaje que Dumbledore.
El anciano se separó de la ventana y caminó por el cuarto con las manos unidas por detrás de su espalda.
—Alguien puso la vida de su hijo en peligro, es natural que este molesto.
—¡Lo justifica! —bramó Snape golpeando la roca del alfeizar.
—Intento entender sus razones —le corrigió Dumbledore, aunque para Severus Snape no había mucha diferencia entre uno y otro significado—. Sin embargo —continuó, haciendo una pausa para meditar un poco—, esto nos pone en un gran dilema. Por un lado está el hecho de creer que puede hacer lo que le venga en gana en el colegio, cuando no es así, pero de no permitírselo se llevará a Harry: cosa que no queremos.
«Además si le ponemos mayor vigilancia al hijo, éste puede molestarse en exceso y eso provocará que se apegue más al padre. —Snape bufó y alzó una ceja con incredulidad, para él, el chiquillo ya sufría de una papitis extrema—, si nos arriesgamos a que el hijo haga lo que su instinto le ordena, significa tener la posibilidad de salir lastimado y tendremos aquí a un dragón enfurecido.
—Potter debe saber que su "niñito" es un dolor de muelas, nefasto.
Albus frunció el ceño, pero aún así sonrió. —En efecto debe saberlo, pero es un padre muy sobreprotector y tiene miedo de que lastimen a Harry, diría yo, se muere del pánico por las altas probabilidades de Harry para salir herido.
A Snape le daría un gusto tremendo que Potter se muriera del pánico, el mundo se libraría de un grandísimo idiota molesto, y ¿porque no?, si Dios está repartiendo favores, pues de una buena vez debería llevarse al hijo; resultaba ser el mismo memo engendro sólo que por triplicado y más idiota.
—Debemos de mantener los ojos puestos en Harry —sentenció Albus.
Snape se temía que el viejo fuera a decir algo como aquello, porque en su lenguaje significaba: Severus tendrás que hacerle de nana del niñito precioso de James Potter. ¿Por qué los dioses le odiaban tanto?
—No seas tan duro con él. —Snape frunció el ceño y cruzó de brazos—. Por cierto ¿le has visto salir? Vi a la señorita Granger y al señor Weasley salir, pero no a Harry.
Snape negó con la cabeza y Albus salió del lugar sin decir una palabra más, Severus se dio cuenta de que en realidad no había puesto atención a los chicos que entraban y salían. De cualquier forma si no había salido con sus amigos inseparables e insoportables; quería decir que no iba a ir a ningún lado.
&-&-&
—Lo lamento — pensó el chico, esperando que su suplica saliera de sus labios, se elevara libre en el viento y llegará hasta los oídos de sus amigos, queriendo curar el dolor que se había reflejado en los ojos de ellos. Harry suspiró pesadamente mientras se acomodaba la capa de piel de pantera una vez más, ante aquellos vividos ojos color azul claro como la laguna virgen, como el cruel cristal que lo deforma todo.
—Me alegra que haya podido acompañarme, joven Potter.
Harry se volvió hacia la mujer que tenía delante de sí y le sonrió suavemente, después se quitó una pelusa invisible del brazo. —El placer es mío, Lady Von Becker —afirmó el chico, con una inclinación de la cabeza—. De este lado por favor. —Le pidió Harry con una leve reverencia y extendiendo el brazo derecho para indicarle por donde ir—. Esto es Zonko, una tienda de bromas.
Ella abrió delicadamente el abanico de ébano y lo meció cerca de su rostro, dirigiéndole una sonrisa a través de la fina tela que componía el artefacto. Éclair Von Becker, era una joven dos años más grande que Harry, heredera única al imperio de tráfico de animales exóticos y otras empresas nada limpias de los Von Becker. El chico no tenía idea de la clase de tratos que esta familia tenía con la suya, pero su padre le había ordenado escoltar a Lady Éclair Von Becker en su visita a Hogsmeade y que la tratara de la forma más atenta posible. Harry sólo obedecía.
—Hogsmeade es el pueblo mágico de Gran Bretaña por excelencia —continuó la chica abanicándose, Harry no entendía porque se movía de aquella forma, como si tuviera mucho calor, eran principios de Noviembre y la temperatura era fría en demasía, mas bien debería tener frío, sobre todo con semejante escote por donde cuasi se le veía el ombligo.
—Sí, Hogsmeade es un pueblo tradicional de nuestra comunidad mágica, es un centro de turismo, aunque no creo que haya algo digno de usted, Lady Von Becker.
Ella le sonrió a través del abanico con sus labios tentadoramente rojos, que resaltaban sobre su piel blanca y su cabellera negra, larga, rizada y brillante. Harry no sabía que resaltaba más en ella, si sus labios carmesí o sus ojos azul celeste, el chico sonrió para sí mismo; resaltaba más el profundo escote de su sofisticado vestido.
—Sé que es una atracción para el vulgo, joven Potter. Debe ser una tragedia para usted forzarse a compartir clases con la chusma, Hogwarts es un buen colegio, pero su nula capacidad para clasificar a la gente en su correcto lugar lo degrada mucho.
—Sólo a veces, Lady Von Becker —contestó el chico sin pizca de interés, está era una de las grandísimas chiquillas arrogantes de la aristocracia mágica, pues no sólo era sangre pura, sino que desde hacía décadas uno de sus integrantes había ganado el título de Conde cuando Alemania había sido gobernada por un rey mágico—. Sin embargo, aún el populacho puede ser de ayuda.
Éclair le sonrió con sorna. —Sin duda, joven Potter. Recuerdo una vez, una de mis sirvientes me proporcionó una distracción interesante, esos vulgares magos sin pizca de dignidad de vez en cuando, tienen algo de inteligencia e imaginación.
Por algún raro motivo, Harry tuvo la sensación de no querer saber el tipo de diversión que el pobre de su sirviente debió proporcionarle.
—Me hubiera gustado poder recorrer Hogwarts, pero tengo entendido que su director no permite a desconocidos la entrada, por supuesto le hubiera pedido a mi padre pedirle personalmente un permiso. Además la gentuza estaría dando vueltas por Hogsmeade, pero no sabía que Hogwarts y Hogsmeade estuvieran tan cerca.
—Una lástima que usted no pudiera apreciar la majestuosidad de Hogwarts en todo su esplendor, Lady Von Becker.
—Tienda de bromas. —La chica caminó hacia la puerta de Zonko observando el lugar con una mueca de entero desagrado, Zonko a su vista estaba hecho de podredumbre y basura.
—Para pasar el rato, Lady Von…—La joven posó uno de sus blancos y suaves dedos en los labios de Harry.
—Mi Lady, estará bien. No hay que ser tan formales, joven Potter —Le guiñó y con una risita estúpida le besó fugazmente en los labios. La joven se metió en Zonko dejando a Harry un poco desconcertado.
Harry sonrió tontamente, se reacomodó el sombrero negro y se adentró en la tienda comenzando a explicarle a la joven cada uno de los artículos del lugar. Por algún retorcido motivo, la chica se encontraba fascinada por las cosas, hasta había comenzando a coger algunos elementos.
Ginny le dio un codazo a Ron quien había abierto la boca al ver a la chica que Harry traía por el brazo y señalaba múltiples estanterías de Zonko. Aunque al mismo tiempo Ginny, no podía dejar de sentir que el gesto de Ron era bastante justificable, aquella dama era una belleza, cabello negro profundo, largo, rizado y brillante, piel tersa y lechosa, de ojos azules claros brillando intensamente con arrogancia, sus facciones eran muy finas y hermosas, sus vestiduras eran aún más exquisitas; acentuaban su belleza y declaraban estar en la flor de la juventud; una juventud voluptuosa y exuberante. Lo primero que se le vino a la mente en cuanto la vio, fue una muñequita de porcelana de Desdre que en su infancia había admirado en un escaparate de la tienda de Diagon Alley en donde sólo la gente posedora de una alberca de galeones podía comprar.
—¿Por qué nos mintió Harry? —estalló Hermione sumamente indignada.
—¡Qué importa! —clamó Ron—, mientras nos presente a su amiga.
Ginny y Hermione entornaron los ojos, Ron parecía no tener remedio. El pelirrojo comenzó a caminar en dirección a Harry, pero Ginny le detuvo. El joven se volvió hacia su hermana, ésta le negó con la cabeza y suspiró.
—Creo, bueno…no quiso que le acompañáramos porque… —Ron le invitó a continuar con un movimiento de su cabeza—, sólo mírala, Ron. Debe ser una de esas hijas de altos mandos —por primera vez, Ginny sintió pena de sus ropas desgatadas y anticuadas.
Ron se observó la túnica remendada y algo estropeada que llevaba, parpadeó varias veces antes de entender lo que su hermana le decía. —Él nunca ha hecho algo semejante.
Hermione suspiró y desvió su mirada de Harry quien hablaba con la joven, expresándose con esa arrogancia que caracterizaba a los sangre limpia y señalaba cosas de la tienda con desprecio. Ese no parecía su amigo, el chico de mirada perdida, algunas veces melancólica que siempre compartía todo cuando poseía con sus amigos.
—¡Vamos con Harry y preguntémosle por la chica! —dijo Dean a sus espaldas.
Neville negaba con la cabeza frenéticamente tras Dean y Seamus, sus ojos castaños se clavaron en Hermione pidiéndole en silencio ayuda.
—No es buena idea —aseveró Hermione—¿no es así, Neville?
El chico asintió. —Es la Vizcondesa Von Becker de los países bajos, los Von Becker son magos caracterizados por despreciar a la gente de bajos recursos; aunque sean magos de sangre limpia. En realidad creen estar por encima de los demás por tener ese título muebleriario y sus empresas, aunque la mayoría de éstas sean ilegales.
—¿No será título nobiliario, Neville? —preguntó Hermione, el chico se encogió de hombros.
—¿Qué es eso?
—En la antigüedad, cuando los Reyes gobernaban, concedían títulos y tierras a la gente que se ganaba la gracia de los Reyes. Este grupo era la nobleza; en realidad son bastante parecidos a los sangre limpia, creyéndose superiores por tener ridículos títulos y mucho dinero, no sé mezclaban con el pueblo, se casan entre ellos por lo general.
—Quedan pocos de ellos, pero siguen siendo igual de idiotas —continuó Dean—, ya saben Gran Bretaña está regida bajo una monarquía constitucional y aunque los títulos nobiliarios ya no son de importancia, ni conceden algún beneficio, se siguen creyendo lo máximo.
Los chicos había entendido la mitad de lo que Hermione y Dean habían explicado, sin embargo algo bastante claro era que la señorita Vizcondesa Von Becker no era alguien agradable.
Ginny observó el interior de la tienda de Zonko con mucha tristeza, Hermione la tomó por el brazo y le sonrió afablemente. —Vamos a Las Tres Escobas por un par de cervezas de Mantequilla.
—Esa es buena idea —dijo Neville, al ver que la mayoría seguía observando a Harry y la Vizcondesa Von Becker.
Ginny lanzó una última mirada de soslayo al interior de Zonko, los ojos de ella y los de Harry se cruzaron, el chico le dirigió una leve inclinación con la cabeza, pero de inmediato volvió a enfocar su atención en la chica de sangre noble. Se veía muy guapo, son esa túnica negra de gala, tenía adornos plateados y unos bordados majestuosos del mismo tono, seguramente estaban bordados con hilos de autentica plata y esa corbata azul celeste que combinaba muy bien con sus ojos. Su capa de piel con el escudo de los Evans por detrás, su sombrero negro con una hebilla cubierta con diamantes, los guantes blancos y las botas de piel de dragón, sólo eran accesorios que realzaban su belleza y elegancia, Harry nunca se había vestido de esa manera para una cita con ella.
—Vamos a Las Tres Escobas, ahora —dijo Ginny, dejando de observar a Harry.
Ron tomó a su hermana por el brazo y comenzó a andar por la calle, visiblemente molesto. Hermione negó con la cabeza, Harry se iba a llevar una muy buena reprimenda.
—¡Diablos! —gritó Neville, atrayendo la atención de sus compañeros.
Todos los del lugar, tenían los ojos clavados en Harry y Éclair Von Becker, la joven tenía una cara llena de ira, uno de los chicos de Hufflepuff de cuarto año al estar jugando con sus compañeros, sin querer dejó caer una botella de cerveza de mantequilla, la cual alcanzó a salpicar el vestido de la Vizcondesa, aunque en realidad Harry la había cubierto en su mayoría, sus botas de piel de dragón eran las que se encontraban más sucias.
—¡Gusano inmundo¡Desperdicio de magia! Ni una babosa sería tan torpe como tú.
El chico que al principio había tenido una cara apenada, había cambiado su semblante a uno de enojo.
—Asqueroso pordiosero. —La joven estaba fuera de sí—. Voy a…
—Tranquila Mi Lady —intervino Harry, agarrando a la joven por el brazo que enarbolaba la varita—. No gaste energía con semejante gentuza, él no merece, ni este pueblucho merece ver ni el más nimio despliegue de su antiquísima magia. —Harry besó la mano de la chica suavemente, hubiera pasado como un gesto muy galante por su parte, pero el chico había lanzando un tremendo insulto a todo el mundo.
La chica hizo un sonido extraño, entre un quejido y una risa que contorsionó su cara, a este le siguieron varios sonidos similares, poco apoco éstos se convirtieron en una risa fría y áspera. —Tiene razón, joven Potter —la joven se volvió hacia el niño y con una voz dura y altiva le dijo—: Le debes la vida a él, asegúrate de retribuir el favor correctamente.
El joven de Hufflepuff puso los ojos en blanco, iba a contestar algo, pero una mirada de Harry contuvo cualquier grosería que fuera a salir de su boca.
La Vizcondesa enlenzó uno de sus brazos con el de Harry, el joven continuaba enseñándole las tiendas a la joven con un deje de desprecio, como si lo que se encontrara en Hogsmeade no fuera digno de ser si quiera visto por ambos chicos.
—Tendré que comprarle unas nuevas botas, joven Potter.
Harry se observó los pies, enviaría a que las limpiaran, con eso sería suficiente.
—Sería un honor, sí Mi Lady me hiciera semejante regalo.
—Se me quitaron las ganas de ir a Las Tres Escobas —dijo Hermione al ver a Harry y su acompañante ir metros delante de ellos.
Dean y Seamus aún seguían encandilados con la Vizcondesa, aunque su personalidad fuera cruel y arrogante, su rostro bastaba para mantenerlos completamente enajenados, sin duda envidiaban a Harry.
—Vayamos a la Casa de los Gritos —propuso Ron.
—No, yo quiero a Las Tres Escobas¿y si vamos a Cabeza de Puerco? no es que tenga mucho…dinero ahora —susurró Ginny, recordando que Harry era quien siempre pagaba.
Hermione suspiró, debía de ser mortífera para Ginny toda esa escena; si para ella era muy doloroso ver a Harry comportarse de aquella manera, y ver como se dejaba toquetear por aquella zorra de alta alcurnia.
—¿Creen que si me visto un poco más formal, Harry me la presente? —preguntó Dean.
Hermione, Ron y Ginny bufaron, los chicos no entendían un NO cuando de chicas exuberantes se trataban.
—La verdad es que me revuelve el estómago… —pero Ginny se olvidó de sus palabras, en ese momento Harry se despojaba de su hermosa capa y de un solo movimiento, con una sola mano, la colocaba sobre charco de lodo, más allá de eso el chico se hincó y extendió una mano para ayudar a la señorita Von Becker a pasar sobre la capa.
Muchas chicas contuvieron el aliento ante aquel gesto tan galante y caballeresco, casi sacado de una novela romántica del Medioevo; un acto cursi hasta la muerte.
Hermione puso los ojos en blanco mientras cruzaba los brazos y bufaba sonoramente, aquello le parecía el límite de la ridiculez, no se podía creer que Harry usara una de esas absurdas técnicas para conquistar a una chica.
Éclair Von Becker, tomó el rostro de Harry entre sus manos y le dirigió unas cuantas palabras, el chico inclinó la cabeza antes de levantarse, irguiéndose en toda su hermosura. Le dedicó un par de frases más y lo besó profusamente en los labios, la gente comenzó a murmurar intensamente, mientras que risitas estúpidas explotaba por aquí y por allá, Harry le hizo un gesto muy galante a la joven, antes de guiarla al Petite Taglioni.
El Petite Taglioni era una casa de citas muy famoso entre los jóvenes de entre quince y diecisiete años. El lugar se encontraba construido por una casa de dos pisos, decorada en estilo muy parecido al Luis XIV. Sólo la gente de alta alcurnia podía pisar un lugar como aquel. A Harry le parecía una casa de té en exceso vulgar, con una dueña que parecía más una matrona, que la dirigente de un lugar excelso.
En la planta baja se alojaba el gran salón de té, en donde chicas y chicos con suficiente galeones se reunían para tomar té o café en torno a unas mesas doradas ribeteadas con adornos rojos y asiento de terciopelo. Inciensos demasiado dulces inundaban el lugar, pinturas, esculturas y muebles de estilo rococó atestaban la vista, produciendo una sensación de sofoco. Harry no entendía cómo porque las masas consideraban aquello "romántico" o "elegante." Había asistido a ese café una sola vez con Ginny, y había sido por una descabellada idea de Luna para celebrar el cumpleaños de todos; en realidad existía una larga y excéntrica explicación la cual Harry no alcanzaba a recordar, pero se relacionaba con el día en que los polvos de Uruncónico de Belmontz adquirían mayor poder.
En la primera planta se encontraban mesas en círculo dispuestas para las parejas y estaban ordenadas de una forma menos abarrotada que en la parte de abajo, esto era debido a la función de la segunda planta, en donde se reunían más a menudo todas esas parejitas empalagosas y el espacio entre mesa y mesa, así como la tenue luz era para dar mayor intimidad.
La segunda planta era la que provocaba todos esos chismorreos que las chicas gustan de destazar y la fuente de la mucha fama del lugar; habitaciones privadas para aquellos encuentros cercanos entre los jóvenes de diecisiete o dieciséis años.
Harry sabía que llevar a la señorita Éclair a la segunda planta de Petite Taglioni, iba a dar mucho para hablar y pensar, pero necesitaba mucha intimidad por lo temas a fondo de los cuales necesitaba hablar con ella, el Petite Taglioni era el único lugar que ofrecía semejante protección.
—Nortmox es sin duda mucho mejor, joven Potter.
Recostada en la cama, en semejante posición Éclair Von Becker buscaba que el seno derecho se le saliera por el escote, Harry podía ver el color rosado de la aureola del pezón.
—Mi madre tenía un excelente gusto —sentenció el chico sentándose lejos de Éclair.
Éclair le dirigió una mirada de elocuencia mientras se despojaba a de su abrigo de hurón.
—Lilian Sprenger N. Evans —pronunció Éclair, acentuando fuertemente las consonantes y con un aire de estar mencionando un nombre altísimo—. La recuerdo perfectamente, desde el primer momento que la vi, le admiré. Una figura integra, de fuerza e ímpetu, la roca que enfrenta la tormenta, el poder imparable —la chica chasqueó la lengua con desgana y añadió con desprecio—: pero terminó por casarse con tu padre.
Harry guardó silencio, aunque claramente aquel comentario no le había hecho ni la más mínima gracia.
—No entiendo, como alguien como ella fue a creer en semejantes tonterías como el amor; eso no existe —afirmó Éclair con una expresión de total convicción—, es sólo una enmarañada red en donde uno gobierna al otro y los papeles se cambian constantemente formando un círculo interminable; uno demanda y el otro atiende. Amor, es sólo una invención para sentirse menos solo y desdichado.
—Usted lograría que las ventas bajaran irremediablemente, Mi Lady, si no hay porque consumir, entonces ¿para quién comprar?
Lady Von Becker rió echando la cabeza hacia atrás.
—Potter, el nombre de rectitud; ironía es el nombre de la ley de este mundo. ¿Por qué un tipo de apellido Potter se casaría con alguien de cuyo apellido es el de un asesino como Evans? —Éclair hizo un ruido con su lengua, a forma de negación—, gato encerrado. Tu padre resulto ser toda una caja de sorpresas, un hombre cuyas convicciones no eran tan fuertes como se pensaban ¿no?
Harry miró la ventana con mucho interés, amor, amor, amor era la mantra que el chico se repetía constantemente.
—Tal vez, como muchos, fue engullido por el hermetismo de la casa Evans. ¿Cuál es la verdadera historia? —Harry era consciente de que los ojos de la señorita Von Becker estaban fijos en él, más allá de eso quería atravesarlo, apoderarse de sus secretos y destrozarlo—. Permítame que le cuente: un cruel cuento medieval…
&-&-&
No deseaba abrir los ojos, no tenía porque abrirlos, una risa demente inundó sus pensamientos, en realidad no servía de nada abrirlos, hacía demasiados siglos que había dejado de ver la luz, él ya no veía nada que no fueran sombras y penumbras; él era los ojos de la maldad.
Incluso los magos se alejaban de su ser al caminar, no tenía porque molestarse en esquivar a los mortales, ellos huían de su presencia, sabían, presentían ese algo más terrible que la muerte emanaba de él y su esencia les rondaba.
Abrió la puerta del bar, haciendo resonar la campana oxidada, el lugar olía a tabaco barato, tierra húmeda, madera podrida y mierda. Arrastrando los pies se adentró en el lugar, su andar era lerdo y torpe, apenas si podía distinguir una silla de una mesa, sin embargo el fuerte olor a ambición lo atrajo al final del sitio, en donde una botella con hidromiel adulterado le esperaba.
Sin siquiera saludar al sujeto que tenía enfrente, tomó la jarra y la bebió de un solo trago hasta el fondo, el picor del licor de la más baja calidad incendió su garganta, así como su alma: venganza, sangre, matar. Vívidas imágenes de las torturas realizadas se a galoparon en su mente, por supuesto, el hierro punzante o candente en sus manos le hacía gozar de las almas que desgarraban la cámara, pidiendo compasión, implorando ser llevadas ante los pies de la pacifica muerte y él, él jugando cual cruel verdugo que vive y revive al condenado, él era la magia que había existido en Prometeo para reconstruirle las entrañas una y otra vez; sabía el arte de Raphael mejor que Raphael mismo.
—¿A quién, a quién me darás? —por primera vez, alzó sus ojos para observar a su acompañante, un ser encapuchado, con guantes de color vino, sangre, sangre, sus ojos brillaron con malicia.
Los dedos de color vino, se movieron impacientes sobre la mesa. —Sé que tú sólo buscas a una sola persona.
De su garganta salió un extraño sonido, una mezcla de siseo de serpiente y maullido de gato. —Sí, sí, sssssíí. ¿A quién me darás? —Puso su sucia y encallada mano en los guantes impecables de su acompañante que trató de retirar su mano, pero él la sostenía con suma fuerza.
—También dicen que nunca mueres —trató de distraerlo su acompañante.
—Tal vez, tal vez —susurró el hombre—, dime, dime¿Cuánto pagarías por detener la muerte?
—No lo sé —respondió con sinceridad—, pero te daremos lo que tú quieras.
Dejó de tocar a su interlocutor y movió la cabeza de forma bastante extraña, mientras un sonido raro y metálico emergió de su boca, similar a la de una urraca gritando. —No, tu dueño, él nunca cumple bien los tratos, engaña, malo, no, malo.
Su compañero retiró sus manos de la mesa y las colocó en sus piernas, prefería no volver a ser tocado por la figura que tenía delante de sí.
—Sólo tienes que decirnos¿Qué sucedió aquel día con Janicki?
El cuerpo del hombre comenzó a retorcerse como si mil carbones encendidos cayeran sobre su cuerpo y mil hierros le atravesaran. La palabra no, salía cual verborrea de su boca de forma tan abrupta y constante que se había vuelto un sonido bastante incómodo.
—Secreto, secreto, secreto —terminó por murmurar.
Un bufido de exasperación brotó de su acompañante, mientras volvía a poner sus manos en la mesa y la golpeaba. —Pagaremos por ello —murmuró.
El hombre dejó de sacudirse y observó a la figura sentada delante de él, máscara blanca, capucha negra, la lengua del pordiosero salió de su boca y comenzó a hacer un sonido bastante desagradable, como si fuera un perro que estuviera degustando un delicioso manjar.
—Quiero su alma.
Su acompañante rió con malicia. —Me temo, eso no le serviría de nada.
Como si de hipidos de un ratón se tratase el ser de vestiduras andrajosas negó con gran velocidad. —Magia, magia, magia.
—Sabemos lo que usted busca —dijo lentamente, mientras una sonrisa sardónica cruzaba su faz.
—Quizás, quizás.
El hombre de guantes de color vino se levantó de la mesa y susurró—: Tenemos a La Evans.
&-&-&
El intenso color encendido de las brazas consumidas por la duda se reflejaba claramente en sus verdes ojos. No hablaba, no se movía, no miraba, sólo pensaba, pensaba en la blancura de su mente, en la profundidad del vacío, mientras que en su mente se repetían una y otra vez las palabras de la Vizcondesa de los Países Bajos dentro de su cabeza, aún no había decidido si creerle o no. Todo parecía sacado de un cuento demasiado viejo y distorsionado, de la época oscura de Inglaterra, sin embargo sus resientes visiones sobre una tierra infame le hacían dudar mientras su corazón palpitaba fuertemente diciendo: es verdad, es real.
Harry rió encogiéndose en el sillón y llevándose una mano a la cabeza, aquello no era lo peor que había escuchado de su familia, el muy bien sabía: ese relato no estaba a la altura del apellido de la oscuridad.
Algo suave y mullido se estrelló contra su cabeza, Harry alzó su vista para encontrarse con unos ojos azules que le retaban con gran determinación. Harry ladeó su cabeza y sin preocupación preguntó:
—¿Qué sucede, Ron?
Las orejas de su amigo se tiñeron de rojo velozmente, mientras un tono rosado cubría sus mejillas al tiempo que sus puños se cerraban fuertemente y pegaba sus brazos a los costados.
—¿A qué estás jugando? —gritó el joven, en medio de la silenciosa sala común vacía.
Harry parpadeó varias veces antes de comprender la pregunta. —Juego a ser un hijo obediente —contestó, volviendo su mirada a la chimenea en donde los leños se consumían lerdamente.
—Mi hermana…
Harry parpadeó con lentitud, sintiendo un tremendo peso abatirse sobre su corazón. Ginny se había visto sumamente hermosa, en aquella sencilla túnica de color azul, deslavado y desgastado por el tiempo y el uso, con su sonrisa alegre resplandeciendo en su rostro. Recordaba como su figura se había deslizado por el pasto, con paso jubiloso junto con Hermione y Ron. —Sabes, Ron, si vinieras a reclamarme el hecho de mentirles al decir que me quedaría dentro castillo porque no tenía ganas deambular por Hogsmeade, os daría una buena explicación, inclusive aceptaría tu enojo sin reproche, me lo merecería pero, Ginny y yo no somos más que amigos. —Ron abrió la boca con indignación—. Sí quiero salir con cualquier otra chica, estoy en todo mi derecho. —Al ver la ira apoderarse de los ojos de Ron agregó—: Si Ginny quiere salir con un chico, está en todo su derecho; yo no pediría ninguna explicación.
El pelirrojo bufó sonoramente. —Nos mentiste, nos lastimaste ¿y todo para qué?
—Dime, Ron¿Qué harías por tu familia?
El fuego crepitó fuertemente como única respuesta.
—¿Besar a una chica entra entre los requerimientos?
Harry rió, como si aquello fuera superfluo. —Ella me besó —le corrigió con delicadeza el joven.
—No vi que te quejarás —replicó Ron, cruzándose de brazos.
—¿Tú te hubieras quejado? —inquirió Harry, mirándole a los ojos y sonriéndole con descaro.
Ron balbuceó un par de frases entrecortadas, antes de comenzar a mover los brazos de forma hilarante.
—No sabía que ella me estaba observando, pero independientemente de eso. —Harry observó al techo con excesivo interés, mientras que sus dedos buscaban algún hilo suelto del sillón o bien de su túnica para jugar con él—. Cada quien debe seguir su propio camino ¿no lo crees?
—¡Es mi hermana!
—Tiene razón Harry, Ron.
—¿Por qué siempre te pones de su lado? —bramó el pelirrojo, señalando a Harry.
—No siempre —terció Hermione, acercándose a ambos jóvenes—, pero los dos son sólo amigos y…
—Sólo amigos, lo dices como si el pasado no existiera.
—No malinterpretes las cosas, Ron —le cortó tajantemente la chica el rollo—, Harry quiere a Ginny, pero lo que vienes a pedir es una explicación sobre algo que es porque eres el hermano de una novia, no como amigo. ¿Me equivoco, Harry?
El chico de ojos esmeralda sonrió y asintió con la cabeza.
—Antes de que vuelvas a abrir la boca para decir una sandez, quiero mucho a Ginny y entiendo su sentimiento, pero no olvides algo importante: son sólo amigos.
Ron puso los ojos en blanco, como si esa relación entre ex-novios no existiera. —No entiendo, porque siempre estás de su lado —fue lo último que dijo, antes de subir a los dormitorios.
—No tenías porque defenderme, era preferible que sólo estuviera enojado conmigo.
Hermione echó aire por la nariz. —No estoy muy contenta contigo, no pienso en lo absoluto que has hecho algo bueno, porque déjame decirte, Harry.
—¿Te gustan los cuentos medievales, Hermione? —preguntó el joven repentinamente.
—No te vayas por la tangente, escúchame muy claramente, no estoy dispuesta a solapar tus actitudes de hijo de sangre pura, aquello que hiciste en Hogsmeade fue despreciable, así con todas sus letras, líneas y puntos. —Hermione hizo una pausa para respirar, cuando los ojos de Harry se cruzaron con los suyos, su mirada era extraña, confusa, entre altiva, fastidiosa, perdida y aburrida.
—¿Algunas vez habías notado al vino tinto, cuyo color es como el de la sangre?
—No sé a dónde quieres llegar con tanta pregunta, incoherente. ¿Qué sucedió con esa Vizcondesa?
Harry observó la alfombra roja desgastada de la sala común. —No sabía que fueras tan cotilla, Hermione.
La chica de cabellos castaños enrojeció violentamente y se levantó del sillón. —No me tomes por una Rita Sketeer, no me interesa divulgar tus...asuntos.
—Pero aún así quieres escuchar los detalles, aunque estos resulten ser muy sucios —expuso el chico, con una voz suave.
Hermione bufó y se volvió a sentar en el sillón, esta vez cruzándose de brazos.
—¿En verdad quieres saberlo? —le preguntó el chico mirándole fijamente.
A Hermione le inquietaba ese tipo de mirada, inocente, dulce, le hacían temblar las piernas, lo peor del caso era que Harry nunca lo hacía de manera intencional, Hermione dudaba que él supiera sobre su mirada.
—Estaban en el Petite Taglione, y no se encontraban a la vista de todos.
Harry cerró los ojos, asintió con la cabeza, después se reacomodó en el sillón, parecía estar en medio de una profunda meditación.
—¿Cuál sería tu reacción si no quisiera decírtelo, porque no puedo hacerlo?
De alguna manera Hermione se sintió herida, aunque sabía que no tenía porque estarlo, siempre habían vivido con eso, siempre había existido una distancia infranqueable entre ambos, era como si Harry cada determinado tiempo le recordara: tú y yo somos de mundos diferentes, tú y yo, nunca podremos sentarnos uno a lado del otro.
—Harry —susurró la joven—, siempre seremos amigos ¿verdad?
Una bandada de cuervos agitó fuertemente sus alas a lo lejos, la luna espantaba a las sombras en su lento recorrido por el cielo, más allá de donde se acuesta el sol, justo en donde la gloria y la derrota se unen, un triste canto resonó intentando cubrir a toda la tierra.
—¿Tú así lo quieres? —respondió Harry.
&-&-&
Se levantó sobresaltado al escuchar un sonido seco que reverberó por todo el lugar, la cabeza le punzó y sintió muy cerca el cristal de sus lentes. Harry se pasó una mano por la cara, sin poder evitar que se embarrara su propia baba el cachete, mientras un ronquido saliera de su garganta, bostezó tendidamente y parpadeó tratando de entender en donde estaba y que había sucedido.
Después de que Hermione terminará su conversación con él, Harry se había quedado en la sala común y se había quedado dormido ahí con la capa de invisibilidad de su padre. Por eso nadie lo había despertado hasta ahora; pues se había golpeado en la cabeza con la ventana.
Intento despabilarse mientras caminaba a su dormitorio, tenía tanta pereza que planeaba seriamente no entrar a la primera clase, aunque lo más seguro es que Hermione fuera por él y lo sacara a rastras del su cama. Harry buscó a sus compañeros de cuarto, más no encontró a ninguno de ellos, tal vez ya era hora del desayuno y aunque las tripas le rugieron, el chico prefirió echarse sobre su cama y descansar.
El sol comenzaba a darle en la cara con toda su intensidad, Harry en su inconsciencia simplemente volteó su rostro hacía el otro lado para que los rayos le pegara en la nuca y no en el rostro, para así continuar su larga siesta, mientras volvía a perder todo conocimiento de su alrededor, semi-abriendo la boca. Estaba por entrar en el quinto sueño, cuando dos manos lo agarraron por la espalda y lo sacudieron violentamente, Harry comenzó a dar varios manotazos al aire aún inconsciente.
—¡Harry, Harry!
—No, no quiero jugar —murmuró Harry.
Sin embargo las sacudidas se hicieron muchísimo más violentas y Harry terminó por golpear a su enemigo con la almohada. —No voy a jugar —declaró antes enconcharse debajo de las sábanas.
—¡Harry, ha sucedido algo muy serio!
Un suave ronquido se escuchó como respuesta a ello.
El chico terminó por despertarse cuando un agudo chirrido resonó por todo el cuarto, fue la única forma de darse cuenta de que no estaba en casa, no eran los gemelos quienes le molestaban y que sus amigos tenían una cara de preocupación.
—Tienes que ir con Dumbledore.
—¿Eh? —preguntó el chico con los ojos más cerrados que abiertos.
—Vamos, aunque el camino puede resultar bastante desagradable —afirmó Hermione, mientras Ron le ayudaba a ponerse de pie.
—¿Porqué? No quise saltarme la clase de Herbología, pero…saltarse una clase no es un delito muy grave.
Hermione hizo una mueca de disgusto, pero hizo un gesto con su mano restándole importancia a ese asunto.
—¿Es Voldemort? —inquirió con mayor seriedad y abriendo bien los ojos. A Ron se le resbaló la capa que intentaba ponerle.
—No, eso creemos.
—Entonces no es muy impor…
—Harry tienes que ir —repitió Hermione, tomándole por un brazo y obligándole a caminar con ella en vez de volver a la cama.
Ron corrió a abrir la puerta, sacó la cabeza y le hizo un gesto a Hermione para que saliera con Harry del cuarto.
—¿No es mejor que lleve puesta la capa de invisibilidad? —sugirió Ron, pero Hermione negó con la cabeza.
—Sería raro que lleváramos algo en medio de nosotros a rastras, andando, Harry.
—En serio chicos, ni siquiera llevo zapatos.
Hermione y Ron miraron los pies desnudos de su amigo, se observaron entre ellos, pero decidieron sacarlo sin zapatos cuando unos murmullos se volvieron muy intensos. Ambos se colocaron a lado de Harry y bajaron a la sala común, en donde sólo dos chicas se encontraban platicando entre ellas, cuando vieron a Harry se pusieron muy serias y salieron corriendo del lugar.
Hermione y Ron voltearon a ver a Harry quien aún llevaba los ojos cerrados, suspiraron con alivio, mientras comenzaban a caminar velozmente a pesar de los quejidos de su amigo, a quien llevaban por los pasillos más fríos y húmedos del castillo.
"Me voy a enfermar," "Ustedes van a pagar las medicinas," "Ugggh, pise algo baboso."
—Trufas de chocolate —dijo Hermione.
La gárgola le permitió el paso a la oficina de Albus Dumbledore.
Harry entró al lugar, con una capa negra mal puesta y rascándose la panza.
—Qué bueno que ya llegaste Harry —dijo Albus, con una sonrisa bastante tensa—.Toma asiento por favor.
Harry bostezo tomando asiento cerca del escritorio del director. —No quería faltar a Herbología, profesor, pero…
Albus le sonrió afablemente y el anciano se acomodó los lentes antes de contestarle al chico.
—No es por eso, Harry, aunque recibirás la adecuada penalización por ello. —Harry se encogió de hombros, aceptando su castigo con total indiferencia, la memoria de Albus viajó para rememorar al viejo y alegre James—. ¿No has leído los periódicos esta mañana?
El chico negó con la cabeza, se había dedicado a dormir en la sala común y luego en su cuarto.
—Mucho mejor así —dijo para sí Albus—, verás, Harry, sucedió algo…grave esta mañana.
—¿Mi padre está bien? —preguntó Harry dejando, su actitud indiferente y su somnolencia.
—Sí, James está bien —aunque Albus deseó agregar un: creo—, él no es quien tiene un problema, Harry, técnicamente.
—¿Leira? O tal vez ¿Sirius¿Remus¿Qué les sucedió a ellos? —inquirió el chico levantándose del asiento, ya se encontraba completamente despierto y con la mente creando millones de teorías.
—Tranquilo, Harry, tranquilo, no les ha sucedido nada.
La puerta se abrió y por ella entró Severus Snape con un gesto muy agrio, más de lo normal. —Los aurores están por llegar, Minerva está tratando de detener al subministro y al ministro.
—Estoy esperando las indicaciones de James —le anunció Albus. Snape torció los labios de mala gana—. Pero antes de eso, Snape, te encargarás de llevar a la señorita Granger y al señor Weasley a su sala, dile a Minerva que es preferible mantenerlos en la sala común hasta lograr controlar este circo.
Snape les lanzó una mirada cargada de hastío ha Hermione y Ron, quienes sin rechistar comenzaron a salir de la sala.
—No te preocupes, Harry, nosotros, sabemos la verdad —fue la extraña despedida de Hermione.
Cuando la puerta del despacho se cerró tras Severus Snape, Harry se volvió hacia su director con una pregunta atravesada en la garganta. Dumbledore suspiró y con un gesto de su mano le pidió que se sentara, el chico obedeció, cruzándose de brazos.
Albus buscó unos papeles tras su escritorio y le extendió el más reciente diario del El Profeta.
Una fotografía de cuerpo completo de Harry y James cubría la portada del diario, no tenía idea de cómo la habían conseguido, se la había tomado en las vacaciones de verano de este año, mientras ambos jugaban quidditch en los jardines de la mansión. Harry sonreía de lado, con una expresión misteriosa en su rostro, tenía la escoba frente a sí, con ambas manos en el mango y las cerdas puestas en el pasto. James le pasaba un brazo por los hombros, sus expresión estaba llena de indiferencia con toques de arrogancia, el pecho inflado y echado hacia arriba, ese era el único signo de orgullo por su hijo, con la otra mano libre sostenía el mango de la escoba. El viento mecía ambas negras cabelleras rebeldes, Harry de vez en cuando quitaba una mano del mango y se la pasaba por el rostro, evitando que el largo cabello de su padre le picara la cara.
—¿Quién dio la fotografía? . ¡Está violando una propiedad privada!
Albus suspiró pesadamente, la noticia era más importante que la fuente de la fotografía. —Por favor lee, Harry.
El chico entrecerró los ojos para leer la nota de periódico, sin sus lentes su visión era bastante defectuosa, sin embargo aunque el artículo se viera ante sus ojos como motitas pequeñas y borrosas, el título se leía con mayor claridad:
"Progenie Manchada de Sangre"
Docenas de rumores se esparce alrededor de la siniestra familia de los Potter-Evans, durante varios años, la cabeza de la familia, James Charlus Potter, ha defendido la inocencia de todo el linaje Evans, y la suya propia, arguyendo que no se tiene absolutamente ninguna prueba en contra de su maldita casta, sin embargo la noche del veinte y uno de noviembre del presente año, a las veintitrés horas, el señor Walter encontró a Su Grandeza Personal, Vizcondesa Lady Von Becker, muerta.
Los expertos hablan de que el asesinato se produjo alrededor del las cuatro de la tarde de ese mismo día, el último en verla con vida por última vez, fue el joven Harry James Potter.
Irrefutable pruebas confirman, invariablemente y sin cabida a dudas que el asesino de la hermosa Lady Von Becker, es el hijo de conocido, James Charlus Potter. Por primera vez en mucho tiempo, se tienen pruebas contundentes de los atroces hechos de esta temible familia…
Harry soltó el periódico y comenzó a reír con fuerza, echando la cabeza hacia atrás. La risa de Harry invadió el despacho de Albus Dumbledore hasta el último rincón, el director se preocupo por la salud mental de su alumno, tal vez la noticia lo había tomado demasiado por sorpresa y no sabía cómo demostrar ese sentimiento.
—Padre¿Dónde está mi padre? —preguntó el chico entre risas.
La chimenea de Albus se iluminó de color esmeralda, y de entre las llamas emergió James, quien mantenía una calma e indiferencia dolorosas, parecía que iba a atender un asunto sobre el precio del café y no sobre la libertad de su hijo.
—¿A qué se debe este llamado tan temprano, mocoso?
Harry sonrió de lado, cruzó una pierna y recargó su codo en el brazo de la silla. —Dicen que he matado a Lady Von Becker, padre.
—¿En serio? —James alzó la ceja derecha—. Qué bien, no es un beneficio muy grande, pero al menos nos quitamos de una molesta mosca; esa chiquilla me exasperaba.
—Harry no hizo eso —intervino Albus, velozmente.
—¿No? —inquirió James—. ¿Cómo estás tan seguro, Albus? —La tersidad de la voz de James, le produjo escalofríos a Dumbledore¿Cómo se atrevía a bromear sobre la vida una joven? Más aún ¿Cómo se atrevía a pensar en que su hijo era un asesino?
—¿Verdad, Harry? Tú no lo hiciste —Albus miró al chico fijamente, intentando leerle los pensamiento al tiempo que rogaba porque un "no" saliera de la boca de Harry.
Harry sin embargo no estaba interesado en su director, sino en las reacciones de su padre; quien en ese momento se acomodaba los lentes de montura redonda, tan similares a los de su hijo.
—¡Mira! saliste en primera plana —dijo James, atravesándose entre Dumbledore y Harry, observando el diario y colocándolo frente así con una gran sonrisa—, tendrás que hacer más ejercicio, te vez muy gordo…claramente las damas siempre me preferirán a mí.
—Alguien entró a la mansión —terció Harry con una voz muy grave, que se asemejó terriblemente a la de James—. No me digas que no te habías enterado de esta noticia, siempre te avisan antes de que salgan los chismes.
James sonrió socarronamente. —Cuando dejes de ser un niño, y os falta mucho tiempo para ello —rió—, os hablaré de la tarea que deben cumplir los adultos casados.
Un rubor cubrió las mejillas de Harry, ese tipo de relatos son aquellos de los que un hijo, jamás en la vida quiere escuchar sobre los padres. Producen imágenes bastante perturbadoras para la salud mental del niño, además de pesadillas.
Golpes secos resonaron en la puerta del despacho, los tres presentes miraron hacia el roble que protegía la entrada al lugar. —Sé que resguardas al vástago de Potter, Dumbledore. Pero una muerte es lo suficientemente seria para sacarlo de tu jurisdicción. Ese chiquillo tendrá que vérselas con el Ministerio y enfrentar Azkaban —Esa era la voz que Albus menos quería escuchar en Hogwarts, Eduard Freeman, quien mantenía una guerra declarada en contra de la familia Potter-Evans.
—Harry contéstame con sinceridad¿lo hiciste? —le enfrentó Dumbledore, antes de abrir la puerta de su oficina.
—¿Usted qué cree?
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
Las confesiones de Kirsche:
Palabras como: pa maldita deben estar pasando por su mente (I know), pero tendrán que aguantarse para saber la respuesta que desean. ¿Será Harry un asesino? Sin embargo, yo tengo una duda más interesante ¿Por qué alguien dice que tiene a La Evans? (¡ódienme!).
Dos anuncios que les son de su interés:
1 El bonus tiene tiempo que salió bajo el nombre de Blanca Crueldad vayan a mi perfil para encontrarlo.
2 Les hago una invitación para que pasen por el regalo que les tengo en mi LJ, relacionado con este fic, (encontraran un par de cosillas interesantes) he aquí la dirección: ht tp/kir sc he h.li ve jo ur n al.c om/ le quitan los espacios y listo. (Los comentarios se pueden dejar pinchando en la parte que dice: "Speak with the wind" todos pueden postear ahí).
Reviews:
Vía reply: emeraude.lefey, Undomiel de Vil, Sandy0329, kony-hp, Quetzal29, kaori potter, Dark Guy, Leara Ryddle, Ginebra, alesiiiiiitaaa, kamila youko, Kaito Seishiro.
Vía e-mail: Tomoe, Prongs.
Blanca Crueldad: Dark Guy, Tomoe, CaRmEn EvAnS, Wynn.91: reviews respondidos
Si no os llega la respuesta ya saben a dónde enviar las quejas ;).
Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.
-
-
-
M.O.S.
M.O.M.
M.O.J.
