Capítulo 9: Padre Nuestro.

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¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él?
¿Qué es el hijo de Ádan para que cuides de él?

(Salmo 9)

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Llovía, el frío otoño se teñía de gris plomizo. No importa cuánto se alejara su vista del cielo, sólo gris teñía su vida, el color comenzaba a ser asfixiante. Avanzó pos los pasillos con una lentitud casi etérea, se llevó una mano al rostro para luego pasárselo por el cabello; el gesto le hizo reír, se estaba convirtiendo en su padre. ¿Acaso no todo el mundo le recordaba el parecido con él? ¿Acaso no siempre deseó ser como él? Pero ¿quién sabía quién era James Potter?

—Harry ¿no vas a desayunar?

Hermione, cómo quería a esa joven, con sus brazos alrededor de gruesos libros, el pelo desordenado rodeando su cabeza, esos ojos castaños intentando adivinar sus pensamientos, sus gestos suplicando una oportunidad para entender la espiral interminable que era la vida de un Potter.

—No tengo hambre.

—Necesitas comer algo, Harry. —Dio un paso hacia delante—. Por favor.

Volvió su vista al cielo opaco, le recordaba al día en que había visto por primera vez la cripta de su madre, lo mucho que habría querido destruir ese lugar, el odio que se encendió en su corazón: él también era un Evans y un Potter. La verdad era que todas esas cosas comenzaban a perder su sentido ¿a dónde iría?

—Iré en un rato, por favor, déjame en paz.

La mano de la joven se colocó en el hombro de Harry, el chico dio un respingo. —No te dejes atrapar por su locura, Harry, tu padre tiene razón, deberías vivir tu propia vida.

¿Y cuál era esa?

Hermione se alejó lentamente en dirección al gran comedor, Harry la observó desaparecer al dar la vuelta en un pasillo, entonces siguió su camino, mirando el gris del cielo.

El día que se había enterrado el cuerpo de su madre, las tierras de los Potter había sido asoladas por una terrible lluvia. Podía recordar estar sentado en el rincón a lado de Remus y el recién nacido Faolan, ambos niños se acurrucaban al hombre cada vez que el cielo tronaba con toda su furia, inclusive cuando el viento se atrevía a silbar.

Asistió poca gente en realidad, muchos llevados por el morbo, querían ver con sus propios ojos a la primogénita demoníaca Evans bajo tierra y asegurarse de que nunca más se levantaría; por otro lado la penosa figura de James llamaba la atención, él siempre siendo un hombre alegre, radiante de felicidad, exudando positivismo, ahora se encontraba frente al féretro de su amada esposa, encerrado en un tenebroso mutismo, cubierto por ropas negras y una faz que pertenecía a un muerto, mas no a un vivo.

Seth y Enio recibían las condolencias, a lado de Charlus y Dorea, quien lloraba desconsoladamente; Dorea podía tener sus diferencias con Lily, pero le tenía aprecio a su nuera. De hecho Charlus y Dorea demostraban mayor dolor por la muerte de Lily que Seth y Enio; ellos permanecían imperturbables, con sus rostros impávidos, sus movimientos rectos, las miradas de desprecio y asco hacia la sociedad.

Los Evans nunca demostraban sentimientos.

Como borrar de sus memorias el momento en que el ataúd fue puesto bajo tierra, Sirius, Remus y Peter se encontraban a lado de James, Harry estaba en los brazos de su padre, sintiendo las lágrimas de él caerle en la cabeza, las paredes de mármol y oro no detenían toda la lluvia. Y Harry no lo soportó más, gritó, llamó a su madre con toda la fuerza de sus pulmones, haciendo resonar su voz por encima de todos los chillidos y murmullos, se volvió hacia sus tíos y les dijo a todos que ya no quería jugar más, sería un buen niño, ya no chillaría o dejaría que la ropa se le arrugara, comería cuidadosamente con los cubiertos, pero que le devolvieran a su madre, quería ver a su mamá.

James intentó hablarle, pero la voz no salía de su garganta, únicamente podía mirarle con unos ojos rojos, cansados de llorar, marcados con la negrura de una existencia obligada a la miseria, Harry sintió pena por él, tanta que su corazón parecía explotar.

También recuerda sus gritos desesperados cuando la cripta que contenía el sarcófago de su madre fue cubierta con el sonido seco del mármol. Harry se agitaba en los brazos de James y Sirius, clamando porque no encerraran a su madre en un lugar como aquel, Harry le rogó a James para sacar a Lily de ahí, era un lugar muy frio, cerrado, triste y húmedo. Harry quería a su madre devuelta en casa, merodeando en el cuarto principal, rumeando por ahí por la tardanza de su esposo, planeando la cena, observándolo desde la lejanía jugar por los recovecos de la mansión Evans, gruñéndole a James cualquier bobería, quejándose de la gente incauta que iba a su salón de té, blandiendo su lengua viperina contra toda su familia, intentando descubrir cómo era que Dorea tenía una habilidad innata para hacer reír a Harry.

El pecho se le oprimía al recordarlo, sentía sus lágrimas sobre sus mejillas, la fuerza del viento, el estruendo del trueno, la crueldad del relámpago, su padre cayendo de rodillas, la vida se había apagado. ¿Y ahora? Ahora le decían que todo era una farsa, Lily Evans, no estaba en ese lugar.

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Vida, salud, lealtad, riqueza y grandeza, salve señores de la sangre pura. Ser un sangre pura es más de lo que se ve, uno los observa y piensa en ridículas tradiciones de antaño, magia negra, dinero, crueldad, traición, desolación. Nunca nadie piensa sobre los sueños rotos, las noches amargas en pleno llanto, ni las ganas desesperadas de salir corriendo de esa jaula de oro para ser alguien normal. Sólo te apuntan con el dedo y dicen: tú eres un inhumano.

Y uno casi los veía como la realeza, quizás lo fueran, ella no se quejaba de vivir esa vida, ella era de la realeza, después de todo era la "princesa" de papá y papá siempre tenía la razón. Se levantó de la cama con calma, sus movimientos eran delicados aunque llenos de arrogancia, sus compañeras de cuarto le miraron de mala gana; nunca se habían llevado bien y a ella poco le importaba, nadie estaba a la altura de la hija de James Potter, la fría, pusilánime Kali Erzebeth Potter.

Padre no es aquel que te da la vida, ser el donador de esperma no es suficiente. Madre no es quien te trae a este mundo o te amamanta, dar de comer no es lo único. Ella no sabe de donde vino, ni le interesa, ella no recuerda quien era antes, ni quiere saberlo, ni siquiera sabe que día vio la luz de este mundo, a ella le gusta la oscuridad de cualquier forma. Ella siempre será Kali Erzebeth Potter, nació el día en que estuvo por primera vez en los brazos de su amado padre, James Potter; tiene un hermano mayor al cual detesta, dos hermanos menores que le irritan y una madrastra a la cual odia, esta viene acompañada de un nuevo miembro para la familia. Ella es una Potter; no hay duda de eso, criada para convertirse en una Evans.

Sale de su habitación, escuchando a sus compañeras murmurar en su cara. Tienen envidia de las cosas que ella posee, pues ninguna de ellas por muy sangre pura que sea, tiene un padre tan benevolente como el suyo, ninguna de ellas obtiene el más caro capricho, ninguna de ellas tiene un padre tan poderoso como el de ella.

—¿Nos levantamos con el pie izquierdo?

—Buenos días, Malfoy. —Continúa su camino, ignorando a la panda de Slytherin que se dicen ser familiares de ella, incluso a la mocosa Lestrange; aunque a ella le regala una media sonrisa, después de todo no son tan diferentes.

Así es, Deneb Lestrange también era adoptada, Bellatrix ¿o debería decirle tía Bella? Bueno, ella nunca pudo tener hijos por siempre estar en la batalla, los constantes golpes, maldiciones, esfuerzos y demás, hicieron que tuviera varios abortos, al final los sanadores le dijeron que no podría concebir jamás. Pero una familia con tradición debe tener un hijo, así pues se pusieron en la búsqueda de alguien que les hiciera el favor, naturalmente debían ser esta gente, sangre pura y la encontraron desde luego.

Tanto Kali como Deneb fueron objeto de muchos chismorreos y desprecio en sus primero años, aunque más Kali que Deneb. Finalmente la segunda fue una ardua búsqueda para poder tener un hijo sangre pura. Kali llegó a la puerta de Seth y Enio Evans, podría ser hasta una muggle común y corriente, pero un día demostró su poder, así que la gente se limitó a especular sobre si ella era una "sangre sucia". Los muggles imbéciles no sabían qué hacer con una bruja y la opción más fácil fue dejarla por ahí tirada, triste pero podría ser cierta la historia, hasta que le tocó entrar a Hogwarts.

Kali nunca sospechó nada de su nula conexión sanguínea con la gente que le rodeaba, finalmente todos la trataban como si ella hubiera sido hija de Lily y James Potter, además ¿cómo sospecharlo? Tenía el cabello rojo, quizás más encendido y de color más vulgar que Lily Evans, pero el cabello rojo no es una propiedad tan común en Inglaterra. Sus facciones eran finas, y si uno buscaba bien, encontraba cierto parecido entre ella y James, los ojos negros bien pudieron ser de Seth Evans, ¿lo ven? Tenía todo los elementos, pero un día escucha algunas cosas y comienza a dudar. No, a esa edad el tema de ¿cómo vienen los niños al mundo? Es cosa de mamá, papá, flores, abejitas, cigüeñas y lechugas. Sin embargo, por muy pequeño que uno sea, se puede entender que mamá no es mamá, si ella murió mucho antes de que tú llegarás a casa, así una cosa lleva a la otra. Poco antes de entrar a Hogwarts, su padre le dijo la verdad.

No lloró, ni se sintió mal, James no era su padre biológico, vale, pero era quien la había criado, alimentado, vestido, cuidado, amado, etc., etc., y eso lo convertía en su único padre. Lily Evans no había hecho nada por ella, salvo ser la imagen de la madre y el ícono que papá había alimentado con cuentos de hadas. Naturalmente su mente había fantaseado con ver llegar a un hombre o a una mujer, que se proclamaran sus padres y surge la duda ¿Qué harías? Ella sabía muy bien su respuesta: mi padre es James Potter, no sé, ni quiero saber de nadie más.

Así pues, siempre ha estado deseosa de cumplir cualquier cosa que él le pida, ser como Lily Evans se contaba dentro de eso, porque para su padre la mujer perfecta, era ella y una hija de él, debía resguardar esas cosas. No era un suplicio para Kali a decir verdad, ella siempre había admirado a mamá y todas las hijas quieren ser como mamá (o al menos ella sí quería serlo). Entrar en Slytherin lo había visto muy difícil, ya que no sabía de la pureza de su sangre, pero en cuanto McGonagall había puesto el sombrero en su cabeza, este gritó sin dudar: ¡Slytherin! Y ella fue feliz, Harry un engurrumino, la adoptada hija había ido a Slytherin, en tanto que pomposo niño mimado, hijo de la sacrosanta demoniaca señora Evans, había terminado en Gryffindor, así que muy Evans, resultaba que no era.

De ahí, mucha gente la había aceptado, entrar en Slytherin era una prueba sobre la pureza y el poderío de la sangre que se lleva en las venas.

El desayuno en Hogwarts siempre le había parecido insípido, demasiado aburrido a comparación de la vida en casa, el calor que infundía en ella la presencia de su padre. Las lechuzas entraron en el comedor a gran velocidad, la que le llevaba el diario no tardó en ubicarla, con un movimiento de su mano extendió el periódico.

El sonido de una cuchara cayendo al suelo resonó aunque no fue capaz de opacar las pláticas del Gran Comedor, ni las detuvo. Se levantó de su asiento con el diario en las manos, avanzó hasta la puerta principal, su hermano andaba con lentitud hacia el gran comedor, teniendo la vista perdida en el horizonte. Kali fue hasta él.

En cuanto sus miradas se cruzaron los gestos de desagrado se hicieron patentes, la rivalidad de hermanos en ellos dos era muy evidente; Harry torció los labios antes de exhalar un bufido, por lo cual no vio la mano alzada de su hermana, apenas si reaccionó tras haber sido abofeteado, los pocos transeúntes se detuvieron para observar el espectáculo.

—Insolente, imbécil. Mira lo que has hecho. —Tras aventarle el periódico a la cara, Kali se fue hacia las mazmorras.

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"El primer día de la semana, muy temprano, fueron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. Pero se encontraron con una novedad: la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida, y al entrar no encontraron el cuerpo del Señor Jesús."

Resurrección

Bellatrix observó el fuego fijamente, realmente no quería creer en esas palabras, era la primera vez que pensaba en que tal vez Lord Voldemort estaba ligeramente tocado del cerebro. La mujer se removió en su lugar visiblemente incómoda, no podía entrar en su cabeza semejante acción, era…imposible.

—Snape, ¿realmente…realmente es posible?

El hombre alzó una ceja antes de darle la espalda a Bella y continuar caminando alrededor del recinto como si no la hubiera escuchado.

—No, pero tampoco tenía mucha fe en que el Señor Oscuro pudiera llegar tan lejos.

Bellatrix asintió, entendía el sentimiento. No, no era que no creyeran en las capacidades del Señor Tenebroso, una cosa era imponerse en el Wizengamot ayudado por aquellos que tenía poder y voz en aquella junta, otra cosa era dominar Gran Bretaña y expandirse por el mundo. Si bien no reinaba aún la isla, eso no significaba que iba perdiendo, además el-que-no-debe-ser-nombrado estaba ganando fuerza fuera del reino inglés. Sin embargo…una cosa era conquistar el mundo, otra resucitar a los muertos, eso estaba fuera del alcance aún de un poderoso mago. Aquello era equipararse a un Dios.

La mujer rió a carcajada batiente, la idea resultaba demasiado inverosímil, aún para su Señor.

—¿Qué te parece tan gracioso, Bella?

La mujer dejó de reír de inmediato al escuchar la voz del Lord. —Perdone la imprudencia.

—Crucio. —La voz de Bellatrix se escuchó a través de los recovecos del sombrío lugar, penetrando hasta en aquellos pequeños huecos por donde el agua de vez en cuando se colaba—. Cuando yo hago una pregunta, espero una respuesta certera. Pero esta vez vamos con algo de retraso, así que eres libre.

Bellatrix asintió, sentándose a un lugar prudente de su señor. Snape meneó con la cabeza antes de sentarse de lado derecho a Lord Voldemort. La puerta se abrió para dar paso a los mortífagos restantes del círculo interno.

—¿Qué noticias me tienes Nott?

El hombre se removió de su asiento. —Fuimos a la cripta de la familia Evans, buscamos lo que nos había pedido, Señor, pero no había nada. El féretro estaba completamente vacío. Preguntamos a los asistentes del funeral, según informan la caja era pesada y Potter hizo un drama

Voldemort frunció el ceño antes de lanzar un par de crucios. —Cuando digo: ¿qué noticias me tienes? quiero escuchar algo nuevo. ¿Y bien?

—No entra nadie que no sea de la familia, sólo ciertos elfos tiene permiso para limpiar el lugar, todos son de confianza de Potter, estamos buscando algún lugar en donde pueda estar los retos de la mujer de Potter.

El Señor Oscuro no estaba contento, cualquier podía sentirlo.

—¿Y para que quieres un cuerpo? —Todos los mortífagos miraron con desdén al ser que le hablaba tan despreciablemente a Voldemort, ese tipo estaba completamente loco—. No necesitas el cuerpo de Evans, ni creo que lo consigas, llama el alma.

Voldemort rodó los ojos. —Se necesita al cuerpo o alguna parte al cuerpo para invocar el alma. O algún familiar.

—Yo…—dijo Bella inmediatamente.

—Carne de su carne, Bella.

—¿Qué tal el muchacho? —exclamó Lucius.

Voldemort frunció los labios, ¿qué había estado haciendo los últimos años? Ah, sí ya lo recordaba, tener al muchacho, sí, sí, claro. La invocación de un espíritu para lo que él necesitaba, no era cosa sencilla y el muchacho jamás le prestaría semejante ayuda, ni siquiera con un potente Imperio podría lograrlo.

—No los necesitas, sólo invócalo.

Imposible, así no servía la magia. —Sería en vano, necesitamos el cuerpo.

—Sólo, si el alma se ha ido.

Evans llevaba años muerta, por supuesto que el alma se había ido. —¿Qué te hace pensar que está aquí?

El ser soltó una risita escalofriante, no, no era un sonido sádico y helado, como el tono de Voldemort, pero rayaba en los demente. —El cuerpo no está en la cripta, el féretro es una caja vacía que nunca fue ocupada, ellos conocen las mancias más oscuras de toda Inglaterra. ¿Piensas que ella está fuera de este mundo?

¿Potter intentando resucitar a su amante? Para la agonía mortal en la que el bobo se había encerrado era más que plausible, pero aún así la resurrección de los muertos, no sólo era magia negra, sino un tabú. El pequeño no llegaría a tales extremos ¿o sí? Voldemort se llevó las manos a la cabeza, quizás en su autoflagelación la delgada línea entre la cordura y la locura se desvaneció de su cabeza, no soportó la separación poniéndose a jugar a los alquimistas. Aunque hubiera logrado trae el espíritu de su esposa, cosa sumamente difícil, falta el poder retenerlo, se necesitaba un…recipiente.

—¿Qué sucedería si la llamo y ella está atada a algún objeto o persona?

—Sí la llamada es fuerte, responderá y será destruido el contenedor.

Voldemort tamborileó los dedos sobre la mesa, aquello sonaba interesante, quizás descubrirían la verdadera razón por la que Potter tomó por esposa a una flacucha insulsa, cuando todo el mundo sabía que en su mente la única mujer existente era Evans.

—Pero necesitas tener un recipiente adecuado.

Voldemort torció los labios en lo que se podría llamar una sonrisa. —Tenemos a La Evans.

—¡NO! Eso no servirá.

Nadie, nunca jamás le daba una orden al Señor Tenebroso, aquello era un suicidio.

—Habrá que probar.

El hombre hizo resonar su fuerza sobre la mesa. —No me retes, mocoso.

Bella se regocijaba en su asiento, esperando el momento exacto en el que Voldemort le lanzara un par de maldiciones al condenado irrespetuoso, obviamente de esta no saldría con vida.

—No, tú no me retes, recuerda lo que hablamos.

El hombre lanzó un par de bufidos. —Te será inútil, se necesita otro tipo de cosas menos frágiles. Usa una de tus mortífagas, quizás esa con sangre familiar sea buena, hay parentesco al menos.

Voldemort miró a Bellatrix intensamente, la mujer sintió su corazón palpitar con demasiadas fuerza, ella quería ser una silenciosa observadora o una activa hacedora del terror de Voldemort, no un conejillo de indias.

—Evans no le tenía demasiado aprecio a la hora de morir, pero voy a pensarlo.

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—¿Harry?

El chico miraba el fuego danzar tranquilamente desde el sofá, ignorando a toda la gente de su alrededor, a sus pies yacía el reportaje sobre la profanación a la cripta los Evans.

—Habla con nosotros, Harry.

—Somos tus amigos.

Harry miró de reojo de Ron y Hermione, antes de volver su atención al fuego. —Hermione, necesito de tu ayuda.

La chica se sentó a lado de su amigo, Ron se sintió ligeramente disgustado. —Habla, Harry.

Harry observó a Ron y le hizo un ademan para que tomara asiento a su lado, el pelirrojo le obedeció, en silencio.

—Voy a dejar la escuela. —Ambos recibieron la noticia como si el joven les hubiera pateado en el estómago—. Mi padre. —Hermione odiaba esa palabra en los labios de Harry—. Tenemos cosas que arreglar, además no necesito terminar la escuela para ser el próximo señor Potter. Lo requerido no se aprende en un lugar como este, además tengo a Voldemort y su horcrouxs

—Necesitas terminar Hogwarts, cualquier mago promedio lo requiere, si quieres trabajar en el Ministerio… —comenzó a perorata Hermione.

—¿Acaso no lo entiendes, Hermione? No voy a trabajar en el Ministerio, sino para los Potter.

Hermione le sonrió antes de ponerle una mano en el hombro. —No, si no quieres, tú te convertirás en un gran auror, yo lo sé.

Harry le devolvió la sonrisa. —Hermione —murmuró el chico tomando entre sus manos la mano de su amiga—, tú sabes… —Él chico intento continuar, pero no supo como hacerlo, había demasiadas ideas en su cabeza—, soy un Potter-Evans, el Ministerio de Magia no va a querer aceptarme.

—Eso es ridículo, Harry. Tú has combatido al mago más oscuro que se ha visto en décadas, también te has defendido de varios ataques de los mortífagos.

—Y soy el hijo de un siniestro linaje. Por favor, Hermione. —Harry se puso de pie dándoles la espalda a los chicos. —No puedo vivir eternamente en la burbuja de cristal de mi padre, ya no soy un niño.

La chica lanzó un bufido. —¿Y tu despertar a la realidad es convertirte en el próximo Señor Potter?

—Mi padre no es un ser despreciable, Hermione.

No, sólo un asesino. —Tampoco es digno de alabanza.

—Tiene…sus puntos destacables —añadió Ron a toda prisa, no podía permitir que las cosas estallaran—, no creo que para salir de la burbuja que ha puesto tu padre, tengas que salir de Hogwarts. Él tampoco lo querría y lo sabes.

Harry puso los ojos en blanco, no encontraría en ellos ningún tipo de apoyo para esta cruzada. Pero es que ellos tampoco entendían, ni podían entender lo que sucedía.

—Ya tomé mi decisión de cualquier forma, nadie podrá detenerme, hay cosas más importantes que aprender lo que hay en los libros, Hermione. Mi familia me necesita.

—No —exclamó Hermione agarrando a Harry por el antebrazo—. Tu padre, es el que está peleando por tu familia, también está Sirius, Remus, Nessa, Peter, Leira, así que no te necesitan, tienes un propósito aquí, Harry.

—¿Sí? ¿Y cuál es, Hermione? ¿Entregar la tarea a tiempo? ¿Crees que eso es más importante que mantener a salvo a mis hermanos? ¿O cuidar de las propiedades de los Evans?

—No lo entiendes, Harry.

—No, Hermione. ¡Eres tú quien no tiene idea! —gritó Harry—. Siempre que algo sucede levantas tu dedo en contra de mi familia, de las decisiones de mi padre o de mi manera de pensar, pero tú vives en un mundo diferente. No sabes lo que pasamos todos los días.

—¿Qué no? Harry, soy una sangre sucia, tengo tantas oportunidades de sobrevivir en esta época como tú de volverte un seguidor de Eduard. Mi familia está en peligro.

—Sí, pero no tanto como la mía, Hermione. Somos el blanco, no sólo de Voldemort, sino del Ministerio, Orden del Fénix y cualquier loco maníaco. No importa lo que hagamos, siempre somos los malos, tú siempre vas a decir que hemos hecho algo malo.

—Harry, no…

Harry quitó con brusquedad la mano que Hermione tenía en su antebrazo. —Lamento que no compartas mis ideas, pero no pienso cambiar.

La chica intentó rebatir con él, pero Ron le agarró por la manga de la túnica. —Déjalo ir, Hermione, sabe lo que hace.

Ella se sentó a lado a lado de Ron con los brazos cruzados. —Va a la guerra, Ron, por supuesto que no sabe lo que hace.

—Para él, lo más importante es su familia, ha sido criado para anteponer la familia en cualquier situación. ¿Eso te parece tan malo? Si mi familia estuviera en esa situación.

Hermione lanzó un gran resoplido. —Mi familia está en peligro, pero necesito de conocimientos para poder salvarla.

Ron rodó los ojos, los conocimientos para ser la cabeza de la familia Evans, no se encontraban en la biblioteca de Hogwarts, sino en la sangre derramada. —Es un linaje muy pesado, Hermione. No entiendo muy bien, los Weasley no estamos apegados a esas viejas creencias, pero todas esas familias adineradas y puras son otro cuento, sostener un apellido de semejante calibre no es tan fácil.

—Uno es lo que quiere ser, no tiene porqué convertirse en un jefe de familia. ¿Qué es esto? La vieja Escocia.

Ron miró hacia el techo, no, ella nunca lo entendería. —¿Por qué te preocupas tanto?

—Que tú seas un insensible no significa…

Ron se giró para ver a su amiga a los ojos fijamente, los ojos castaños de la chica le rehuyeron, no era momento para escenas íntimas. —Es mi amigo, no quiero verlo hundirse en semejante infortunio.

—Te esfuerzas demasiado.

Hermione frunció el ceño. —¡Ron!

—No me gusta su manera de pensar, al menos no del todo; pero entiendo porqué es así, Hermione. Es inevitable, quizás tú puedas ver el mundo de diferentes cosas, no estás atada por las creencias mágicas, en el mundo muggle, también debe existir cosas como está ¿no? Lo mobles, creo.

—Nobles —le corrigió la joven.

—Entiendes, nacieron ahí, pueden revolucionar una cosa u otra, no todo a la vez, sería egoísta…como tú-sabes-quien. Además, Hermione siempre has pensando en lo mejor para ti, no en él.

—¡¿Cómo te atreves?!

Ron suspiró. —Te has preguntado si Harry sería feliz siendo auror o el señor Potter.

—¡Por supuesto que auror! Él siempre ha soñado con eso…

—No, Hermione. Él sueña con tener duelos, cazar aquellos que persiguen a su familia, poder salvar personas, pero para eso no necesita ser auror, le basta con ser el Señor Potter. Más allá de eso, convirtiéndose en el Señor Potter, no tendría que rendir cuentas a nadie, sin instigaciones ni acusaciones hacia su familia. Mi padre conoció al actual Señor Potter, cuando era más joven y trabajaba para el ministerio. Pese a que siempre estaba contento, lanzando bromas a diestra y siniestra, a veces se le podía ver meditabundo, pues también era objeto de acusaciones, recibía el desprecio de aquellos que odiaban a su esposa y su familia; nunca se defendió de aquellas cosas. Muchas veces lo que decían no era cierto, al mismo tiempo, cargaba consigo el título de ser un sangre pura y no sólo eso, sino el hijo de un Jefe de Departamento, favorito del Ministro de Magia. Sus proezas pasaban a ser menospreciadas por tanto títulos sobre su camino. ¿Puedes entender eso?

—Haré lo necesario para que no tenga que cargar con semejante cruz.

En los ojos de Ron apareció una gran sombra de decepción, Hermione siempre estaba demasiado preocupada por Harry.

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Hacía mucho tiempo que había perdido el camino, a veces ya no recordaba cómo es que había sido en antaño, incluso a veces se preguntaba si había sido él quien hizo aquello, pero nunca llegaba a una respuesta certera, cada vez que intentaba convencerse de que era verdad la fantasía y el dolor de entremezclaban en su cabeza, haciéndole notar quela memoria es tan segura como una hoja seca en el árbol en donde creció. Sin embargo cuando intentaba decirse que no había sido él, se encontraba recordando a la perfección la risa que brotaba de sus propios labios, incluso podía escucharse y sentir el viento pasar entre sus dientes. Sí, la sangre había sido derramaba por sus propias manos, con esas aristocráticas manos a las cuales les enseñaron a perdonar y aliviar.

En momentos como aquellos en donde la cordura parecía hacerle compañía, levantaba la vista hacia el cielo, mirando las estrellas que murmuraba nuestra suerte, preguntándoles insistentemente ¿Por qué ha sucedido esto? ¿A dónde te has ido fe mía? ¿Por qué no pude sostener con ambas manos este sueño? ¿Amar te duele demasiado? ¿Acaso la tragedia siempre tiene la razón? Ya no sabe, ya no recuerda, ya no anhela. Padre que estas en los cielos, dime ¿Por qué me has abandonado? Padre, ¿aún soy tu hijo? Padre ¿qué es ser padre? Padre ¿perdonarás mis pecados? Padre ¿lamentas haber amado? Padre ¿lamentas este derramamiento de sangre? Padre me he perdido, me he lastimado y no deseo regresar al buen camino, porque no importa si el diablo besa mi alma o si ya tengo mi lugar en el infierno, vivir esta vida es aun más doloroso que pensar en un infinito tormento. No sé a dónde voy, no sé a dónde tengo que llegar, pero avanzo en este mar nebuloso, intentando encontrarme para perder, quiero soltarme de estas cadenas terrenales para abrazar las ataduras de las dimensiones místicas deletéreas, quiero ir al fondo de la maldad, para verla una vez más y desvanecerme en la nada, quiero volverme eternidad para olvidar.

Las gotas de lluvia golpeaban el frío cristal, negrura, desolación, una vida sin color…o quizás debía decir sin vida. Intentó formar una sonrisa pero sus labios (¿no?) lo lograron, dolía demasiado, quizás era mejor decir: ya no dolía. Y aquello era aún más devastador, volverte indiferente a todo cuando tienes muchas cosas que sentir, desearía soplar cenizas de su ayer o preguntarse cómo va el rompecabezas de su lógica rota, de esa manera notaría la pérdida de algo, sin saber realmente lo que es. Era mejor que estar consciente de lo perdido y ser consciente de no poder recuperarlo.

Estúpida demencia. Venga lógica tu reino.

Suspiró lentamente llevándose las manos a la cara, se recargó sobre la pared, la lluvia hacia un sonido hermoso, era como si las desgracias cayeran del cielo, aliviando un poco el dolor de los afligidos; una lástima el no poder caer un diluvio inundando por entero a la tierra para acallar su dolor ¿aquello serviría?

Tarareó una vieja canción de cuna, hacía demasiado que no escuchaba las nanas, a él le gustaban mucho esas canciones, de alguna manera tranquilizaban, pero al mismo tiempo alertaban los sentidos, eran cosas mórbidas. No, no, no era por las letras, sino por la tonada, ya sabes…tranquila, apaciguadora, como el asesino que te seduce y engaña para luego ¡zas! Arrebatarte la vida. Sí, algo así era.

Los cielos retumbaron después de iluminar la estancia, las blancas paredes se encontraban manchadas de rojo sangre, no había nada más en la estancia que cuerpos o pedazos de estos sobre el suelo y al fondo una escalera que se sumergía en las entrañas de la tierra; ni siquiera había alguna veladora o antorcha, todo estaba a oscuras. Nadie quiere ver tanta sangre y desperdicios después de todo, aunque la luz no vendría mal de vez en cuando, así uno no se tropezaba, ni se obligaba a andar a las vivas, quizás la próxima vez que entrara podría una antorcha para iluminar el lugar.

Muertos y más muertos, que desperdicio de espacio. No quería apurarse a hacer su trabajo, la lluvia no dejaba de caer, no podría salir de ahí para cumplir su deber, así que no había prisa y a los muertos, tampoco les incomodaba estar ahí, ninguno de ellos protestaba.

Volvió su mirada al cielo que se arremolinaba, impetuoso y majestuoso como solo la gran Gaia puede hacerlo, el viento se azotaba con fuerza contra la construcción haciendo vibrar los cristales. Ah, madre, lo notas, aquí está uno de tus podridos hijos, lástima que no puedas entrar y yo no te quiera dejar pasar. Oh diosa benefactora y castigadora, por favor déjame seguir soñando, déjame seguir con este castigo, hasta que mi alma se consuma, hasta que ya no tenga fuerzas, hasta que mi locura me arranque la vida. Y la diosa se remueve y enoja, quiere que vuelva hacia la luz, pero ella misma en su forma misteriosa le envolvió en los brazos de una de sus más crueles hijas, ella misma le entregó a la oscuridad. Madre, tú no sabes de las necesidades del hombre, madre no sabes lo que siente el padre.

La soledad siempre le había sentado mal, lo llevaba a hablar consigo mismo y sus penas, eran demasiado aburridas para entretenerle. Comenzó a llevar los cuerpos hacia abajo con su varita. A veces se preguntaba si una vez le había disgustado la matanza, o si se había incomodado al tratar de cerca a un muerto, pero a estas alturas ya le daba igual, ya no distinguía, ya no veía, sólo andaba y construía.

Porque esta es la mano del destino, este el testamento que yo dejo, maldito aquel que no lo siguiere: nunca bajes la cabeza, ignora el paso del tiempo y la ambigüedad de la sociedad, arcaico tu pensamiento pero firme e inhumano. No eres luz, siempre serás oscuridad, ella es tu compañera y aliada, el poder que te da es absoluto y es único, este nunca se comparte, pues es singular, nunca plural. "Sobre la sangre, el dolor y la desdicha levanta tu reino."

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Las confesiones de Kirsche:

La inspiración que da la madrugada y el sueño…es fenomenal ¿no? Mejor que fumarme algo.

Si, ya sé, yo misma me podría llevar a la hoguera por largarme no sé cuánto tiempo (pero no he estado inactiva, quienes van por el LJ, pueden ver que escribo algo meme semanalmente, a veces de HP, a veces de otras cosas, a veces de Feeling). No tengo una excusa buena, salvo el decirles que ciertamente paso por una depresión en mi amor por el fandom de HP y un desquiciado fanatismo por Kaname-sama de Vampire Knight, no culpen al bishie, él no tiene la culpa de ser tan desgraciadamente MOE y OMG, pero alguien taaann ambiguo como él, con ese toque tan sexymente siniestro, naturalmente que cautivaría mi atención tarde o temprano, so. De cualquier forma, tras una largaaa ausencia de musa, la cosa regresó en una noche (sí una jodida noche) y saqué está cosa. El próximo capítulo lo saco en menos de un mes, no me pregunten cuando, pero en menos de un mes y eso es seguro.

Reviews…contestados a más tardar mañana.

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Dejen comentarios o maldiciones…me las merezco.

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Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.