La carta
Es un piso bastante pequeño. Tiene un solo baño con una ducha cuya mampara se llena de vaho en cuanto la temperatura del agua pasa de los 22º; un lavabo en el que Aurora duda que quepan algo más que el jabón de manos y un peine con las puntas desgastadas; un inodoro y un balde de plástico para colocar los pies doloridos tras una larga caminata. La cocina no es que sea mejor o peor, sino que no hay cocina. En realidad es una mezcla extraña entre salón, cocina y comedor. Eso es todo, bueno además de una habitación con dos camas enanas y un escritorio lo suficiente grande para que puedan sentarse a estudiar dos personas adultas.
Pero para Aurora es como un palacio sin explorar. La televisión, que solo es capaz de dar tres canales y el resto tiene rayas negras y blancas con un ruido ensordecedor; el teléfono y la minicadena. Los discos de Queen, los Beatles que le ha regalado su padre, se juntan con los de Linkin Park, Avril Lavigne, Greenday y Blink 182 que se ha agenciado ella desde su infancia, llenan una mochila entera que Samantha se ha cuidado de traer sin que sufra ningún percance hasta su nuevo piso.
No está segura del todo de porqué ha aceptado las súplicas de sus padres para que la joven paciente que por fin ha despertado del coma se vaya a vivir con ella. Samantha tiene dieciocho años recién cumplidos y unas ganas de disfrutar su mayoría de edad, envidiables.
Vista desde lejos, y tras haberla oído hablar una o dos veces, una está segura de encontrarse ante una auténtica Mary Sue. Ya sabéis de esos personajes perfectos que se cuelan en un fanfic y se hacen los mejores amigos de la protagonista.
Es guapa, rubia con el pelo lacio y largo, los ojos claros… y tiene pinta de ángel. Pero eso es lo que aparenta, cuando te acercas un poco más, tienes la certeza de que no tiene un gramo de inteligencia en el cerebro. Es snob hasta dar por saco. Algo que muy pocas personas aguantan, y vamos a ver, Aurora no es una de ellas.
Mas como no tiene adónde o con quién ir no le ha quedado otra opción que aceptar la primera mano amiga que le han tendido. Y ahora está allí, en una de esas tiendas que el centro de Londres pone a disposición de los consumidores adictos a las compras de moda, es decir, de un montón de adolescentes y jóvenes con las hormonas revueltas que aún disfrutan de los últimos rayos del sol de verano.
Y es que haber terminado la selectividad con la nota que se buscaba es para Samantha y sus padres un auténtico logro, por lo que el señor Wimbelton le ha ofrecido a su hija nada más y nada menos que un dineral para gastarse en ropa. La cifra exacta no la sé y tampoco me interesa, solo deciros que el matrimonio Wimbelton ha agrandado el número si gastaba un 20 en la chica del hospital. Así que Samantha ha aceptado sin dudar –más dinero, más ropa- y se ha llevado a la muchacha de compras por el centro.
-Sí, lo sé, el piso no es gran cosa pero mis padres dicen que debo saber ganarme la vida. Lo sé, hay quienes nacen bien situados por lo que no deberían tener que preocuparse por esas minucias pero, jo son mis padres y ellos tienen el dinero así que solo me queda callarme y obedecer. Y no te creas que no he intentado liberarme de su yugo, o sea, a ver lo he intentado ¿Vale? Pero es tan difícil, quiero decir ¿Qué problema hay si yo quiero vivir cómodamente y bien? Pues que tengo que esperar a la herencia. Oh, no, por supuesto que no quiero que se mueran pero…
¿Habéis conseguido seguirla? Yo me perdí hace tiempo, y no os penséis que Aurora ha escuchado una solo palabra del repertorio de cosas banales que ha soltado Samantha en el pasillo de los probadores. Creo que está más ocupada tratando de meter la cabeza en una de esas camisetas que Samantha ha recolectado para ella. No es que sea muy complicado meter ahí la cabeza, para nada; pero recordad que el traje con el que ella se durmió –por si tenéis curiosidad se levantó con la bata que llevan todos los pacientes- lo hicieron hace unos diez siglos y sí, hay diferencia. Por eso a Aurora le cuesta tanto ponerse una blusa con un jersey de cuadros verdes que, palabras de Samanta, hace juego con ese verde tan sumamente atrayente que tienen tus ojos.
Cualquiera diría que Samantha tiene envidia de Aurora. Ok, no anda como ella, ni tiene ese toque refinado y educado de Aurora, pero vamos a ver, la cara de despistada que tiene la princesita anula todo lo demás. Claro que la cara de besugo que tiene Samantha cada vez que empieza a enumerar lo grandiosa que es su familia también elimina todo lo bueno que le da su figura y su rostro.
¿Qué si la odio? No, no es exactamente odio; solo me saca de mis casillas. Es tan… Mary Sue que no puedo con ella. Tan odiosamente perfecta que me produce arcadas. No os penséis que soy una basta y una bruta, en realidad soy… bueno, ¿qué más da quién sea yo? A vosotros sólo os interesa lo que os voy a contar, no quién soy. Pero admitid que al leer su nombre, Samantha Wimbelton, señores, habéis tenido la sensación de que os encontrabais con esas muchachitas que acaban siendo ridículas y patéticas a no poder más; de esas que solo hablan de sus padres para indicar la cantidad de ceros que tienen en su cuenta corriente. Admitidlo, venga, no cuesta tanto trabajo.
Por eso me cuesta tanto entender que la pobre Aurora se llevé también con ella. Intento pensar que es porque no conoce a nadie más, pero no es esa la sensación que me da cuando las veo salir de la enésima tienda cargadas con un montón de bolsas y riendo sobre qué se yo qué tontería. De hecho parece que se conocen de toda la vida. Esperemos que Aurora le dé algo de sentido común a todas las ideas que tiene Samantha.
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Están sentadas en uno de los bancos de la plaza que da a una gran fuente. El suelo se está empezando a llenar de palomas pero a ellas les da igual. Con una ensalada metida en un bote de plástico y un tenedor hecho del mismo material, hablan sobre qué se yo qué temas con total hilaridad.
-Es increíble que no recuerdes nada. Pero no te preocupes, que yo me voy a encargar, personalmente –y hace especial hincapié en esto último- de que tus nuevos recuerdos sean fabulosos.
Sí, las palabras personalmente, fabulosos, sublime, cool y fashion son esas que nunca faltan en su vocabulario. Pero mal que me pese tengo que admitir que la chica tiene buen corazón. Aunque para tenerlo malo hace falta tener neuronas, y ya os digo yo que esa tía ni de coña tiene algo de peso dentro de la sien.
Aurora asiente y termina de comerse lo que queda de la ensalada.
-Y ¿Cómo está todo ahora? Ya sé que diferente a cuando yo me… dormí; pero, tú actualízame, por fa.
-Pues… -la pobre Samantha no tiene ni idea de hasta qué punto han cambiado las cosas pero intenta actualizarla lo más que puede. Por suerte Aurora es lo suficiente hábil para mantener la boca cerrada, mirar y aprender. – a ver, ya han dejado de llevarse esos pantalones de pata ancha, la política parece algo más preocupada por la contaminación ambiental y han sacado una nueva gama de lentillas, por no hablar de la nueva colección de Dolce&Gabana que está haciendo temblar las pasarelas tanto de París como de Nueva York.
Imaginaros la cara que pondríais si vinierais de la Edad de Piedra y os explicaran lo que es un ordenador. Pues algo parecido es lo que quiere poner Aurora, pero su fina educación no se lo permite. Vayamos una por una, con todas las cosas que le ha dicho Samantha:
Pantalones. ¿Desde cuando llevan pantalones las chicas? Es algo insólito para ella, pero ya casi se ha recobrado del susto de ver unos pitillos cuando antes Samantha ha tratado de vestirla. Se pasa la mano por los vaqueros y tiene que admitirlo, no se está nada mal dentro de ellos.
Contaminación ambiental. Entiende más o menos las dos palabras por separado, y porque estudió latín, que sino… Sacude la cabeza, ya lo comprenderá más tarde. Fijo que hay algún libro que le explique qué es eso, porque si la política se preocupa por ella será que es importante.
Lentillas. Ya ha oído alguna mención sobre ellas antes, pero muy por encima y también de parte de Samantha. ¿Sabes qué te quedaría bien? Este vestido con unas lentillas moradas, así tus ojos irían a juego con este color tan fashion. Eso ha sido todo, así que nada, tendrá que buscar más información.
En cambio en lo de Dolce&Gabana, las pasarelas de París y Nueva York ahí ya sí que le suenan a nuevo completamente y no puede evitar repetir la última frase de Samantha.
-¿Dolce&Gabana en las pasarelas de París y Nueva York?
Samantha malinterpreta su sorpresa.
-No sé por qué te extraña, a ver, o sea, era lógico. La nueva tendencia es súper cool y es normal que se lleve eso, sobre todo porque es tan fashion.
Sino habéis comprendido nada, bienvenidos a mi mundo. Pero no es porque no sepa de ropa sino porque a esta tía yo no la entiendo. Habla como los políticos, mucho sin decir nada, y eso me saca de quicio.
-Ok, ok, está claro que me gustaba más la ropa que Prada tenía, y por supuesto – exclama como una exhalación- Tous; pero…
-Espera, espera- le corta Aurora que ha comprendido que como sigan hablando de marcas ella no va a entender nada- ¿Qué hay de los chicos?
-¿Los chicos? Pues lo de siempre- hace un mohín de disgusto- Para liarte sin más es fácil, porque tíos les hay a montones, ya sabes, levantas una piedra y aparecen cientos. Pero si buscas un príncipe azul han desparecido. Ya no queda ni uno.
-No hace falta que lo jures –comenta Aurora que no puede dejar de darle vueltas al asunto. -¿Qué crees que pasó?
-Que las hadas los secuestraron- bromea Samantha que no tiene ni idea de porqué este tema es tan importante para Aurora.
-O quizás se cansaron de hacer cuentos felices- responde filosóficamente Aurora.
Samantha ladea la cabeza y mira a la chica. No entiende porqué preocuparse tanto, al fin y al cabo ya encontrará su príncipe azul. A lo mejor es que a Aurora le rompieron el corazón y por eso piensa eso. Como no sabe qué hacer le pasa el brazo por los hombros con ánimo de apoyarla, y lo consigue porque Aurora levanta la cabeza y la mira, sonriendo.
-Bueno ¿volvemos a casa? –pregunta Samantha que eleva los ojos hacia un cielo que se ha tornado gris.
Aurora asiente con la cabeza, sobre todo porque ya han aparecido los primeros relámpagos que amenazan tormenta entre las nubes. Agarra su caja de plástico y con el tenedor la tira a la papelera que hay al lado del banco. La caja se abre y queda al revés enseñando un w amarilla con unas letras al revés.
-Eso ¿no está mal escrito? –le pregunta a Samantha
Ésta mira atrás, hacia el envoltorio de la caja del McDonald y se encoge de hombros. Es un eslogan, un examen de lengua.
-Vamos, anda, que nos vamos a mojar y no he traído mi paraguas.
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Afuera llueve sin pausa y sin tregua. En el cielo se distinguen los relámpagos y Samantha se ha metido a la ducha porque no soporta los truenos y con el caer del agua de la ducha no les hace tanto caso. Aurora, en cambio, mira con curiosidad la ciudad y a los valientes que se atreven a salir con esa tormenta. Desde el alfeizar de la ventana puede ver a niños saltando de charco en charco mientras sus madres se desgañitan llamándolos; y un poco más allá a una pareja besándose bajo la lluvia. Esto le hace sonreír, inconscientemente.
El siguiente trueno se confunde con el ruido de su estómago, pues la ensalada no le ha calmado el hambre. Además de que lo ha tomado ya hace tiempo y quiere probar el queso de esta época. Que según Samantha está deluxe y que está en el cuarto armario al lado del frigorífico. Aurora se acerca por el otro lado ya que aún no se ha acostumbrado a que de una caja, por enorme y metálica que sea, emane un frío como ese.
Coge una rebanada de pan de molde, un cuchillo y una tarrina de queso. Es rápida aprendiendo así que después de las enseñanzas básicas que le ha enseñado Samantha es capaz de untarse algo de queso en el pan. Hombre, se ven los grumitos y tal, pero se puede comer, que es lo que quiere.
Levanta el mentón de la tarrina donde estaba leyendo los ingredientes para ver salir a Samantha del baño con una toalla alrededor del pelo y una bata de color caoba.
-Ya puedes entrar- le indica. –Tienes champú de Aloe Vera en la bandeja de la ducha.
Recién salida de una ducha Samantha parece la persona idónea para tener una conversación interesante, apacible… vamos todo lo lejos de lo que en realidad es. Está bien, puede que algo de ojeriza la tenga, pero bueno, eso es cosa mía ¿no? Cuando sepáis quién soy en realidad me daréis la razón. Y por si se os ha ocurrido ella no es la hija de un demonio o qué se yo qué se os ha pasado por la mente ¿Vale? En realidad es tan vulgar como snob. En fin, sigamos.
El caso es que Aurora se ha metido en la ducha y ahora está rociando su cabello largo y del color del trigo con el champú que Samantha le ha pasado. Es rápida, pues no le gusta mucho quedarse bajo el chorro de agua que sale de la cebolla. Corta el agua, se envuelve con una toalla y sale de la ducha.
Colgada de la puerta del baño Samantha le ha dejado un albornoz con unos estampados que hacen juego con el otoño y unas zapatillas verdes pistacho. Se mira al espejo y se pasa el dedo índice por las cejas que necesitan una visita al esteticista urgentemente según Samantha quien le ha prometido que mañana irán allí y a la peluquería. Escucha la puerta de la casa abrirse y volverse a cerrar pero no le da importancia, pues se ha acordado de la revista de peinados de moda que hay sobre la mesita que está entre el televisor y el sofá de la estancia principal de la casa y en ese momento sólo quiere ir a leerla.
Va rauda hacia el dormitorio y saca del armario unos pantalones de lino que no le llegan hasta las rodillas y una camiseta de tirantes de un amarillo pálido. El calor del verano aún no se ha ido del todo –esas tormentas son la prueba evidente- y se puede estar así por casa. Antes de salir de la habitación mira debajo de su cama y encuentra unas sandalias de color verde claro y con ellas deja la ropa de baño sobre su cama antes de encaminarse al encuentro de Samantha.
Cuando llega ésta está preparando dos batidos de chocolate a los que añade nata montada con gran maestría. Tras acabar con la nata y devolverla a su sitio, busca unas galletas y las deja en un plato en el centro de la mesa. Con un gesto invita a Aurora a sentarse con ella para cenar quién así lo hace. Aurora se sienta y Samantha se levanta acordándose de pronto de algo. Se encamina hacia la mesita de cristal donde deja las revistas de moda con una galleta en la mano. La mordisquea, coge una carta y vuelve a la mesa.
-Toma, hace nada ha llegado la vecina diciendo que como el cartero no tenía ni idea de si dejar esto en el buzón o no, porque ya sabes que aún no tenemos la llave, pues se lo ha dejado a ella. Y bueno, que me lo ha dado mientras estabas duchándote. Que no le he abierto, pero ya sabes que puedes confiar en mí para lo que sea –se toca el corazón de forma dramática-, que voy a estar ahí pase lo que pase y que…
Joder, ya ha recuperado toda la labia otra vez; está tía es increíble, no sé cómo la aguantan.
Por suerte Aurora está más pendiente del sobre que ha llegado a sus manos y tiene la vista fija en las letras de colores verde, dorado y plateado de su nombre: Aurora Screenger. Da la vuelta al sobre y lo abre mientras Samantha sigue soltando su discurso sobre la confianza, la amistad, bla, bla, bla. Extiende el papel donde lee la cosa más extraña con la que se ha encontrado en lo que lleva de día, más incluso que el asombroso descubrimiento de cómo funciona un lavavajillas o cómo funciona el motor de un coche.
Estimada señorita Screenger:
Nos vemos en la obligación de mandarle esta misiva con motivo del error que se produjo en su caso. Le rogamos que no nos denuncie, mas si pretende reclamar estaremos encantados de aceptar sus peticiones con total disponibilidad.
Para saber más acerca de su asunto póngase en contacto con nosotros que le daremos a su nuevo correspondiente en menos de 48 horas. Además le pondremos en contacto con su antiguo correspondiente.
Atte.
Alea Goldream.
Aurora relee la carta dos o tres veces pues no está del todo convencida de qué es lo que acaba de leer. Samantha no puede superar su tentación de leer la misiva y atrapa la hoja. La lee pero tampoco entiende mucho.
Aurora coge de nuevo el sobre y busca algo que le muestre que no es víctima de ninguna broma y lo encuentra. El sobre ha sido sellado con un escudo que aparece también en la carta y al pie derecho de la parte remitente del sobre. Tanto Aurora como Samantha lo miran con curiosidad y Samantha cae de pronto en lo que es.
-Este es el escudo de una escuela privada de alto prestigio.
-¿Y qué tiene que ver conmigo?-pregunta extrañada Aurora.
-No lo sé, pero si quieres mañana podemos descubrirlo. Después de nuestra visita a la peluquería y al esteticista, obviamente.
Aurora asiente, agradecida y acaricia el escudo con sus dedos preguntándose si tendrá algo que ver con las hadas que quiere encontrar.
-¿Qué significan estas letras?- le pregunta a Samantha por las letras en verde y plateado que rodean a una rosa dorada.
-¿Cuáles? –le pregunta Samantha que no consigue ver lo que dice Aurora –Deletréamelas.
-H, a, d, a, s.
Samantha niega con la cabeza, pues no tiene ni idea. Y como no le gusta no saber de nada se levanta de la silla y se deja caer en el sofá mientras se hace con el mando a distancia del televisor.
-Ven aquí –llama a Aurora mientras hace zapping- Sé que hoy ponían una película preciosa que te encantará. Al menos yo la adoro, o sea, ya se que a lo mejor te parezco muy mayor para que me guste Peter Pan, pero es que… Además estando Jeremy Sumpter como actor protagonista yo no puedo hacer otra cosa que babear por él. Es lógico ¿no?
Aurora se acomoda en el sofá al lado de Samantha mientras el narrador de la película –algo con lo que Aurora ha dejado de sorprenderse y prefiere, simplemente, disfrutar- habla sobre que todos los niños crecen; todos, menos uno.
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¿Qué os parece el 2º capítulo? Tenía mis dudas sobre si hacer fantasía o realismo, pero creo que me voy por la primera opción sin duda. De todas formas esperaos parte de realismo ¿ok? Yo sólo aviso.
Bueno, para los que no sepan que significa lo de Deluxe, creo que no es un regionalismo porque yo sólo se lo he oído decir a los pijos que conozco que algunos son como Samantha… xD qué chiquilla. A mí me hace reír mucho, al narrador de esta historia le saca de sus casillas.
Pero tranquis, pronto os presentaré al narrador que también es un personaje de por aquí. Espero que os esté gustando.
Por cierto, esto no es contestar a un review, pero sí que me gustaría hacer una mención especial a dark Rachel que me comentó como se llamaba la Bella durmiente. Como verás la he seguido llamando Aurora, muchas gracias por hacérmelo saber.
Besos
Shio
