Ámbar

Ámbar

Supongo que la idea de Samantha de aprovechar la mañana de una forma completamente fabulosa y útil es muy diferente a la mía. Personalmente sería incapaz de pasarme dos horas y media de reloj esperando a que mi pelo sufriera un cambio de look, ni de aguantar los comentarios vacíos de la chica a la que le toque hacerme una manicura francesa. Aunque seguramente sea a causa de que yo no me dejaría utilizar como un conejillo de indias para que patronos de famosas marcas se llenen los bolsillos de dinero.

Todo el mundo sabe que el feminismo está llegando a unos límites insospechados. Sí, claro, mucho de la mujer no debe quedarse en casa para cuidar a los niños y que también tiene derecho a trabajar y a estudiar; y en cuanto tiene un poco de tiempo libre ¿qué hace? Mirarse una y otra vez al espejo para gustarles a los tíos. Tíos que por cierto sólo tienen una cosa en la cabeza y que, por lo tanto, no me extraña nada que al final acaben cuidando niños en casa solas.

Supongo que hay muchas clases de chicas y todo eso. Por ejemplo, mi hermana no es así, y conozco también a unas cuantas que no creo que se comporten de ese modo. Estoy seguro de que Aurora no es tan snob como la chiquilla a la que acompaña. Samantha… ¡pero si hasta el nombre da escalofríos! Es como la nueva Barbie, una Bratz nueva…

En fin, como creo que os importan más lo que hicieron esa mañana esas dos adolescentes llenas de hormonas os contaré algo por encima. Pero tampoco mucho, porque no tiene gracias estar hablando sobre cosas que ni me van ni me vienen. Es más, sobre asuntos que lo único que quiero es ver lejos de mí.

Oh, sí, casi se me olvida. Voy a presentarme. Sé que dije que para la historia no tendría valor alguno pero los acontecimientos se precipitaron un poco. O quizás yo hablé demasiado, dice mi maestro que me ocurre a menudo. Bueno, a ver… no sé cómo son las presentaciones así que seré breve con todo eso.

Me llamo Ámbar y aunque el nombre os parezca de chica soy un tío. Y uno con muy buen aspecto, no lo voy a negar. Está bien, no soy el típico "cachas" por el que todas las tías babean y por el que son capaces de pasar desde la mayor mojigata a la más experta… ¿cómo decirlo suavemente? Ligera de cascos.

Pero creo que no estoy mal, nada mal. Quizás tenga algo que ver el hecho de que mi madre sea modelo y yo haya heredado su cara. Tengo unos ojos verdes parecidos a las hojas de los árboles antes de que llegue el otoño; y una carita redonda que me da aspecto de niño. Eso a las chicas les gusta mucho si ya lo completas con el pelo rubito y de cazuela. Pero siento desilusionaros porque a) soy moreno y b) tengo el pelo largo que me suelo recoger en una coleta cuando hay clases.

Estudio en el colegio Esmeralda. Probablemente no os suene de mucho a no ser que conozcáis a alguien que está dentro. Es un colegio de alto prestigio en el que casi nadie entra, aunque curiosamente no se necesitan grandes dotes de dinero para entrar. Yo, por ejemplo, no procedo de una familia humilde al que la carrera de la madre nos ha ayudado a ser conocidos ni ninguna historia rara que la gente acostumbra a contar. De hecho, es algo más trágica.

Mi padre era, es y será siempre un nómada. Un gitano que suelen decir. Un hombre que quiso estudiar medicina y durante sus años de aprendizaje se enamoró de una paciente. Un joven modelo que se había medicado porque problemas de autoestima y moral. La cuidó y cuando ella salió del hospital se siguieron viendo. Nunca llegaron a casarse pero vivieron juntos una temporada. La suficiente para que mi hermana y yo llegáramos a conocerla.

Cuando yo tenía cinco años nos abandonó. Dijeron muchas cosas pero sé que eran de distintos mundos y no pudieron con ello porque ambos amaban unos sueños que no eran compatibles entre sí.

Mi madre quería volver a las pasarelas, el glamour era su mundo y aunque nos quería no supo preferir a sus hijos que a su antigua vida. Además, ella quería ser actriz y vivir en Hollywood y aquello era lo que se puso a perseguir desde el día en que salió de nuestras vidas. Por otra parte, mi padre quería ayudar a la familia –debemos ser unos veinticinco miembros o por ahí- y a todos los que pudiera con su conocimiento de medicina.

Nos puso nombres de colores –Azul y Ámbar- y nos enseñó él mismo ya que nunca fuimos al colegio. Hasta que oyó hablar del colegio Esmeralda y yo expresé mi fervor de ser como él, de tener el mismo ideal. Sólo que un poco más ambicioso: quería llegar a hacer grandes cosas por el mundo. Pero claro, un mojigato de doce años, nómada, con aspecto de gitanillo y sin capital ¿Qué pinta en el mundo de los grandes tiburones? Nada, absolutamente nada.

Quiso la suerte que me encontrara con uno de los mejores hombres que, después de mi padre, he conocido. El señor Logan, al que después llamaría Maestro, pasó a ser mi benefactor. Concertó una cita con mi padre y así yo pude entrar en el colegio.

¿Que qué hace el colegio? Pues… es una academia diferente. Aquí no se estudian ni matemáticas, ni filosofía, ni medicina… Es más práctico, y a la vez infinitamente teórico. A ver, me explicaré mejor. Es como una academia de policía, sólo que nosotros no buscamos hacer cumplir la ley del orden, sino la del corazón. La mayoría de la gente cree que somos artistas, ya sabéis, pintores, músicos, filósofos. Sin embargo muchos pasamos desapercibidos. Como mi Maestro bien dice "Los grandes héroes de la historia no son los que aparecen en los libros de historia, sino quienes están detrás de ellos. Quienes hicieron posible el sueño de un hombre"

Por decirlo de alguna forma, nosotros nos encargamos de cumplir sueños. Somos lo que, popularmente, se dice hadas. Hadas, musas, ángeles de la guarda, todo es válido. Aunque hasta que salimos al mundo, sólo somos estudiantes.

Simples estudiantes del colegio Esmeralda.

Un colegio que lleva existiendo desde hace siglos y que tiene un gobierno propio. Una jerarquía, unas normas, penalizaciones. Es como una gran ciudad, un mundo paralelo que hace que el tuyo funcione mejor. Pero no somos dioses, no podemos hacer que las guerras se eviten, que el hambre no acaso a África. Si ya es complicado hacer que un río no se desborde, o que un niño no nazca muerto por x razón, imaginaos cómo sería parar un tsunami o evitar la muerte de un ser querido.

En realidad, nuestra misión es ayudar a los hombres a cumplir sus sueños. Porque el hombre cae con mucha facilidad en su camino y siempre necesita de algo o alguien que esté ahí para apoyarle y levantarle. Un reto complicado, sobre todo si lo que persigues es la evolución de la humanidad.

Porque hay hadas para todo. Que ayudan a cumplir sueños egoístas o que quieren que el mal se vaya del mundo, exactamente lo mismo que quieres tú. Mi maestro es de los segundos pero hay personas, como la maestra Cryssania, que no saben más que mirarse el ombligo y ascender.

Por eso cuando esta mañana la he visto salir del despacho de la directora, Alea Olvido, con una sonrisa que daba escalofríos se me han erizaron los pelos de la nuca y he decidido estar atento a cualquier circunstancia extraña con la que me encontrara. Por desgracia, lo único paranormal han sido el café, que se me ha derramado sobre mis pantalones; y una pareja de niñas salidas de una revista de moda a la puerta del despacho de Olvido, por el que he pasado demasiadas veces para ser normal.

-"Quizás el paranormal sea yo."- pienso mientras sacudo la cabeza para intentar concentrarme en el libro que tengo delante. Es sábado y lo que menos me apetece es ponerme a estudiar, pero tengo un examen el martes. No es nada del otro mundo, y puedo aprobarlo sin problemas pero no es eso lo que quiero. Tengo que sacar la mejor nota y, ante todo, evitar que la idiota de Alira me alcance.

Alira. Alira Blinton es como un racimo de uvas. Lo sé, es la definición más extraña con la que os hayáis cruzado pero no miento en absoluto. ¡Incluso su pelo es del color morado claro de las uvas! En un racimo de uvas a veces puedes encontrar una que está genial y de pronto otra con la que es mejor no cruzarse. Así es Alira, hay momentos en los que es súper amable y otras una arpía insoportable. Lo peor de todo es que Blinton es inteligente y siempre me intenta superar. Hasta hace poco no me llegaba ni a la suela de los zapatos, pero ahora cada vez estamos más igualados; y eso es algo que no puedo ni llegar a soportar. Así que tengo que concentrarme como sea.

Me levanto de nuevo y la señora Tanna me mira mal. Para ser una bibliotecaria no tiene nada de paciencia. Pero yo necesito un vaso de agua y lavarme la cara para espabilar un poco si quiero que el tema de Naturaleza me entre en la mente de una vez por todas. Sé que debería ir al baño de chicos que hay al fondo del pasillo a la derecha pero prefiero bajar las escaleras hasta el corredor donde está la puerta del despacho de la directora. Claro que lo que no me esperaba era esto.

Las dos niñas impolutas están hablando con Olvido… y con Blinton. ¿Qué demonios hace? ¿Trabajos extras? ¡¡Será zorra!! Como que no me interesa en nada me encamino hacia ellas y la directora me llama la atención:

-Señorito Alexander, ven aquí un momento, por favor.

Sé que os he dicho que me llamo Ámbar y es cierto, pero los profesores tienen la manía de llamarnos por el apellido y el mío es el nombre de mi padre. Así funcionan las cosas en mi familia aunque todos nos sabemos bien los apellidos. Sólo hay uno y es el de toda la familia.

Me acerco hasta ellas y no puedo evitar mirar a las dos chicas que están con ellas.

No puedo evitar mirarlas más allá de la cara. ¿Qué queréis? Soy un tío, vale, y esas cosas pasan. De todas formas, decidme que no os han presentado a un tío y nunca, en vuestros alborotados años de adolescencia, le habéis mirado a ver si estaba bueno y para calcular los años que debe tener. Porque no me lo creo.

Así que miro, aunque quizás debería decir admiro, la figura de las muchachas hasta determinar que deben tener más o menos mi edad; o puede que un poco más pequeñas. Un año o dos menos, sí algo así. Yo casi diecinueve y fijo que ellas diecisiete.

-Le estaba diciendo a la señorita Blinton- continua hablando la directora – que la señorita Screenger va a pasar unos días con nosotros y que es bueno que alguien la enseñe cómo va esto.

-Screenger- repito como un idiota. Y no es por lo que os imagináis. Está buena, lo admito, pero es que ese nombre me suena un montón. ¿Dónde le he oído yo antes?

-Encantada- dice ella mientras me tiende la mano y al notar sus dedos junto a los míos reacciono.

-Ámbar Alexander.- le contesto y después miro a la otra chica que va con ella -¿Y tú eres?

-Es Samantha Wimbelton y yo soy Aurora Screenger.- responde la chica señalando a su compañera

-¿Ella también va a quedarse por aquí?

Las cuatro se quedan en un silencio que no sé identificar, hasta que la directora coge el relevo de la situación.

-No, lo cierto es que no puede dejar que la señorita Wimbelton se quede por aquí –se gira hacia ella- Lo siento.

Ella asiente, como estoy seguro de que la han enseñado hacer, con ecuación y esboza una sonrisa que parece querer decir algo así como me muero de curiosidad pero que en esta situación significa un no importa algo forzado.

-Venga, te acompañaré a la puerta- le dice la directora en una clara invitación a que se vaya.

En realidad la señorita Olvido nunca hable con una sola intención. En la frase que antes me ha dicho, si sabéis leer entre líneas, me ha dado a entender muchas cosas. Algo así como que sea amable con la señorita Screenger, que no moleste a Alira y que, encima, le ayude. Y para mi desgracia con la señorita Olvido es con las pocas personas con las que uno no se puede hacer el desentendido.

-Vaya, Alex, no sabía que estabas por aquí. Pensé que estarías estudiando- empieza ella que no suele estudiar mucho, ya que tiene una mente que se queda con todo en muy poco tiempo. Al contrario que la mía que, como yo, cuando quiere algo necesita poner todas sus fuerzas en ello.

-Lo cierto es que acabo de tomarme un descanso- le contesto como que nada- Sólo iba al baño.

-¿Al baño? ¿No crees que sería mejor tu habitación? ¿O piensas ir con esos pantalones a cenar? –pregunta señalando la mancha del café.

-No te pases de lista, Blinton, no te queda bien – le digo un poco harto.

Ella no dice nada así que vuelvo a hablar, esta vez con ese tono arrogante que suelo guardar para ocasiones como éstas.

-Sé de buena tinta que aún no has estudiado, y algo me dice que este fin de semana tan poco lo harás. Me parece que vas a volver al lugar de donde nunca debías haber salido, pequeña pirita.

Sé que desea gritarme pirita, tu madre, imbécil pero sabe que debe aguantarse. Acabo de saltarme todas las indicaciones de la directora y lo curioso, y a la vez genial, es que me voy a ir de rositas.

-"Chúpate esa, Blinton"- me surge desde dentro, sin poderlo evitar. Es tan aliviador soltar cosas como esas de vez en cuando. Aunque lo cierto es que las suelo saltar muy a menudo. Debería controlarme más. Pero es que… odio a esos estúpidos niños ricos que simplemente están en el colegio Esmeralda por los ceros que tienen sus padres. Como Alira Blinton, por ejemplo.

-¿Problemas, chicos?

Una voz algo ronca y, sin embargo, suave nos llega en el pasillo. Es la voz de Logan, mi maestro. El mío y por desgracia también de Alira. La mayoría de los estudiantes de Esmeralda se distinguen por tener un maestro. Son como tutores pero también pueden ser algo más. En mi caso, de hecho, también es un benefactor y protector. A ojos de la ley pueden responder tanto mi padre como él. Lo que no consigo entender es porqué también lo es de Alira. Es algo que aún no logro entender.

Me giro para ver a mi maestro y mi voz se junta con la de Alira en la respuesta.

-Ninguno, Maestro Logan.

-¿Qué ocurre aquí?- vuelve a inquirir él.

-Ha venido una visitante –responde Alira con tranquilidad antes de dar un paso a un lado para que Logan pueda verla bien. –Se llama Aurora Screenger.

La cara de mi maestro adquiere un tono etéreo que se me antoja parecido al mío hace unos minutos. Estoy segundo que tanto él como yo la hemos reconocido de algo pero, a diferencia de mí, él sí que debe de saber de qué. Y además, él sabe guardar las composturas.

-Encantado- le tiende la mano que ella estrecha –Logan

Nadie sabe el nombre del maestro aunque en realidad a nadie le importa mucho eso. Muchos de los nuestros tienen el nombre o el apellido cambiado; porque a veces no quieren saber nada de su vida anterior. Como dice mi maestro "El alma de un hombre no se forja mirando los errores del pasado sino de la forma en que mira el futuro".

Nos pregunta sobre cómo va el examen del martes y ambos asentimos, pues vamos bien. Antes de despedirse de nosotros el maestro se dirige de nuevo a Aurora:

-Señorita, ya que va a estar usted mañana aquí ¿le importaría pasarse por mi despacho a las once? Por favor.

Los ojos marrones de mi maestro han adquirido un tono que no sé apreciar con exactitud y eso que la paleta de colores es mi punto fuerte. De hecho, para el mundo exterior, yo soy un joven pintor.

La chica asiente antes de dirigir su rostro hacia nosotros. Alira responde por ella:

-Se aloja conmigo, en mi habitación. Así que podrá venir sin ningún problema. Pensaba enseñarle los jardines mientras la ponía al corriente de cómo funcionan aquí las cosas.

-Es buena idea –alaba el maestro a Alira – Ambar- es el único profesor que me llama por mi nombre- tú podrías acompañarlas.

Abro la boca para protestar, pero nunca soy capaz de negarle nada a mi maestro. Aún así me resisto un poco, todo lo que puedo.

-No estoy seguro de en qué podría ayudar

-Oh, tengo la certeza de que a la señorita Screenger le gustará saber de nuestra historia pasada. Y en eso tú eres un especialista.

Odio los cumplidos cuando vienen envueltos en ese papel de regalo. No dejan de ser como una suave puñalada.

-Está bien. –doy por perdida la batalla.-Pero ahora tengo que irme a estudiar.

Saludo con un movimiento de cabeza a mi maestro, y después a Aurora y a Alira:

-Hasta mañana. Nos veremos en el desayuno.

-"No me puedo creer que no haya sido capaz de librarme"- suspiro de nuevo sobre el libro de Naturaleza. Tengo que aprenderme eso cuanto antes mejor, porque mañana lo tendré hipotecado entero.

Sin embargo, estoy cansado y me tengo que meter en la cama pronto. Mientras alargo el brazo para apagar la luz no puedo evitar quejarme en voz alta.

-Y encima no he descubierto que se traía Cryssania entre manos.

Por suerte mi compañero de cuarto no se entera de nada, ya que hoy ha salido, porque es estudiante de Cryssania y no me gustaría nada que se enterase. Para lo listo que es, es una pena que no sea de los nuestros.

-"En fin, puede que no todo sea negativo".

Pienso antes de acurrucarme bajo las sábanas al pensar en Aurora. Sueño con su cara de una forma rara. Sé que la he visto antes pero no recuerdo en qué. Quizás entre sueño y pesadilla me acuerde de dónde ha sido.

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Sí, por fin os he presentado al narrador. Espero que os caiga bien.

La historia ya está casi entera escrita, así que espero poderla acabar en Agosto, o al menos la primera semana de Septiembre.

Sin más, me despido.

Los detalles que no hayáis entendido quizás sean de los que explicarán en el siguiente Alira y Ámbar, pero si tenéis dudas siempre podéis preguntar… porque allá abajo, un poquito más allá, hay uno botoncito donde pone Go en el que podéis pulsar para hacerme feliz jeje :P

Besos

Que os guste

Shio