Penúltimo capítulo de la historia

Penúltimo capítulo de la historia.

Espero que os guste. Intentaré subir antes de que termine la semana el último capi.

Besos

Shio

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Clase de historia

El despacho del Maestro Logan es como un museo de antigüedades. Sobre su mesa de fino acebo se distinguen un cuaderno de pastas viejas y duras que los ratones aún no han podido roer; un plumero que guarda dos plumas estilográficas que el maestro trata casi con adoración y un estuche de tinteros con un frasquito lleno de pastillas de pigmentos para cambiar los colores.

Los cajones se abren con unas borlas de oro pulido para dejar paso a papeles, archivos y los utensilios que utiliza para tener limpio su escritorio. Pues sólo él limpia su despacho, al contrario que el resto de los maestros de los que se encargan los de mantenimiento.

A la izquierda del escritorio está la chimenea. De piedra tratada simboliza un dragón con las fauces abiertas apunto de expulsar un bocanada de fuego en cuanto la madera prenda. Sobre la chimenea hay una balda de madera de roble donde posan figuras de porcelana, una por cada deidad de la mitología griega. Los extremos de la balda tienen tallados sirenas y criaturas mágicas.

Al otro lado descansan los libros en una estantería de madera y piedra para evitar que los libros ardan con rapidez en caso de incendio. También ha sido tratada y si la observas con detenimiento desde la esquina inferior derecha hasta la superior izquierda te percatas de que cuenta una historia. Es algo así como los obeliscos y las columnas de los emperadores, que contaban las guerras por medio de un monumento.

Pero hoy no estamos en el despacho del Maestro Logan para admirar sus peculiaridades sino para algo mucho más serio. Cuando a las once hemos acudido los tres –Alira Blinton, Aurora Screenger y yo, Ámbar Alexander- él ya nos esperaba detrás de su escritorio. Nos ha hecho sentar en las sillas que están enfrente de su mesa y ha hablado con una voz profunda.

-Sé que muchas veces creemos que las personas que admiramos nunca han cometido ningún error; pero equivocarse es humano y humano también es admitirlo y perdonarlo. Por eso, explicándoos lo que hice en un pasado espero que ustedes –nos mira con intención a Blinton y a mí- podáis comprender que todos nos podemos equivocar incluso si no nos arrepentimos de las decisiones que tomamos. Además de que toda acción tiene su repercusión en el futuro. Siempre; y esa es una lección más que debéis aprender. Y en cuanto a usted- posa los ojos sobre Aurora- puedas perdonarme.

El silencio se ha apoderado del ambiente y ninguno de los tres se atreve a decir nada. Las arrugas de la frente de mi maestro es lo único que vemos después de que él oculte sus ojos tras sus manos. Respira hondo y vuelve a dirigirnos la mirada.

-Supongo que ya te habrán explicado la historia del colegio Esmeralda –comienza el maestro en un claro gesto hacia mí, quien era el encargado de hacerle llegar aquel conocimiento –pero quiero que te sitúes en un punto concreto de la historia de la humanidad y la nuestra.

Aurora asiente con la cabeza, recordando lo que la he dicho esta misma mañana sobre el colegio. Ah, ¿Qué queréis saberlo también vosotros? Pues, entonces haremos un punto a parte y os lo explicaré.

A ver… ¿os acordáis de lo que os expliqué ayer sobre qué hacemos en el colegio y quienes somos nosotros? Bueno, pues veréis.

El colegio ha existido desde siempre, no tenemos una fecha a la que reverenciar ni un fundador al que recordar. Es más, la mitología describe a las musas como las hijas de Zeus por lo tanto existimos desde hace mucho tiempo.

Pero las musas en realidad no son más que ideas. Siete ideas, siete musas. Una por cada arte, por cada forma de vida. Algo que no puede morir, ni aunque el hombre perezca. Algo intangible, poderoso, eterno. Algo difícil de explicar.

El caso es que al principio el mundo humano y el nuestro estaba muy ligado, tan cercano que era muy complicado separarlo. Un evolucionaba según evolucionaba el otro. Así que, hubo un época en la que los nobles y los reyes –creo que vosotros la llamáis Edad Media- podían contratar hadas a su antojo. Las típicas hadas que hacían realidad los sueños de sus hijas. Quizás os hayan contado desde pequeños los cuentos de hadas de Cenicienta, Blancanieves… Todas y cada una de esas niñas tenían un hada. Alguien que cuidaba de ellas, alguien que no podía dejarlas solas, alguien que estaba ligado a ellos hasta que la muerte las arrancara de este mundo.

Pero también recordaréis que esa época oscura se terminó. Que en 1789 hubo una revolución. En plena Europa, en el interior de un reino. Y que esa Revolución se extendió por todo el mundo, cerrando una época y abriendo otra. Bueno, os diré, por si no lo sabíais, que antes de la Revolución Francesa hubo otra. La Americana, donde trece colonias se proclamaron estados libres. Y en esa revolución estuvimos nosotros.

Nosotros hicimos creer a los hombres que podían cambiar el mundo que habían conocido hasta ahora.

Las guerras por la libertad que empezaron a partir de entonces tenían filas heterogéneas. No sólo había hombres luchando por su destino, también estábamos nosotros con ellos. Pero ya no de forma individual sino colectiva. Porque nosotros también comprendimos que sólo juntos podíamos ser capaces de cambiar todo.

Las hadas se unieron y juntaron todos sus conocimientos desde el Lejano Oriente hasta Occidente, pasando por cada uno de los continentes. Teníamos que entendernos a nosotros mismos para después entender el mundo. Porque sólo comprendiendo qué éramos y qué hacíamos allí podíamos cambiar el rumbo del mundo, de la humanidad, del arte en su máxima esencia.

El objetivo era ambicioso y necesitaba de orden, organización. El poder corrompe las mentes y nadie se escapa de él pero si todos tenemos poder nadie puede tiranizar. Así se estableció una jerarquía. El primero de nosotros que estableció una organización se conoce como el mago Ojo-Esmeralda, pues sus ojos heredados de la cultura celta ya casi extinguida, era de un verde brillante.

El mago Esmeralda creo una teoría que unía al hombre con lo que más ansía en este mundo. Busca la felicidad, pero no se da cuenta que las piedras preciosas no se lo conceden y sí lo hacen sus deseos cumplidos. Y si nosotros somos los que le ayudamos a hacerlos realidad nosotros somos como esos regalos de la tierra.

El oro, máxima riqueza entre los hombres, equivale a aquellas hadas que están en el más alto nivel. Los doctorados y directores de los colegios no pueden acceder a ellos sin tener ese nombramiento.

La plata, siguiente punto de poder, es para los maestros y los jefes de departamento.

El acero, que no simboliza la riqueza sino la maduración del mundo, es para los estudiantes. Pues el acero en el mundo de los hombres se usa para lo que resulta útil y no hay nada más útil que un estudiante que cree en la causa por la que trabaja.

La pirita, en cambio, es un nombramiento negativo. Si no respetas nuestras leyes o eres censurado de tu cargo eres, hasta que se demuestre lo contrario, pirita. Porque la pirita se parece al oro pero en realidad carece de valor.

La esmeralda es un nivel superior al oro pero como nadie ha llegado nunca a él ha sido utilizado para bautizar las escuelas que nos educan alrededor del mapa terrestre.

Bueno, eso es más o menos nuestra jerarquización. Pero como os habréis dado cuenta no sólo he hablado de colegios sino también de departamentos. Eso es porque hay un gobierno interior dentro de tu gobierno. Pero el nuestro es bastante más sencillo, ya que no trata de guerras ni de demás cuestiones políticas.

Trabaja sobre los correspondientes –que no sé quien inventó esa palabras pero está súper pasada de moda- y sus clientes. Los correspondientes somos nosotros y los clientes vosotros. Pero no es bueno determinar a un correspondiente para toda la vida de un cliente, porque a veces ocurre que el correspondiente la palma y no puede haber un solo hombre que no tenga alguien que no cuide de él. Si supierais lo cafre que podéis llegar a ser lo entenderíais mejor. A veces dais auténtico miedo, en serio. ¡Cumplís la ley de Murphy casi con adoración!

A veces también ocurre que el hada en cuestión quiere viajar, conocer distintas culturas o educar. Entonces el hombre –mujer también, no me seáis tiquismiquis- al que cuida debe ser custodiado por otro correspondiente. Y mientras se plantea su caso –pues puede pasárselo a alguien avisando antes o exponerlo ante la ley- hay otras hadas que se encargan de que no le ocurra nada a la persona.

Eso sí, la muerte está escrita para todos, así que si os pasa algo no sólo tiene porqué ser culpa nuestra. Eso sería evadiros responsabilidad, pues sois dueños de vosotros mismos y sois vosotros los que tenéis que cuidaros. Nosotros estamos ahí, sobre todo, para que ante una duda elijáis lo que os vaya mejor.

Espero que lo hayáis comprendido porque quiero retomar el hilo de lo que os estaba contando sobre la reunión con el maestro Logan.

-El año es el 1790. Cuando la Revolución Francesa ya había estallado.

Me acomodo en el asiento para poder prestar mayor atención a las palabras del maestro. Adoro historia, es la asignatura que más me gusta, y más aún si la imparte el maestro Logan.

-Por aquel entonces yo no era más que un joven ansioso por conocer el mundo que me rodeaba. Mi padre, un comerciante burgués buscaba que nuestra familia saliera adelante por lo que cuando estalló la revolución se puso a favor del Tercer Estado. Sin embargo, ocurrió durante la guerra que mi madre cayó enferma y murió. Mi padre decidió seguir los últimos deseos de mi madre e internarme en el colegio Esmeralda de Lyon.

"Allí me mandaron como correspondiente a una familia de nobles donde debía cuidar a su hija. Se suponía que haría lo mismo que todas las hadas y me casaría con ella convertido en el príncipe azul que todos los padres sueñan para sus hijas. Pero yo no hice eso. Mi padre estaba luchando en el frente y a mí llegaban rumores de hadas que se alistaban y que un nuevo orden entre nosotros estaba germinando y que podría cambiar no sólo nuestro mundo, sino también el de los humanos.

Así que, cuando me llegó la misiva que decía que mi padre estaba enfermó huí. Dejé a la dama envuelta en un sueño del cual yo tenía que despertarla, y me marché a buscar lo que quedaba de mi familia.

Estuve un tiempo con él, y un día los mismos compañeros le mandaron a la guillotina. Allí murió, como también lo hizo la familia real y muchos hombres corruptos.

Yo sabía que mi padre no se merecía eso pero entonces no era más que un joven de veinte años al que el mundo le venía muy grande. Además había abandonado a un humano a su suerte pero no tenía valor para regresar.

Cogí un barco y decidí comenzar una nueva vida en América, como tantos otros a los que acompañé. Llegué a este mismo colegio hace unos trescientos años y durante ese tiempo no sólo estudié y me convertí en un maestro para dedicarme solamente a los estudiantes; sino que también le seguí el rastro a la dama que abandoné tiempo atrás.

Así fue como me enteré que eternizaron su sueño hasta que decidieron comenzar a encargarse de los abandonos del pasado."

El maestro Logan no agrega más por unos minutos pero no soy un estudiante modelo por nada; sé leer entre líneas. No sé qué pinta Cryssania en esta historia pero ahora que sé que mi maestro se encuentra en un aprieto estoy más seguro que antes de que su salida de ayer del despacho de la directora no es nada casual.

-Con ello no pretendo, ni por un instante –aclara por última vez el maestro- exculparme de mi culpa. Sólo quiero hacerte ver los hechos de forma personal antes de que tengas que declarar ante un juicio. Ahora, además me gustaría hablar con usted a solas.

Es un claro gesto a que Blinton y yo les dejemos solos, y como mandan las reglas de educación nos levantamos, asentimos con la cabeza y nos dirigimos hacia la puerta. A pesar de nuestra rivalidad no olvidamos qué tenemos que hacer así que le abro le abro la puerta y le dejo pasar. Cierro la puerta seguro de haberle visto al maestro esbozar una de sus sonrisas enigmáticas que callan más que dicen.

No me pidáis que os explique lo que le dijo el maestro Logan a Aurora porque no me pegué a la puerta ni escuché a escondidas. Nunca le faltaría el respeto de ese modo a mi maestro ni aunque me muriera de curiosidad, como ahora. En su lugar, espero, sentado al lado de Blinton a que salgan los dos por la puerta y el maestro nos vuelva a dirigir la palabra.

Lo que acabamos de presenciar nos ha dejado conmocionados y ninguno de los dos se atreve a hablar. Yo no puedo imaginar el colegio sin el maestro y decido que, en caso de que él se vaya a alguna parte yo me iré con él; y que si le dan el título de pirita yo seguiré admirándolo.

De pronto oigo un sollozo a mi lado y tardo un segundo en darme cuenta de que es Blinton. Nunca sé qué hacer ante una chica que está llorando así que, en un gesto torpe, coloco mi mano sobre su hombro.

-Ya verás como todo sale bien –le digo y me maldigo antes de llegar al punto. Esa frase está tan trillada que ya no quiere decir nada.

-¿Y si no sale bien? ¿Y si le expulsan? –pregunta entre lágrimas Blinton

-Eso no va impedir que sigas estudiando aquí –le contesto un poco frío pues a mí me afecta más la marcha del maestro y yo no me permito llorar

Blinton niega con la cabeza y sus cabellos me acarician la mano que sigue ahí, sin saber qué más hacer.

-No… si el maestro se va, yo no tendría donde ir. Él –respira y al final consigue decirlo- es mi tutor.

También es el mío pero a mí siempre me queda mi familia. Si quiere regresar nadie me dirá nada, lo sé, y podré ganarme la vida como cualquiera de los míos. Y mi padre lo comprendería perfectamente. Pero al parecer lo que une al maestro y a Blinton es algo más fuerte, y por un instante siento celos de algo que no conozco.

Sin saber porqué me encuentro, al momento siguiente, abrazándola intentando que deje de llorar.

-Alira…- comienzo sin saber cómo continuar

Pero ella también se agarra a mí como si no hubiéramos estado soltando pullas toda la mañana; pero a mí las chicas lloran me superan y no puedo verlas mal así que no agrego nada. Hasta que deja de llorar, aunque no de la forma que había imaginado.

-Vaya, vaya. Los pequeños aprendices dejando a un lado sus diferencia porque su maestro les deja solos.

La voz de Cryssania me recuerda a las caricias de una lija, a un jarro de agua helada o a una puñalada. Su sonrisa maléfica se asemeja a las de las medusas y sus cabellas se convierten ante mis ojos en serpientes llenas de veneno.

Alira se separa de mí y se seca los ojos con la mano antes de mirar a la cara a Cryssania.

-No te vas a salir con la tuya. No te lo permitiremos.

-¿Tú y quién más?- pregunta Cryssania con socarronería

-Yo –digo dando un paso adelante y uniendo mi mano a la de Alira. No es lo que pensáis, no es que quiera ayudar a Blinton, pero si conseguimos que el maestro se quede entonces habrá merecido la pena.

Cryssania se ríe y su risa daña mis oídos. Pero cuando la puerta que esta a nuestras espaldas se abre, su sonrisa se convierte en una mueca.

-¿Algún problema con mis estudiantes, maestra Cryssania? –pregunta educadamente el maestro Logan

Cryssania le mira como si deseara estrangularlo; no puede creer que él no haya dicho nada indecoroso nada más verla, pues está segura de que sabe en qué lío está y quién le ha delatado. Así que, levanta la cabeza orgullosa y dispara veneno de nuevo.

-Nos veremos en el juicio, Logan.

Con esas palabras se despide y nos quedamos solos, los cuatro, en el pasillo. Una corriente de aire frío se cuela por las ventanas y me pone los pelos de punta, pero no separo mi mano de la de Alira. No sé quién sigue dando la mano a quien, aunque en este momento es lo que menos me importa.