Les agradesco a gold cristal Geiser te Fox, shinichi-love-ran, Paula, gabriela, ZENO 666 (doble gracias) y a tai hiwatari por sus reviews y regaños por la tandanza.
Por supuesto que voy a continuarlo; es màs, aqui està el segundo capìtulo, hecho a peticiòn de Geiser the Fox. La sugerencia de Zeno 666, desde el principio estaba planeado. y ademàs de que los mamodos quieran linchar al "genio" sus contrapartes humanas tambièn van a querer hacerlo; despuès de todo, Eugenio tambièn se va a meter con ellos.
El tercer capìtulo ya està listo, lo subirè en una o dos semanas a menos que saliendo del cafè me atropelle un camiòn o tengan que extirparme el apèndice.
Disclaimer: lo ùnico que tengo de Zatch Bell son los capìtulos que grabe. Fuera de eso, no tengo ni un mal dibujo hecho por un niño de dos años.
Sniff. TT
Sufro, sufro, còmo sufro.
Eugenio, el Genio.
Schneider.
Scheneider, aka Ponygon, salió de su casita con una gran sonrisa. Sonrisa que se desvaneció en cuanto sus ojos se posaron en la placa de madera.
"Ponygon."
La cara burlona de ese humano se le apareció en la cabeza.
Schneider resopló y continuó su camino hacia la cocina.
Ya le ajustaría las cuentas a ese, pero después del desayuno.
-Buenos días, Ponygon –saludó la mamá de Kiyo, colocando un plato lleno de comida frente al caballito.
¡Otra vez ese nombre!
Pero ella estaba perdonada.
Schneider se desquitaría con su hijo.
-¡Buenos días! –gritó Zatch alegremente entrando en la cocina.
-Buenos días, Zatch.
-Meru meru mei.
-Hoy no puedo ir a jugar contigo, Ponygon –dijo Zatch-. Acompañaré a Kiyo a la escuela.
-¡Eso no! –exclamó Takamine por la puerta-. ¡Tú aquí te quedas!
-Pero Kiyo...
-¡Se un buen mamodo y quédate a jugar con Volcán y con Ponygon!
Suficiente.
Schneider se abalanzó sobre Kiyo con las mandíbulas batientes.
-o-o-o-
Dos horas después Kiyo ya se había ido a la escuela, Zatch lo había seguido en su disfraz de maleta, la señora Takamine había ido de compras y Schneider estaba sentado a la entrada de la casa con aire melancólico.
¿Por qué todos se empeñaban en llamarlo "Ponygon"?
¡Él no se llamaba así¡Su nombre era Schneider¡¡¡Schneider!!!
¡Cómo deseaba que todos supieran su nombre!
En esas estaba cuando percibió un brillo extraño entre la maleza, cerca del cementerio Volcán.
Schneider se dispuso a averiguar a que se debía ese brillo.
Apartó las hierbas con sus patas y dejó al descubierto una reluciente botella de cristal coloreado. La agarró y la observó a contraluz.
¡Qué bonito!
Pero las pezuñas no fueron hechas para sostener botellas, así que ésta se resbaló de las patas de Schneider.
¡Oh, no!
¡Iba a romperse!
Sin embargo, la botella aterrizó suavemente en el pasto, un humo espeso y verde comenzó a manar de la boquilla y Eugenio hizo su aparición, tarjeta en mano.
Schneider se le quedó viendo con la boca abierta.
-"Buenos días, tardes o noches, mi estimado..." –Eugenio miró a la criatura frente a él para averiguar si debía decir "amo" o "ama".- Caballo. "Mi nombre es..." Eugenio. "Soy el genio místico de la lámpara. Tengo poderes cósmicos semifenomenales y le concederé todo aquello que desee."
El genio se interrumpió y estudió al animalito más de cerca.
-¡Tú también eres un mamodo¿Verdad? –preguntó emocionado-. ¡Eres el segundo mamodo al que le concedo un deseo¡Es fantástico!
Schneider se le quedó mirando con los ojos brillantes por las lágrimas; pero no eran lágrimas de tristeza. Schneider lloraba de alegría.
El caballito no podía creer en su buena suerte.
¡Podía pedir un deseo!
Él sabía que era lo que deseaba.
Más que encontrar al dueño de su libro...
Incluso más que convertirse en rey...
¡Ese genio era la respuesta a sus plegarias! Con su ayuda se aseguraría de que nadie, jamás, volviera a llamarlo "Ponygon".
Él quería que todos supieran su nombre.
Schneider, no Ponygon.
Schneider.
Respiró profundamente y pidió su deseo.
-Meru meru mei.
Eugenio arqueó una ceja y el ánimo de Schneider cayó por los suelos.
Ese tipo raro no lo entendía. Y si no lo entendía no podía concederle su deseo.
Agachó la cabeza y lloró de tristeza.
¡No era justo!
-¿Por qué lloras amiguito? –preguntó Eugenio preocupado-. ¿Qué te pasa?
-¡Meru meru mei! –sollozó el pequeño mamodo equino.
-¡No hay por qué llorar! –exclamó el despistado genio-. ¡Si te entendí! Tú deseas que todos sepan tu nombre. ¡Puedo hacerlo¡Es muy fácil!
Schneider levantó la cabeza y una gran sonrisa inundó su semblante.
¡El genio le había entendido¡E iba a concederle su deseo!
¡Todos sabrían que su nombre era Schneider y no Ponygon!
Eugenio le acarició la crín antes de juntar las palmas de sus manos, catapultarlas al frente y aplaudir con rapidez.
-¡Hecho! –anunció felizmente-. ¡Ahora todo el mundo sabe tu nombre!
Dicho esto, él y su botella desaparecieron.
El pequeño mamodo se sentía feliz, extasiado.
¡Era el mejor día de su vida!
¡Tenía que decírselo a Zatch!
Mejor dicho, que el pequeño rubio se lo dijera. Y de paso, el odioso lector del libro rojo.
¡Se moría de ganas por oír su nombre!
Así que partió hacia la escuela.
-o-o-o-
Ponygon iba muy contento caminando por la calle.
Una señora, cargando dos bolsas de compras en cada mano, lo saludó:
-¡Hola, Ponygon!
El caballito se detuvo.
¿Lo habían llamado "Ponygon"?
Un hombre, con pinta de llegar tarde a un compromiso importante, levantó la mano y dijo con voz sonora:
-Buenos días, Ponygon.
El hombre siguió su camino dejando al mamodo sumido en un estado de desesperación total.
Ponygon echó a correr. Tenía que llegar cuanto antes a la escuela.
Cada persona con la que se cruzaba lo saludaba. Y todos lo llamaban por ese maldito sobrenombre. Por fortuna no alcanzó a ver el espectacular en la cima de un edificio con su fotografía y la palabra "Ponygon" escrita con letras brillantes.
Tampoco vio el dirigible que volaba con la pancarta "Ponygon" colgada de sus alerones, ni su dibujo y apodo escritos con humo en el cielo.
Llegó a la escuela y siguió corriendo hasta llegar al salón de Kiyo; entró como una exhalación y trepó de un salto a la banca del humano.
El chico dejó de regañar a Zatch por haberlo seguido a pesar de que le había dicho que no lo hiciera y miró al caballito, extrañado.
-¿Qué sucede? –preguntó-.¿Te encuentras bien, Ponygon?
Ponygon ya no pudo soportarlo.
Se echó sobre el humano y comenzó a morderlo con furia asesina.
Después de todo, él había sido el primero en llamarlo así.
¡Todo era su culpa!
-o-o-o-
Eugenio esperaba dentro de su botella a que algún otro "afortunado" frotara su botella.
-¡Me alegro de haber podido ayudar a ese caballito! –decía para si mismo.
Se mordió el pulgar y miró el tapón de su botella con aire pensativo.
-Tal vez debí preguntarle su nombre, pero no creo haberme equivocado.
¡Tenía cara de Ponygon!
Me despido y de la manera màs atenta posible les pido que dejen reviews; de eso viven los artistas como yo. ¬¬
Ahora tengo que continuar con los demàs chaps de Eugenio, y con un fic especial que no empezarà a ser publicado hasta que esta completamente terminado. Llevo màs de 100 ojas y aùn no voy ni a la mitad.
