La historia original, así como los personajes de los libros son propiedad de Stephenie Meyer
Después de darle las buenas noches a Charlie, subí a mi habitación. Sin quitarme los vaqueros ni la blusa me metí en la cama. Esperaba que mi padre se acostase en cuanto acabase el partido (no le quedaba mucho más de media hora), ya que al día siguiente debía madrugar. Los constantes ataques habían producido una gran alarma entre la población, por lo que el jefe de policía estaba más ocupado que nunca. Cerré los ojos. Victoria atacando a la gente. Mi padre y los Cullen en peligro. Y ahora encima…. . Parecía que el mundo se había puesto en mi contra. ¿Cuándo acabarán los problemas? . Había estado preguntándome lo mismo durante semanas y no había encontrado la respuesta. Lo peor de todo era saber que la causa de todos esos problemas era yo. Eres un imán para los problemas me había dicho Edward en una ocasión. Si supiese la razón que tenía pensé amargamente. Aunque, bueno, yo no tengo la culpa de que un grupo de licántropos haya venido a Forks . Tampoco era para echarse una las culpas de todo lo que ocurría. Me giré en la cama hasta quedar tumbada de costado y cerré los ojos. Estaba tan cansada….Pero no podía dormirme. Edward llegaría de un momento a otro para llevarme a su casa. Teníamos que hablar sobre lo que me había contado Jacob. Jacob. Suspiré. No puedo dejar las cosas así entre nosotros. Nunca me lo perdonaría . Tenía que conseguir volver a hablar con él. Costase lo que costase….
- Bella – susurró alguien en mi oído – Bella despierta. Tenemos que irnos.
- Mmmm.
- Vamos, Bella. – dijo mientras me incorporaba en la cama con sus frías manos.
Abrí los ojos y vi a Edward, que me miraba apremiante.
- Edward, ¿por qué me despier….? – de pronto recordé – Mierda, me he dormido.
- Ya me he dado cuenta – sonrió mientras me pasaba las zapatillas de deporte.
- ¿Qué hora es? – pregunté con voz ronca.
- La una de la madrugada. He tardado en volver a por ti más de lo que pensaba. Perdona.
- No pasa nada – respondí mientras me subía a su espalda.
Se acercó a la ventana, saltó y empezó a correr. Llegamos a su casa en un tiempo imposible. Cuando estábamos en el porche, Edward me bajó y abrió la puerta para que pasara. Sentado en el sofá estaba Carlisle leyendo, por lo que pude ver, un informe del hospital. Cuando nos vio acercarnos, se levantó y me saludó con una deslumbrante sonrisa.
- Hola Bella.
- Buenas noches Carlisle.
- ¿Dónde están los demás? – preguntó Edward – Tenemos que hablar.
- Ya lo sé. Alice lo vio. – respondió Carlisle mirando seriamente a Edward – Nos están esperando.
¿Alice? Miré a Edward, interrogante. Pensaba que había vuelto a su casa para avisarles pero, al parecer, no fue así.
- De acuerdo. – Edward me cogió de la mano sin mirarme.
Fuimos derechos hacia el comedor, seguidos por Carlisle. Entramos en la sala y nos encontramos con cinco pares de ojos que nos miraban fijamente.
- ¡Bella! – exclamó Alice al tiempo que se levantaba y corría a abrazarme – Vi que vendrías ésta noche.
Tras separarme de Alice, me dirigí a la silla que me ofrecía Carlisle en la cabecera de la mesa. Edward se sentó a mi izquierda y su padre a mi derecha. Como la otra vez recordé.
- Bella, cuando quieras – me invitó Carlisle.
Cogí aire y comencé a contarles la conversación telefónica que había mantenido hacía unas horas. Todos me escuchaban atentamente. Cuando concluí, la sala se sumió en un silencio sepulcral. Al cabo de unos minutos, Carlisle dijo:
- Bueno, no creo que tengamos que preocuparnos por los nuevos licántropos. Si lo que Jacob le ha dicho a Bella es cierto, ni siquiera saben que nosotros estemos aquí.
- Suponiendo que lo que le ha dicho sea verdad – apuntó Rosalie.
- Bella, ¿confías en lo que te ha dicho? – me preguntó Carlisle con voz tranquila.
- Sí.
- Entonces no veo por qué nosotros no debamos creerle. – sentenció.
Se me encogieron las tripas. Estaban confiando en mí, no en ellos. ¿Y si estaba equivocada? No podía arriesgarme a que les ocurriese algo simplemente por mis sentimientos hacia Jacob. Levanté la mirada y observé el semblante serio de Edward. Al seguir la línea de su mirada pude ver cómo Alice tenía clavada la vista en él.
- Edward, ¿no tienes nada que decir? – inquirió de pronto la más pequeña de los Cullen. Pude ver un brillo de autosuficiencia en sus ojos.
Sentí cómo Edward se tensaba a mi lado y cerraba el puño con fuerza sobre su pierna.
- Edward – intervino Esme por primera vez en la noche - ¿Hay algo que quieras decirnos?
El aludido miró fijamente a su madre. Sus ojos reflejaban el debate interno que mantenía consigo mismo. Edward sabía que su madre se preocupaba mucho por todos ellos, en especial por él. No le gustaba preocuparla, y mucho menos mentirle. Mentirle pensé. Mi cerebro empezó a trabajar a gran velocidad. ¿Por qué iba a mentir a su familia? A mi lado, Edward suspiró. Seguramente ya había tomado su decisión, pero yo le ignoraba. Seguía a lo mío. De pronto, empecé a atar cabos: No vino a su casa después de marcharse de la mía; no avisó a su familia de adónde se dirigía; sólo Alice lo sabe porque lo debió de ver en una de sus visiones; llegó tarde a recogerme, y eso nunca le pasa; no ha dicho nada en lo que va de noche,… De pronto, todo tuvo sentido. Cuando Edward se disponía a hablar, le corté.
- Fuiste a verlos – susurré, levantando la cabeza para mirarle con los ojos muy abiertos por el miedo. – A los licántropos.
Sus ojos reflejaron culpabilidad, mientras Alice se relajó en su asiento, satisfecha.
- Bella –comenzó a explicarse Edward -, tranquila, no había peligro.
- ¿Y eso cómo lo sabías? – casi grité, comenzando a hiperventilar - Acababas de enterarte de que estaban aquí, ¡no sabemos nada de ellos!
- Bella tranquilízate y respira – me aconsejó Alice – A Edward no le iba a pasar nada, lo vi –dijo para apoyar a su hermano.
Todos giramos la cabeza para mirarla, escépticos. ¿Desde cuando Alice podía ver a cualquiera de nosotros cuando estábamos cerca de los lobos? Ella resopló, impaciente.
- Vale, no lo vi exactamente, pero no hace falta que me miréis como si estuviese mintiendo. Después de todo, vi que esta noche vendría con Bella, ¿no? – explicó para defenderse - Si le fuese a ocurrir algo, no habría visto su llegada a casa. Además – añadió mirando a Edward con el ceño fruncido – para la próxima vez que te dispongas a hacer alguna imprudencia, como mínimo, podrías pensar en sus consecuencias. Me tenías preocupada. Y sabes lo mucho que me disgusta no poder ver nada cuando los licántropos interfieren – concluyó, incómoda.
- Alice, deja que se explique – intervino Carlisle – Edward ¿por qué fuiste allí sin avisar? Podríamos haber ido alguno contigo por si se complicaba la cosa. Ahora nos superan en número.
- Fui sólo porque sabía que no me pasaría nada. Quería asegurarme de que lo que Jacob le dijo a Bella era cierto.
- ¿Y has sacado algo en claro? – le instó Emmett.
- Sí. No hay peligro. No saben que estamos aquí, y Sam y sus chicos no les han dicho nada al respecto. – todos nos relajamos un poco – Son cinco, como Jacob le dijo a Bella: George es el mayor, el líder de la manada; los otros cuatro se llaman Stanley, Petter, Steven y Timmothy, o Tim, como le llaman sus compañeros.
La sala se quedó en silencio durante unos instantes.
- ¿Estás completamente seguro de que no saben que estamos aquí? – preguntó Jasper - ¿No sintieron tu presencia?
- Estuve lo suficientemente retirado de ellos como para no delatarme, y por lo que pude averiguar están aquí de paso. Van hacia el sur, sin rumbo fijo pero en esa dirección. Al pasar por aquí, Sam les detectó y salió en su busca. Ni siquiera sabían que aquí hubiese una manada como la suya.
- Entonces – intervino Carlisle con calma – no tenemos de qué preocuparnos. No creo que estén mucho tiempo por esta zona, y en caso de que se produzca algún cambio, Jacob te avisará, ¿cierto, Bella?
Asentí con la cabeza.
- Entonces, no hay nada más que hablar. Lo único que debemos hacer hasta que se marchen es tener cuidado de no delatar nuestra posición. Edward – dijo Carlisle mirando a su hijo – será mejor que lleves a Bella a su casa. Es tarde y debería descansar – dicho esto se levantó de su asiento. Todos le imitamos.
Cuando íbamos a salir Edward y yo de la sala, Esme se nos acercó y abrazó a su hijo, quien le devolvió el abrazo.
- No vuelvas a hacernos esto Edward – le reprochó con dulzura – Has tenido muy preocupados a tu padre y a tu hermana.
- Lo siento, mamá. No lo volveré a hacer.
Se separaron y Esme sonrió a su hijo con cariño. Se acercó a mí y también me abrazó.
- Gracias por avisarnos, Bella.
- No quiero perderos. Sois mi familia – respondí, sincera.
Al separarnos Esme me sonrió.
- Y tú ya eres nuestra hija, corazón.
Sin más palabras, se giró y caminó hacia las escaleras, donde le esperaba Carlisle.
- Vamos, Bella. Te llevaré a casa.
Asentí y fui con Edward hasta la puerta de salida.
Cuando llegamos a mi habitación, me bajé de la espalda de Edward. El camino había transcurrido en silencio. Ninguno dijo nada. Cogí mi neceser y fui hasta el baño. Después de ponerme el chándal con el que dormía regresé a mi habitación. Edward estaba apoyado en el marco de la ventana, mirando al exterior. Me metí en la cama y me arropé. Seguía sumida en mis pensamientos cuando Edward me habló.
- Lo siento.
- ¿Cómo? – pregunté confundida. Él se giró y me miró en la oscuridad.
- Siento no haberte dicho que iba a ir al territorio de los licántropos. – explicó mientras avanzaba hacia mi cama - No quería preocuparte.
Yo no contesté. Estaba molesta. Sabía que no tenía la obligación de contarme todo lo que hacía. Sin embargo, el hecho de que él no me contase nada pero controlase cada uno de mis pasos no mejoraba la situación. Se sentó a mi lado y me miró fijamente.
Por favor Bella, di algo – suplicó. Sus ojos reflejaban su angustia.
¿Y que quieres que diga, Edward? – pregunté, incorporándome en la cama – Nunca me cuentas adónde vas. Sabes que acercarte a ellos es peligroso y aún así lo haces. Si lo que querías era obtener información me lo podrías haber dicho. Sabes que me resultaría más fácil obtener información que a ti. Al menos, sabes que yo no corro peligro con ellos.
Eso no lo sabes, Bella. Los licántropos son criaturas muy inestables y lo sabes- replicó enfadado – Estando con ellos corres el mismo peligro que yo, con la diferencia de que tú no tendrías ni una posibilidad contra cualquiera de ellos.
Exageras. Sabes que Jake nunca me haría daño. Al igual que nunca dejaría que cualquiera de ellos me hiciera algo – ahora era yo la que se estaba enfadando.
Nos miramos fijamente, en silencio. Al cabo de unos instantes Edward pareció relajarse y tras un suspiro, volvió a hablar.
Es posible que tengas razón y que tú no corras peligro con ellos – cedió – Pero sólo posible. No hay nada seguro cuando se trata de licántropos.
Lo dices como si estar en compañía de una familia como la tuya fuese seguro para mí – ironicé.
Eso es distinto. Nosotros nunca te haríamos daño. –replicó – Y sabes que si lo hiciésemos… - su voz se apagó y bajó la cabeza. Seguramente estuviese recordando lo mal que ambos lo pasamos cuando decidió marcharse con su familia por mi bien. Por mi seguridad.
Edward – le llamé, sosteniendo su rostro con mis manos. Cuando levantó la cabeza y me miró, pude ver el dolor en sus ojos – sabes que no me refiero a eso. No te culpo por nada. Sé las razones que te llevaron a alejarte de mí y las comprendo. Lo único que querías era protegerme y te lo agradezco, pero hay otras maneras. Aún así, lo único que quiero que entiendas es que, al igual que confío en ti y en tu familia, confío en Jake y en los chicos de La Push. Estoy segura de que ninguno de ellos me haría daño.- le dije en un susurro, antes de endurecer mi tono de voz – Así que lo único que te pido, por favor, es que la próxima vez pienses en las consecuencias de tus actos antes de llevarlos a cabo. Y, sobre todo, recuerda que estoy aquí para ayudarte – concluí. Torció la boca en una media sonrisa seductora.
Lo recordaré, puedes estar segura.- de pronto se puso serio – Pero lo que ahora me interesa conseguir es tu perdón.
Claro que te perdono.
Gracias – respondió. Acto seguido se inclinó para besar mis labios. Cuando nos separamos, pasó la yema de sus dedos por mi rostro.
Será mejor que duermas, Bella. Hoy ha sido un día duro para ti.
¿Te quedarás conmigo?
Siempre.
Sonreí. Me tumbé en la cama y me volví a arropar. Antes de dormirme lo único que escuché fue una suave nana, tarareada por una voz de terciopelo.
Los días pasaron y no tuvimos nuevas noticias acerca de los nuevos visitantes de La Push. Los Cullen habían tomado las precauciones necesarias para no llamar la atención. Apenas salían de casa, sólo para ir de caza o, en el caso de Alice y Edward para venir a mi casa, y Carlisle para ir al hospital. Habían pasado dos semanas cuando llamé a casa de Jake. Fue Billy quien respondió y me dijo que su hijo no se encontraba en casa. Le pregunté por los huéspedes de Emily y Sam y me respondió que aún seguían allí, y no sabía cuando se irían. Con un suspiro de frustración le di las gracias por la información y colgué el teléfono.
Habían pasado casi tres semanas desde entonces. Me encontraba en casa de los Cullen con Edward y sus hermanos, Emmett y Rosalie. El resto de su familia había ido de caza. Seguíamos sin ser grandes amigas, pero he de reconocer que la relación entre Rosalie y yo había mejorado considerablemente desde que volví de Volterra con su hermano de una pieza. Nos encontrábamos hablando acerca de ir a jugar un partido de baseball cuando los huéspedes de La Push se fuesen.
- Bella, estoy deseando que seas como nosotros – comentó Emmet.
Rosalie y yo le miramos sorprendidas por sus palabras, mientras Edward emitió un sonoro gruñido.
- ¿Qué? No me digáis que no será divertido verla jugar al baseball – se defendió – con lo patosa que eres, no te ofendas Bella, pero es verdad – dijo como si tal cosa, mirándome -, seguro que los partidos son mucho más divertidos. Es que solo de imaginarlo…- una sonrisa se extendió por su rostro.
- Es cierto que será divertido – coincidió Rosalie – Solo de pensar que tendrá la fuerza necesaria como para bajarte los humos…- dijo con una sonrisa. – Será digno de ver.
De pronto, Edward se puso completamente rígido.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Emmet.
- Esme – fue la respuesta.
Antes de que pudiésemos preguntar nada más, oímos un estruendoso ruido. Los cuatro nos levantamos y fuimos deprisa hacia la puerta. Nada nos podría haber preparado para lo que nos esperaba. La puerta que daba al exterior se hallaba completamente destrozada en el suelo, a cierta distancia del lugar que ocupaba antes. Carlisle había pasado como una bala y la había destrozado. En sus brazos sostenía a Esme. Tras ellos entraron Alice, que estaba más pálida que de costumbre, y Jasper.
- Pero, ¿qué…? – comenzó Emmet.
- Han atacado a Esme – dijo Jasper. Pasó su mirada por cada uno de nosotros cuatro, deteniéndose en mí – Los licántropos.
Siento no haber actualizado antes. Deberes, exámenes, trabajos, más exámenes,…..
Sé que este trozo es algo aburrido, pero a partir de ahora espero que la cosa se ponga mejor.
Gracias a todos los que habéis leído este fic hasta la fecha. Y a los que además de leerlo, habéis dejado un RRVV, gracias al cuadrado :)
Espero poder subir el siguiente capítulo dentro de poco (y no tardar una eternidad para subirlo, como este).
Gracias por leer.
