Capitulo VI: Realidad o Paranoia
Se encerró en el estudio y bajo las persianas. Le dio vuelta a la habitación un par de veces, inseguro de cómo seria volver a verla. Oír su risa, su voz. Lagrimas corrieron por sus mejillas… lagrimas que seco rápidamente. Ya comenzaba a dolerla menos, ya no se sentía tan mal… O al menos eso era lo que se repetía a si mismo día tras día. Puso la película en la video casetera. Se sentó en el sillón y con el control remoto pulso "play".
Comienza la filmación y se ve a Inu en una escalera colgando unos arreglos en el techo, y a Sango subida a otra escalera ayudándolo mientras trataba de evitar que Miroku espiara debajo de su falda.
"Ay, por Dios, que depravado" penso InuYasha al recordar como Sango o habia golpeado al bajarse de la escalera.
De repente Sesshoumaru se acerca a la cámara y dice con su mejor cara de seductor:
– Rin, linda, ¿Por qué no nos vamos arriba a jugar un rato? Podemos llevar la cámara si tú quieres…
Luego se escucha la voz de Rin gritando:
- ¡Mira, nunca pense que diría esto pero has roto un record. Eres oficialmente peor que Miroku! Este video es para Kagome, ¿Oíste? KA-GO-ME! No para mi, para K-A-G-O-M-E! Los van a ver sus padres y lo van a ver los tuyos! Realmente eres peor que Miroku.
A todo esto Sesshoumaru ya estaba colorado y muerto de vergüenza asi que respondió con un gruñido, dio media vuelta y se fue.
En el fondo se puede ver a Miroku arrodillándose delante de Sango y diciendo:
- Mi querida Sango, mi amada Sango, ahora que alguien por fin ha reconocido que no soy la persona mas enferma y pervertida en este mundo… te casarías conmigo? Y, de paso tener hijos tampoco estaría mal, no crees?
La vena en la sien de Sango estaba tan grande que iba a explotar. Rin utiliza el "zoom" de la cámara para ver de cerca de Miroku, que ahora yace boca abajo inconsciente en el piso, mientras InuYasha se ríe a carcajadas (tanto en el video como en la vida real) de la estupidez de su amigo, y Sango se arregla algunas mechas de pelo que, por la velocidad y violencia del golpe, se salieron de lugar.
"Con esto necesito palomitas de maíz, por Dios es como ir al cine" penso divertido InuYasha.
Se acomodo en el sillón y siguió viendo como Miroku, Sango y el decoraban todo el salón para que estuviera hermoso cuando Kagome lo viera. Siete horas después InuYasha ya habia considerado tomar una siesta porque si bien era divertido recordar esos momentos felices, también era bastante tedioso aguantar sentado delante de una pantalla por toda la eternidad. Decidió tomarse un descanso de los videos por ese día (o más bien noche) porque ya era bastante tarde, y seguir al otro día.
- - -
A la mañana siguiente, InuYasha despertó feliz. No encontraba otra forma de describir su humor. Simplemente feliz. La noche anterior, luego de terminar con uno de los videos, habia llamado a Miroku. Como suponía, su amigo seguía despierto aun a esas horas. Lo que si lo tomo por sorpresa era el que no estuviera en alguna fiesta o en el depa de alguna mujer.
Los dos amigos tenían mucho de que hablar y ambos encontraron que extrañaban la compañía del otro. Dos amigo asi tienen que hacer milagros para aguantar la distancia que los separa, aun teniendo en cuenta lo mucho que se habían distanciado no solo física, sino que también emocionalmente.
Si bien también es cierto que InuYasha nunca fue un joven que compartiera mucho sus emociones, la muerte de Kagome, su única prioridad, habia sacudido su mundo y realmente no tenia tiempo para nada mas que su dolor. Y eso incluía a Miroku, es mas, hasta su hermano Sesshoumaru estaba visiblemente preocupado. Por supuesto nunca se lo demostró a InuYasha, aunque fuera obvio para todos los demás.
Pero esa mañana estaba feliz porque su amigo lo iba a visitar y porque le traía muy buenas noticias: se habia comprometido con Sango, el amor de su vida. InuYasha nunca habia sentido un cariño especial por Sango, pero la consideraba mas digna de respeto que muchos hombres y sus consejos siempre eran buenos. Además, el también la ayudo a ella cuando tuvo el único problema con Miroku que una bofetada no pudo solucionar.
Desde pequeño, Miroku siempre habia querido ser un sacerdote. Al enterarse, a los 8 años, que los sacerdotes hacían un juramento de abstinencia su amor por la iglesia decayó mucho. Decidido a conseguir un cargo respetable en alguna religión, descubrió el budismo, una religión que no tenia leyes en contra de ninguna de sus pasiones tales como mujeres, alcohol, comida y juego (no necesariamente en ese orden… excepto por las mujeres).
El budismo se convirtió en su único interés y en un hecho constante en su vida. Su conversación, antes interesante si bien a veces algo cínica, ahora era la reencarnación de la monotonía, algo totalmente inusitado en un joven tan ocurrente como Miroku. InuYasha, con su delicadeza característica, logro hacer entrar en razón al susodicho "monje" (titulo que mas tarde se convertiría en su apodo), ya que Sango no habia podido hacer nada por mas esfuerzo que le pusiera.
Al recuperar a su media naranja, Sango estuvo muy agradecida y su relación con su cuñado, como ella lo llamaba cariñosamente, mejoro al punto que el joven le confiaba sus problemas y Sango le aconsejaba lo que creía mejor.
Y ahora sus dos mejores amigos habían encontrado esa misma felicidad que el en su momento tuvo en sus manos, y pudo tocar y disfrutar. El la habia perdido, pero durante cada segundo con Kagome, incluyendo las peleas, estaba feliz y se sentía completo. Por eso la idea de que sus dos mejores amigos sintieran eso, esa misma magia que en su momento habia alegrado tanto su vida, lo hacia muy feliz… Aunque no lo demostrara, por supuesto.
Dos días después InuYasha seguía ocupado con los videos, sin saber cuando se iban a terminar. Pasaba la mayor parte del día frente al televisor, a veces riendo y a veces llorando. Pero nunca se terminaban.
Esa mañana estaba viendo el momento en el que soplaban las velas y cantaban esas canciones que de niños solían memorizar, a veces incluso cambiarles la letras para molestar a los cumpleañeros.
Kagome lucia un hermoso vestido escotado color carmín. Mandado a hacer especialmente para sus 15, enaltecía espléndidamente su figura femenina. Dejaba sus largas piernas y su espalda descubiertas. Realmente, Kagome parecía una mujer diez años mayor.
La fiesta era de sus 15 años, pero la estaban festejando unos meses mas tarde, porque la familia de InuYasha se habia ido de vacaciones por cuatro meses e InuYasha quería que la fiesta fuera algo muy especial, y para Kagome no seria especial a menos que el estuviera ahí. Su madre no estaba muy encantada con la idea, pero ante la insistencia de su hija, tuvo que ceder.
Todos los amigos de Kagome (demasiados para contarlos) estaban amontonados detrás de ella, y a su lado estaba InuYasha, tan sonriente como ella, disfrutando cada segundo de ese día.
- Vamos mama, no te pongas a llorar ahora – dijo Kagome, al ver que su madre apoyaba la cámara (era la que estaba filmando) y comenzaba a sollozar murmurando algo asi como "mi bebe creció tan rápido".
- Es solo que ahora festejar tus 15, ¡Y quien sabe si en 3 o 4 años, cuando te cases con InuYasha, seguirás pasando tiempo conmigo! – respondió la Sra. Higurashi, dejando a dicha parejita en una situación algo… ehm… digamos, incomoda… Ejem! Ejem!...
- Mama, ¿Por que hoy? Ya hablamos de esto, InuYasha y yo no nos vamos a casar, somos demasiado jóvenes para pensar en eso – mascullo una muy incomoda Kagome.
- ¿Perdón? – Exclamo InuYasha, con cara de ofendido – ¿Y cuando pensabas informarme que esta relación no tiene futuro, si se puede saber?
- InuYasha, ¡No es gracioso! No molestes con ese tema, que es algo serio – respondió ella, ofuscada.
- Por Dios, alguien se despertó en el lado equivocado de la cama hoy… aunque si nos casáramos… despertaríamos juntos, ¿Que tal te parece la idea? – pregunto con una sonrisita de suficiencia, recordando algunos momentos de intimidad con Kagome.
Sango creyó conveniente interrumpir la conversación antes de que InuYasha saliera gravemente herido por su propia estupidez.
- Ehmmm… chicos… ¿Por qué no comen algo de torta? Es mas, ¿InuYasha por que no te la comes toda? As al menos no dices estupideces – termino triunfante.
InuYasha iba a responder, pero Sango lo interrumpió preguntando:
- Por Dios, que lento eres, ¿No me oíste? Vamos, muévelo, sal de aquí, Flu Flu voló, adiós mariposa, CHAO, adieu, bye-bye, ¿En que idioma hay que pedirte que desaparezcas?
InuYasha e puso verde de rabia, y antes de dar media vuelta e irse, le saco la lengua con todas las ganas. Sango y Kagome se echaron a reír y Kagome le grito a InuYasha al tiempo que le guiñaba el ojo:
- Es bueno sabe que mi futuro marido no es inmaduro e infantil!
InuYasha se echo a reír ante su propia inmadurez y se pregunto como alguien tan alegre y centrado como Kagome podía aguantar a alguien tan temperamental y testarudo como el.
"Pero si Sango y Miroku están enamorados, todo es posible", penso.
La Sra. Higurashi, que estaba filmando, dejo la cámara encendida sobre la mesa, de modo que siguiera filmando mientras ella se dirigía con ávidos ojos hacia la comida.
La imagen que la cámara enfoca se ve algo distorsionada, pero se distingue claramente a Kagome, Sango e InuYasha, hablando entretenidamente. De repente, una sombra se acerca a Kagome y se para detrás de Sango e InuYasha. Como ambos están parados de espaldas al oscuro corredor que da a los tocadores, nadie se percato de nada inusual. La cámara enfoca de cerca de Kagome y su expresión, todavía bastante serena, no era muy tranquilizante.
- ¿Me... disculpan un segundo? – Pregunto con los ojos vidriosos – Tengo que ir al tocador.
InuYasha recordaba esto perfectamente, y ahora mas que nunca estaba convencido de que a Kagome le habia pasado algo ese día.
InuYasha y Sango siguieron hablando, y cuando Kagome volvió, ya más calmada, tenía los ojos algo hinchados. InuYasha le preguntó si se encontraba bien, y ella respondió atolondradamente que si.
Después de eso, se apagó la cámara porque las baterías estaban bajas.
