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Capitulo 7: E.R. Emergencias se ha Vuelto Loco

InuYasha y Miroku quedaron por teléfono en que Miroku, que estaba viviendo en una ciudad cercana, lo visitaría por unas semanas junto con Sango y la hermana de ella. InuYasha le aseguro que no habría problemas ya que su casa era lo suficientemente grande como para alojarlos a todos.

Cuando el avión llego y Miroku y compañía recogieron su equipaje, se encontraron con que InuYasha estaba a punto de apalear a un policía que no lo dejaba estacionarse donde el quería.

- Voy a estacionar mi auto donde me plazca, y no hay nada que puedas hacer al respecto, asi que quita tu fea carota y tu gordo trasero de mi vista, porque estoy perdiendo la paciencia, ¿Oíste? – grito a voz en cuello, ignorando por completo la gota de sudor en la nuca de sus amigos, que lo miraban frustrados.

El policía se tomo su comentario muy a pecho, porque le dijo que si no cerraba la boca iría preso por desobedecer la orden directa de un oficial de la ley., a lo que InuYasha respondió con un puñetazo en la mandíbula. Desgraciadamente, el policía fue más rápido e InuYasha termino inconsciente en el piso.

Miroku corrió a ayudarlo, mientras Sango sujetaba a su hermana, que aunque mucho no entendía la historia, estaba indignada con el policía.

- Déjame! Suéltame que ya le voy enseñar ya a el a meterse con alguien de su tamaño… El muy sabandija! – vociferaba Kamis, la hermana de Sango.

- ¿Ves cariño? Y luego tú vas por ahí diciendo que ya soy la temperamental…. – le dijo Sango a Miroku.

- Si mi amor, tienes razón.

- Detecto sarcasmo en tu voz – dijo ella, bastante ofuscada.

- No mi amor, en serio tienes razón. Es mas, decir que tu eres temperamental es como decir que yo soy pervertido, asi que ves? Estamos a mano! – le dijo el con una sonrisa de suficiencia, mientras cargaba a InuYasha y lo depositaba en el asiento trasero de su Corvette.

Kamis se subió al auto sin protestar aunque Sango noto que le dirigía miradas asesinas al policía, que estaba tirado en el piso adolorido y con la mano en su entrepierna.

Sango miro severamente a su hermana, quien con mirada inocente dijo: - No puedo creer que pienses realmente que yo sea capaz de hacer una cosa asi, o sea, tal vez sea temperamental, pero… lastimar a un oficial de la ley? Jamás!

- Miroku, creo que debemos cambiar tu ejemplo: decir que Kamis es inofensiva, o mejor aun, que no es un peligro para la sociedad, es como decir que tu no eres un pervertido – dijo Sango riendo.

Kamis y Miroku levantaron una ceja al mismo tiempo y dijeron: - Si, eso me suena justo.

Miroku encendió el auto y mientras se desabrochaba el cinturón, Sango pregunto: - ¿Y ahora que hacemos?

Sin mirarla, Miroku suspiro y dijo: - y ahora tendremos que ir al hospital… porque el muy estúpido esta inconsciente.

Un escalofrío recorrió las espaldas de Kamis y de Sango, ya que ambas detestaban los hospitales. Y lo que era aun peor: el hospital más cercano, era el hospital Tendo.

- - -

Después de conducir durante unos minutos, llegaron al Hospital Tendo. Antes de entrar, Sango le rogó a Miroku que fueran a otro hospital.

- ¿Pero por que? – pregunto por enésima vez Miroku.

- Es que están todos locos.

- Mi amor, este es un lugar para enfermos del cuerpo, no de la cabeza. No es un hospital psiquiátrico, creéme. Y si no me crees – agrego con una sonrisa – piensa que si fuera en verdad un loquero tu y tu hermana ya estarían encerradas dentro.

- No me refería a eso, pedazo de no inteligente – replico Sango.

- Mira, aquí lo único no inteligente son tus insultos, amor – respondió el.

- Tienes razón – replico demasiado calmado, cosa que aterrorizo a Miroku – Seria mejor si en vez de insultarte, rompiera uno a uno todos tus huesos hasta que te ahogaras en tu propia sangre… ¿No te suena divertido eso?

- Ehmmm… corazoncito de mi vida, tu…. Tú no me harías eso, ¿Verdad, mi caramelito? Es decir, tú me amas, mi jazmincito, y eres mi vida….

- Si, yo y tu suscripción a Playboy.

- ¡Por supuesto! Ehm… ¡NO! Por supuesto que no… si, eso fue lo que quise decir – agrego rápidamente, al ver como la amenaza de su novia estaba a punto de convertirse en realidad.

- - - - -

Cuando entraron, el ajetreo era tal que la única persona que no estaba demasiado ocupada (con algo importante) para atenderlos era una de las enfermeras.

Miroku se quedo mirándole las piernas hasta que ella se dio vuelta y le pregunto ácidamente: ¿Quién murió?

Miroku la miro por un rato antes de responderle. La joven, que no tendría más de 19 años, era realmente bella. Su larga cabellera negra y sedosa le llegaba hasta la cintura y caía como una cascada cada vez que ella volvía la cabeza. Sus penetrantes ojos azules que a veces se veían verdes, resaltaban en su bello rostro enmarcados por sus largas y negras pestañas. Sus labios finos y sugestivos hipnotizaban a cualquier hombre, y Miroku no era escapo por muy poco.

La joven llevaba un vestido strapless negro y corto, pero bastante casual, y por encima una bata de enfermera blanca, que dejaba al descubierto sus largas piernas.

Hasta Sango se percato de que ella era mucho más bella de las usuales mujerzuelas a las que Miroku solía acosar.

- Mire, no ha muerto nadie, señorita… ehm… - para disimular que no tenia ni la mas mínima idea de su nombre, lo leyó discretamente en el cartelito que llevaba a un costado de la bata - . Señorita Brenda… Mi amigo recibió un par de golpes que lo dejaron inconsciente, y tengo miedo de que se trate de una contusión o algo mas grave.

La enfermera levanto una ceja como queriendo informarle a Sango que un par de golpes no eran cosa grave. Miroku busco en la billetera de InuYasha el teléfono del móvil de Sesshoumaru y antes de irse le dijo a Sango: voy a llamar a Sesshoumaru para que nos de un aventón a todos y vea como se encuentra InuYasha.

- ¿Quién es Sesshoumaru? Solo se permiten las visitas a estas horas si son parientes – aclaro la bonita enfermera.

- Es el hermano. Ahora tome sus datos por favor – dijo la hermana de Sango, algo molesta por la actitud de la enfermera.

- Bien. Nombre, apellido, edad y dirección en el formulario verde. Seguro, motivo de visita, tipo sanguíneo e historial medico en el formulario azul – respondió agriamente.

- Es InuYasha Kuremoto, tiene 19 años y medio, y… ¿Dónde es que vive? – murmuraba para si Sango, mientras completaba los formularios.

- ¿InuYasha Kuremoto? – pregunto la enfermera.

- Si, ese es su nombre.

- ¿Y Sesshoumaru Kuremoto es su hermano?

- Si.

- ¿Sesshoumaru Kuremoto?

- Ehm… si.

- ¿Estas segura?

- Mira, pedazo de retrograda ¡Te respondió tres veces! Le preguntas lo mismo una vez mas y te rompo esa linda dentadura que ninguno de los doctores con los que te estés acostando podrán arreglártela ¿Oíste? – grito Kamis, demasiado irritada por la estupidez de su interlocutora.

- Mira mocosita, por si no sabias, Sesshoumaru Kuremoto es uno de los mas prestigiosos gerentes de "M.E. Inc.", que por si no sabias, significa "Medical Equipment", la empresa que provee el equipo medico a los mejores hospitales de todo Japón, pero por supuesto no espero que una niñita como tu sepa eso – respondió la bella, pero ante los ojos de Sango suicida, enfermera.

A todo esto, Miroku volvió y noto la ira en los ojos de Kamis, el horror en los de Sango, la confusión en los de Brenda, y lo lindos que se veían los traseros de las tres.

"Debo ser fuerte, mi amada Sango me necesita" penso.

Rápido como un rayo, sujeto fuertemente a Kamis, y pidió a gritos un sedante. Lentamente, Brenda fue hacia su escritorio, se sentó, se acomodo la falda del vestido, e hizo un sinfín de otras cosas menos buscar un sedante mientras Miroku a duras penas podía frenar la ya de por si mal contenida ira de Kamis. Al final Brenda llamo a dos enfermeros que sedaron a Kamis y se la llevaron junto con InuYasha a una habitación compartida.

- Que espíritu tiene esta chica – comento Sesshoumaru, que apareció de la nada cuando se acabo todo el escándalo.

- Y que lo digas – suspiro Sango.

Mientras Miroku aprovechaba para besar a Sango, Brenda trato de sacarle conversación a Sesshoumaru… con resultados peor que catastróficos. Al final, después de mucha insistencia, Brenda logro que dijera más de dos palabras por vez. Al poco rato ella ya conversaba animadamente, y el se sentía bastante a gusto.

- Mira, si no estuviera comprometida, moriría por salir contigo – le dijo ella, cuando el habia alegado que era hombre de una sola mujer.

El lanzo una carcajada y al tiempo que se acercaba más a ella le dijo: - Pues menos mal que no te ha oído mi novia, si no, en vez de enfermera serias paciente.

- Ah ¿si, pues menos mal que no te ha oído mi prometido, si no ya estarías definitivamente mucho peor que tu hermano – le dijo ella al oído, soplando ligeramente en su cuello.

Cuando se separo, ambos se miraron con la misma intención y desaparecieron en el caos del hospital. Cuando finalmente encontraron una habitación libre, Sesshoumaru tumbo a Brenda sobre la camilla y comenzó a besarle el cuello.

Fue entonces cuando ella racciono. El la seguía besando, pero antes de que sus manos se aventuraran demasiado, ella lo detuvo.

- ¿Qué sucede? - pregunto el, algo molesto por la interrupción, hasta que volvió a la realidad y se dio cuenta de lo que estaba por hacer.

Se separaron sin mirarse hasta que finalmente ella decidió cortar el silencio: - Mira, aquí no sucedió nada, asi que no te sientas culpable ni incomodo. ¿Por qué no empezamos de nuevo y hacemos de cuenta que esto nunca ocurrió?

- Si, eso suena bien – dijo el, después de un rato.

- ¿Vamos? – dijo Brenda, tendiéndole la mano.

- Después de ti – dijo Sesshoumaru con media sonrisa en los labios.

Al llegar se encontraron con que Miroku y Sango habían desaparecido también, y probablemente para hacer lo mismo que ellos. Sesshoumaru fue a chequear si su hermano seguía inconsciente, y al entrar a la habitación se percato de que habia alguien mas.

Era esa joven escandalosa que habían tenido que sedar. Su larga melena dorada, desparramada sobre la almohada, enmarcaba su despejada cara haciéndole lucir poderosa y letal, como una leona, más a la vez inocente y calma. De labios finos y rasgos delicados, la joven no era una belleza extraordinaria, pero habia algo en ella que la hacia irresistiblemente atrayente.

"Con cuantas mujeres piensas engañar a Rin hoy? Por el amor de Dios" se recrimino sarcástico.

Sin embargo, la muchacha seguía llamando su atención. Su largo cuello y su blanca piel le daban la majestuosidad de un cisne, y sus largas piernas complementaban perfectamente su cuerpo. Al ser de estructura tan delgada, al solo serla se llevaba uno la impresión de fragilidad, mas habia algo en ella…

Tal vez el fuego de sus ojos en su arrogante mirada; el orgullo de su postura; o su seguro caminar, que le indicaban a uno todo lo contrario. Esa chica tenía el porte y la dignidad de la realeza… aunque juzgando su comportamiento, no parecía darse cuenta.

Sesshoumaru trato de ignorar a la muchacha y concentrarse en su hermano, que yacía enredado en las sabanas y con un pie colgando del borde de la cama.

"Que patético eres hermanito" penso.

Como por arte de magia, InuYasha se movió en sueños y murmuro: - Estupido… déjame idiota!... Vete de una vez!

Sesshoumaru levanto una ceja, miro hacia ambos lados, y al comprobar que estaba solo tiro de la almohada de InuYasha hasta liberarla del peso de la cabeza de su hermano. El joven se movió un poco y abrió los ojos aterrorizado al ver que una almohada se dirigía velozmente hacia su cara.

- Shh…. Tranquilo, prometo que descansaras en el infierno hermanito – le murmuro Sesshoumaru al desesperado InuYasha, que no dejaba de moverse y patalear para todos los lados. Al fin Sesshoumaru decidió que era hora de acabar la broma y retiro la almohada lentamente.

La expresión de InuYasha no tenia precio. El odio en sus ojos hubiera domado a todas las fieras del mundo, y su furia aterrorizaría al mismísimo diablo. Claro que también la frialdad en los ojos de Sesshoumaru hubiera congelado el infierno.

- Vamos, no te pongas asi, fue una inocente broma, no me culpes porque no tienes sentido del humor – dijo Sesshoumaru con una sonrisa.

- Mira hermanito, yo SI tengo sentido del humor… Por ejemplo, el día que mueras, voy a reírme mucho. Y si sufres atrozmente durante tus últimos y patéticos segundo de vida, me voy a reír mas – replico el con sorna.

- Por lo visto ustedes siguen siempre tan amistosos – dijo Sango parada en el umbral de la puerta, interrumpiendo la 'dulce' escena familiar - ¡Tan conmovedor!

- Ojala nuestros hijos se lleven tan bien como ellos – dijo Miroku apareciéndose por detrás de Sango y guiñándole un ojo.

- Ehm… ¿Nuestros hijos? ¿Mas de uno? – pregunto Sango algo alterada.

- Por supuesto – respondió con naturalidad Miroku, para luego agregar – Quiero 10, pero tienen que ser uno después del otro asi no hay tanta diferencia de edad.

Rápido como el viento, Sesshoumaru se apresuro a sujetar a Sango, que se habia desmayado ante la noticia. La recostó en el sofá y tanto el como InuYasha se dieron vuelta y le lanzaron sugestivas miradas a Miroku.

- ¿Que hice esta vez? – pregunto el presunto inocente.

InuYasha y Sesshoumaru se miraron por unos segundos y suspiraron resignados.

- Bien, me siento mejor ¿Cuando nos vamos? – pregunto impaciente InuYasha.

- No tan rápido señorito – lo reprendió Brenda, al tiempo que entraba haciendo ademanes para que todo el mundo se fuera.

InuYasha levanto una ceja y miro directamente a Miroku, quien interpreto su mirada como "en este momento ese cuento de que a las mujeres no se les pega me esta rompiendo soberanamente las pelotas". Miroku le devolvió una mirada que decía "con ese cuerpazo, mis pelotas son suyas!". InuYasha se golpeo la frente con la mano, recordando que hablaba con el pervertido más grande de todos los tiempos.

- - -

Dos horas después, Sango yacía en una camilla junto a InuYasha, Kamis, y Sesshoumaru en la misma habitación. Según la enfermera, a ella casi le habia dado un infarto por la noticia y estaba en estado de observación; Kamis todavía no despertaba porque el sedante que le habían dado era suficiente para matar a un caballo; Sesshoumaru estaba en cama porque InuYasha, aprovechándose que Sesshoumaru estaba atendiendo a Sango, le habia pegado en la cabeza con el palo de metal que sostenía su bolsita de suero, dejándolo inconsciente; y el seguía en cama porque la enfermera, horrorizada, habia decidido que era un peligro para la sociedad.

El único que se habia salvado era Miroku, aunque igual le habia tocado una tarea bastante fea: esperar a que les dieran de alta a todos sus amigos en el mismo hospital en donde años atrás todos ellos habían sufrido una pérdida irreparable.

Habían perdido a Kagome. Y es que lo que mas temor producía no solo eran las extrañas circunstancias de su muerte, sino también todo lo que habia sucedido antes y después.

Miroku regreso a la recepción, cansado ya de vagar entre gente enferma y moribunda, y entre muchachas que antes habían sido bonitas, consumidas por alguna enfermedad letal. Cuando llego, se encontró a Brenda conversando entretenida con un gato.

"Esta mujer esta loca" penso.

- Ehm.. Disculpa, pero ¿estas segura de que se permiten animales aquí? Digo, es que ¿el pelo de gato no produce una enfermedad? – pregunto.

- Mira guapo, tu disfruta y vive tu vida a tu manera, que yo estoy viviendo la mia bastante bien sin tu ayuda.

- Por supuesto, de eso no me cabe duda…. Es la vida de los demás lo que me preocupa – dijo el con una sonrisa.

Ella rio y dijo: - Si, tienes razón. Es que es tan linda que me parte el alma dejarla sola.

- Si, te entiendo. Yo tenía una amiga muy aficionada a su gato.

- ¿Ah si? Pues tal vez puedas presentármela asi mi gatita y su gatito se conocen – comento amablemente.

- Pues no lo creo… Veras, ella murió… fue asesinada hace casi 2 años.

- ¿En serio? Que terrible! De verdad lo lamento mucho, ¿eran muy amigos?

- Mas que hermanos, Brenda, mas que hermanos.

- Lo siento mucho, estoy segura de que era una gran persona.

- Si, de hecho era una excelente persona de muy buen corazón.

- De nuevo, lo siento mucho. Pero no te preocupes que ninguno de tus amigos esta en peligro de muerte. En unas horas les daremos de alta a todos.

- Excelente, es la mejor noticia que me han dado en todo el día. Mil gracias.

- De nada. Puedes pasar a verlos ahora si quieres, y darles la noticia tu mismo.

- Eso mismo es lo que haré – respondió Miroku, alejándose.

- - -

Cuando entro a la habitación, ya todos estaban despiertos. Les comunico la noticia lo mas delicadamente que pudo, ya que la idea de quedarse internados mas tiempo no era muy tentadora.

- Cuantas horas exactamente? – pregunto Sango, impaciente.

- Yo, al contrario de uds. Tengo una vida, saben? Y no puedo pasarme todo el día echado en una cama sin hacer nada – se quejo Sesshoumaru.

- Bueno, cálmense – pidió Miroku, para ser olímpicamente ignorado por todos.

"Me rindo" penso, mientras se dejaba caer en un sillón.

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Dos largas y dolorosas horas mas tarde, la enfermera Brenda volvía con los resultados de los análisis, y se los fue leyendo a cada uno.

- Sesshoumaru, tu no tienes nada mas grave que un golpecito en la cabeza – comenzó-. InuYasha, tu no tienes nada serio tampoco, con un poco de hielo ya no te va a doler mas. Kamis tu estas bien, y por lo visto ya se te paso el efecto del sedante porque en los últimos 10 minutos trataste de estrangular a dos de nuestros doctores. Miroku, tu tienes sida, sífilis y eres estéril, pero la buena noticia es que no contagiaste a Sango… y tienes cero colesterol.

- ¡¿Qué! – grito Miroku, sin darse cuenta que la enfermera estaba bromeando.

- Si, lo lamento mucho, pero es la verdad – siguió el juego la enfermera.

- Y claro, es natural, con todas las mujeres con las que te acostaste – dijo Sango.

- Pero… pero… pero si solo una de las 27 con las que me acosté tenia una enfermedad venérea! Y encima usamos protección! – grito aterrado Miroku.

- ¿Veintisiete? Me dijiste que solo habían sido 10, mentiroso! – grito Sango mientras apaleaba a Miroku con su cartera -. ¿Cómo te atreves?

- ¡Ouch!... ay… ¡uy, eso duele!

- Pues me alegro, sabandija!

- Pero… pero corazoncito, yo te amo… además, te juro solemnemente que no me acosté con nadie mientras estaba contigo.

Al ver que eso no parecía calmar a Sango, InuYasha murmuro por lo bajo: - claro que cuando tú te ibas…

Sesshoumaru reprimió una risita y trato de no sonreír, mientras que InuYasha hacia un esfuerzo incontrolable por lucir adorable ante los enfurecidos y poco piadosos ojos de Sango.

- Si no fuera porque prometí no asesinarte a menos que me convirtiera en una asesina particular, y me pagar un asqueroso montón de dinero por hacerlo… aunque lo haría gratis gustosa…. – murmuro ella con enfado.

- Pero ¿A quien se lo prometiste? Porque según tengo entendido, esa promesa ya no es valida – dijo Sesshoumaru con malicia – digo, como tu amiga esta -

- CIERRA TU MALDITA BOCA! – lo interrumpió InuYasha.

Se habia bajado de su cama y estaba listo para matar a su hermano.

- Ehm.. Entiendo que este es un hospital, pero por lo general curamos a la gente herida, no herimos a la gente sana – dijo Brenda, armándose de coraje y parándose en el medio-. En cuanto a ud. – agrego mirando a Sesshoumaru con enfado – si no quiere pasarse el resto de su vida en este hospital, porque aclaremos que tengo el poder suficiente como para retenerlo aquí al menos unos 2 meses más, deberá comenzar a portarse bien.

Ahora, entiendo que tal vez ese concepto le resulte a ud. desconocido, pero míreme bien… ¿Le parece que me importa un rábano? – al ver que el negaba con la cabeza, bastante asustado, termino – bien, eso pense.

Ahora era InuYasha el que estaba riendo, y bien que lo disfruto. La única que era lo suficientemente inteligente como para ridiculizar de tal manera a Sesshoumaru habia sido Kagome, y por supuesto, Izayoi.

Unas horas mas tarde, salían todos del hospital, algunos enojados, otros celosos, y otros, simplemente felices de salir de ese lugar que tantos malos recuerdos traía.

Cuando llegaron a la mansión de InuYasha, Miroku y Sango buscaron un cuarto para ellos solos, Sesshoumaru se fue a su alcoba donde lo estaba esperando Rin, y Kamis fue a recorrer la mansión para ver si encontraba algún cuarto que fuera de su agrado.