Queridos lectores y/o lectoras, asumiendo que tengo algunos todavía, quiero disculparme por no haber actualizado antes. No se preocupen, no he abandonado esta historia. Le he puesto mucho amor y tiempo, y aunque tal vez no tenga razón, me parece una buena historia. A los que me esperaron, les agradezco mucho que no se dieran por vencidos. A los que no, me disculpo nuevamente, pero espero que vuelvan a retomar Saigo, y que dejen muchos, muchos reviews.
Lamento informarles que la próxima actualización tendrá que esperar al menos una semana, pero llegara. Eso es un hecho. Sin mas, a leer!
Capitulo IX: Encontrando nuevos indicios de un amor inexplicable
Parte II
Al día siguiente, Kami se levanto al amanecer. Bajo a la cocina, y se encontró con Sesshoumaru y Sango discutiendo sobre los derechos civiles de los menores de edad en África. Según Sesshoumaru, tenían dos opciones: conseguir un trabajo para mantenerse o morir en el intento. Sango, por su parte, se oponía fervientemente y opinaba que era un genocidio peor incluso que el Holocausto.
-No se si peor, pero sin duda se acerca – dijo Kamis, interrumpiéndolos.
-Es lo que estoy diciendo, pero nuestro amigo Adolf – dijo Sango, refiriéndose a Sesshoumaru – se cree el hombre de acero y no quiere entrar en razón.
-¿Hombre de acero? Eso esta muy mal Adolf. Si eres de acero no puedes disfrutar de los pecados de la carne… - dijo Kamis con una sonrisa provocativa – Bien ¡Que mas da! Tu te lo pierdes, y es una lastima, porque esos pecados son mis favoritos.
-¡Kamis! ¿Qué estas diciendo? Eres muy atrevida, jovencita. – la reprendió Sango con horror, ante la mirada divertida de Sesshoumaru.
-Si mama… - se burlo Kamis – Pero te aviso que si esto te enfurece, no se como vas a reaccionar cuando te diga que no he hecho las tareas.
-¡Como te atreves! Exijo respeto: soy tres minutos mayor que tú ¿Me oíste?
-Señor, si, señor – respondió Kamis, guiñándole un ojo a Sesshoumaru.
-Señoritas, señoritas, ¡Por favor! – exclamo el, fingiendo escandalizarse.
-Tienes razón, Sesshoumaru. Lamento mucho la escena – dijo Sango.
-Si, yo también lo siento. Es que Sango nunca pierde la oportunidad de provocar escándalos – dijo ella con fingida afectación – y es terrible para su imagen social.
-Ella esta bromeando – aclaro Sango.
-Si claro, eso dices ahora.
-¡Eres insoportable! – grito ella.
-¡Yo también te amo! – fue lo ultimo que alcanzo a decir Kamis antes de que Sango saliera atropelladamente de la habitación.
-Eso fue… interesante – murmuro Sesshoumaru.
-¿La discusión? No, es normal entre nosotras. Yo no me preocuparía si fuera tu. A menos claro que ella se haya tomado muy a pecho tus comentarios sobre la explotación de menores en África… En cuanto a mi – agrego con tono pícaro – lo que me tiene preocupada es saber si realmente estas hecho todo de acero.
-Y a mi me encantaría mostrártelo… Quiero decir, pregúntale a mi novia.
-Estas aburrido otra vez. Mejor me voy.
-No te desapare… - no pudo terminar la frase, porque Kamis ya se habia ido.
Kamis pasó el resto del día escondiéndose de su hermana, que le tenía preparados varios sermones sobre su falta de decencia y todos los demás pecados que estaba cometiendo. No es que Sango fuera una santa, pero cuando se trataba de su hermanita 'menor', no la quería cerca de ningún tipo de tentaciones que pudieran, eventualmente, lastimarla.
Finalmente Miroku la descubrió en su escondite: un armario en el sótano.
-¿Puedo pasar?
-Bienvenido a mi humilde morada – dijo ella como respuesta, mientras el se sentaba a su lado.
-Asi que aquí te escondes de tu hermana…
-No. Me escondo de tu mujer, y ni se te ocurra copiarme la idea. – dijo ella sonriendo.
-Eres toda una comediante, habría que darte un premio.
-Gracias, pero a decir verdad, creo que estoy perdiendo mi don.
-¿Tu don? – pregunto el, confuso.
-Si. Mi don de hacer reír a la gente.
-No te preocupes, con solo verte la cara me dan ganas de reír. O llorar, dependiendo de la cantidad de maquillaje que lleves puesta. – dijo el, a duras penas conteniendo la risa.
-Sabes, yo creo que ya no soy graciosa, pero estoy más que segura de que tú nunca lo fuiste.
-Ah, vamos. Solo bromeaba. Eres hermosa, y lo sabes.
-Si, claro. No pienso creerte.
-Tengo la impresión de que si te caigo mal, harás de mi vida un infierno… sobretodo después de que me case con tu hermana – dijo el, desesperado ante la idea.
-Pues no se me habia ocurrido, pero gracias por la idea. – al ver su expresión de horror, agrego - ¿Ves que si puedo ser graciosa cuando quiero?
-Si, personificas la comicidad…
-Bueno, no exageres que me sonrojo – dijo ella, sarcástica.
-De ahora en adelante, no pienso hacerlo.
-Eres malo y antipático.
-No soy malo… la mala eres tu. Yo no soy malo. Pregúntale a cualquiera, pregúntale a InuYasha.
-Nunca especifique que fueras malo en la cama, solo dije que eras malo.
-Ah, bueno… ¡Espera un momento! ¿Cómo sabría InuYasha que tan bueno soy en la cama? ¿Es una broma?
-Pequeño Einstein, has acertado.
-Cállate.
-No, tú cállate.
-No, tú cállate.
-¿Por qué habría de callarme?
-Solo cállate.
-No, tú cállate.
-No, tú cállate.
-Ay, ya basta, no lo soporto.
-Ah... ¿Lo ves? Te dije que te callaras…
-Miroku…
-¿Si?
-Cállate.
Miroku le dirigió una mirada asesina, y se fue a buscar a Sango, muy ofendido.
"Pobre Sango... casada con ese atrofio" penso.
"Al menos ella tiene a alguien" le respondió su conciencia.
"¿Qué quieres decir con eso?"
"Que estas sola"
"Ah, si?.. Pues… bien, estoy sola ¿Y que?"
"Nada. Simplemente me limito a señalar el hecho de que criticas relaciones ajenas cuando ni siquiera tienes una"
"Por el amor de Dios, no necesito un sermón de mi conciencia… hasta hoy, ni siquiera sabia que tenia una conciencia y todo marchaba perfectamente bien."
"Me ofendes."
"No necesito esto, adiós."
"¿A dónde vas?"
"Me voy. Bueno, en realidad no me voy a ninguna parte, es solo una manera de decir, pero voy a dejar de hablar con mi conciencia, y empezar a actuar como si tuviera una vida… Esto me esta haciendo doler la cabeza… muchas gracias!"
"De nada"
"¡Genial! Tengo una conciencia sarcástica, lo que me faltaba. Bien, ya que no puedo volverme mas patética por hoy, me voy a dormir."
Al poco rato, Kamis yacía en el fondo del armario, durmiendo profundamente.
Al día siguiente, Kamis decidió reanudar su exploración en el cuarto de Kagome. Lo primero que hizo cuando se despertó fue dirigirse al tercer piso. Pero antes de que alcanzara las escaleras, Sesshoumaru la detuvo bruscamente, preguntándole adonde iba tan apresurada.
-No es asunto tuyo.
-Yo creo que si lo es. Es mas, dado que esta no es tu casa, creo que es más que asunto mío. Ahora, no quiero presionarte, pero o me lo dices por las buenas, o me lo dices por las malas – concluyo, con una sonrisa de suficiencia.
-Bien, si tanto deseas saber, voy al balcón a tomar aire.
-Eso no es verdad. Estas mintiendo.
-Bien. Tú ganas, acompáñame.
-Ok.
Ella lo llevo escaleras arriba, y se detuvo delante del cuarto de Kagome. El se mostró algo incomodo pero trato de disimularlo.
-¿Qué hacemos aquí?
-Nada. Solo sentía curiosidad por esa chica. Se que salio con InuYasha y que murió hace unos años… y también se que se amaban mucho.
-Si, pero no deberías inmiscuirte. A mi hermano le molestaría. Pero por el otro lado, lo que quiera o no mi hermano a mi poco me importa, asi que… ¿Qué quieres saber?
-Pues… - dijo con voz dudosa - ¿Cuándo se conocieron?
-En la escuela. En jardín de infantes.
-¿Asi que son novios desde bebes? Que tierno.
-No, en realidad siempre fueron amigos, hasta los quince años. Creo que ahí comenzaron a salir.
-Aja… con que esperaron…. Bien, y dime ¿Cómo murió ella? Debe haber sido terrible para InuYasha.
-Si, lo fue. Pero no estoy seguro de cómo murió, es decir, la policía no fue de mucha ayuda y creo que no dijeron la verdad sobre lo que paso.
-¿La policía? ¿La policía estuvo involucrada?
-Si.
-¿Fue un asesinato? ¿O un robo? Oh, Dios, no me digas que fue un suicidio…
-Si supiera cual de las tres, te lo diría.
-Esto es como una novela de misterio – dijo ella.
-Si… excepto por una cosa – dijo la fría e inexpresiva voz de InuYasha a sus espaldas – esto es la vida real. No una fantasía enfermiza, sino algo que sucedió y destruyo vidas, sueños y esperanzas.
-Lo siento, no quise sonar tan…
-¿Insensible? ¿Curiosa por saber los detalles de lo peor que me ocurrió en la vida?
-Esa es una manera muy cruda de ponerlo, pero si, lo siento por todo eso. Y también por lo que paso, pero aunque no lo creas, hay tragedias peores que la tuya.
-¿Qué se supone que significa eso?
-Que hay gente que ha sufrido mas que tu, y sin embargo no viven quejándose.
-Quejarme ¿Yo? Si mal no recuerdo, fuiste tu quien menciono el tema, y tu la que quería curiosear en mi vida privada.
-Tienes razón, y me disculpe por eso. Pero es tu actitud de victima la que me molesta. Te haces el rudo cuando la gente se preocupa por ti, y cuando finalmente logras alejarlos a todos es cuando comienza tu acto de victima.
-Vete al infierno – rugió el.
-Hace días estoy en tu casa… con eso me basta, muchas gracias – dicho esto, dio media vuelta y se fue.
Después de presenciar la pelea entre Kamis e InuYasha, Sesshoumaru creyó prudente informar a todos los habitantes de la casa que no se cruzaran en el camino de ninguno de los dos. Al ser ambos famosos por su mal carácter, eran considerados igualmente peligrosos. Con el pasar de los días, para suerte de varios, el ambiente en la casa se fue calmando y, eventualmente, Kamis e InuYasha declararon una tregua.
Como si la milagrosa reconciliación no fuera una noticia suficientemente buena, Sango y Miroku decidieron adelantar la boda y casarse allí, en esa ciudad que, a pesar de algunos malos recuerdos, los mantenía unidos a todos a través de un pasado que jamás tenían intención de olvidar. Con la ayuda de Izayoi, Sango consiguió organizar todo tal y como lo quería. El menú y la torta, la banda de sus sueños y el lugar donde celebrar la boda: todo era perfecto.
-Realmente no lo hubiera podido hacer sin ti – le dijo Sango a Izayoi.
-Pues no me lo agradezcas, que es lo menos que podía hacer por mis huéspedes. Ahora solo falta la fecha.
- Si… creo que eso va a ser lo más difícil.
- ¿De que hablan? – pregunto Kamis al entrar en la habitación.
- De mi boda.
- Oye Izayoi… ¿Puedo preguntarte algo? – dijo Kamis.
- Seguro.
- El cuarto de Kagome… ¿Siempre estuvo en el tercer piso?
- No… es extraño que lo preguntes, pero Kags tenía su cuarto en el segundo piso, cerca del de InuYasha. Por supuesto no lo usaba muy a menudo, al menos no a partir de que empezaron a salir juntos. Pero tenia la mitad de sus cosas allí ¿Por qué lo preguntas?
- No, por nada -. Respondió Kamis, yéndose rápidamente.
- ¿Y ahora que le pasa? – pregunto Izayoi.
- Deben ser las hormonas… es que esta creciendo…
- Pero… no tienen la misma edad?
- Si, pero su desarrollo físico y mental es mas lento que el mío. – respondió ella con una risotada.
Esa noche Kamis decidió reanudar sus excursiones nocturnas. Preparo linterna y hebilla, una para alumbrar y la otra para forzar la cerradura. Se puso tres pares de medias para amortiguar sus pisadas, y salio sigilosamente de su cuarto. Al llegar, forzó la cerradura y entro. Procuro memorizar el lugar de cada cosa, para no dejarlo desordenado al marcharse. De igual manera, no tuvo que esforzarse mucho, ya que todo se encontraba en perfecto orden. Tan perfecto, que le daba escalofríos. Se puso a revisar los cajones del escritorio y encontró cartitas de amor para InuYasha. En particular, le llamo la atención una que decía "Si quieres que me acerque a ti, acércate tu a mi". La letra era desaliñada y algo tosca, por lo que supuso que la habia escrito InuYasha. Le extraño un poco, pero siguió revisando.
En ese lugar habia algo que no cuadraba. No tenia pruebas ni nada que lo indicara… pero debía resolver el misterio. Debía aclarar de una vez por esa tragedia que unía a sus seres queridos, manteniéndolos en un círculo vicioso de dolor y sufrimiento. Y, lamentablemente, ese era el único lugar donde encontraría una respuesta. Una vez terminados los cajones, reviso los libros. Saco uno por uno de los estantes y descubrió que Kagome era fanática de las novelas románticas.
"Esto se pone cada vez peor" penso.
Casi perdía el interés en los libro, cuando encontró uno forrado en tela azul, sin titulo ni autor. Se extraño al ver que estaba cerrado con un pequeño candado.
- Bingo – susurro.
Forzó la cerradura y lo abrió. En la primera pagina decía "Propiedad de Kagome Higurashi. Si lo lees sin el consentimiento de dicha persona, yo, sufrirás una muerte lenta y dolorosa."
'Esta chica ya me gusta' penso divertida.
Kamis decidió dejar el diario a un lado para seguir revisándolo luego. Camino hacia el armario, sin saber con que se iba a encontrar. Al abrirlo, se sorprendió al ver que la ropa de Kagome era muy formal. Su guardarropas parecía el de una ejecutiva de treinta años. Las faldas nunca eran muy cortas, y los pantalones nunca eran ajustados. Los trajes de baño eran de una pieza y de colores pastel.
Kamis no era muy fanática de mostrar su cuerpo y usar prendas demasiado reveladoras, pero no dejo de sorprenderse ante el guardarropas un tanto fúnebre de Kagome. La chica parecía una santa de luto.
¿Estaba llorando la muerte de alguien? Se pregunto Kamis, sintiendo como la oscuridad y el silencio le envolvían poco a poco en un manto de recuerdos. Decidió no investigar más e irse a dormir, pero antes de cerrar la puerta algo llamo su atención: habia dejado el diario de Kagome sobre la cama. Con una ultima mirada furtiva detrás suyo, entro rápidamente y se llevo el diario consigo. Al llegar a su cuarto sintió como el sueño y el cansancio la invadían gradualmente, y se tumbo en la cama, no sin antes esconder el diario debajo de su almohada.
Al día siguiente, todos los habitantes de la casa se encontraban bien descansados… todos menos Kamis, quien evadió hábilmente las preguntas sobre su somnolencia y cambio de tema con agilidad, haciendo unas preguntas sobre la boda de Sango.
-No se cuando va a ser todavía -. Dijo Sango, poniendo un punto final a la horda de preguntas que su hermana habia formulado en menos de veinte segundos.
- Como que no sabes? – Pregunto Miroku, algo preocupado – Si ayer estuviste hablando sobre eso por horas y horas… y horas!.
- Es que no estoy segura de lo que quiero… Tu que crees Kamis?
- Yo no se, ni quiero saberlo. Si tu propio marido no te entiende, ¿Por qué me preguntas a mí?
- A las mujeres no hay que entenderlas, hay que amarlas – intercedió Miroku en defensa propia, con aires de filosofo.
- Gracias, amor – dijo Sango, dándole un beso.
- Es la simple verdad – respondió Miroku, mientras observaba a su futura esposa abandonar la habitación.
- Oscar Wilde te esta demandando por plagio en algún lugar de la tierra – dijo Kamis y agrego con fastidio – Que meloso eres ¿Tenias que hacer ese comentario?
- Estoy de acuerdo con ella – dijo InuYasha, entrando de repente.
- Y tu que sabes? Hay ciertas mujeres que si saben apreciar los cumplidos de un hombre–. Se defendió Miroku.
- ¿Ese comentario fue para mi, Miroku? Yo si se aceptar los cumplidos de un hombre – dijo Kamis, molesta.
- No, querida futura cuñada. Ese comentario no hacia referencia al hecho de que tú no sabes, puedes, ni quieres aceptar cumplidos. Yo estaba hablando de mujeres, y no te considero una todavía. – Respondió Miroku, con una sonrisa triunfante, y luego agrego – Además del obvio hecho de que nunca recibes cumplidos. No de un hombre, en todo caso.
- Amigo, fue un placer conocerte… nos vemos en tu entierro -. Dijo InuYasha, antes de marcharse velozmente, sujetando a Kamis con todas sus fuerza para evitar un baño de sangre.
Horas después, el ambiente en la mansión ya saturado de tensión y monotonía se habia vuelto una bomba de tiempo. Era solo cuestión de segundos antes de que alguien dijera o hiciera algo que provocara la explosión. InuYasha habia salido a caminar, y Sango e Izayoi se habían encerrado en el estudio con un resignado Miroku a discutir algunos detalles de la boda.
Kamis, por su parte, habia pasado las últimas horas leyendo el diario de Kagome. Ya habia leído sobre los primeros años de la adolescencia de Kagome y sobre la depresión en la que estuvo durante semanas tras la repentina desaparición de su padre. Leyó problemas, dichas, penas, y toda clase de emociones en ese diario. Cada línea abría un nuevo escenario y era el comienzo de una nueva historia. Kamis se identifico con ella en muchos aspectos, aunque no coincidiera con otros. Esa noche leyó hasta el cumpleaños de catorce de Kagome, y se durmió imaginando como habia sido.
A los pocos días, Kamis se despertó en medio de la noche a causa de un molesto ruido que no pudo identificar de inmediato. Se levanto y se puso una larga bata, ya que su camisón era bastante transparente. Salio de su cuarto apresuradamente, sin siquiera sujetarse el cabello, ya que al abrir la puerta el ruido antes amortiguado se habia vuelto un grito desesperado.
Siguió el grito hasta la habitación que, según su equivoco mapa de la casa, pertenecía a su hermana. Segundos antes de abrir la puerta, se dio cuenta de que estaba en el pasillo equivocado, y que ese era el cuarto de InuYasha y se detuvo. Dudo durante unos instantes, pero al oír como el grito se intensificaba y sintiéndose muy estupida ante su creciente preocupación, abrió la puerta de par en par.
Lo primero que vio fue a InuYasha violentamente en su cama, aparentemente dormido. Se acerco y trato de sujetar sus brazos y despertarlo, pero InuYasha se la quito de encima bruscamente, rasgando su bata en el proceso, cuyos restos fueron a dar al piso.
'Demonios' penso Kamis.
De todas formas no se dio por vencida e intento otra vez, cambiando un poco su estrategia. Le sujeto los brazos con mas fuerza y se subió a la cama para tener mas control sobre el. InuYasha seguía forcejeando en sueños y daba uno que otro grito ocasional, pero al menos habia dejado de sacudirse.
- InuYasha… despierta – pidió Kamis, en voz baja.
Al no obtener respuesta, lo repitió otra vez. Y otra. Y otra más.
Harta ya de ser ignorada, grito con bastante energía en la oreja de InuYasha. El joven se despertó de golpe, bastante asustado. Al principio no supo bien donde se encontraba, pero poco a poco reconoció el lugar… y a la persona montada encima suyo.
- ¿Te molestaría explicarme que esta sucediendo aquí?
- A que te refieres? Oh.. ¿Esto? Eh.. Nada esta sucediendo, es solo que tenías una pesadilla y me despertaste, entonces vine aquí pero como no respondías tuve que gritar -. Dijo ella, tan avergonzada que no respiro casi.
- ¿Qué sucedió? – pregunto Izayoi, apareciendo de repente.
- Nada -. Respondió InuYasha.
- Pues no parece: mírense – dijo ella.
Los jóvenes, dándose cuenta de su comprometedora situación, se separaron inmediatamente.
-Eh… es un malentendido, y si no les molesta, me voy a dormir – dijo InuYasha, incomodo.
Izayoi se fue sin decir nada, pero Kamis se quedo. Se acerco a InuYasha arrodillándose a su lado, y le pregunto sobre que habia sido la pesadilla.
- No se de que hablas – dijo el, dándole la espalda.
- Es obvio que algo te esta molestando, asi que por favor cuéntame… tal vez pueda ayudar.
- Pues, lo primero es que por favor te cubras… ese vestido me distrae. – dijo al tiempo que Kamis se cubría, sonrojándose.
- Y no me pidas que te cuente porque no tiene importancia.
- Vamos, cuéntame aunque sea un poquito… si quieres te traigo chocolate caliente – le dijo ella, con una sonrisa y tono conciliador.
- Si tú insistes… el sueño tiene que ver con Kagome.
- Me lo imaginaba… ¿Qué sucedía en el sueño?
- Básicamente, ella moría y yo no podía hacer nada al respecto… para variar.
- ¿Por que dices eso? – pregunto Kamis.
- Porque el ultimo día que vi a Kagome con vida fue…
- ¿De que hablan? – los interrumpió Miroku,
- De nada importante – dijo InuYasha.
- Ah… ya se van a dormir? Yo no tengo sueño todavía – dijo Miroku.
- Pues nosotros si – dijo Kamis, al tiempo que les deseaba buenas noches y salía de la habitación.
Miroku le guiño un ojo a InuYasha y se fue también.
'Dios, fue un sueño terrible' penso InuYasha, antes de dormirse otra vez.
