Es verdad

AVISO:

He vuelto a subir este capitulo, ya que decidí cambiar un poco el curso de la historia. Lo único que he removido fue el final, cuando Kamis encuentra el diario. Y he agregado un par de escenas más al final. Lo demás esta intacto.

He recibido un par de quejas por la tardaza, y me disculpo por dejarlos esperando. No quiero hacer falsas promesas, pero estoy casi segura que actualizare pronto, solo tengo que pulir unas escenas del próximo capitulo.

Saludos a todos, y gracias por leer "Saigo: El Momento de la Muerte"!

-Val.

Capitulo X: ¿Nuevos Comienzos?

By Val

La mañana siguiente, por motivos atribuidos generalmente a un síntoma de personalidades múltiples, InuYasha se encontraba de buen humor. Pero lo que era mas extraño aun, era que el mismo lo admitía. Mientras bajaba a desayunar, dejo a su madre boquiabierta con un "buenos días" y, por si eso fuera poco, hizo un comentario educado y sin sarcasmo sobre lo bien que le sentaba su atuendo.

Kamis se sintió aliviada al verlo de tan buen humor, después de lo ocurrido la noche anterior. Claro que, cuando entro a la cocina y se lo encontró comiendo, muy contento, una tarta de fresas que ella misma habia cocinado, no pudo ocultar su sorpresa.

Evidentemente el buen humor de InuYasha se aplicaba a todo y todos menos a ella, ya que al verla la saludo con un gruñido y siguió devorando su tarta en silencio. Izayoi entro en la cocina momentos después, y se puso a analizar el último libro que habia leído con Kamis.

-Pero todavía no entiendo porque se titula "Persuasión"– dijo Kamis contrariada ante un comentario de Izayoi.

-Pues Jane Austen siempre eligió muy apropiadamente los títulos de sus obras – replico ella.

-Lo haces sonar como si fuera arte – intercedió InuYasha.

-Lamentablemente, como ya te habrás dado cuenta, mi hijo no comparte mi mismo interés por la cultura y el saber. En realidad, - prosiguió dirigiéndole una sonrisa traviesa a Kamis. – no le interesa nada mas que si mismo. No entiendo como Kagome lo aguanto durante tanto tiempo.

Apenas Izayoi hubo pronunciado el nombre de la joven, decidió no haberlo hecho. El semblante de InuYasha se ensombreció y un silencio casi ensordecedor apodero de cada uno de ellos. La única razón por la que InuYasha estaba de tan buen humor era que, ya cansado de despertarse aterrado en la mitad de la noche por sus pesadillas, habia decidido no pensar más en Kagome. Y lo habia creído posible hasta ese momento.

-Voy a salir a dar un paseo – dijo, dirigiéndose a la puerta principal.

-¿Puedo ir contigo? – pregunto Kamis -. No se si aguantare un día mas encerrada con los futuros novios – agrego, al oír que su hermana y Miroku bajaban a desayunar.

-Seguro. Pero no te garantizo una conversación tan interesante como la que podrías tener con mi madre. – le dijo con una media sonrisa.

-Nunca pense que escucharía esa frase de tus labios – exclamo Izayoi.

-Ya, ya. No empieces otra vez. – replico InuYasha – Y tu, apúrate ¿Quieres? – le dijo a Kamis.

-¿Tan impaciente por estar a solas conmigo? – pregunto Kamis, haciendo reír a Izayoi e incomodando visiblemente a InuYasha.

-¡Par de brujas! – exclamo por lo bajo InuYasha, antes de abrirle la puerta a Kamis.

Cuando se subieron al auto, Kamis sintió curiosidad por saber a donde iban. Si InuYasha no tenia nada planeado, penso que podrían ir al "Museo de la Historia del Arte", un museo muy recomendado en la ciudad. Pero InuYasha no le dio siquiera la oportunidad se sugerirlo. Apenas ella se hubo acomodado en el asiento de acompañante, se dio cuenta que InuYasha la miraba con una intensidad tal que le produjo un escalofrío.

Disimuladamente, Kamis dirigió su mirada hacia la boca de el, reprendiéndose casi inmediatamente por haberse dejado llevar. Decidió que lo mejor seria iniciar una conversación inocente con el. Grave error.

Al ver que se inclinaba hacia el con los labios entreabiertos, InuYasha se abalanzo sobre ellos, atrapándolos en un calido beso. Como Kamis no reaccionaba, el la tomo con brusquedad del pelo y profundizo el beso hasta oírla gemir suavemente.

-InuYasha…detente. – logro decir ella, entre respiros agitados.

-Lo siento, pero tenía que hacerlo. Tenia que saber. – murmuro el, luciendo aun mas agitado y confundido que ella.

-¿Saber que? – pregunto Kamis alejándose aun mas, recelosa.

-Si me sentía atraído por ti. – dijo el, sin inmutarse.

-… ¿Te molestaría elaborar un poco sobre ese comentario?

-Ya, olvide explicártelo. Pense que cualquier persona con un poco de experiencia en relaciones adultas se daría cuenta. Pero esta más ciega que un topo.

-No fuerces tu suerte, Casanova. Explícate o muere en el intento. – le advirtió Kamis, ya mas relajada.

-Bien, pero no se hasta que punto vaya a gustarte. – con un suspiro resignado, prosiguió - Desde Kagome no he sido el mismo. Con ella jamás era tan huraño, jamás actué de este modo tan agresivo – se detuve ante su expresión incrédula y le lanzo una mirada de advertencia que ella decidió obedecer. – No era mundialmente reconocido por mi alegre personalidad, pero era una persona más social y abierta. Ahora es como si todo eso hubiera sucedido en una vida pasada. Kagome y yo no terminamos en buenos términos… Ella.. es una larga historia, pero no puedo dejar de pensar en como habrían sido las cosas si… No importa. Ya no importa nada. No puedo seguir asi ¡No me reconozco, maldita sea! Y hasta que llegaste pense que seria siempre infeliz. Pero tú te pareces tanto a ella, que a veces es como tenerla de vuelta por unos segundos. Fue como si la persona que yo solía ser hubiese vuelto y quisiera vivir en mi otra vez. Y eso me hizo sentir culpable, porque no solo me atraía tu semejanza a Kagome… sino que físicamente también comenzabas a tentarme. – hizo una pausa y cerro los ojos, descansando su cabeza contra el asiento – Sentí que estaba traicionando a Kagome al permitir que causaras ese efecto en mi. Te bese para saber. Tenia que estar seguro.

-¿Y conseguiste una respuesta? – pregunto Kamis, mirándolo a los ojos por primera vez.

-No te ilusiones. Mis temores eran infundados. – dijo el arrogantemente.

-¿Ilusionarme? En tus sueños, cariño.

-Dije que no estaba enamorado de ti, pero no tientes tu suerte con esos apodos.

-¿Qué quiere decir eso? – pregunto ella, sonrojándose.

-No es que no me gustes, eres muy atractiva y tienes un cuerpo estupendo. Pero sigo enamorado de Kagome…. Aunque no por eso deberías tentarme. Te confesé mis sentimientos desde el corazón, no desde los pantalones: Esos son muy diferentes.

-¡Cerdo asqueroso! Como si alguna vez me fuera a acostar contigo – le grito ella indignada.

-Pues tu lo mencionaste, no yo. Por algo será. – dijo, guiñándole el ojo al tiempo que se bajaba del auto.

-¿Volvieron tan rápido? Pregunto Izayoi al verlos entrar apresuradamente.

-No. Cambie de idea, eso es todo. – dijo Kamis – Prefiero morir antes que pasar media hora encerrada con InuYasha en un espacio tan limitado.

-¿Qué hizo ahora? – pregunto Sesshoumaru, entrando de repente.

-Nació, y veinte años después lo conocí. Creo que eso es todo.

-Por Dios, ¿Nadie quiere oír mi versión? – pregunto InuYasha, indignado.

-No – respondieron los tres al unísono, antes de irse cada uno por su lado.

-¿Por qué escapan ahora? – pregunto Miroku - ¿Qué les hiciste?

-¿Yo? Nada. Ellos se fueron sin escuchar mi historia – acuso InuYasha, ofendido.

-Si quieres, yo te escucho.

-Eres el único que se ofreció ¿Estas seguro que te sientes bien?

-Claro que si ¿Por qué lo dices?

-No lo se, debe ser por tu actitud tan servicial. Si persiste, creo que deberías ver a un psicoanalista.

-Tal vez tengas razón, pero un psicoanalista te cobra por hacerte las mismas preguntas que tu esposa te hace gratis… Prefiero ahorrarme el dinero y esperar hasta mi boda.

-Claro, pero una vez casado no vas a necesitar terapia por tu actitud servicial sino, según tu mujer, por tu falta de ella. – dijo InuYasha, riéndose a carcajadas.

Esa noche al acostarse, InuYasha no podía dejar de pensar en Kamis. Le parecía increíble lo mucho que habían llegado a conocerse en tan poco tiempo. El siempre habia rechazado la idea de estar con alguien más que Kagome, pero tal vez su madre tenía razón. Tal vez era hora de intentarlo. Tal vez si se esforzaba lo suficiente podría llegar a amar a Kamis…

"Pero eso no seria justo para ella," penso. "Se merece alguien que pueda amarla sin reservas… Alguien que no este tratando de reconstruir su corazón. Se merece algo mejor que yo."

Sus reflexiones se vieron interrumpidas por su reloj de pared que, muy ruidosamente, comenzó a dar doce campanadas anunciando que ya era medianoche. Poco a poco, dulcemente, como siguiendo el ritmo de las campanadas, InuYasha se fue quedando dormido, con el rostro de Kamis como ultimo recuerdo, sin imaginar que su tranquilidad seria solo momentánea. Esa noche, como muchas otras, soñó Kagome. El se encontraba en el templo Higurashi, subido al árbol en frente de su ventana, esperando que ella lo hiciera pasar. Kagome se veía radiante, más bella que nunca, mientras con sus delicadas manos quitaba el cerrojo a la ventana y la abría de par en par. InuYasha midió la distancia entre ellos y calculo que podía surcarla de un salto. Dicho y hecho, segundos después ya se encontraba dentro de la habitación, delante de una acongojada Kagome.

-Kagome ¿Qué sucede? – pregunto preocupado al verla asi.

-InuYasha… ¡Apúrate! No queda tiempo, ya se acerca el final… Se acerca el final – murmuro ella, sus ojos clavados en un lugar lejano, en otro tiempo.

-¿De que hablas? ¡No te entiendo, Kagome! Se más clara: ¿Qué final?

-Me ayudaras ¿Verdad? – pregunto, al borde del llanto. – Puedes no hacerlo, no te culpare. Puedes tener un nuevo comienzo, lejos de todo esto. ¿Quieres un nuevo comienzo, InuYasha?

-Kag ¿De que estas hablando? ¿Cómo puedo ayudarte?

-No tienes que hacerlo. Ya he visto a tu nuevo comienzo… es muy bonita. Pero no me gustan las rubias.

-¿Qué tiene que ver ella en esto? – pregunto el, exasperado.

De repente, antes de poder contestarle, Kagome hizo una mueca de dolor y lanzo un gemido agudo. Sus ojos comenzaron a sangrar y luego de su boca también comenzó a brotar sangre como la blanca espuma de una cascada… y Kagome cayó al piso, muerta.

InuYasha intento correr a su lado y ayudarla, pero no podía moverse. Grande fue su sorpresa cuando el cuerpo de Kagome desapareció, y volvió a aparecer ella, viva, recostada sobre la cama.

-Odioso ¿No te parece? Nacer, morir, nacer… Morir. – pregunto, caminando hacia el.

-Kagome, esta no eres tu… ¿Qué te sucedió?

-Tú sabes la respuesta. Oh, lo lamento, lo olvide… no lo sabes. No estabas ahí.

-Kagome, eso no es justo ¡Daría mi vida por salvar la tuya; mi alma por tenerte una vez más en mis brazos, y no verte morir una y otra vez! –grito InuYasha- Dime lo que debo hacer, y lo haré.

-Quisiera creerte… pero nada de eso importa ya. InuYasha, estás en peligro. Para eso he venido, para advertirte. Pronto tendrás que decidir que es lo que quieres. Si me quieres a mi… ¡Ayúdame! – grito Kagome al tiempo que, como habia sucedido momentos antes, comenzaba a sangrar y moría delante de InuYasha quien, si bien desesperado por ayudarla, aun no conseguía moverse. Y, como la vez anterior, al desaparecer el cuerpo apareció Kagome nuevamente, esta vez sentada en su escritorio.

-¿Por qué sigue sucediendo eso? – pregunto InuYasha.

-El ciclo de la vida es muy inconveniente para algunos. Vivir, morir… todo pierde relevancia a menos que sirva de medio a sus fines. Esa es gente peligrosa, InuYasha. Ten cuidado con ellos.

-¿Alguien que no da importancia ni a vida ni a muerte? ¿De eso me tengo que cuidar?

-Si. Y antes de que muera otra vez, déjame advertirte. Debes cuidar de ti mismo, ahora más que nunca. Pero cuida también de los que necesiten tu ayuda, de los que te la pidan. Y cuando yo te pida ayuda… puedes optar por no dármela, y comenzar de nuevo en este ciclo interminable.

-Kagome ¿De que hablas? ¿Quién necesita mi ayuda? – pregunto InuYasha afligido y. al ver que la sangre brotaba nuevamente de los ojos y boca de Kagome, exclamo- ¡No, otra vez no! No mueras… ¡No me dejes! Te necesito conmigo…

Sus gritos fueron interrumpidos por un sonido aun más estridente, y el incesante sonar de su celular lo transporto bruscamente a la realidad. Volteo a mirar su reloj: eran las dos de la mañana. ¿Quién podía ser a esa hora?

-Hola ¿Quién habla? – pregunto confundido.

-¿InuYasha, eres tú? ¡Necesito tu ayuda! –la voz pertenecía a un niño… un niño muy asustado.

-¿Souta? ¿Qué sucede? ¿Estás bien? –InuYasha reconoció la voz y la preocupación en ella lo perturbo. Jamás habia oído a Souta tan alterado.

Bien, ahí tienen el nuevo final de este capitulo. Ya pronto todo comenzara a tener sentido. Haré todo lo posible por seguirlo pronto.

Quiero agradecer a VampireHanyou, Setsuna17, Serenatsukinochiba, Mosha, Paula, Lorena, Dark-kanae, Cattita, y al resto de los que leyeron "Saigo: el momento de la muerte".

Saludos,

Val.