Dedicatoria: A toda la buena gente que dejó un review en el primer cap. ¡¡valéis oro!!
Capitulo 2.- Memorias antes de la Lluvia
Rukia respiró hondo, y rogó al cielo que esto no fuese una mentira cruel, su estado mental no se recuperaría si todo fuese un engaño para sacar dinero a la gente. Pudo dormir sosegadamente durante toda la noche, pero en cuanto despertó, las dudas la atacaron sin piedad. ¿Realmente algo como eso, una tienda que puede conceder deseos, podía existir?, en el tiempo que llevaba viviendo como humana, jamás había escuchado ni visto publicidad sobre algo como eso, el concepto mismo parecía tan maravilloso, algo que cualquiera podría querer, ¿ y entonces por que no había, ni remotamente , rastro que le diese a creer que podría ser verdad?, en cuanto se levantó buscó en todas las revistas que tenían en la casa una señal, y realmente ofrecían cosas raras, como la predicción del futuro, o mil y un artefactos para encontrar el amor, o atraer la suerte, el dinero e incluso leyó que una mujer de nombre extraño ofrecía mantener a la persona amada eternamente junto a quien se lo pidiese, pero nada como: "Cumplimos deseos" , o algo parecido. Empezaba a desesperarse nuevamente, y enfurecerse, ¿Tan patética se veía el día anterior como para que buscasen engañarla? ¿Que ganaban jugando con los sentimientos de la gente de esa manera?
Cansada, triste y al borde del llanto nuevamente, se tendió boca arriba sobre los futones en su armario, buscando calmarse un poco. Atrapado entre la palma de su mano estaba el ya arrugado papel que le había dado aquel muchacho. Si había que algo que Rukia no podía entender en todo esto, más que la desconcertante idea de que los deseos podían ser cumplidos en una tienda, era ése muchacho. Mientras hablaron, Rukia ni siquiera dudó que lo que él decía podía no ser cierto, por que en sus ojos podía ver sinceridad, aún en recuerdos lo hacía. Esa era aún la razón por la que no había descartado la idea del todo, por que creía en ese muchacho del cual ni siquiera sabía el nombre, quería creer en él. O quizás tan solo buscaba desesperadamente esperanza.
Es por eso que tomó una decisión; Iría, a pesar de todo lo dudosa que podía ser esa situación. Era mejor no avisar a nadie por muchas razones obvias, y así el daño se reduciría a cero en caso de que sólo fuese un engaño. Era mejor que nada, que esperar de la nada un despertar que ahora parecía tan imposible. Era por Ichigo, que no había dudado en tomar decisiones arriesgadas para salvarla, a comparación de eso, ¿qué era lo que podía temer, o perder?.
Nada, ya no había absolutamente nada más que perder.
Decidida a todo, se vistió y salió de la casa de los Kurosaki antes de que despertaran, con la mano derecha fuertemente cerrada alrededor del paraguas y con la izquierda sujeta al papel con el mapa , que aunque escrito a mano, era bastante preciso. Después de revisar un poco se dio cuenta de algo realmente curioso; el mapa le decía como dirigirse a la tienda teniendo como punto de partida el lugar exacto en el que ella y el muchacho de los ojos impares se habían encontrado; el parque, más exactamente en los columpios. Un escalofrío recorrió su espalda, y se obligó a no pensar en el significado de su nuevo descubrimiento. Ya tendría tiempo de sobra para ello.
El primer paso era llegar de vuelta a aquel parque, lo que le costó un poco, considerando que la tarde anterior estaba tan distraída que ni siquiera se había fijado por donde caminaba. Eran cerca de las ocho de la mañana cuando al fin pudo encontrarlo, el resto fue fácil con la ayuda de el mapa. El muchacho tenía razón, eran al menos dos viajes largos en tren para poder llegar hasta el lugar, el primero era casi de una hora y media, el segundo era mas reducido, sólo una hora. Tal vez no había sido tan buena idea salir de la casa de los Kurosaki sin haber dicho nada, al fin y al cabo podía dar cualquier excusa, ni modo, ya no había marcha atrás. Compró el boleto del primer tren, anunciando cuanto se aburriría en el viaje tan largo que le esperaba, le gustaba viajar, pero ahora no se sentía muy animada que digamos.
El asiento que reservó al lado de la ventana era cómodo, y de estar cansada se habría dormido en seguida, pero al haber
dormido tan bien la noche anterior y al estar su cabeza tan llena de pensamientos, recuerdos y preguntas, era no era una posibilidad. Estaba preocupada, no había dejado de estarlo desde que Orihime desapareció y con el tiempo esa preocupación había crecido alarmantemente, y cuando uno se encuentra en ése estado era fácil poder recordar aquello que no se quería...
La batalla había durado días, mucho sufrimiento y sangre. Cada quién había dado lo mejor de sí, y en algunos casos, con éxito de parte de la soul society; los espada habían sido casi reducidos, con la excepción de Grimjow que después de la batalla con Ichigo había desaparecido sin dejar rastro tras de si. Los enemigos había sido casi extinguidos, pero el mas peligroso seguía aún ahí, tan cerca de lograr su objetivo que nadie podía bajar la guardia, ni por un segundo. Aizen Sousuke seguía con vida, y con muy buena salud por cierto.
En parte era fácil entender que había mandado a sus subordinados uno por uno como escudos para que él llegase sano y salvo al territorio del rey Shinigami, Manipulador como era. Unos cálculos habían salido un poco errados, en el ultimo segundo a Tousen parecía haberle dado un ataque incomprensible de moral sobre lo que era justicia, y Aizen se vio forzado a acabar con él antes de que se volviera una verdadera molestia y obstáculo para sus objetivos, lo cuál fue fácil considerando su estado mental, y algunos espada no habían durado todo el tiempo que deberían en batalla. El resultado era que se hubiese quedado sin escudos antes de que el sacrificio para la llave del rey estuviese hecho, pero ahí estaba él, suspendido en el aire, con la mirada llena de satisfacción y con la inmaculada ropa blanca ondeando a contra viento. Su aspecto distaba mucho de verse preocupado, o rendido, esa irritante sonrisa en su rostro lo confirmaba.
En tierra firme, Rukia y los demás no podían más que observar preocupados. Puede que a Aizen se le acabaran los guardaespaldas, pero quedaba él mismo y eso era buena razón para que la batalla aun estuviera lejos de acabar. Los capitanes estaban exhaustos, o extremadamente heridos, o inconscientes, y no quedaba nadie que realmente pudiese hacer frente a Aizen, que seguía tranquilamente con los preparativos para la construcción de la llave sobre la indefensa Karakura. Ichigo era el que quedaba, aunque su estado no era el idóneo. Orihime había hecho lo que podía para sanar las heridas del pelinaranja, pero el constante desgaste sobre su energía a lo largo de la batalla habían terminado por reducir su poder considerablemente, y eso, sumado a las cuantiosas batallas de las que Ichigo había sido partícipe, Dejaban a un muy agotado Shinigami sustituto.
Pero ahí seguía él, tan cabeza dura como siempre, tan absurdamente valiente que a Rukia le daba ganas de usar alguna técnica de kidoh contra él para mantenerlo seguro, a su lado. Su corazón latía tan fuerte contra su pecho, y podía sentir aflorar nuevamente el miedo dentro de ella. Era un alivio enorme poder verlo en cada espacio entre pelea y pelea, una sensación tan cálida y serena que sólo podía compararse con el nudo en el estomago que se formaba al sentir un nuevo enemigo venir, y en su incapacidad para manejar toda aquella ola de sentimientos le gritaba cosas sin sentido, y recibía gritos de su parte también, pelearse entre ellos había sido un a formar de tratar de quitar la tensión.
Ése cabrón me lo debe —
Rukia le miró sin entenderle mientras Orihime acaba el poco reiatsu que le quedaba en prepararlo para la batalla, de repente el desvió la mirada.
Después de haberme esforzado tanto en salvarte, va ése maldito y por poco te mata para conseguir el hogyukoh—
En ése momento, Rukia pudo sentir algo dentro suyo saltar con fuerza mientras observaba a Ichigo. Algo fuerte, que
no era precisamente agradable, mas bien como una punzada, una advertencia, y una frase se formó dentro de su mente de inmediato, cerró sus labios con fuerza para no dejarla salir.
Si acabo con ése bastardo mi sueño se habrá hecho realidad —
Su cálida mirada aún estaba desviada, perdida entre las calles de la ciudad.
Yo habré sido capaz de proteger a un montón de gente, al fin podré sentir que mi poder es suficiente...—
Y luego añadió en tono bajito, esperando que ella no lo escuchara.
Y la lluvia no podrá volver a caer jamás —
Pero Rukia lo escuchó, y sonrió a pesar de que todo su cuerpo sintió un escalofrío profundo. La frase entre sus labios aún luchaba por salir. La suave voz de Orihime los sacó de su conversación, se veía cansada, había llegado a su límite. Ichigo le ofreció una sonrisa como agradecimiento, tomó su Zampakuto y se preparó para ir por Aizen. Ishida, Chad y Renji le recordaron que habían hecho una promesa, que debían todos volver a la sala de Las Noches con Orihime, Ichigo se burló un poco para tratar de romper la tensa atmósfera, y volviendo a su seño fruncido le dedicó una ultima mirada a Rukia, incapaz de despedirse, y ella le devolvió la mirada.
Y aún en el ultimo segundo, Rukia no dijo nada. Sólo siguió a Ichigo con la mirada hasta que el estuvo cara a cara con un siempre tranquilo Aizen, y fue cuando se convenció de que Ichigo no podía oírla, así que dejó escapar la frase, en un tono incluso más bajo del que él había usado minutos atrás.
"Por favor, no vayas"
El sonido del tren deteniéndose y el barullo de la gente a su alrededor la sacó de una manera brusca de sus memorias, el tiempo se había pasado volando y ya había llegado al primer puerto, se apresuró a salir y guiándose siempre por su buen mapa llegó al andén del próximo tren, aunque faltaban aún quince minutos antes de que partiese. Alcanzó a comprar el boleto y una revista, decidida a no recordar más sobre aquel funesto día.
Aquella ciudad era pequeña y agradable. A diferencia de Karakura el sol brillaba en un hermoso cielo azul y en el aire flotaba cierto perfume agradable, un tanto embriagador. En seguida se sintió sofocada por la chaqueta que había traído consigo no esperaba tal cambio de temperatura, era agradable en cierta manera, como una señal de buena fortuna que hacía mucho tiempo que no veía y logró darle un poco de optimismo. Volvió a hacer uso de su ya arrugado mapa hecho a mano para encaminarse y un poco vacilante siguió el sendero que éste le marcaba, no había conocido otra parte del mundo humano que no fuera Karakura, así que se distrajo un poco observando las ligeras diferencias entre una ciudad y otra. Eran cerca de las 12:00 del día cuando pudo llegar sin mucha novedad a la calle en la que la tienda estaba situada, según el mapa.
En definitiva, la casa más extraña que había visto en su vida. La fachada de la casa era de un color poco tradicional, un morado apagado. La estructura de la casa mezclaba aires occidentales y japoneses en una extraña combinación, sobre el techo se veía grande una veleta en forma de media luna dorada, igual que los adornos en el portal. En el jardín varios árboles de cerezo en flor se dejaban ver en todo su esplendor y por los grandes ventanales se podía ver una sala agradablemente amueblada. Aún siendo una casa realmente extraña, era de algún modo acogedora.
Rukia no dudó que aquella fuera el lugar al que el mapa la guiaba, pero por las dudas buscó algún letrero en el que su idea fuese confirmada, pero no había nada, de hecho, pasó algo muy raro mientras se decidía a entrar: de repente apareció un grupo crecido de turistas que sacaban fotos a diestra y siniestra sin pensar demasiado hacía donde dirigían la lente de su cámara, pero al pasar frente a la casa, que era mas que digna de ser retratada que todo lo que había en por esa calle, la ignoraron por completo, como si fuese invisible o no estuviese ahí. Rukia se quedó perpleja ante la actitud de los turistas, que sólo lograron aumentar su desasosiego. Suspiró cansada, llenó sus pulmones con aire y se recordó mentalmente que no le quedaba mas que perder mientras movía su cuerpo para pasar por aquel portal, pero a penas puso un pie dentro de aquel terreno le sobrevino un extraño mareo y sintió como súbitamente el aire se llenaba de un reiatsu por demás extraño, mezclado con un aroma a tabaco, dio la vuelta y observó como el mundo afuera del terreno seguía siendo el mismo, pero que algo definitivamente había cambiado en el ambiente, como si de repente se hubiese transportado sin saberlo a otro lugar completamente distinto, delante de ella la casa seguía siendo la misma que había visto antes de entrar.
Un tanto intimidada, echó de menos a Shirayuki que aún estaba recuperándose de su última batalla y se adelantó hacía la puerta principal de la casa, que golpeó suavemente unas campanillas colocadas para dar aviso que alguien había llegado. Desde el fondo una voz conocida le pidió que esperase. El aroma a tabaco se intensificó un poco mas que en el jardín, pero no llegaba a ser molesto.
Bienvenida —
Con una ligera reverencia el muchacho de ojos singulares apareció frente a ella, reconociéndola. Rukia respondió la
reverencia a modo de saludo, no muy segura de que decir. El que él estuviese ahí era una buena señal.
Me alegra que se halla decidido a venir, por favor pase —
La llevó hasta la sala que había visto a través de los ventanales y le pidió que se pusiese cómoda mientras se perdía detrás de
una puerta. Rukia se sentó cerca de la mesa redonda en el centro de la sala y observó su entorno, un lugar acogedor a la par que algo vacío. En seguida el muchacho apareció con dos tazas de té. Sólo sirvió una para ella, la otra la dejó en el puesto en el que se supone debía ocupar otra persona.
Lamento hacerla esperar, pero Yuuko-san no se encuentra en casa en éstos momentos. Pero por favor si usted fuera tan amable de esperar, estoy seguro que ella llegará en unos pocos minutos —
Gracias por ser tan amable, esperaré con gusto —
En un ambiente así, a Rukia se le perdió un poco la inseguridad que antes tenía. Recordando finalmente que no sabia el
nombre de aquel muchacho se lo preguntó. Su nombre era Watanuki Kimihiro, y ella se presentó igualmente. Por hacer conversación ella le preguntó cómo es que había terminado trabajando en ése lugar, a lo que por respuesta recibió algunos gruñidos poco entendibles y algunos movimientos extraños de brazos, que le causaron algo de gracia. Aunque después recibió una verdadera respuesta.
Trabajo aquí hasta poder pagar el precio de mi deseo —
¿Es tan caro tu deseo?— preguntó Rukia, pensando súbitamente que no había traído una cantidad de dinero excesiva
consigo. De repente reflexionó sobre que realmente no había pensado en que era una tienda y que tendría que pagar un precio por su deseo, Sintió como le subía la sangre a la cara por ser tan despistada.
Bueno, Esta es realmente una tienda que puede conceder deseos, pero no es con dinero que se paga el precio —
Rukia lo miró confundida, ¿No pagar dinero?, entonces ¿cuál era el precio?. Watanuki volvió a comprender que no
explicaba las cosas con claridad y que tenía que hacerlo mejor, pero después de varios minutos tratando de explicarse sin buenos resultados, soltó un poco rendido:
Sólo Yuuko-san puede cumplir los deseos, y por eso sólo ella puede pedir el precio. —
Ella entendió que era mejor de lado el tema del precio por ahora. Para poder romper el silencio, Rukia preguntó como es que él había llegado a encontrar la tienda, a lo que Watanuki respondió:
Bueno, estaba tratando de huir y sin querer llegué aquí y conocí a Yuuko-San, fue como una coincidencia...—
Las coincidencias no existen —
La voz de Watanuki fue interrumpida por una voz femenina que venía desde la puerta de la habitación. Rukia dio la vuelta,
sintiendo un nuevo reiatsu, muy fuerte, y aún mas raro que el que había sentido al llegar al lugar. Encontró a una mujer de largo cabello negro, piel muy blanca y mirada seria. Era una mujer muy bella, y sus ojos tenían un brillo de inteligencia y misterio, llevaba puesto un vestido negro de escote pronunciado adornado con mariposas de distintos colores. Era fácil ver y sentir que era alguien muy influyente y poderosa, Rukia entendió de inmediato que era a ella a quien había estado esperando. Se podía respirar un aire de respeto en torno a ella.
Las coincidencias no existen, — volvió a repetir — Sólo aquello que es inevitable.—
Rukia se levantó de su silla y saludó amablemente, La mujer, a la que reconoció por la Yuuko-san de la que Watanuki
hablaba, se quedó observándola por un buen rato, cómo reconociéndola. Luego, con voz misteriosa y una sonrisa enigmática, añadió:
Eres la Primera Shinigami que se pasa por aquí desde hace mucho tiempo —
Sigue en el capitulo tres...
OK, ante todo debo pedir disculpas por haberme tardado tanto en haber subido el segundo cap, y sólo diré en mi defensa que la semana aniversario de mi carrera en la U fue buena causante de ello (piedad, piedad), la feria gastronómica fue agotadora, pero al menos gane el segundo lugar... (sé que no tiene nada que ver, pero me gusta decirlo XDD).
En recompensa por ser pacientes, juro solemnemente actualizar éste fic cada semana, todos los lunes o a mas tardar los martes, le buena noticia es que no tengo planeado que este fic dure mas de seis capítulos a lo mucho. Y si no están decepcionado/as con éste cap que realmente me costo escribir, espero que lo sigan leyendo y me dejen en un review para ver que tal esta.
Y por ultimo, pero incluso más importante que todo lo demás. ¡MUCHISISIMAS GRACIAS POR LOS REVIEW!, no saben el alivio que sentí al leerlos y ver que si les gustó, fue quitarme un peso de encima (por que realmente no quiero poner atención en clases XDD) Pero en serio me han dado ánimos para continuar, y espero no haberlos decepcionado con éste capitulo. Os quiero desde la distancia, y espero que se les cumpla un deseo por review XD.
¿Qué es lo que tendrá que sacrificar Rukia por tener de vuelta al viejo Ichigo? La respuesta en el próximo capitulo... o no... ¡esto se está poniendo peludo! (regionalismo... mejor no me hagan caso XD).
Bye-be!!
