DIARIO DEL ÚLTIMO ENCUENTRO (2ª parte)
PENSAMIENTOS DE LA DR. TEMPERANCE BRENAN
Ignorando los dolores que recorren por entero mi cuerpo debo centrarme en lo que me rodea, permanecer con la mente ocupada o no creo que pueda lidiar completamente con la situación.
Los hechos son los siguientes:
Llevo más de 10 horas atada de pies y manos a lo que parece una cama antigua de hierro forjado, las sábanas huelen a amoniaco y por la oscuridad de la habitación me es imposible determinar si hay más muebles u objetos a mi alrededor. Una mordaza cubre mi boca y puedo decir que estoy casi desnuda, ha escepción del sujetador y una pieza de tela áspera que cubre la parte baja de mi cuerpo. Creo que tengo un par de costillas rotas y diversas magulladuras en el rostro y el torso, debió ser durante el forcejeo en mi apartamento
Al asesino no le interesa acabar con mi vida inmediatamente, por lo que he podido comprobar, desea... desea satisfacer algún tipo de fantasía previa a terminar con la vida de la victima, lo que podría explicar los lazos de raso del cabecero y los pies de la cama y los ramos de margaritas atados a ellos, ¿quizas imitando a algún tipo de tálamo nupcial?. A lo único que me conduce todo esto es a imaginar que quizás disponga de 24 horas más, 48 con suerte.
Por el momento al sujeto homicida sólo se ha limitado a observarme mientras me hacía la incosciente, posteriormente y aunque he intentado resistime, me ha desnudado y con un cuchillo fino y pequeño ha realizado diversos cortes simétricos en mis brazos y mis muslos. Las heridas son superficiales y no tan importantes como para matarme, parece que busca mantenerme lo suficientemente débil impidiendome así cualquier intento de escapar. Me temo que desea que permanezca todo lo entera que sea posible, sin fracturas demasiado graves. Los finos regueros de sangre se han quedado secos sobre mi piel y también sobre la cama, el olor acre de la sangre se mezcla con el del amoniaco.
No puedo determinar la edad del atacante, ni ninguno de sus principales rasgos porque siempre que ha aparecido, lo ha hecho completamente cubierto, incluidos cara y manos, sin embargo puedo decir que se trata de un varon de ojos azules y 1.85 de estatura apróximadamente, debió sufrir una lesión en su juventud que le fracturó la cadera porque su descompesión es claramente evidente.
La puerta se encuentra al fondo a la derecha pero cuando accede al habitáculo las luces del lugar de procedencia también estan apagadas y por lo tanto no es mucha la información que se deduce del entorno. Tengo la certeza de que volverá pronto a la habitación porque acude cada 30 minutos a comprobar mi estado, si me nota demasiado activa realiza más cortes sobre mi piel, en la última ocasión también en las plantas de mis pies. De modo que procuraré estar quieta, es lo más lógico si quiero que deje de realizar los cortes. Y de verdad deseo que pare...
El dolor es insoportable.
¿Porque?.
La angustía me corroe por dentro.
¡POR FAVOR!
El dolor... no puedo pensar en él, no debo, debo... debo alejarlo de mi mente. ¡El dolor!
Sólo puedo pensar en si lograré salir de aquí... Booth, sólo puedo pensar en... ¡por favor, Booth!
He de concentrar mi mente... pensar en aquello en lo que estoy segura, aquello que sé sin dudas sobre todas las cosas. Dejar que mi cerebro fluya sobre hechos irrefutables, vencer con la mente sobre materia... sobre mi materia, sólo es sangre y piel, sólo... sólo sangre. ¡Vamos, concéntrate Temperance!, ¿que es lo que sé?, ¿cuales son las únicas cosas sobre las que no dudo?... Sé que la ciencia siempre tiene una explicación plausible, sé que se pueden controlar los impulsos concentrando la línea del pensamiento, y sé... y sé... sé que Booth jamás se rendirá.
Si él no se rinde yo tampoco. Acabe como acabe esto, él dará conmigo tarde o temprano, si yo... si... muero, ese bastardo no tardará en hacerlo también, Booth no le permitirá seguir con vida. Sólo... sólo desearía volver a ver sus ojos... una vez más... marrones... marrones y tan cálidos. La inconsciencia va a vencerme... oigo la puerta de esta maldita habitación.
SEPTIEMBRE DIARIO DE S.BOOTH
Ya no me queda nadie en todo el edificio Hoover a quien gritar, a eso de las 16.30 de la tarde desesperado me he marchado del Jeffersonian por instancias de Cam, que insistía en que su equipo trabajaría mejor, sin mi presionandolos por detrás y exhortando al aire todo el tiempo por tener noticias sobre Huesos.
Antes de marcharme de allí, aun he tenido que soportar un sermón de Angela.
Que no halla malentendidos, aprecio a Ángela, en serio, pero su argumento de "nosotros también la queremos y lo estamos pasando mal" no me sirve. Ella es su mejor amiga y la aprecia, el resto son sus colegas y amigos y sienten su perdida. Pero para mi... para mi, es algo más importante, y aunque aun no esté preparado para clasificarlo en ningún apartado sobre relaciones, se de sobras que el dolor que me atenaza no puede ser comprendido por ellos, aun cuando ponen todas sus buenas intenciones en ello, como Angela.
Cuando he llegado a la oficina las cosas no han mejorado, el equipo de expertos que lleva las conexiones del asesino con el mundo del narcotráfico no ha avanzado nada. Y tengo una corazonada, un pálpito que me dice que ese maldito bastardo asesino de chicas inocentes, es el mismo que tiene a Temperance, y por eso mismo me siento todavía más impotente.
Charlie, el compañero de la oficina, ha huido de mi lado al tercer o cuarto grito. Y la segunda vez que he llamado a Teresa para pedirle los informes de balística, sobre los casquillos encontrados en casa de Huesos, Cullen ha asomado la cabeza y me ha llamado a su despacho.
Nunca había visto en la mirada de mi jefe ese deje de compasión o de pena, no al menos dirijido hacia mi. Creo que comprende más de lo que deseo admitir que todo esto me está desquiciando. Pero al margen de esa comprensión, la bronca que he tenido que aguantar por mi comportamiento ha sido antológica, unos momentos después estaba camino de mi casa obligado por Cullen. Me ha prometido mantenerme completamente informado de los avances, no lo entiende, aunque quisiera me resulta imposible despejar la mente y quedarme sin hacer nada.
Así que aquí me encuentro, en la sala de estar de Huesos. Con mi libreta negra, sentado en su sofa, he inhalando lo que queda de su aroma sobre los cojines.
El corazón se me encoge cuando veo las manchas de sangre sobre la alfonbra, los chicos las han analizado y definitivamente son de ella.
Los agujeros de bala han destrozado la librería de la entrada, y a pesar del estado infernal del apartamento, este es el único sitio en el que me siento un poco más tranquilo. Creo que es porque así me creo un poco más cerca de ella. Aun sigo en shock por lo que leí en su PDA, hay tantas preguntas que debería hacerle, tanto sobre lo que tenemos que hablar, y sólo puedo pensar en que no voy a tener la oportunidad de hacerlo. De nuevo, como un niño, las lágrimas recorren mis mejillas, son 24 horas sin saber de su paradero y por primera vez en dos días creo que me voy a aventurar a dormir unas horas, en la cama de Huesos, respirando la fragancia de su champú sobre la almohada, pensando que será de ella y si todavía queda esperanza.
