Bueno llegamos con el siguiente capítulo de mi fic, el final se aproxima de modo que falta muy poco para el desenlace gracias atodas por vuestros rew y los animos fantásticos que me estais brindando, lourdes, kate, lyra, jarofhoney, miradiel, delire y navelainen, sois las mejores gracias, este capítulo os lo dedico a todas vosotras.
Un saludo SIBI
DIARIO DEL ÚLTIMO ENCUENTRO (6ª parte)
PENSAMIENTOS DEL AGENTE ESPECIAL S. BOOTH
¿Como tan sólo media hora de trayecto puede hacerse tan condenadamente larga?. Detrás de nosotros va el equipo encubierto de los swat y otro equipo táctico ya ha llegado a la zona para reconocer el terreno e idear el plan de acción. A pesar de ello, nosotros tendremos el extraño honor de ser los primeros en entrar al edificio.
Ese cerdo lo tenía todo bien montado, es un edificio entero que aparentemente está abandonado, al que se accede por una puerta oculta en el interior del edificio colindante. Aunque el exterior parezca viejo y deteriorado, todo la parte interna de la estructura esta completamente reformada. Según las lecturas térmicas, que nos ha enviado el equipo táctico, la zona que nos interesa esta en el segundo sótano, el resto son dependencias que ese loco cabrón usaba como domicilio. Aunque con tantas habitaciones no puedo evitar el preguntarme que uso le daría ha tanto espacio, ¡cerdo!.
Lo que más me repugna de todo es que los altos dirigentes de la "Cúpula" conocían sobradamente las "aficiones" de Ramírez, su pequeño y oscuro secreto. E incluso, por lo que hemos podido averiguar, han llegado a suministrarle chicas en más de una ocasión. Lo que significa que el número de victimas de ese enfermo probablemente sea el doble del que conocemos. ¿Cuantas chicas anónimas habrán muerto a sus manos?.
Esos malditos narcotraficantes no tenían suficiente con envenenar a la gente con su mercancía, sino que también eran la tapadera de un asesino infecto, y todo por que les era útil en sus contactos con Estados Unidos, el dinero que les hacía ganar compraba de sobra sus almas y cerraron los ojos ante las atrocidades que cometía. Yo he visto las fichas de los casos, lo que les ha llegado a hacer a esas chicas sólo podía gestarse en la mente de un loco enfermo.
Según el informe de los chicos de antidrogas, Ramírez era el encargado de contactar con los posibles compradores y él mismo en persona llevaba a termino las transacciones, lo dicho demasiada pasta en juego como para que la "Cúpula" detuviese sus actividades extracurriculares. No veo la hora de ponerle la mano encima a ese cabrón.
La ira, a pesar de haber conseguido contenerla un poco después de el altercado de la sala de interrogatorios con la cucaracha, todavía me coge por sorpresa por su intensidad, por lo mucho que deseo acabar con la vida de aquel que esta haciendo sufrir a la gente que quiero. Pero además me he dado cuenta también de que tras la ira se esconde otro sentimiento mucho más peligroso y dificil de admitir, el miedo. Miedo porque no se si voy a ser capaz de llegar a tiempo, miedo por la posibilidad de fallarle a Huesos... pero sobre todo, miedo a perderla y no poder decirle jamás todo esto que me quema en la garganta. Un montón de discursos muertos antes de empezar, razones lógicas y también sin sentido, más que nada sentimientos que desearía por encima de cualquier cosa que ella conociese y compartiese.
¡Dios por favor, permíteme llegar a tiempo!, permiteme mantener mi promesa, deja que pueda estrecharla entre mis brazos con vida una vez más.
PENSAMIENTOS DE LA DR. TEMPERANCE BRENAN
Esta vez el despertar ha sido diferente, el dolor me atenazaba más que nunca y por primera vez en tres días he abandonado la posición recostada y esa odiosa habitación. No puedo decir que no me alegre no tener que ver ni oler más ese pútrido colchón.
Sin embargo dudo mucho que los cambios sean para mejor, ahora me encuentro esposada por las muñecas a una ancha y fuerte argolla de metal, en el interior de lo que parece un tanque industrial de acero, como los que usan en las fábricas para mezclar líquidos y diverso material.
La debilidad que me acompaña no me permite ponerme en pie. Las piernas no me sostienen y las heridas y cortes de la planta de los pies pinchan como agujas cuando intento incorporarme.
Aunque mi condición de desnudez a desaparecido, a través de un desvencijado vestido, que en origen debio ser blanco, una tela más que aspera por cientos de lavados con lejia (a la que todavía huele un poco) y que me cubre ahora, de modo que el frío a mi alrededor se hace menos insoportable.
La estancia debe estar refrigerada como una cámara de congelados, porque la temperatura es demasiado baja para ser normal. Lo peor de esta temperatura es que hace que mis heridas se sequen y tiren, soy consciente de un modo aterrador y doloroso de toda la piel de mi cuerpo.
Enormes manchas rojas salpican la raida tela amarillenta del vestido, son fruto de la única vez que he intentado ponerme de pie, pues al caer de golpe por la debilidad de mi estado, se han abierto la gran mayoria de los cortes de mis piernas, dejando a su paso una marca imborrable en la tela. Esta es sin duda la más triste de las mortajas.
La argolla sujeta firmemente mis manos por encima de la línea de mi cabeza, y en otras circunstancias, si lograse levantarme, haría el esfuerzo por quitar la mordaza que llevo en la boca hace tanto tiempo que se confunde con mi propia piel, pero no tengo fuerzas para seguir luchando.
Cuando ya creía que nada podía ser peor que todo aquello, un líquido cristalino ha comenzado a caer, como una suave cascada por una de las paredes del tanque. Cuando he alzado la vista he divisado el extremo de una tuberia, sin duda el culpable de mi nuevo compañero en aquella fría prisión de acero. Un repentino conocimiento de lo que se trata me deja nuevamente paralizada.
El líquiso comienza ha ascender, quemando y abrasando mi piel como puro fuego. Es alcohol puro, que quema en todas y cada una de las heridas de mi cuerpo, en cada insignificante corte que ese maníaco a marcado metódicamente sobre mi piel. Si sigue ascendiendo a esta velocidad las consecuencias no serán tan sólo este horrible dolor que me atenaza o los mareos que comienzo a sentir por los vapores, quemara mis ojos y me dejará ciega primero, dejará completamente secas y obstruidas mis fosas nasales y la boca, y finalmente moriré ahogada en un líquido que primero abrasará concienzudamente mis pulmones. Un nuevo sollozo de impotencia asalta mi garganta, y con el peor sufrimiento de mi existencia logro ponerme en pie, alargando así un poco más el tiempo de mi agonía.
¿Es que no he padecido ya suficiente?.
La suave luz de varios tubos de neón morados ilumina la estancia, y me doy cuenta por vez primera en todo este rato, que esa luz es la primera que puedo observar en días. Paradojicamente casi me parece hermosa.
Con cuidado retiro la mordaza de mi boca, aunque no se para que, porque el eco de las salpicaduras del líquido se extiende por la habitación, revelando que de nuevo me encuentro sola. Una vez más en mi vida, la soledad es la pauta que me marca.
Aunque si he de decidir que es lo más exasperante, lo más extenuante he imposible de soportar de toda esta situación, sin duda sólo puedo pensar en que por encima del sonido del alcohol llenando el tanque, o el suave zumbido de los neones en la pared, las odiosas notas del claro de luna vuelven hasta mi, llenando la estancia con su sentencia de muerte.
