Título: Hide and Seek
Autor: Alguien que se parece a mi D:! habla como yo, viste como yo, se comporta como yo, etc. xD
Fandom: Animé » Katekyo Hitman Reborn!
Pairing: 7YL!Hibari Kyouya/7YL!Rokudou Mukuro (1869)
Género: ... no se... suspenso, aventura? xD -romance? D:-
Warnings: violencia
Rating: T? M? creo...
Summary: Cuando el cielo esta nublado en la tierra siempre se forma la niebla.
Disclaimer: Como un amor a Pete Wentz... simplemente no es mío (:
Hide and Seek
One-shot
(Word count: 2,514)
Hacía unos 5 minutos que kusakabe le había llevado su té de la tarde, té de hiervas con un poco de té negro. La mayoría de los tés de hierbas podían ser muy amargos, pero él no era un gran fanático de las cosas dulces y su principal subordinado lo sabía y, como era a esperar, lo respetaba y hacía como se fuese mandado, Por eso no le añadía endulzante.
Aunque el té ya estaba frío, él no lo había probado, de todas formas podía saber por el olor que estaba delicioso y por instinto que seguramente se sentiría algo así como un poco de hielo contra sus tibios labios. Por lo frío que seguro estaba.
No sabía por que hacía esto, dejar que su té se enfriara, si siempre le había gustado el té caliente, viendo como el vapor subía hasta introducirse en sus fosas nasales para obligarlo a tomar una bocanada del delicioso aroma y algunas veces nublarle la vista. No sabía desde cuando había comenzado a dejarlo enfriar, tampoco, lo único que sabía era que lo hacía sólo a veces.
No creía que fuese una mala costumbre, el líder del comité disciplinario no podía tener malas costumbres, por que de alguna forma eso violaba algunas reglas de conducta y, claro, eso era contra el comité. No podía violar las reglas que él mismo había escrito, aunque muchas reglas estuvieran hechas para romperse y él lo podía hacer, nadie se lo iba a impedir y nadie se opondría por que para lo que a él concernía... no había reglas que se adaptara a él...
Hibari Kyouya.
Cuando estuvo satisfecho con el tiempo malgastado mirando como la brisa hacía efectos de onda en la superficie del líquido que estaba en su taza decidió sacar sus manos de las grandes y anchas mangas de su yukata gris y tomó la taza de gruesa cerámica con sus dos manos, no antes de echar la parte de las manas del los brazos hacia atrás. Colocó el borde de la taza con delicadeza contra su labio inferior y levantó un poco el fondo con sus manos.
Tomó un trago.
Delicioso.
Lamió su labio inferior con lentitud y sonrió una vez más. Alejó la taza de su rostro y miró el líquido que estaba dentro otra vez.
Se quedó mirando fijamente hacia la taza, el liquido cambiando lentamente de color; primero a un color rosa pálido hasta que en un segundo aquello se había convertido en algo de color rojo intenso.
Con movimientos lentos levantó la taza una vez más y la colocó cerca de su boca, justo debajo de su nariz, respiró un olor pesado, metálico y enfermante -al menos de esta forma le parecía enfermante-, bajó la taza y miró a su alrededor: todo comenzó a cambiar, los pequeños árboles de sakura que estaban en grandes tarros se convirtieron en maleza, el piso de madera en tierra llena de larga y urticante hierva, las grandes columnas en largos árboles, el Guardián del Anillo de las Nubes desconocía los nombre de la mayoría, la vista de pared de papel decorado se convirtió en un sin fin de árboles, matorrales y el techo en un cielo raso que a penas se podía ver por el follaje de los árboles.
Hibari colocó la taza de lo que ahora parecía sangre en el suelo y se levantó, sacudiendo la falda de su yukata. No le gustaba pelear así pero no podía ver ninguna de sus ropas... y tonfas.
No que estuviese planeando pelear -claro-, sólo que debía estar preparado por si se ofrecía.
"Bueno, Kyou-chan," Se escuchó una voz en bajo tono, una sonrisa se podía escuchar en ella. "Como no quiero que estés indefenso, te voy a dar tus armas y ropa."
"Con mis tonfas esta bien, gracias" Dijo Hibari con calma. Demasiada.
"No quiero que andes por ahí en vestido." Volvió a decir la voz, esta vez riendo un poco.
"No es un vestido, idiota..."
"Parece..."
"Cállate."
"Valla, valla... de todas formas te dejo ropa."
Con eso una pequeña mesa apareció, sobre ella unos jeans -los cuales Hibari casi nunca usaba, no le gustaba esa tela-, una polera -tampoco demasiada usada-, y, como era obvio, sus tonfas.
Hibari suspiró, odiaba esa ropa; al él le gustaba vestir más formal, más elegante, no con esas cosas... "a la moda", prefería pelear -ó lo que fuese- en su ropa normal ó incluso en sus yukatas. Además, no quería desvestirse en esta... jungla ó lo que fuera.
El pelinegro miró a su alrededor para ver si había alguien mas, podía parecer algo paranoico pero a la misma vez tranquilo.
"Hibari, ya sabes que de todas formas voy a estar viendo." Murmuró la voz, riendo de esa forma representativa otra vez.
"Hentai."
El pelinegro sonrió un poco, una sonrisa algo macabra y de lado.
Tomó el extremo de la cinta que estaba alrededor de su cintura, era negra, en combinación con la yukata gris; la zafó y la dejó rodar por la tela de sobre sus caderas y piernas. Tomó las dos partes de la hendidura, izquierda y derecha, de la prenda tradicional de vestir y la dejó rodar por sus hombros. Con rapidez tomó los jeans y se los colocó, lo mismo hizo con la polera y debajo de todo había un ancho cinturón negro donde llevar sus tonfas, se lo puso y colocó las tonfas en sus respectivos lugares.
Miró a su alrededor una vez mas.
"Entonces, mukuro, ¿qué quieres?" Gruñó Hibari, mirando hacia adelante. "¿Qué mierda tengo que hacer para salir de aquí?"
"Kufufu, que temperamento, Kyou-chan." Dijo el otro. "Sólo tienes que encontrarme y... tratar de vencerme... si puedes."
Hibari Kyouya sonrió de forma triunfante, claro que lo iba a intentar y claro que podía. Obvio que lo iba a derrotar, le daría tal paliza que Rokudou se arrepentiría de haberlo retado a esto.
Rió un poco alto y tomó dirección sur, esperaba no encontrar muchos obstáculos para poder llegar lo más rápido posible a donde estaba Mukuro.
Diez minutos después seguía caminando y nada se había interpuesto entro él y su camino hacia su rival; cuando iba a pisar una pequeña piedra que había su pié resbaló en algo blando y miró hacia abajo, era una Cobra Real, esta abrió la boca dejando salir un sonido silbado y enseñando su par de largos colmillos. Cuando Hibari empuñó sus tonfas había cientos de ellas a sus pies, con instinto Hibari puso una tonfa en forma de defensa y la que estaba en ataque comenzó a girar, llevando limpiamente las cabezas de todas las serpientes que se interponían en su camino con el rápido movimiento de esta.
Cuando pudo alejarse del montón de alimañas mal-humoradas y colmilludas volvió la mirada al montón de largas figurar inanimadas, sin cabeza y apiladas., la cuales desaparecieron al parpadear, dejando en su lugar una gran variedad de objetos inanimados.
El líder de los prefectos miró a su alrededor y jadeó un poco, tenía sed, pero no podía divisar ningún lugar donde tomar un poco de agua.
Se pasó la mano por el cabello. Suspiró. Siguió caminando.
Sintió una pequeña picadura en la nuca y se pegó en el lugar, miró su mano y había una mancha roja en la piel, con otra más pequeña de color negro. Un mosquito. Le había estado picando en la nuca. Odiaba este lugar.
Suspiró y cuando iba a seguir caminando un gran animal saltó sobre él con estrépito y frialdad para tratar de arrancar la piel de su cuello. Hibari casi no tuvo tiempo de meter una de sus tonfas en medio y uno de los colmillos del grandioso animal le hizo una pequeña herida en el brazo lo que hizo que el joven hombre gimiera un poco de dolor.
Cayó con fuerza de espalda contra el suelo, levantando polvo con su peso y con el peso de la fiera contra su cuerpo. El animal empujaba sus grandes fauces contra la tonfa y el brazo de Hibari.
Con un sólo movimiento Hibari empujó el enorme felino de sobre él y le pegó con fuerza en la mandíbula y en la cabeza. El animal cerró los ojos y en su lugar quedó algo, un objeto extraño, inanimado. Hibari suspiró, ya se estaba cansando de los tontos juegos de Rokudou.
"Mukuro da la cara. Ya me cansé de tus jueguitos tonto." Exclamó Hibari con desgano.
"Kufufu, eres muy impaciente." Murmuró Rokudou Mukuro.
En un instante frente al pelinegro apareció una pared deteriorada y vieja, con un gran telón rojo y demasiado roto, parecía un escenario, justo en la tarima apareció de la nada un sofá doble, igual que en la pelea contra mukuro y su pequeña pandilla -el chico perro y el Kappa- en las instalaciones del colegio Kokuyou. Mukuro estaba sentado, con la espalda recostada en uno de los brazos de sofá, una enorme sonrisa en los labios, la pierna izquierda estirada y ambas piernas estaban separadas por un gran espacio entre ellas.
Hibari sonrió levemente.
Uhmm... Mukuro.
"¿Quieres jugar, Kyou-chan?"
Hibari hizo rodar los ojos pero sonrió, Rokudou era la única persona que lo hacía actuar de esta manera tan... bueno, diferente, hacía que sonriera aunque fuese simplemente por el calor de la batalla, lo hacía sentirse vivo y le gustaba que alguien lo pudiese pelear como Mukuro y amaba que fuese Mukuro y no otra persona.
Estaba seguro que no era nada cerca a amor, al menos eso se decía a si mismo, que sólo era un especie de fuerte atracción entre ambos y nada mas.
El japonés empuñó sus tonfas nuevamente y corrió hacia Mukuro con rapidez. Mukuro sonrió, tomó su tridente, y un poco antes de levantarse de su asiento el número en su ojo derecho cambió, de 3 a 5, y fácilmente bloqueó el ataque del otro con su arma. Sonrió.
"¿Esto es todo lo que tienes? No has avanzado nada, entonces..." Dijo Mukuro, se encogió de hombros y sonrió
"Te morderé hasta la muerte..."
Mukuro volvió a sonreír.
"¿Sabes? Las personas se cansan de que las muerdas." Dijo mukuro sonriendo. "Si muerdes te morderán a ti."
"No me importa que me quieran morder, la verdad." Respondió Hibari atacando al otro.
"Entonces, ¿puedo morderte?" Mukuro se echó hacia atrás, evitando el golpe. "Digo, no que tenga que preguntar. Sólo tengo que morderte."
"Inténtalo."
Hibari giró su tonfa derecha y lanzó un fuerte golpe al italiano, este intentó bloquearlo con el mango de su tridente pero con el contacto su arma voló de sus manos a una distancia de algunos 200 metros de ellos dos. Kyouya sonrió de oreja a oreja y empujó a Mukuro con fuerza por el pecho, usando sus tonfas.
El ilusionista gruñó por el golpe en su pecho y por la gran sorpresa de caer acostado en el sofá, pensó que caería de bruces al suelo.
El más fuerte de los guardianes Vongola sonrió de lado y los ganchos en sus tonfas brotaron en un segundo, bueno, sólo los de la derecha. Con la izquierda empujó mucho mas a Mukuro contra el sofá y colocó su rodilla derecha sobre el mueble, entre las piernas de Mukuro, y recargó su peso sobre la tonfa izquierda, colocó la tonfa derecha contra el cuello de peliazul, teniendo cuidado de no cortar la piel con algún gancho.
"OyaOya... eso duele." Dijo Mukuro cerrando un ojo. "Pero este juego ha sido divertido."
"Wao, ¿crees que soy un juguete y puedes manipularme como pieza de ajedrez?" Preguntó Hibari empujando la tonfa que estaba contra el pecho de Mukuro con mucha mas fuerza.
"Ugh... p-pues... si, Hibari Kyouya es mi juguete favorito, kufufu" Rokudou Mukuro sonrió de forma Amplia y sádica.
Hibari hizo una mueca sarcástica con los labios y empujó la tonfa que estaba contra la caja toráxica de Rokudou a tan punto que Mukuro gimió y respiró entrecortadamente, Hibari acercó su rostro al de Mukuro y sonrió de forma un tanto mas sádica que el italiano. Con un movimiento rápido Hibari levantó la tonfa que todo el tiempo estuvo en el cuello de Mukuro, la que tenía los pequeños picos por fuera y arrastró uno en dirección opuesta al mango sobre la mejilla de Mukuro haciendo una larga y no muy profunda herida, la cual se llenó de sangre al instante.
Mukuro cerró los ojos y no pudo evitar quejarse, la herida ardía demasiado y mucho mas cuando sintió la delgadez y humedad de la lengua de Kyouya lamer la sangre, se mordió el labio inferior un poco fuerte y apretó los puños.
"Ahora serás tu, quien será mi juguete."
Su sonrisa aun estaba presente mientras lamía un poco de la sangre de mukuro que había quedado en su labio inferior.
"Que gracioso, Kyou-chan." Dijo Mukuro comenzando a formar una sonrisa en su boca. "Pero... parece algo... interesante."
Hibari dejó caer su tonfa derecha al suelo y sujetó con fuerza el cabello de la parte de atrás de la cabeza del ilusionista, un poco más alto de donde comenzaba la cola que tenía hecha con el largo de su cabello. Empujó al Guardián de la Niebla por el cabello hacia si mismo hasta colisionar sus labios con los del otro aun apretando con fuerza el mechón de cabello que tenía entre sus dedos.
Fue un beso totalmente dominado por el pelinegro: empujando la cabeza de Mukuro hacia atrás, mordiendo sus labios, explorando el interior de la cavidad bucal de Rokudou con su lengua que aun tenía impregnado un suave sabor a sangre. Hibari se iba a asegurar de que Mukuro quedase sin aliento después de alejarse, que quedara pidiendo más y que supiese que él era quien mandaba y siempre mandaría...
Mukuro tembló cuando Hibari se alejó, comenzó a respirar a bocanadas de aire para poder llevar un poco a sus pulmones y miró a Hibari un segundo.
"¿Qué?" Preguntó Hibari y Mukuro sonrió otra vez, envolvió sus brazos en el cuello del pelinegro y lo haló hacia abajo uniendo sus labios una vez mas en un beso mas pasional, pero con la misma violencia que era representativa de ambos.
30 minutos después Hibari se comenzaba a colocar su polera y miró a su alrededor.
"Deshaz esto, quiero terminar mi té." Ordenó el Guardián de las Nubes.
Mukuro asintió y al próximo parpadeo todo estaba como antes, Hibari estaba sentado en el piso de madera de la habitación de estilo japonés, pero esta vez mucho mas lejos de su té y con la ropa que le había entregado Mukuro.
No había sido un sueño. Gracias a Dios que no había sido un sueño.
"Kufufu... fue divertido, Hibari-san" Dijo una voz que se iba desvaneciendo, Mukuro. "Espero poder volver a jugar contigo en un futuro muy, muy cercano. Nos vemos luego... Jefe."
Hibari sonrió, había logrado su cometido: que mukuro viese que él era quien estaba hecho para mandar en esta caótica y formante relación entre ambos y que siempre sería él quien mandase, por que sin nubes no hay niebla... Por que cuando el cielo esta nublado en la tierra siempre se forma la niebla.
End
