Ohayo, minna!!!
Atashi Hikaru, yoroshiku!!! Adoro escribir, el yaoi y el sasunaru (el narusasu también pero ese no es el punto ¬//¬). Por ironías del destino, el último fic de Naruto que empecé fue este y es el primero en ser publicado (¿?). Es sumamente tierno, lindo y romántico n.n, les aseguro que les gustará, es, a decir verdad, para todos los gustos. He leído tanto que me inspiré y decidí probar y escribir esto, que se me ocurrió una noche mientras trataba de dormir (ya sé, demasiado triste TT-TT). Me he obligado a terminarla (lamentablemente no del todo) por el único y exclusivo motivo de que, dadas las circunstancias, es el regalo de cumpleaños de una persona MUY querida por mí y es lo poco que puedo darle.
Viki, esto me mantuvo ocupada varias horas, pensando, organizando y escribiendo, exprimiéndome el cerebro por tratar de terminarlo y darte algo presentable que te gustara. Tómalo como regalo de cumpleaños y trataré de actualizarlo antes de que se acabe el año, lo cual dudo (trabajo, escuela y una falta ridículamente grande de tiempo u.ú).
Siendo como sea, les dejo las premisas y les agradecería que leyeran el resumen, que cambiará todos los capis, pero sobre todo, que no olviden las primeras líneas, son muy importantes y le darán un sentido especial al final de esta historia. Es corta pero llega al corazón. Cada frase en negrita y cursiva es algo así como un preludio a la escena, es como una mini recopilación de mini capítulos.
Disfrútenlo!!!
Título: Una historia de amor
Autora: Hikaru no Yami
Género: Romance, humor (un poquito), debe haber algo más, pero no sabría decirlo.
Advertencias: Tómenlas ustedes y (obvio!) Yaoi.
Sumary: Luego de muchos años aun guardan el miedo y el rencor, luego de mucho tiempo guardan silencio, luego de crecer se observan y descubren que no son los mismos. Recuerdos perdidos, emociones olvidadas, vidas encontradas... Aquí empieza una historia.
Nota importante:Varios capítulos ya están escritos, otros están dentro de mi cabeza y hay unos que pueden ayudarme ustedes dejando un review. Cualquier parecido con otro fic es mera coincidencia (hasta que recordé escribirlo!).
Disclaimer: Naruto no es mío, le pertenece a Masashi Kishimoto-sensei, a quien muy cordialmente le agradezco haber creado aesta historia, que me llegó al alma.
AVISO SUPER IMPORTANTE: Lo digo desde ya: R&R contestados en mi profile. Pásense a leer alguno de mis fics favoritos, les juro que tengo muy bueno motivos para que están ahí. Feliz cumple, Viki!!!!
-bla, bla, bla- Diálogo.
"bla, bla, bla" Mención de algo, ya sea un letrero o un sarcasmo.
"bla, bla bla"
Sentimientos encontrados. El inicio
Sin querer, sin saber, me enamoré de ti.
Era curioso como todo resultaba ahora. No podía evitar pensarlo, mientras veía por la ventana el cielo estrellado. Tantas estrellas a las que pedir un deseo... siempre se había preguntado cuál sería la correcta, cuál funcionaría realmente si, de veras, creyera en eso. Ya no era un chiquillo, ahora sabía cosas que antes no. Ahora era más sabio.
Las cosas se habían suscitado de forma interesante viéndolo en retrospectiva. Apoyó su frente en el frío cristal de la ventana, su reflejo le devolvió la mirada. Pronto sería hora de comer y realmente no tenía deseos de ver a nadie. Bueno, a nadie que no fuera cierta persona, pero ese era un secreto que esperaba haber guardado bien. Después de todo, no todos los días se descubría que se estaba enamorado.
Sí, resultaba tremendamente curioso.
El orfanato Konoha era un lugar bastante acogedor y agradable, por supuesto, nadie podía evitar que el rencor, la tristeza y la soledad se adueñaran de las jóvenes almas que, por cuestiones del infortunado destino, terminaban allí. Lamentablemente esos sentimientos venían incluidos con la cama y la habitación, pero la atmósfera familiar que reinaba allí era un grandioso bálsamo para todos los niños, por más edad que tuvieran.
Cierto día, hubo una terrible pelea entre dos chiquillos.
-¡ALTO! –gritó la potente voz de una mujer. Sólo ella fue capaz de calmarlos, por más que lo intentaron los otros maestros. La mujer, rubia, avanzó a zancadas hasta ellos y les soltó un fuerte puñetazo en la cabeza, casi dejándolos contra el suelo-. Vengan conmigo –ordenó luego-. ¡AHORA!
En vista de que los niños no le habían hecho el mínimo caso gritó tan fuerte como antes, para evitar que volvieran a lanzarse uno sobre otro, por lo que indicaban sus miradas. Se levantaron solitos y la siguieron dentro de la vieja casa, hasta un amplio cuarto con varias camas alineadas y cortinas del mismo blanco que las sábanas separándolas. El olor a remedios hizo que arrugaran la nariz. La mujer los guió con su imponente andar hasta una de las primeras camas, donde se subieron sin ayuda y mucha dificultad.
-Shizune, tráeme unas gasas y alcohol –le dijo a una chica que no aparentaba más de veinte años parada cerca de allí. Shizune llevó detrás de su oreja unos cuantos cabellos cortos y asintió.
-Cómo ordene, Tsunade-sama.
Tsunade no la miró, fija en la expresión de pánico que se adueñó de las facciones del más pequeño, cuyos cabellos eran rubios como los de ella. Con las manos en la cintura, el ceño fruncido y los carnosos y rojos labios apretados se dirigió a ellos antes de que volviera la muchacha.
-¿Se puede saber en qué estaban pensando? Les diré, no pensaron –contestó dos segundos después, con rudeza-. A ver, qué pasó exactamente.
-¡Fue su culpa, Tsunade-obbachan! –gritó el pequeño rubio, señalando acusadoramente al niño a su derecha y causando que la nombrada cerrara los puños peligrosamente-. Dijo cosas muy feas.
-¿Qué dijiste? –le preguntó al chico, que no había hablado ni movido una sola vez desde que estuvo sentado, ni siquiera a la mención de la palabra alcohol. En ese momento regresó Shizune con lo que le habían pedido-. Gracias. Por favor, reúne a Hatake, Umino y al otro inepto en mi despacho, iré más tarde.
-A su orden –hizo una inclinación respetuosa con la cabeza y desapareció por las puertas corredizas de la enfermería. Tsunade se volvió a ellos.
-¿Y bien? –insistió. Los negros y fríos ojitos del otro le miraron por fin, tan vacíos como coléricos. Ella le devolvió la mirada, esperando a que hablara.
-¡Dijo que yo no...!
-¡Naruto, no te he dado permiso de hablar! –le reprendió antes siquiera de que acabara la frase. Naruto, el rubio, se encogió levemente asustado. Siendo francos, esa mujer le daba miedo-. Sigo esperando.
Hubo una larga pausa donde los ojos azules de Naruto viajaban de ella a su compañero, con evidentes deseos de hablar. Por fin, los finos y pálidos labios se despegaron y, con una vocecilla cargada de frialdad, hablaron:
-Dije que era un tonto, que no sabía nada y que este lugar es horrible –no pareció amedrentarse en lo más mínimo con la filosa mirada de la mujer sobre él y tampoco pareció arrepentido de decirlo.
-Ya veo –respondió tranquilamente ella para asombro y molestia del rubio-. Entonces no te gusta este lugar ni tus compañeros.
-No.
-¡Teme! –gritó molesto el más pequeño.
-Naruto –habló en son de advertencia Tsunade, sin apartar los ojos de los del niño-. Extiendan los brazos y apártense el cabello de la cara.
Los niños la obedecieron enseguida, uno indiferente y el otro con mueca de dolor. Tsunade mojó unas gasas con alcohol y empezó a pasarla por los múltiples raspones y morados en los bracitos y piernitas. Luego, con mucha delicadeza, desinfectó las heridas en sus rostros.
-Naruto, no seas quejita –reprendió con una sonrisa burlona.
-Pero, obbachan –replicó-. No me gusta el alcohol.
-No me digas así. Tu eres el que te lo buscas, se te dice las veinticuatro horas del día que te quedes tranquilo pero tu nos desobedeces. La semana pasada te quemaste el brazo por armar escándalo en la cocina. Si sigues así un día tendremos que enyesarte la pierna, no lo dudes –Naruto hizo una mueca entre gracia y dolor.
-Entonces no vas a comprarme la patineta.
-Ni en un millón de años –respondió con una sonrisa. Un rato después, luego de haber firmado un libro junto a los nombres de los niños y haberles atendido debidamente abrió la puerta y los dejó salir-. Fuera, hoy y los próximos dos días, Naruto, sacarás la basura.
-¡Qué asco!
-Pues piénsalo mejor antes de andarte peleando. Tú, Sasuke, llevarás todos los platos a la cocina, desde la mesa de los mayores hasta la de los más pequeños –el niño llamado Sasuke frunció los labios y se encogió de hombros en un gesto claramente desdeñoso. Tsunade apenas se inmutó-. Eso es todo, vayan a jugar. Como me entere de que están peleando nuevamente tendremos problemas.
Refunfuñando, Naruto se alejó con dirección al patio, con los mofletes inflados. En cambio, Sasuke caminó en dirección a las habitaciones, con la mirada más seria de la que sería normal en un chico de esa edad y las manos en los bolsillos de sus pantalones. Tsunade los siguió con la mirada mientras se alejaban, luego suspiró y partió a su despacho.
Ambos pequeños cumplieron el castigo asignado y no se dirigieron la mirada durante todo ese tiempo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Tan diferente como nadie más. Dudaste, pero creí en ti.
-Hoy vamos a estudiar las partes de las flores y su fecundación. En sus escritorios tienen todos tres distintos tipos de flores: una margarita, una amapola y una simple flor de jardín –explicaba Iruka-sensei, en el bloque de biología, una semana después del altercado. Miraba a todos los chicos sentaditos sobre sus rodillas en los pequeños escritorios revisar interesados o aburridos las flores. Algunas niñas rieron y se las colocaron en el cabello. El joven profesor no pudo evitar sonreír al ver las distintas reacciones de sus alumnos, con su calidez de siempre. Se aclaró la garganta, llamando la atención hacia él-. Al final de la clase quiero que dibujen en sus cuadernos una de esas flores y señalen sus partes. Ahora tomen nota de lo que está escrito en el pizarrón para poder empezar.
Con un generalizado "sí" los niños tomaron sus lápices y empezaron a copiar lo que decía el pequeño pizarrón colgado justo detrás de Iruka. Luego, el maestro volvió a pararse frente a ellos y empezó a dar su primera clase de la mañana. La mayoría prestaba mucha atención, así que apenas tuvo que llamar al orden, contento de verlos tan interesados. Cuarenta minutos después, se sentó en la mesa de trabajo del lado izquierdo del salón para revisar unos papeles mientras sus pequeños, como él los llamaba, empezaban con la tarea que había mandado al iniciar la clase.
Unos brillantes ojitos azules observaban atentos los pausados movimientos de Sasuke, sentado un par de puestos más adelante. Casi no había prestado atención a las palabras de Iruka, repasando una y otra vez sus planes, tan nervioso que era imposible no estarse quieto.
Sasuke hacía girar el tallo de la amapola entre sus manos, sin ganas de dibujar nada. Al final suspiró silenciosamente y tomó el lápiz a un lado de su cuaderno e inició con los delicados y precisos trazos, comenzando su boceto de la flor. La mayoría de los pupitres tenían restos de la flor de jardín que Iruka había elegido para usar de ejemplo en su clase, dejándoles elegir entre las otras dos como elección propia. Había elegido la amapola, no porque le gustase, sino porque no quiso hacerle eso a la margarita. Realmente, no tenía una verdadera explicación.
Antes de salir, Iruka les pidió que mostraran sus dibujos y lo alabó mucho por su buen trabajo. Una vez lo dijo el maestro, todos salieron al recreo. Tomó sus cosas tranquilamente y se encaminó a la salida, en silencio como siempre.
Lo que estaba a punto de hacer le parecía una locura pero, según el psicótico de Deidara, era una excelente idea para poder arreglar aquello a lo que en un principio no le había encontrado solución por ser tan difícil. Con sus cosas bajo el brazo y la clave para que su plan tuviera éxito entre su mano derecha, siguió con varios traspiés a Sasuke, lo más rápido y sigilosamente que pudo. Lo vio cruzar una esquina y se apresuró a ir tras él.
-Anno... Etto... –escuchó que balbucearon detrás de él. Pensó que sería alguna de las mocosas que siempre lo seguían pero reconoció la voz un par de segundos después.
Naruto tragó duro, preguntándose si salir corriendo de allí se vería muy feo. Bueno, se dijo, al menos se dignó a voltear. Ahora Uchiha Sasuke le devolvía la mirada fija y fríamente, no era precisamente lo mejor para calmar sus nervios. Sacó la mano derecha de detrás de su espalda y, tras dudar unos instantes, le tendió lo que tenía en ella.
Una delgada ceja se alzó elegantemente en el rostro de Sasuke al ver la amapola que sostenían los deditos de Naruto, cuyo rostro se contraía en una graciosa mueca de seriedad nada acorde con su verdadera personalidad. De haber podido, hubiera reído. Pero se mantuvo serio.
-Yo... lo siento –dijo atropelladamente, cerrando con fuerza los párpados y alzando más la florcita-. Discúlpame por lo del otro día.
Ninguno se movió ni habló. Naruto no quería abrir los ojos, sentía que si lo hacía algo malo iba a pasar. Un suave olorcillo le obligó a hacerlo y, con asombro, descubrió los brillantes colores blancos y amarillos de una margarita. Parpadeó varias veces, queriendo saber si era verdad que Sasuke le ofrecía una flor. No, si era cierto y no ideas suyas que le colocaba una margarita en su cabello. De acuerdo, estaba seguro que no era un sueño, no tenía tanta cabeza para imaginar las partes de las flores y no creía que podía soñar con olores.
-Hn –con ese sonidito y un muy ligero tinte de resignación en sus ojos, Naruto sonrió, enternecido, ya que Sasuke también se estaba disculpando a su manera.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Nevaba, las heridas nunca habían dolido tanto. Y allí estabas tú.
Al principio, él había llegado albergando un terrible odio que, junto a la tristeza y el dolor, le habían endurecido cruel y rápidamente. Creó una muralla entre él y el mundo, para no ser herido nunca más, para que nadie lo lastimara ni se llevara su corazón.
Haber perdido a su familia entera fue un golpe muy duro, sin duda, pero con su máscara de frialdad intentaba aparentar que eso no era así. La verdad, no engañaba a nadie, pero eso él todavía no lo sabía. Aun con el sufrimiento demasiado palpable conoció a quien sería la persona más admirada por él.
Aquel día de invierno nevaba mucho. La mayoría de los chicos estaban dentro de la casa, en sus habitaciones o, algunos pocos, en clases. Él no tenía más clases por ese día y ya había cumplido sus quehaceres particulares. El frío era molesto, mas no insoportable. Se abrigó el cuello con una bufanda y sobre sus hombros tenía su única chaqueta para invierno. Salió a dar un paseo, quedarse encerrado no le apetecía en lo más mínimo.
Cuando su madre estaba viva solía dejarle jugar en la nieve y, al regresar tiritando y riendo, darle un chocolate caliente. Haber recordado algo tan lindo le daba una aplastante sensación de nostalgia que quería experimentar solo, así que fue al patio de atrás.
Vio el lugar ideal en el árbol desojado y lleno de nieve que dominaba a los demás, alto y viejo. Caminó hacia allí, con las manos en los bolsillos y las mejillas sonrosadas por el frío. Fue cuando, al mirar hacia arriba para encaramarse a algunas ramas, sus ojos chocaron con otros, igual de negros. Pronto el sonrojo fue más propio, aunque nunca lo quiso admitir, y lo que sucedió luego fue bastante confuso.
El ruido de la nieve cayendo, algunas hojas siendo agitadas, una sonrisa, un calor ajeno, una risilla.
-Tu eres Uchiha Sasuke-kun¿ne? –preguntó con la cabeza ladeada, viéndolo con interés.
-Hn –asintió, con la espalda recostada del tronco-. ¿Tu?
La chica le mostró otra de sus tiernas sonrisas, apartó unos largos cabellos azabaches de su rostro e hizo una corta reverencia, con su suave y dulce voz dijo:
-Watashi no namae Momochi Haku desu, yoroshiku.
¿Había escuchado bien? No, imposible. Miró de arriba abajo a la pequeña, no tendría más que su edad, el cabello le llegaba a los hombros, muy negro y muy liso; la piel tan o más pálida que la suya y los rasgos... Tenía un rostro muy lindo pero Haku era nombre de niño, entonces...
-¿Haku? –repitió incrédulo.
-Soy un niño –le confirmó amablemente, sin borrar la sonrisa, ahora un poco más divertida-. Está bien, siempre pasa.
-Humm...
-Lamento haber caído sobre ti, resbalé –repitió por tercera vez. Sasuke negó rápidamente con la cabeza, aun sorprendido por tal descubrimiento-. ¿Qué hacías por aquí, Sasuke-kun?
Kun. ¿Por qué todos lo llamaban kun? Bueno, sólo tres personas no lo hacían, pero no era momento para considerarlo. Por algún motivo oculto para él, por alguna razón que no sabía, le dijo. Le contó que quería estar solo para pensar y recordar en paz a su familia. Haku, con una mirada comprensiva y una sonrisa muy tierna, lo tomó del hombro y le dijo, dejándolo sin palabras:
-Creo comprenderte, al menos, me gustaría hacerlo¿sabes? Por mi culpa toda mi familia murió, ojalá que la tuya esté en paz.
-¡Haku! –oh, no. Esa voz. Sasuke no podía creerlo, miró buscando el sonido y descubrió que, efectivamente, Uzumaki Naruto se acercaba corriendo. Ya iba a maldecir cuando... cuando se dio cuenta de que Naruto... Pues Naruto... Había algo raro en Naruto, de eso estaba seguro. Miró con más atención: las mejillas rojas por el frío, lo delicado y pequeño que lucía portando esa cazadora naranja, la larga bufanda cubriendo parte de su angelical rostro, su cabello resaltando por lo blanco de su entorno...-. ¿Qué tanto me ves?
Fue cuando Sasuke reparó en el semblante tan profundo y serio con el que miraba a Naruto. Para no parecer sospechoso hizo lo que tantas veces había hecho: frunció el ceño y lo miró con frialdad.
-No te miraba, usuratonkachi -replicó.
-Teme... –masculló Naruto de mala manera. Haku se adelantó, aparentemente complacido o ¿divertido?
-Oh¿se conocen?
-Por desgracia... –dijeron a coro. Se dirigieron férreas miradas, luego desviaron el rostro con desdén. Haku rió suavemente.
-Omoshiroi... (Interesante...) –ninguno de los dos supo qué había de interesante en aquello pero no les dio tiempo de replicar-. Naruto-kun¿deseabas algo?
-¡Ah! Zabuza quiere saber si te estás abrigando bien. Dijo que te diera esto –le tendió una bufanda.
Un delator y precioso sonrojo se extendió por la tersa y pálida piel de Haku, que sonreía con algo parecido a la alegría. Sasuke pensó que era una de las sonrisas más bonitas que había visto nunca. Luego se sintió idiota.
-Zabuza-san es muy amable al mostrarse preocupado por mi. Se nota lo mucho que me conoce.
-Es que siempre que nieva vienes aquí. ¿Hablaste con ellos?
-Sí, les dije los buenos amigos que había hecho y que de nuevo estaba nevando –Sasuke sintió mucha curiosidad de saber de qué hablaban, pero se mantuvo a raya tanto como pudo-. También que he sido muy obediente.
-Haku es una persona muy buena –elogió Naruto, con una sonrisa... zorruna. Sasuke de repente se sintió mal.
-Naruto-kun, qué amable. Por cierto, Sasuke-kun –le miró enseguida-, gracias. Me ha gustado mucho hablar contigo.
Sasuke no quería despedirse, quería seguir hablando con él durante otro rato, saber más de él y su historia. ¿A quién le hablaba¿Por qué Naruto y él eran amigos?. ¿Qué sentía por Zabuza-sensei? Sin embargo, Haku no se fue. Invitó a Naruto a quedarse y empezó a contar una historia llena de fantasías. Al principio, Naruto era el único que lucía interesado, hasta parecía creerse cada palabra que salía de la boca del otro. Pero se descubrió luego casi tan inmerso en la historia.
En la cena, Haku le invitó a sentarse con él. Resultaba que conocía a Sai y a Itachi, con quienes solía sentarse a comer. Su hermano, sumamente callado y más frío que él mismo, aceptó de buena gana que fuera. Sai... ni lo miró, puede que fueran compañeros de habitación y, al parecer, era un buen rival pero no necesitaba de su consentimiento.
Con un gesto de agradecimiento para Itachi fue a sentarse frente a Haku, ya Naruto estaba allí, riendo ruidosamente. Al llegar, Haku procedió a contarles otra historia igual de atrapante. Y se convirtió en una costumbre oír los cuentos de Haku, aunque muchos no los creía, a diferencia de Naruto y el resto de los niños que solían estar con ellos, adoraba escucharlos.
Cierta vez, Itachi le pidió que contara uno. Sasuke eligió uno de sus favoritos y, sin darse cuenta, habló con emoción mal disimulada, haciendo escuetos ademanes. Al final, Itachi acarició su rostro con mucho cariño, dejándolo anonadado.
-Qué bueno que ya tengas más amigos.
¿Amigos?. ¿Más amigos? Sai y él no se consideraban como amigos, pero tampoco enemigos... quizá compañeros inseparables cuyo único propósito resultaba fastidiarse la paciencia el uno al otro, pero ¿amigo? No estuvo seguro al principio así que lo dejó correr. ¿Y si se refería a Haku y Naruto? Tal vez...
El invierno dio paso a la primavera, todos los árboles que rodeaban el orfanato se llenaron de verdes, brillantes y grandes hojas, algunos también de flores y todos los arbustos a la vista florecieron. El jardín de Shizune, al cual ella se dedicaba fervorosamente, también era un espectáculo hermosísimo, sobre todo para las chicas. Iruka-sensei le pidió el permiso de siempre para poder tomar algunas flores para sus clases y otros lugares de la casa. En poco tiempo la vida y el color que parecían haberse dormido en invierno volvieron con fuerza y esplendor, un aroma a flores se esparcía por todas partes y la mayoría de los juegos eran al aire libre.
-Quiero que se porten bien el día de mañana. Nada de hacer estragos ni causar problemas¿bien? –decía Tsunade, un día particularmente bonito durante el almuerzo-. Jiraya pasará por aquí a eso de las diez de la mañana. Procuren vestir ropas lo suficientemente cómodas, correrán, nadarán y se ensuciarán, elijan bien. A las nueve y media deben estar todos los que irán aquí en el comedor, Kakashi y Shizune verán que todo esté en orden. Se les exentará sólo por ese día de los deberes pero sepan que es por la actividad –sonrió con cariño y orgullo-. Diviértanse cuanto puedan, se lo han ganado.
La mayoría de los niños gritaron con emoción vítores para la directora, que reía divertida. Según Haku, todas las primaveras un hombre anciano llamado Jiraya llevaba a un grupo de niños a los campos a las afueras del pueblo. Solían jugar en la hierba o el río, que fluía al pie de una pequeña colina. Kakashi le acompañaba hasta cierta hora y luego, al atardecer, regresaba para traerlos de vuelta.
-Normalmente –dijo Haku-, termina llevando a alguien en la espalda y unas cuantas mochilas también.
La idea fue aprobada enseguida por Itachi, alegando apenas que necesitaba salir más a menudo. Sai también iría pero parecía más emocionado en el picnic al aire libre y las competencias que en Sasuke y su perenne discusión. Mejor, pensó él.
A la mañana siguiente todos despertaron a la hora de siempre, algunos más emocionados que otros. El desayuno estuvo particularmente ruidoso pero también ameno. Cuando algunos partieron a sus quehaceres diarios o a clases en el pueblo (los más grandes, en los que entraba Itachi) varios maestros se ocuparon de los niños menores a cinco años. De seis en adelante podían ir. Sasuke y Naruto estaban entre ellos.
Kakashi, para no variar, llegó tarde quince minutos. La mayoría de los niños le gritó tardón y mentiroso cuando intentó excusarse con alguna de sus improbables palabras. Luego de un suspiro de Shizune, una risilla de su parte y que los niños fueran llamados al orden los adultos se encargaron de los últimos arreglos, fijándose de que a nadie le faltara nada. Esperaban en el comedor, divididos en grupos según compañeros de habitación cuando el tan nombrado Jiraya entró. Entonces Sasuke supo que lo había visto todo.
A pesar de la edad que aparentaba (unos cincuenta) sus ojos y su voz destilaban energía y vivacidad inagotables. Saludó con efusividad a los niños y estos a su vez lo hicieron con un gran alboroto. Un rato después ya estaban preparándose para salir, armando escándalo con sus risas y vocecitas emocionadas. Se despidieron de Tsunade con abrazos y sonrisas, prometiéndole que serían buenos niños. La rubia
Haku se acercó a Sasuke con su siempre amable sonrisa eclipsando todo lo demás, excepto por...
-Ero-sennin! –Haku rió ante el desvergonzado apodo con el que Naruto se dirigió a Jiraya.
-¡Deja de decirme así, mocoso! –replicó mirando molesto al rubio, que iba a su lado riendo estrepitosamente.
-Eso es siempre así –comentó Haku sin dejar de verlos-. Es envidiable la cercanía de esos dos, cada vez que Jiraya-sama nos visita pareciera que sólo tiene ojos para Naruto-kun. Por supuesto eso no es cierto, nos conciente a todos pero es obvio la predilección por él, aunque realmente parezca que quiere matarlo. Juntos, los dos parecen unos niños.
Y de nuevo Haku terminaba hablando de Naruto. Allí había algo muy raro, pero enseguida el tema se desvió a las conversaciones de costumbre.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Siempre confuso. Pedí un deseo. Eras mi amigo.Frente a Sasuke se extendía una hermosa colinita, con un precioso río de cristalinas aguas en su ladera y cientos de flores y arbustos. Jiraya empezó a entretenerlos, mientras Kakashi buscaba leña, seguido de algunos de sus alumnos deseosos de ver lo que Kakashi tenía para mostrarles. Mientras el anciano era ayudado por un par de niños a tender la manta y dejar a la mano gran parte de la comida. Los demás ya habían empezado a corretear por todo el lugar.
-¡Muy bien, niños, reúnanse! –exclamó Jiraya, los pequeños le obedecieron al instante-. ¡Empezaremos con las actividades desde ahora!
Con renovados ánimos, siguieron las instrucciones de los juegos y diversas actividades. Carreras de sacos, relevos, de velocidad, tiro al blanco, adivinanzas entre otra cuantiosa cantidad de cosas fue lo que marcó el inicio del día. Sasuke ganaba casi todas las competencias en las que (obligado) participaba. Naruto, que estuvo en casi todas, le dedicaba miradas de odio y rencor, al ver por millonésima vez que Sasuke parecía poder hacerlo todo bien.
-¡A comer! –ante el grito, todos acudieron.
Se sentaron en grupitos por toda la extensión de la ladera, comiendo las delicias tan exóticas que les eran ofrecidas al medio día. Bocadillos dulces, pan de arroz con crema, trufas y otras tantas cosas más, un estofado hecho con la madera recolectada y vegetales con sabores alucinantes. Sasuke descubrió, a la hora del postre, lo mucho que le agradaba la gelatina de algas rojas, quizá sí había algo que quisiera pedirle a Itachi después de todo.
Y la tarde continuó su curso, toda una maravilla. Muchos se recostaron sobre el pasto o contra los árboles cercanos, muy escasos en comparación con los del bosque del orfanato. Otros tantos fueron con Jiraya, que contaba historias magníficas de sus viajes, donde había viajado a tierras sin par llenas de cosas asombrosas asomando a cada rincón.
Sasuke no miraba nada de esto, se sentía fatal. Aquel lugar... había ido en una ocasión con sus padres para hacer un día de campo y el aluvión de recuerdos que de pronto se cernió sobre él resultó asfixiante. Estaba solo, escondido entre las ramas de un árbol, tratando de controlar sus emociones y salir corriendo de allí lejos, muy lejos, para nunca volver.
Abrazó con fuerza sus piernas, quería irse. Quería irse para siempre, porque se sentía solo, porque no veía a nadie. Itachi... no contaba. Tan sólo era su hermano, y esto parecía ser en determinadas ocasiones. Su madre, su padre, sus tíos y abuelos, todos se habían ido con aplastante velocidad. Hasta el mismo Itachi cambió, cambió para mal. Ya no era aquel hermano cálido, dulce y comprensivo que recordaba, la frialdad y estoicismo que lo caracterizaban desde aquel fatídico día se volvía a cada segundo más perenne. Y le dolía.
-¡Naruto-kun! –escuchó a sus pies-. Doko wa, Naruto-kun?
Era Haku, llamaba a voces a Naruto. Ahora que lo pensaba, Sasuke no había visto su cabeza rubia ni escuchado su chillona voz por ningún lado desde hacía bastante rato. Más específicamente, desde que había subido al árbol, al terminar de comer, cuando el anciano de cabello largo y canoso les dio permiso para hacer lo que desearan sin alejarse mucho.
-¡Naruto-kun! –miró más detenidamente el rostro tierno y dulce de Haku, lleno de preocupación. Sasuke se sintió extraño, como si no fuera él mismo. Haku levantó la mirada, debió haber sentido la intensidad con la que era observado. A pesar de estar tan preocupado, mostró una amable sonrisa a Uchiha-. Ohayo, Sasuke-kun.
Sasuke respondió con una seña.
-¿No habrás visto a Naruto-kun?
Negación por parte del menor.
-Sokka... (Ya veo...) –su semblante se entristeció-. Seguiré buscando, nos veremos.
"Qué bueno que ya tengas más amigos." Resonaron las palabras de Itachi en su cabeza, fuertes y concisas, como si estuviera allí. Frunció el ceño infantilmente. Si era amigo de Haku o del mismo Naruto¿el primero no debió haberle pedido ayuda para buscarlo?. ¿No debería saber dónde estaba escondido (dado que ese fuera el caso)?. ¿Eran amigos?. ¿Qué era un amigo?
Con esa última pregunta resonando tortuosamente por las paredes de su cabeza, bajó de un ágil salto del árbol al blando pero firme suelo. Ya no sabía ni qué hacía o por qué, sólo que debía hacerlo.
Las risas y voces de sus compañeros se fueron alejando conforme él lo hacía. No estaba nada seguro, ni siquiera sabía por qué razón sus pies le llevaron hacia allí, pero se dejó guiar por lo que decidió llamar instinto. Bajó la muy poco inclinada ladera. El rumor del río se hizo más audible. Era agradable y alto, mas no bastaba para cubrir el sutil sonido irregular que llegó a sus oídos, como si lo hubiera estado esperando.
Pasos, tropezones y hojas siendo agitadas. Torpes e irregulares soniditos. Miraba a la nada y sólo escuchó. Volteó a su derecha de forma imprevista y corrió aprisa, tanto como pudo. Sus actos volvían a ser espontáneos, instintivos, salidos de lo más profundo de su interior. Luego todo era confuso.
De los arbustos emergió una figura, a su espalda se irguió otra. Enfrentó los ojos azules unos eternos instantes, parecía enfadado. No, parecía dolido y sorprendido, como si le hubieran descubierto en un momento inoportuno. Corrió con intenciones de alejarse. El viento sopló con fuerza, agitando sus ropas y cabellos, Haku permaneció inmóvil en la lejanía, con el largo y lacio cabello ondeando con fuerza. Algunas hojas se esparcieron con el viento. De nuevo pisadas.
No iba a dejar que se fuera, se precipitó detrás de él. Por apenas unos instantes fue inalcanzable, sus dedos se cerraron sobre su camiseta y el sabor amargo en su boca desapareció.
Respiraban afanosamente, aferrados el uno al otro. Unas hojitas adheridas a su ropa. El pasto resultaba cálido y suave, sin embargo, era muy firme. El sol de primavera los calentaba deliciosamente, a los ojos negros la piel dorada resplandecía hermosa.
Sasuke hizo un intento de calmar su respiración, con los rubios cabellos de Naruto entorpeciendo la vista y sus extremidades enredadas. Estaba tan cálido y, sin embargo, tembloroso. Habían rodado colina abajo, hasta detenerse a unos metros del río. Naruto le miró lleno de duda y enojo, cerrando un puñito contra el pecho contrario.
Haku, que lo había visto todo, sonreía, bajando por la inclinada ladera hasta los otros dos. Ya estaban separados y sentados en el pasto, quitándose una que otra hojita de encima. Se plantó frente a Naruto y acarició su cabeza, el rubio hizo un puchero. Uchiha giró la cabeza, con un enjambre de mariposas revoloteando contra las paredes de su estómago, mareándolo. Atribuyó su sonrojo a la falta de aire y el mareo a las vueltas dadas. Escuchó que Haku hablaba:
-Te he estado buscando. Jiraya-sama puede reprenderte –Naruto bufó.
-Lo que yo haga a ese viejo pervertido no le importa –un suspiro abandonó los finos labios de Haku.
-Te equivocas, además, yo estaba preocupado. Pensé que te habías perdido.
El rubio parecía estar enfrentando un fiero debate consigo mismo, entre la tristeza, la furia, la confusión y el arrepentimiento. Abrazó sus piernas al tiempo que Sasuke se levantaba. Naruto emitió un gruñidito, mirándolo de reojo.
-No estaba perdido.
-No contestabas a mis llamados.
-Quería conseguir esas mariposas –se excusó el rubio, inflando los mofletes en graciosa disculpa. Haku le miró con cariño.
-¿Las mariposas arco iris?. ¿Las del cuento? –un enérgico asentimiento de Naruto confirmó sus dudas-. ¿Para qué?
-Dijiste, que si capturaba una, podrían cumplirme un deseo.
Sasuke le miró muy atentamente.
-Dijiste que cumplirían un deseo a quien las capturara. Yo iba a capturar muchas pero no aparecían, así que me adentré al bosque.
-¿Por qué era tan importante?. ¿No sabes que es peligroso?
Sasuke seguía en silencio. Naruto observó por largo rato sus pies, jugando con la hierva, arrancado uno cuantos brotes y acariciando otro distraídamente. El mayor se puso en pie y caminó hasta estar a la derecha de Naruto, donde se dejó caer, para quedar tendido sobre el pasto.
Haku los obligó a tumbarse, jaloneándolos suavemente de las ropas, haciéndoles espacio en sus brazos. Ambos niños se recostaron, acurrucándose contra los costados del más grande, completamente sonrojados. Haku les envolvió con sus brazos con dulzura, sonrió de manera deslumbrante y contempló indefinidamente el cielo.
-Hace mucho tiempo, una fuerte lluvia azotó el mundo. Llovía y llovía con fuerza, sin parar un solo instante. Triste por esto, un zorrito de los tantos del bosque, rezó todos los días para que la lluvia cesara. El zorrito vivía en un campo de girasoles y le entristecía sobre manera ver a sus preciadas flores, decaídas, sin vida ni color –contaba Haku, las nubes sobre ellos se mecían con lentitud y parcimonia, cambiando constantemente de forma.
Sasuke y Naruto permanecían atentos, en silencio. Cuánta calidez los envolvía, adormeciéndolos y calmándolos. Las traviesas manitos de Naruto se enredaron suavemente en las hebras color ébano de Haku, tan suaves como la seda. Sasuke veía fijamente el parsimonioso movimiento que indicaba la respiración del mayor.
-Un día, el zorrito, harto de ver que no paraba de llover, decidió encargarse de sus flores. Se aproximó a cada una y, con paciencia y dedicación, levantó sus rostros y las hizo mirar hacia arriba, hacia donde debería alumbrar el sol. Sin embargo, las florcitas volvían a caer, viéndose todavía más tristes. Pero el zorrito no se rindió. Luchó arduamente todos los días para hacer que las flores elevaran su rostro al cielo, con la esperanza de que, al primer rayo de sol, ellas revivieran.
"Sin embargo, la lluvia seguía y seguía, tan fuerte como siempre era. El zorrito, que nunca paró en su tarea de ayudar a los girasoles, derramó una lágrima. Sus lágrimas eran sumamente brillantes y tenían todos los colores dentro de ella. Era, además de él y los tristes girasoles, lo más colorido en el paisaje. El zorrito estaba lleno de tristeza y deseó con todas sus fuerzas que brillara el sol. Entonces un arco iris surgió. Su lágrima, inmaculada y colorida, adquirió forma y revoloteó como una mariposa, con sus amplias y multicolores alas. La nueva mariposa se elevó, esparciendo por todos lados sus magníficos colores como luces y destellos.
Haku se detuvo unos instantes, tomando aire.
-Todos los girasoles reaccionaron ante la nueva fuente de luz, levantándose hacia ella, brillando por sí mismos y resplandeciendo de forma magnífica. Las nubes, que veían todo esto, dejaron de llorar, para abrirle paso al cielo a la lágrima convertida en mariposa. Fue cuando, después de mucho años, el sol brilló entre las grises nubes, llenando con su luz la tierra. Los girasoles brillaron más y se alzaron, gloriosos y hermosos, alegrando de sobre manera al zorrito. Éste lloraba de felicidad, derramando más y más lágrimas de colores que luego se convertían en las fantásticas mariposas, que se elevaron al firmamento claro y azul con un deseo cada una: que el sol siempre brillara.
Se hizo el silencio, ninguno habló, escuchando con atención el agua correr bajo ellos y las voces de sus compañeros sobre sus cabezas. El más pequeño de los tres luchaba por mantener los ojos abiertos, demasiado cómodo entre los brazos de su amigo, sintiendo la brisa y el sol sobre su piel, arrullándolo. Se talló un ojito y bostezó. No quería dormirse.
-Desde entonces –continuó Haku al rato-, se dice que, si atrapas una de las mariposas arco iris, se te concederá el deseo que pidas. Pero es muy difícil conseguirlas.
Sasuke no creía en nada de eso pero, sin poder engañarse del todo, frunció el ceño para delegar los pensamientos que se anidaban en su cabeza. Él sabía que todo eso era una historia muy bien contada, que nada era real. Pero cómo hubiera deseado que no fuera así, que fuera tan real como él, como el sol que los calentaba, como la dulcísima voz de Haku, como Naruto.
-Es por eso, dattebayou –interrumpió Naruto el hilo de sus pensamientos-. Porque si las consigo, podré cumplir mi deseo de hacerlos felices. Les regalaré una a ustedes, así puede que vuelva la familia de Sasuke y empiece a sonreír.
El aludido se acurrucó, sobrecogido y con el corazón palpitando con dolorosa rapidez, bombeando sangre directo a sus mejillas. Naruto cayó dormido al instante y Haku lo rodeó con su bracito, haciéndole reposar su cabeza en su pecho, sonriendo enternecido.
Las nubes se deslizaban por el cielo azul, tan azul como las orbes de Naruto, esponjosas y blancas. Hacían sombra sobre ellos. Escuchó el canto del viento, que removía las hojas y acariciaba sus pieles. El olor de Haku y el del rubio se confundieron al llegar a su nariz pero sin embargo pudo percibirlos como si fueran uno. Poco a poco, también él se fue quedando dormido, con la última visión de sus dos amigos plácidamente dormidos.
- Okaeri! –saludaba una sonriente Shizune a la entrada de la gran y vieja casa tradicional que era el orfanato. Kakashi iba con Mizura sobre su espalda y varias mochilas en sus brazos, detrás de todos los niños, que caminaban cansados pero felices de vuelta a su hogar.
- Tadaima, Shizune-neechan! –respondían todos al pasar a su lado, recibiendo una tierna caricia en sus cabezas.
-¡Este año estuvo muy interesante y divertido! –exclamó Jiraya, con las manos en la cintura y una gran sonrisota extendida por su arrugado rostro. Tsunade llegó para saludarlos, dirigiéndose a su antiguo amigo-. Oye, mujer plana, tus chicos son geniales.
-Eso lo sé, maldito viejo pervertido –contestó con una sonrisa, mirándolos hablar y bostezar del viaje-. Espero que haya no habido ningún problema.
-En absoluto, más bien, no pude haber pedido más.
Siguiendo las órdenes de Tsunade, todos los infantes se alistaron para bañarse, entrando en pequeños grupos y esperando en fila fuera del cuarto de baño. Shizune e Iruka les ayudaron a asearse, despidiéndolos al comedor, donde les esperaba una cena y sus ansiosos compañeros, deseosos de escuchar sus interesantes historias.
Antes de ir a formarse, Sasuke tomó las cosas de su recámara. No había mencionado palabra alguna en casi toda la tarde.
-Sasuke, me voy a bañar. Date prisa o seré yo quien se bañe con Naruto –le oyó decir a Sai antes de que este cerrara la puerta corrediza. Sasuke respiró hondo, tratando de controlarse y no salir corriendo a golpear al indiscreto y hablador Sai. Ahora sí lo mataba.
-Naruto-oniichan!!! –chillaba Konohamaru, colgado de la espalda de Naruto en medio de la cena-. ¡Cuéntame más, cuéntame más!
Konohamaru era muy pequeño para ir a esa clase de excursiones, así que esperaba con total impaciencia a que Naruto y sus amigos, reunidos a la mesa de siempre, contaran qué clase de aventuras tuvieron.
-Fuimos de pesca –dijo Mizura, tosiendo suavemente. Hokuto le ofreció su taza llena de té caliente-. Arigatou.
-¡Mizura se empapó! –exclamó Sumaru, con un tono entre reproche y diversión-. ¡Pero pescó uno muy grande!
-Sasame-chan también, luego nos lo comimos en la merienda. Y Jiraya-sama los asó en una fogata que hicieron los más grandes –dijo Mizura, haciendo enrojecer a la nombrada.
-Hai, hai! –asentía Naruto animadamente-. ¡Y Haku ganó en el juego de las escondidas!
Sasuke escuchaba la conversación junto a su hermano, ambos sentados sin hablar. Apenas tocaba la comida, con la cabeza gacha y los párpados entrecerrados en actitud meditabunda.
-¿No tienes apetito? –preguntó Itachi, sobresaltándolo. Negó con la cabeza y comió dos bocados con prisa. Deidara rió por lo bajo, terminando por atragantarse con un trozo de vegetal-. Baka –suspiró Itachi, dándole palmaditas en la espalda con desgana, provocando que se atragantara más.
Sasuke echó una mirada furtiva a Naruto, que reía a mandíbula batiente abrazando a Konohamaru, rodeado de sus numerosos amigos.
Amigo. De nuevo esa palabra. Esa palabra tan extraña y confusa, que no hacía otra cosa que llenarlo de dudas y recuerdos muy recientes que nada tenían que ver. Ya se estaba hartando de ver con tanta frecuencia la imagen de Naruto en su cabeza.
-Tomodachi... –susurraron sus labios.
Encogido en el engawa, miró las flores del jardín de Shizune mecerse con la ligera brisa nocturna. Las estrellas lanzaban fuertes destellos en el cielo. No miró a Haku cuando este se detuvo a su lado y se agachó, quedando a la misma altura. Ninguno dijo nada, con la vista fija en las coloridas flores.
-¿Qué le habrías pedido tú a las mariposas? –Haku rodó los ojos hasta tener al más pequeño en su rango de visión.
-Tener fuerzas para poder cumplir mis sueños, así como Naruto-kun.
Aunque no le preguntó, Sasuke tomó aire y movió tímidamente los labios, de los cuales brotaron susurros dirigidos a la nada, que sólo él fue capaz de escuchar. Se levantó luego de unos minutos y le dio las buenas noches con la calidez de siempre, alegando que ya era tarde, tenía sueño y que ya había acostado a los niños junto a Shizune.
-Tomodachi... –pronunció Sasuke por tercera vez esa noche. Y pensó por enésima vez en Naruto.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
No había escondite válido, no existía excusa alguna. La soledad ya no estaba.
A Sasuke siempre le había gustado le había gustado la soledad, desde que era un chiquillo, lo cual aumentó después de la muerte de su familia. Cada que podía o tenía una oportunidad, se escabullía, en busca de silencio e intimidad. Solía desaparecer entre las ramas más frondosas de los árboles más altos de los tantos e innumerables alrededor del orfanato.
Itachi le había obsequiado un libro aquella misma mañana y, en el primer momento en que se vio libre, se alejó de todas las miradas curiosas y trepó un árbol cuyas ramas eran los suficientemente gruesas como para que pudiera recostarse sin el peligro de caerse. Aunque hasta ese momento nada así había pasado nunca. Ya leía el segundo capítulo, sumamente inmerso en las páginas de complicadas y bonitas palabras y la interesante trama cuando un voz le hizo mal decir en su fuero interno. ¿Es que nunca podría estar en paz¿Era eso tan difícil?
-Sasuke!!! –saludó desde abajo. Sasuke le miró con hastío, seguro de que las hojas lo cubrían bien-. ¡¿Qué haces allí tan solo?!
Le mostró el libro, Naruto bufó.
-¡No me hagas reír!
-Me lo obsequió Itachi –dijo con tedio.
-Oh..!! –lucía apenado-. ¿Te acompaño?
-¿Cómo me encontraste? –respondió con otra pregunta. Le vio ladear la cabeza y luego sonreír con insuficiencia. Mal augurio.
-Por tu olor.
-Qué tonterías dices, usuratonkachi –eso no bastó para amedrentar los ánimos del rubio, que se rascó graciosamente la nariz. Sasuke viró los ojos. Ahora con qué tontería iba a salir.
-Puedo reconocer tu olor entre cientos, porque es tan único como tú¿no es obvio?.
Aquel había sido uno de los comentarios más inocentes que le había escuchado nunca. El color se adueñó de sus pálidas mejillas, suave y lentamente. La adorable sonrisa seguía allí, debajo de él.
-¿Por qué insistes en seguirme? –logro preguntar un rato después.
Naruto había trepado algunas ramas para poder estar un poco más cerca de él pero aún quedando debajo. Se dedicó a jugar con una ardilla, dejándolo leer durante todo ese tiempo. Había avanzado muy poco para su nivel normal, tan solo unos cuantos capítulos. Eso no le gustaba. Estaba así por culpa del dobe y sus extrañas ocurrencias. ¡No podía dejar de pensar en eso y resultaba frustrante!
Naruto dejó a la ardilla que correteó lejos. No lo miró cuando, un minuto después, respondió en voz baja, tan inocente y sincero como siempre y con la cabeza gacha.
-Siempre te vez solo y triste, pienso que yo podría alegrarte... –musitó jugando con sus deditos-. La verdad me gustaría ayudarte –una ligera brisa meció las verdes y brillantes hojas que forraban las nudosas ramas del árbol donde estaban sentados. Los mechones negros ocultaban parcialmente su rostro. Naruto mecía distraídamente las piernas, que colgaban sobre el suelo.
Tristeza... Soledad. Esas palabras parecían tan pensadas, tan espontáneas que Sasuke imaginó que quien no quería estar solo era el otro. ¿Qué tan cierto sería eso? Estaba seguro de que, tristemente, eran muy ciertas.
Con las mejillas arreboladas, muchos pensamientos y sentimientos confusos y una novedosa determinación se puso en pie ágilmente y, sin pensarlo mucho, saltó.
Naruto levantó casi asustado la cabeza por la repentina sacudida que experimentó la rama sobre la que se encontraba. Sasuke, sorprendente y portentoso, se agachó quedando en cuclillas. Por un segundo pensó que se iría, luego que comenzarían una pelea, intercambiando variados y pintorescos insultos.
No se esperaba eso, no se esperaba que Sasuke, con la mirada esquiva, le rodeara con sus brazos y lo acercara a su cuerpo. Como todo lo que hacía Uchiha, aquel torpe e inexperto gesto, era perfecto. Quiso corresponderle con todas sus fuerzas pero sólo atinó a juntarse un poco más y aspiró hondo. El suave palpitar de su corazón, el firme abrazo que le transmitía aquella hermosa sensación, la calidez que despedía eran perfectos.
Perfecto.
-¿Lo ves? Tu olor es único, igual a ti –dijo contra su pecho.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Cuánta confusión. Creías en mí siempre, tanto que hería.
Los festivales nunca le gustaron, ni antes ni después de llegar a Konoha. Era algo imposible de evitar, porque, simplemente, no le gustaban.
Una mañana, cuando todos estaban desayunando con el acostumbrado barullo en la inmensa habitación que servía de comedor, Tsunade se levantó de la gran mesa al fondo, que dominaba a todas las demás. A sus lados, todos los adultos, incluida la joven Shizune, o Shizune-neechan como le decían la mayoría de los niños, esperaron solemnes a escuchar las palabras de la directora del orfanato. Los niños, sentados en mesas distribuidas a cierta distancia unas con otras, guardaron silencio al instante. La observaron atentos, Tsunade sólo se levantaba para dar anuncios importantes.
La verdad, a Sasuke le daba igual, pero de todas formas miró y lo que oyó no le gustó nada.
-Antes de que cada uno partamos a nuestras labores diarias me gustaría hacer un anuncio –empezó con su segura y profunda voz, deteniendo sus orbes en cada niño presente-. Como saben, la semana entrante se llevará acabo el festival de otoño en la ciudad. Iniciará como a eso de las seis de la tarde –sonrió de lado-. Espero que estén presentables para ese día, no quiero oír malos comentarios de mis chicos en boca de nadie.
Una algarabía general se extendió por todos los jóvenes, desde los más chicos hasta los pocos adolescentes que, aunque ya habían ido en años anteriores, la noticia les sentó de maravilla. Tsunade sonrió satisfecha, junto a los demás sentados a su mesa, encantados con la felicidad que adornó todos los rostros infantiles. Bueno, todos menos...
-Kuso... –masculló Sasuke, hastiado del desorden que se armó con tanta rapidez. Siguió con su comida, lo más estoico que pudo, ignorando todo lo demás.
-¡Sasuke! –hizo una mueca. Al perecer, no podía olvidarlo-. ¡¿Has oído eso?!
Levantó la vista y se encontró con la excesivamente reluciente sonrisa de Naruto frente a él, del otro lado de la mesa. Mantuvo su rostro impasible, bajó el tazón de arroz hasta la mesa y dejó sobre éste los palillos.
-Sí.
-¡Pues alégrate! –replicó con los mofletes inflados, en seguida sonrió-. Sumaru, Haku, Sai, Sasame, Hokuto, Mizura y yo fuimos el año pasado¡fue grandioso, dattebayou! Las luces, la comida, la música... ¡todo parece sacado de un cuento! Como Konohamaru era muy pequeño no lo recuerda, por eso está tan emocionado. ¿Tu no?
-¿De verdad quieres que conteste, dobe?
Naruto frunció el ceño en una expresión que podía considerarse como zorruna, bufó y desvió el rostro con molestia.
-No iré.
-Mejor así. No sé ni para qué me molesto. Eres un muermo.
-¡Naruto, ven aquí! –llamó Sumaru dos mesas más allá.
El rubio levantó la mano y le hizo una seña a su amigo de que enseguida estaría allí. El chico de cabello largo asintió y siguió hablando con Mizura, un jovencito de cabellos cortos y blanquecinos, que siempre tenía una apariencia endemoniadamente frágil. Sus ojos chocaron en un fugaz enfrentamiento de miradas, unos segundos después, Naruto se levantó, se despidió con un gesto de la mano y fue con Sumaru, Mizura y un par de chicas, que se sonrojaron al verle.
El resto de la semana, no importaba dónde estuviera, en el dormitorio, el patio, en clases... Pero siempre era lo mismo, el único tema que se oía era el del festival. Las chicas cuchicheaban emocionadas de qué kimonos quisieran usar, o qué peinado probarían. Los muchachos comentaban la comida y los posibles juegos que encontrarían con mucha ilusión pintada en sus caras.
Curiosamente, durante todo ese tiempo Naruto no le molestó en lo absoluto, estuvo hablando y bromeando sobre sus expectativas para el festival con su grupo de amigos. Haku también estuvo entre ellos, sólo acompañándolo en las comidas. El resto del tiempo, se lo pasaba con Naruto y los demás.
-Ven aquí –le dijo Itachi tres días antes de festival, semioculto detrás de la puerta corrediza de la habitación que compartía con Kakashi.
Obediente, Sasuke fue hacia allá y entró con la espalda firme. Esperó a que su hermano cerrara la puerta y le indicara que se sentase en el suelo de tatami, frente a él. Se observaron directo a los ojos un minuto en silencio, sentados de rodillas de manera solemne. Itachi alargó el brazo izquierdo y desde su costado acercó una gran caja de madera de cerezo, negra y con el símbolo de su familia arriba: un abanico rojo y blanco. La colocó en el medio de ambos, cuidadosamente quitó la fina tapa y la dejó a un lado. Sasuke abrió los ojos un poco más al ver lo que contenía.
-Usa esto –dijo Itachi, refiriéndose a la yukata de fina seda que ocupaba el interior de la caja-. Oto-sama me lo dio teniendo tu edad.
Sasuke observó por un rato la prenda, ambos guardando silencio. Luego levantó la cabeza y encaró a su hermano, descubriendo así su rostro conmocionado.
Para emoción de casi todos en el orfanato Konoha, el tiempo voló y pronto llegó el tan esperado día. Por todas partes se escuchaban grititos, instrucciones, pasos y tropezones. Las niñas iban y venían de un lado a otro preocupadas por los nudos de su obi, la forma de su peinado, su maquillaje incompleto, alguna ornamente perdida... Los chicos por su lado no podían quedarse quietos, demasiado emocionados de que abandonarían el orfanato para ir a jugar al pueblo durante toda una tarde.
Iruka y Shizune trataban de calmarlos y atenderlos a todos sin mucho éxito, mientras Kakashi leía tranquilamente una de sus tantas novelas pervertidas cerca de la entrada, ataviado con una yukata gris. Tsunade, por su parte, lanzaba instrucciones cada dos por tres, desde "no grites" hasta "ten cuidado". Suspiraba con mucha frecuencia, con las manos en las caderas y sus grandes pechos poco ocultos tras su elaborado kimono color verde jade en medio de los corredores que conectaban las habitaciones.
Sai y él hablaban en el patio trasero, discutiendo para variar, pero esa vez por las clases. Haku apareció de pronto saliendo al engawa de una de las puertas, vistiendo una yukata de color azul cielo con ligeros detalles en diferentes tonos de azul. Les sonrió dulcemente, apartando el cabello de su rostro, más radiante que de costumbre. Ambos respondieron el saludo, uno más sonrojado que el otro, claro está.
-¿Listos?
-Hn –Sai asintió, con los brazos cruzados dentro de la yukata negra-. Por lo que veo tu también.
Una sonrisita pícara.
-Quiero que lo vean. Naruto-kun –se volvió hacia la puerta entre abierta de la que había salido-, ven aquí, por favor.
-¡Hmm! –se escuchó un asentimiento dentro de la habitación y la puerta se abrió de golpe, dejando a ambos chicos boquiabiertos.
Naruto ladeó la cabeza un tanto confuso. Repasó su vestimenta, preguntándose si no habría algo mal con él. Su yukata, de una tonalidad entre rojo y naranja, con formitas de espirales color toronja, seguía limpio. El obi, rojo claro, era lo suficientemente largo como para no parecer que llevaba un kimono, no le gustaba la idea de parecer una chica. El mismo Deidara peinó su cabello y, por más travieso que pudiera actuar, estaba seguro que no había hecho ninguno de sus raros experimentos. Si hasta Haku le halagó por su aspecto.
Sasuke parpadeó impactado. Parecía... un angelito. ¿Así se llamaban? Daba igual, lo que parecía realmente importante era lo delicado que se veía el cuerpecito de Naruto, su cintura perfectamente fina pero sin parecer la de una mujer, el cabello, despeinado de tal manera que parecía adrede. ¿Eso era posible? Sí, seguramente. Paseó sus ojos por la piel morena, perfectamente resaltada por los colores de su ropa, los trocitos de cielo que eran sus orbes, las mejillas muy ligeramente ruborizadas.
No, era más lindo que un angelito. Luego se sintió idiota.
-¿Toshite, dattebayo? (¿Qué pasa?) –preguntó entrecerrando sus ojitos en un gesto muy zorruno, ladeando la cabeza, posando un dedo en los labios-. ¿Es que no me veo bien?
-Ah... -fue toda la respuesta de Sai. Naruto frunció el ceño y se dio la vuelta, con los mofletes inflados y la quijada en alto.
-Si no me veo bien sólo díganlo –dio un par de pasos hacia la puerta, con intención de esconderse en alguna habitación cuando Haku le tomó de la muñeca, con demasiada firmeza. Miró por sobre su hombro la "peligrosa" sonrisa que portaba en la cara. Naruto pasó saliva, la sombra amenazante perfectamente "oculta" en el rostro de su amigo no auguraba nada bueno. Mal asunto.
-Te ves bien –dijo rotundamente, no dando lugar a objeciones.
-Sí, me veo bien –concedió nerviosamente.
Haku le sonrió con la ternura y el cariño de siempre y soltó su mano, recuperando el aspecto tan adorable y tan común en él. El rubio suspiró nerviosamente, Sasuke y Sai se miraban también nerviosos, cuando Haku sonreía así cosas nada gratas podían pasar. Sai carraspeó y llamó la atención de los demás, para aligerar el silencio.
-Haku tiene razón, Naru. Luces muy bien –Haku asintió animado, dándole la razón-. Ne, Sasuke?
Hasta ese momento Naruto pareció reparar en su presencia, porque cuando lo hizo primero lució enormemente sorprendido, luego feliz y después, con un precioso sonrojo en los carrillos se volvió hacia él, en un movimiento bastante espontáneo. Sasuke alzó los brazos por inercia y los extendió lo más que pudo, adelantándose él mismo un par de pasos. Confuso, todo lo que parecía hacer Naruto era confuso.
El sonido de sus sandalias contra las piedras del jardín, el soplo del viento azotando las mangas largas de su ropa, un borrón sin forma de color dorado, su propio cabello bailando con la brisa y el amplio movimiento. El embriagante aroma y la deliciosa calidez. La frágil y delgada figura entre sus brazos.
De un salto ágil e imprevisto Naruto se lanzó sobre él, con la sonrisa más radiante que nunca y los brazos abiertos, listos y ansiosos para él, las mangas de su ropa se agitaron de manera hipnótica mientras estuvo en el aire. De la misma forma, Sasuke se aproximó para atraparlo, apenas lográndolo y tambaleándose peligrosamente hacia atrás por el nuevo peso. Mareado por la ola de sensaciones que provocó el rubio, Sasuke sólo pudo sostenerlo, envolviendo su cuerpo entre la vaporosa tela azul de su ahori. Los rombos blancos en sus brazos, distribuidos también por sus piernas hacían un impactante contraste con el cordón rojo en su cintura, que hacía las veces de obi.
Naruto tomó entre sus deditos la tela que caía por su espalda, como si fuera una capucha, de un azul más claro. Ver a Sasuke con esas ropas fue la mejor sorpresa que pudo recibir, se había resignado a ir en compañía de sus amigos, sabiendo que el amargado de Sasuke se quedaría solo en su habitación, probablemente meditando o practicando alguna cosa. Se veía tan bien...
Lo mantenía sujeto de la cintura, apoyaba sus manos en los hombros del mayor, que levantó la cabeza tímidamente para reprocharle con la mirada. Naruto sonrió dulcemente y Sasuke curvó sus labios en una discreta sonrisita, sin soltarlo.
Haku observaba más que encantado la escena, con una sonrisa de oreja a oreja y mil ideas en la cabeza. Sai les dio la espalda en silencio, sonriendo afectadamente y un tanto abochornado, despeinándose un poco al pasar la mano por la cabeza, en señal de incomodidad y diversión. Itachi sonrió justo antes de, con mucho cuidado, correr la puerta que abrió ligeramente para ver lo que ocurría en el jardín.
-Me alegro tanto de que vayas, teme... –susurró para él, sus pies a varios centímetros del suelo.
-Usuratonkachi... –afirmó el agarre.
Tsuzuku...Do dai? (¿Qué tal?) La verdad no sabía si dejarlo allí o no, porque de verdad me gustaría que un capi lo hablara Naruto y el otro Sasuke, es decir, que se viera desde la perspectiva de cada uno. Por supuesto se centra más en Sasuke como protagonista y en Naruto como tema, pero ya veré qué hago. Espero no haberlo hecho tan largo ni tedioso, aunque eso me lo pueden decir con sus bellísimos R&R ñ.ñ La gracia es que les guste, pero sobre todo a cierta personita.
Viki: De verdad quiero que tomes esto como un regalo lleno de cariño y como una humilde manera de agradecerte todas esas cosas tan bonitas que has hecho por mi, por abrirme los ojos y sonreír siempre, es uno de los regalos más bonitos para mi. Sabes lo mucho que me cuesta decir las cosas, soy algo así como Sasuke (lo cual no es precisamente bueno ¬.¬) y esta es la manera en que trato de decir: VIKI, ERES DEMASIADO ESPECIAL, UNA GRAN AMIGA Y UNA FANTÁSTICA PERSONA. Imamate arigatou (gracias por todo). Conocerte será algo que agradesca siempre y no importa si no nos veamos en mucho tiempo, siempre estarás ahí, y te recordaré con mucho cariño y una sonrisa. Ojalá disfrutes esta historia y me dejes un R&R, si quieres participar, sabes que sí (ya lo hiciste de todas formas u.u).
Eso era todo, también escribo en Beyblade, muy buenas, si desean entren a mi profile. Pronto espero publicar otro fic, una obra de arte como la llamo yo (qué modestia non!!!), pero ya será el año que viene. La veo difícil ahora. Como sea, eso era todo. Son, exactamente quince (15) páginas de word, contando mis innecesarios comentarios. De verdad sabré agradecer a quien deje su opinión, por más corta o cortante (que no es lo mismo) que sea.
El amor es el arte de vivir.
