Yho! Miren cuántos R&R o!!! Es la primera vez que tengo tantos para un solo capítulo, qué bien! Millones de gracias a: Xxkao-chanxX, MegumiMinami310, YuriKo, tsunade25, Hakura-Black (Ay, nee-chan, tan bella!), giosseppe (Puedo hacerte una pregunta... aparte de esta n.n? De dónde sacaste tu nick?), Yuuko Uchiha, AGUILA FANEL (Te respondo desde aquí: Mucha miel, sí! A mi también me encanta, pero más me gusta que te gustara, me esforcé mucho. Espero que lo sigas hasta el final, que terminó extendiéndose un poco más - Con lo mucho que me gusta esta historia... Espero verte de nuevo por aquí y que disfrutes la historia!), Naruta93, viki2511 (Si te digo aquí todo lo que quiero como que tardo mucho, ne? Ya nos vemos a diario, ojalá te guste! Recuerda que este es tu regalo de cumple, Viki! T.Q.M!!!), AGHATA MALFOY (Gracias por leer! Espero que este también te guste y dejes un R&R también! Disfrútalo!), Lacryma Kismet (Oka-san, besos!) y Yanaslik, personas bellas que se detuvieron a dejar un comentario, por más pequeño que fuera n.n Ya ven, estoy muy agradecida n.n Aprovecho para decir que hay otro fic llamado Hikaru to Yami que también escribo, ya va a estar listo, si les gusta los vampiros n.-
Las premisas:

Disfrútenlo!!!

Título: Una historia de amor

Autora: Hikaru no Yami

Género: Romance, humor (un poquito), debe haber algo más, pero no sabría decirlo.

Advertencias: Tómenlas ustedes y (obvio!) Yaoi.

Sumary: La distancia es dolorosa, pero necesaria para que cresca un sentimiento, la soledad es dura pero hará el alma más fuerte¿no es verdad? El tiempo seguía su marcha, se acortaban las distancias. Es hermoso ser protegido.

Nota importante: Varios capítulos ya están escritos, otros están dentro de mi cabeza y hay unos que pueden ayudarme ustedes dejando un review. Cualquier parecido con otro fic es mera coincidencia (hasta que recordé escribirlo!).

Disclaimer: Naruto no es mío, le pertenece a Masashi Kishimoto-sensei, a quien muy cordialmente le agradezco haber creado esta historia, que me llegó al alma.

AVISO SUPER IMPORTANTE: Pásense a leer alguno de mis fics favoritos, les juro que tengo muy bueno motivos para que están ahí. Perdon por tardar tanto!!!!

-bla, bla, bla- Diálogo.

"bla, bla, bla" Mención de algo, ya sea un letrero o un sarcasmo.

"bla, bla bla" Mini títulos (¿?)

Cero distancias. El tiempo corre

Solías mirar mi espalda y extender la mano para alcanzarla. Tú nunca te rendías.

-Hasta... cuándo... durará esto... –resolló Naruto, sin dejar de correr. Sai, a su lado, le miró de reojo.

-¿Cansado? –el rubio frunció el ceño ante la petulante y falsa sonrisa amable que apareció en el pálido rostro de Sai.

-Para nada. Podría seguir... corriendo –secó el sudor de su frente con el dorso de su mano-. Lo... preguntaba por ti.

-¿Yo? Oh, yo estoy perfectamente –Sai realmente se veía tranquilo, con un par de gotitas de sudor bajando por sus sienes. Naruto no pudo evitar hacer un mohín, mosqueado ante las diferencias entre su resistencia y la de Sai. Miró al frente y su expresión se tornó furiosa-. Naruto-kun, te has puesto rojo.

Sí, pero de la ira. Sasuke corría un par de metros más delante de él, encabezando la procesión de niños, con la espalda recta y el mismo ritmo que al principio. ¡Qué teme era!

-Sasame-kun¿te encuentras bien? –Naruto vio por sobre su hombro y descubrió a Iruka acercándose a Sasame, que sollozaba tras su largo cabello naranja, sentadita en el piso. Bajó el ritmo de su trote-. Venga, no llores más.

-Gomen... –sollozó, escondiendo su rostro tras su puñitos.

-Está bien, si de verdad lo deseas puedes parar –acarició su cabeza un poco y le sonrió con ternura-. Dime¿puedes seguir?

-Iie (No) –dijo con voz quebrada.

-¡Claro que sí! –bramó una enérgica voz. Ambos levantaron asustados la cabeza, encontrándose con la figura de Naruto, los brazos cruzados sobre su pecho y el rostro lleno de decisión.

-¡Naruto! –le reprendió Iruka, Sasame le miró con timidez, sin apartar las manos de la cara.

-¡Sí puedes, Sasame-chan! –repitió con la misma seguridad, ignorando olímpicamente a su maestro. Algunos niños se detuvieron para quedarse a ver-. Estoy seguro. Levántate y sigue, no falta mucho ya.

-Demo... –habló la frágil niña.

-¡Nada de pero!

-¡Naruto! –Sai y el resto ya se habían detenido, observando en silencio. Sasuke era el único que seguía corriendo y ya se alejaba de la vista-. ¡Basta, sigan corriendo!

-¡No lo haré sin Sasame-chan! Vamos, dame tu mano. No nos falta mucho – sonriéndole cariñosamente agregó-: Yo creo en ti, Sasame-chan.

Sasame miró con sus profundos y brillosos ojitos la mano extendida frente a su rostro. Pasó saliva, secó con el dorso de sus manos las lágrimas que mojaban su cara y asintió, intentando sonreírle a él también. Iruka-sensei suspiró, sonriendo derrotado y pensando que nadie podía vencer a Naruto. Con la ayuda de éste Sasame se puso en pie y limpió el polvo de sus pantaloncillos, se acomodó mejor la chamarra y sonrió más abiertamente, ruborizada hasta la raíz de su cabello.

-Arigatou, Naruto-kun –Naruto ensanchó su sonrisa y soltó su mano, contento por los resultados.

Entonces una figura pasó justo a su lado velozmente. La sonrisa se congeló en su cara, hasta el punto de vacilar.

Sasuke.

¡Sasuke le llevaba la delantera por una vuelta! Alarmado se giró, le envió una mirada envenenada antes de salir corriendo tras él, a todo lo que daban sus piernas. Sasame e Iruka le miraron con curiosidad y extrañeza, viéndolo alejarse. Sai formó una sonrisita un tanto vacía, divertido hasta cierto punto.

-¡Sasuke-teme! –gritó, decidido a alcanzarlo. Sasuke miró brevemente hacia atrás-. ¡Te alcanzaré, dattebayou!

Naruto intentó ir más rápido, mucho más que Sasuke, que simplemente le ignoró y siguió corriendo al mismo ritmo que antes, como seguro de que no lo alcanzaría. Mosqueado y bastante contrariado Naruto gruñó ferozmente y se irguió hacia delante, tratando de darle alcance. No iba a perder contra él, no iba a dejarse ganar tan fácilmente, no sin pelear.

Había olvidado que estaba cansado, había olvidado que quería detenerse, porque ahora sólo deseaba alcanzar y vencer a Sasuke, antes de que completara las treinta vueltas alrededor de Konoha. Todos sus compañeros les veían anonadados y reiniciaron su propio trote, divertidos por la actitud de Naruto.

-Anoko... (éste chico...) –resopló Iruka.

-¿Cuántas vueltas les faltaban?

-¡Kakashi! –exclamó sorprendido al verlo tras él. El otro sonrió tras su gran bufanda, que cubría casi toda su cara, porque el ojo izquierdo lo tapaba su blanco cabello-. Sabes que Naruto es muy orgulloso en cuanto a esto. Sólo les faltan diez vueltas, pero a Naruto y a Sasuke-kun nueve.

-Es tu turno de supervisar los ejercicios matutinos¿ne?

-Hai, demo... (Sí, pero...) –otro suspiro-. No deja de sorprenderme al actitud de Naruto, hoy es Miércoles y desde el Lunes está tratando de alcanzar a Sasuke de la misma manera. Supongo que será lo mismo el resto de los días que queden. Me pregunto hasta cuánto podrá aguantar.

-Los más grandes ya están terminando sus ejercicios por secuencias, Yamato es el encargado esta semana. Me pregunto si debieras aprender de sus técnicas para mantenerlos bajo control.

Iruka sacudió la cabeza con desagrado al recordar la temible y sombría expresión que solía adoptar Yamato para lograr convencer a las personas. Kakashi bromeó un poco más con él, logrando descolocarlo todavía más.

-Sea como sea, esto logra incentivar a los demás a seguir –dijo Kakashi, apontocando la espalda en la pared de la vieja casa que era el orfanato. Dirigió una mirada a Naruto, que luchaba por mantener el alocado ritmo que llevaba y luego la elevó por encima de las montañas, al amanecer que clareaba el horizonte-. Hay cosas contra las que simplemente no se puede luchar.

Iruka le miró unos segundos, la duda pintada en su joven rostro, luego vio a sus ya no tan pequeños alumnos correr enfundados en sendas chaquetas para resguardarse del frío de la mañana. Sonrió y asintió, sintiéndose muy orgulloso.

El sol ya había salido por completo cuando terminaron de hacer el resto de los ejercicios (saltar la cuerda, abdominales, saltos, y algunos más). Todos respiraban con dificultad, satisfechos y felices de poder terminar con la rutina del día. Su maestro, plantado frente a ellos con los brazos en la cintura, les felicitaba por su buen trabajo.

-Sé que a veces cansa mucho, pero deben ser fuertes y resistir. Todo valdrá la pena.

-Iruka-sensei, tu también hacías esto¿ne? –preguntó Sai levantando la mano. Iruka asintió, con un brillo nostálgico en la mirada.

-Cuando tenía su edad también me levantaba muy temprano para correr alrededor de Konoha y hacer ejercicios como los que acaban de hacer. Ahora que soy su maestro es mi deber ver que ustedes cumplan con ellos. Bueno, hasta aquí. Vayan a bañarse que pronto servirán el desayuno.

-Hai! –exclamaron a coro. Todos partieron rápidamente, ansiosos de poder comer algo delicioso.

El único que no parecía compartir la misma felicidad era Sasuke y... Naruto. De rodillas en el piso, cansado y sudado, no dejaba de ver a Uchiha parado allí, tan tranquilo y campante, como si apenas se hubiera esforzado. Sasuke pasó una mano por su rostro y secó el sudor que perlaba su piel, luego bajó el cierre de su cazadora y sacudió la cabeza, como despejándose.

Frunció el ceño, infló los carrillos y entrecerró los ojos en una actitud infantil y molesta. Había hecho uso de todas sus fuerzas para tratar de vencerlo, para pasarlo y ganarle pero en todas las actividades Sasuke le superó, casi sin voltear a verlo.

-Kuso... –masculló por lo bajo, agachando la cabeza y apretando los puños. Sin saberlo, había captado la atención de Sasuke-. Mañana... Seguro mañana lo venceré... ¡No perderé contra Sasuke!

El grito quedó suspendido en el aire, su rostro congelado y su cuerpo había parado en seco. Sasuke le miraba con una ceja alzada a unos pasos de distancia. Se sonrojó por completo y lo miró como si le hubieran descubierto haciendo algo malo. Empezó a balbucear tonterías, hablando atropelladamente a la vez que hacía exagerados ademanes con las manos. Él le dio la espalda y bufó.

-Entonces... –habló, parando la perorata del rubio-. Esperaré a mañana para ver si cumples con esas palabras.

-Sasuke-teme... –susurró realmente impresionado. Sonrió de lado, de manera triunfante y elevó su dedo pulgar en un gesto de victoria-. ¡Te prometo que te lo demostraré, dattebayou!

Sasuke se alejó para bañarse, tenía hambre y estaba sudado. Dio gracias que Naruto no lo vio sonreír con tal naturalidad.

-Estaré esperando, usuratonkachi.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Muchas veces no te entendía. Esos días nunca los olvidaré, eran nuestros.

Arrugó la nariz con molestia. Algo allí estaba mal. Echó un rápido vistazo a su alrededor: la luz entraba a chorros por las puertas abiertas de par en par, las preguntas de historia anotada en el pizarrón, frutos de la reciente clase de Kakashi, sus compañeros escribiendo con las cabezas gachas, concentrados en acabar con sus deberes. Más allá, Kakashi leyendo (por enésima vez) una de sus pervertidas novelas al frente, sentado en el escritorio lleno de libros y pergaminos, la campanilla de viento sonando dulcemente, mecida por la brisa.

Frunció el ceño. Sí... Algo no estaba como debía ser. ¿Qué sería? Mizura, dos puestos a la izquierda, tres adelante, estornudaba por quinta vez, Hokuto se revolvía los cabellos nerviosamente buscando contestar las preguntas, Sai hacía garabatos a un ladito de su libreta, con su sonrisita de siempre...

Todo era perfectamente normal, tal como siempre, en medio de esa tranquilidad tan propia de Konoha. Y sin embargo...

-Sensei! –Kakashi apartó la vista de las páginas del libro y miró la mano alzada de Naruto, al fondo del salón.

-¿Qué pasa, Naruto? –preguntó con esa voz adormilada.

-No ha pasado la lista de asistencia todavía –el hombre entrecerró su único ojo visible, negro, vacío y profundo, pero esa vez, previsor-. ¿Lo va a hacer?

Hubo una larga y tensa pausa antes de que Kakashi tomara una hoja entre tantas de su mesa, junto a una pluma, y empezara a nombrarlos a todos. La mayoría no tenían apellidos propios, sino, igual que Haku y Naruto, impuestos por Tsunade y sus subordinados. Los niños, extrañados, contestaban a media voz, de pronto nerviosos. Pero el más nervioso era Naruto y aquel sentimiento se hizo peor y asfixiante cuando, al terminar su profesor, notó lo que tanto se temía.

-Sensei!

-¿Y ahora qué, Naruto? –parecía enojado y eso, en Kakashi, era difícil verlo, después de todo era uno de los más calmados y pacientes profesores en el orfanato.

-¿Por qué se saltó el nombre de Sasuke y Sasame-chan? –de nuevo se hizo el silencio y, de pronto, surgieron gran cantidad de murmullos y cuchicheos. Kakashi dejó su libro a un lado y fulminó a todos con la vista, ordenando silencio. Obedecieron en el acto.

-Vuelvan todos a su actividad, quiero esas preguntas listas para dentro de media hora. Sin faltas.

-¡No me ha respondido!

-Has silencio.

-¿Kakashi-sensei, dónde están Sasame-chan y Sasuke?

-¡Siéntate, Naruto! Silencio, niños –miró larga y fijamente a Naruto, escrutándolo con la mirada, pensando en qué hacer. Al fin, suspiró y cerró los ojos, parecía cansado-. Sasame y Sasuke fueron llamados por Tsunade-sama antes de entrar a clases. Esta mañana, llegó una pareja. No pueden tener hijos y están decidiéndose justo ahora.

No cabía en sí de la sorpresa, las piernas le temblaron y al no poder con su peso cayó de rodillas en el piso, bastante turbado. Sai le observó detenidamente, sin mostrar sentimiento alguno, Mizura y Sumaru se miraron entre sí, lo miraron a él y luego a Hokuto, que no sabía si sonreír o llorar.

Sasuke se iba, Sasuke-teme estaba a punto de ser adoptado y se iría lejos, lejos de Konoha, lejos de... él, de Naruto. Sintió un nudo en su garganta, mordió con fuerza su labio y tragó duro. La idea en sí había sido mucho para él, demasiado a decir verdad. Toda su vida había vivido allí y, podía recordar claramente, nunca lo habían querido adoptar, era demasiado revoltoso. Luego llegó Sasuke, con su frialdad excesiva, su forma de ser tan arisca y egoísta, sus muy escasas y raras sonrisas. Se pelearon miles de veces, les regañaron casi a la par, casi siempre por su culpa, y a cada pelea le seguía una muy extraña y particular disculpa, a veces no se necesitaban palabras.

¡Obviamente! Entre ellos no era necesario hablar, bastaba una mirada, eran amigos, se entendían mejor que nadie y ahora... ¿Se iban a llevar eso?. ¿Le arrebatarían algo como eso?. ¿Su amigo se iría para siempre y él no haría nada?

-Naruto!

No.

-Naruto-san! –le llamó asustada Hokuto.

Pelearía hasta el final por eso, no sabía exactamente por qué, sólo sabía que no quería que él se fuera.

Se levantó de golpe y salió corriendo del salón, haciendo caso omiso de las voces de su maestro y amigos, ya no les escuchaba, ya ellos no importaban. Detenerse resultaba imposible ya, sus piernas corrían veloces, desesperadas. Tenía los puños apretados con fuerza, le dolían, el corazón bombeaba sangre furiosamente, las mejillas estaban teñidas de rojo y su mandíbula dolorosamente apretada mientras cruzaba pasillos y doblaba esquinas, cada una más sombría y atemorizante que la anterior.

-Sasuke!

La puerta rebotó en sus goznes, un silencio incómodo llenó la sala, Sasme lo miró asustada, Tsunade enojada y Sasuke... No lo miró.

-¡Naruto, sal de aquí! –le gritó Tsunade con autoridad. Una pareja joven lo observó con curiosidad, sentados en el despacho de Tsunade con unas tazas de té en las manos y los dos niños frente a ellos-. ¡Regresa a tu salón de clases!

-¿Es verdad? –preguntó con voz ahogada, respiraba atropelladamente y temblaba sin control-. ¿Van a adoptar a Sasuke?

-Eso no te importa, Naruto. Sal, están interrumpiendo una importante reunión.

-A decir verdad –habló la mujer, una bonita chica menor a los treinta de cabello castaño y francos ojos verdes-, estamos decidiendo a cuál de los dos. Lamentablemente debemos elegir a uno, no podemos encargarnos de los dos.

-¿Son tus amigos? –preguntó su esposo, sus tranquilos ojos pardos le miraban con curiosidad, escudados por una mata de cabello castaño.

-¿Mis amigos? –balbució en respuesta, Sasuke hizo amago de voltear a verlo-. Sí... lo son.

-¿Te llamas Naruto? –preguntó la chica, un tanto divertida.

-Uzumaki Naruto –contestó enseguida Tsunade, mirándolo con reprobación-. Y debería estar en clases justo ahora.

-Espere, Tsunade-sama. ¿Podríamos hablar con él?

-Demo, Shaoran-kun...

-Por favor –intervino su esposa-. ¿Quién mejor para hablarnos sobre ellos que sus amigos? No es mi intención ofenderla, pero sabe cómo son los niños. Siempre hay más confianza entre ellos.

-Claro, lo... lo entiendo –balbuceó Tsunade, compungida. Apretó la mandíbula. Por supuesto que lo entendía, quería que sus niños tuvieran un buen futuro y un hogar que ella muy bien sabía que no los podía dar y Naruto... ¡Ah, su sincero Naruto! Quién sabría que sandeces o detalles poco propicios les diría a la joven pareja. Sobre todo temía más por el niño de cabellos azabaches que miraba interesadísimo sus rodillas.

-Sólo si el quiere.

-Hai! –asintió el rubio, muy decidido a convencer a esas personas, que aunque no se veían malas, querían quitarle... ¿qué? Qué más daba, algo importante para él y, sin duda, no lo permitiría.

Tsunade negó con la cabeza y suspiró, se sabía derrotada. Naruto era hasta capaz de avergonzarla si era necesario para sus fines, inocentes y sinceros fines. Claro, no dejaría que eso pasara.

-De acuerdo. Síganme...

-No –interrumpió Shaoran con rotundidad, a pesar de su rostro aniñado el poder de su voz era innegable. La mujer rubia elevó una ceja, dispuesta a no dejarse amedrentar-. Espere –se giró a Naruto-. ¿Puedes llevarnos a algún lugar que te guste para poder hablar?

-¿Un lugar que me guste?

-Sí, el que sea –reafirmó la chica de ojos verdes. Naruto asintió firmemente, dispuesto a poner su plan en acción y no permitir que se llevaran... aquella cosa.

Los guió por una arboleda hasta un pequeño claro donde, como único vestigio de humanidad, había un viejo columpio de madera colgado en uno de los viejos y frondosos árboles. El niño se sentó en el columpio y esperó a que sus acompañantes hicieran lo mismo. Ambos se acomodaron, de rodillas, frente a él, con tranquilas sonrisas ella y un semblante neutro su esposo.

-Primero nos presentaremos como es debido. Yo soy Li Sakura.

-Mi nombre es Li Shaoran.

-Uzumaki Naruto –dijo a secas con altivez, ciertamente tenso-. ¿De qué quieren hablar?

-Necesitamos que nos hables...

-Con sinceridad –interrumpió Shaoran el diálogo de ella, que lo miró con reproche.

-Sí, con sinceridad, que nos platiques acerca de Sasame-kun y Sasuke-kun.

Estaba listo, todo lo que tenía que decir era que Sasuke era un tonto, egocéntrico, odioso y listo, se quedarían con Sasame, quien sí deseaba una familia. Diría maravillas de ella, exageraría sus buenos modos y sus facultades. Sonrió triunfante para sí, convencido de que Sasuke (y aquello relacionado con él) se quedaría allí.

Pero observó las francas y alegres ojos de Sakura, su tierna y dulce sonrisa, percibió por completo la bondad de su persona, descubrió la franqueza en las orbes de Shaoran, la ternura bajo su mirada impávida, el cariño que contenía toda su suave sonrisa. Así como también recordó lo que Sasuke había vivido y lo mucho que (notablemente, según él) sufría.

Entonces un sentimiento encogió su corazón y le hizo dudar.

No podía. Resopló, no podía hacerle eso a ninguno de ellos. Ni siquiera ayudar a base de mentiras a Sasame. Simplemente no iba con él, le era imposible.

-Bueno... Sasame-chan es muy dulce y dedicada, le gusta mucho ayudar a los demás y es muy bonita –Sakura rió por lo bajo-. No es muy fuerte y a veces llora pero... Es muy inteligente, sincera, cariñosa, algo tímida, hace unas ricas bolas de arroz y por las noches, le gusta arrullar a los más pequeños, para que duerman bien.

-Ya veo –comentó pensativamente Shaoran-. ¿Y qué nos dices de Sasuke-kun?

-Pues Sasuke...

Levantó la mirada y observó por entre ramas y hojas la copa del alto y frondoso árbol que les cobijaba con su sombra. La brisa mecía suavemente las hojas, soltando una de vez en cuando. Recordó a Deidara en ese momento.

"-A mi me gusta todo lo que se destruye fácilmente y lo efímero (lo que dura poco, enano). Por eso no me gusta hablar de la relación que tú y Sasuke-chan tienen. Es tan consistente, tan fuerte que nada la destruiría."

En esos momentos, esa relación estaba por romperse, el hilo que los unía tenso, más débil que nunca. Naruto no quería ni pensar en eso pero, no importara que tan lejos Sasuke llevara ese hilo, él lo aferraría con fuerza, aun si se lastimara y sangrara en el proceso. Porque Sasuke era...

-Es un tonto, pedante, odioso, arisco, egoísta, nunca dice lo que le pasa, ni si está sufriendo... Aunque eso es muy obvio –dijo como si tal cosa. La pareja lo observó boquiabierta-. Le importan poco los sentimientos de los demás, dice lo que piensa sin rodeos ni tapujos... ¡Es un teme! –estalló con los mofletes inflados. Luego resopló y bajó las manos que, sin darse cuenta, había estado moviendo en medio de su alterado discurso-. También es muy inteligente, todo lo hace bien, tiene las mejores notas en los exámenes y los ejercicios los completa mejor y antes que todos. Es organizado, solitario, habilidoso, valiente... no le teme a nada, quizá solo a Itachi... O esa es la impresión que me da.

Negó con la cabeza, como para él mismo. Los otros dos se miraron entre sí.

-Es mi mejor amigo, algo así como un hermano, es huérfano como yo pero sufrió de manera muy diferente. Quisiera... decir que lo entiendo, que sé lo que siente siempre y en todo momento pero sería decir mentiras y Shizune-neechan dice que no debemos mentir, que es malo.

Calló, no había nada más que decir, nada que agregar. Eso era todo, lo que sentía y lo que pensaba, aunque algo que ponía a palpitar con fuerza su corazoncito le decía que, por mucho que lo negara, había algo más. Desconocía lo que era.

-Muchas gracias, Naruto-chan –sonrió Sakura, levantándose junto a su esposo-. Nos has sido de mucha ayuda.

El rubio los miró desde su altura entre confundido y entristecido. Eran muy buenas personas pero era inevitable sentirse mal.

-¿Los adoptarán?

-Como ya sabes, no podemos adoptar a los dos, por más que nos gustaría –dijo Shaoran-. Pero ahora será más fácil elegir.

-Sasame-chan está aquí desde los tres, como lloraba mucho nadie la había querido adoptar. Ella merece una familia que la quiera y sé que será más fuerte –dijo atropelladamente, levantándose también, sus pupilas temblaban-. Sasuke también, merece volver a empezar, sufrió mucho y ni Itachi ni Kakashi-sensei ni... yo –balbució tallándose un ojo-, podemos hacer mucho.

Sakura lo sorprendió, la miró desconcertado, no porque eran escasas sus muestras de cariño sino por la cantidad de sentimiento y dulzura escondida en esa caricia con la que revolvía sus cabellos.

-¿No te gustaría venir con nosotros?

Se le humedecieron los ojitos con increíble rapidez, desvió la mirada sintiéndose débil y avergonzado.

-No... –musitó bajito.

-Comprendemos –esta vez fue Shaoran quien le acarició la cabeza-. Te deseamos mucha felicidad, amiguito. Ahora nos vamos. Ojalá nos veamos de nuevo, algún día. Serás una gran persona.

Se dieron la vuelta, ya tenían su decisión y el corazón de Naruto latió desenfrenado en su pecho al percatarse de que él pudo haberlo sido. Pudo haberse ido, vivir con unos padres, en una casa para él solo, con juguetes nuevos y el amor que esas dos buenas personas le podían dar, seguramente sin recaudos. Quizá se arrepintiera de eso por el resto de su vida pero...

El recuerdo de Tsunade-obaachan, Iruka-sensei, Kakashi-sensei, Sumaru, Hokuto, Deidara, Mizura, Konohamaru... Todas esas personas que eran importantes para él aparecieron de golpe en sus pensamientos. Aunque eso no lo había hecho decir "no", había sido su propio corazón, la respuesta salió desde lo profundo de su alma y era definitiva.

Secó sus ojos, viéndolos alejarse entre los árboles para comunicarles a Tsunade a quién había elegido. La pregunta salió ronca de su seca garganta antes de que ellos se perdieran de vista.

-¿Es verdad que no pueden tener hijos?

La pareja pareció afectada y Sakura bajó la cabeza con tristeza. Algo dentro de Naruto le hizo sentir pena por ellos.

-Así es... ¡Por esa razón queremos adoptar! Es muy triste saber que hay muchos niños sin padres ni hogar sabiendo que nosotros no podemos tener un hijo propio –Sakura se giró para verlo y dirigirle una hermosa sonrisa que la hizo parecer años más joven, más joven y bonita-. ¡Por esa razón hemos venido aquí!

-Hasta luego, Naruto-kun –se despidió Shaoran.

A la hora de la cena Naruto regresó a la casa, no se sentía con la suficiente fortaleza como para despedirse de... nadie. No quería hacerlo. Ese pensamiento egoísta era lo único que lo mantuvo tranquilo por la tarde, sentado en silencio y soledad sobre el viejo columpio que casi pasaba a ser posesión de él. Posiblemente era él único que lo seguía usando.

Había menos revuelo en el comedor que de costumbre, entró con la cabeza gacha, sin deseos de enfrentar la mirada de nadie. Todo era muy triste. Konohamaru lo llamó, parecía tener la voz más chillona que nunca. No entró, dio la media vuelta y se fue directo a su habitación, las lágrimas volvieron de nuevo.

Se metió en su futón y permaneció escondido allí incluso después de que Sumaru y Mizura entraron y se acostaron. Mizura intentó hablar con él pero desistió al cuarto intento de despertarlo, viendo que era inútil y Naruto no lo escucharía.

Temblaba entre silenciosos espasmos bajo la frazada apretando los labios con rabia. Se sentía terrible y lo odiaba. Cuando estuvo seguro de que sus amigos se hubieron dormido se levantó y salió al patio descalzo y en pijama. Ignorando esto deambuló en la noche con pasos lentos y torpes, hasta llegar a un gran árbol. Puso su manito en uno de los nudos del tronco. Ya lo recordaba. Allí Sasuke solía leer, allí le dijo, algunos años antes, que su olor y él mismo era único.

Se sintió mal y pegó un puñetazo a la madera, conteniendo un grito y las lágrimas.

-Kuso... –masculló casi sin voz, con un gemidito de por medio-. ¡Teme...!

-Usuratonkachi.

Paró su corazón, se congeló su sangre, dejó de respirar. Bajó la mano y, con parsimoniosa lentitud elevó la cabeza para ver, entre frondosas ramas y grandes hojas, un rostro pálido y hermoso, de rasgos angelicales, poseedor de un par de hechizantes ojos negros, como dos hermosísimas piedras onice.

Era... imposible.

Sasuke bajó con cuidado y rapidez por las ramas hasta el piso, enfundó sus manos en los bolsillos y le observó por largo rato, en silencio, inexpresivo. Naruto se puso pálido, se ruborizó, sudó, tembló... todo en los angustiosos y escasos minutos que Sasuke, a escasos seis pasos de él, le vio sin pronunciar palabra.

-Hoy no fuiste a cenar. Iruka-sensei estaba molesto porque te desapareciste, mañana te echarán la reprimenda.

Pero...Sasuke estaba allí, frente a él.

-Sasame volverá mañana para despedirse. Sí que te gusta ocasionar molestias, dobe.

Yera verdad.

-Sasuke! –gritó por segunda vez en el día.

Se echó sobre él, haciéndolo trastabillar en el proceso y caer de espaldas. Uchiha se quejó, lo insultó y le soltó un golpe en el hombro, sin embargo, Naruto siguió abrazándolo con desmedida fuerza, temblando y conteniendo espasmos y lágrimas que no quería que se notaran o que él notara. Se sintió asfixiado y enfermo toda la tarde. Ya no.

-¿Somos amigos? –la pregunta sonó implorante.

Sasuke lo golpeó de nuevo pero no se separó, ni siquiera cuando, minutos más tarde, Naruto cayó dormido, abrazado a su amigo.

-Los mejores –en sueños, Naruto sonrió.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

¿A quién engañaba? Ambos lo sabíamos mejor que nadie. Sin embargo, mentía.

-¿Cómo está? –preguntó preocupado Iruka.

-Sigue igual –murmuró Hokuto, volviendo a colocar el paño húmedo sobre al frente perlada de sudor-. Su temperatura no baja para nada.

Sumaru apretó los labios y los puños, sentado junto a su amiga. Hokuto se los había advertido, que no jugaran en la lluvia, asomada al engawa con una sincera preocupación por sus amigos, que riendo pasaron de ella, incluso invitándola con descaro a que se uniera a ellos. Tampoco le hicieron caso a Haku-san, que se tomó las molestias de advertirles las consecuencias de sus irresponsables e infantiles actos, claro, con su total educación. Mizura estornudó detrás de su pañuelo. Estaba resfriado, por supuesto, porque el frío era bastante fuerte, pero no pasó de ser eso, un simple resfrío.

Como un castigo previo que ninguno quiso reconocer de ese modo, los obligaron a limpiar el barro esparcido por ellos mismos.

Si tan sólo le hubiera hecho caso ahora Naruto no estaría tiritando, sudando frío, cubierto con una gran colcha y sufriendo por la fiebre que le había azotado esa mañana. Fue Mizura quien reconoció los síntomas de la enfermedad, pues Sumaru jamás estaba enfermo. Con culpa y un tanto de miedo, Sumaru abandonó la habitación que compartía con Naruto y Mizura en busca de Tsunade.

En el camino se encargó de soltarle la regañina, porque al llegar guardó silencio y se dispuso a revisar al convaleciente rubio, cuya respiración se hacía poco a poco más dificultosa.

-Tiene mucha fiebre... Sumaru, busca a Iruka y tráelo, debe estar a estas horas en el comedor -ordenó sin dejar a Naruto. El niño asintió y salió corriendo de allí lo más rápido que pudo, sintiéndose cada vez peor.

Minutos después Tsunade se alistaba para bajar ella personalmente al pueblo y comprar todo lo necesario para hacer una medicina para Naruto, que frecuentemente recibía numerosas visitas de compañeros y maestros. Sumaru, Mizura, Sasame y Hokuto se quedaron allí casi todo el tiempo. De vez en cuando Shizune e Iruka entraban para ver cómo estaban o mandarlos a hacer algo. La única que no se movió fue Hokuto, sentada fielmente junto al funton de Naruto, humedeciendo el paño que usaba para intentar bajarle la fiebre.

Una nueva lluvia azotaba la región, humedeciendo los caminos y golpeando con fuerza el viejo techo de la desvencijada casa. Los maestros tuvieron mucho que hacer ese día calmando a los niños, muchos se asustaban por los truenos, otros estaban muy inquietos.

-Qué niño más baka. Traeré más agua, um –el muchacho rubio iba a levantarse cuando una manito se cerró sobre una de las holgadísimas magas de su yukata negra.

-Dei-niichan –se acercó a Naruto con una sonrisita, semioculta por el mechón rubio que cubría parte de su cara. Jamás le veían esa parte del rostro-. No... me digas... baka, baka.

Deidara le sacó la lengua juguetonamente.

-Baka, um.

-Feo –farfulló con un puchero. Una de las cejas de Deidara se movió ridículamente por un tic.

-"¡Coscorrón!" –y le soltó el mencionado "ataque", como él mismo le llamaba, a Naruto en la cabeza, dejándolo semiinconsciente, de nuevo.

-¡Dei-niisan! –protestaron el resto de los niños, Hokuto y Sasame escandalizadas. Sin una pizca de vergüenza en sus pícaras facciones ni en su ojo visible, azul como el de Naruto, sonrió y se apresuró a salir.

-¡Voy por agua, um!

-Ese Deidara... –suspiró Haku, entrando a la habitación luego de que el rubio la abandonara.

-Haku-san –pronunció Mizura, haciéndose a un lado para que Haku se sentara.

-Arigatou –tomó asiento y miró preocupado a Naruto, luego a Hokuto-. ¿Hay mejoras?

La chica negó con la cabeza, mirando con semblante apenado a su gran, antes ruidoso amigo. Las mejillas encendidas, la piel brillante por el sudor, los labios entreabiertos buscando el tan preciado aire, los mechones húmedos pegados a la frente. La pesada y trabajosa respiración era todo lo que se escuchaba, rompiendo el absorbente silencio.

Lo peor de todo, era ver que el tiempo pasaba y pasaba pero la fiebre no se iba. El pobre niño se revolvió entre las sábanas, en un estado de tormentosa duermevela.

-Miren a quién he traído, um –canturreó la voz de Deidara, justo en la puerta. Al apartarse la menuda figura de Sasuke fue visible para todos. Haku sonrió discretamente.

Sasuke no miró a nadie más que a Naruto, quien evitó su mirada, girando el rostro hacia el otro lado. Deidara le dio un empujoncito en la espalda y Sasuke le dedicó una mirada furiosa, el rubio respondió con una gran sonrisa maliciosa. Un escalofrío le recorrió la espalda. Deidara era de temer.

Iruka, sentado de frente a Sasuke le vio significativamente y luego hizo lo mismo con Naruto, pero su mirada se entristeció. Tenía un mal presentimiento con respecto a esa cara, Naruto no solía enfermarse y, en algún lugar, había escuchado que el estado de ánimo resultaba muy influyente en la salud de una persona. Pero era imposible que Naruto hubiera escuchado algo...

Sin decir absolutamente nada, Sasuke se sentó junto a Iruka, Naruto volvió a intentar ignorarlo. Entrecerró los ojos. Ése usuratonkachi. Debajo de la manta, con la que intentó cubrir su cabeza, Naruto apretó los labios y los párpados. ¿Qué hacía aquel idiota allí, si lo que le pasara no era de su incumbencia? Ese teme podía llegar a ser todo un idiota. Con tan solo recordar lo de aquella tarde...

-¡No lo haré! –siseó molesta una voz. Naruto se paralizó en medio del pasillo.

-¡Por favor, no digas eso! –rebatió Iruka-sensei, pareciendo alterado.

-Lo que le pase me tiene sin cuidado, sensei –aquel tono era tan irritado que le había hecho congelar sus pasos. ¿Por qué Sasuke estaría así?

-Sasuke-kun –insistió Iruka-. Está muy enfermo y sé que tu...

-Yo nada, si es idiota pues que se atenga a las consecuencias.

Naruto, casi sin respirar, se aproximó a la puerta de donde provenían las voces. Era el "despacho-dormitorio" de Iruka-sensei y éste discutía acaloradamente con Sasuke. ¿De qué hablarían para que su voz estuviera cargada de ira y la de su maestro tan entristecida? Continuó escuchando. Tenía el corazón latiendo con rapidez y no sabía cuál era la razón.

-Sasuke-kun, Naruto te considera su amigo y creo que es mejor para él que esté en tu compañía.

Hubo un breve silencio en el cual no se escuchó nada. Lo siguiente alojó en su pecho y su estómago desagradables sensaciones y un espantoso vacío. Sasuke-temeera un idiota.

-Naruto ya tiene muchos amigos, para qué podría necesitarme. Además, es SU problema no el mío.

Cerró los ojos tal como lo hacía en esos momentos bajo su cobija, con todavía más fiebre que la de unas horas antes. Luego de oír giró sobre sus talones y regresó sus pasos a su propia habitación, de la cual se había escapado un rato. Prefería estar en cama a que Sasuke viera su cara y escucharlo hablar así.

Y durante toda la tarde permaneció en cama, con las frías y crueles palabras de Sasuke taladrándole el cerebro, resonándole en la cabeza una y otra vez. Estaba tan, pero tan molesto y dolido, que fingió ignorarlo cuando se sentó a contemplarlo en silencio. Cuánto le odió.

-Parece que ya se durmió –susurró Shizune a un preocupado Iruka, que asomaba medio cuerpo a la alcoba de Naruto, con Kakashi detrás. Ya era de noche. La chica arropó mejor al rubio y tomó en brazos a Konohamaru, que yacía dormido a los pies de la cama de Naruto, luego se dirigió a los otros chicos que la acompañaban-: Ya es muy tarde, Tsunade-sama se enojará mucho si sabe que estuvieron despiertos hasta estas horas. Vayan a dormir.

-¡No podemos dejar así a Naruto! –exclamó Sumaru, repentinamente despierto.

-Mizura, sé buen niño y con Su-chan acompaña a tus amigas a sus dormitorios¿bien? Luego vayan a mi habitación. Hoy dormirán con los chicos y conmigo.

-Como diga, Kakashi-sensei –Mizura se levantó e instó con la mirada a Sumaru a que hiciera lo mismo. Hokuto y Sasame, que tenían apariencia de estar más dormidas que despiertas, les imitaron casi al instante-. Se lo encargamos mucho, Shizune-neesama (Honorable hermana mayor). Que tengan buenas noches.

Al pasar junto a Kakashi éste les acarició el pelo con cierta rudeza pero bastante afecto, causando que sonrieran un poco. Iruka prometió ir pronto con ellos, amenazando a Sumaru de que se fuera con la mirada. El niño frunció el ceño indignado¿por qué Sasuke sí podía quedarse?

-Shizune-kun –llamó Iruka-. ¿Crees que se pondrá bien?

-He logrado bajarle un poco más la fiebre y es seguro que con una buena noche de sueño se reponga rápidamente –les sonrió calidamente-. Mañana estará mejor y tomará la medicina, seguramente ya estará corriendo y jugando como siempre. Por cierto... Sasuke-kun, ve a dormir.

-No –dijo el niño, que no se había movido ni un centímetro. Los mayores se miraron entre sí, anonadados.

-Va-vamos, Sasuke-kun. No es hora de bromear, ve a la cama –intentó disuadir la chica, Sasuke levantó, sólo por un par de segundos, la mirada del pequeño rubio y la centró en ella, con increíble frialdad. Para Shizune era obvio que no lo haría.

-Lo mejor será que vayamos a nuestras habitaciones, ya es muy tarde y hay que dar ejemplo a los niños. Sasuke –de nuevo levantó la mirada, encontrándose con que Kakashi había entrado del todo a la alcoba-, si algo le ocurre no dudes un instante en ir a buscarnos¿entendido?

-Kakashi-san! –exclamó alarmada Shizune. Kakashi le sonrió y puso una mano sobre su hombro.

-Todo estará bien, Sasuke es bastante maduro. Ve a descansar tú también, se te ve cansada.

Y así Sasuke les escuchó irse por fin, pues no apartó su atención de Naruto. La recámara quedó en silencio, apenas alumbrada por una velita que Shizune se había molestado en encender. Permaneció en completo silencio, inmóvil y despierto, observándolo dormir apaciblemente. De pronto, Naruto se agitó, aun dormido, quejándose en sueños. La luz de la vela bailó hasta apagarse con un soplo de viento, que entraba por las puertas corredizas abiertas.

Le observó por largo rato, viéndolo buscar aire con vehemencia, sudando y tiritando. Cambió de nuevo la toallita sobre su frente y acomodó la frazada. Fue como si sus sutiles movimientos hubieran desencadenado en el enfermo acciones impropias y preocupantes. Naruto empezó a removerse con insistencia y desespero bajo las sábanas, apretando los párpados y emitiendo ahogado gemiditos. Sasuke esperó atento.

Naruto lloraba, lloraba en sueños sin derramar una sola lágrima, sollozando y temblando con furia. Puso sus manos sobre los hombros del rubio, obligándolo a permanecer contra el futon, pero las piernas de Naruto cobraron vida, retorciéndose en medio de su delirio producido por la fiebre.

Su corazón se desgarró en el instante que Naruto abrió los ojos, sin poder ver realmente. Tenía las orbes cristalinas, temblaban sin control, amenazando con derramar lágrimas. Entre abrió los labios, secos, respirando irregularmente. Fue como si supiera que estaba allí, a su lado.

-Sasuke... ayúdame.

No dudó un segundo, sabía, de nueva cuenta y sin proponérselo, qué hacer. Guiado por sus instintos, apartó de golpe la manta que cubría el cuerpo de su amigo, dejando su pequeño cuerpo al descubierto. Le tomó de las manos con aprensión, apretándolas entre las suyas. Con sus propias piernas inmovilizó las de Naruto, enredándolas sin recato. El cobertor cayó por fin, pulcramente sobre ambos cuerpos, protegiéndolos del frío.

Contempló en silencio las facciones llenas de pena de su compañero, a escasos centímetros sus rostros. Naruto ardía, quemaba con su contacto, pero Sasuke pensó que nada podía sentirse mejor. Juntó sus frentes y comprobó que la fiebre no parecía querer bajar, pero notó complacido un cambio.

Ya no estaba tan agitado, su semblante más relajado indicaba que las pesadillas habían dimitido hasta, quizá, convertirse en imágenes sin sentido y sonidos incomprensibles dentro de su cabeza. Aspiró el olor de Naruto, sintió su ardiente piel morena contra la suya, notó la fragilidad de su cuerpo tan de primera mano que no lo creía. Miró embelezado su rostro apaciguarse, luego le observó dormir, antes de que el sueño también hiciera mella en él.

Ya no tiritaba y no se sentía arder. A decir verdad, sus músculos agarrotados y sus párpados pesados eran lo único malo. Un agradable frío sobre su frente aliviaba el dolor de cabeza y relajaba los músculos de la cara. Se estaba sintiendo mucho mejor que en la noche.

Vio, como si se tratara de un recuerdo de la infancia, las imágenes que perturbaron su sueño la noche anterior. La oscuridad, el silencio, la soledad se cernían sobre él. Estaba solo, rodeado de miradas de odio. Tuvo miedo y luego, sintió una infinita tristeza. Pero en medio de aquella pesadilla tan tortuosa llamó a alguien con desesperación. Una sensación de paz y seguridad, una calidez incomparable le rodearon abrasadoramente, yendo más allá que la misma fiebre. Y el miedo desapareció.

Ahora... ahora podía sentir la claridad del día a través de sus párpados, el frescor de la mañana en su rostro, el rumor de los árboles mecidos con el viento, los trinos de las aves, las risas de los niños. Era un nuevo día.

Sin miedo, abrió los ojos, encontrándose con el conocido techo de su recámara. Era una mañana brillante y hermosa, una nueva promesa. Sin embargo no sonrió, permaneció quieto, respirando tan lentamente como podía. Una gotita de agua helada bajaba por su sien. El frío sobre su cabeza lo originaba un paño húmedo, para bajar su fiebre.

Escuchó atentamente. Fue cuando lo supo y giró sobre sí mismo con inusitada rapidez. Le miró perplejo.

Sasuke le sonreía a medias, a su lado, muy cerca de él. Casi podía rozar con su hombro el contrario, casi podía oír el palpitar de su corazón, casi podía perderse en sus oscuras y profundas orbes color noche, que brillaban de manera especial aquella vez. Casi quería acortar la distancia y tocarlo, para comprobar que no se trataba de un sueño.

Pero estaba allí, tan real como todas esas sensaciones. Sonrió grandemente, estaba feliz.

-Ohayo, dobe –dijo suavemente.

-Ohayo, teme –respondió de igual forma. El pañito que cubría su frente yacía a un lado de su cuerpo.

-Tienes mejor aspecto –sus ojos lo recorrieron con escrutinio en unos segundos-. Debes tener hambre.

-¡Muchísima! –asintió. Movió los pies un poco, para acomodarse mejor sobre sus codos, de la misma manera que Sasuke. Al arquear más la espalda el cobertor se deslizó por hasta detenerse en su cintura-. ¿Qué hora es?

-Las ocho aproximadamente. Tsunade me dejó tu medicina.

-¡¿Ha vuelto?!

-Sí, esta mañana como a eso de las seis. Yo ya estaba despierto, así que la recibí. Esperaba que despertaras para dártela. Venga ya.

Naruto protestó, demostrando que se encontraba casi, casi como nuevo. No obstante, se tomó toda la desagradable y viscosa medicina con sabor y olor a hiervas curativas y a quién sabe qué más. Puso cara de asco, sacando la lengua en un gracioso acto de desagrado. Uchiha le observó atento, sin mostrar emoción alguna que no fuera la que ya adornaba su rostro.

Sí, no lo quería admitir, pero se sentía aliviado de ver al dobe en mejor estado. Un escalofrío, en el cuerpecito a su lado y un estornudo le hicieron cambiar de idea, apagando la sonrisita que dibujaban sus labios.

Naruto sorbió con la nariz, un tanto roja. Sonrió jocosamente y se volvió a su amigo.

-Usuratonkachi –suspiró tranquilamente, pasándole un pañuelo-. Shizune-san dijo que te haría una sopa para que recuperaras fuerzas.

-¡Ramen!

-¡Nada de ramen! –siseo al instante. Naruto le dirigió una mirada que destilaba enveneno-. Necesitas comida de verdad.

-¡El ramen es...! –pero no llegó a saber qué era el ramen, porque otro estornudo interrumpió las palabras del rubio. Limpió su nariz y se encogió sobre sí mismo. No midió sus acciones, de nuevo actuaba por instinto, algo que sólo ocurría estando Naruto cerca.

La campanilla en el techo, justo afuera de la habitación, emitió un pausado y harmónico tintineo, soplaba un poco de agradable brisa. Naruto abrió mucho los ojos, asombrado. Permaneció quieto, suspendió su función respiratoria, no parpadeó. Por dentro, gritó.

¡Qué suave era! La mano de Sasuke quedaba perfectamente situada en su frente, proporcionándole una sensación gloriosa que le provocó una muy ligera y rápida sacudida. Se sonrojó de inmediato. ¡Sasuke sonreía! Y qué sonrisa.

Entrecerró los párpados cuando sintió la delicada mano moverse hacia sus sienes y luego, tan lentamente que resultaba desesperante, bajar por su nariz, rozando sus labios rojizos.

-No hay señal de fiebre –seguía sonriendo. Sólo para él. Le dio un tímido y juguetón toquecito en la punta de la nariz y apartó la mano, que no llegó muy lejos.

Ahora era el rubio quien actuaba por mero instinto, tomando su mano y acercándola a su rostro. Por un segundo pensó que tendría fiebre, pues estaba ruborizado hasta las orejas, pero algo le hizo descartar esa posibilidad.

Movió un dedito, acariciando la tostada mejilla, justo por donde pasaban las extrañas marquitas con forma de bigotes. Su piel era suave, calentita y agradable. Intercambiaron unas pequeñas y tiernas sonrisas, hallándose de pronto tan cerca y tan juntos, que escuchar la respiración contraria era posible. Un sentimiento aparecido de la nada, como una mariposa revoloteando dentro de sus estómagos, llevando consigo cierta ansiedad y emoción.

-Arigatou –susurró bajito Naruto, casi con timidez. Sasuke ladeó la cabeza, curioso.

-No he hecho nada. Hokuto es quien te ha cuidado.

Naruto negó enseguida con la cabeza.

-No, no es por eso. Es más bien... –paseó sus ojos por la habitación, nervioso-. Gra-gracias por ayudarme.

Sasuke, que sabía perfectamente a qué se refería su amigo, parpadeó y se hizo el desentendido.

-No he hecho nada.

Acarició un segundo más las marquitas para intentar levantarse. La manita de Naruto le impidió alejarse demasiado, tirando de su ropa con cierta aprehensión. Lo miró por sobre el hombro para encontrárselo rehuyendo su mirada, inmóvil.

Regresó a su posición anterior y, sin verse libre del agarre del rubio, alzó su propia mano y tomó delicadamente su barbilla, obligándolo a voltear a verlo. Contempló por entero su tierno y aniñado rostro, el suave sonrojo que teñía sus tersas y gorditas mejillas, el puchero que mantenía sus labios fruncidos, como si le estuvieran reprochando. El precioso brillo en sus profundos ojos azules, el cabello cayendo sutilmente sobre su rostro y lo menudito que lucía en esos instantes, allí, a su lado.

-Mentiroso.

Sasuke apretó muy ligeramente el agarre con el que tenía sujeto su mandíbula, acercando sus rostros un poco más, juntando sus frentes. El embriagante y fresco olor de Naruto le nublaba la mente y el verse sumergido en aquellos pedacitos de cielo sólo lograba que su razón fuera, de nuevo, reemplazada casi por completo por su "instinto".

Y Naruto supo la verdad, entendiendo al instante lo que escondían los ojos oscuros. Sonrió lo más radiante y felizmente que pudo. Una pequeña sonrisa en los pálidos y finos labios del otro apareció de la nada.

Naruto estaba feliz.

Sasuke estaba feliz.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Do dai? A que estuvo tierno? Esa última escena me tomó más tiempo del que esperaba ¬¬, salió rara la parte cuando Sasuke e Iruka-sensei discutían, no termina de convencerme. Esperaba poner más escenas pero doce páginas de word me parecieron suficientes para el segundo cap, a decir verdad la historia acaba de alargarse uno o dos capítulos más (no es que me moleste ¬//¬) de los que tenía previstos. Por cierto, aquí no tienen más de... nueve años, en el primero tenían siete-ocho, ahora nueve-diez. Más o menos la cosa irá así, esta vez me centré más en Naruto, cómo ve a Sasuke y su amistad. En el próximo Sasuke de nuevo será el centro de la historia, aunque ya se diría que puedo intercalar. No se nota que los amo, ne ñ.ñ?

De nuevo gracias por leer y de ante mano gracias a los que me dejaran R&R n.n El otro puede que tarde también, hay partes que faltan por terminar o pulir, ya saben. Son, exactamente doce (12) páginas de word, como ya he dicho, contando mis innecesarios comentarios. De verdad sabré agradecer a quien deje su opinión, por más corta o cortante (que no es lo mismo) que sea.

"Los errores no se borran, se acomodan".