Sé que merezco de todo por irresponsable pero saltaré la parte de las disculpas para agradecer por los R&R (que por cierto no he contestado ¬¬): Kiryu Ozore Aikawa, Chibi Dhamar, yanaslik, Rhuw, Flor del alba, Hakura-Black, Yoshiki-kun, jennita, Noemi-chan, Ho-o, Misaki, kariiToop, tsunade25, giosseppe, Aghata Yami malfoy, Amai ame. Ahora procederé a decir algo que, por olvidadiza e idiota, se me ha olvidado en los anteriores capítulos: Deense una vuelta por el primer capi y busquen la canción de CASCADA "Truly, madly, deeply", también conocida como "I wanna stand with you in a mountain". Es la canción que usé para escribir la mayoría de la historia y su letra es perfecta para ella. Si no quieren leer los primeros dos capis entonces lean este con esta canción, les dará tiempo para leerlo y escucharla sin cansarse de ella. Es bellísima y me parece la mejor para describir esta historia.
Título: Una historia de amor
Autora: Hikaru no Yami
Género: Romance, humor (un poquito), debe haber algo más, pero no sabría decirlo.
Advertencias: Tómenlas ustedes y (obvio!) shounnen-ai
Sumary: Cuando el sentimiento es puro y transparente como la lluvia, cuando es cálido como el cuerpo de una persona importante, cuando los recuerdos forjan un lazo y las heridas son sanadas y cuando el entendimiento va más allá de cualquier límite, es posible olvidar las palabras por un momento y, en secreto, ser egoísta pero feliz.
Nota importante:Varios capítulos ya están escritos, otros están dentro de mi cabeza y hay unos que pueden ayudarme ustedes dejando un review. Cualquier parecido con otro fic es mera coincidencia (hasta que recordé escribirlo!).
Disclaimer: Naruto no es mío, le pertenece a Masashi Kishimoto-sensei, a quien muy cordialmente le agradezco haber creado aesta historia, que me llegó al alma.
Inconsciente felicidad. Recuerdos pasados
Transparente a tus ojos. Fue como un sueño, un sueño del que no quería despertar.
-Dayobu desu ka, Sasuke-kun?
Miró a Iruka, escondiendo como podía la molestia tras una máscara de indiferencia. No era lo que tenía planeado que pasara, y menos a dos partidos del triunfo. Las mocosas chillaban su nombre incansablemente. Tontas. Eso no haría que el dolor se fuera. Intentó ponerse en pie sin quejarse demasiado, una mueca en su rostro fue lo que se escapó.
-Sí, estoy bien.
-¿Seguro? Puedo pedirle a alguien que te acompañe a la enfermería y... –siguió su maestro.
-No –le cortó con rudeza-. Demo, arigatou, Iruka-senei.
Iruka pensó que el tono que pretendía ser avergonzado era más bien doliente. Sin embargo, el pequeño pidió el balón a unos de sus compañeros y jugó con la pelota como si nada. Poco convencido Iruka aceptó reanudar el partido y dejarlo jugar. Ya sin la excesiva preocupación de Iruka encima (siempre tan exagerado y precupón) volvió a jugar, usando más la pierna derecha que le izquierda, cuyo tobillo dolía nada más pisar.
Cerca de diez minutos después, el dolor demostró ser más fuerte que su falsa indiferencia y tropezó de nueva cuenta, cayendo al piso de forma poco digna.
-Sasuke-kun! –exclamó Iruka, corriendo hacia él-. Debía saberlo. Ahora, vamos a llevarte a la enfermería... ¡Sin excusas!
Resignado, pero sobre todo, enojado, aceptó la ayuda para levantarse pero, tras mucho dialogar, consiguió que lo dejaran ir solo a la enfermería, prometiendo llevar alguna prueba de que sí había ido. Empezó a alejarse, a paso lento, del campo de juegos, donde todos los niños de entre siete y diez años formaban equipos y se enfrentaban en competencias deportivas. No supo que unos grandes y expresivos ojos azules le siguieron hasta que se perdió de vista al cruzar la esquina, justo cuando se reanudaba el partido.
Era completamente injusto que a nada de ganar el campeonato deportivo de Konoha pasara eso. Aunque se tratara sólo de una vieja y tonta tradición de muchísimos años que, decían, ayudaba a acercar a los niños de la gran mansión, además de animarlos y limar asperezas entre ellos. Lo más triste resultaba que, por mucho que no quisiera admitirlo, estaba funcionando en él. Hacía mucho que no se sentía tan vivo, como un niño.
Después de todo, cuando estaban juntos en los fuertes entrenamientos de artes marciales (el estilo Uchiha), su hermano era terriblemente estricto con él.
Un escalofrío le recorrió la espalda al pensar en lo que diría Itachi al verlo en esas condiciones. Ya no podría continuar con los entrenamientos físicos. Le dieron nauseas de sólo pensar en la mirada que le dirigiría.
Tan concentrado en sus pensamientos estaba, que apenas se percató de que alguien estaba a pocos pasos de él, por lo cual tropezó y casi cayó el suelo. Por pura suerte logró mantenerse en pie, no sin antes gemir por la fuerza ejercida en su pierna lastimada.
Estuvo a punto de mal decir al idiota que se atravesó en su camino cuando la sangre se le congeló al levantar la mirada. Era, ni más ni menos, a quien menos quería ver.
-Nii-san... –susurró con voz repentinamente ronca. Y allí estaba, frío, estoico, imponente, atractivo y cruel como sólo él lo conocía.
-Doshite? (Qué ocurre?) –preguntó escrutándolo de arriba abajo.
-N-nandemonai... (N-nada...) –mintió, encogiéndose, totalmente nervioso. Sentía como si esos ojos pudieran leerle la mente y, la vedad, lo que estaba pensando no era tan bueno-. Itae! –gimió al recibir una leve patada en el tobillo por parte de Itachi, que le observaba mortalmente estoico.
-Nandemonai ka (Nada, eh) –suspiró y avanzó hacia él.
Sasuke cerró los ojos, esperando algún otro impacto o insulto... que no llegó. Abrió un ojo con cierto miedo y se sorprendió de sobre manera con lo que vio. La amplia espalda de Itachi, con el símbolo de su familia estampado y resaltante entre tanto negro, estaba frente a él, a su altura, pues se había acuclillado; y las blancas y grandes manos justo abajo, como esperando asir algo.
-¿Qué esperas? –se sobresaltó y se apresuró a montar en su espalda, tímido y dudoso-. Sujétate bien –ordenó antes de levantarse.
-Hai –su voz sonaba, para su pesar, temblorosa. ¿Por qué tenía que ponerse así con la sola presencia de ese muchacho?
Itachi comenzó a caminar, en silencio por supuesto. Sentía claramente el cuerpecito de su hermano menor asido a sus hombros con cierto pánico, incluso parecía reacio a sujetarse. Miró sus pies, suspendidos en el aire, mecerse con su suave andar y pensó que Sasuke había crecido mucho en poco tiempo pero, a la vez, seguía siendo un pequeño niño, su hermanito pequeño.
-¿Recuerdas cuando madre preparaba bocadillos y té por la tarde, luego de mis entrenamientos? -preguntó de pronto, sorprendiendo mucho al más pequeño. Sasuke asintió con la cabeza pero, recordando que Itachi no lo podía ver, soltó un débil "sí"-. Veíamos las nubes, jugábamos a encontrarles formas y nos contaba historias sentados los tres en el engawa.
-Era en primavera. Yo tenía cinco años cuando, un día, sin decir nada, te levantaste y entraste a la casa. Oka-san se puso triste pero luego sonrió. Nunca volviste a sentarte con nosotros –recordó en voz bajita.
-Quería que pasases más tiempo con ella, así quizá no te parecerías tanto a mí.
Sus ojos se abrieron el doble.
-Nani?
-¿Qué ves? –preguntó de la nada-. En el cielo, ¿qué ves?
Sasuke elevó el rostro al basto cielo, lleno de esponjosas nubes, que se retorcían en caprichosas formas. Aquel color azul tan brillante le recordó a algo que no supo definir y un sentimiento cálido y agradable se anidó en su corazón por un segundo. Luego una nube llamó su atención, una que resaltaba entre las demás por su extraña forma. De pronto, la pregunta de Itachi tenía sentido.
-Una carpa.
-Shou desu ka (es cierto) –aceptó, deteniéndose para ver la extraña forma de la nube que vio Sasuke-. Mi turno... Esa de allí, a la izquierda de la tuya, parece un gato.
-Más bien un ratón –se burló de manera inconsciente el pequeño. Dio un respingo, avergonzado, seguro de que acababa de arruinar el momento.
-Hmmm... Tienes razón, parece un ratón –pero le asombró comprobar que Itachi sonaba divertido-. Ahora te toca a ti.
-Pues... –todavía dudoso, por no decir incómodo, buscó lo primero que le llamase la atención y lo encontró en una nube que tenía una asombrosa semejanza con una flor. Itachi pareció muy interesado en esa y, cuando fue su turno, gruño al no encontrar algo así. En su fuero interno, Sasuke rió, no recordaba haber visto esa faceta tan... humana en Itachi.
-Esa, al oeste, cerca de las montañas, es un árbol.
-¡Sí! –Sasuke se pegó inconsciente su cuerpo al otro, al arrimarse al frente, extendiendo un brazo para señalar una nube, sonriendo grandemente-. ¡Allí, nii-san! Tiene la forma de... es igual a...
-Al símbolo de nuestra familia –completó Itachi en un quedo murmullo, observando la peculiar nube-. Vaya que eres bueno, oka-san siempre lo decía.
-Te toca a ti –canturreó.
-Ya no veo nada... creo que ganaste –se rindió cerrando los ojos, con una mueca de circunstancia.
-Yatta! –rió Sasuke por lo bajo.
-Baka ottouto-kun (Estúpido hermano menor) –soltó de pronto Itachi. Sasuke bufó y arrugó la cara, no con molestia ni con diversión, sino de manera amarga.
-Gommen –musitó-. Puedes bajarme. Ya estamos cerca.
-Iie, yo te llevaré –dijo rotundo.
-Demo... (pero...) –intentó rebatir él.
-¿Tú me odias?
Los ojos se le abrieron de par en par. ¿Que si lo odiaba?
-Iie –jadeó al instante. Qué cruel era al preguntarle eso. Escondió la cara en la espalda de Itachi y apretó con fuerza las manitos sobre la ropa que vestía su hermano. Negó con la cabeza, Itachi hizo un extraño sonido con la garganta. Elevó la vista de pronto, impulsado por algún extraño sentimiento y acercó su rostro al otro, que, para su completo pasmo, llevaba una pequeña sonrisa. Hacía tanto que no lo veía sonreír...- Iie! –repitió ahora con desesperación.
-No he sido un buen hermano –dijo sonriendo-. Kedo... (pero...) No existen dos hermanos como nosotros en todo el mundo. Padre y madre están muertos, no puedo suplir su lugar pero, acorralándote, obligándote a luchar, haré que crezcas. Aunque me odies, como pronto sé que ocurrirá. Al menos sabré que eres fuerte, como ellos lo hubieran querido.
-Nii-san...
-Dakara... (Porque...)
Elevó la vista al cielo y Sasuke, que se sentía increíblemente pequeño e indefenso, como un chiquillo, le imitó. El cielo era inmenso y parecía nunca acabar, sin duda. La única de las nubes que conservaba la forma, de todas las que habían visto, era aquella que, increíblemente, era igual al símbolo que ambos portaban en la espalda.
-Omaeba... oremo ottouto-kun (Eres... mi hermano pequeño) –y el corazón de Sasuke se aceleró como nunca en toda su vida. De nueva cuenta escondió el rostro entre los largos cabellos azabaches de Itachi, que olían iguales a su madre, el mismo suave aroma. Sonrió para sí. Estaba feliz.
-Hai, nii-san.
-Doshite dattebayou? –Sasuke apartó la vista de sus compañeros, que competían en carreras de sacos, para ver a Naruto, que llegaba en ese momento, con una bandita cubriendo el puente de la nariz. Se pateó internamente por consentir, por un instante, el pensamiento de que Naruto se veía muy bien.
-Nandemonai desu –contestó regresando su atención al frente.
Naruto acortó el espacio entre ellos y se sentó en el enwaba, a su lado. El cielo se había llenado de miles de matices de azul, rojo y morado al horizonte, sobre el bosque que rodeaba el orfanato. Ya los juegos eran por mera diversión, en cuanto al partido... Sasuke miró con mala cara su tobillo vendado. Si no fuera por su culpa, habría seguido jugando (sí, le había gustado mucho) y habrían ganado el primer puesto en vez de un tonto segundo lugar.
Su expresión se suavizó de pronto al recordar los acontecimientos de esa tarde, luego de que cayera y tropezara. La calidez del cuerpo de Itachi, su ronca pero suave voz, el aroma de sus cabellos de ébano, sus propias risas, la nube Uchiha, como la llamó secretamente, el basto azul del firmamento...
-Oe, teme –llamó Naruto-. Dime qué te ocurrió –demandó saber.
-¿Qué podría haberme pasado?
-No lo sé, por eso quiero saber. Es obvio, puedo verlo, que algo bueno te ha pasado.
Del otro lado del patio estaba Itachi, hablando con su maestro en jefe, Akasuna Sasori, que realmente podía parecer de la edad de él y Deidara. Su hermano parecía muy interesado en la conversación pero, en un instante en el que Sasori se giró para escuchar algo que le decía Kakashi, Itachi viró los ojos y los posó en él. Luego un pequeño guiñó, que casi le pareció producto de su imaginación.
Sonrió avergonzado, normalmente no hacía ese tipo de cosas.
De pronto recordó a Naruto.
Al girar el rostro para replicarle que dejara de ser un entrometido bocazas y que se ocupara de sus propios asuntos comprendió que verlo a los ojos fue su peor error en toda la tarde.
Quedó petrificado al instante en que sus miradas chocaron, hasta la expresión enojada se esfumó en tiempo record, dejando en su lugar una mueca de incredulidad torpe. Luego, a los pocos segundos, un suave rubor tiñó su rostro.
Los expresivos, grandes, brillantes ojos de Naruto eran azules. Azules como el cielo, pero el cielo de esa tarde, lleno de nubes que sólo resaltaban su belleza, como si quisieran contar una historia, profundos y cristalinos. Pasó saliva con cierta dificultad. Él ya sabía de qué color eran pero nunca se detuvo a pesar que eran igual al cielo, al cielo que su hermano y él contemplaron juntos unas horas atrás, como cuando sus padres estaban vivos.
-No quiero –dijo al instante, recuperando a medias su temple. Creyó que Naruto le grataría y pelearían de nuevo. En vez de eso y para su completa sorpresa, el rubio, que estaba recostado sobre su estómago en el piso, con los pies balanceándose sobre su cabeza y esta sostenida por sus manos, le sonrió. Esa sonrisa fue la gota que colmó el vaso, es decir, descompuso a Sasuke nada más verla.
Claro, Naruto le sonreía única y exclusivamente a él y sus palabras fueron peor.
-No importa. Estás feliz, creo que eso es suficiente para mí –y la sonrisa se ensanchó, alegre, radiante, infantil, sólo para él.
-U-suratonkachi –masculló torpemente, desviando el rostro.
-Te lo dije, ttebayou –escuchó decir a Naruto, lo miró extrañado-. Que estás feliz.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Muchas veces no te entendía. Esos días nunca los olvidaré, eran nuestros.
-Mira, tiene pinta de que lloverá.
-Hn –asintió, aunque no hubiera nada de extraordinario en ello. Esos últimos días llovía mucho, casi sin parar. El cielo, las montañas y los bosques de la región estaban cubiertos por nubes y una densa neblina al anochecer.
Bajó un poco la mirada hasta toparse con la delgada silueta de su amigo, acostado al borde del engawa. Se mecía suavemente, moviendo los pies con parcimonia por sobre su cabeza, quizá tarareando algo para sus adentros. Se preguntó si no tendría frío con esas ropas: una camiseta naranja y unos pantalones cortos azules.
De acuerdo, quizá él no estuviera precisamente abrigado, pero por lo menos su ropa solía ser más abrigadora que la de Naruto. El repentino sonido de la lluvia lo despertó de su ensoñación. Levantó la cabeza y comprobó que estaba lloviendo copiosamente.
Naruto sonrió y entreabrió los labios, dejando que la melodía que rondaba constantemente su cabeza se deslizara como palabras por sus labios. La canción era la misma que cantaba Sumaru por las noches, para poder dormir. Considerando que compartían habitación desde que entró, ya se sabía la letra de memoria y cada entonación que debía usarse. Era una canción triste y muy bonita, pero a él le gustaba pensar que guardaba algún secreto.
Observó por sobre su hombro y por una fracción de segundo al estoico muchacho a su espalda. Sasuke había crecido. Ya no era el mismo niñito de siete años y le parecía impresionante que para tener sólo diez años luciera tan mayor. Pero Sasuke siempre había parecido mucho mayor que él. Su cabello seguía igual con el mismo extraño peinado, pero un poco más largo; y su rostro había adquirido cierto aire de madurez, quizá la próxima adolescencia.
Esos días había estado especialmente extraño. No importaba, no importaba cuán extraño fuera Sasuke, o que tan raro se comportara, para él seguía siendo Sasuke-teme. Juntó sus pies en el aire y los dejó suspendidos, deteniendo los movimientos de sus labios. El arrullador sonido de la lluvia, el silbido del viento, la lenta y silenciosa respiración de Sasuke eran música más hermosa que cualquier otra. Sin embargo, él no entendía realmente por qué había parado a oír lo que le rodeaba y, por algún motivo, calmaba. Cerró los ojos un instante e intentó recordar cómo estaba Sasuke en esos momentos.
Apoyaba la espalda en la pared de la casa, muy cerca de la esquina, cruzando los brazos sobre su pecho y una mirada de tranquilidad que no dejaba entrever casi ningún sentimiento. Porque, por mucho que tratara de ocultarlo con su máscara de frialdad, Naruto podía ver a través de ella y saber qué sentía Sasuke.
Sin esforzarse mucho, siguió en su tarea de visualizar a Uchiha en su mente: vestía pantalones cortos blancos y sobre estos, cubriendo su torso, una camisa azul oscuro de cuello alto y mangas largas. Iba descalzo, con el cabello tan raro como siempre, mechones largos a los costados de su rostro y un antinatural peinado atrás. Parecía un ave. Su rostro perfecto y bonito tendría los músculos menos tensos que de costumbre, por la sola presencia de la lluvia y sus ojos reflejarían de manera mágica el paisaje húmedo y nublado frente a ellos.
Al voltear confirmó que estaba completamente en lo correcto y no pudo evitar sonreír satisfecho. Miró los ojos negros y se encontró con aquella sombra de tristeza que jamás parecía irse. Si tan sólo él pudiera hacer algo... Lástima que las mariposas arco iris no fueran más que un cuento.
-Sasuke... –llamó con la vista fija en los árboles, semiocultos entre la cortina de lluvia.
-¿Hn? –"preguntó".
-¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y la lluvia? -Sasuke ladeó la cabeza. ¿Qué clase de pregunta era esa? Prefirió guardar silencio-. Que tú eres cálido y la lluvia fría, dattebayou.
Sentía claramente la fija y penetrante mirada de Sasuke en su nuca, como queriendo atravesarle con la intensidad de sus orbes oscuras. Le daba igual que lo hubiera molestado, le daba igual que una pelea comenzara en ese instante. Al menos sabía, según la imagen dentro de su mente, que Sasuke ya no se veía triste y eso le bastaba.
-Usuratonkachi –resopló, mirando la lluvia caer sin interrupción.
-Sasuke-baka –contestó al instante. Y supo que Sasuke sonreía ahora, mosqueado, pero sonreía-. ¿No ves que la otra vez me resfrié? Es por eso que no puedo jugar en la lluvia, teme.
-No me culpes, fue tu idiotez la que te hizo terminar en cama.
-Sin embargo, las pesadillas se fueron.
-De qué hablas, dobe.
-Mentiroso –y ambos sonrieron, sin poder apartar de sus cabezas el tierno recuerdo.
La lluvia siguió cayendo por un rato más, un rato que era únicamente para ellos dos. Era un lástima no poder jugar bajo la lluvia, pensó Naruto, volviendo a tararear la nana de Sumaru, que arrancó una sonrisa de los labios de Sasuke, sólo por ser Naruto quien la entonaba.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Éramos iguales, sólo tú me entendías y sólo yo te entendía.
Alguien le dijo, varios años atrás, que por más solo que se sintiera, siempre habría alguien allí para él. Iruka-sensei era el que mejor entraba en esa descripción, ya que siempre se preocupaba por él, Iruka, en pocas palabras, fue el padre que nunca tuvo la dicha de conocer. Un día, la soledad le azotó de forma funesta, de la peor manera posible, bajo la forma de un chico de cabellos y ojos negros y de tal manera que olvidara a cualquier otra persona. Jamás había dolido tanto.
Había peleado otra vez con Sasuke, al principio, sólo era una de sus diarias y tontas discusiones, esas sin las cuales, no serían ellos. Como siempre, Naruto le reprochaba ser tan arisco, amargado y silencioso.
-Urusai, usuratonkachi –le mandó a callar Sasuke, como de costumbre. Ese día, no estaba realmente de ánimos.
Lamentablemente, Naruto no supo ver eso. Siguió picándolo una y otra vez hasta que Sasuke, harto, estalló y llevó el nivel de insultos a uno más elevado. El escándalo había sido tal, que les sorprendió que nadie hubiera llegado ya para detenerlos. Sasuke mandó silencio a Naruto de nuevo, pero éste respondió ferozmente. La discusión avanzó y, llegado al irraciocinio que produce la ira, Sasuke contó la razón de su, especialmente, sombrío estado.
-¡¡Hoy, hace tres años, quedé huérfano!!
Naturalmente, Naruto no se imaginaba eso, Sasuke jamás hablaba de su familia. Furioso consigo mismo por ser tan cabezota y con Sasuke por tenerle tan poca confianza, le contestó sin pensar. Le hirió sin pensar. Y de palabras, llegaron a golpes.
Ya ni sabían cuál de los dos había empezado, sólo que era necesario hacerlo.
Durante todo el tiempo que estuvo allí, Naruto había hecho tanto entrenamiento físico como nadie. Recordaba como Shizune le pedía a veces ayuda para cargar alguna cosa, cuando Konohamaru tropezaba y caía él lo llevaba en la espalda a la enfermería, como algunas veces, aquello era difícil al principio y, sólo por eso, se obligó a ser muy fuerte. Se obligó a ser tan fuerte como pudiera por las personas que amaba. Pero Sasuke jamás olvidó lo que eran las artes marciales ni Itachi dejó que lo hiciera. Entrenó todos los días, bajo la tutela de su hermano, haciéndose más y más fuerte tal como hubiera querido su padre.
Por ese motivo, las patadas, puñetazos, llaves y codazos eran terriblemente dolorosos, y esa vez aún más por estar cargadas de furia y dolor. Fue cuando, luego de una particularmente fuerte patada que lo envió al piso, Naruto intentó levantarse, sangrando y con porciones de piel de color morado; que Sasuke, con el labio roto y la ropa desarreglada llena de sangre, gritó a todo pulmón su frustración, haciéndole más daño al rubio que nunca.
-¿Qué puede alguien como tú, sin padres ni hermanos, entender sobre mí? –Naruto se quedó estático-. ¡¿Qué demonios podrías tú, que has estado solo desde el principio, entender sobre mí?!
Dolía. Sasuke hablaba y lo miraba con odio, rabia reprimida, dolor y rencor. El corazón de Naruto empezó a latir con fuerza, para después detenerse por unos segundos.
-Es doloroso debido a los lazos que existen. ¡Nunca entenderías lo que se siente perderlos! –escupió con odio. Un odio que, sin querer quizá, iba dirigido únicamente a Naruto.
Y ahora, luego de salir huyendo, estaba sentado en el columpio que siempre, cuando era un chiquillo, solía ocupar para pensar. Sentía mucho dolor, en su pecho, en su corazón, en lo más profundo de su alma. Sasuke había golpeado más hondo que nadie, más fuerte y más dolorosamente. Antes, las peleas eran soportables, ahora ninguna de esas heridas se comparaban a la que vivía en esos instantes.
Apretó con fuerza las sogas que sujetaban el columpio, dejando sus nudillos blancos del esfuerzo y lastimándose las manos. Quería llorar, llorar hasta que las lágrimas que quedaban en algún lugar recóndito de su ser, esas que no había derramado todavía, se agotaran. Llorar hasta dejar de sentir dolor, hasta detener el sentimiento de asfixia que apretujaba su corazón sin clemencia.
Bajó la mirada, apesadumbrado, mirando sus pies, suspendidos a unos centímetros del suelo.
-Es cierto que no comprendo la relación entre padres e hijos, o entre hermanos... Sin embargo –murmuró al viento-, cuando estoy con Iruka-sensei me imagino y me pregunto si el tener un padre... se siente como eso. Si cuando Tsunade-obbachan trata mis heridas o me reprende, así sería tener una madre...
Apretó la mandíbula, el golpeteo incesante y salvaje de su corazón contra las costillas le ensordecía, lo suficiente como para que no escuchara las suaves pisadas que se acercaban parsimoniosamente a él. No contaba con que supieran dónde estaba, hacía mucho que no utilizaba ese escondite.
-Y cuando estoy contigo... –los recuerdos inundaron su mente: insultos, miradas, sonrisas a medias, risillas de burla o cómplices, calidez, protección-. Me pregunto si tener un hermano, se siente como esto...
Pasó saliva.
-Para mí, es un lazo que por fin he conseguido –sonrió amargamente unos segundos, luego el gesto se perdió-. Eres uno de mis primeros vínculos y quería... sacarte de esa oscuridad. De verdad que sí...
Ya no pudo hablar. Una mano en extremo blanca, delicada y de dedos largos se extendió frente a él, cerca de su rostro. Una venda y una bandita cubrían un par de dedos. De nuevo su corazón paró para luego bombear sangre tan rápido que fue doloroso. Sintió como un fuerte calor se aglomeraba en sus mejillas y un escozor que hacía tiempo no tenía le nublaba la vista. Algo en su estómago se agitó, tan fuerte que bien pudo haber habido algún animal vivo en su interior.
-Lo reconozco, que eres fuerte –dijo-. Porque conoces el dolor de estar solo. Es ése dolor el que hace fuerte a las personas.
Sasuke tenía vendas por todas partes, gasas, banditas y rastros de sus golpes regados por su antes inmaculado rostro. La ropa, una sudadera con capucha azul oscura, el color que monopolizaba su guardarropa, y unos pantalones negros, se veían limpios y libres de cualquier arruga o mancha. Parecía recién salido del baño, ya que de las puntas de sus cabellos pendían una que otra diminuta gota de agua.
-Ahora ven, Tsunade tiene que atenderte y gritarte, faltas tú. Iruka-sensei está preocupado.
"Gracias" quería decir Naruto pero lo único que salió de su garganta fue un gemidito ahogado. Aproximó una de sus temblorosas manos a la otra, que firme pero suavemente, la envolvió, cerrando sus dedos alrededor de ella. Con un ágil movimiento, Sasuke acercó a Naruto, tan delicadamente que era imposible que se hiciera daño. Cuando el cuerpo del rubio chocó suavemente contra el suyo, buscó los ojos azules. Naruto apretó inconsciente su mano, le respondió igual.
-Pero... ya no estás solo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Te odiaba. Me odiabas. Era inevitable.
Los cumpleaños en Konoha eran celebrados a lo grande: todos se juntaban para cocinar y decorar el patio, donde se reunían para jugar y celebrar al cumpleañero, fuera un adulto o un niño. El cumpleaños de Naruto era un evento especialmente celebrado, aunque era patoso, escandaloso, torpe, distraído y siempre estaba metido en algún problema, no había allí una persona que no lo quisiera. Sus sonrisas, las palabras de ánimos, los espontáneos gestos de cariño, su amistad incondicional, su alegría eterna y la calidez humana eran detalles que nadie podía, mejor dicho, quería ignorar.
Naruto era muy querido y cada diez de octubre procuraban hacerle una gran fiesta. Pero por alguna razón, siempre terminaba perdiéndose sin que nadie supiera dónde buscarlo. Nadie sabía a dónde iba o por qué, sólo que desaparecía por un par de horas.
Todo parecía ir normal, recibiendo abrazos, uno que otro beso, palmaditas en la espalda, tarjetas hechas a mano por razón de su cumpleaños, hasta pequeños detalles como muñecos hechos a mano o colores nuevos de parte de Kakashi-sensei. Hablaba felizmente con Haku, el único aparte de los adultos que no le había preguntado la razón de sus desapariciones anuales ni a dónde iba, llevando la ropa sucia de los dormitorios al lavandero por el pasillo. Aunque fuera su cumpleaños no se podía librar de las tareas diarias.
No le molestaba y menos si lo hacía con un amigo. Luego del desayuno, en el que todo el mundo decidió felicitarlo, Tsunade le recordó que se hacía tarde para sus quehaceres. Haku le instó pacientemente a levantarse y luego de un rato lograron salir.
Haku podía verlo todo, no importaba que tan grande fuera la sonrisa de Naruto ni que tan estridentes sus risas, era obvio que estaba sufriendo. Y esa vez más que otros años. No había querido decir nada al respecto, no era tan insensible ni tan poco discreto para eso.
-Ah, lo había olvidado.
Sasuke había sido el único que no había felicitado a Naruto y con esa frase tan cruel Haku pudo apreciar como claramente algo dentro de Naruto se quebraba en miles de pedazos. Su plan era encargarse de la mayoría para que Naruto pudiera irse un poco más temprano, era obvio que quería estar solo.
-Si lo deseas, Naruto-kun, puedes dejarme eso a mí.
-¡Para nada! Haku, yo también tengo que ayudarte. Puede que esté de cumpleañero pero no es algo tan importante –al ver esa sonrisa falsamente alegre Haku tuvo irrefrenables ganas de partirle la cara en dos a Sasuke. Por suerte, tras su amable gesto no pudieron entreverse estos deseos.
Juntos, tal como había dicho Naruto, terminaron con la ropa, charlando para aligerar el ambiente y hacerlo mucho más ameno. Para Naruto, Haku era una persona dulce, inteligente y habilidosa. Haku tenía la elegancia de una dama pero la fuerza y el temple de todo un hombre. Podía hacer lo que quisiera, allí el ejemplo de que fuese él quien le enseñó a lavar de la mejor forma la ropa. Salieron al patio donde Momochi Zabuza, uno de sus tutores, esperaba junto al tendero, recién armado. Saludó a Naruto por su cumpleaños y se alejó luego de despeinar a Haku en un gesto muy paternal. Zabuza daba miedo por ser tan alto, grande y siniestro. Corría el rumor de que, en sus años de juventud, era llamado "El demonio de la niebla". No obstante, como Haku no se cansaba de repetir de lo más fervorosamente, Zabuza era un buen hombre que velaba por la seguridad de todos, callado y distante, pero también amable.
-Arigatou, Zabuza-san –se despidió Haku, sus mejillas coloreadas de rojo.
Naruto no hizo ningún comentario, ya estaba cansado de intentar descubrir qué sentimientos ataban a Haku y Zabuza, prefería pensar que era un inmenso cariño y admiración, como la que sentía él por Iruka-sensei. Después de todo, Zabuza había cargado en brazos a Haku, trayéndolo un día de invierno. Cuando le preguntaron su nombre al niño, para que se presentara ante sus nuevos compañeros, miró al hombre, sonrió y dijo: "Momochi Haku". Sí, debía admirarlo mucho. Sólo que él no se sonrojaba como Haku. Dejándolo correr, se apresuró a ayudar a su amigo a colgar la ropa, el día estaba despejado y ventoso, perfecto para que secara rápido.
-Haku... –dijo titubeante, cuando faltaban un par de prendas, le miró de reojo-. Etto... yo voy a...
-Te cubriré, pero procura regresar para tu hora de biología o Iruka-sensei se preocupará –sonreía.
Le devolvió el gesto. Haku era, realmente, alguien sorprendente y maravilloso.
-¡Arigatou! –y se lanzó a abrazarlo con toda la fuerza que pudo.
-Naruto-kun, me haces daño... –era mentira, Haku resistía frío, calor, dolor y soledad mejor que nadie. Pero lo soltó, el cuerpo de su amigo era frágil y delgado. Terminaron rápidamente, Haku prometió llevar las cestas para que él pudiera irse pronto. Con un asentimiento, otro abrazo y una sonrisa Naruto se despidió y se alejó caminando. Haku tuvo tiempo para decir lo suficientemente alto como para no ser escuchado por todos-: ¡Ve y regresa con cuidado!
Un gesto de la mano le indicó que el rubio le había escuchado. Se dio la vuelta, recogió las cosas y, al ver de nuevo, Naruto desapareció de su vista. Con una ligera sonrisa regresó a la casa, aun debía ayudar con el almuerzo, ese día estaba lleno de quehaceres.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Inolvidable, ¿lo entiendes? Era un secreto.
-Perdón por llegar tarde, Iruka-sensei –todos miraron a Naruto, parado en la puerta, algo agitado. Parecía haber corrido para llegar.
-Está bien, pero procura llegar más temprano la próxima vez. Toma asiento, por favor –asintió y se encaminó a su lugar, bajo la atenta mirada de todos en el salón-. Como iba diciendo...
Naruto tomó asiento en su puesto de siempre, casi al final. Sumaru, que estaba en las primeras filas, le envió una mirada muy significativa que no tuvo contestación.
Era muy doloroso. Sinceramente, el dolor ya no era nada nuevo pero aquella vez no pudo impedir que una punzada fuerte y ponzoñosa, una ola asfixiante de dolor encogiera de forma desalmada su corazón. Sasuke era la persona más im... imposible y cruel del mundo. Mira que haber olvidado su cumpleaños y excusarse (no lo hizo) con una frase tan estúpida como "Ah, lo había olvidado". Si antes había sido odioso en ese momento fue un perfecto bastardo sin corazón ni alma.
En todos sus cumpleaños, Naruto intentaba con todas sus energías (que parecían inagotables) animarlo y que lo pasara a lo grande. ¿Y cómo le pagaba el teme? Con un "Ah, lo había olvidado". No, eso fue más de lo que pudiera soportar. Más incluso de lo que se estaba permitido en el mundo soportar.
Y dolió como nada que le hubieran dicho antes. Fue únicamente comparable a escuchar un "Te odio" de su parte, pero con mas desenvoltura. No escuchaba a Iruka-sensei ni veía los muchos números y cuentas distribuidos en la vieja pizarrita. Fue Kakashi-sensei, con su siempre rostro cubierto, que lo sacó de su mundo donde fantaseaba con las muchas posibles maneras de hacer que Sasuke pagara caro su atrevimiento de haber olvidado una fecha tan pero tan importante como su cumpleaños.
-Al término de esta clase, por favor todos diríjanse al patio, son órdenes de Tsunade-sama. Vamos a festejar a Naruto en su día –todos prorrumpieron en aplausos y exclamaciones de alegría al oír eso, Kakashi sonrió-. Pero –se hizo el silencio-, ahora deben hacer caso a Iruka-sensei, ¿bien? Sean buenos niños y no sean impacientes. Que tengan un buen día.
Iruka-sensei continuó con su clase tranquilamente, gritó a un par por impacientes, a otro por tratar de escabullirse y finalmente al mismo Naruto por no prestar atención. Luego de que varios pasaran al frente a resolver los ejercicios propuestos no les permitió recoger todo y salir, con la condición de que primero lo llevarían a sus habitaciones y que irían en calma. Por supuesto, ni él se creía eso y fue más que obvio cuando salieron en tropel por la puerta, algunos llevando a Naruto a rastras para que se diera prisa.
Tsunade los esperaba en el patio vestida con un bonito kimono, maquillada especialmente para la ocasión. Naruto le sonrió en agradecimiento, halagado por esa muestra de afecto. Los árboles y el techo estaban llenos de lámparas de papel que colgaban desde finos hilos sobre sus cabezas. Cinco mesas fueron dispuestas llenas de comida y bebidas, una con tazones de ramen inmensos, que hicieron a Naruto aguar la boca.
La música provenía de los instrumentos que algunos profesores y niños cargaban, las tonadas eran animadas, divertidas y alegres, perfectas para días como esos. El festejo empezó a eso de las cinco de la tarde, eran las siete de la noche y la agitación no había disminuido. Todos querían felicitar a Naruto, comer con él, algunas niñas le ofrecieron bailar y le invitaban a comer tanto ramen como pudiera.
Encendieron una hoguera con hojas secas y asaron patatas en ella para que todos comieran. Algunos chicos, los mayores, reunieron a los más pequeños para contar historias de terror, a lo que los niños gritaban o reían, dependiendo del caso. Tsunade tuvo una riña con Shizune por alejarle el sake, Yamato y Sai hicieron un espectáculo de máscaras y Sasori uno de títeres, interpretando leyendas tradicionales. Sus marionetas eran tan reales que todos las veían maravillados. Naruto observaba con poco entusiasmo cuando un destello de color llamó su atención. Volteó a la derecha, hacia el bosque.
Entrecerró los párpados para ver mejor.
Frunció el ceño y apretó la mandíbula.
Ese teme...
Pudo distinguir en medio de la oscuridad, ayudado por la escasa luz que producían las lámparas, los dedos moviéndose con una clara intención. Sígueme.
Fue como la historia que contaba con voz profunda Sasori, el demonio hechizó a la princesa para poder secuestrarla y el héroe del cuento no pudo hacer nada para evitarlo. Sasuke era (obviamente) el demonio, la princesa... no era él, pero podía hacerse alusión... ¡Pero no era él! Y el héreo... su sentido común.
Entre los reunidos para ver el relato del joven pelirrojo ya no estaba Naruto.
Fuera de la algarabía de la fiesta todo era más frío y oscuro, escuchó a un búho a lo lejos y el crujido de algunas ramas. Sasuke había desaparecido entre los árboles antes de que él alcanzara el linde del bosque. Avanzó entre una casi completa oscuridad, guiado apenas por el amortiguado sonido de unos pasos unos metros frente a él. El miedo hacía que su corazón latiera más fuerte pero al mismo tiempo se sentí hipnotizado, tenía que ir.
Un resplandor opaco se dejó ver entre el espeso y oscuro follaje del bosque. Apartó ramas y hojas, sorteó raíces que sobresalían del piso y llegó a un claro.
Con los brazos se protegió la vista del repentino brillo. Entre sus dedos distinguió un espectáculo increíble. Dejó que sus brazos cayeran como sin vida a los lados, con la garganta seca y el pulso a mil.
Era como un sueño. Lámparas de papel, posiblemente esas de las que se quejó Tsunade de no encontrar, estaban colgadas sobre su cabeza, en los árboles, bañando con su luz amarilla el lugar que tantas veces pisó de niño, donde solía sentarse en el columpio y llorar. Junto al columpio, que contaba con nuevas sogas, más resistentes para soportar un peso mayor, aguardaba alguien que lo observaba fijamente.
-Sasuke...
-Sorpresa, usuratonkachi –susurró, mas sin embargo Naruto pudo escucharlo como si se lo hubiera dicho al oído.
El anonadado rubio estaba petrificado en su lugar, sentí que no podía moverse. Vio cómo Sasuke caminaba hacia él, sujetando algo en una mano, oculto entre las sombras. Se detuvo a unos dos pasos. Los negros ojos reflejaban magníficamente las luces esparcidas por todo el claro de manera misteriosa, Naruto dio un respingo. Era sublime, como una aparición.
-Ontojobi omedetto gozaimasu –le deseó un feliz cumpleaños Sasuke, con esa voz aterciopelada y clara. Elevó el brazo y Naruto casi se cae de espaldas al ver lo que tenía entre sus dedos.
Parpadeó varias veces, queriendo saber si era verdad que Sasuke le ofrecía una flor. No, si era cierto y no ideas suyas que le colocaba una margarita en su cabello. De acuerdo, estaba seguro que no era un sueño, no tenía tanta cabeza para imaginar las partes de las flores y no creía que podía soñar con olores.
Sí, más que un sueño era un bonito recuerdo. Lo miró enternecido y sonrió de forma radiante.
-No lo olvidaste.
-Es... No. Eres inolvidable, usuratonkachi.
Inolvidable, ¿eh? Se quitó la margarita de la cabeza y la giró entre sus dedos. Se mordió el labio, sintiendo que el pecho le iba a estallar de un momento a otro.
-Es un secreto...
Sus ojos chocaron con los de Sasuke y una sonrisa de complicidad nación en la boca de ambos. Naruto soltó una dulce carcajada y Sasuke se cruzó de brazos, mirándolo como quien mira a un loco que no tiene remedio pero con una imborrable sonrisa.
-Nuestro secreto –asintió Naruto.
Do dai? Ya dije que lo siento?? Que no es suficiente? No me extraña, pero este lindo capítulo puede servir de compensación?? No es suficiente, claro. Qué tal si publico la próxima semana?? Mejor pero no suficiente, verdad? Tienen razón... Qué irresponsable soy!! TTOTT Pero ya qué! Espero que les haya gustado! Ya sólo queda el último capítulo, si desean acotar algo, si tienen alguna idea para un recuerdo o algo así se los agradeceré, es decir, eso alargará la cosa. Fueron, en total, diez páginas de word, me siento un poco extraña porque ya sólo me queda completar un recuerdo y... nada. Se acaba la historia. ¿Cómo creen que quede? Si ellos salen del orfanato puede que no se vuelvan a ver, empezando que Sasuke es un año mayor que Naruto.
Ya no los agobio más. Sayounara! De nuevo gracias por los R&R!!
Kono ryoute ni hakareteiru mono, toki no shizuku (¿Qué aferran con tanto afán estas dos manos? El paso del tiempo). Nakushita kotoba, ending de Naruto
