¡Aquí está el epílogo! ¡Aquí está el epílogo! Pensaba dejarlo hasta allí, pero entonces surgió esta idea y, de pronto, me encontré escribiendo como poseso sin parar durante días. Me entretuve con "Girasoles" pero decidí terminar éste epílogo para empezar a publicar pronto la segunda parte de "Una historia de amor" que, por cierto, no tiene título. Si a alguien se le ocurre alguno, estaré más que encantada de oír sugerencias. Bien, seguro me odiarán por lo que estoy a punto de hacerle a esta historia. No me pude resistir pero se los juro que da un vuelco extremadamente... loco, si se puede decir así. Seguirá siendo un Sasunaru, hasta el final, no lo duden. Pero ahora habrá un cambio. Espero de corazón que les guste y que reciban de buen agrado la segunda parte que casi está terminada. Bueno, nos leemos abajo.
Epílogo, El secreto de los Uchiha
-Otra vez está diciendo cosas extrañas –musitó Sasuke, dejando de comer. Tenía la mirada baja y más sombría que de costumbre-. Nii-san.
-Itachi-san siempre ha sido raro –se encogió de hombros Sai con falsa despreocupación. Tomó una de las bolas de arroz que Shizune-neesama había empacado para él y le dio un bocado, continuando con su dibujo-. No sé de qué te sorprendes.
-¿Qué clase de cosas? –preguntó Inuzuka Kiba confuso.
Naruto paró de comer y miró atentamente al chico frente a él. Desde hacía varios días estaba así, taciturno y melancólico, todavía más callado que de costumbre. Intentó no preocuparse en un principio, alegando para él mismo que quizá los exámenes próximos lo tenían preocupado o tenía muchos trabajos acumulados. No quería pensar que algo malo realmente estuviera pasando.
-Él... no deja de hablar acerca de irse, de que pronto se irá y que –se mordió el labio- no tendrá más remedio que...
-¿No tendrá mas remedio que... qué? –insistió Kiba, irguiéndose del pasto para sentarse. Shikamaru por fin apartó su atención del librito de Sudoku que le había regalado Hinata para su cumpleaños con más de doscientos puzzle. Kiba se estaba sobrepasando seguramente, pues Sasuke parecía muy reticente a hablar.
Uchiha Sasuke negó con la cabeza, su rostro surcado de arrugas todas origen de alguna severa preocupación.
-Wakaranai desu (No lo sé) –todos mostraron su desconcierto al instante-. Quiero decir... no dice nada más. Justo cuando llega a esa parte, se calla y se sume en un profundo silencio que dura horas.
-Puede ser que se sienta nostálgico y le duela abandonar Konoha, sobre todo por ti. Eres su hermano, después de todo –sugirió Hyuuga Hinata tímidamente, posando una manita pálida sobre las de Sasuke con delicadeza. Kiba arrugó el ceño.
Sasuke volvió a negar, con mayor rotundidad esta vez.
-Él te lo ha dicho, que no se trata de eso –soltó Shikamaru con los ojos entrecerrados. El libro yacía cerrado a un lado de su mochila. Sasuke volvió a mostrarse sorprendido de lo perceptivo que era Nara Shikamaru y lo muy sabio al elegir las palabras. Shikamaru sabía que era duro hablar de eso. La mano de Hinata se apretó sobre la suya, en un agarre protector y maternal.
-¿Entonces de qué puede tratarse? –se cuestionó Kiba más para sí mismo que para los demás.
-No lo sé, lo he estado pensando mucho –para Naruto era asombroso ver cómo ahora Kiba y Sasuke parecían llevarse bien, hasta parecían buenos amigos. Aunque se mostrara como un entrometido, Kiba, más que curioso, era un empedernido sobre protector si se trataba de sus amigos, por eso preguntaba tanto. Siempre era así-. Es como si... quisiera decirme algo.
El silencio les sobrevino y nadie se atrevió a romperlo. Sasuke permaneció un rato quieto hasta que guardó su obento y se levantó de golpe. Hinata apenas tuvo tiempo de apartar la mano. Lo miró preocupado, con la misma impotencia que se adueñó de los demás al ver que no podían hacer nada para calmar a su amigo.
-Ya no tengo hambre. Nos vemos en el siguiente descanso.
Sai fue el primero en hablar luego de que Sasuke se perdiera de vista.
-Sasuke-bastardo está así desde hace un tiempo. No dice nada pero pasa más tiempo en el dormitorio, se ve distraído y se rezaga por las mañanas cuando entrenamos. Hasta come menos. Cree que nadie se da cuenta pero he podido notarlo. Tú también, ¿ne, Naruto-kun?
Todos se volvieron al rubio, que parecía tener poco interés en su comida.
Uzumaki Naruto asintió.
-Hai... Ha cambiado. Muy ligeramente pero ha cambiado.
-¿Qué podemos hacer? –preguntó una angustiada Hinata.
Shikamaru entrecerró los ojos, analizando la situación para ver qué podía sacar de las pocas pistas que tenía.
-¡Apoyarlo! –exclamó Kiba de pronto-. ¡Debemos apoyarlo!
-¡Kiba tiene razón! –secundó Naruto. Sai, que era un experto en eso de las falsas sonrisas, supo que la suya era aberradamente falsa pero que no quería preocupar a nadie. Entonces entendió que Naruto sabía qué podía estar escondiendo Sasuke tras sus palabras. Naruto podía ver ciertas cosas que a él se le habían escapado.
-Si es lo que tenemos que hacer, lo intentaré –se encogió él de hombros-. Hasta que se nos ocurra algo mejor.
-¡Bien dicho, Sai! Hinata, tú también –asintió Kiba. La chica sonrió y asintió tímidamente.
-Haré lo que pueda.
-¡Bien!
-De acuerdo –concordó por fin Shikamaru, con expresión de aburrimiento y una ligera sonrisa de resignación bastante divertida. Mas una ligera tensión en su frente desmentía aquel gesto. No era que se negara a ayudar a Sasuke, al contrario, era su amigo y estaba preocupado. Pero estaba seguro de algo, lo que fuera que quisiera decirle Itachi, no era nada bueno.
Poco rato después, el timbre que anunciaba el regreso a clases sonó y los cinco amigos se dirigieron a sus respectivos salones. Naruto, Kiba y Shikamaru le encargaron a los otros dos que cuidaran de Sasuke. Naruto, que no pudo prestar atención a la siguiente clase, estuvo todo el rato pensando en su amigo.
Se sonrojó al pensar en los sutiles besos con los que se saludaban por las mañanas cuando nadie los veía, o en la noche, antes de ir a dormir. Sin embargo, luego de la confesión de sus sentimientos, las cosas no cambiaron mucho.
Y eso le alegraba. Le alegraba que los insultos, las peleas, las competencias y sus riñas se mantuvieran intactas, sino Sasuke no sería Sasuke y Naruto no sería Naruto. Le hacía feliz que pudieran seguir igual que siempre pero con los agregados "románticos" de una relación de más que amigos sin dejar de ser amigos.
Llenó su cuaderno de garabatos, distraído en los gratos y no tan gratos recuerdos compartidos con Sasuke. Detuvo su lápiz al darse cuenta de algo.
-Itachi... –musitó pensativamente. Cuando el timbre sonó, el fue el primero en levantarse y salir del salón, despidiéndose apresuradamente de Kiba y Shikamaru. Fue al salón de Sasuke, en el piso de arriba. Se dio cuenta de que sus intentos de hablar en privado serían bastante difíciles, considerando que se iban junto a Sai.
-Naruto-kun –llamó el muchacho, saludándolo con la mano junto al pupitre de Sasuke, con Hinata a su lado. Entró torpemente al salón, buscando una buena excusa para llevarse a Sasuke con él-. ¿Y los demás?
Sonrió con nerviosismo.
-Recogen sus cosas.
-Oh. Le decía a Sasuke-bastardo que debemos comprar un ahori nuevo, ya hemos ahorrado bastante y tenemos suficiente para uno de primera mano.
-Yo podría comprárselos –musitó Hinata.
-Ni hablar –la interrumpió Sai, negando con la cabeza. Sasuke rodó los ojos y asintió.
-Ellos son muy testarudos, olvídalo, Hinata –dijo Kiba, sobresaltando a Naruto-. Tío, Naruto, por qué has salido corriendo así si al cabo nos iremos todos juntos.
-Yo... –porque quería hablar con Sasuke, por eso-. ¡Tenía que ir al baño!
-Hayai! (¡Qué rapidez!) –ladró Kiba sin creerle.
Shikamaru detuvo la pelea que pronto daría inicio antes de que empezaran a vociferar, alegando algo parecido a que Hinata estaba presente. Eso bastó para callarlos por el momento y emprendieron el camino a la salida. Acompañaron a Shikamaru a hacer unas pequeñas compras antes de partir cada uno a sus casas, Nara alegó que sería muy problemático si no le entregaba esas cosas a su madre. Hinata se escabulló mientras sus amigos miraban muy entretenidos el aparador de una tienda de artículos deportivos, compró varios helados, pues hacía mucho calor.
-¡Oh, no debiste molestarte, Hinata-chan! –corearon Naruto, Kiba y Sai, el último agregando respetuosamente la partícula "chan".
-Qué problemática eres –se quejó Shikamaru-. Ya te lo hemos dicho miles de veces.
-No importa, me gusta hacerlo –Sasuke fue el único que no se quejó, pues de nuevo parecía en otro mundo. Hinata se acercó con dos helados y le ofreció uno a Sasuke con su mejor sonrisa-. Kore (Ten). Te hará bien.
No lo decía sólo por el calor.
Sasuke se mostró ligeramente sorprendido, seguramente no había reparado en su cercana presencia. Levantó la mirada, detrás de Hinata, sus demás amigos lo miraban con mal disimulada preocupación pero sonrientes. Procuró la mejor sonrisa que pudo y aceptó el helado de buena gana.
-Domo arigatou, Hinata-chan (Muchas gracias...) –Hinata sonrió tristemente, Sasuke pocas veces le decía así y para ella sonaba como una despedida-. Bueno, sigamos.
-De acuerdo. Por cierto, dentro de dos días será el festival de verano. ¿Vendrán este año también? –preguntó Kiba, yendo en dirección a los límites del pueblo.
-Inu-baka, por eso hablaba del ahori hace un rato, descerebrado –dijo Sai con una sonrisa que podría molestar a cualquiera-. Los perros son más inteligentes que tú.
-¡Retíralo, bastardo! –se quejó Kiba con una expresión de enojo muy cómica en el rostro. Shikamaru bufó con pereza detrás de ellos.
-Ya, cierren la boca –ordenó arrastrando las palabras.
-¡Fue su culpa! –se quejó Kiba. Sai amplió su sonrisa, exasperando más a Inuzuka-. ¡Agh, te odio!
-Iame nasai (Basta ya) –pidió Hinata preocupada de ver que iniciaran alguna clase de pelea fuera de lo normal.
-Gommen –Sai se volvió hacia ella y olvidó a Kiba por completo, en apariencia claro. Estuvo atento al chico que rabiaba por verse ignorado tan campalmente-. Decía que sí, vamos al festival. Tsunade-sama ya tiene problemas para controlar a los más pequeños, que casi nunca salen del orfanato.
-Es verdad, ustedes ven clases allí hasta que tienen la edad suficiente para entrar en segundaria.
-Sou desu ne (Así es) –dijo Sai, mirándolo por sobre el hombro-. Siempre ha sido así. Es por disciplina.
-Sokka desu (Ya veo).
-¿Entonces nos vemos por la noche en la plaza? –sugirió Kiba, por fin deteniéndose. Habían llegado a los pies de una extensión de pasto verde, a lo lejos, se distinguía la silueta de una gran casa: el orfanato de Konoha.
-Sí, Tsunade abrirá las puertas a eso de las seis de la tarde para los más grandes. Nos vemos allí a esa hora –siguió Naruto, jugueteando con la paleta sin helado en sus labios.
-Procuraré llegar a tiempo.
-Hinata, tú siempre llegas a tiempo –Hinata se sonrojó por el comentario del rubio, Kiba lanzó una carcajada, asintiendo junto con Sai.
-Es cierto. Bueno, Tsunade nos matará si nos tardamos más de la cuenta. Sumaru, Mizura y Hokuto seguro ya habrán llegado. No quiero que vuelva a decir que desobedecemos las reglas.
-De acuerdo. ¡Nos vemos mañana! –se despidió Kiba agitando la mano.
-No olvides, Naruto, el examen de biología mañana –Kiba miró aterrado a Shikamaru.
-¡¿Hay examen de biología?!
-¡Sí! Estudiaré mucho –gritó Naruto, andando por el sendero de tierra que marcaba el camino hacia el orfanato. Todavía podían oír los gritos desesperados de Kiba y las risitas de Hinata un rato más-. Ése tonto. No es tan difícil.
-A ti te gusta la biología, es por eso –comentó Sai, estirándose perezosamente-. Quiero darme un baño. La clase de deporte fue en el patio y hacía mucho calor.
-¡Odio cuando pasa eso! Es horrible, ¿verdad, Sasuke? ¿Sasuke-baka?
-¿Eh? –Sai y Naruto se detuvieron y observaron fijamente a Sasuke, que parecía igual de distraído andando lentamente detrás de ellos. El semblante de Naruto se entristeció y Sai carraspeó para atraer la atención de los dos.
-Me adelantaré, ¿bien? De veras quiero un baño. Además, tengo un informe muy importante qué hacer para arte y tengo que apartar algún tiempo con Sasori-sama. Ya saben cómo es. Matta ne (Nos vemos después).
-Hai, ja ne (Sí, hasta más tarde)! –asintió Naruto en tono culpable. Sai siguió caminando, con un poco más de prisa y pronto estuvieron solos. Intercambiaron una tensa mirada, después Naruto suspiró-. Sasuke... ¿Es lo mismo de la otra vez, cuando vimos el eclipse?
Silenciosamente, Sasuke asintió, mirándolo a los ojos, con el ceño fruncido.
-Él... dice que hará...
Titubeó y ya no pudo seguir. Naruto soltó la mochila que cargaba descuidadamente en su hombro, salvó de una zancada el espacio entre ellos y lo abrazó con fuerza. Sasuke respondió lentamente al abrazo, sintiendo agradables cosquillas cuando el cabello rubio rozaba su piel. Besó la sien de Naruto y se fundió por completo con él en medio del abrazo, permitiéndose un instante de debilidad.
La verdad, no sentía tristeza, tenía miedo.
Se separaron al mismo tiempo, con movimientos coordinados. Naruto volvió a recoger la mochila que le había pertenecido alguna vez a Iruka-sensei del piso, se giró hacia Sasuke y suspiró.
-Itachi dice que hará... algo que te haga odiarlo.
Sasuke cerró los ojos. Naruto supo que tenía razón.
Al día siguiente, por culpa de Sasuke, Naruto estuvo muy distraído en el examen, contestaba lo primero que le venía a la cabeza, haciendo garabatos la mayoría de las veces. Cuando la profesora anunció que quedaban cinco minutos, empezó a borrar de prisa y a contestar con las respuestas correctas tan rápido como podía, desesperado y maldiciendo a Sasuke una y otra vez.
-¡Estudié mucho! Por culpa de ése teme no voy a sacar una puntación baja –mascullaba enojado.
Sasuke, en su propia aula, estornudó sin motivo alguno.
-¿Resfriado? –preguntó Shikamaru. Sasuke se encogió de hombros, alegando no saber.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Kiba parecía mortificado por su nota y casi no tenía apetito. Hinata lo animó a comer en el descanso, mientras Sai y Shikamaru jugaban una partida de Shogi, sentados en el césped detrás de un gran árbol, casi tan viejo y grande como los de Konoha. Naruto jugaba con el perro de Kiba, Akamaru, que traía a escondidas y sacaba en los recesos cuando nadie veía. Sasuke leía un libro sacado de la biblioteca, o eso aparentaba. Naruto, que lo conocía muy bien, sabía que realmente no prestaba atención y que de seguro estaría en el mismo párrafo desde hacía horas.
La situación se alargó hasta el día siguiente, cuando en el orfanato, el pueblo y la escuela la emoción bullía por la llegada del festival. Entre los comentarios insultantes de Sai, las quejas por el ruido de Shikamaru, los gritos de emoción de Kiba y Naruto y las risas de Hinata, Sasuke pudo olvidar gran parte de su preocupación y volvió a ser el de siempre. Ése día Naruto tenía educación física y jugaron pelota todo el rato. El grupo de Sasuke estaba libre, por lo que el profesor los dejó jugar también y pudo jugar contra Sai y Sasuke. Se alegró de ver que parecía mucho más relajado que antes.
Hinata los animaba desde las gradas y Shikamaru apostaba contra un grupo de chicos prediciendo las siguientes jugadas. Al terminar las clases, Shikamaru prometió invitar una ración de la comida favorita de cada uno en el festival.
Sumaru y su grupo se unieron a ellos de regreso a casa, bromeando entre todos. Hokuto y Hinata comentaban muy contentas sus ropas para esa noche y los muchachos hablaban de las atracciones y la comida. Shikamaru estuvo de acuerdo con Mizura en que no era bueno comer demasiado mas sí participar en tantos juegos al azar como se pudiera. Kiba estuvo en discrepancia al instante y Sumaru y Naruto lo apoyaron.
-Sasuke-bastardo, ¿qué te pasa? –Sasuke se detuvo y observó curioso a Sai, que como él, iba rezagado. Bajó la mirada y antes de que pudiera abrir la boca, Sai dijo-: He sido conciente, no, condescendiente hasta ahora y he evitado el tema pero todos están preocupados: Kakashi, Shizune-neesama, Hinata, Shikamaru, hasta Kiba. Sobre todo, Naruto-kun se entristece cuando te ve así. Al menos, trata de volver a como eras ésta mañana, Naruto-kun estaba radiante. Si se pone triste de nuevo y con él Hinata-chan, tendremos problemas –para asombro de Sasuke, Sai tenía una cara muy seria, sin rastros de sonrisas falsas y con un tono muy obvio de preocupación.
Sasuke suspiró y luego bufó, en esa actitud que repateaba, sus ojos diciendo "Soy mejor que tú". Tenía una mano en su bolsillo y la cabeza ladeada pomposamente.
-Copia barata, no es necesario que te preocupes por mí.
Sai sonrió, no tan falsamente, luego de arrugar un poco más el ceño. Sasuke dijo que no era necesario, no que él no necesitaba.
-Más te vale, Sasuke-bastardo –y fue así como Sai expresó su preocupación, lo que era suficiente para Uchiha. Si bien no eran los mejores amigos, eran lo suficientemente maduros como para llevársela bien y, había que admitir, que cada uno encontró un valioso aliado y compañero en el otro. Ya fuera en la escuela, los deportes, o sólo para hablar.
En el orfanato, todo estaba tal como Sasuke lo recordaba desde siempre: ruidoso, desordenado, agitado y alegre. Las niñas con sus constantes preocupaciones por peinados, maquillaje (las mayores, que eran pocas) o atuendos. Los chicos impacientes casualmente reunidos en el patio delantero. Tsunade gritaba órdenes a diestra y siniestra, apenas con una apariencia más gastada que hacía años. Era sorprendente cómo se conservaba.
Naruto y Sai convencieron a Iruka y Kakashi de que los dejaran ir a comprar un ahori nuevo.
-Tenemos el dinero –expuso tranquilamente Sai.
-Pudieron haberlo hecho hace tiempo –recriminó Iruka con los brazos cruzados.
-¡Teníamos exámenes y deberes! –se quejó Naruto ruidosamente-. Ustedes siempre dicen que debemos poner mucha atención a nuestros estudios, que son muy importantes. Lo hicimos y por culpa de ello no pudimos comprarlo.
Iruka parecía tan indeciso que fue Kakashi quien tuvo que sacarlo del apuro, posando una mano sobre su hombro y sonriendo a los chicos.
-De acuerdo. Se lo han ganado, Iruka-kun, pero pueden ir si se apresuran.
-¡Hecho! –exclamó muy contento el rubio. Sai inclinó la cabeza respetuosamente y les agradeció mucho más calmado-. ¡Vamos por Sasuke!
-Bien, vamos.
-¿Estuvo bien hacer eso? –cuestionó Iruka.
-Está bien. Si le dices a Tsunade ahora mismo seguro que no se molesta, Iruka.
-Kakashi-baka!
Sasuke miró consternado a Itachi. Su hermano mayor permaneció inmutable, sentado de rodillas frente a él. Sasuke negó distraídamente con la cabeza, dando a entender que no lo podía creer. Mordió su labio, tomó la caja entre ellos con reticencia y bajó el rostro, derrotado.
-Sasuke! –alguien llamó desde los pasillos. Itachi asintió y su hermano menor se levantó con rapidez para abrir la puerta corrediza-. Asoko desu, Sasuke! (¡Allí estás, Sasuke!)
A él se acercaron Naruto y Sai, en apariencia emocionados.
-Sasuke-bastardo, Iruka y Kakashi nos han dado permiso para ir al pueblo y comprar los ahori. Date prisa y alístate, que se pueden arrepentir.
El muchacho parpadeó, inmóvil.
-Teme, hayaku dattebayo! (Apresúrate!) –chilló Naruto impaciente al no verlo moverse ni un ápice. Los ojos negros de Sasuke parecían estar buscando algo. Naruto se dio cuenta de que aquello estaba detrás de él, en la alcoba.
-Dokashita no ka, Naruto-kun, Sai-kun? –Naruto se sobresaltó y Sai afiló la mirada. Sasuke se apartó y abrió un poco más la puerta. Itachi los veía tan serio como lo recordaban pero...
Había algo diferente esta vez, pensó Naruto, demasiado asombrado por lo sombría y lúgubre que lucía la mirada negra de Itachi.
-Vamos a ir al pueblo a comprar el ahori para esta noche –contestó Sai respetuosamente.
-Sokka. Demo... (Ya veo. Pero...) –su mano señaló la caja de madera que le había dado a Sasuke-. Él ya tiene uno para vestir. Es un obsequio de mi parte. Sumimasen, parece que ya no podrá acompañarlos.
Sasuke agachó la cabeza.
-Gomen nasai... –musitó antes de cerrar la puerta y regresar a donde estaba antes, para empezar a cambiarse de ropa.
Afuera, Naruto blasfemaba contra la mano de Sai, que había cubierto su boca para prevenir que estallara en insultos.
Con Sasuke fuera del plan, partieron lo más deprisa que pudieron con dirección al pueblo. Sumaru les dijo que como siempre olvidaban todo, pues él sí tenía una yukata nueva, porque no dejaba tareas escolares, deberes de Konoha ni asuntos propios para el final.
El pobre chico retrocedió un paso, amedrentado por la furiosísima mirada que Naruto le lanzó al pasar por su lado, por lo que no habló más.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Los fuegos artificiales de apertura estallaron en el cielo veteado de tonalidades rojizas y púrpuras.
Naruto y Kiba gritaron contentos, Akamaru ladrando en la cabeza del chico. Estaban reunidos en pleno festival, vistiendo las yukatas nuevas y con los bolsillos llenos de dinero esperando a ser gastado. Tuvieron que quitarle a Shikamaru la billetera para que comprar unos helados, puesto que, aunque estaba dispuesto a gastar el dinero ganado esa mañana con las apuestas, decía que era muy problemático ir él. Naruto y Sai regresaron para darle a cada uno su helado diciendo que habían visto un puesto de tiro al blanco con pequeñas flechas y arcos.
-Hay premios muy bonitos. ¡Vamos allá! ¡Apuesto a que puedo ganar diez de diez!
-Sueña, dobe.
-¡¿Dices que no puedo hacerlo?! ¡Te lo probaré!
-Ya veremos quién es mejor –dijo Sasuke, buscando entre su ropa la bolsita de cuero que él mismo había hecho en una de las clases de Iruka años atrás para guardar su dinero-. Esta vez yo pago. Oh, diablos... ¿Dónde está?
-¡Sin excusas, Sasuke, Shikamaru y yo apostaremos para ver quién gana! –Kiba rió con Shikamaru pero vieron que Sasuke, de verdad, no podía encontrar su dinero-. ¿Lo dejaste?
-Demonios... Creo que sí. A ver...
-Qué mala suerte.
-Sí, es muy problemático.
-¿Qué tal si lo buscas? –sugirió Hinata-. Nosotros te esperaremos.
-Mejor no lo esperemos –Shikamaru le soltó un golpe en la nuca a Sai para que se callara.
-Voy contigo.
-No, dobe, quédate. Dense una vuelta, yo los buscaré al regresar. No es muy difícil localizar a un rubio o a un chico con un perro en la cabeza –saltó para evitar dos patadas que iban directo a su estómago. Con una media sonrisa se despidió de sus amigos para salir corriendo en dirección a Konoha.
-¡Date prisa y regresa, teme!
Levantó una mano en señal de que lo había escuchado antes de perderse entre la gente. Subió la colina de prisa, se le había antojado algodón de azúcar y dado que sólo lo vendían en los festivales porque era un producto raro, no se iba a dar el lujo de perderlo.
Se detuvo frente a las pesadas puertas de entrada del orfanato, dudoso. Las lámparas colgadas a cada lado arrojaban luz a los alrededores lo suficiente para ver que no había nadie por allí. Eso le pareció extraño, considerando que Zabuza se había quedado allí a custodiar la entrada, como hacía cada año.
Decidió no darle más importancia ya que tenía prisa. Supuso que Zabuza habría ido al baño o a las cocinas un momento. Corrió a su habitación por el patio, teniendo cuidado de dónde pisar. Subió al engawa de un salto, quitándose las sandalias de madera en el proceso, cuando un sonido rompió el silencio de la noche.
Miró a su alrededor confuso. Había sonado como... Como un tañido o un chasquido metálico. Le recordaba al choque entre dos metales. Esperó pero no ocurrió nada. Seguramente Zabuza...
Dio un respingo, le avergonzaba decirlo pero se había asustado al oír un eco, parecido a un lamento, retumbar por las paredes de la vieja casa. No le asustaban los fantasmas, él podía verlos cuando sus papás estaban vivos y sabía que en Konoha no había nada por el estilo. Pero no era el pensamiento de que un... fantasma deambulara por los pasillos en la noche. Sino que creía conocer la voz, la voz que produjo que agónico quejido. Se le hacía tan familiar.
Empezó a caminar lentamente, con los sentidos alertas, los oídos pitándole por el silencio y la respiración agitada. Podía ser... ¿algún ladrón? No, imposible, Zabuza era muy fuerte. Un segundo. ¡Zabuza no estaba en la entrada! Estuvo tentado a darse la vuelta e irse corriendo de vuelta con sus amigos, avisarle a Tsunade que algo extraño ocurría pero un presentimiento en su pecho lo impulsó a seguir. Además, él era Uchiha Sasuke, se supone que no le temía a nada, que había sido entrenado duramente para poder enfrentar lo que fuera.
Empuñando las manos para que dejaran de temblar, ordenó a sus piernas seguir moviéndose. Todo parecía estar en orden, ninguna luz encendida o alguna puerta abierta.
Paró junto a un cruce que daba a la izquierda. Se pegó a la pared y con mucho cuidado asomó la cabeza. Sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad por lo que estaba un poco más tranquilo.
Tras echar un breve vistazo, decidió que podía salir. Tampoco había señales de actividad allí. Relajó los músculos de la espalda y contuvo un suspiro. Debía tratar de mantener la cal--
Un fuerte olor a sangre inundó su nariz, mareándolo. Giró su vista a la izquierda y lo que vio le heló la sangre. Los ojos le escocieron por tenerlos tan abiertos mucho tiempo.
Una sombra deforme al extremo más alejado del pasillo, junto a la puerta. De allí provenía el olor, mayormente. Un haz de luz arrancó un destello de algún líquido esparcido en el piso y de dos pequeños ojos acuosos sin vida, que le pertenecían a un cuerpo lleno de manchas rojizas. Quiso vomitar.
Zubuza, Momochi Zabuza estaba tendido en una posición poco natural, como si le hubieran fracturado las piernas y hubieran tratado de separar la cabeza del resto del cuerpo.
El pánico se adueñó por un momento de Sasuke y quiso salir corriendo de allí lo más pronto y lejos posible.
Sus temblorosos ojos captaron algo más. Con el cuello rígido y las rodillas temblorosas intentó moverse hacia la puerta, por la cual, en el resquicio entre ella y el piso, reptaba algo parecido a lo que cubría el cuerpo de Zabuza. Con horror comprendió que era sangre, más roja y líquida.
Más reciente.
El corazón palpitaba tan fuerte que le ensordecía los oídos, pero aún podía escuchar una agitada y forzada respiración detrás de la puerta corrediza. Pasó saliva.
El dueño de esa sangre y, posiblemente, el asesino de Zabuza estaban (o estaba) allí.
Extendió una temblorosa mano hasta rozar con los dedos la textura fina del papel. Haciendo acopio de todo el valor que tenía abrió lentamente la puerta, tratando de no alertar de su presencia a nadie, buscando ser lo más discreto posible.
Volvió a tragar duro, mordiéndose el labio para que de su boca no escapara ningún sonido. Con lentitud se aproximó al resquicio abierto. Lo siguiente que hizo, con los ojos tan abiertos que dolía, fue cubrirse la boca con su mano, demasiado impactado como para hacer algo.
Ya no estaba pensado cuando abrió la puerta lo suficiente para poder entrar. Dio uno, dos, tres pasos dudosos y precarios al interior, pisando con sus pies descalzos el suelo de tatami. Un pequeño río de sangre, como un hilillo que escapara de la sien, se abría camino hacia fuera con la lentitud de un cuentagotas.
Los ojos brillantes y hermosos de Haku le veían desde el piso y su boca se curvó en una sonrisa. El largo cabello de ébano estaba esparcido cuan largo era a su alrededor, en suaves ondas y formas, retorciéndose mágicamente. Algunos flotaban en el líquido escarlata que manchaba el antiguo tatami que vio crecer a la misma Tsunade, a él, a Naruto, a Haku y a su hermano.
Sasuke abrió y cerró la boca varias veces, intentando hablar pero ningún sonido salió de sus labios. Itachi levantó la mirada para verlo, luego ladeó la cabeza, como considerando alguna cosa. Llevaba el pelo suelto, cayendo grácilmente por sus hombros y la yukata grisácea abierta, con la que cubría su ahori negro, rajado por todas partes.
-Fue su culpa –dijo la profunda y sedosa voz de Itachi, quien cerró los ojos en afirmación-. Él fue el culpable.
Su demacrado pero atractivo rostro sin expresión alguna, la inmaculada piel de porcelana salpicada de sangre, la katana en sus manos todavía húmeda. El uchiwa tallado en el mango arrancó un destello de la escasa luz que entraba a la habitación. Parecía ajeno a la sangre que manchaba las paredes y el piso, incluso a la constante hemorragia que descendía del brazo con el que asía la katana y a la que escapaba de su sien en hilillos de sangre casi con delicadeza para no molestarlo.
Haku se movió un poco. Sasuke volvió a reparar en él.
Vestía como siempre una yukata holgada, que se abría en pliegues con la elegancia de lo accidental, parcialmente húmeda. Sus torneados y níveos brazos, piernas y torso a la vista, brillando a la luz de la luna como plata. La sonrisa vaciló un momento pero se mantuvo. El rastro de sangre en la barbilla se alargó hacia su pómulo, rodeó su ojo, casi tocando la comisura de éste, y se perdió en el nacimiento de su largo cabello oscuro.
-Sasuke-kun -se oía como un animal lastimado que gimiera de dolor, con una voz rota y débil, al borde de la muerte-. Desearía que... –se interrumpió para escupir un puñado de sangre- no hubieras tenido que verlo.
Parecía una muñeca de la más fina porcelana agrietada y sucia, abandonada, descuidada por el tiempo y el olvido. Pero era más perfecto que una muñeca y más destrozado que una. A un lado de sus piernas (también con rastros de sangre y heridas) una espada pequeña, no más grande que el antebrazo de Haku, estaba clavada en el suelo. Finas líneas rojizas se esparcían por toda su superficie. Estaba seguro de que la sangre no le pertenecía a Haku.
Entonces, Sasuke empezó a temblar descontroladamente. Su voz de adolescente, más ronca ahora, se escuchaba temerosa como la de un niño pequeño, con un matiz de locura en algún rincón.
-Nii-san... –empezó a respirar agitadamente, con un insoportable dolor en el pecho al hacerlo-. ¿Qué... es esto? ¿Qué significa esto?
Itachi parpadeó un par de veces. Se veía tan tranquilo. Haku volvió a escupir sangre, con la respiración convulsa.
-¡¿Qué significa esto?! ¡¿Qué has hecho, nii-san?! –gritó histérico.
-Ya te lo dije, que tendría que hacerlo. Te lo he estado diciendo desde hace mucho tiempo –susurró pero para Sasuke fue perfectamente audible. Los labios de Itachi se movieron lenta y ampliamente. Sus ojos estaban vacíos, carentes de cualquier sentimiento antes de cerrarse.
-¡¿Qué estas diciendo?! –el tono de Sasuke se elevó varias octavas más de lo normal, una mueca del más puro horror adueñándose de sus facciones.
-Sasuke-kun –susurró con dificultad el que yacía en el piso, en medio de un charco de sangre oscura. Las manos de Haku se agitaron, como tratando de asirse a algo. Volvió a llamarle, Sasuke justo presenció cómo vomitaba sangre otra vez-. Onegai... Onegai... (Por favor...)
-Te lo dije, otouto-baka –le interrumpió sin alzar la voz-. Cuando sea la hora de irme, ya lo habré hecho. Tú lo sabías.
Por fin Itachi abrió los ojos y dos llamas le devolvieron la mirada a Sasuke. Dos rubís, rojos e incandescentes como la sangre, como el fuego.
El miedo se extendió en fracciones de segundos por todo el cuerpo de Sasuke y su corazón volvió a ensordecerlo por los fuertes impactos contra su pecho. Una viscosa capa de sudor frío bañó su cuerpo, una extraña humedad nubló su vista. No supo que eran lágrimas.
Itachi dio un paso al frente, Sasuke retrocedió a la par. Itachi volvió a avanzar y Sasuke, aterrado y jadeante, se dio la vuelta, abrió la puerta con rudeza y escapó de allí. Mientras corría a todo lo que daban sus piernas, recordaba cada detalle de lo que había visto, seguro de que nunca lo olvidaría. Su aterrada mente no quería pensar que de verdad estaba pasando, que habría sido una ilusión y que Itachi, Haku y Zabuza estaban en el festival con los demás, esperando por él.
De pronto se detuvo, derrapando en el proceso. Itachi estaba frente a él, con la espada desenvainada y los ojos todavía de ese extraño color rojo, interponiéndose entre él y el portón de salida del orfanato.
Ya no tenía escapatoria.
-Nii-san –jadeó. La sonrisa maltrecha de Haku volvió a su mente. Al miedo se sobrevino la ira-. ¡¿Por qué lo hiciste?!
-Fue su culpa. ¿No me crees? –Itachi seguía tan tranquilo como siempre. Parpadeó y Sasuke miró directo a sus ojos-. Satte, misete aru so (Observa bien, entonces).
Sasuke deseó haber muerto en ese momento.
Se vio fuera del cuarto que recién abandonó. Zabuza gritaba algo, amenazador y terrible como nunca. Itachi estaba frente a él, bastante calmado, desenvainó su katana, una de las pocas pertenencias que habían heredado de su familia, y se lanzó al ataque. Con increíbles rapidez y fuerza, se agachó y golpeó con el contrafilo de la espada sus rodillas, fracturándolas al instante. Zabuza cayó al piso, apretando fuertemente al mandíbula y mirando con odio a Itachi. El muchacho, estoico por completo, pisó sus piernas y Zabuza se retorció en el suelo, gruñendo como un animal salvaje.
-Gaki... (Mocoso...) –jadeó Zabuza. El audio había vuelto al mundo. Itachi levantó la katana por sobre su cabeza lentamente-. Omae... (Tú...)
-Lo sabes. Es inevitable –y la filosa katana descendió hasta cortar parcialmente el cuello del hombre, dejándolo casi decapitado. La sangre escapó de su cuerpo a torrentes pero Itachi ya estaba abriendo la puerta y entrando en ella, cerrándola a su espalda.
Sasuke gritaba ante la escena, sintiendo claramente la bilis en su garganta. De pronto, todo empezó a dar vueltas y se vio dentro de la habitación. Ante sus cada vez más aterrados ojos desfilaron fragmentos e imágenes con lentitud y claridad.
Itachi aproximándose a Haku, quien lo veía enojado.
Haku negando con la cabeza de forma resignada, sacando algo de su espalda.
Un choque entre el acero de dos espadas, una más corta que la otra.
El brazo de Itachi siendo casi cercenado por la espada de Haku.
Itachi arremetiendo contra Haku.
Una batalla donde cada movimiento generaba una nueva y sangrienta herida.
-IAMETE! (¡BASTA!) –gritaba Sasuke desperado, su cabeza entre las manos, llorando del pánico-. IAMETE, NII-SAN!
Una espada clavándose a fondo en el estómago de alguien.
Luego un grito de dolor que heló a Sasuke.
La sangre de Haku saliendo a borbotones de su cuerpo, manchando a Sasuke en el proceso.
Un ruido sordo, a la vez húmedo, mientras Haku caía en el suelo de tatami.
-Bastardo –dijo alguien. Sasuke no supo quién, pues sus gritos no le permitieron diferenciar una voz de la otra.
Cuando ya no tuvo más aire con el qué gritar, cayó al suelo. Un hilillo de saliva escapando de su boca. Le dolía el cuerpo, puesto que cada herida que presenció se abrió en su cuerpo pero ninguna gota de sangre salió. Eran parte de la pesadilla.
-Nande (Por qué), nii-san? –pero no había porqué que justificara lo que había ocurrido, no existía excusa para nada de eso.
-Otouto-baka, escucha bien –ordenó Itachi, Sasuke, aunque a punto de desmayarse, prestó atención-. Tú debes encontrar la respuesta, no importa cuánto te tome. Aun si pasan cien años, es tu deber. Te le delego, tómalo como un pacto Uchiha. Si lo deseas, ódiame pero no mueras, mantente con vida y no mueras. Nigete, nigete (Huye, escapa) y si quieres matarme búscame y hazlo pero recuerda bien lo que te he dicho.
Lentamente, se fue aproximando al chico tendido en el suelo, hasta quedar a unos palmos. Se acuclilló frente a él y lo alzó por el cabello. Por un reflejo, Sasuke se soltó de su agarre, intentó levantarse e irse, tambaleante. La mano de Itachi volvió a cerrarse sobre él, pero esta vez sobre su hombro y...
-Ahora deseas correr, gritar, huir, matarme. Soy tu hermano pero quieres acabar conmigo. –Sasuke escuchaba con dificultad, no porque estuviera lejos, sino porque estaba demasiado impresionado. Con la cara escondida en el pecho de Itachi, el agradable sonido de sus latidos, tan pausados que parecían no estar, y dos fuertes brazos a su alrededor no sabía qué pensar.
Estar así era extraño para él, Itachi casi nunca lo había abrazado y esa vez, por más bizarro que fuera, se sentía bien. Itachi lo acunaba contra sí con fuerza, sin dejar de ser un contacto dulce. Una de sus manos acarició el cabello desordenado de su hermano mientras hablaba a su oído.
-Por eso eres digno de lo que estoy a punto de darte.
La mano que acariciaba su cabeza lo instó a encarar a Itachi, que lo veía con unas orbes llenas de tanto dolor que le faltó el aire por unos segundos. Los labios de Itachi se acercaron a su cuello pero Sasuke no hizo nada por detenerlo: los ojos rojos lo habían impedido, su cuerpo estaba paralizado.
-Te lo repetiré: eres libre de odiarme y matarme pero no puedes morir. Debes sobrevivir a toda costa, huye si lo deseas, mata si eso es lo que quieres, pero vive.
Sasuke emitió un jadeo ahogado sólo porque no pudo gritar. Las imágenes que le mostró Itachi volvieron a su mente mientras su hermano bebía su sangre, tras haber perforado su cuello con los dientes. Sintió que su corazón empezaba a detenerse, agonizante, que hacía mucho frío y, como en un presentimiento, que la vida se le escapaba de las manos, como si fuera agua. Apretó entre sus dedos la ropa de Itachi, sin estar seguro de si eso le gustaba o le aterraba.
-Nii-san... –gimió roncamente.
Itachi por fin se separó de él, con un rastro de sangre cayendo desde su labio hasta perderse por su barbilla. Sus ojos parecían estar todavía más rojos, aún más brillantes. Abrió y cerró la boca varias veces, pero no emitió sonido alguno. Estaba muriendo y lo sabía, pero no había nada que pudiera hacer para evitarlo.
Con una navaja que su padre le había obsequiado a Itachi justo antes de morir, su hermano mayor hizo un pequeño corte en su cuello, desde donde empezó a manar sangre roja y... apetecible. Sasuke sintió miedo por lo que estaba pensando pero de todas formas una mano en su nuca lo empujó, casi delicadamente, hacia delante y sus labios temblorosos rozaron la piel lacerada y sangrante.
Aquello fue el detonante para sellarlo todo.
En un reflejo animal, separó los labios y pegó su boca al cuello de su hermano para empezar a beber tanto como podía, deleitado por su sabor y la sensación de que la vida volvía a él a torrentes. Se sintió más fuerte, más lúcido, más vivo que nunca. Pero tan pronto como empezó se acabó.
Itachi jaló de su cabello con brusquedad, Sasuke gruñó amenazadoramente. Un instante después, gritaba, presa de un dolor incontenible que recorría todo su cuerpo furiosamente, quemándolo por dentro. Su hermano mayor, su única familia, volvió a abrazarlo contra él y dejó que clavara sus uñas en la piel, que se agitara convulso y gritara del dolor.
-Omae ga oremo ottouto-kun (Eres mi hermano) –susurró Itachi antes de abrir los brazos y separarse ligeramente. El cansancio invadió a Sasuke, que mareado, giró el rostro y vomitó. A través de la humedad de sus ojos y sus parpados que amenazaban con cerrarse vio la alta figura levantarse frente a él, orgulloso y portentoso, como si no le importara que estaba sangrando copiosamente.
Los ojos de Sasuke ardieron por un segundo, como si llorara fuego. Luego se desmayó sobre el suelo lleno de sangre del orfanato. Las pisadas lentas de Itachi vacilaron un momento antes de volver sobre sus pasos y colocar algo frente a Sasuke. Después se dio la vuelta y se alejó, para nunca más volver.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¿Hinata, qué tienes? –Hinata lloraba descontroladamente, sufriendo fuertes espasmos contra el pecho de Kiba, que la miraba preocupado. Había gritado, llorado y gemido como si le hicieran algo malo antes de caer de rodillas al piso. Sus amigos la miraban preocupados a su alrededor.
-Sasuke-kun... –musitaron sus labios temblorosos. El corazón de Naruto se detuvo. Hinata tenía los ojos desenfocados pero parecía que estuviera observando algo-. Sasuke-kun está... –su rostro se contrajo del dolor-. ¡Hagan que pare! ¡Nii-san!
Y como una roca impactando contra su cabeza, Naruto entendió que algo malo estaba pasando en el orfanato e involucraba a Sasuke y a Itachi.
-Itachi dice que hará... algo que te haga odiarlo. Resonaron sus propias palabras en su cabeza. Se levantó de golpe y miró hacia atrás, donde apenas se distinguía la silueta de la colina donde estaba Konoha. No lo pensó más y echó a correr tan rápido como pudo.
-¡Naruto, a dónde vas! –gritó Shikamaru, pero parecía que no oía nada.
-Busquen a Tsunade y a Kakashi y díganles que vayan a Konoha, rápido –dijo Sai antes de correr en dirección al rubio. La urgencia era más que obvia en la petición, ni siquiera usó las partículas "sama" o "sensei" al nombrarlos.
-Sai, oe, shotto matte! –pero también lo ignoró. Kiba miró asustado, para qué negarlo, a su amigo. No entendía nada de lo que pasaba-. Kiba, quédate aquí con Hinata y cuídala.
-Dosuru dayo? (¿Qué vas a hacer?) (N/A: no estoy segura que se escriba así, alguien podría aclararlo?)
-Buscar a Tsunade-sama y a Kakashi-san, claro.
-Dokashita no ka? (Qué está pasando?) Doko wa Sai, Naruto to Sasuke ka? (Dónde están Sai, Naruto y Sasuke?) Shikamaru!
-Dayobu. (Todo está bien). Hinata no mamoru desu. Oarinda, Kiba (Protege a Hinata. Se acabó, Kiba).
Kiba lo vio perderse entre la gente de prisa, luego miró a Hinata, que continuaba jadeante en sus brazos, con preocupación. No entendía qué estaba pasando pero de algo estaba seguro:
-Zenzen dayobu yanai (No está para nada bien) –dijeron Shikamaru y Kiba al unísono.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Un punzante dolor le taladraba las sienes y un gran mareo le impedía conectar demasiados pensamientos coherentes. Sólo sabía que la noche anterior fue el festival pero no recordaba bien los detalles.
-Fue su culpa.
Abrió los ojos de golpe, jadeando asustado y aprensivo. Una ola de miedo lo recorrió de pies a cabeza, sintiendo deseos de gritar, llorar y correr. Intentó moverse y se descubrió bajo unas sábanas tibias. Reconoció el techo del orfanato sobre él. Una suave luz entraba por las ventanas y los pájaros trinaban melodiosamente. Intentó pensar un poco. Entonces...
-Yume ga... (Un sueño) –dijo, parpadeando confundido. Soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo, aliviado. Todo había sido un mal sueño. Una pesadilla, mejor dicho.
Talló sus ojos, sentía los músculos dormidos, acalambrados, casi como si le hubieran dado una paliza. Resopló cansinamente. Quizás había entrado a demasiados juegos la noche anterior o Naruto lo obligó a correr por todas partes para...
Frunció el ceño.
No, Naruto no lo había jaloneado por ninguna parte. Bien, intentó averiguar por qué estaba en esas condiciones. Seguramente Sai lo había retado para ganar algún premio en el festival.
Tampoco. No recordaba haber participado en ningún juego, con o sin Sai. Forzó de nuevo su mente. Tal vez Naruto y él habrían empezado a pelear con artes marciales frente a sus amigos, para mostrarles los recientes avances en sus técnicas.
Una sensación de vacío se instaló en su estómago al entender que eso tampoco había pasado. Por más que intentaba recordar, nada le venía a la cabeza, ni la música, ni los bailes o todo el dinero que hubo de gastar para complacer a sus melindrosos amigos o al glotón de Naruto.
Nada. Ni un poco. Ni un destello que le dijera qué hizo la noche anterior.
El vacío empezó a transformarse en una desagradable molestia que subió por su garganta en forma de bilis. Quiso vomitar.
-Eres mi hermano –susurró Itachi antes de abrir los brazos y separarse ligeramente. El cansancio invadió a Sasuke, que mareado, giró el rostro y vomitó.
Un escalofrío lo recorrió de nuevo. Aquella imagen del sueño... era demasiado, excesivamente real. El corazón palpitaba tan fuerte y tan deprisa que le dolían las costillas, era como si fuera a salirse de su pecho en cualquier momento. Empezó a sudar frío, respirando agitadamente.
-Eres mi hermano.
Se levantó de pronto, rápido y sin cuidado. Le valió una punzada de intenso dolor que nació en su cuello y se extendió hasta la punta de los dedos. Fue breve, pero terrible. Volvió a tumbarse sobre la cama, confundido, desorientado. Llevó una mano cerca de su hombro a la vez que hacía una mueca. No recordaba haberse lastimado.
-Eres mi hermano.
Un gran peso cayó sobre su estómago. Empezó a sudar frío de un momento a otro.
No lo recordaba, lo había soñado. Fue un sueño.
¿No?
Palpó con sus dedos el lugar del que provino el repentino dolor, casi rezando porque no hubiera nada. Creyó que caía en un gran vacío cuando rozó la rústica textura de una venda que envolvía todo su cuello. Otra vez quiso gritar con todas sus fuerzas pero se limitó a levantarse con mucho más cuidado y lentitud.
Todo estaba en silencio y parecía tan normal como siempre, sólo que ésa no era su habitación. Era la enfermería. Sintió nauseas de sólo pensarlo. Se resistió a admitirlo en un principio pero las hileras de camastros en las paredes, cada una con pulcras sábanas blancas, las cortinas que las separaban unas de otras, el fuerte olor a alcohol y penicilina que jamás desaparecía por mucho que asearan indicaban la terrible verdad.
-Masaka (Imposible) –gimió incrédulo.
-Wasure desu ka, ne? (Lo has olvidado, ¿verdad?) –dijo una voz. Venía del fondo de la habitación. Caminó hacia allá, escuchando a Naruto discutir con Tsunade fuera de la enfermería para que le permitiera entrar a verlo-. Han pasado tres días desde esa noche. Es la segunda vez que despiertas.
Encontró a Sai algunas camas más allá, con otro vendaje en el cuello. Estaba cubierto por las cortinas y varias cobijas. Sacó su cabeza de entre las sábanas sólo para observarlo. Lucía más pálido de lo normal y lo veía con odio mal contenido.
-Tú me mordiste, me mordiste en el cuello, cuando entré por Naruto hace dos noches antes de ir a dormir. Naruto no se quería alejar de tu lado. Logré convencerlo, entonces tú te removiste en sueños. Llamaste a tu hermano, a ése maldito cabrón.
-No le digas así –espetó en un siseo, aunque sabía que Sai tenía razones válidas para hacerlo.
-Naruto quiso despertarte pero yo era el que estaba más cerca. Me incliné sobre ti, te llamé por tu nombre. Entonces abriste los ojos, vi que eran rojos pero no tuve tiempo de nada más. Te abalanzaste sobre mí. Me mordiste en el cuello –repitió con más ira todavía-. Tomé lo primero que encontré. La navaja con el símbolo de tu familia sobre tu mesa. Ése maldito bastardo de tu hermano la dejó a tu lado. No se llevó nada más que algunas mudas de ropa y una katana, dejó todo lo demás, incluyendo la navaja. Naruto insistió en que la dejáramos cerca de ti. Eso evitó que me mataras. La clavé en tu brazo y me soltaste. Sin embargo, forcejeaste hasta tenerme debajo de ti y tu sangre cayó en mi boca en medio del forcejeo. No debí cortarte tanto en el rostro. Lo peor, bastardo, es que ya sanaste. No tienes más heridas que esa en el cuello. Por tu culpa, maldito, yo también la tengo.
-Sasuke –Naruto lo miraba lleno de dolor. Detrás de él, Tsunade y Jiraya lo observaban cautelosamente-. Haku... Itachi... Tú...
-¿Qué he hecho, Naruto? ¿Qué fue lo que hice?
-Lo que está en tu nueva naturaleza –contestó Jiraya-. Chico, tenemos que hablar.
-Cierra los doseles de Sai. La luz solar lo afecta –ordenó Tsunade, bastante hosca, sin dejar de verlo como si fuera un animal particularmente peligroso.
-¿Qué soy, Naruto?
El tiempo se detuvo para ellos, compartiendo una mirada intensa, más profunda y significativa que nunca. Sasuke se talló los ojos, veía algo muy extraño en Naruto, parecía que emanara una especie de luz... naranja o rojiza. Le escocían los ojos, pero no sabía porqué. Los labios de Naruto se veían más brillantes, delineados y carnosos, entre ellos sobresalían prominentes colmillos que antes, eso creía, no estaban. Pequeñas venitas rojas atravesaban el azul de sus ojos.
-Ahora eres lo mismo que Sai. Lo mismo que yo –respondió perentoriamente, como dando una sentencia. Sasuke cerró los ojos varias veces pero la situación no cambió, seguía percibiendo con precisión cada detalle en él.
Escuchó una risotada lenta y cruel, una voz que no le pertenecía a ninguno de los presentes pero que parecía provenir de Naruto. Alguien parecía observarlo a través de los ojos del rubio, con detenimiento y diversión entremezclada. Debió sentirse intimidado o asustado como mínimo pero en lugar de ello y con un súbito vuelco de su corazón, tuvo el destello del reconocimiento hacia algo y el recuerdo breve de una promesa.
Sabía lo que diría Naruto, pues, muy en el fondo, no le era desconocido. Era como... si lo supiera desde siempre.
-Omae ga bakemono desu (Eres un monstruo).
¿Ya me odian? No los culparía. Quedó estúpidamente inconcluso pero todo tiene su segunda parte, sus explicaciones. ¡Habrás razones y reencuentros! Les juro que no es la última vez que sabremos de Itachi, no es mi estilo dejarlo así. También veremos qué ocurrió con Haku, por quién todavía estoy llorando como bebé. ¡Lo amo y le hice algo terrible! Pero, déjenme decirles, nada es lo que parece. ¿Quién puede adivinar qué se traman los personajes, las razones y causas para que ocurriera esto? Que quede claro que no dejaré el romane de lado, ni loca, soy demasiado cursi (no es que sea mi culpa, a veces lo odio) y amo demasiado el Sasunaru como para eso. Bueno, las mejores respuestas o teorías tendrán un premio, así no sean acertadas, la originalidad es lo que vale. ¿Les gustó? ¿Quieren comentar? ¿Tienen dudas? Porque yo todavía las tengo acerca de porqué hice todo esto. La segunda parte es buenísima, no recuerdo haber escrito algo así en mucho tiempo. Prometo terminar pronto Girasoles, los últimos dos capis están listos pero tengo problemas con el tercero, no por falta de imaginación sino porque no quiero publicar algo malo y sin chiste. Bien, me largo. ¡Nos leemos pronto!
