¿Qué

¿Qué?

¿Me invitó a pasar?

Fobia de opuestos

Card Captor Sakura

Lady

Mi garganta se ha cerrado y cualquier posible respuesta se bloqueó, no sé que pensar exactamente porque aunque no es la primera vez que me invitan a una casa, si es la primera que una chica lo hace sin una risa absurda mientras se pone colorada, ella sólo dijo:

—¿Porqué no pasamos…? Hace un poco de frío…—y frotó sus manos, una contra la otra.

Tenía la impresión de que cuando diera el primer paso dentro sentiría calidez primaveral, me sentaría, ella encendería la televisión e iría a hacer el té y conversaríamos de cualquier cosa con el tiempo corriendo como agua entre nuestros dedos y al final, ella sonreiría apenada, pidiendo perdón por entretenerme toda la tarde. Una tarde perezosa de invierno.

—¿Li…?—me saca de mis alucinaciones. No sé que me pasa hoy.

—Huh…—tiene una mirada intensa, silenciosamente insistente. Yo busco alrededor porque me siento observado por miles de ojos a pesar de que no hay nadie por la calle. ¿Todas las chicas invitan al primer chico que las escolta a casa? Por que esta es la primera vez que yo voy con alguien –de sexo femenino- de regreso de la escuela, acompañándola como único propósito.

¡Jamás podría entrar! ¡Yo no quiero ese tipo de relación con ella!

Sé lo que debo responder: —No… está bien así, sólo quería que llegaras viva…

Recuerdo perfectamente que muchas de mis compañeras de proyectos se pusieron muy problemáticas cuando dijeron que sería mejor trabajar en sus habitaciones y que cuando estábamos con los deberes repentinamente se me echaban encima y decían cosas que en ese tiempo no tenían sentido para mí... Ahora concluyo que eran las hormonas femeninas de ellas, más despiertas que las mías.

¡Yo no puedo entrar a la casa de una mujer como si nada teniendo esos antecedentes! Menos en una tan extraña como la de ésta, de las que no tengo ninguna referencia.

Kinomoto parpadea.

Y sonríe.

—Pero ¿y las asesorías? —¡Que los dioses me detengan porque creo que el que se le echará encima seré yo! Cada uno de sus poros destila pura inocencia. Condenada, pura e inútil inocencia.

--Sakura.

Sus ojos parecen de oro incandescente, oro con destellos caobas. Llenísimos de luz. Llenísimos de un no sé qué que hace que desee inhalar y contener el aire ahí mismo donde siento mi corazón correr.

—¿Asesorías…? —¿Qué su voz no debería sonar algo más suave? Por que justo ahora es tan ronca y varonil que siento que me hormiguean las mejillas y las piernas me tiemblan con una emoción sin pies ni cabeza, todo parece ir en cámara lenta.

Mi compañero se está acercando, eliminando la distancia casual que nos separaba, no sé porque una de sus manos va hasta la cerca de mi casa, sosteniéndose ahí, inclinándose, creo que para mirarme más de cerca. Ni siquiera pestañea.

No encuentro una explicación razonable para esto, creo que así son ellos, sólo les hablas un poco y creen que pueden tener mucha confianza. Me examina con cuidado ¿Estará viendo el color de mi cabello?

He oído que son muy envidiosos… y que entre más envidia te tienen, más de cuidado son. No quisiera imaginarme tener un enemigo tan inteligente como él.

Duh.

—¿No… dijiste que mañana no podías? —él mismo lo había dicho, ¿lo negaría ahora? — ¿Me… estás escuchando, Li?

No me responde. Desde esa distancia creo que puedo oler una colonia sobria, como madera. Como bosque después de la lluvia y una guerra de lodo después de ella.

—¿Li…?

Su boca no sonríe y sigue mirándome como si quisiera saber que estoy pensando exactamente, cuando me recargo en la cerca me doy cuenta de que su mano sigue ahí y de pronto Todi tiene un nuevo sentido para mí. Estoy atrapada, porque esta vez no podría correr y él me mostraría de lo que están hechos los gays.

—¿Sí…?

—¿V-vamos a estudiar? —no sé porque estoy nerviosa, ¿por lo que es o porque está tan cerca?, respiro profundo y cuento desde el diez en forma regresiva, lo necesito, si yo no supiera lo que él es, tal vez estaría muriendo en este mismo instante, porque es tan apuesto y varonil que te desarma y esos son detalles que ni siquiera yo puedo negar, ni su naturaleza gay puede borrar.

—¿Estudiar…?—no parece captar muy bien de lo que estamos hablando.

—Ajá—asentí, pacientemente.— Matemáticas.

Un nuevo silencio se hizo presente, una mueca parecida a una sonrisa se dibujó en sus labios.

—¿Quieres…?—me cuestiona suavecito, ¿Qué si quiero? En realidad no pero tengo que hacerlo.

—No hay nada mejor que hacer. —bromeo, Li amplía la sonrisa socarrona que los dioses le dieron.

—¿Estás segura? —¿No se ofreció él en primer lugar?, Hoe… ¿Qué más creería que podemos hacer en mi casa?

Oh.

¡Tal vez quiere conocer la habitación de una chica!

¿Su habitación será como la mía? Si pensamos en eso… ¿Qué tipo de peluches le gustarán? ¡Le puedo regalar uno para agradecerle el favor! O puedo llevarlo de compras conmigo y con Tomoyo la próxima vez… ¿Le gustará ir de compras?

Sé que es peligroso y atrevido por que casi ni conozco a Shaoran Li. También sé de la furia de los gays y también sé que la curiosidad mató al gato pero debe ser porque quema por dentro y tienes que sujetar tu lengua con todas tus fuerzas. Vacilo un momento:—¿Eres…? Bueno… tú sabes…—aprieto un poco la boca, mi voz apenas y sale de mis labios cando pregunto al final:— ¿El… hombre…?

Li me mira sin comprender. — ¿Qué dijiste? No te escuché…

Aprieto los ojos, necesito un poco más de valor.—¿Ho-ho-hombre…?

¡Por que en todas las relaciones gays hay un hombre y una mujer!

Parpadeó confundido, como saliendo de su trance por que se hizo para atrás y regresó a esa expresión normal de seriedad poco atemorizante que tiene mientras va por los pasillos camino al jardín con Yukito… cuando se van solos y no regresan después de un buen rato, sin importarles si se saltan algunas horas. Sin que nadie los vea…

¡Ekk!

—¿Hombre…?

—¿Eres, tú sabes… hombre?—parece meditarlo porque rasca su mejilla, pensativo. Después rió un poquito socarrón.

—Bueno sí, hasta donde tengo entendido sí.

—¿H-hoe…?

¡Con razón Yukito es más lindo –y muchísimo más femenino- que yo!

Bufó.— Tsukishiro me lo está recordando siempre… que por eso nos llevamos bien, porque somos hombres y nos entendemos.—admite pero parece resignado. — De todos modos, es una pregunta absurda ¿Qué no lo parezco?

Oh, oh.

Creo que me quedé paralizada.

—Eeh…

Creo que son más gays de lo que pensaba. Eso y mucho más.

—¿Sakura?

¡Hoeee!

Shaoran Li señala hacia atrás donde mi hermano, Touya, ha salido para ver si ya he llegado, seguramente el muy molesto escuchó nuestras voces y quiso saber de que se trataba todo.

—¡Sakura, métete de una buena vez! —me ordena con voz severa. Siempre es fastidioso pero también me siento aliviada… No quiero más conversaciones extrañas.

¡Yo tengo la culpa por preguntar…!

—E-eh... —miro a Touya y luego a Li quien parece confundido por no saber quien es este chico tan pesado que se hace llamar mi hermano. Se miran un momento. Un largo momento.

¡Noo!

¿A Li le habrá gustado mi hermano…?

¡Noo, eso sería lo peor que podría pasarle al pobre Li! ¡Enamorarse de una persona completamente normal!

¿Qué puedo hacer?

¿Qué debo hacer…?

—Lárgate de aquí, mocoso inútil. —rugió, después de varios segundos. Li abrió la boca y la volvió a cerrar con impotencia.

—¿¡A quién le llamas mocoso!? —Esa debe ser una señal de que algo grande está por venir: No pensé que mi compañero tuviera el valor para responderle a un sujeto tan atemorizante como Touya. Nadie lo había conseguido hasta el día de hoy.

No.

Creo que Li da más miedo que mi hermano…

¡No me gusta que se miren de esa manera!

—O-oigan…

—¿Es obvio, no?

—Ven y dímelo en mi cara. —gruñe mi compañero y Touya ni siquiera lo piensa para adelantarse tantos pasos como puede.

No dudé, aunque me muriera de miedo, aunque no tuviera idea de lo que estaba haciendo, me metí entre esos atisbos de asesinato tan ridículos. Definitivamente Shaoran Li era el hombre, y uno muy impetuoso al enfrentarse a Touya Kinomoto.—¡Eh…! ¡Pa-pasa por favor, Li! —abro la puerta de la cerca, Touya que está detrás de mí quiere pasarme para detenerlo, como para lanzársele a matar si se atrevía a pensar que entraría si quiera al jardín delantero. — ¡Hermano…!

—Está bien, Kinomoto. —refunfuña Shaoran Li, sin despegar la mirada de Touya. — Nos vemos. —se ha enfadado, tiene que estarlo, con todo derecho.

Adiós a mi asesor…

Adiós a mi buena nota…

Adiós equipo de porristas…

Volteé, creo que me empieza a hervir la sangre. Me importa muy poco si me enfermo cada vez que estoy con él. ¡Lo necesito!

—¡Eres un grosero, hermano!

—Tienes que empezar a pensar a quien escoges por amigos…—bramó, dejándome a mí y a mi mala suerte atrás. ¡Ojala la familia se pudiera escoger también!

--

—¡Uno, dos…!

¡Piiiiiii!

El bastón gira una vez más en el aire, y tan rápido que mis ojos aunque intentan seguir el movimiento, no lo consiguen. Tengo que volver a soltar un suspiro que se atora en mi pecho.

—¡Uno, dos…!

¡Piiiiiii!

Debería ir más alto…

—¡Uno, dos…!

¡Piiiiii!

Debería lanzar mi bastón más fuerte…

—¡Kinomoto!

—¿Hoe?

¡POOK!

Y me dio de lleno en la cara. Duh. Como siempre.

¡Hooeee…!

—¡Presta atención, niña! —me exige la profesora, pero ella ha sido la que me ha desconcentrado, no me queda más que llorar silenciosamente mientras me acerco a esa esbelta mujer que lleva ropa deportiva. — ¿Quieres explicarme esto? —me enseña la tabla donde todos sus papeles están sujetos con un gancho. Y ahí, a simple vista está la lista de las alumnas que forman parte del grupo de porristas y que además reprobaron alguna materia, obviamente estoy yo. — ¿No quedamos que ibas a pasar este examen…?

Agaché el rostro porque me ardía de pura vergüenza. Lo había prometido y no había podido con el peso de eso. Mi conciencia no me dejaría tranquila hasta que obtuviera siquiera una B… —Tienes que esforzarte Kinomoto. —su voz comprensiva me animó a mirarla, tímidamente. — Eres uno de los mejores elementos… pero si esto sigue así, no me quedará otra opción que suspender tus actividades extras.

Yo fruncí mis labios tratando de contener una desesperada y patética súplica, mis ojos arden mucho. ¡Estoy tan apenada…! ¡La profesora tiene que soportar esto mes tras mes… y yo no hago nada…!

—Tienes este mes para conseguirlo, niña. —lleva una de sus manos a mi hombro, yo asentí. ¿Cómo voy a conseguir saltar de la F a la B de una sola vez?

—¡Sakura! —la profesora me dejó ahí, y Tomoyo se acercó, intuía que por mi cara ella podía saber perfectamente que había sucedido hacía menos de un minuto. — ¿Estás bien…?

Yo le sonreí sin muchas ganas, sintiendo pesadas las comisuras de mis labios. — S-sí… ya sabes…—rasqué mi cabeza, no sé que decirle porque me siento demasiado tonta. — Mates.

—Y tú ya sabes…—parpadeé. — Li. —Tomoyo me miró tranquilamente. — No me has dicho lo que sucedió y desde ese día luces desanimada.

—¿Lo notaste? —esa era una pregunta fuera de lugar porque yo sé desde hace mucho que mi mejor amiga es increíble, porque aunque yo no haya querido contarle nada para no preocuparle, ella lo adivina todo.

Suspiré. — Touya lo corrió ese día.

Tomoyo hizo un gesto de sorpresa, para después reír suavemente. — ¿Le dijiste que no tiene nada de que preocuparse?

Volví a parpadear. — ¿A que te…?

—Si le dices a tu hermano que Li es gay entonces se dará cuenta de que nunca intentará algo contigo aunque estén solos en su propia casa. —Tomoyo es tan buena conmigo, siempre explicándome lo obvio. ¡Debí hacer eso en primer lugar! ¡Si lo hubiera hecho y le hubiera pedido a Li que lo confirmara enfrente de Touya, seguramente hubiéramos estudiado algo…!

¡Ay!, ¿cómo lo dejé pasar?

¡La próxima vez se lo diré frente a Li para que me crea…! Y con suerte, Touya se alejará de él, si es que la homofobia que me adjudica mi amiga, viene de familia. Y me dejará en paz.

¡Sí!

Tener asesores gays puede ser una gran ventaja.

—La próxima vez le pedirás a Li su ayuda.

--Shaoran.

Las porristas se ven desde aquí.

Todas las chicas están intentando hacer sus saltos mortales, pero sólo hay una que lo consigue por ser la más atlética, la misma que tiene un hermano bastante anticuado pero no tanto como salvaje y estúpido.

—¡Li, el balón! —volteé justo cuando el ovalado balón pasó sobre mi cabeza, retrocedí unos pasos para saltar y atraparlo. Cuando presté atención me di cuenta de que todos mis compañeros que representaban al equipo contrincante me estaban esperando, listos para saltarme encima y que dejara caer el balón.

—¡Allá va! —ni siquiera he podido aterrizar todavía cuando tengo que lanzarlo a Tsukishiro que está yardas más lejos, y más cerca del área de anotación. Cuando caí ya no había quien me recibiera porque todos corrían detrás de mi amigo.

—¿La nena no se rompió una uña? —aunque la voz no me parece conocida sé que se dirigen a mí, esos son idiotas que entraron al equipo para fastidiar porque no tienen nada mejor que hacer, me sacudí la ropa en un intento por no alterar mis nervios, pero son más fuertes que yo.

—No pero gracias por preguntar.

El tipo miró a sus amigos divertido mientras reía.— ¡Respondió! ¡La muñequita no era muda!

Yo levanté una ceja. —Es cuestión de principios. En mi casa no se me permitía hablar con brutos, así que se rápido en lo que tengas que decir.

—¡Punto para el equipo verde! —anunció el profesor. Seguro el conejo lo había logrado, busqué y fue justo como lo imaginé: Todos celebrando alrededor de mi amigo.

Refunfuñó:— Te crees la gran cosa…

Me encogí en hombros:—Quizá lo veas así porque tú te sientes demasiado perdedor. —asumí el papel del buen psicólogo que seguramente nunca sería. — Son complejos que sólo se pueden eliminar si te dan tu merecido…

—¿Quieres intentar? —pregunta, retándome. Sabe lo estricto que es el profesor y que a la primera pelea nos expulsarán o me expulsarán si es que este sujeto salía impune como siempre.

—No creo, mis manos nunca han tocado algo tan horrible como tu cara—jugueteo con mis manos frente a sus ojos. —Podrían pudrirse.—refuto.

Me mira suspicazmente y tengo ganas de estrellarle mi casco contra la cara de estúpido que tiene— Sería más fácil decir que no tienes el valor.

Me cruzo de brazos porque sé que puedo retorcerle el cuello ahí mismo. Busco discretamente a Tsukishiro porque sé que siempre es el más sentimental y se siente terriblemente culpable de todo lo que me dicen estos sujetos. Por eso odio los entrenamientos, porque siempre hay un tipo como éste para fastidiar.

—¿O estás coqueteándome? —toda la parvada que está detrás ríe. — ¿Es que Tsukishiro ya no te satisface? ¿Estás buscando a otra persona que se le caiga el jabón en la regadera…?

Arqueé una ceja.—Suenas bastante interesado, ¿Quieres hacer la audición? —No sé de donde salió eso de que probablemente soy gay, pero me tiene harto. Y aunque no quiera decírselo a Tsukishiro, ese es otro motivo para que quiera tener una novia. Todo terminaría.

—¡Claro que no!

—Te lo pierdes. Menos para ti, más para Tsukishiro. —me escucha bramar, dándome la vuelta para irme.

Sonreí, sus amigos deben estar mirando horrorizados.

—¡Hey, yo no quiero nada con este…!

—¡Tenías que decírnoslos, Tatsuro!

—¡Noo!

—¡Ganamos el partido, Shaoran! —mi amigo viene corriendo hasta mí. — Que gran lanzamiento… Se te dan tan natural los deportes.

—Algo así. —aclaro porque a Tsukishiro se le da exagerar todo. — Vete a las duchas, te alcanzo luego. —me cortaría una mano apostando a que todos los demás chicos esperan vernos entrar algún día al mismo cubículo.

Me mira con sus ojos dorados, expectante. — ¿Qué…?

—¿En que estás pensando? —¿Qué clase de pregunta era esa?—Has estado evitando contarme así que te preguntaré: ¿Qué sucedió con Kinomoto? —sabía que un día de estos lo haría porque yo me había reservado el derecho de guardar esa memoria para mí. Mi amigo me había dado mi ya expirado tiempo para contarle, y ahora él quiere saber.

—Nada. Le di el bolso. —expliqué de manera rápida y bastante concisa.

—¿Ajá? ¿Y qué más? —se ve insistente cuando camina a mi lado.

—¿Qué más…?

—Pues claro… ¿Fueron a tu casa o a la de ella? —¿Qué demonios creía que iba a hacer con ella cuando había estado toda la mañana en la enfermería? Yo lo miré como si estuviera loco.— Vamos Shaoran, dime que ya eres todo un hombre…

—Oye, apenas y la conozco…—la sola idea me da escalofríos pero estaba omitiendo la parte en la que yo me había negado rotundamente a enseñarle simples matemáticas.

—Muchas parejas lo hacen en su primer día o en su primera cita…

—Eso no fue una cita. —reniego, pensando en lo absurdo que sonaba pero Tsukishiro debía tener razón si es que todos los chicos sentían lo mismo que yo, en la entrada de la casa de su chica. La cuestión es que Kinomoto no es ni será mía. — Además, ¿Tú como sabes todo eso?

Me guiñó un ojo. —Es un secreto o ¿Quieres saberlo?

Tragué pesado.

Mejor cambiar el rumbo. — ¡D-de ninguna manera fue una cita!

—¿Estás seguro de eso? —me pregunta, mirándome curioso, yo asiento muy convencido de que así es. — Seguramente te agradeció por haberla acompañado diciendo lo bien que la pasó contigo.

—Claro que no. —yo intenté sonar lo más serio posible, para que me creyera de una buena vez por todas. — No fue nada especial.

Y era verdad porque no habíamos cruzado ni una palabra durante la media semana que había pasado.

—¿Ajá? —yo asentí fervientemente. — ¿Quieres hacer una apuesta…?

Yo sonreí un poco. — ¿De que hablas…?

—¡Li! —Sakura Kinomoto viene para acá.

—¿Eh?

Y mi amigo alcanza a susurrar: — ¿Ves…?—me da unas palmadas fuertes en la espalda que casi me sacan el aire. — ¡Picarón…!

—¡Shht!

—Yo…—me sonreía tímidamente. Miré de reojo a Tsukishiro, sí, había ampliado su sonrisa y se había vuelto satisfecha. — Q-quería agradecerte… p-por… lo de la otra vez… m-me la pasé muy bien…— murmuró apenada.— Aunque lamento lo de mi hermano. No volverá a suceder.

—Con que interrumpidos…—suspira mi amigo. Kinomoto lo mira.

—¿Dijiste algo?

El conejo le sonrió cándidamente. — ¿Yo? —ella asintió.— No, para nada.

—Debió ser mi imaginación…

Pero Tsukishiro tiene razón… otra vez.

Si ese sujeto no hubiera estado, ¿Hubiera aceptado entrar con ella…? ¿Y si perdía el control justo como sucedió frente a su casa…? ¿Ella no se había asustado…? La miré. No podía ser porque sino no sonreiría como lo está haciendo en este momento.

Tal vez era porque para ella sí era como una cita… porque eso se hace en las citas.

—Shaoran es una persona muy amable. —intervino mi compañero, hablándole a Kinomoto después de saludar a Daidouji que iba llegando.

Nuestra conocida castaña lo miró y luego a mí, y de nuevo a él. Y se sonrojó…

¿Sonrojada?

Que sospechoso…

—V-veo… que se conocen bien…—tartamudea suavemente, me da la impresión de que se esconde detrás de Daidouji cuando retrocede.

—Hemos sido amigos de toda la vida.—asegura.

—Somos vecinos. —le recuerdo, impaciente. Kinomoto hace una expresión de sorpresa bastante tierna.

Duh.

Bueno, se le veía bien.

—Li estuvo en la misma escuela media que nosotras, ¿no es así? —Daidouji me mira con calidez.

—Eh…—cierto.

—¿¡De verdad!? —pareciera que Kinomoto ha recibido una gran sorpresa por que abre los ojos como platos. Siento que mi cara quiere arder porque ahora soy el centro de atención, los tres me miran insistentemente, esperando respuestas.

—¿Nunca se habían visto?—Tsukishiro investiga con ese aire afable que siempre le rodea.

Kinomoto negó rápidamente con la cabeza. Yo me limité a mirar en otra dirección mientras dejaba mis manos en mis bolsillos.— Li es muy popular ahora. —a la amatista no le queda más que justificar a su amiga.

—Y Kinomoto también lo es—apoya Tsukishiro. ¿A que viene todo esto? —Es obvio que gente así tenga que relacionarse algún día.

Ella se vuelve a sonrojar.

¿Dos veces?

Lo mira con ojos brillantes y apenados porque la ha halagado.

—Se nos hará tarde, es mejor que nos demos prisa. —la amiga de Kinomoto la interrumpe cuando ella está en su momento máximo de contemplación.

¿Podría ser que en realidad a Kinomoto le guste Tsukishiro…?

No, eso no estaría nada bien.

--Sakura.

Relacionarse.

Gente como nosotros.

Li y yo.

¿Qué habrá querido decir?

—¿Estás todavía en la Tierra, Sakura? —me pregunta mi amiga, cerca de mi oreja. Salté por la sorpresa, porque las palabras de Yukito Tsukishiro me dan vueltas una y otra vez por la cabeza. — ¿Qué te tiene preocupada? —reclama saber con ojos amables, yo me sonrojé y ella me mira tratando de indagar más allá de mis palabras.

—¡Q-Quiero comer!—Y Tomoyo no se niega a acompañarme hasta el jardín trasero de la escuela donde solemos almorzar si no es que en la cafetería con las demás chicas de nuestra clase. Muchos chicos la saludan tratando de ser galanazos y ella sólo se limita a inclinar su cabeza y seguir a mi lado.

Ella es tan linda.

Me pregunto como es posible que no tenga novio, siendo tan maravillosa como es.

—¿Estás bien? —me ha preguntado nuevamente, ¡seguramente me quedé viéndola de una manera extraña! —Has estado muy rara toda la mañana…

—S-sí…—sonreí.— Oye, Tomoyo… tú siempre me estás diciendo que debo conseguirme un novio pero ¿y tú? ¡Me he dado cuenta que muchos chicos te saludan en el pasillo!

Como esperaba de ella… sólo me sonrió y me dio unas palmaditas en la cabeza, como si fuera su gatito. A veces me da la impresión de que ella me trata como una niña pequeña.

—No tienes que preocuparte por mí. —yo la miré con curiosidad.

—Entonces, ¿¡si te gusta alguien!? —¡No puedo creerlo! ¿Ya tiene en mente a alguien? ¿¡Será correspondida!? ¡Más le valía a él, sino se las vería con--!.—¡Woah, que bento tan ordenado! —mis ojos comenzaron a brillar cuando mi mejor amiga abrió su cajita, pulcra y de aspecto delicioso. Yo le mostré el mío que había hecho yo misma en la mañana, no podía compararse ni en aspecto ni en sabor pero era todo lo que tenía.

—¿Porqué no intercambiamos? —me sonrió gentilmente, ofreciéndome su comida. — Se ve muy rico…

Yo me sonrojé hasta las orejas, creo. — Pe-pero, ¡No es muy bueno! Y-y-y…—Tomoyo no me dejó discutir.

Guardamos un momento silencioso, yo buscaba la manera de no parecer una cavernícola salvaje a lado de Tomoyo que siempre come destilando elegancia y modales únicos.

—Mira, son Tsukishiro y Li. —me señala al par que camina distraídamente, el castaño bebe de una lata y Yukito está engulléndose un bollo al vapor. — ¿No te gustaría agradecerle a Li por cuidarte ese día?

—¿Eh?

—Deberíamos invitarlos a comer. —no parece darme nada más su opinión porque los está llamando desde donde estamos sentadas, en el césped. — ¡Vamos ustedes dos!

Creo que Yukito está arrastrando a Li.

—¡Muchas gracias, chicas! —Yukito se sienta frente a nostras pero Li parece rehúso a desperdiciar su único tiempo a solas en la escuela con su amigo.

¿Pasarán las tardes juntos…?

—Vamos, Xiao…—se lo pide tan dulcemente que hasta me hubiera convencido a mí, si me lo hubiera pedido. Su mano pálida viajó hasta la mano bronceada de Li, sus dedos se cerraron entorno a los de él y jalaron para insistir.

¡Cierra los ojos, Sakura! ¡Ahora!

¡Voy a morir!

Oigo cuando Tomoyo murmura un: —Que interesante…

Cuando alcanzo a abrir uno de mis ojos me doy cuenta de que Li ya está sentado junto a Yukito, él se ríe de su logro mientras Tomoyo lo felicita. — ¿Ustedes hicieron su propia comida?

Ambas asentimos.

—¡Pero que lindas son las niñas que hacen eso! ¿No, Shaoran? —miré a nuestro compañero quien pintó un gesto de indiferencia en su cara mientras se encogía en hombros y sigue bebiendo de su lata.

Todo volvió a la normalidad, Tomoyo conversaba animadamente con Yukito y Li miraba desinteresadamente hacia cualquier otro lugar.

—¡Los bollos de carne son geniales pero mis favoritos son los de chocolate!

—¿Te gusta mucho el chocolate? —le preguntó mi mejor amiga.

—Sí y me gusta mucho más porque: ¡Es la comida favorita de Shaoran! —festejó.

Y Li se sonrojó pero no habló.

Vaya pareja…

Yukito llevaba toda una bolsa de papel llena de sus bollos, creo que a cada bocado que yo daba él se atragantaba con dos de esas bolas blancas. Hasta que se los terminó sin ninguna vergüenza.

—Creo que tengo que ir por algo más, pero continúen, continúen…

—Espera.

—Espera.

Li y yo nos miramos porque nuestras voces sonaron al mismo tiempo. Tomoyo ríe, Yukito también.

—Yo puedo traer algo…—se ofrece Li intentando ponerse de pie.

Si Yukito fuera una chica –que le falta poco para parecerlo-, hasta me parecería romántico.

—¡Y-yo p-puedo compartirte de mi bento! —hablo más rápido, estirándole la deliciosa comida de Tomoyo. La verdad, hasta el apetito se me ha ido, no estoy acostumbrada a pasar tanto tiempo –si no es que ninguno- con gente como ellos. Y Yukito parece hambriento.

—No es necesario que hagas eso. —la voz de Li no parece tan amable, me mira ceñudo. — Yo iré por algo para él. —se levantó antes de que pudiera protestar, me da la impresión de que se sentía incómodo desde antes y que ha buscado la manera de zafarse de aquí.

Eso y también que, está celoso.

Oh, oh…

--

Shaoran Li no volvió con la comida que había prometido así que Yukito tuvo que ir a buscarlo. Ninguno de los dos regresó y tuvimos que terminar nuestro almuerzo solas. Durante las clases no nos dirigió la palabra a pesar de que Yukito decía cosas amenas y muy vagas. Era muy bueno intentándolo pero a pesar de eso la tensión que nos rodeaba a los cuatro, no desaparecía.

Es lo que me ganaba por ser tan atrevida. Pero Li no tiene la cara de ser celoso, no mucho.

¿Cómo se suponía que iba a saberlo?

—¿Sakura? —parpadeé varias veces, saliendo de mis pensamientos, ya casi no había nadie en el salón. — Disculpa que no podamos irnos juntas.

—Eh…—no tenía idea de lo que estaba hablando. — N-no te preocupes, puedo irme sin problemas.

La vi desaparecer por la puerta.

—¿No te quedarás al entrenamiento? —Li parece sorprendido mientras observa como Yukito toma su portafolio, no pude evitar voltear levemente para verlos. — P-pero el entrenador…

—Cierto, creo que tendrás que seguir con el entrenamiento doble hasta que te levante el castigo. —se burló. — A diferencia tuya, yo pedí permiso.

Me volteé rápidamente.

¡No, no, no, no, no, no…!

¡Creo que estoy en medio de una discusión de pareja!

¿L-le estará reclamando que se fue conmigo la semana pasada en lugar de quedarse con él? Aunque para ser sincera, Yukito no se oye molesto.

¡D-debo salir de aquí, de cualquier forma!

¡Yo no tengo porque estar escuchando todo esto!

¡Estos dos por muy gays que sean son chicos y pueden ser violentos!

—¡Ho-hoe, ha-hasta mañana!—me despedí cuando me levanté, pero Yukito sonrió, alejándose.

—Me voy yo primero. Bye-bye.

Gulp.

¡¿Desde cuando era una cuestión de "si no se va ella me voy yo"?!

Miré de reojo.

—También yo. —se puso de pie, yo me sentía profundamente mal. Por mi culpa estaban discutiendo.

Tengo que solucionarlo.

Decirle que no fue mi intención ofenderlo, que yo no tengo ningún interés en Yukito aunque hacía apenas unos días pensaba que era el chico más lindo del instituto y ahora ya no: Todo desde que sé su secreto.

Necesito hablarle.

Decirle que de ninguna manera quiero arruinar su relación, porque ellos se ven muy bien juntos. No quiero que Li crea que estoy interesada en Yukito y que Yukito crea que estoy interesada en Li.

¡Aunque yo no tenga la culpa de que sean unos celosos!

Tengo que hablarle.

—O-oi, Li…

Él me mira sobre su hombro, interrogante pero aburrido. Al parecer con muchas ganas de irse ya.

—E-eh… Hoy… ¿p-podemos i-ir jun-juntos…?—creo que nunca en mi vida me he sonrojado como ahora. Mi tartamudeo debe sonarle tonto. Él parece extrañado y asombrado porque se da la vuelta completa, para darme la cara.

—¿Q-qué…?—hasta pareciera que también se ha sonrojado. ¡No quiero que me malentienda otra vez, sólo quiero hablarle para solucionar todo y que vuelva a su bonita relación con Yukito!

¡Esto no es de ninguna forma una confesión de amor, por Dios! ¡Que no se ponga tan rojo!

—La-la… a-a-se-soría…—le recuerdo, y él parece recordarlo de pronto también, ese rojo de sus mejillas se desvanece tan rápido como apareció.

Se vuelve a girar para salir.

—Paso.

—¿Eh…?

¿Dijo que no? Sí, dijo que no.

--Shaoran.

Soy duro porque la situación lo requiere.

—Ya he tenido demasiados problemas. —confieso, y me abstengo de explicarle que tampoco me interesa del todo ayudarle –no sin la insistente voz de Tsukishiro acorralándome mientras me pica las costillas en la clase de matemáticas-.— Tal vez sea mejor que busques otro asesor.

—E-está bien…—murmura, sonriendo poquito. —G-gracias de todas formas…

Y me fuí. Así nada más.

De ninguna forma puedo dejar que Kinomoto se acerque más a Tsukishiro o por lo menos, yo no seré el medio. No puedo permitir que Kinomoto le comparta de su almuerzo, o dejar que vuele entre nubes cada vez que mi amigo le diga palabras bonitas y sin sentido. No puedo dejar que se haga esperanzas con él, porque ella sería la única lastimada al final.

Quizá no debí ser tan grosero, ni ahora ni en el descanso.

Me entra el remordimiento y me muero de ganas por regresar corriendo a disculparme y ofrecerle de nuevo mi ayuda.

¡Pero esa chica tiene la culpa por hacerme preocupar!

Me confundió bastante cuando me preguntó si nos iríamos juntos, pero no tiene nada que ver con que quiera pasar algún tiempo conmigo, no más que para que yo la asesore en matemáticas. No es como si yo tuviera la ilusión de tener algo con ella, algún día. Para nada.

¿Qué demonios me pasa?

Yo no debería molestarme en estar pensando estas cosas, en primer lugar.

—No me digas que huiste…—esa es la voz de ese maldito cuatro ojos, parece demasiado desilusionado de que no me haya encerrado en el salón con Kinomoto a hacer todas las cosas que su perversa mente quiere imaginar. — ¡Siempre que trato de ayudarte, huyes!

—No quieras aprovecharte de mí—refunfuño, siguiendo con mi camino, mi amigo me sigue de cerca. — Se ve que quieres que lo haga con Kinomoto y sólo me presionas. Me reclamas que huyo, entonces ¿por qué no te encargas de convencerla si yo soy tan estúpido?

Sé que se ha detenido porque no escucho sus pasos. Rió. —No me sentiría capaz. Sería poco caballeroso pedirle que se acueste contigo sólo porque no tienes ni siquiera el valor de llevarle su bolso a la enfermería. Creo que me sentiría avergonzado.

—Pensé que tenías tus métodos. —gruño.

—¿Quieres que los encierre en la habitación de un hotel? —pregunta divertido. Yo volteé, molesto.

Suspiré tratando de controlarme.— Cuando te dije que quería tener una novia no me refería a ir y acostarme con mi compañera de enfrente. —Tsukishiro me miró taciturnamente, tiene ojos dorados pero en este preciso momento parece cobre sólido. Coloca correctamente su gafas que se han resbalado por su nariz. —¡Además, es Kinomoto!

—¿Y eso no es bueno?

Yo lo miré como si fuera lo más obvio del mundo.—No, de hecho, esa es la peor parte.

—Ella me parece linda y…—pareció pensarlo. — Bueno, me gusta para ti.

—Si tanto te gusta, ve y ten sexo con ella tú primero. Si resulta bien tal vez lo reconsidere… —estaba dispuesto a seguir de largo porque este tema me tiene harto pero no puedo dar ni un solo paso cuando siento como Tsukishiro me jala del saco.

Me miró largos segundos.

—Ya sabes que yo no tengo esas intenciones. —me reprocha, yo sé que es cierto. Pero me fastidia tanto.

Me muerdo la lengua. Primero me saca de mis casillas y luego me hace sentir miserable porque hasta suena triste.

—Pero si yo fuera como tú y tuviera que fijarme en alguna mujer porque no tengo otra opción, la elegiría a ella. —parece serio cuando lo dice, yo me resisto a creerlo.

¿Por qué ella?

Luego se encogió en hombros. — Además no creo que sea muy complicado que te diga que sí…—chasqué la lengua cuando me miró de arriba para abajo.

—Eres despreciable, ¿lo sabías?

—No, pero es bueno saberlo. —se coloca detrás de mi y masajea mis hombros para darme fuerzas. — ¡Ahora ve allá e invítala a algún lado!

Esto es tan absurdo.

Y yo lo soy más porque me dejo hacer…

—¡Eh, Shaoran! —parpadeé cuando vi un dulce volar en mi dirección, lo atrapé con ambas manos. — ¡Suavizará las cosas! —se despide con la mano y sale corriendo.

--Sakura.

¡No sé que ponerme!

¡No, no, no! ¡Me queda solo media hora para llegar!

Rebusco en el armario como si mi vida dependiera de ello porque sé que a alguien como a Shaoran Li no deben agradarle para nada las personas impuntuales. Y él fue muy amable en regresar ese día, varios minutos después de que me hubiera dejado sola en el aula.

—El domingo a las tres, te ayudaré con matemáticas. —había dicho y luego, sin más ni más apoyó una mano en el escritorio más cercano. Había dejado un dulce pequeño y de envoltura colorida. Cuando me di cuenta, él ya se había ido.

Tal vez se había dado cuenta de que en verdad Yukito no me gusta.

No puedo fallar.

—¡Ya me voy! —grito antes de salir de casa, mi padre me desea un buen paseo y me hermano me reclama no decirle a donde voy pero él solito se lo ha ganado con esa actitud tan machista y mezquina. Además, todavía no le digo que Li es gay y que no hay problema con que vaya a su casa un domingo por la tarde para estudiar matemáticas.

Revisé varias veces donde Li me había escrito con descuidada caligrafía, su dirección. Me di cuenta de que había llegado por que el nombre de la calle y el número era el mismo que los que decía en los garabatos.

¡Que lujoso!

Frente a mí se erguía un edificio de cinco pisos, cada departamento debía contar con su enorme ventanal y su bonito balcón, muchos tenían flores pero supuse que el de Li no podría tener nada que lo adornara mucho. Según las instrucciones que me había dado él vivía en los departamentos del quinto piso. El elevador me llevó hasta ahí.

¡Woah! ¡Tienen piscina techada!

¡Que suerte tiene este chico!

Pronto leí el letrero que rezaba "Li" y casi inmediatamente después de que toqué el timbre la puerta fue abierta. — ¡Hola, Li…!—parpadeé, un hombre me miró con cierta curiosidad. — ¡Lo… l-lo siento muchísimo!

—¿Es usted la invitada del joven Xiao Lang? —¿De quién?. — Pase, por favor.

¡No pude haberme equivocado porque afuera decía Li y…!

¡Oh, que hermoso lugar!

El mismo olor a sobria madera me golpeó de frente y llenó mis pulmones, todo olía a Shaoran Li. Ahí estaba el ventanal y el balcón que se veían desde fuera, había una sala de piel negra y un comedor rectangular para seis personas y el piso era de madera, no había rastros de la cocina y sólo se alcanzaba a ver el pasillo que seguramente conducía a las habitaciones.

—Permítame llamarle. —y el hombre despareció de mi vista. No sé si debo sentarme, puede ser descortés si no me han invitado ni nada.

Aquel gentil hombre no regresa solo, escolta a Li que viste de forma casual –a estas alturas empiezo a creer que cualquier cosa le queda bien-, traía unos libros bajo el brazo y llevaba puestas unas delicadas gafas que me recordaban a las de Yukito. Pero él tiene un aire diferente. Yukito parece tener cara de bebé a comparación con Li.

Puro y nato refinamiento.

Y tan intelectual…

—¿Porqué no te sientas? —me preguntó tranquilamente, sentándose él mismo en uno de los sillones. Yo obedecí mecánicamente, creo que estoy demasiado deslumbrada.

Él es quien brilla tanto.

—Voy de compras, joven Xiao Lang.

—Que te vaya bien, Wei. —y el hombre se fue.

Yo apreté la orilla de mi falda, nerviosamente. — Etto…—¿Qué puedo decirle? ¿Tendré que ser yo la que rompa este silencio tan pesado? ¡Es casi como si Li se hubiera olvidado de que estoy aquí! Pasa y repasa las hojas de los libros.

—¿D-desde cuando usas lentes…?—él no voltea.

—Son de lectura nada más.

—T-te ves un poco diferente…

Él me mira unos segundos, pensativo. — ¿Tanto como para no reconocerme…?

—¿Hoe? —lo medito un momento. — Bueno no estoy segura… pero, no lo creo.

Parece ser que la respuesta no le ha agradado del todo, Li asiente descuidadamente. —Ya.

Vuelve la tensión. De hecho creo que nunca desapareció.

—¿Q-que quiere decir Xiao--?

Él me interrumpe antes. — Es mi nombre, en chino. —me mira serenamente, y cuando habla parece que está aburrido. — Wei y yo solíamos vivir en Hong Kong así que tiene la costumbre de llamarme así.

Yo debí parecer muy asombrada porque él enarcó una de sus pobladas cejas. —¿¡Vivías en Hong Kong!?

—Creo que ya lo dije. —repone. Me sonrojo.

Soy tan tonta.

—¿E-eres de allá? —vuelve a parecer una pregunta absurda. — ¿Q-que haces en Ja-Japón?

Guarda silencio como si de verdad no quisiera tener que estar hablando de esto, o que yo estuviera preguntándole tantas cosas. — Mi madre me mandó desde que tenía diez años, como mi familia tienen negocios aquí creyeron apropiado que me adaptara al país para que me hiciera cargo cuando creciera. —su familia tiene razón porque sólo alguien tan inteligente como Li debería hacerse cargo de las cosas importantes.

Seguramente confían mucho en él.

Debe haber notado que lo miro con admiración porque me rehúye y se le han coloreado un poco las orejas pero no es eso, me da demasiada ternura. ¿Un niño viviendo solo en un país extraño?

Debe ser increíblemente fuerte.

Él… seguramente me gustaría mucho.

No.

Me gusta mucho.

Pero…

Ahh…

…Es una lástima que sea gay.

¡Ni hablar, debe haber otro Shaoran Li vagando por las calles, es cuestión de encontrarlo! Pero mientras tanto creo que disfrutaré a éste.

--Shaoran.

—Lo volviste a hacer mal—es como la tercera vez que hacemos el ejercicio y se equivoca en el mismo paso, cuando tiene que intercambiar las unidades y luego dividirlas entre sus opuestos. Es un poco olvidadiza o un poco tonta o pueden ser las dos.

Sentados en el piso como estábamos, uno frente al otro en la mesita de centro de la sala, me recordaba muchísimo a las otras niñas que ya habían estado aquí, todas ellas siempre prefirieron estudiar un poco más junto a mí, por lo menos del mismo lado de la mesa.

—No sé porque lo hago al revés. —suspira, apenada.

Pasé una mano por mi cabello intentando aliviar mi frustración, a este paso terminaríamos mañana en la noche. No me di cuenta cuando se desvanecieron estos pensamientos porque ahora me digo muy seriamente que ella huele bien, como un algodón de azúcar. Toda mi casa ya estaba impregnada de ese aroma dulzón.

—¿Ves bien? —pregunto, de pronto. Ella me mira extrañada.

—¿Me estás diciendo ciega…?—inquiere fingiendo sorpresa. Y mi corazón da un vuelco porque casi me da la impresión de que me está coqueteando cuando me sonríe. Lo siento palpitar en mi garganta.

—No estoy seguro de si a esa distancia… puedas oírme bien. —repongo. No tengo porqué ponerme nervioso pero lo estoy.

—¿Ahora también estoy sorda…?

Me arde la cara, cierro los ojos porque siento que me muero de vergüenza. — S-siéntate más ce-cerca para que lo captes mejor…

Pensé, por un momento que ella como siempre, me gritaría que no era necesaria tanta molestia y que no debía preocuparme de nada o que ese no era el problema pero antes de que pudiera retractarme o considerar hacerlo sentí su olor más intenso y como algo le daba a mi rodilla.

Y no era nada más que la de ella, que se sentaba a mi lado, rezongando. —¿Así está mejor, sensei?

Exhalé despacio. — Sí, mucho mejor.

Algo me viaja por la espina dorsal, algo que se instala en mi espalda baja y luego explota para repartirse por todo mi cuerpo, una bomba de tiempo que me va calentando hasta el pecho y hacia abajo.

Yo nunca había notado con esta intensidad, lo bonita que era Sakura Kinomoto, de hecho, apenas y la miraba, pero el día de hoy y a esta distancia, es diferente. Por que con su falda azul cielo y la blusita de tirantes blanca, el cabello miel siendo jugado por su pequeña mano femenina y sus vívidos ojos verdes adornados de oscuras y rizadas pestañas; lucía simplemente…

Deseable.

Creo que yo nunca había deseado a una chica como el día de hoy, creo que yo nunca había deseado a una chica tanto como en este momento deseo a esta chica.

Ella se sonrojó de improviso, pero me sonreía de esa manera que sólo ella consigue. — M-me alegra que… —yo no me atrevo a mirarla y sigo con mis ojos fijos en los libros frente a mí pero puedo escucharla claramente mientras juega con sus manos sobre el escritorio, hace una pausa larga y la ansia me empieza a carcomer poco a poco hasta que se decide y continua:— Me a-alegra que… podamos ser amigos… a pesar de todo.

A pesar… ¿de todo…?

—Yo…

No pude hacer ni un solo movimiento porque el sonido de la llave me sacó de mis cavilaciones pervertidas. Gracias a los dioses. Gracias a Wei que volvía.

Pero no.

—¿Tsu… Tsukishiro…?—Kinomoto fue la que susurró, débilmente. Casi sin voz.

No era Wei el que regresaba.

Era el mismo Yukito Tsukishiro que sabía donde escondíamos la copia de las llaves. El mismo que no llevaba la misma sonrisa afable de siempre.

—Que… sorpresa… Kinomoto. —dijo él en voz baja.

Él dijo que todo estaría bien. Que había superado cosas peores.

Pero algo me decía, en este preciso momento, que era una mentira y que no estaba preparado para encontrarse a Kinomoto en mi departamento, conmigo. Sólo conmigo.

No estaba preparado para que su mejor amigo estuviera por fin con una chica.

Definitivamente, todo sería más fácil si él no fuera gay.

Continuará.

Lo sé, lo sé, tardé un poco en actualizar pero ¡Hey! ¡lo logré! Así que espero que todos los que esperaban por este fic sean muy felices, tanto como yo, que tengo el placer de publicarlo y leer los maravillosos reviews que día a día fueron llegando, nunca pensé que fuera tan bien aceptado, ¡son geniales, chicos, los amo!

En este capítulo como verán se aclara la cuestión de porque todos creen que Shaoran es gay xD
(es obvio ¿no?) ¡Sí, por Yukito!, no sé si a alguno de ustedes le parezca absurdo pero para mí no lo es xD ¡Todo esto está basando en la vida real! (Yo no soy exactamente homofóbica, por si a alguien le interesa saber, heh). Aunque si somos sinceros Sakura ya no se ve tan miedosa, es más ¡Hasta acepta que le gusta Shaoran, si no fuera gay! (Esta niña le causaría muchos problemas mentales a Shaoran si escuchara todo lo que piensa).

Para el próximo capítulo sabremos más sobre el Yukito gay que todos queremos y como es que Shaoran no se volvió homofóbico, ¿y Sakura? ¿Podrá sobrevivir a todos los traumas que siguen? ¡Quien sabe! Hasta entonces tendrán que rezar por que a Lady no se le ocurra una manera desastrosa para hacerla sufrir, jo, jo, jo.

¡Muy bien, espero que les haya gustado y nos vemos en la siguiente, así que cuídense y tengan un bonito comienzo de semana!, no se olviden de pasarse de vez en cuando a la página de Fujiwara por si a alguna de las dos locas autoras se le ocurre pasar (No es una indirecta, es una directa, Gabamaría!)

Me despido dedicándole un beso enorme a todos.

Lady.-