Capítulo 38: Recessum Tempus Ego
El silencio más espantoso se formo en todo el castillo en el momento en que el cuerpo de Melinda Potter entraba al gran comedor, lugar que ahora serviría para velarla.
El llanto fue el único sonido que por momentos resonó en aquella habitación.
En primera fila, unos padres cuyo consuelo no alcanzarían jamás, hermanos que no podían contener el llanto y dos amigas que se abrazaban con fuerza intentando ser fuertes. Representantes del ministerio, amigos y compañeros llenaban las sillas que en ese momento llenaban el salón.
En una esquina, completamente tapados por unas cortinas, se encontraban James y los demás. Lily se abrazaba con fuerza al cuerpo de su novio, mientras no dejaba de llorar. Había conocido a la algún día sería su nieta, pero en ese momento la estaba despidiendo, eso era antinatural, eran los mayores quienes debían ser despedidos.
A su lado, Harry se encontraba erguido, con los ojos hinchados a causa del llanto, pero con su mente en otro lugar. No podía entender que en ese momento estaban despidiendo a su hija, su primogénita, a la que solo meses atrás había visto nacer y a la que había jurado proteger con su vida.
- Te falle… -dijo Harry suspirando sonoramente.
- Fue su elección –dijo Remus a su lado, mirando con tristeza, como su futura hija no déjala de llorar con desesperación y desconsuelo.
Harry lo miró unos segundos, pensando en la elección que había hecho su hija. Había derrotado a Voldemort, si, pero al precio más alto que podía cobrarse. La vida de su hija.
Toda la comunidad mágica del colegio estaba, de cierto como, conforme con la muerte de Voldemort, pero nadie estaba feliz. Pareciera que una tristeza se había dejado caer sobre todo Londres. Un ángel había caído y todos lo notaron.
Campanas sonaron tres veces, retumbando en los oídos de todos, dando por terminada la triste ceremonia.
- ¿Alguien ha visto a Daniel? –Pregunto Sirius, quien tomaba con fuerza la mano de Noe, quien lloraba en completo silencio.
- No lo he visto desde ayer –dijo James mirando a su compañero –cuando trajeron el… cuerpo de Melinda, él desapareció.
- Debe de estar devastado –dijo Remus mirando el cuerpo sin vida de Melinda, en una tarima, cubierto por una túnica roja escarlata, en honor a su casa, Gryffindor.
- Lo entiendo –dijo Harry girándose para comenzar a caminar silenciosamente hacia la salida del salón, bajo la mirada de sus seis acompañantes.
- Déjenlo solo, es mejor así –dijo Lily mirando como su hijo desaparecía.
En una habitación completamente a oscuras, se encontraba el cuerpo de un hombre con pantalones y sin camisa, que no dejaba de beber y beber de una botella a medio llenar, que competía para hacerle competencia a otra botella, tirada a su lado, que se encontraba completamente vacía.
- Mi ángel… -dijo la voz llorosa de Daniel mientras miraba el cielo -¿Por qué dejaste que la conociera, si luego me la quitarías?... eres cruel…
Volvió a llevarse la botella a la boca mientras trababa grandes cantidades de alcohol.
De pronto sintió que tocaban la puerta, pero no estaba para las visitas de nadie, por lo que dejó que tocaran.
- Daniel… -dijo la voz de Harry desde el otro lado de la puerta –Voy a entrar…
- ¡Ándate, no necesito a nadie! –Dijo Daniel volviendo a beber mientras la puerta comenzaba a abrirse –solo la necesitaba a ella… pero ya no la tengo…
Harry entro a la oscura habitación e intento divisarlo. Lo encontró tirado en un rincón, totalmente ahogado de borracho. Lo miró con cierta tristeza mientras cerraba la puerta tras él.
- Daniel… deja de beber, la ceremonia ya termino… -dijo Harry colocándose en cuclillas, delante de él.
- No… esto es lo único que me quita la angustia –dijo Daniel mientras seguía bebiendo.
- Ella ya se fue, ya no hay nada que hacer… -dijo Harry intentando quitarle la botella, pero un fuerte manotazo por parte de Daniel lo hizo desistir.
- Es fácil decirlo… tu volverás a tu tiempo y la tendrás ahí, contigo… pero ¿Y yo¿Yo que hago¿Qué hago sin ella?... ya no puedo vivir –dijo Daniel comenzando a llorar con tristeza para tirar la botella con fuerza contra la muralla, haciendo que se quebrara en mil pedazos y el liquido saliera despendido hacia todas partes, manchando la pared –ya no hay nada que hacer… solo morir con ella…
Harry, lo miró unos segundos mientras sus propios ojos se llenaban de lágrimas, las cuales llevaba mucho tiempo aguantando. Se colocó de pie y camino hacia la puerta, pero la voz de Daniel, lo detuvo.
- …ella no merecía morir… yo no cumplí con mi misión –dijo Daniel antes que Harry cerrara la puerta tras él.
"Misión… yo tampoco cumplí con mi misión" Pensó Harry caminando sin rumbo fijo por los pasillos y las escaleras.
Imágenes y palabras se le venían a la mente. ¿Por qué demonios estaba ahí si no había sido capaz de salvar a su hija?
- "Fue su elección" –sonó la voz de Remus en su mente.
- "Tú volverás a tu tiempo y la tendrás contigo…"-dijo la voz de Daniel en su cabeza.
- Volver… -dijo Harry deteniéndose de pronto, frente a una puerta que acababa de aparecer frente a él –si lo hice antes, podré volver a hacerlo ahora…
Abrió la puerta y se metió dentro, sin saber muy bien que hacer, pero solo con una cosa en mente, no dejaría que las cosas se quedaran así.
- Insisto que deberíamos dejarlo solo –dijo Lily caminando al lado de James.
- No creo que sea lo mejor –dijo James mirando a su novia.
- ¿Por qué lo dices? –Pregunto Noe mirando al moreno.
- No te lo puedo explicar, pero… tenia algo extraño… no quiero que haga una locura –dijo James doblando por una de las esquinas.
- Pero ¿Dónde piensas buscarlo? –Pregunto Sirius caminando detrás de él, seguidos de Remus y Ashly.
- En el lugar donde hemos estado los últimos días, en la sala de los menesteres –dijo James comenzando a subir las escaleras.
- Si va a hacer una locura, como dices, dudo mucho que se vaya a meter ahí –dijo Remus a su amigo.
- Me extraña Remus –dijo James mirando a su amigo –pensé que eras mas inteligente….
Todos se miraron extrañados al ver al chico alzar las cejas, pero sin esbozar una sonrisa, a esas alturas, toda muestra de alegría se había evaporado.
- No existe otro lugar dentro del castillo donde podamos estar sin ser detectados… obviamente la habitación debe de haberse transformado en otra cosa, ahora nosotros, solo debemos pedirle que nos lleve donde esta Harry –dijo James parándose frente a la puerta que comenzaba a aparecer frente a ellos.
Harry llevaba un rato leyendo aquella libreta, era realmente una coincidencia que aquella libreta, con las anotaciones de su yo de ese tiempo, estuviera escondida en esa habitación.
- Con esto podré modificar el hechizo –dijo Harry haciendo anotaciones en una libreta, acción que le hizo recordar mucho a su Hermione.
Llevaba un par de hojas escritas y una par de horas en aquella actividad. De pronto la puerta se abrió y por ella entraron James y compañía.
- ¿Dónde estabas? –Preguntó James entrando y dirigiéndose directamente a él.
- Estaba intentando salvar a Melinda –dijo Harry sin levantar la vista de sus anotaciones.
- Harry, ya basta… ella está muerta y no hay nada que hagas ahora que la reviva –dijo Sirius con fuerza mirando al chico.
- Puede que en este momento no, pero antes que todo suceda, podemos evitarlo –dijo Harry haciendo un punto en sus anotaciones –sí, creo que puede funcionar.
- ¿De que estas hablando Harry? –Pregunto Lily mirándolo con preocupación.
- Encontré este libro con las anotaciones de mi, en este tiempo –dijo Harry señalando una libreta negra –aquí están todos los pasos que realice para crear ese hechizo…
- ¿Qué con eso Harry? –Pregunto Noe mirándolo.
- Ocupe estas mismas conclusiones para modificar el hechizo y ahora podemos viajar al momento en el que nosotros queramos, pero en un periodo de una semana atrás como máximo –dijo Harry mirándolos con una sonrisa de triunfo, pero ellos lo miraban entre sorprendidos y asustados.
- Harry, sabemos que todo esto ha sido muy fuerte, pero… -dijo Lily con tono conciliador.
- No… yo voy a ir a impedir su muerte –dijo Harry con decisión mirándolos a todos quienes se miraron las caras, sorprendidos.
- ¿Estás seguro de esto? –Pregunto James con total seriedad.
- Totalmente seguro –dijo Harry mirando a su padre, quien asintió unos segundos ante la atenta mirada de todos.
- Yo voy contigo –dijo James con decisión, colocándose a su lado.
- Maldición, tendré que ir también –dijo Sirius colocándose al otro lado de Harry.
- Que más da –dijo Remus colocándose al lado de Sirius.
Las tres chicas se miraron las caras y se encogieron de hombres antes de asentir en silencio.
- Ya no tenemos nada que perder –dijo Lily mientras todos se colocaban en circulo.
- Bien, tienen que hacer lo siguiente –dijo Harry tomando su varita y haciendo un movimientos de muñera con ella –hagan esté movimiento y repetir todos juntos… Recessum Tempus Ego.
Todos se miraron las caras unos segundos y Harry contó hasta tres.
- 1… 2… 3 –dijo Harry dando la señal.
- Recessum Tempus Ego –dijeron todos mientras un torbellino los succionaba hacia su centro, como habían vivido ya dos veces antes.
Sintieron que caían y caían, pero todo era oscuridad. De pronto dejaron de sentir las cosas a su alrededor.
Harry abrió los ojos pesadamente mirando el techo rojizo de una habitación. Se le hacía extrañamente conocido.
- Chicos –dijo Harry para ver si estaba solo o no.
- ¿Están todos bien? –Pregunto la voz de James, no muy lejos de la de Harry.
- Sí –dijeron todos de manera quejumbrosa.
- ¿Funciono? –Pregunto Harry colocándose de pie para mirar la habitación, reconociéndola en seguida –algo me dice que sí…
Todos se fueron colocándose de pie para mirar la habitación, reconociéndola como la misma en la que estuvieron los últimos tres días, escondidos de los investigadores del ministerio.
- Salgamos para… -dijo Lily mirándolos a todos pero dos toques en la puerta los hizo callarse.
- Adelante –dijo Sirius con cierto temor.
- Buenos días chicos –dijo Dumbledor saludándolos a todos con una sonrisa, la cual los chicos no fueron capases de devolver.
- Hola profesor… -dijo Harry sintiéndose tremendamente extraño al vivir dos veces esa misma escena, pero con total conciencia de ello.
- Venia a pedirles que… -dijo Dumbledor, pero de pronto se calló frunciendo el ceño -¿No les parece que esto ya lo habían vivido antes?
Todos se miraron las caras con preocupación, mientras eran observados con cierto escepticismo por parte del director.
- No… -dijo Harry intentando disimular, mirando a todos a su alrededor para que le apoyaran.
- No profesor, yo no siento nada… deben ser percepciones suyas –dijo Lily mirándole con una sonrisa mientras Dumbledor los analizaba a todos.
- Claro… bueno, vine a pedirles que se mantuvieran en la habitación porque vendrá el ministro y no queremos tener problemas ni sospechas –dijo dumbledor caminando hacia la puerta -… chicos, el tiempo es una cosa peligrosa, aunque a veces la angustia y el dolor nos hace hacer cosas peligrosas por quienes amamos… tengan mucho cuidado, la oportunidad solo se presenta una vez…
Todos quedaron con la boca abierta al escuchar esas palabras de parte del director antes de retirarse ¿A caso él sabía que habían viajado en el tiempo?
- No, el no puede saber nada ¿O si? –Pregunto Sirius mirando a sus compañeros, en busca de apoyo.
- No lo sé, de Dumbledor me espero cualquier cosa –dijo Harry mirando a sus acompañantes –pero por ahora debemos ver la forma de que nada de lo que sucedió, vuelva a suceder.
- Pero Harry, no sabemos nada de lo que sucedió mientras nosotros estábamos aquí dentro –dijo Noe mirando al chico.
- No, pero con lo que sabemos debemos intentar armar algo y estar muy atentos a cualquier cosa que surja –dijo Harry con convicción mientras los llamaba para que se sentaran junto a él.
- Bien, por el momento lo sabemos que Malfoy expulso a Voldemort de su cuerpo para proteger a su hija –dijo Sirius mirando a Harry -¿Quieres matar a Malfoy para salvar a Melinda?
- Sirius, tu sarcasmo no nos sirve en estos momentos –dijo Harry mirándolo severamente –y aunque en el fondo no me molesta matar a Malfoy junto con Voldemort, no lo haría jamás, no soy ese tipo de personas…
- Está bien, pero no nos desviemos del tema –dijo Lily intentando evitar alguna pelea –ya estamos aquí, ahora solo debemos ver muy bien cada paso que daremos para no equivocarnos.
- Solo debemos evitar que Voldemort posea el cuerpo de Melinda, es por esa razón que ella se enterró la daga, para encerrarlo en su cuerpo y que muriera junto con ella –dijo Harry bajando un poco la mirada.
- Entonces debemos evitar que Samantha se meta en la batalla –dijo Ashly encogiéndose de hombros.
- No es mala idea, de esa forma Malfoy no va a tener la tentativa de atacarla y no tendrá que expulsar a Voldemort de su cuerpo –dijo Lily mirando a Harry quien analizaba la situación.
- Nosotros nos encontramos con ella cuando salimos de aquí –dijo James recordando la situación –nos dijeron que no nos metiéramos y nosotros nos fuimos corriendo hacia la batalla sin escucharla.
- Quizás si nosotros no vamos a la batalla, ellos también se queden con nosotros –dijo Remus –la verdad tampoco me agrada la idea de que pueda ser Andy la que resulte herida.
- Pues en ese caso, nos iremos con ellos y nos aseguraremos que sean ellos los que estén a salvo –dijo Sirius mirándolos a todos quienes asintieron.
De pronto sintieron estallar la chimenea y una fila de elfos domésticos apareció para servirles el desayuno.
- Por fin, ya me moría de hambre –dijo Sirius saltando hacia una de las bandejas para dejarla sobre la mesa y comenzar a comer.
Harry fue el único que se quedo sentado uno momentos más analizando la situación, era el momento para poder ayudar en algo en esa época, por algo habían sido traídos ¿O no?
Habían pasado cerca de hora y media cuando unas fuertes explosiones comenzaron a escucharse por el castillo, explosiones que ellos ya habían escuchado con anterioridad, pero está vez las cosas serían diferentes.
Todos se colocaron de pie y sin pensarlo dos veces, hicieron explotar la puerta, salieron por entre la humareda y miraron alrededor del pasillo que estaba completamente vacío.
- ¿Debemos esperar a que aparezcan? –Pregunto Noe mirando a su alrededor al igual que el resto de sus compañeros.
- No lo creo –dijo Sirius mirando hacia el pasillo donde comenzaba a aparecía Samantha, seguida de Daniel y Andy.
- ¡Chicos! –Grito Samantha llegando hacia ellos – ¡están atacando el castillo!
Todos se miraron las caras, era extraña la sensación de vivir algo por segunda vez y con plena conciencia de ello.
- ¿Que? –Pregunto Lily intentando parecer sorprendida.
- Sí, debemos llevarlos a un lugar seguro –dijo Andy colocándose al lado de Samantha.
- Claro –dijo James asintiendo mientras comenzaban a caminar por el camino contrario hacia donde se realizaba la batalla. Samantha, Andy y Daniel los llevaron por el pasillo a toda carrera y comenzaron a subir las escaleras rumbo a otra de las torres que estaba vacía.
- Alguien debe irse para verificar que todo suceda como está planeado –dijo Sirius en el oído de James, esté de inmediato hecho un vistazo a Harry quien entendió le entendió y con sumo cuidado se escabullo por entre los pasillo y se fue al campo de batalla.
Corrió escaleras abajo sin fijarse con quienes se topaba y con quienes no, por lo que paso por alto que se topo con Mathw, quien al verlo se extraño y comenzó a seguirlo.
Los chicos, en cosa de segundos llegaron a la entrada de la torre, pero Andy al verlos aparecer detrás de ellos se percato de inmediato que no estaba Harry, ya se le hacia extraño que hubiera aceptado con tanta tranquilidad.
- ¿Donde está Harry? –Pregunto Andy mirando a sus compañeros.
- Eh… -dijo Lily con nerviosismo, no era buena para guardar secretos.
- ¡Maldición! –dijo Andy comenzando a correr por el camino donde se venían.
- ¡ANDY! –grito Samantha saliendo tras ella.
- NOOO… –grito James al ver que la rubia se iba tras su amiga. No lo pensó dos veces y salió tras ella al igual que Sirius y Remus. Lily, Ashly, Noe y Daniel se miraron las caras unos segundos antes de salir tras ella también.
Harry llegó en poco tiempo a la batalla, al mismo lugar donde se había encontrado con Daniel y Mathw. Observó como todos estaban enfrascados en una gran batalla y sacó su varita con intenciones de unirse también.
- ¡¿Qué crees que estás haciendo aquí?! Debes irte a un lugar seguro –dijo Mathw apareciendo a su lado y tomándolo por un brazo.
- No tengo tiempo para tonterías, Mathw –dijo Harry zafándose del brazo de Mathw, con intenciones de ir a la batalla, pero la voz de Andy los detuvo a ambos.
- Harry… Merlín ¿En que estabas pensando? No puedes estar aquí –dijo Andy respirando con dificultad, mientras aparecía Samantha junto con James, Sirius y Remus.
- ¿Qué hacen ustedes acá? –Harry mirándolos a los tres chicos con el ceño fruncido.
- Se vino corriendo –dijo James señalando a Samantha.
- Él se vio corriendo –dijo Samantha señalando a Harry quien negó con la cabeza mirando a Sirius y a los demás.
- Ustedes deberían correr si no quieren morir –dijo un mortífago que comenzaba a subir las escaleras junto a otros 12 mortífagos.
- Expelliarmus –grito Lily que aparecía corriendo por el pasillo junto con Ashly, Noe y Daniel.
- Maldita estúpida –dijo uno de los mortífagos lanzándose a pelear contra loa chicos.
Todos sacaron sus varitas con rapidez y olvidándose de la discusión, comenzaron la batalla en medio del pasillo. Probablemente los mortífagos eran jóvenes reclutados en estos últimos años de anonimato por parte de Voldemort y sus seguidores, ya que nadie reconoció ni a Harry, Jame o a los demás.
En cosa de segundos, varios de los aurors que venían del ministerio se acercaron para apoyarlos he impedir que siguieran avanzando más hacia el centro del castillo y que no pudieran subir donde estaban los alumnos.
Harry intento escabullirse entre los contrincantes y bajar hacia la entrada del castillo y poder divisar a Melinda, pero era difícil sacarse a tantos mortífados del encima.
De pronto sintió como otra persona comenzaba a cubrirle la espalda y a batallar junto con el. Giró la cabeza con algo de dificultad y sin dejar de prestar atención a su contrincante y notó que se trataba de Daniel.
- ¿Qué están haciendo aquí? Es demasiado peligroso, deben irse, alguien puede reconocerlos –dijo Daniel peleando con maestría.
- ¿Dónde está Melinda? –Pregunto Harry ignorando la pregunta y el comentario.
- No lo sé, solo sentí que se transformo hace un rato, pero no la he encontrado, en eso estoy, pero aparentemente no esta peleando aquí –dijo Daniel derrotando a su contrincante y lanzándolo por una de las ventanas hacia fuera por la fuerza de su hechizo.
- ¿Cómo sabes que está peleando? –Pregunto Harry comenzando a cubrirse ya que su contrincante le estaba causando más problemas de los que esperaba.
- Porque siento que está utilizando sus poderes –dijo Daniel girándose y desarmando al contrincante de Harry.
- Debemos encontra… -dijo Harry girándose hacia Daniel, pero el gran estruendo producido al destruirse parte del techo, los hizo a todos girar.
Vieron como algo entraba a gran velocidad y se estrellaba contra la muralla, haciendo que el polvo se levantara. En segundos una mancha blanca entro por el mismo agujero, colocándose a cierta distancia.
Cuando el humo se disipo, Melinda miró hacia el lugar donde hacía caído su contrincante, pero él ya había desaparecido.
Harry, quien observaba con atención, noto como algo se movía entre las paredes hacia las escaleras. Sin pensarlo demasiado camino hacia las escaleras con intenciones de interponerse, pero Daniel desenvaino su espada con mayor rapidez que él y se coloco delante, preparándose para el ataque de Voldemort.
Melinda percibió los movimientos y con agilidad se giro por sobre todos y se lanzó contra las escaleras.
Voldemort se materializo frente a Daniel, pero se despreocupo de Melinda, quedando frente a dos contrincantes, totalmente en desventaja.
- ¡NO, PAPA! –grito Samantha, saliendo por entre los mortífagos que miraban atónitos la escena. Era muy extraño ver a Daniel con ese aire imponente y a ese ser misterioso que con solo mirarlo te sentías completamente desarmado.
- ¡Samantha, no…! –grito Harry alcanzando a sacarla del camino en el momento en que Voldemort aprovechaba la desconcentración de Daniel, quien se había girado hacia Harry, mientras Melinda, quien se encontraba demasiado cerca, se paralizaba en el aire.
Voldemort, giró y abrió los brazos, comenzando a salir y dejar el cuerpo de Malfoy, de la misma manera que lo hizo Harry.
Melinda, sintió el gran poder que comenzaba a emanarse he intentó alejarse de aquella aura, pero a esas alturas era demasiado tarde.
- ¡MELINDA! –grito el Harry adulto intentando acercarse a su hija.
Solo escucho el grito de su padre, desde el otro lado del lugar y un fuerte fogonazo, mientras que con sus brazos intentaba cubrirse el rostro, preparándose para la envestida de aquella aura, pero eso jamás sucedió.
Abrió los ojos y sacó los brazos de su rostro, notando como unos largos cabellos canosos le cubrían la visión. Sintió solo un leve quejido de parte del hombre que estaba parado frente a ella, seguido del cantar de Fawkes, que surcaba los cielos del castillo, pasando por sobre las cabezas de todos. En una de esas vueltas, dejo caer algo pesado, a la persona que Melinda tenía delante y a la que ella un no podía identificar.
De pronto, levantó su cabeza y vio frete a ella como aquella persona comenzaba a girarse. Melinda lo reconoció de inmediato y con gran asombro intento acercarse, pero su rostro era algo realmente macabro.
Se contorsionada a causa de la lucha contra Voldemort en su interior y sus ojos oscilaban de un celeste intenso y un tono rojizo que le daba un aspecto totalmente diabólico al rostro del anciano.
Melinda estaba tan asombrada con el rostro de Dumbledor que no notó como sus manos llevaron con un rápido movimiento una espada hacia su cuerpo, hundiéndola con fuerza, pero sin la alcanzar de traspasarse, causando que su respiración de cortara a causa del dolor.
Melinda vio el cuerpo de Dumbledor acercarse y desvanecerse por lo que se cercó apresurada y lo sostuvo en el aire unos segundos, para que luego girara en el aire a causa de su peso, cayendo recostado en las piernas y en el torso de Melinda.
En cosa de segundos los dos Harry y todos los aurors, profesores y miembros de la orden, intentaron acercarse mientras los mortífagos que veían como su señor estaba condenado a muerte, comenzaban a huir del castillo.
- Profesor Dumbledor –dijo Melinda mirando como el hombre comenzaba a cerrar los ojos.
Daniel se acercó y se poso junto a Melinda, mientras el Harry del pasado, James y los demás se abrían paso entre la gente para acercarse un poco. Todos hicieron un circulo a su alrededor, pero permaneciendo una distancia prudente, ya que aun temían que Voldemort saliera del cuerpo de Dumbledor he intentara poseer a alguno de ellos o que la misma Melinda, quien sorprendió a todos con sus apariencia y sus poderes.
- No puedo creerlo –dijo el Harry del pasado mientras su vista se encontraba a la distancia con la del anciano.
- Es… mi… decisión… -dijo el anciano mientras comenzaba a respirar con dificultad.
- Tengo que hacer algo –susurro Melinda con desesperación mientras miraba como la sangre brotaba y brotaba del cuerpo del anciano sin detenerse.
- Llevémoslo a San Mungo –dijo la voz de una mujer desde las personas a su alrededor.
- No, no podemos arriesgarnos a que Voldemort posea a alguien más –dijo Melinda con decisión, mientras buscaba ayuda en los ojos de Daniel.
- No podemos hacer nada, si sacamos a Voldemort, de todos modos Albus morirá –dijo Daniel en un tono bajo, que solo Melinda y el anciano pudieron oír.
- Déjenme ir… vienen por mi… Alice… -dijo el anciano sonriendo mientras a los pies del director el cuerpo de una mujer comenzaba a formarse de una serie de luces blancas que giraban.
Melinda y Daniel, miraban atónitos como una mujer de apariencia muy similar a la que tomaba Melinda cuando se transformaba en ángel, se posaba frente a ellos y les sorprendía.
- Vine por ti Albus, por fin llegó el momento –dijo la chica mirando con infinita ternura al anciano.
- ¿Quién… eres? –Pregunto Melinda mirando a la mujer que flotaba al igual que ella, a los pies de Dumbledor
- Mi nombre es Alice, creo que ya has escuchado de mi –dijo Alice mirando con una sonrisa a Melinda, quien solo era capaz de mirarla –todas estamos muy orgullosas de ti… y también de Daniel, han cumplido su misión satisfactoriamente.
- Pero… el profesor Dumbledor… -dijo Melinda mirando como Dumbledor miraba embelezado a la mujer.
- Él ya cumplió su misión aquí, ya te ayudó a encontrar tu camino, ahora es hora de llevármelo como debí haber hecho hace muchísimo tiempo –dijo la mujer mirando al director con ¿Amor? Era difícil describirlo.
- Tu eres un ángel –dijo Daniel mirándola igual de sorprendido, pero noto como solo ellos miraban a la mujer y el resto parecía no notarla.
- No, ellos no pueden verme… pero es muchísimo mejor así –dijo Alice mirando hacia el Harry del pasado y a los demás, quienes miraban con impotencia como la vida de Albus Dumbledor de apagaba –ahora tengo que pedirles que cumplan con su ultima misión.
- ¿Qué cosa? –Pregunto Melinda ganándose la mirada de Alice.
- Debes devolverlos a sus respectivos tiempos… -dijo Alice mirando como Melinda abría la boca para preguntar –Sí, si tienes los poderes para poder hacerlo, solo propóntelo y lo lograras…
Melinda iba a hacer otra pegunta, pero el cuerpo del director comenzó respirar más agitadamente haciendo que volcara toda su atención hacia él.
- Llegó el momento –dijo Alice mirando al hombre, quien entendió y sonrió con gratitud.
La mujer estiro las manos hacia el cuerpo moribundo del hombre y mientras este cerraba los ojos y exhalaba su último suspiro, la mujer estiró las manos hacia su cuerpo y el alma de Dumbledor comenzó a salir, pero no era el aura de un anciano, sino la de un joven hombre de cabellos negros y unos asombrosos ojos celestes. El hombre se colocó al lado de Alice, quien lo miraba con una gran sonrisa en el rostro.
Dumbledor volvió su vista hacia Melinda y Daniel que seguían con el cuerpo sin vida de Dumbledor, mientras todos a su alrededor comenzaban a moverse, pero nadie había notado la actitud de Daniel y Melinda.
- Cuídense mucho chicos –dijo Dumbledor con una voz juvenil mientras Melinda lo miraba atónita.
- Melinda –dijo Alice fijándose en la chica –has cumplido muy bien tu misión y es por eso que te hemos concedido un deseo… el que tu quieras…
Melinda no terminaba de salir de su sorpresa, cuando Alice hizo aparecer entre sus manos una esfera celeste entre sus manos, que era muy similar a una burbuja dentro del agua.
- Con está esfera podrás cumplir el deseo que tu más quieras… -dijo Alice haciendo que flotara en el aire y llegara hasta Melinda –ahora debemos irnos… cuídense y cuando sea su momento, los estaremos esperando…
Daniel y Melinda no supieron que decir en el momento, más que asentir y ver como desaprecian dejando solamente una estela de luces brillantes que comenzaban a girar hasta desaparecer.
- Melinda –dijo una voz a su lado, sacándola de su ensimismamiento y haciéndola girar.
- Papá –dijo Melinda viendo como el Harry adulto se encontraba arrodillado a su lado, con el rostro bañado en lágrimas –no llores papá… te aseguro que Dumbledor esta en el mejor lugar…
Harry la miró unos segundos antes de asentir y sonreírle a su hija. Se colocó de pie y se sacó la capa para cubrir con ella el cuerpo del hombre que había sido su imagen paterna desde que había entrado a Hogwarts y al cual e debía mucha de su felicidad.
- Descansa en paz –dijo Harry colocándose de pie al igual que Daniel y Melinda, quien se volvió a transformar y a adoptar sus cabellos pelirrojos característicos.
- Estoy… cansada… -dijo Melinda desvaneciéndose en los brazos de Daniel quien la sostuvo antes que está tocara el suelo.
Las banderas de todo el gran comedor estaban izadas, mostrando un color negro acorde a la ceremonia de cremación del cuerpo del que fuera profesor, director y un miembro muy importante de la comunidad mágica británica. Albus Dumbledor.
- … un hombre que no solo aporto en gran medida a nuestra comunidad mágica, sino que fue uno de los mas fieles contrincante del que no-debe-ser-nombrado arriesgando su propia vida por los demás –dijo el ministro de magia de manera solemne dirigiéndose al centenal de personas que en ese momento abarrotaban el gran comedor, la entrada e incluso parte del corredor.
Por entre las primeras filas, se encontraba el Harry adulto, Hermione, Ron, Remus y varios miembros de la orden, junto con los alumnos.
Al final del salón, estaban algunos miembros de los diferentes departamentos, periodistas y en un rincón también se encontraba Daniel, quien prefería mantenerse al margen., aun estaba algo afectado por todo lo sucedido, además que debía cerciorarse que James, Harry y los demás, no fueran descubiertos por nadie mientras observaban la ceremonia desde una de las puertas laterales.
De pronto sintió como alguien se posaba a su lado con cuidado para no llamar la atención de las demás personas.
- ¿Aun no termina? Lleva mil horas hablando, esto es un funeral no las campañas para la reelección –dijo Melinda cruzándose de brazos.
- ¿Qué haces aquí? Penes que la enfermera no te dejaría salir hasta después de la ceremonia para que no te toparas con los periodistas –dijo Daniel extrañado -¿Te encuentras bien?
- Sï, es que me estaba aburriendo demasiado ahí sola, así que preferí escaparme –dijo Melinda con total naturalidad, haciendo sonreír a Daniel por las extrañas ocurrencias de su novia.
- Tu no cambias –dijo Daniel volviendo su vista nuevamente hacia al ceremonia.
- Me parece increíble lo que sucedió –dijo Melinda llamando nuevamente la atención de Daniel –aun siento que no alcanzo a dimensionar la maginitud de todo lo que sucedió…
- Para nadie a sido fácil –dijo Daniel volviendo su vista nuevamente hacia la ceremonia que comenzaba su culminación.
Vieron como Fawkes entro por una de las ventanas y dio círculos sobre el cuerpo de Dumbledor mientras comenzaba a cantar. Todos guardaron silencio y esperaron a que el animal se despidiera de su amo. De pronto vieron como se lanzaba en picada contra el cuerpo del anciano y al tocando comenzaba a arden en llamar junto con Dumbledor, comenzando a incinerarlo.
Melinda sonrió al pensar en que ese cuerpo estaba ahora vacío y su dueño estaba disfrutando con su amada en otro lugar, un lugar hermoso y deseo con todas sus fuerzas estar ahí.
- No… no pienses en eso… el solo pensar que pude perderte, me aterra –dijo Daniel sin quitar la vista de las llamar que ahora incineraban el cuerpo del anciano.
- Jamás me alejaría de ti… -dijo Melinda mirando como Daniel sonreía, pero no la miraba.
- Es extraño, pero tengo la sensación de que te perdí, pero algo o alguien te devolvió a mí –dijo Daniel volviendo su vista hacia Melinda, quien sonreía, pero el rostro de Daniel demostraba angustia.
- Puede que sea verdad, pero ya todo terminó –dijo Melinda tomando su mano mientras le sonreía –ahora jamás me volveré a alejar de ti…
Daniel le sonrió forzadamente, cosa que Melinda percibió, pero prefirió no preguntar más, no era el momento ni el lugar.
James y los demás caminaban por el pasillo que daba a su torre, en completo silencio. Era extraña la sensación de no sentir pena y solo tranquilidad.
- El canto de Fawkes calmo nuestros corazones –dijo Remus mientras llegaban a la entrada de la torre.
- Él quería eso… se le notaba en el rostro –dijo James mientras entraban.
- Nos lo dijo cuando estuvo aquí ayer por la mañana –dijo Harry sentándose pesadamente en el sillón –aunque un no me siento del todo conforme, yo no quería que muriera nadie…
- Harry, no puede pretender salvarlos a todos, hay personas que no quieren ser salvadas y que prefieren morir –dijo Sirius mirando a su futuro ahijado –Dumbledor tomó su decisión y decidió que era hora de partir…
- Además, cumpliste con lo que te propusiste, salvaste a Melinda –dijo Lily mirando a su futuro hijo con una sonrisa.
- Puede que tengan razón –dijo Harry como un modo de convencerse a si mismo.
- Ahora que todo acabó ¿Cómo volveremos a casa? –Pregunto Ashly mirando a Noe, quien solo se encogió de hombros.
- Eso déjenmelo a mi –dijo Melinda parada junto a la entrada junto con Daniel.
- Melinda –dijeron todos colocándose de pie.
- ¿Por qué dices eso¿Tienes alguna idea? –Pregunto James con ilusión.
- Sï, yo misma abriré ese torbellino del tiempo y los haré volver –dijo Melinda con seguridad mientras Daniel cerraba la puerta tras de él.
- Pero ¿Cómo pretendes hacer eso? –Pregunto Lily totalmente sorprendida.
- Lily, me sorprende que preguntes eso –dijo Melinda con una sonrisa de autosuficiencia muy similar a las que lanzaba James en sus peores años –tu futura nieta es un ángel… puede hacer esto y mucho más.
- ¿Cuándo volveremos? –Pregunto Harry con cierta tristeza.
- Mañana en la noche –dijo Melinda mirando a su padre –creo que es tiempo suficiente como para que se despidan de todos quienes quieran despedirse…
- Solo tengo una pregunta –dijo Noe a lo que Melinda asintió para que continuara -¿Nos borraran la memoria para que no interfiramos en el futuro?
Melinda miró al grupo de jóvenes unos segundos antes de sonreírles.
- Creo que todas las cosas que les han sucedido los han hecho aprender y madurar, por lo que, bajo mi total responsabilidad, no les borrare la memoria… -dijo Melinda sorprendiéndolos a todos –solo quiero pedirles que sean criteriosos… hay cosas que deben suceder y otras no. Deben comprender que saber ciertas cosas del futuro no es garantía de nada, porque a pesar que en este tiempo muchas cosas han sucedido, en sus respectivos tiempo aun no sucede y aun es momento de que la historia pueda reescribirse, eso no significa que las cosas malas no pasen, puede que otro futuro muy diferente y aun más ensombrecedor se levante frente a todos, solo les pido que tengan fe y que crean, crean en ustedes y sus amistades, si hay algo que los diferenció y que siempre nos dio la posibilidad de estar un paso antes que Voldemort, fue el amor… nunca dejen de amar a los demás, el amor puede hacer cosas maravillosas.
Todos escucharon las palabras de Melinda y prefirieron guardar silencio, era una gran responsabilidad la que Melinda colocaba sobre sus hombros al darle esa oportunidad, pero intentarían no defraudarla y asegurarle a ella y a todas esas personas que se volvieron muy importantes en sus vidas, un futuro muchísimo mejor.
Vieron a la chica salir de la torre seguida de Daniel, pero el silencio siguió reinando, tendrían que irse a sus respectivos tiempos después de un lago viaje.
Estaban felices por poder ver a sus seres amados nuevamente, pero les daba cierta nostalgia por este futuro, que muchas cosas buenas y malas les había traído.
Samantha estaba sentada en las escaleras de la entrada de lo que quedaba del primer piso de Hogwarts. Pensaba en las cosas que habían sucedido desde que Voldemort había sido destruido. Su padre había sido enviado a San Mungo por la gravedad de sus lesiones, pero con una fuerte delegación de aurors que lo custodiaban.
La situación era de suma tensión, ya que si lograba sobrevivir pasaría el resto de sus días en Azkaban, pero todo era muy incierto dadas sus graves lesiones, producto de la posesión de Voldemort. Sus órganos se encontraban muy dañados por la presencia de un extraño dentro d sus ser, habían órganos inservibles y otros que funcionaban a poca capacidad.
Ella vio como se lo llevaron con muy poca suavidad y aun estando él inconciente, vio como su cuerpo respondía al dolor. Le dolía ver que en la sociedad su padre era considerado una escoria, le dolía pensar que probablemente él moriría y todos estarían felices con ello, menos ella.
- Deja de torturarte –dijo Melinda sentándose a su lado.
- Es mi padre –dijo Samantha mirando a su amiga por unos segundos para volver su vista al suelo.
- Lo sé… pero no te preocupes por lo que piensen los demás –dijo Melinda sonriéndole con sumo cariño.
- A pesar de todo lo que los demás digan de tu padre o lo que los demás crean, lo importante es lo que tu piensas de él –dijo Andy sentándose al otro lado de la rubia –mírame a mi por ejemplo… todos dicen que mi padre es un monstruo por tener licantropía, se a costado muchísimo encontrar trabajo, pero eso a mi no me importa porque él conmigo a sido la persona más maravillosa en la faz de la tierra
Samantha miraba con una sonrisa en el rostro mientras no podía evitar que las lágrimas se le escaparan de los ojos.
- Sí, pero mi padre jamás estuvo conmigo –dijo Samantha dejando que las lágrimas resbalaran por sus mejillas –él siempre fue una sombra oscura en mi vida de la cual yo intentaba escapar todo el tiempo…
- Pero ahora sabes la verdad –dijo Melinda tomando el hombro de su amiga.
- Pero está a punto de morir –dijo Samantha mirando a su amiga con dolor reflejado en los ojos.
- Eso es cierto y no podeos hacer ni decir nada contra más que apoyarte y estar contigo… -dijo Andy abrazando a su amiga lo que ella agradeció muchísimo.
- Quizás si pueda hacer algo… -dijo Melinda pensando unos segundos –se que no puedo evitar que muera… pero… quizás quisieras verlo antes que algo llegará a suceder… ¿Te gustaría ir a verlo?
Samantha miró los verdes ojos de su amiga mientras de sus ojos no dejaban de brotar lágrimas. Asintió torpemente mientras se mordía el labio inferior como una niña que no puede para de llorar.
- Sí, quiero verlo –dijo Samantha abrazando a su amiga con fuerza.
- Hablare con papá para que mañana que volvemos a casa vayamos a verlo –dijo Melinda borrándole las lágrimas de las mejillas a su amiga.
- Merlín… es cierto… -dijo Andy ganándose la mirada de sus dos amigas –hoy es muestra ultima noche en el castillo.
- La de todos… -dijo Melinda colocándose de pie para bajar los escalones y que sus amigas no pudieran ver su rostro de tristeza.
- ¿Qué sucede? –Pregunto Andy notando el cambio de su amiga.
- Mañana por la noche enviare a los chicos al pasado –dijo Melinda abrazándose a si misma mientras se giraba hacia sus amigas.
- Pero eso no es todo lo que te preocupa –dijo Samantha colocándose de pie para acercarse a su amiga al igual que Andy -¿Qué otra cosa te tiene triste?
- Creo… creo que Daniel se irá… -dijo Melinda mientras sus verdes ojos, se llenaban de lágrimas.
- ¿Por qué dices eso? –Pregunto Andy sorprendida por toda la información que les proporcionaba su amiga.
- Porque le enviaron una lechuza de Escocia –dijo Melinda con tristeza.
- ¿Le piden que vuelva? –Pregunto Samantha preocupada.
- Sí, leí la carta… además el se muestra muy extraño e incomodo… -dijo Melinda mirando a sus amigas sin poder aguantar las lágrimas –no quiero que se vaya, me moriría si no lo tengo a mi lado.
- Tranquila mi niña –dijo Andy abrazando a su amiga al igual que Samantha.
De pronto las tres sintieron como alguien se posaba en los alto de las escaleras por lo que giraron sus cabezas.
Alto, con la túnica abierta y un notorio rostro de preocupado, se encontraba Daniel, mirando a las tres chicas y en especial a la pelirroja.
- ¿Sucede algo? –Pregunto bajando las escaleras con lentitud, fijando su vista solamente en Melinda, quien al ver que la analizaba desvió la mirada y comenzó a secarse las lágrimas.
- No, nada… nosotras nos vamos –dijo Samantha comenzando a caminar por las escaleras hacia arriba, para luego perderse por el pasillo.
Daniel se poso frente a Melinda y espero a que ella levantara la mirada, pero ella jamás lo hizo
- No me escondas el rostro, ya sé que leíste la carta –dijo Daniel tomando la barbilla de Melinda para mirarla a los ojos.
- … ¡No te vayas! –dijo Melinda abrazándose con fuerza al cuerpo de Daniel, quien se sorprendió ante la muestra de cariño de su novia, pero no puedo hacer más que abrazarla con fuerza y besar su cabeza.
Daniel dejó que llorara y se desahogara, él mismo quisiera desahogarse, pero en ese momento necesitaba estar tranquilo para poder hablar con ella.
La carta le había llegado la mañana del ataque al castillo y no había sido capaz de decirle que lo habían mandado a llamar de Escocia para que volviera.
Se separó de ella un poco y dejó que se secara las lágrimas mientras no dejaba de hipar.
- Melinda… yo… -dijo Daniel, pero realmente estaba nervioso y más aun cuando Melinda colocó sus labios sobre los de él para que no continuara.
- No me digas nada por favor… por favor, no te vayas –dijo Melinda mojando con lagrimas el rostro de Daniel quien no aguanto y la separó de el.
- Melinda… ¿De verdad no quieres que me vaya? –Pregunto Daniel con seriedad.
- No hay cosa que anhelara más en este momento –dijo Melinda sin dejar de hipar.
- No me iré, pero solo con una condición… -dijo Daniel mientras Melinda lo miraba expectante -¿Te casarías conmigo?
Melinda se quedó ahí, estática, helado, petrificada, no se movía ni un músculo de su cuerpo, no lloraba, no hipaba, no hacia nada, solo miraba a Daniel quien la miraba serio, expectante y tremendamente desesperado por una respuesta.
De pronto sintió como Melinda comenzaba a golpearle el pecho y comenzaba a llorar nuevamente. Iba a reclamarla cuando sintió que le rodeaba el cuello y le daba un fugaz bezo para seguir golpeándolo.
- ¡Eres un idiota¡Pensé que me moriría del susto! –Dijo Melinda sin dejar de golpearlo –y… ¡por supuesto que me casare contigo!
Lugo de esas palabras dejo de golpearlo y dio un paso atrás mientras lo miraba, lloraba e hipaba.
- Te amor –dijo Melinda mientras seguía bañando su rostro con sus lágrimas.
Daniel sonrió al escucharla y la recibió en sus brazos para comenzar a besarla con desesperación mientras la tomaba de la cintura y la elevaba por los aires.
Cuando se separaron, Melinda lo rodeo por el cuello con fuera mientas comenzaba a llorar nuevamente.
- ¿Cómo se te ocurrió hacerme eso? Casi me morí al pensar que te podías ir… me moriría si no te tengo conmigo –dijo Melinda con el rostro enterrado en el cuello de Daniel mientras este sonreía.
- Yo jamás me separaría de tu lado, aunque me lo suplicaran… -dijo Daniel bajándola y separándose levemente de ella.
- Entonces ¿Por qué estabas tan triste esta tarde? –Pregunto Melinda secando sus lágrimas con las palmas de sus manos.
- Porque no sabía como pedirte que fueras mi esposa, tenía miedo que me dijeras que no –dijo Daniel con una sonrisa mientras Melinda lo tomaba del cuello nuevamente.
Estuvieron así unos momentos más hasta que ambos lograron calmarse y respirar tranquilos.
- Debemos ir a decirles a mis padres ahora mismo –dijo Melinda de pronto, asustando a Daniel ante la sola idea de tener que enfrentarse a Harry para decirle que le quitaría a su tesoro para hacerla su esposa.
- Eh… no creo que debamos ir tan pronto… no sé, quizás cuando salgas veamos cuando les decimos y… -dijo Daniel con una gran cara de terror, que hizo estallar de risa a Melinda.
- No…. iremos ahora y fin de la discusión –dijo Melinda tomando el brazo de Daniel para arrastrarlo dentro del castillo.
- ¿Casarse? –Pregunto Harry estando los cuatro sentados en la sala de la mansión Potter – ¿No creen que es muy apresurado?
- Papá, está es nuestra decisión –dijo Melinda mirando a su padre con suma paciencia –además, nosotros creemos estar listos para dar ese paso.
Daniel estaba sentado frente a Hermione quien los miraba con una sonrisa, observando como el chico que visto tantas veces lanzarse contra todo y contra todos para salvar a su hija, en esos momentos se aterraba al tener que enfrentase a Harry para pedirle a su hija en matrimonio.
Harry miró unos segundos a Hermione buscando En su mirada su opinión de toda aquella situación y no le quedó otra que aceptar que su hija estaba enamorada y que no había mejor persona para su pequeña que Daniel.
Se colocó de pie y se paro delante de Daniel con total seriedad, haciendo que Hermione y Melinda se colocaran de pie, totalmente nerviosas, ante la posible acción de su esposo y padre.
- Levántate –dijo Harry con total seriedad mientras Daniel temblaba de pies a cabeza.
Melinda iba a protestar cuando vio que su padre rodeaba con sus brazos los hombros de Daniel, dándole un fuerte abrazo, el cual Daniel tardó unos segundos en responder.
- No creo que haya mejor persona a quien entregarle uno de mis más grandes tesoros Daniel –dijo Harry separándose un poco de Daniel, quien era tan alto como él –solo te pido que la cuides como lo has estado haciendo…
- Señor Potter… -dijo Daniel intentando decir algo, pero estaba realmente sorprendido.
- Harry… dime Harry –dijo Harry separándose un poco de él mientras lo miraba con una sonrisa.
- Harry, yo amo a Melinda más que a nada en el mundo, pero también me preocupada muchísimo su reacción, puedo entender que no sea fácil entregarle su hija a un completo desconocido –dijo Daniel mirándolo con agradecimiento mientras Melinda se acercaba a él y lo tomaba del brazo con cariño.
- Si todos los desconocidos fueran como tu, créeme que jamás hubiera temido por las personas que se acercaban a Melinda –dijo Harry abrazando a Hermione por los hombros –No sabes lo agradecido que estoy por haber cuidado a Melinda y a toda mi familia cuando yo no estuve… para mi eso, te hico merecedor de todo mi respecto y admiración…
- Bienvenido a la familia, Daniel –dijo Hermione acercándose a Daniel para darle un abrazo, al igual que Melinda lo hacia con su padre.
- Muchas gracias señora Potter –dijo Daniel agachándose un poco dada la baja estatura de Hermione.
- Dime Hermione, ahora eres como un hijo más para nosotros, ya no hacen faltas las formalidades –dijo Hermione con una sonrisa la cual Daniel respondió con total sinceridad y tranquilidad.
- muchas gracias por apoyarme papá –dijo a Melinda aforrándose al cuelo de su Padre con fuerza.
- Como no iba a apoyarte Meli… –dijo Harry en el oído de Melinda mientras la abrazaba con fuerza –tú siempre vas a ser mi pequeña…
- Lo sé… pero no me hostigues mucho –dijo Melinda medio en serio y medio en broma, mientras su padre la levantaba por los aires.
- Esta muy delgada… -dijo Harry tomándole el peso…
- Papá… -dijo Melinda riendo con su padre.
- ¿Por qué no se quedan a cenar? Podemos avisarle a Minerva para que no se preocupe –dijo Hermione mirando a los chicos.
- Podríamos dejarlo para mañana mama, hoy es nuestra ultima noche en el castillo y me gustaría estar con las chicas –dijo Melinda mirando a su madre que miraba su padre y asentía –además, Daniel atendrá que quedarse aquí…
- Eso no es necesario, yo puedo encontrar un lugar donde… -dijo Daniel, pero la voz de
Hermione lo hizo callar.
- De eso nada, tú te quedaras aquí, esta mansión tiene habitaciones de sobra y perfectamente cabremos todos –dijo Hermione con decisión mientras Melinda y Harry se encogían de hombros, donde manda capitán, no manda marinero.
- Papá… yo… también vine a pedirte un favor –dijo Melinda mirando con seriedad a su Padre.
- Claro, dime –dijo Harry mirando a su hija.
- Samantha está muy triste por lo de su padre… y quería pedirte si había posibilidad de que ella fuera a san Mungo a verlo antes de… antes de que algo llegara a suceder –dijo Melinda mirando como Harry abría sorpresivamente los ojos.
- Melinda… Malfoy es muy peligroso… -dijo Harry con preocupación mirando a su hija –además dudo mucho que a Pansy y a Blaise les agrade saber que su hija vaya a verlo.
- Papá… Malfoy es su padre –dijo Melinda como suplica –independiente de lo que digan ellos, Samantha ya es mayor de edad y puede hacer lo que ella estime conveniente…
- Hija… ¿Samantha no odiaba a Malfoy? –Pregunto Hermione sorprendida.
- Eso fue antes… Malfoy vino un día a verla al castillo con permiso de Dumbledor…. –dijo Melinda recordando al anciano por unos breves momentos –ahí conversaron y… las cosas se arreglaron en parte… pero Samy esta muy angustiada, con tiene cosas que decirle a Malfoy y ahora que él esta tan grave…
Harry analizo las palabras de su hija unos segundos. Era cierto, Samantha era hija legítima de Malfoy y tenía derecho a despedirse. Él sabía que la situación de Malfoy era en extremo crítica y en cualquier momento podía fallecer.
- Está bien, pero les avisaremos a Pansy y a Blaise, sabes que no me gusta hacer las cosas a escondidas de nadie –dijo Harry mirando a su hija quien asintió con una sonrisa.
- Muchas gracias papá –dijo Melinda acercándose para besar la mejilla de su padre y de su madre –ahora debemos irnos antes de que empiece el banquete final… además quiero ir a ver a mis abuelos… quiero despedirme de ellos.
Harry y Hermione se habían olvidado de ese asunto por unos momentos, tenían tantas cosas en la cabeza desde la muerte de Voldemort y de Dumbledor que habían pasado ese detalle por alto.
- Harry… -dijo Daniel antes de despedirse -¿No hicieron preguntas en el ministerio acerca de la transformación de Melinda?
- Sí, hicieron algunas preguntas, pero le solicite al señor ministro que esa situación no se investigara en recompensa por la ayuda de Melinda en la destrucción de Voldemort y él acepto, así que esa investigación se cerró y no tendremos problema nunca más –dijo Harry con una sonrisa.
- Que bien –dijo Daniel con alivio –bueno, debemos irnos…
- Claro cuídense…. vemos mañana –dijo Hermione viendo como los dos chicos desaparecían por la chimenea.
El gran salón estaba abarrotado de alumnos disfrutando de la que era la última noche en Hogwarts luego de uno de los años más agitados que se habían vivido en todos los años de la escuela.
La ahora directora de la escuela, Minerva Mcgonagall, estaba terminando su discurso de finalización de año mientras era observada por los alumnos.
- … y como todos los años, tenemos la despedida de los séptimos años –dijo la mujer mirando hacia una quinta mesa que estaba perpendicular a las otras cuatro mesas de cada casa justo al frente de la tarima, donde estaban sentados todos los alumnos de séptimo año de las cuatro casas –lo que estoy segura, es un agrado para muchos de ellos, pero una pena para nosotros…
Todos los alumnos observaban con cierta admiración a los alumnos de séptimo año. Ellos saldrían de la escuela y serían tomados muy en cuenta, no por ser grandes, sino por su gran labor en los ataque a la escuela, ya que fueron ellos quienes organizaron a los alumnos e impidieron que la catástrofe fuera mayor y el numero de muertos aumentara.
- Ahora quiero comenzara a entregar los reconocimientos a los alumnos destacados en cada asignatura… -dijo la directora llamando a cada profesor de asignatura para que entregara los galardones a los alumnos mientras eran nombrados.
En eso estuvieron un par de minutos, siendo galardonados alumnos de todas las casas, cosa que enorgulleció a todos los jefes de casa.
- Para finalizar, queremos entregar un galardón muy especial a una alumna, cuya valentía, astucia y asombroso poder nos permitió derrotar a Voldemort… -dijo Mcgonagall mirando a todos los alumnos de todas las casas, con cierta tristeza al pensar que Dumbledor hubiera estado muy orgulloso de haber entregado ese premio, pero el destino había decidido que fuera ella quien lo entregara –quiero entregar la orden de Merlín primera clase a la señorita… Melinda Potter Granger…
Melinda estaba estática, sentada en su asiento mientras todos aplaudían. Si bien al escuchar esa descripbion pensó que podía llegara a ser ella, jamás pensó que le darían el mismo galardón del que gozo Dumbledor en vida. Orden de Merlín primera clase, era algo estratosféricamente importante para una niña de 17 años.
Se colocó de pie luego de un par de zamarrones de Andy y Samy y camino torpemente hacia la tarima para recibir un hermoso diploma y una insignia dorada con las inscripciones de su nombre y el rango del título que le habían otorgado.
Espontáneamente los aplausos se hicieron sentir en el gran comedor mientras la gran mayoría de los alumnos se colocaban de pie con una sonrisa en el rostro. Aunque claramente habían excepciones como Severus Snape, quien combatía también en la batalla final, pero siempre encapuchado y escondiendo su rostro. También varias alumnas de Slytherin, y Ravenclaw, porque con las de Hufflepuff se llevaba bastante bien y que decir de sus compañeros, quienes darían la vida por estar en l lugar de Daniel, cosa que él sabía y le desagradaba bastante.
Volvió a su asiento y la directora dio la señal para que los exquisitos platos aparecieran en las mesas y comenzara en banquete.
Unos pisos más arriba se encontraban James, Harry, Sirius y los demás, disfrutando de su propio banquete de despedida.
En esta torre se vivían muchas de las sensaciones que tenían los alumnos de séptimo año en el gran comedor. Había tristeza por dejar ese tiempo, esa escuela y a tantas personas de quienes ellos se habían encariñado, ya fuera por parentesco familiar o simplemente porque habían vivido situaciones similares durante sus vidas, lo que era el caso de Sirius y Noe con Samantha.
- Quiero hacer un brindis… -dijo James levantando la copa –por mis descendientes que han dejado más que alto el nombre de los Potter…
- Que egocéntrico –dijo Sirius riendo de las ocurrencias de su amigo.
- Déjame en paz, estoy feliz por mi familia –dijo James haciendo reír a todos, en especial a Harry.
- Yo también quiero hacer un brindis para darnos fuerzas… -dijo Ashly mirándolos a todos –porque seamos capaces de aprovechar esta oportunidad…
Todos comprendieron a lo que se refería Ashly. Ella y Noe se habían enterado de su próxima muerte y eso les había afectado tremendamente.
- Salud por eso… salud por nuestro futuro, cualquiera que sea desde ahora en adelante –dijo Sirius levantando la copa.
- Salud por lo que fue –dijo Lily acompañando a Ashly, James, Noe y Sirius con sus copas levantadas.
- Salud por lo que vendrá –dijo Remus acompañando al grupo.
- Salud por nosotros –dijo Harry levantando la copa y mirando a los que se habían convertido en compañeros de aventuras.
- ¡Salud! –dijeron todos bebiendo el contenido de sus copas y comenzando a comer las exquisiteces que se disfrutaban a esa misma hora en el gran comedor.
El humo del expreso Hogwarts inundaba la estación 9 3/4 de Kings Cross hacia unos minutos atrás. Los alumnos bajaban desesperados del tren en busca de sus padres hermanos y amigos. Había sido un año tremendamente movido y tenso para todos dados los ataques y el continuo peligro que sufrieron todos los alumnos en el castillo, pero afortunadamente ya todo había terminado y ahora estaban con sus familias.
Melinda, Samantha y Andrómeda se encontraban con sus padres preparándose para ir a San Mungo a ver a Draco Malfoy.
- Yo me iré con Ámbar a casa –dijo Hermione tomando la mano de la menor de los Potter.
- Sí, debemos recibir a James y los demás –dijo Remus mirando a Harry quien sintió.
- Nos vemos en casa papá –dijo Andy besando la mejilla de su padre y colocarse al lado de Mathw.
- Nos vemos en casa –dijo Hermione despidiéndose de todos al Ámbar y Remus.
- Nosotros vamos también a San Mungo –dijo Pansy con decisión, colocándose al ladeo de su hija.
- No es necesario mamá, puedo hacerlo yo sola… además David y los demás irán conmigo –dijo Samantha con cierta rudeza que pudo percibir su madres. Aun no estaban todas las cosas arregladas después de su última conversación familiar respecto a Draco Malfoy.
- Entendemos que quieras ir sola, pero queremos apoyarte hija –dijo Blaise con suma aprehensión.
- Lo sé papá, pero creo que esto debo hacer sola… será mejor que me esperen en casa de los Potter –dijo Samantha dando por terminada la conversación con sus padres.
- Está bien –dijo Pansy con cierto dolor caminando hacia la salida de la estación para desaparecer junto con Blaise.
- Bien, creo que estamos listos para partir –dijo Melinda mirando hacia su padre.
- Claro –dijo Harry comenzando a caminar hacia la salida seguido de las tres parejas. Melinda, Daniel, Andy, Mathw, Samantha y David.
Al salir de la estación se metieron en un callejón y se transportaron hacia 'Purge y Dowse, S.A, la tienda que sirve de escondite para el hospital. Se colocaron frente al maniquí con una falda verde y Harry se aclaro la garganta.
- Venimos a ver Draco Malfoy –dijo Harry haciendo que el maniquí se moviese y ellos pudieran atravesar el vidrio.
Caminaron directamente hacia el ascensor y se metieron los siente, sin dar espacio a nadie mas. Harry apretó el botón para ir al cuarto piso y en cosa de segundos aparecieron en el lugar.
Al salir del ascensor notaron la presencia de una decena de personas como mínimo, que se encontraban conversando o simplemente descansando.
- ¿Todos son aurors? –Pregunto Melinda mirando a su alrededor.
- La mayoría si, los otros son personas esperando por sus familiares –dijo Harry caminando con decisión por uno de los pasillos hasta llegar a otro por el cual doblaron, notando aun más aurors que se cuadraban al ver pasar a Harry.
- ¿No creen que exageran? Está moribundo –dijo Mathw con muy poco tacto, lo que le hicieron saber los demás mirándolos severamente o dándole un golpecito en las costillas, como lo hico Andy –lo lamento.
- No te preocupes –dijo Samantha dándole una sonrisa forzada, un tanto resignada.
- Señor Potter –dijo uno de los aurors que esperaban en la puerta que se encontraba al final del pasillo.
- Buenos días, vengo a ver a Malfoy… -dijo Harry girándose hacia Samantha –su hija viene a visitarlo.
Los hombres que se encontraban alrededor miraron sorprendidos y hasta molestos a Samantha quien con cierta vergüenza ante tanta atención, se acercó hasta Harry.
- ¿Tengo que enviarles una invitación para que se quiten de la puerta? –Pregunto Harry con molestia al ver a los dos hombres parados en la puerta y al resto como los observaban – ¡vuelvan a sus puestos!
Los dos hombres se quitaron de inmediato para que entraran Harry y Samantha, cerrando la puerta tras ellos para que no los molestaran.
- No puedo creer que el jefe le traiga ala hija, es n asesino… merece la muerte –dijo uno de los hombres que se encontraban en el pasillo alrededor de los cinco chicos.
- ¿Quién te crees para decidir si una persona muere o no muere? –Pregunto Melinda totalmente ofuscada a uno de los aurors.
- Un asesino no merece ese tipo de privilegios –dijo el aurors enfrentándose a Melinda –aunque sea tu amiguita, no deja de ser hija de un asesino… es una escoria… debería darle vergüenza.
- Más vale que te calles si quieres seguir teniendo el puesto que tienes –dijo Mathw enfrentándose al auror con intenciones de sacar su varita, pero Daniel se colocó frente a ellos para calmarlos.
- Detente Mathw, no vale la pena –dijo Daniel dándole la espalda al auror, oportunidad que este tomo para empujarlo y hacer que tanto Daniel como Mathw cayeran al suelo.
- Eres un idiota –dijo Andy colocándose frente al auror que ahora se acompañaba de otros dos auros con sus varitas alzadas.
- ¿Cómo se atreven? Ustedes no son mejores que nadie –dijo David colocándose frente al trío de aurors mientras Melinda y Andy ayudaban a los chicos a colocarse de pie.
- Claramente somos mejores que un asesino y su hija… no me extrañaría que ella fuera igual –dijo el auror arrastrando las palabras.
- Bajen esas varitas, ahora mismo –dijo Melinda conteniéndose para no atacarlos
- No creas que por ser la hija del jefe puede venir a darnos ordenes –dijo uno de los dos aurors que se habían unido a la discusión, apuntando a Melinda con la varita.
- No necesito de mi padre para ordenártelo –dijo Melinda levantando una de sus manos hacia sus cuellos haciendo que una mano invisible los levantara del suelo por lo menos medio metro, mientras sus ojos comenzando a volverse totalmente grises.
- Melinda, tranquilízate –dijo Daniel intentando calmarla, pero Melinda estaba enfurecida.
De pronto la puerta volvió a abrirse dejando salir a Harry quien al ver la escena miro a su hija, como levantaba completamente enfurecida el cuerpo de los tres aurors por el cuello, bajo la atenta mirada de los chicos y varios aurors más que se encontraban en el lugar.
- Melinda –dijo Harry acercándose rápidamente a ella para tomar su mano y poder calmarla –bájalos…
Melinda los bajo lentamente mientras sus ojos volvían a la normalidad lentamente, pero sin dejar de mirarlos con infinito odio.
- Nunca en su vida vuelvan a referirse a mi amiga de esa manera o me aseguré de que sea lo ultimo que hagan en su vida –dijo Melinda mirándolos con profundo odio, antes de desaparecer por el pasillo.
Todos la siguieron mirando al hombre con rencor a los tres aurors que estaban aterrorizados.
Harry se volvió hacia todos quienes miraban totalmente sorprendidos a Melinda y al grupo desaparecer.
- Esto es para todos… aquí el jefe soy yo y una orden que yo dicte se acatare al pie de la letra y sin protesta alguna –dijo Harry mirándolos a todos con profundo rencor –si yo autorizo o no que venga la hija de uno de los reos es solamente decisión mía y no voy a permitir que ustedes me cuestionen ¿Está claro?
- Si señor –dijeron los hombres cuadrándose frente a él para volver a sus lugares.
- ustedes tres, márchense… y mañana en la mañana quiero un reporte de lo sucedido sobre mi escritorio, si es que quieren seguir trabajando en el ministerio o en algún otro lugar –dijo Harry con total seriedad viendo como los tres aurors asentían totalmente aterrados –a y les recomiendo que no se crucen con mi hija, porque para la otra no creo que tengan tanta suerte… no se olviden que ella derroto a Voldemort.
Harry desapareció por el pasillo tras los chicos dejando a los tres aurors aterrados no solo por las palabras de su jefe sino por la ira de Melinda, que era para asustar a cualquiera.
Samantha se encontraba totalmente sola junto a la camilla donde se encontraba su padre totalmente pálido y con varios instrumentos totalmente desconocidos para ella, colocados en su cuerpo, monitoreándolo.
Tenía tantas sensaciones que era muy difícil concentrarse en solo una. Por un lado una tremenda tristeza la embargaba al verlo de esa manera, pero por otro una rabia aparecía por la vida que había decidido llevar su padre, aunque eso no dependiera de ella.
- Samy… -dijo Malfoy casi con un hilo de voz.
- Papá… -dijo Samantha acercándose a su padre para poder escuchar con claridad, dadas sus suaves palabras.
- Que bueno… que estés… aquí –dijo Draco susurrando levemente.
- Shhh… no digas nada –dijo Samantha tomando la mano de su padre –debes descansar para ponerte bien…
Sin poder evitarlo presiono la mano de su padre mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos, cosa que Draco percibió.
- Mentirosa… -dijo Draco sonriendo ante las palabras de su hija –yo no saldré de está….
- No es cierto, tu te repondrás… -dijo Samantha pasando su mano por el rubio cabello de su padre.
- … preferiría… morir… -dijo Draco susurrando lentamente, mientras tenia que tragar continuamente saliva para que su garganta no se secara.
- No digas eso, yo no quiero que mueras… -dijo Samantha llorando más sonoramente –quiero que recuperemos el tiempo que perdimos antes…
Draco al escuchar esas palabras sonrió mientras unas lágrimas se escaparon de sus ojos sin poder evitarlo.
- No sabes… lo hermoso… que es escuchar… eso de tus labios –dijo Draco intentando levantar la mano para tocar la mejilla de su hija, pero las fuerzas comenzaban a abandonarlo -… pero no puedo… cumplir tu deseo… mi niña…
- Papa… -dijo Samantha besando la mano de su padre –yo te quiero…
- Yo también… te quiero… muchísimo… -dijo Draco sonriéndole –y te agradezco… que vinieras… a verme…
- ¿Por qué papá? –Pregunto Samantha -¿Por qué nos sucedió esto? Yo quería estar contigo…
- Lo lamento… -dijo Draco acongojado –pero ya no hay tiempo…
Samantha miraba a su padre entre lágrimas mientras intentaba traspasar con su mirada y el tacto todo el amor a su padre.
- Quiero pedirte… un favor… -dijo Draco susurrando cada vez con más cansancio.
- Dime, lo que quieras –dijo Melinda mirándolo con atención.
- Déjame… besar… tu frente… -dijo Draco mirando a su hija, sin soltar su mano en ningún momento.
Samantha se acercó lentamente y dejo que los labios de su padre se posaran en su frente por unos segundos.
- Muchas gracias… -dijo Draco mirándola con una sonrisa –la ultima vez… que te vi… cuando eras… pequeña… me despedí… de la misma… forma… y ahora… en mi despedida… lo hago igual…
Samantha solo lo miraba y lo escuchaba mientras no dejaba de llorar desconsoladamente.
- Papá… yo te quiero… y a pesar de todas las cosas que dicen de ti o que hayas hecho, yo siempre te voy a querer porque eres mi padres –dijo Samantha sin poder contener más las lágrimas viendo como su padre sonreía cansadamente y comenzaba a cerrar los ojos.
- No sueltes… mi mano… -dijo Draco comenzando a suspirar muy lentamente –mi hija… mi niña…
Samantha lo vio dar un par de respiros más antes de exhalar su último suspiro, dejando su cuerpo sin vida. Solo lloró a su lado por unos minutos. No valía la pena salir corriendo a avisar para que hicieran algo porque estaba segura que ella sería la única entristecida con la muerte de su padre, pero sabía que era mejor así. Ella no hubiera aguantado verlo encerrado en Azkaban sufriendo, aunque hubiera hecho lo que fuera, el era su padre.
Se colocó lentamente de pie y levantó las mantas para cubrir el rostro de su padre sin vida. Se acercó a la puerta y salió del lugar con la cabeza en alto, mostrando todo su estirpe de Malfoy, en honor a su padre.
Nadie a su alrededor susurro o la miro de mala manera, cuando ella se paró frente a ellos.
- Den aviso… Draco Malfoy acaba de fallecer –dijo Samantha sin mirar a nadie, comenzando a caminar por el pasillo hasta donde la esperaban sus amigas y los demás.
No dijo nada y la verdad no era necesaria. Todos sabían perfectamente que Draco Malfoy estaba esperando esto para partir del escenario de esta tierra a otro lugar, el que fuera que le tocara a él, acorde a sus hechos.
Melinda la abrazo con fuerza mientras ella derramaba unas cuantas lágrimas.
- No se preocupen, estoy bien… en el fondo sabía que venia a despedirme, cualquiera que fuera su futuro… -dijo Samantha secándose las lágrimas, dejando ver una tranquilidad sorprendente –no importa lo que digan, él era mi padre… y yo estuve con él en su último suspiro…
Melinda la miro con mucho orgullo. Ella era fuerte, sabía que la situación de su padre era complicada, pero era lo suficientemente valiente para despedirse de él y asumir su profundo cariño hacia el hombre que le dio la vida.
- Ahora debemos dar otra despedida… -dijo Melinda llamando la atención de todos para que comenzaran el camino de vuelta –es hora de irnos…
Estaban todos reunidos en un gran salón que se encontraba en la casa de los Potter. En su centro, se encontraban James, Sirius, Remus, Lily, Noe, Ashly y el Harry del pasado, esperando para ser enviados nuevamente hacia sus respectivos tiempos.
- Es hora chicos –dijo Melinda mirándolos a todos quienes asintieron.
- Cuídate… -dijo Andy a Ashly quien le sonrió con una gran sonrisa para asentir levemente a modo de respuesta.
- Muchas gracias por todo –dijo Samantha a Noe quien le cerró un ojo mientras se colocaba al lado de Sirius.
- Siempre estaremos muy orgullosos de ti Harry… pase lo que pase –dijo James tomando la mano de Lily mirando al Harry adulto, el cual no fue capaz de contener las lágrimas.
- Adiós Ámbar, fue un gusto conocerte –dijo Harry cerrándole un ojo a Ámbar quien le lanzo un beso.
- Quiero pedirles a todos que salgan de la habitación por favor –dijo Melinda mirando a todos los presentes quienes por precaución obedecieron, dirigiéndose hacia la sala.
Al estar solos, Melinda les sonrió a todos antes de transformarse en ángel, espectáculo que era privilegiado para ellos.
- Llego la hora chicos –dijo Melinda con su sonrisa tranquilizadora.
- Espero que seamos capaces de corresponder la tremenda responsabilidad que me nos has otorgado –dijo James mirando seriamente a Melinda.
- Estoy segura de que lo lograran –dijo Melinda con una sonrisa mientras se mantenía flotando unos centímetros cobre el suelo –las cosas siempre suceden por algo… y el destino jamás les hubiera dado esta oportunidad a todos si no supiera que son capaces de afrontarlo… solo déjenme darles un consejo, no sean egoístas, quiéranse y recuerden que de todas las situaciones de aprende, por más oscuro que se vea el panorama, siempre hay una luz donde mirar…
Todos miraron a Melinda con una sonrisa, era increíble como una sonrisa o unas simples palabras dichas con tal convicción eran capaces de trasmitirles tanta tranquilidad.
- Adiós –dijo Melinda sonriéndole y preparándose para abrir el remolino.
- Adiós –dijeron todos despidiéndose del ángel.
Melinda estiro las manos al cielo y se concentro profundamente, haciendo que de un minúsculo punto, en el techo de la habitación, comenzara a formarse un torbellino como el que los había traído.
Lentamente los chicos comenzaron a sentir que el aire comenzaba a elevarlos y comenzaban a ascender hacia el centro del torbellino para ir desapareciendo uno a uno, hasta que nadie más que ella, quedó en la habitación.
Abrió lentamente los ojos e hizo aparecer la esfera que Alice le había entregado antes que desapareciera con el espíritu de Dumbledor. La alzo al cielo y se concentro con todas sus fuerzas en su deseo, suspiro tranquilamente y le entregó la esfera al torbellino, el cual lo succiono de la misma manera en que lo hizo con Harry, James y los demás.
- ¿Qué deseo pediste? –Pregunto Daniel apoyado en la puerta.
Melinda sonrió mientras cerraba el torbellino y descendía al suelo para volver a su forma natural. Se giro y camino para colocándose frente a Daniel y besar fugazmente sus labios.
- Es un secreto… -dijo Melinda tomando la mano de su amado guardián para salir de la habitación y cerrar la puerta tras de ella.
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«´¨·.¸¸.♥ FIN ♥.¸¸.·´¨»
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Hola a todos, les gusto? pues la verdad me dio un poco de cargo de consciencia por haberlos hecho llorar jijiji... pero bueno, ya ven.
Por lo que a mi respecta e quedado bastante satisfecha con el final, no completamente porque eso seria imposible, pero me gusto bastante.
Ahora que viene? pues viene el epílogo. Ahi dare el toque final a esta historia, asi que recuerden... AUN NO TERMINA... yo solo aviso para que no saquen conclusiones apresuradas y después se me enojen si es que algo no les agrada.
Bien, ahora viene los agradecimientos por lso reviews:
Hermy Evans, Jim, Shinji kun112, Mica-prongs, Juliee, Emily Black, Fran ktrin Black, Sae-uchicha, Caty GRanger, Magic.twins07, Laura Jane Potter, Caroliin y Ly. Pad.
Muchas gracias a todos ustedes por su apoyo y lo vuelvo a reiterar, lamento mucho por haberlos hecho llorar.
Ahora me despido porque me imagino que deben estar muy, pero muy cansados después de tanto leer las tonterias de esta maniaca de HP.
Quiero avisar que no hay fecha para el epílogo, pero que no desesperen, que llegara tarde o temprano, espero que no tan tarde y más temprano, pero en fin...
Un beso inmenso para todos, cuidense mucho y que Dios los bendiga..
Se despide su humilde servidora...
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¤°.¸¸.·´¯»«´¯ konnyta -granger.¸¸.·´¯»«´¯·.¸¸.°¤
