Dedico este capítulo a una persona (bueno, en realidad no está muy claro a qué especie pertenece; también podría ser un goblin o un vogón) que es enormemente sarcástica pero que cuando quiere sabe hacer comentarios útiles que siempre son bienvenidos. ¡Gracias por tu ayuda, gringo con pelos!


Capítulo III

- "... a partir de lo cual deducimos que: si multiplicamos los dos miembros de la desigualdad por el mismo número negativo obtenemos otra desigualdad que..."

Artemis Fowl II levantó cautelosamente la vista del enorme tratado de matemáticas, y comprobó con alivio que los gemelos se habían dormido al fin. Nunca antes había tratado con niños pequeños, y le había resultado menos desagradable de lo que siempre había creído, pero le daba la impresión de que no habría soportado mucho más sus preguntas científicas difíciles de responder. Cerró suavemente el libro y salió de puntillas de la habitación, procurando no tropezar con la palabra "DESOXIRIBONUCLEASA", que sus hermanos habían formado con los absurdos cubos de madera que alguien había cometido la imprudencia de regalarles.

"Probablemente ese alguien se arripintió enseguida", pensó Artemis mientras cerraba la puerta con cuidado, y casi sonrió a pesar de que estaba rendido. Sus nuevos hermanitos de dos años habían resultado ser tan inquietos como inteligentes, es decir, mucho. Artemis había estado un poco preocupado por como le recibirían, pero los gemelos habían aceptado al instante la explicación que les proporcionó sobre su viaje temporal cuando sus padres no le oían, y habían declarado que "ya lo habían deduzido hazía mucho". Después habían pasado la tarde jugando con Artemis, si es que se puede llamar "jugar" a construir una maqueta perfecta del Partenón con piezas de Lego, calculando la escala exacta y manteniendo las proporciones áureas. También, para desgracia de Artemis, habían querido comprobar empíricamente algunas leyes físicas, entre las que se encontraban la ley del péndulo y la ley de la gravedad. Aún le dolía la pierna de cuando había tenido que balancear a uno de los gemelos, y estaba seguro que le saldría un chichón en la cabeza, allí donde el otro había dejado caer una pesada piedra. Pero a pesar de todo, se sentía extrañamente contento.

Quizás fuera por eso que, cuando vislumbró el cielo oscuro a través de la ventana del pasillo, decidió de pronto que la apetecía dar una paseo por el jardín, algo que no le había sucedido nunca y menos de noche. "Otro efecto secundario de la magia de las Criaturas", pensó mientras salía de la mansión y respiraba el aire nocturno. Había sido un día tan lleno de acontecimientos que aún no había tenido tiempo de analizarlos todos tan detenidamente como le gustaba hacer, así que se alegró de estar finalmente a solas para poder reflexionar. Ni siquiera Mayordomo estaba allí, ya que aún estaba terminando la mudanza desde su casita de la costa. Evidentemente, volvería a trabajar como guardaespaldas de Artemis, decisión que había sido aprobada por unanimidad. Inclusó Angeline Fowl le dio la bienvenida, quéjandose de que "no podía recordar por qué se había retirado".

Artemis recorrió el pequeño sendero que llevaba al fondo del jardín, y se sentó en un antiguo banco de piedra, abstraído en sus reflexiones. Cerró los ojos, y se disponía a meditar sobre todo lo que había cambiado en su vida, cuando de pronto su teléfono móvil sonó con estridencia, rompiendo el hilo de sus pensamientos.

- ¿Sí, qué ocurre, Mayordomo? - inquirió levantándose, un poco irritado por la interrupción.

- Hola, Arty. No soy tu querido guardaespaldas, pero me alegra saber que no está contigo. Eso facilita las cosas. - la voz levemente burlona que se oyó por el auricular del teléfono sin duda no era la de Mayordomo, pero a Artemis le resultó vagamente familiar. - ¿No me recuerdas, Arty? Soy Jon Spiro, el hombre al que arruinaste la vida.

- ¿Jon Spiro? - Artemis enarcó una ceja, aunque no mostró otro signo de sorpresa. - Sí, me suena. ¿Ya has dejado de creer que soy un fantasma?

Al otro extremo de la línea, la voz dejó de ser burlona para adoptar un matiz de rabia contenida, acompañado de un rechinar de dientes siniestro.

- Siempre he pensado que eres el ser humano más fantasma de este mundo. ¡Pero esto se te ha acabado, Fowl! Dejarás de mostrarte tan fanfarrón cuando sepas por qué te he llamado.

- Cuando quieras. Pero antes explícame cómo es que tienes mi número. Solo lo conocemos Mayordomo y yo, y tengo una fe absoluta en su lealtad. Es evidente que yo tampoco te lo he dado, así que...

- ¿Cómo, no te acuerdas? Pero si hace dos minutos de eso... ¡Me lo has dado tú mismo! - le interrumpió Spiro, soltando una risilla desagradable.

- Me temo que debo haber sufrido un ataque de amnesia - dijo Artemis con sarcasmo -, porque no recuerdo en absoluto habértelo dado.

Jon Spiro volvió a reírse, algo que inquietó ligeramente a Artemis, que sabía por experiencia que cuando uno de sus enemigos se reía triunfalmente, la cosa solía traer malas consecuencias para él. Por suerte, siempre conseguía salir más o menos indemne de todas las situaciones, gracias a su aguda inteligencia.

- Será mejor que hables contigo, te lo explicarás mejor.

- ¿Spiro, te has estado excediendo en tu dosis de calmantes últimamente, o solo pretendes confundirme? - A Artemis no acababa de gustarle el cariz que estaba tomando la conversación. Presentía que Jon Spiro, por muy demente que pudiera ser, tenía una razón muy concreta para hablar de aquella manera; una razón que él desconocía.

- Hola, Artemis. - dijo de pronto una voz calmada y fría.

Artemis guardó silencio unos instantes, y cuando volvió a hablar su voz no sonó ni de lejos tan calmada ni tan fría como la de su misterioso interlocutor.

- Un montaje muy ingenioso, Jon. Confieso que por un momento me lo he creído.

- No ha sido el inútil de Spiro, y tú lo sabes, Artemis. - le susurró al oído la misma voz suave - Y también debes saber quién soy yo. Me conoces bastante bien, verdad?

Por primera vez en su vida, a Artemis le flaquearon las piernas, y tuvo que volver a sentarse.

- Tengo una hipótesis - consiguió articular - pero lo que no sé es cómo...

- ¿Cómo ha conseguido Jon Spiro crearme? No es tan difícil de imaginar. Lo que pudo hacerse con una estúpida oveja puede hacerse con un ser humano, no crees?

Artemis perdió el aliento, y su cerebro empezó a trabajar a toda velocidad. Esas palabras habían confirmado su deducción, aunque la realidad resultaba espantosa: su propio clon, creado de alguna manera por Jon Spiro, le estaba hablando por teléfono.

- Evidentemente, los científicos que clonaron a Dolly no tenían la inteligencia que yo tengo, y realizaron un trabajo tan defectuoso que el animal terminó muriendo de cáncer. Pero eso no sucederá conmigo. Como ya sabes, tengo elevados conocimientos de genética, y desde que tuve el cerebro más o menos terminado y pude hablar, di instrucciones al doctor que me creó, hasta que realizó un trabajo perfecto: yo. Tengo que reconocer que el tarado de Spiro tuvo una buena idea con eso de crearme, quizás la única que ha tenido en su vida. Solo había un inconveniente, pero tuvo una suerte increíble en ese sentido.

Artemis aún estaba bajo los efectos del shock, pero ya se había recobrado lo suficiente como para contestar:

- No me lo digas. El tiempo.

- ¡Exactamente! Se tardan unos tres años en crear un clon, así que si tú no hubieras ido a realizar ese viaje a la tierra de los demonios que, según recuerdo, planeabas, tú cuerpo tendría ahora diecisiete años, y el mío catorce. En cambio, ahora tenemos la misma edad, aunque técnicamente yo fui terminado ayer. Es una lástima que hayas salido de esta aventura, aunque de hecho ya sabía que lo harías. Pero si hubieses tardado un poco más, yo hubiera podido hacerme pasar por ti a la perfección, y quedarme con todo lo que tienes habría sido aún más fácil. Ya habrás deducido, naturalmente, que esto es lo que me propongo hacer. ¿Verdad?

- Obviamente. - respondió el Artemis original con frialdad - Pero no me subestimes, clon. No te será tan fácil ganarme. Tengo tú misma inteligencia, y además he vivido experiencias de las que tú solo tienes recuerdos.

El falso Artemis hizo un ruidito despectivo.

- ¿Te refieres a todas esas bobadas de la amistad con Holly, el amor a tus padres y cosas por el estilo? Sí, es cierto. No siento esa clase de sentimientos, ya que no se encuentran en tu ADN sinó en algo tan profundo dentro de ti que aún no ha sido descubierto por la ciencia. Y tengo que admitir que me has decepcionado; he encontrado algunos recuerdos en tus neuronas que me avergüenzan. No puedo creer, por ejemplo, que salvaras la vida de esa capitana Canija cuando ya no la necesitabas.

Artemis se abstuvo de contestar; también él solía pensar en aquel tipo de cosas a menudo. Pero ahora había averiguaciones más importantes que hacer.

- ¿De dónde sacó Spiro células mías?

- Qué curioso - se burló el clon -, ya sabía que preguntarías eso. Debe ser porque tengo el mismo cerebro y las mismas connexiones neuronales que tú. Simplemente, contrató a un matón que le robó el bolso a tu madre mientras iba a la compra, y utilizó el cabello que esta siempre llevaba encima en recuerdo de su querido hijito desaparecido. Conmovedor.

Artemis volvió a sentir por enésima vez la ya familiar oleada de remordimiento, pero mantuvo su magistral autocontrol y continuó preguntando. Si se conocía bien, el turno de preguntas acabaría muy pronto, y quería obtener los máximos detalles posibles.

- ¿Y ella de dónde sacó ese cabello?

- ¡También sabía que preguntarías eso! - se vanaglorió el falso Artemis - Lo cogió de tu almohada cuando ya hacía un mes que habías desaparecido. Pero ya hemos hablado bastante por hoy: ahora que ya sabes de mi existencia, tienes tiempo de pensar en las medidas que tomarás para evitar que lleve a cabo mi plan. Será interesante descubrirlos todos y desbaratarlos, y finalmente, derrotarte.

La connexión se cortó, y Artemis se quedó plantado allí mismo, con el teléfono móvil aún en la mano. Su ceño estaba fruncido, pero en los labios tenía su típica sonrisa de vampiro. Él también pensaba que sería interesante.

Y además, ya había descubierto bastante: si el cabello había sido cogido de su almohada, quería decir que había muchos cambios sucedidos desde la última vez que había dormido en su cama que el Artemis falso ignoraba y que podían serle de enorme utilidad: lo primero que haría al día siguiente sería ir a comprarse una lentilla azul. También estaban los poderes mágicos, los gemelos, los recuerdos de Hybros, y sobre todo... Minerva.