"Cree en el amor a primera vista." Bueno, e intenta taparte los ojos.

Nota de autor:Legolas es el líder y cuidador de la piedra de Orthanc; por lo que muy a su pesar se ha quedado en la tierra media. Está muy amargado y odia la tecnología. No tiene el más mínimo respeto por los hombres,y aunque tiene mucha experiencia tratando con ellos los culpa de alguna maner a de su situación,y la destrucción que se esta llevando a abo en el mundo en camopos y bosques , a pesar de todo, es un buen líder y lleva a los elfos bien hasta el momento.

CAPITULO 2

Legolas se despertó en su cuarto del vigésimo noveno piso, en mitad de la ruidosa ciudad de Nueva York.

Se había visto obligado a residir allí durante las últimas semanas, debido a la reunión que se celebraría en breve y a la que acudirían todos los representantes de los países que poblaban la tierra, al menos los más desarrollados. Conocía perfectamente cuál iba a ser el tema tratado en la reunión y por lo tanto, no le apetecía en absoluto acudir.

Pasándose una mano por el pelo, soltó un suspiro frustrado y echó un vistazo general a la habitación, deteniéndose en la mujer que descansaba a su lado. ¿Cuál dijo que era su nombre… Katherine, Susan…? No lo recordaba. Con mucho cuidado se levantó y se dispuso a ordenar un desayuno para dos al servicio de habitaciones (vivir en la suit de un hotel tenía sus ventajas). Entró en el baño y se dio una ducha fría. Su acompañante aún tardaría mucho en despertarse, si sus recuerdos de la noche anterior eran acertados… Cogió el albornoz y se lo puso alrededor del cuerpo, terminando de vestirse mientras traían el desayuno.

Notó cómo su compañera se despertaba y se dio la vuelta para observarla, era muy clara la diferencia entre la piel delicada de las mujeres elfas y la de las humanas, al igual que las rlaciones, que tenían un lado mucho más… salvaje. Ella le sonrió y le miró de forma insinuante removiendo lentamente la colcha y Legolas se acercó poco a poco a ella con una sonrisa maliciosa.

KNOCK, KNOCK.

- Servicio de habitaciones.

- Ignóralo. - dijo la chica, pero Legolas con una última sonrisa a modo de disculpa, se dio la vuelta y se dirigió a abrir la puerta.

Salió del hotel mientras todo el servicio le saludaba a su paso, allí se le cnocía como Henry Richmood, nombre que inspiraba un gran respeto.

A sus delicados oídos llegó el ruido de más de un centenar de coches que poblaban la cosmopolita ciudad de Nueva York. Refunfuñó por lo bajo. ¡Y pensar que esto antes era una gran extensión de árboles! Legolas prosiguió su camino a través de Central Park hasta detenerse delante de la Embajada Francesa, donde se llevaría a cabo la reunión.

Entró en el edificio con paso ligero, ya que quería llegar un poco antes y evitar encontronazos con ciertas personas como eran los guardaespaldas que seguramente tenía asignados. Pero tras más de dos milenios cuidando de sí mismo, también sabía como evitarlos a ellos.

Oyó un zumbido y pasos, como de alguien corriendo, pero estaba demasiado inmerso en sus pensamientos como para darle importancia. Cuando iba a torcer la esquina…

PUUUM!

- ¡Joder!

Gracias a sus reflejos élficos había conseguido mantener el equilibrio apoyándose en la pared antes de caer, pero no así la mujer que ahora mismo lo observaba echándole miradas de odio desde el suelo.

Una gran mata de cabello castaño claro le enmarcaba la cara cayendo suavemente hasta los hombros, tenía ojos color oliva con largas pestañas negras y los labios carnosos.

La chica comenzó a soltar tacos de todo tipo en español dirigidos en su mayoría hacia él ignorando que, al igual que todos los idiomas del mundo, hablaba español. Gracias a siglos de experiencia, consiguió mantener la cara total y absolutamente imperturbable, en blanco y mirándola como si nada pasara, le tendió la mano dirigiéndose a ella en español.

- ¿Se encuentra usted bien?

La boca de la chica quedó abierta y tras varios intentos de hablar logró balbucear:

- ¡Hablas español!

Presintiendo que ya no podria aguantar la risa por mucho más, asintió varias veces con la cabeza. Un color rojo empezó a extenderse desde las mejillas hasta las raíces del pelo de la chica y aceptó su mano para levantarse, evitando su mirada en todo momento.

- Lo siento mucho, no me he fijado por donde iba.-se disculpo a la chica, mientras la observaba con una sonrisa en la cara.

Aún con la mirada fija en el suelo, frunció el entrecejo en señal de no comprender nada y levantó la mirada muy avergonzada soltando palabras incomprensibles de disculpa y explicando que era ella la única culpable. Mientras se terminaba de levantar, miró un segundo al elfo y se despidió con un gesto de la cabeza, continuando su camino pasillo alante, aunque esta vez con menos prisas.


Dawan entró en el despacho de su jefe aun con un ligero rubor en las mejillas.Antes de que pudiera emitir ninguna palabra de disculpa ya estaba siendo bombardeada con sus gritos.

Se sentó sin más y esperó hasta que se calmó, emitiendo una serie de suspiros prolongados para conseguir tal cosa.

- Que sea la última vez que llegas tarde-concluyó

Dawan estuvó tentada a decirle que no había sido su culpa sino la del hombre rubiales con el que se había chocado en el pasillo, pero prefirió callarse.

- La razón por la que te he reunido hoy aquí es la siguiente:has sido elegida, dada tu gran habilidad en lo que se refiere a misiones de alto standing, y tu discrepción en todas ellas. Lo que voy a relatarte ahora es altamente secreto y por lo tanto quisiera estar seguro de que cuento con tu discrepción.

Dawan asintió levemente con la cabeza.

-Tú como tantos otros atrás habrás oído hablar sobre la historia del señor de los anillos y, seguramente, la considerarás de ciencia ficción. Pues bien, no lo es.

- ¿Perdona?

- Sí, querida Dawan, no es de ciencia ficción.

- ¿Podrías por favor explicarte?

- La tierra media, de la que tanto se ha oído hablar en los libros, es en la que ahora reside la humanidad. Aragorn, realmente, fue Rey de Reyes y también es real la existencia de Arwen, Gimly y el resto de la comunidad del anillo. Por lo tanto, existieron elfos, enanos y hobbits, todo en su tiempo.

- ¿Cómo?

- Supongo que es demasiada información para analizarla en un momento…

- ¿Te encuentras bien?No te has dado un golpe en la cabeza o algo?

- Él negó lentamente con la cabeza

- Conozco un buen psiquiatra por aqui cerca…tal vez él pueda…

- Esto no es ninguna broma, Dawan. Lo que te digo es cierto y tranquila, pero a su debido tiempo recibirás pruebas de su existencia. Déjame continuar. – Dijo al ver que ella volvía a abrir la boca- De echo, esta misma tarde. Como decía, tal vez esta es demasiada información como para que la analices en un momento, pero necesito que pongas toda tu atención a lo que voy a decirte. – Respiró hondo antes de proseguir

- ¿Te has leído el libro?

- Si, claro…

- Entonces, no te contaré toda la historia y podremos ir al grano. Saruman, como bien recordarás, tenía en su poder una de las piedras de Orthanc y cuando Lengua de Serpiente lo arrojó desde la torre ( en el libro segundo, las dos torres, en el capítulo 10, la voz de saruman) y Pippin lo recogió, llegó al poder de Gandalf, quien lo protegió para que no cayese en malas malos y, posteriormente, decidió dejarlo al cuidado de los elfos, que aún hoy lo custodian.

- ¿Elfos!

- Sí, elfos. De echo, tienen mucho que ver con tu misión, más de lo que te imaginas. A lo largo de los siglos, desde la era de los hombres , los elfos han continuado custodiando esta piedra y manteniéndola a salvo y , por supuesto, oculta de nosotros los humanos.

- Dawan, que ya se iba recobrando del primer shock,le interrumpió:

-Pero eso es imposible…En el libro cuentan como los elfos abandonaron la tierra media cuando entró la era de los hombres y…

- Y fue así, para la mayoría. Pero unos pocos permanecieron aquí, ya que temían trasladar la piedra a su tierra, casi tanto como depositarla al cuidado de los hombres.

- Entonces ¿aún hay elfos aquí?


Observar y apuntar…¡Observar y apuntar!Menuda mierda de misión era esa. ¡Con elfos delante!Y encima a mantener la boca cerrada.¿ Elegida de entre muchos por tus habilidades¿HABILIDADES¿PARA QUÉ¿Cómo secretaria¡Anda ya!

De todas maneras sería una verdadera idiota si se tragaba una historia como esa. Si no lo veo no lo creo. Y si lo veo y lo creo, eso significa que…voy a conocer a Legolas!


Legolas se sentó en el asiento que le tenían asignado, aún con la cartera en la mano. Cartera que tendría que devolver luego a la chica con la que se había chocado. Podía también dejarla en recepción, pero prefería dársela en persona…¡no se le fuera a perder!

La gente iba entrando poco a poco en la sala y se iban formando pequeños grupos de personas hablando, los elfos, que eran poco numerosos, evitaban en un principio tener contacto con los humanos y se juntaban con Legolas para observar a las personas que llegaban y comentar sus diferentes impresiones.

Legolas buscaba entre la gente una cara, inconscientemente la de Dawan, quién apareció en ese moemnto por una de las puertas laterales de la sala. Legolas sonrió para sus adentros, debatiendo consigo mismo si entregárselo en ese momento o más tarde, pero fue sacado de forma brusca del debate por una voz, que introdujo la calma en la sala poco a poco.


Dawan desconectó en cuanto la voz comenzó a llegar a sus oídos. Observar y apuntar, observar y apuntar… se repetía para sí misma. ¡Y una leche! Esto prometía ser un pestiñazo. Comenzó a dibujar alguna que otra cosa en los bordes de su cuaderno. De sopetón, una palabra la sacó de su ensimismamiento.

- …los señores elfos- ¿Eins?- que se encuentran aquí a mi derecha- Hay que ver como se lo curran los de la cámara oculta- Porfavor, Legolas, si fuera Ud tan amable…

¡Existen¡EL TÍO RUBIALES¡¡Legolas! Conexión: Legolas era el tío rubiales. Qué bien se me da mi trabajo, soy un hacha relacionando conceptos.

Lo que le extrañaba es que no se hubiera dado cuenta antes, al chocar con él, verdaderamente eso era algo que se distinguía, con esos ojos color ámbar, esa sonrisa, ese pelo largo y…A ver, a ver a ver….¡Basta! Esto es demasiado. Dawan, contrólate, haz uso de tu autocont…¡madre mía que bueno esta! Ningún ser humano estaría tan bueno. ES decir, tiene que ser un elfo…o bien un experimento genético…humm.

Así tenía Dawan sus pensamientos cuando empezó a oír exclamaciones ahogadas en todo lo largo de la sala. En el centro de ésta, una caja vacía atraía todas las miradas; la caja que se suponía tenía que transportar la piedra de Orthanc.

Tal vez un poco más tarde que los demás ella también soltó una exclamación ahogada. Instintivamente miró a los elfos, imperturbables, que extrañamente emitían todo un aura de furia, frustración y…¿miedo?

- Como tantas otras veces los humanos habéis fallado en la misión encomendada, solo tuvisteis la piedra en vuestro poder durante aproximadamente dos horas ‚?Qué son dos horas comparadas con los incontables siglos bajo nuestra protección! Y, sin embargo, aquí esta la prueba de porqué no debe permanecer ni un segundo en vuestras manos.

Tras emitir estas palabras, Legolas se volvió y junto con los demás Eldar abandonó la sala.


¡Ineptos, inútiles, dos horas, solo dos horas y la han robado-esto era lo que le hubiera gustado gritarles a la cara a todos ellos. Pero la verdadera cuestión era ¿quién lo había robado? Se suponía que la reunión se había llevado a cabo en el más absoluto secreto. Sólo una cosa estaba clara: había sido durante el tiempo que estuvo en poder de los humanos.

Apretó aún con más fuerza la cartera que llevaba en la mano derecha, olvidando totalmente su dueña.