Theodore está enamorado de los labios de Pansy Parkinson.

Son rojos y carnosos, siempre con un suave toque de carmín. A veces sueña que Pansy le deja tatuado el contorno rojo de su boca por debajo de la cintura.

Es muy lógico. Su compañera está muy buena y él lleva un mes sin follar.

Pansy, que está sentada en el sillón de enfrente mirando al fuego, se levanta y se acerca a Theodore.

-Oye, Nott. ¿Has visto a Draco?

Theodore se queda mirando sus labios siempre rojos.

-¿Eres su perrito faldero o algo así, Parkinson?-le contesta él con indiferencia.

-¿Y tú eres gilipollas?

-Oye Parkinson, chúpamela.

Pansy, en su ignorancia jamás sabrá que Theodore no bromea. Y que al salir contoneándose por la puerta de la sala común, ha dejado al castaño con la polla tiesa.