Discalimer: Los personajes no son míos, pertenecen a J.K Rowling.
CALEIDOSCOPIO.
3º Capítulo: Investigando.
-¿Malfoy.?
-¿Weasly.?
-Joder.- Se oyó la voz de Hermione desde el salón. No dejó la varita, pero se acercó a la puerta, donde un Draco ataviado únicamente con unos boxers negros, que marcaban más de lo que una mente lucida podía aguantar y un Ron con un abrigo bastante calentito se miraban mutuamente. Uno estupefacto y el otro divertido. Le odió.
-Ron. ¡Que sorpresa.!- Dijo con la voz más falsa que jamás se había oído.
Más estupefacción. Normal, tan solo llevaba la camisa negra de Draco que dejaba al descubierto sus largas piernas.
-Pero pasa, Hombre.- Invitó Draco a Ron quitándose de la puerta. Hermione le mandó una mirada furiosa y él solo se encogió de hombros diciéndola con la mirada que no podía hacer otra cosa. Ja. Claro que podría haber hecho otra cosa. Mirar por la mirilla primero, claro que eso no se les ocurrió a ninguno de los dos. Uno de ellos porque no sabía lo que era la mirilla y la otra porque estaba demasiado preocupada pensando en Azkaban y en unas manos recorriéndola el cuerpo de arriba abajo.
Ron entró en la casa, sin saber muy bien que hacer. Echó un vistazo a Hermione y rápidamente desvió la mirada.
-¿Y bien, Weasly, Qué podemos hacer por ti.?- Preguntó Draco desde la cocina. Se debía estar poniendo los pantalones, y así fue, dado que apareció con ellos en su sitio mientras que ella continuaba con la camisa de Draco. Hizo un ademán de retirada a su cuarto para ponerse algo más... políticamente correcto.
-Yo... lo siento... pero... ¿En que estabas pensando.?- Preguntó Ron a Hermione enfurecido.
La retirada no iba a ser posible, por lo tanto se irguió en toda su estatura y se mantuvo recta.
-¿Ahora.? Pensaba en subir a cambiarme si no te importa claro.
-¿Qué haces con Malfoy.? ¿Te lo estás follando.?
-No creo que eso sea asunto tuyo.- Respondió Hermione suavemente, sin perder el control de si misma y empezar a gritar ella también, aunque poco le faltaba. Draco parecía haber desaparecido, estaba recostado en una pared, como si fuera necesario su cuerpo para sostenerla y les miraba a ambos divertido. Algo que enfurecía más a Hermione.
-Te he hecho una pregunta.
-Y yo ya te he respondido. Y ahora di lo que quieres.
-Nos has mentido.- Acusó Ron a Hermione apuntándola con un dedo.
-Yo.- Ahora sí que gritó.
-Herm, cariño. ¿Qué tal si vas a cambiarte.? Yo mientras preparare un té... o mejor.- Dijo mirando a Ron que le estaba mirando a él con ganas de cogerle del cuello.- Una copa. Es pronto, pero creo que será lo mejor.
Hermione no sabía si darle las gracias o matarle. Decidió no hacer ninguna de las dos cosas e ir a su cuarto a cambiarse, tal y como la había aconsejado, dejando a esos dos que se peleasen entre ellos, si es que se peleaban, y a ella que la dejaran en paz.
-¿Qué quieres.?- Preguntó Draco nada más cerrarse la puerta. Vio le brillo de la sonrisa socarrona de Ron.- Solo tiene ron y licor de Hierbas. La he dicho mil veces que debería tener un buen surtido de alcohol, pero ni caso.
La sonrisa se desvaneció, en cambio apareció en la cara de Draco.
-Yo no puedo quedarme. Solo venía a ver se Hermione estaba bien.
Draco levantó una ceja mirándole con curiosidad, por lo que Ron se vio obligado a añadir.
-Nos dijo que se iba a casa de sus padres y yo pensé que a lo mejor estaba algo deprimida y que no quería salir este fin de semana.
-Sí, bueno, sus padres están en Escocia con unos amigos.-Dijo Draco con una sonrisa recordando, la conversación que Hermione había mantenido con Penélope hacía un par de días de que siempre se le olvidaba dar de comer al maldito loro de sus padres y que cuando llegaba a casa montaba unos escándalos que casi la dejaban sorda.
-Cariño.- Dijo subiendo el tono.- ¿Has dado de comer a Sam.?- Preguntó con inocencia. Inocencia que evidentemente no tenía.
-Mierda.- Sonó la voz de Hermione amortiguada por las paredes que les separaban.
-Siempre se le olvida.- Informó Draco negando la cabeza.- No sé lo que va a hacer con nuestros hijos.
Fue como un jarro de agua fría. Y Draco estuvo a punto de soltar una carcajada, sin embargo, Hermione se llevó toda la atención de ambos chicos cuando salió corriendo de la habitación para ir a la cocina.
-Pues Herm, como has podido ver está bien.- Dijo Draco. Un movimiento muy poco sutil que implicaba que ya era hora de que se largara.
-No lo creo.- Musitó Ron.- ¿Qué hay de esa copa.?
-Pues ahora estamos un poco ocupados, pero si quieres está noche.
-No.- Dijo Hermione que acababa de entrar en el salón y había oído la última parte. Los dos se volvieron hacia ella.- Ya tenemos planes para esta noche. ¿No lo recuerdas.?
¡Ah, Sí.!- Exclamó Draco dándose una palmada en la frente.- Esta noche cenamos con mi madre.
Dando a entender el carácter serio de la relación de ambos, por si la mención de los hijos no lo había hecho.
-Porque con tu padre será algo difícil.- Comentó Ron recordando que Lucius Malfoy, el padre de Draco, se encontraba en Azkaban por su colaboración con Voldemort. Draco se revolvió y rápidamente le miró, sus ojos de pedernal ardían. Tenía la varita escondida en los pantalones y poco le faltaba para sacarla y acabar con ese bufón.
-Lucius no tiene restringidas las visitas. Los fines de semana puede recibirlas.- Comentó Hermione tranquilamente, como si no se hubiera dado cuenta de la tensión que existía entre esos dos.
-Bien.- Dijo Ron.- Entonces ya quedaremos un día de estos. ¿Qué tal el martes.? Luna y yo hacemos una cena esa noche, ya sabes, los amigos.- Dijo recalcando esa palabra.- Sería genial que pudierais venir.
-Será un placer.- Respondió Draco con una sonrisa tensa.
-Hasta entonces.- Ron se fue hasta la puerta y la cerró. Hermione sin decir nada, empezó a echarle encantamientos y hechizos. Después Draco hizo exactamente lo mismo.
Se miraron en silencio durante unos minutos. Hermione bullía de furia, por dentro, pero se negaba a hacérselo saber, si él pensaba que de esa forma se vengaba de Ron o de ella, o que le parecía divertida la situación que lo pensara, ella no iba a dar muestras de las ganas que tenía de agarrarle del cuello.
-¿Cómo sabías lo de mi padre.?- Preguntó Draco mirándola fijamente. No había levantado la voz, nada en su semblante había cambiado. La indiferencia seguía en todos los rasgos de su rostro y aún así Hermione vio como la furia que intuyó en él cuando Ron hizo aquel desafortunado comentario seguía presente en él.
-Cuando le encarcelaron tomaron ciertas cosas de su casa, de vuestra casa, cuando entré a trabajar en el departamento tuve que ocuparme de unos huesos humanos.
Draco no dijo nada tan solo asintió con la cabeza. Pasó el tiempo y él seguía callado, Hermione estaba algo incomoda, por lo que añadió.
-No es que quisiera meterme en tu familia, es que bueno, ya sabes como soy, intento saberlo todo sobre el tema e investigué todo lo relacionado con tu padre.- Draco siguió asintiendo.- De todas formas, creo que ya sabían para lo que servían, supongo que solo era una prueba para ver si era verdaderamente apta para el puesto.
-Bueno.- Dijo él saliendo de su ensimismamiento.- Creo que deberíamos irnos a mi casa.
-¿Por qué.?- Preguntó preocupada. No se fiaba. ¿Por qué era tan terco con la idea de irse a su casa.? En la de ella estaban bien y nadie sabía que se encontraban allí trabajando.
-Sois unos cotillas, dentro de cinco minutos, todos tus amigos se presentaran aquí, y aunque me encantaría recordar viejos acontecimientos, no podemos permitirnos perder más tiempo.
La cara de todos sus amigos tras la puerta se apareció en la cabeza de Hermione. Era una buena razón. A lo mejor estaba equivocada con él. A lo mejor él como ella tan solo quería investigar un poco por su cuenta. No, era Draco Malfoy, no se podía fijar en las apariencias, la entrada en escena de Ron le había dado la excusa que necesitaba, sin embargo, tenía curiosidad por lo que pasaría en su casa, de ver los planes que tenía realmente.
-No hay más que hablar, salgamos de aquí.- Contestó ella por fin con una sonrisa en los labios, Draco se echó a reír.
Cinco minutos después Hermione había cogido un par de cosas para llevarse y la jaula de Sam, por desgracia con Sam dentro y estaba lista para partir. La manera de trasladar los documentos de una casa a otra, en cambio, fue el motivo por el que tardaron más de media hora en salir de casa de Hermione. Gracias a dios, durante ese lapso, nadie apareció por allí. Al final, y con ganas de matarse mutuamente, decidieron dividirse los documentos y que cada uno fuera como quisiera. Hermione en coche hasta la taberna y desde allí andando. Draco apareciéndose y desapareciéndose continuamente hasta que estuviera seguro de que nadie le podría seguir y poder aparecerse en su casa con seguridad. Draco llegó antes naturalmente.
Vivía en un edificio moderno bastante alto. En la tercera planta. Hermione llamó a la puerta con los nudillos y Draco abrió la puerta.
-¿Te ha seguido alguien.?- Preguntó nada más cerrar la puerta.
-No.
-¿Estás segura.?
-Segurísima.
Hermione echó un vistazo a su alrededor. No había mucha diferencia con las casa muggle, aunque eso ya lo sabía. Un pequeño hall, con un armario, un aparador y un espejo. Vanidoso hasta la sepultura, estaba claro que necesitaba mirarse antes de salir de casa, no fuese a ser que no estuviese perfecto. A la derecha una cocina y de frente el salón comedor. Del cual salían tres puertas. Un cuarto de baño, un despacho y su cuarto. Menuda casa. Ni punto de comparación con la suya. Deliciosamente decorada, posiblemente por él mismo. Tenía bastante buen gusto. Ella no tenía tiempo para tenerlo. Todo era bastante espartano. La cocina con mubles blancos acabados con madera, las encimeras de cerámica con mamperlán de la misma madera que el acabado de los muebles, una especie de despensa y solo un fogón, lo normal en el mundo mágico. El salón comedor, tenía dos sofás beiges de cuero puestos perpendicularmente, una mesa pequeña de cristal verdoso, un par de muebles negros, con libros, y algunos artilugios extraños, una mesa con seis sillas rodeándola de madera negra al igual que la mesa y los muebles. Los asientos de las sillas tapizados del mismo color que los sofás. Todo en perfecta sintonía. Entraron directamente al despacho, así que Hermione no pudo ver mucho más.
Tres de las cuatro paredes estaba cubiertas por libros. En el centro una mesa, una silla bastante grande detrás de esta y un par de sillas más pequeñas delante. Detrás de la mesa una ventana con un posadero para las lechuzas y un aparador, probablemente lleno de todo tipo de bebidas alcohólicas y no solo de lo que a él le gustaba. Normal, su casa era por lo menos dos veces más grande que la suya y seguramente se reunía allí con amigos y con otra gente en la que prefería no pensar.
-Bien. Vamos a ordenar todo lo que hemos desordenado porque no te ha dado la gana de ir como las personas normales.- Soltó Draco frotándose las manos y mirando con avidez todos los documentos con ganas de empezar.
-Podrías haber venido conmigo.- Dijo tan solo Hermione con una sonrisa en los labios.
-No sabes manejar una escoba correctamente, no me fío de ti en uno de esos coches muggle.- Dijo con una nota de desdén que Hermione prefirió pasar por alto.
-No sabes si sigo sin saber montar en escoba.- Se quejó ella.
-Lo intuyo.- Y lo peor es que acertaba completamente. Siempre había sido una negada para montar en escoba. Pero Neville y ella se consolaban diciendo que había formas mucho mejores y más rápidas para trasladarse en el mundo mágico.
-Bueno, dejemos mis dote para volar y pongámonos serios.
-Bien. ¿Qué había entre Weasly y tú.?
-Avery. Habíamos quedado que el padre era el único al que le pudo haber llegado el libro, y nos hemos remontado un poco más atrás. Adalbert. Al cual, si lo tuvo, no sabemos como le llegó. Podemos centrarnos en Avery.- Empezó Hermione ignorando la pregunta de Draco.
-No. Ya llegaremos a eso. El Lunes, cuando todo esto esté seguro en el ministerio le haremos una visita a.
-¿A su tumba.?- Preguntó ella con burla.
-No. A mi padre.
-Yo paso de ir a ver a tu padre.
-Y yo que pensaba que te haría ilusión. Aparte, ¿Dónde está ese valor Gryffindor del que tanto alardeáis.?
-Tu padre te contará más cosas a ti solo que si yo estoy presente.
-Mi padre está ligeramente cabreado conmigo porque no estoy en el departamento de relaciones internacionales, que era lo que él quería para mi, por ejemplo. Así que si voy contigo a lo mejor le sacamos de sus casillas y conseguimos algo. Incluso puede que te permita hablar un rato, para ver que tal le sienta.
-Malfoy, deja de hacer como si pudieras darme ordenes.
-Puedo darte ordenes, en este caso soy tu superior.
-Somos compañeros, a ti te han nombrado portavoz y punto.
-Dilo conmigo, es fácil, jefe.
-Explícame por qué estás de tan buen humor.- Exigió ella algo mosqueada por su comportamiento, una mezcla del que tenía para con ella en el colegio y el que tenía con ella en la oficina, cuando tenían que hablar.
-Supongo que ha sido la visita de Weasly y que ahora estemos en mi casa y no en la tuya.- La alusión al tema de la casa volvió a ponerla en acción.
-Dejemos el tema. ¿Qué hacemos.?- Dijo ella por fin.
-¿Estás pidiendo mi opinión.?- Preguntó Draco con una ceja elevada como si no lo creyera.
-Eso parece, así que no desaproveches la oportunidad.
-Quiero ver todo lo que tenemos acerca del bicho.
-No mucho. Sabemos lo que es.- Hermione le miró para ver si quería que leyera la definición exacta de caleidoscopio. No hizo falta.- Sabemos que Flamel fue uno del primero en hacerse con él.
-Sí y también sabemos que se lo robaron. ¿La fecha.?
-1930.- Dijo ella sin mirar ningún informe.- Es la primera noticia que tenemos de él, dice, y cito textualmente.- En ese momento sí que cogió un pequeño libro bastante viejo, al cual trataba con veneración.
-Espera. ¿Qué es eso.?- Preguntó Draco tendiendo la mano para que le diera el libro. Hermione no se lo dio.
-Son los diarios de Flamel.
-¿Y como es que los tienes tú.?
-Me los dejó Dumbledore en herencia.
-Enchufada.- Murmuró Draco, con un tono muy parecido al de Hogwarts, Hermione no pudo evitar una sonrisa nostálgica, había acabado por acostumbrase a sus insultos, puede decirse que incluso era posible que llegara a echar algo de menos pelearse con alguien cuando dejó el colegio.- Me los dejarás, ¿Verdad.?- Hermione elevó una ceja graciosamente, exactamente de la misma manera que él.- Estamos saliendo juntos, al menos me debes eso.
Draco estaba que hervía por dentro. No era el momento para sacar a colación si alguien mas del equipo tenía noticias del dichoso diario, pero se iba a callar no iba a decir nada.
-No ha tenido nada de gracia. Sigo. "A pesar de no haber mirado a través de él, en mi investigación con la Señora Flamel."
-Me hace mazo de gracia como habla de su mujer- Hermione le miró algo molesta por la interrupción. Y él aún seguía molesto, por decirlo de manera suave, el hecho de que nadie tuviera ni idea de la existencia de esos diarios, porque él no tenía ni idea, por lo tanto, el resto tampoco.
-Te en cuenta.- Empezó ella.
-Lo tengo en cuenta, Granger, no soy gilipollas, tenía casi 700 años, pero me sigue haciendo gracia igualmente. ¿Follarían con una sábana entre ambos.?
-Por dios, Malfoy. ¿Quieres centrarte.?- Dijo Hermione empezando a enfadarse.- "en mi investigación con la señora Flamel." -.Le miró antes de continuar.- "Hemos observado como dependiendo de la persona que se acerque el aspecto exterior del caleidoscopio cambia." Bien, es el único que ha hablado de esto. Y es más, nosotros lo hemos probado y el cachivache ese sigue siendo de color azul con estrellas grises. También, después dice que consiguió que uno de sus perros, creo que pod decimoquinto, se acercase al artefacto y mirase a través de él, a pesar de la "reticencia" de este. No pasó nada. Habla durante varias página de él, puedes leerlo si no te fías de mi, pero da vueltas sobre lo mismo una y otra vez, y es el cambio de color. No sabe a que se debe y a cada invitado que va a su casa le lleva hasta el caleidoscopio para ver de que color se vuelve.
-Vamos, que no llegó a ninguna conclusión y muchas personas de la época conocían la existencia del bicho, lo cual resulta más difícil a la hora de saber quien pudo robárselo. ¿Cuánto tiempo dices que estuvo con él.?
-No lo he dicho. 1929. Solo estuvo con él durante un año. Pero empezó a hacerle caso, según esto.- Dijo moviendo el libro en su mano.- cinco meses antes del robo.
-Muy poco tiempo.- Comentó él reflexivo.
-Sí.- concordó ella.
-¿El máximo tiempo que estuvo con alguien.?
-Que sepamos a ciencia cierta. Albus Dumbledore. Tres años. Murió y luego su albacea se lo dio al departamento de misterios, como él quería ocho años después. Es decir, hace dos semanas.
-Ese viejo loco.- Musitó él.
-Ya.- No iba a empezar a discutir con él otra vez.- ¿Por qué ocho años después.? Y ya hemos hablado de ello. No tenemos ni idea.
-Y su albacea era Severus Snape.- Dijo él recordándolo.
-De nuevo.- Dijo ella.
-Sí. Vamos a tener que hacerle una visita.
-¿Podré hablar.?- Preguntó ella con sorna.
-Si él te deja sí. Sino ya sabes que te quita puntos.
-Que gracioso. Era un cerdo.
-Yo me lo pasaba debuti en sus clases.
-¿Debuti.?- Preguntó ella son llegar a comprender como se lo podía pasar bien en esas clases que para ella eran casi un suplicio, no tanto como adivinación, ya que al menos pociones era bonitas, pero un suplicio al fin y al cabo.
-Se pasaba el tiempo quitándoos puntos y yo mientras podía hacer lo que quisiera. De todas formas, seguro que el capullo de Dumbledore tenía alguna razón para llevar ocho años después de su muerte el bicho ese al departamento de misterios.
-¿Ya habíamos hablado con nuestros jefes de casa, antes de que muriera.?- Preguntó Hermione como en otro mundo.
-¿Sobre que hacer en el futuro.?- Preguntó Draco algo extrañando por la pregunta.
-Sí.- Respondió ella solamente.
-No tengo ni idea. ¿Fue en sexto.? Yo creo que fue en séptimo.
-Creo que podría mirarlo.- Draco la miró con una ceja levantada.- Tengo todas las agendas desde el primer curso hasta ahora. Puedo mirarlo.
-¿Y eso que te dirá.?- Preguntó por fin, a ver si decía a que le llevaba la agenda.
-No lo sé. Porque tampoco recuerdo lo que me dijeron. Pero, y si fuera posible que Dumbledore, en vez de enviarlo al ministerio se lo estuviese mandando a alguien.
-No tiene demasiado sentido, sin embargo, primero deberíamos hablar con Severus, él nos podrá mostrar el testamento. Como lo haya quemado o algo me lo cargo.
-¿Qué.?- Preguntó sorprendida por ese comentario tan poco racional de Draco.
-Sí, que por alguna razón, Dumbledore le hiciera quemar su testamento o algo por el estilo, sería algo normal en él.
-No seas rebuscado.- Le riñó ligeramente
-El único rebuscado era él. ¿O tampoco recuerdas que organizó su propia muerte.?
-Solo recuerda que por él no estás pudriéndote en la cárcel.
Draco la miró, ella no apartó la mirada. Se estaban quemando. No llevaban ni veinte minutos en casa de Draco y ya querían matarse. Ella no iba a dejar que él se metiera impunemente con su mentor y él no iba a dejar que le recordase que él, por escoger el bando equivocado, podría estar con su padre pudriéndose en Azkaban.
Todavía dudaba de si mismo. Era cierto que le habían obligado a cargarse al viejo, pero también era cierto que durante ese maldito año Dumbledore estuvo jugando con él. Todo el mundo había bailado al son de la música que el había orquestado mientras estaba vivo, y ahora resultaba que seguía haciéndolo desde la tumba. Y eso le ponía de más mala leche que ese maldito misterio.
-Yo... creo que los dos estamos muy nerviosos, lo mejor sería ceñirnos únicamente a los hechos.
Draco se levantó y salió del despacho. Hermione se llevó las manos a la cabeza. Ya sabía que era difícil tratar con Draco Malfoy, ya sabía que iba a serlo aún más por el estrés que ambos tenían encima, pero a ella misma le costaba repetirse que tenía que pasar de las indirectas que le lanzara ella tenía que dejarlas correr si no querían llegar a las manos antes del lunes. Hermione iba a levantarse y a seguirle, cuando él entró de nuevo con un par de botellines y un recipiente de cristal lleno de aceitunas y otro lleno de patatas fritas.
-¿Quieres un vaso para la cerveza.?- Preguntó. Hermione negó con la cabeza.
-No deberíamos beber ni comer cerca de los documentos.- Draco se encogió de hombros y no le hizo ni caso.- Y mucho menos fumar.- Dijo ella cuando vio que tenía toda la intención de encenderse un cigarrillo. Le cogió el cigarro.
-Granger, por dios, no es momento de tocarme la moral. Es una cerveza y una cigarro. Ni que nos fuéramos a poner ciegos.
-Yo no he dicho nada de pillárnosla, solamente digo que por cualquier accidente nos podemos cargar los informes.
-Dios, con tal de no seguir escuchándote me voy a la cocina.
-Espera, no te vayas, si quieres beber bebe. Si da igual.
-Decídete.
-Quedate y sigamos con esto. Entonces. Tenemos que hablar, con tu padre sobre Avery. Y yo creo que mejor no mencionar a Snape.
-Severus le cabrearía. Sí que deberíamos decirle algo. No que estamos investigando esto. Nos lo pondría más difícil, si cree que estamos haciendo algo por Severus.
-Vale. Tenemos que ir a hablar con Severus, y yo creo que deberíamos ir a casa de David Brewster. Tengamos orden o no.
-¿A que viene tanta prisa.?- Preguntó Draco suspicaz. Hermione se sintió incomoda bajo su mirada, aún así no la apartó.
-No tengo prisa. Es solo que quiero saber si él es el origen o no. Si tenemos el origen seguro que podemos averiguar algo.- Se explicó ella.
-Supongo.- Terció él abandonando el tema.- Sigue con lo que ha descubierto el resto de las personas que han tenido en sus manos el caleidoscopio.
-Vale, pues después del robo, no se vuelve a saber nada hasta Phineas Niguellus Black.
-Eso no puede ser.
-Espera. No he acabado. Phineas murió en 1925 cinco años antes de que a Flamel le robaran el caleidoscopio. Pero es que en el testamente pone.
-¿Cómo sabes lo que pone.?- Preguntó de nuevo mirándola rápidamente,
-¿Por qué estás tan quisquilloso.? Le mandé ayer por la mañana una lechuza a Sirius y le pregunté si podía conseguirme una copia del testamento de Phineas. De él no sabíamos nada, pero Lycoris Black, el nieto de Phineas, del cual sí que tenemos un escrito. Su mujer donó todos sus escritos al museo de historia de la magia.
-¿Quieres llegar a algún lado me estás poniendo de los nervios.?
-No me interrumpas. Pierdo el hilo.
-Y yo los estribos.
-Bien. Lycoris, se hizo con el caleidoscopio, por el dichosos testamento. Suponemos que robándoselo a Flamel, claro que es un supuesto, pero el caso es que se lo dejó a Lycoris cuando este tenía 19 años y el escrito se publicó en 1931. De todas formas, hoy me tenía que llegar el testamento de él.
-¿También Sirius.?- Preguntó con Sorna Draco.
-Nympharoda.- Corrigió Hermione.
-¿Mi prima.? ¿Qué tienes tú que ver con mi prima.?- Al ver que se estaba dejando llevar por lo personal cambió de táctica.- Estás interfiriendo en mi trabajo. Soy yo el que tiene que.
-Sí, ya lo sé. De todas formas, yo estoy en mejores términos que tú con la parte repudiada de los Black, me pueden contar todos sus chismes.
Draco tuvo que admitir eso. Aunque su madre, Narcisa, había seguido hablando con su hermana Andrómeda después de que se casara con Ted Tonks, cuyos padres eran muggles, casi habían perdido toda relación entre ellas, y más aún entre los primos.
-No creía que me estuviera inmiscuyendo en tu trabajo.- Draco le lazó una mirada sardónica dando a entender que no la creía.- El caso es que por esa parte tenemos algo. Pero tú podrías preguntar a tu madre. Puede que se acuerde de cosas que...
-No me digas como hacer mi trabajo.- Soltó Draco de pronto.
-No te digo como hacer tu trabajo. Solo doy ideas.
-Pues deja de darlas.
-Eres insoportable.
-¿Qué yo soy insoportable.? Yo no te estoy aguijoneando sobre como has de hacer tus cosas.
-Estamos juntos en esto. Tú has criticado mi trabajo y yo no he dicho nada.
-¿Cuándo lo he criticado.?
-Has dicho que no soy rigurosa.
-Porque tú te estabas metiendo con mi trabajo.
-No he dicho nada de tu trabajo, tan solo he hecho una observación y es que a pesar de que sabemos algunas cosas y tenemos un montón de datos que no sirven para nada, estamos como hace dos semanas. Es lo único que he dicho. De todas formas si tienes algo que decir acerca de mi forma de trabajar me gustaría que me lo dijeras.
-Deja de utilizar ese tono de marisabidilla conmigo.- Paró unos segundos para darle un buen trago a la cerveza.- Parece que vamos a tener que hablar con la mitad de mi familia. Dios, de vez en cuando me gustaría cambiarla por alguna normal que no estuviera metida en tantos...
-¿Líos.?
-Por decirlo de manera suave.
-¿Seguimos con lo que sabemos del caleidoscopio.?
-¿Tenemos algo mejor que hacer.?
-Bien. Entonces de Lycoris. Lo que dice en los escritos que dejó. Aquí no he hecho nada, los consiguió Koacher.- Creyó oportuno especificarlo.- Es que hace ruidos. Estridentes, melodiosos, pero que no entiende la razón.
-¿Solo dice eso.?
-Sí. Bueno, el tío se enrolla durante cuatro páginas sobre los distintos ruidos. Como son, durante cuanto tiempo y esas cosas, pero vamos que lo que quiere decir es que de vez en cuando le daba por hacer ruido.
-Poco riguroso.- Dijo él mirándola fijamente. Muy poco riguroso para ser ella, lo normal hubiera sido que le dedicase un par de horas a describir cada sonido. Igual había hecho con Flamel y los cambios de color del bicho ese.
-¿Poco riguroso.?- Dijo ella indignada.- Toma.- Dijo mientras buscaba afanada entre las distintas hojas que habían esparcidas por toda la mesa, hasta que encontró lo que andaba buscando.- Los escritos. Y aquí tienes mis divagaciones.- Dijo dándole un buen surtido de folios.- Acerca de la relación que puede haber referente a los ruidos. No saque nada en claro. El cambio de color dependía de las personas que andaban cerca de él, o eso era lo que pensaba Flamel, pero los sonidos que hacía no se sabe a que se debían. Lo he intentado por personas, he buscado en registros el tiempo que hacía en aquella época, si hubo algún fenómeno medio ambiental extraño, he mirado a ver si era por el lugar donde se encontraba... bueno, eso fueron los últimos intentos.- Dijo ella al ver la cara de Draco. Parecía estar a punto de empezar a reírse.- Al principio lo intenté con las cosas típicas.
-Me lo imagino.- Dijo tan solo con una voz bastante extraña. Se había equivocado. Lo que le molestaba era que no había sacado nada en claro, no estaba ocultando nada, excepto que no quería admitir que las horas que estuvo realizando sus investigaciones no habían dado ningún resultado.
-Ríete si quieres.- Dijo ella al final.- Es que me cabrea que la gente piense que no hago bien mi trabajo.
-Es que lo has dicho de una manera...- Intentó excusarse él.
-Acabé medio loca. Te lo digo en serio, estaba a punto de acabar conmigo y no conseguí nada. absolutamente nada. ni una sola razón por la que el maldito bicho ese tuviera que sonar.
-¿Imitar ruidos.?
-No. Eran como pitidos de vez en cuando, otros gritos, o hacía retumbar la casa como un bafle.
-¿Un que.?
-Da igual.
-¿Dónde se encontraba.?
-En casa de lycoris en el desván, donde al parecer guardaba todas sus cosas extrañas.
-¿Y eso lo sabes...?
-Porque su mujer habla por los codos.
-¿Y...?- Instó él a que continuara sabiendo lo que se iba a encontrar.
-Y cuando conseguí los registros la seguí y coincidí con ella.- Dijo ella ruborizada.
-¿La seguiste y coincidiste.? ¿Eso no implica accidentalidad.?- Preguntó mordaz.
-Oh, por dios, de acuerdo, la abordé cuando estaba comprando Acónito.
-¿Y.?- Exhortó él.
-Y nada, comenté que el tiempo estaba empeorando, ella empezó a hablar, pasó del tiempo a que la mujer del ministro le estaba poniendo los cuernos con el jardinero que es veinte años menor que ella y luego yo le dije que era una vergüenza y que ya no había nadie que respetase el matrimonio y ella me dijo que "su Lyco" jamás le habría hecho eso, que era un santo. Muy trabajador, que siempre estaba en su casa antes de las nueve y que si tenía alguna amante estaba en su desván. Yo me extrañé naturalmente y ella se rió y me dijo que le gustaba coleccionar cosas, habló de unas cuantas, en absoluto tomadas como objetos oscuros, pero vamos, que se notaba que se callaba parte, ya sabes lo mal visto que esta que a uno le gusten ese tipo de cosas después de lo de Voldemort.
-Vale, está claro que por mucho que estén definidos los límites del trabajo de cada uno no puedes evitar saltártelos.
-¿Por qué me pusiste allí.? Sería de mucha más utilidad fuera o bien haciendo el trabajo de Gilbert. Odio que te pongan al mando siempre me toca la parte más aburrida.
-Siento no pensar en ti y en lo que te gusta.- Dijo con sarcasmo.- Solo pienso en quien hace mejor su trabajo. Tú haces todo bien, mejor que bien, como siempre.—Dijo con un tono entre la admiración y el desdén.- Podrías estar en cualquier lado haciendo cualquier cosa. Pero me gusta como conexionas las cosas.
-Ya. Lo que pasa es que no ha pasado el tiempo por nosotros y sigues intentando amargarme la vida.
-Claro, no tengo otra cosa mejor que hacer. No me seas cría. Estás ahí porque me gusta. Punto. No hay más. Y porque las pocas veces que has venido conmigo a investigar eres demasiado directa y no sabes cuando callarte.
-¿Y Penélope sí.?
-Sí.
-No, lo que pasa es que te la estás tirando.- Dios, ¿por qué había dicho eso.? Se mortifico ella por ese repentino ataque de...de... lo que fuera.
-¿Qué.? ¿A Penélope.? No me he tirado a Penélope en la ... ah, bueno, sí, una vez, creo, pero fue por lo menos hace dos años.
-¿Y que , tengo que acostarme contigo para conseguir hacer algo interesante.?
-Acostarse conmigo ya es interesante de por si.
Hermione le lanzó una mirada furiosa, algo que le divirtió infinitamente. Tenían trabajo que hacer, y esa estúpida conversación no iba a solucionarles nada.
-Además.- Empezó Draco.- Ya te he dicho que te quiero cerca cuando hable con.
-Ya claro, que hables tú. Porque yo voy a tener que quedarme quieta escuchando.
-A ver, te explico.- Dijo intentando ser paciente.- Te prefiero a ti porque no tienes pelos en la lengua para decirme lo que te parece algo, porque tienes una visión de las cosas completamente distinta a la mía. Porque si yo digo que esto es negro tu me dices que es blanco y hasta me lo razonas, quiero otro punto de vista completamente distinto al mío y no una tía que no para de dorarme la píldora, porque está visto que puedo estar equivocado, y quiero que vengas conmigo. Y si no quiero que hables es porque eres muy evidente y porque no estás acostumbrada a los interrogatorios sin que parezcan interrogatorios.
-Pues lo he hecho muy bien con la mujer de ...
-Dios mi tío-bisabuelo.- Respondió Draco por ella buscando la relación familiar.- ¿Cuántos años tiene esa mujer.?
-Noventa y cuatro. Tu tío-bisabuelo era un asalta cunas, por cierto.
-¿Y sigue saliendo a comprar.?
-Sí, la verdad es que se conserva muy bien.
-Como no sea en formol no sé como.- Comentó él- Bien, ¿Se te ha pasado ese cabreo estúpido.?
-No era un cabreo estúpido.
-Perdón. ¿Hemos aclarado ya las razones por las que pensaba que tu trabajo sería más valioso averiguando vínculos.?- Dijo con mordacidad.
-No sé como te aguantas.
-Años de practica. Sigamos donde nos quedamos, es decir, que entre Phineas y Lycoris estuvo Flamel de por medio.
Eran las dos de la tarde y no se levantaron de ahí nada más que para hacer café y té... varios cafés y varios té. Así que cuando Hermione se estiró en su asiento a las nueve de la noche diciendo que le salían los datos por la cabeza y que nada de lo que leía tenía algún sentido. Draco la miró con una sonrisa indolente.
-Es que esas sillas son mazo de incomodas, están hechas especialmente para que si alguien viene a darme el coñazo tarde poco y se vaya pronto.
-Vaya, muchas gracias, podrías haberlo dicho cuando me he sentado.
-Me acabo de dar cuenta.
-Sí, claro. El suelo de mi casa es mejor que esto.
-Venga, vamos a ver que podemos cenar.
-Ya claro, elude el tema de mi espalda.
-Un masaje a cambio de que dejes de quejarte.
-Pero en condiciones.
-De acuerdo, primero vamos a ver lo de la cena. Estoy muerto de hambre.
De cena no había absolutamente nada, por lo que no pudieron evitar discutir sobre que cenar. Draco insistía en que podían dejar los papeles ahí y salir a cenar por ahí. Hermione le dijo que era una idea descabellada y que a saber lo que le podía ocurrir a los informes mientras ellos estaban por ahí disfrutando de la cena. A lo que Draco le dijo que con tal de no aguantarla durante toda la cena quejándose de él y de los malditos informes cenaban en casa. Y Hermione, algo envalentonada ya, le dijo que salieran a cenar por ahí, pero que si le ocurría algo a toda la información la culpa iba a ser exclusivamente de él. Que si fuiste tú la que sacaste del ministerio los informes. Que si fuiste tú el que viniste a casa a dar por culo. Que si fuiste tú la que no supo engañar a sus amigos correctamente. Que si fue culpa de él el que Ron se pensase lo que no era. Que aunque hubiesen abierto la puerta vestidos como monjas de clausura Weasly habría pensado que se estaban acostando... que si yo te gané en el duelo de tercero. Que si yo al menos sé montar en escoba. Que yo al menos no me tiraba a todo lo que se pasaba por delante. Que eso era normal, que ella estaba demasiado ocupada tirándose a todos los profesores. Que si los de Gryffindor estaban enchufados. Que Snape tiraba más para su casa y que se notaba mazo. Que Potter se la debía chupar muy bien a Dumbledore. Acabaron pidiendo comida china y cenaron en silencio.
-¿Seguimos un rato más con los informes.?- Preguntó Hermione. Draco se encogió de hombros y dejó en la mesa de café el plato de tallarines con gambas.- Si seguimos trabajando lo hacemos aquí. Yo paso de volver a esa sala de tortura.
-¿Te sigue doliendo la espalda.?
-No. Solo era por quejarme.
-Creo que es buena idea seguir aquí. Voy a por las cosas, tú sirve un par de copas de algo.
-Eres un alcohólico.
-Para soportar lo que me queda por delante me va a hacer falta.- Dijo mirándola a ella como si fuera ella la culpable
-Deberíamos dejar a los Black, hasta que no hablemos con ellos no sacaremos nada en claro. ¿Sabes el espejo de Hogwarts.?
-¿En el que te miras y ves lo que deseas.?- Preguntó él.
-Sí.
-Pero no creo el mayor deseo de Flamel sea ver como cambia de color el maldito bicho según quien se acerque a él.
-No, pero puede tener un funcionamiento parecido. Depende de la persona que este cerca haga una cosa u otra. O depende de la persona que lo posea.
-Tú eres la encargada de encontrar patrones.- Dijo él encogiéndose de hombros
-Me parece muy mal por tu parte renegar de esa parte del trabajo.
-Lo hago por ti. Para que te sientas útil, y dado que has estado tanto tiempo investigándolo no soy quien para quitarte el logro descubriéndolo.
-Una manera muy diplomática de hacer que me coma el marrón. Deberías haber seguido el consejo de tu padre y haberte metido a relaciones internacionales.
-No tengo la culpa de ser tan encantador.
-Me niego a contestar a eso.
-¿Insinúas que no soy encantador.?- Preguntó Draco irguiéndose en su asiento.
-Dado que eres mucho más grande que yo no me parece conveniente no estar de acuerdo contigo, así que sí, muy encantador.
-Cobarde.
-Se me habrá pegado algo de las serpiente.
-Golpes bajos no, que con un día y pico a tu lado ya he tenido suficiente.
-Bueno. Para dejar un rato el tema del caleidoscopio en si, ¿Qué tal si hacemos una lista de todo lo que tenemos que hacer.?
-¿Una lista.? No hay nada que hacer.
-¿Ah, no?
-¿Qué.? ¿Ir a ver a Snape.?- Preguntó con sorna.
Hermione sacó una agenda y un bloc de notas de la cartera de piel negra que siempre llevaba consigo. Y se dispuso a tomar nota de todo lo que acordaran.
-¿Qué día.? ¿A que hora.? ¿Qué le vas a preguntar.? ¿Qué esperas que responda.?
-Me cago en la puta. Se me había olvidado quien era Hermione Granger después del caos de tus notas.- Dijo señalando vagamente con la mano el barullo de informes que había en su despacho.
-¿Y como soy.?- Preguntó ella desafiante.
-Extremadamente... perfeccionista. Y no, no es un cumplido.- Dijo antes de que Hermione pudiera abrir la boca para contestar.- Te diré lo que vamos a hacer. El lunes por la mañana temprano llevamos los informes al lugar que corresponde. Pongo a Penélope a trabajar en tu lugar y tu y yo cogemos el tren de las doce a Hogsmade. Hablamos con Snape. Después tú iras a visitar a tu querida ex profesora de transformaciones, le dirás que has ido para hacer unas preguntas conmigo a Snape y después te interesarás por su vida y como le va en su nuevo cargo.
-Ya no es nuevo.- Corrigió Hermione.
-Estarás en su despacho, así que echarás un vistazo a todo lo que haya por allí, cosas que te suenen que había en el despacho del director cuando Dumbledore estaba vivo. Ya montaré algo para que ella tenga que salir del despacho a atender algún asunto urgente y tú podrás inspeccionar más a fondo. Después nos vamos a mi casa o a la tuya a comer y ponemos en orden todo lo que hayamos descubierto.
-Si es que descubrimos algo.- Añadió Hermione.
-Mi madre el Martes por la mañana. No tenemos nada en el ministerio, así que tengo tiempo para ir a hacerla una visita. Tú irás a ver a los Tonks.
-Remus y Tonks están casados y viven en su propia casa, no pinto nada en casa de sus padres.
-Inventate algo para poder hablar directamente con mi tía. Por la tarde a escocia. A visitar la casa de Brewster. Tenemos de tiempo hasta el sábado. Iremos a ver a mi padre el domingo.
-El martes por la noche tienes una cena a la que dijiste, y cito textualmente "será un placer ir."- Recordó con una sonrisa de superioridad. Él había quedado en cenar con Ron que lo solucionara él.
-Escríbele una nota diciéndole que nos es imposible asistir.
-¿Yo.? No. Tú decidiste que todos mis amigos se enteraran de que estamos saliendo juntos, tú te encargas de este lío.
-Muy bien, escribiré yo la maldita nota.
La alarma de que alguien se encontraba cerca de la casa sobresaltó la varita de Malfoy. Draco la miró. Ella le miró a él.
-Ni se te ocurra volver a desnudarme.- Dijo ella.
-Debe ser Blaise.- dijo tan solo antes de levantarse e ir hasta la puerta a quitar su porción de hechizos.
Hermione fue hasta el despacho. Cerró la puerta con varios encantamientos y volvió al sofá donde había estado sentada con una serena expresión desde donde quitó con movimientos indolentes de su muñeca el resto de hechizos que bloqueaban la puerta.
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Bueno, acabo de volver de un examen y me he puesto a revisar el capitulo, por lo tanto encontraréis fallos a mansalva y creo que la parte en la que intento explicar algo acerca de Phineas y Lycoris está bastante liada, si tenéis algún problema la reviso y la cambio para que quede más clara. Lo único es que de las manos de Phineas y a pesar del testamento el caleidoscopio acaba en manos de Flamel y la siguiente noticia que tienen es que llegó a manos del heredero, Lycoris.
Lo sé, acabo el capitulo con otra puerta. Soy mala y malvada, pero ya os anuncio que el siguiente capi no acaba con otra puerta.
Siento haber tardado tanto en subirlo, pero es que estoy en una época mala con ganas, y no he encontrado tiempo en toda esta semana para subirlo.
Bueno, chicos, lo dicho que si tenéis dudas y demás ya sabéis donde escribir.
Un beso muy grande y gracias por seguir leyendo.
