Disclaimer: Los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling.

CALIEDOSCOPIO.

5º Capitulo: Revolviendo el pasado.

-¿Quieres que pruebe antes tú café para que veas que no está envenenado.?

Draco acababa de salir del baño ataviado de nuevo con una toalla anclada a sus caderas haciendo estragos en el cuerpo de Hermione y haciendo que se ruborizara otra vez.

-Da igual que lo pruebes, eres inmune. Voy a cambiarme.

Hermione negó un par de veces con la cabeza divertida y siguió echándole un vistazo al profeta que había llegado tan solo unos momentos atrás. Nada interesante. Quejas contra el ministerio, como siempre. Quejas contra Gringots, más de lo mismo. Viaje del ministro de Francia a Inglaterra, más quejas sobre el dinero gastado en la recepción.

-Imbebible, lo que yo decía.- Hermione levantó la vista del periódico, llevaba unos vaqueros negros y una camisa negra también, la verdad es que le sentaba bien, le daba un aspecto algo siniestro y misterioso, y no podía quitar la vista de su cuerpo.

Cerró el periódico.

-¿Por donde empezamos hoy.?- Preguntó bastante animada.

-Yo me pillaría un pedo considerable para ver si se me va de la cabeza el bicho ese.- O tú. Añadió para sus adentros.

-Son las diez de la mañana.- Comentó Hermione con una pequeña dosis de reprimenda.

-Quien sabe, a lo mejor borrachos como cubas encontramos algo que habíamos pasado por alto.

-A lo mejor borrachos como cubas nos da por quemar los informes. Así que nada, a trabajar.

-Ya lo imaginaba. Nada de alcohol. De acuerdo. De todas formas, me alegraré cuando todos esos pergaminos estén de nuevo en el ministerio y con miles de candados mágicos.

-Yo creo que deberíamos echarle un vistazo a las pruebas que ha realizado Perkins.- Hermione se levantó del sofá dispuesta a empezar mientras Draco se sentaba.

-¿Algo interesante en el profeta.?- Cambió de tema.

-No. Venga vamos a trabajar.

-Dios, Granger, ni siquiera me he acabado el café.

-Te lo puedes acabar en el despacho.

-¿Cómo te aguantaban Weasly y Potter.?

-No lo hacían.

Draco levantó una ceja.

-Soy muy persuasiva.

-¿Les amenazabas.?- Preguntó Draco gratamente sorprendido.

-No, por Dios.- Exclamó ella indignada.

-¿Te los tirabas.?- Preguntó Draco a punto de matar a alguien.

-Malfoy que no soy tú. Solamente era un poco persistente.- Respondió ella riéndose.

-Pesada.- Afirmó él.

-Me gusta más persistente.- Dijo ella con una sonrisa en los labios.

-O terca.- Volvió a la carga. Bien, se había vuelto gilipollas. Cuarto de hora en la ducha diciéndose que iba a conseguir que ese día todo volviera a la normalidad entre ellos y lo único que hacía era decirle defectos, con casi ternura y un tono burlón. De esa forma no iba a llegar a ningún lado.- Será mejor que nos pongamos con Perkins. Mira que es raro el tipo ese.

Seis horas. Seis horas metidos en ese maldito cuarto, con una banqueta de la cocina como asiento las dos primeras, y las siguientes en el suelo, mientras ese cerdo egoísta que tenía como compañero seguía detrás de la mesa en su magnifico sillón de cuero negro. Miró la varita por vigésima vez en los últimos tres minutos. Sentía ganas de matarle, de lanzarle cualquier hechizo, aunque fuera un escupe babosas, cualquier cosa.

-Me cago en la puta de oros este tío es gilipollas.- Tal sarta de comentarios soeces hizo que Hermione le mirase con otros ojos.

-¿Qué pasa.?

-Este cabrón le ha echado ácido sulfúrico al maldito caleidoscopio.

Hermione abrió los ojos hasta que estuvieron a punto de salirse de sus orbitas. Se levantó rápidamente y fue a echarle una ojeada al pergamino que él tenía en sus manos.

Cuando llegó a él le arrebató violentamente el pergamino.

-¿Dónde.?

Draco con la misma delicadeza que ella le quitó su pergamino

-Aquí.- Señaló.

-Me has dado un susto de muerte.- Dijo ella dándole un pequeño capón.

-Me estoy volviendo loco.- Dijo él llevándose las manos a la cabeza. Anhídrido sulfúrico, eso era lo que había echado y no ácido sulfúrico. Definitivamente le estaba fallando el subconsciente.

-Si acaso ciego.

-Será mejor que lo dejemos por un tiempo. ¿Qué te apetece hacer.?

-Sacar algo en claro.- Dijo ella ofuscada volviendo a su sitio en el suelo.

-Por dios, Granger, vamos a hacer algo que no tenga nada que ver con este maldito despacho, unas cartas, un ajedrez, lo que sea.

-¿Te vas a poner pesado.?- Preguntó ella con el mismo tono burlón que había utilizado él por la mañana.

-No sé con que gente te relacionarás tú, Granger, pero yo no he sido pesado en mi vida. Firme, si acaso.

-Me encanta que suavices la verdad. Que dirías si te dijera que eres un cínico y un arrogante.

-Me voy a tomar una copa, si insistes en insultarme al menos que este borracho.- Draco empezó a palparse los bolsillos del pantalón.- ¿dónde he dejado mi paquete de tabaco.?

-¿No decías que habías dejado de fumar.?

-Sí, bueno, es que una copa sin un cigarro no es lo mismo.

-Vamos que no lo habías dejado.

-Sí que lo había dejado.

-Excepto cuando bebes.

-Granger, metete los sermones...

-Vale, vale, no hay que ponerse así.

-Ya tengo a mi madre oliéndome cada vez que entra en casa.- Murmuró.

Salió de la habitación con paso seguro y elegante, como todo en él, a pesar de la declaración bastante vergonzosa dada su edad que acababa de hacer. Hermione dirigió la vista a los documentos negando con la cabeza con una sonrisa en la boca.

-Te juro que jamás he odiado tanto mi casa.

Acababan de terminar de cenar y para variar todo lo que habían hecho durante el día había dado unos resultados nefastos. Si alguien del departamento les había ocultado información estaba claro que se había deshecho de los informes y pruebas pertinentes.

-Te la cambio por la mía.

-Granger, ni por mi madre me voy a vivir a un barrio muggle. Y menos aún si el apartamento es tan pequeño como una ratonera.

-Si vas a hacer mención a algún mote del pasado te mato.

-¿Qué.?

-Ratonera. Rata de biblioteca, pelo de rata... supongo que habría alguno más.

-Dios, Granger, has mejorado con el paso del tiempo, ahora ya ni siquiera me tengo que molestar en insultarte.

-Yo jamás osaría molestaros mi amo y señor.

-Eso tiene connotaciones sexuales.

-Por Dios, sal y desfogate.- Dijo Hermione entre risas.- No puedo más. Estoy llena y cansada.

-Creo que no me acuesto a las diez de la noche desde que tenía diez años.

-Ya serán más. Y me da igual, estoy tan cansada que pretendo dormir como un bebe.

-Vale, una copa y una partida de mus y a la cama.

-Dios, deja la bebida.

-¿Me has visto alguna vez borracho.?

-Sí.

-¿Sí.?

-En la cena del departamento de cada año.

-¡Ah! Pero esas son ocasiones especiales y nunca he acabado demasiado mal.

-Acabaste encima de la barra de la discoteca con dos tías.

-¿Una eras tú.?

-Gracias a Dios, no.

-Ya lo solucionaremos en la próxima cena.

-Ni borracha.

-Lo que tú digas, Granger. ¿Una partidita.?

Hermione echó un vistazo a la puerta del cuarto de Draco con pesar y después le miró a él con cara de querer matarle.

-Vale, pero una sola, que mañana tenemos que levantarnos temprano para llevar todo eso.

La partida se convirtieron en varias, exactamente las partidas necesarias para que Draco ganara. La niña tenía una potra increíble con las cartas, menos mal que después de la segunda vaca ganada el alcohol empezó a hacerle efecto y dejó de ganar. Evidentemente él tenía una mayor tolerancia al alcohol.

-Espera, esta me la bebo yo.- Dijo él cuando vio que la copa que se había echado distaba mucho de los dos dedos de alcohol que hasta ese momento se había echado.

-¿Por qué.¿Estás insinuando que no sé beber.?

-No lo insinúo, lo digo directamente, ahora sé porque solo bebes en la cena y en las copas te pides zumos.

-San franciscos.

-Mucho más cosmopolita, por supuesto.

-No es por eso, es porque me gusta.

-De acuerdo, Granger, vamos a la cama.- Dijo con un tono que claramente indicaba sexo, pero que ella no lo notó.

-¿Cuánto vamos.?- Preguntó ella repartiendo.

-Has perdido.- Dijo él.

-Entonces seguimos jugando.

-Muy bien, en ese caso has ganado.

-Malfoy, no soy estúpida ni tengo una memoria a corto plazo de dos segundos, así que juguemos otra. Voy a servirme otra copa. No sé lo que he hecho con la mía.

-Ya voy yo.

Draco se levantó del sofá y se fue a la cocina para servirle una copa basada en coca cola únicamente. Lo había intentado hacer antes delante suyo, pero no había quien la engañara. Así que decidió ir a la cocina a servírsela.

Dios mío, cuando empezaron a jugar no sabía que iba a acabar con ella, solo quería jugar una partida tranquilo, con una copa y desquitarse de todo el día. Pero la verdad es que, se lo había empezado a pasar bien. Hermione no recordaba la mitad de las reglas del juego, así que las dos primera manos decidió que fueran de prueba. Y comprobó que Hermione era capaz de reírse de su propia ineptitud, ineptitud al principio, porque después de esas dos empezó a darle un paliza que no lo habían dado nunca. Era posible que no estuviera todo lo concentrado que hubiese debido, pero cada dos por tres su mirada se dirigía a ella, y no para intentar entrever que cartas llevaría. No. Era su sonrisa, la manera de fruncir el ceño, cuando se mordía el labio inferior, la forma en la que de vez en cuando se recogía el pelo en una mano, como se echaba atrás en la silla después de haber mirado las cartas, como se inclinaba sobre la mesa de modo seductor cuando la apuesta era alta, como ampliaba la sonrisa cuando ganaba, algún que otro guiño burlón. Estaba fascinado. Completamente hechizado, empezó a darse cuenta de cosas que no había visto en ella en su vida, y la conocía desde los once años, con un lapsus de tiempo de unos años. Se había quedado con una sangre sucia y no había pasado de ahí. Todo cambió ese último curso.

Dios, cada vez que se ponía a pensar en el pasado la cara de ese viejo le venía a la mente. Dieciocho años. Dieciocho años siendo una maldita marioneta. Primero fue su padre con todas sus teorías por las que habría que acabar con los muggles, por las que los magos nacidos de muggles eran inferiores a los que tenían un gran linaje de magos. Fue traicionado. Traicionado por la persona en la que había puesto su confianza en que acabara con todos esos bastardos, como él los llamaba. Utilizado, aunque mucho menos sutilmente por el mismo Voldemort. Envió a un niño a enfrentarse con el que era su peor enemigo, Dumbledore, amenazando con matar a su madre si no lo conseguía. Se miró el brazo izquierdo. Aún tenía la marca. Aún sentía el dolor lacerante. Al principio se había vanagloriado de haber sido elegido por el mismo Voldemort para encargarse de una de las misiones más importantes. Pronto comprendió lo que ocurría. No podía matar a su padre, le mataría a él.

Sabía que no podía, que era incapaz de matar a Dumbledore, quizás si le hubiesen mandado matar a alguien por completo desconocido habría conseguido hacerlo. Pero sabía quien era él. Había estado varias veces en su despacho. Sobre todo ese último año. Le conocía. Le caía bien incluso. Estaba algo loco, y parecía adorar a los mestizos, pero aún así no se veía capaz de matarlo. No solo era porque él fuera más poderoso que él, infinitamente más poderoso, sino porque la conciencia salió a relucir ese último año. No podía matarlo, lo sabía, pero tampoco podía no hacerlo, ya que sino mataría a su madre, sangre de su sangre.

Un año de tormento, preocupación y temor para nada. Un año en el que sus amigos no le podían ayudar, un año en el que había confiado en la única persona, si es que se la podía llamar así, en la que realmente sabía que podía. Un maldito fantasma con él que nadie hablaba, una evasión de su mente, de su tortura mirando a través de la tortura de otra persona.

Cuando por fin se enfrentó a Dumbledore, cuando le miró a la cara, cuando vio a ese pobre y viejo decrépito todas las palabras que se había ido diciendo durante todo el año, infundiéndose valor, no sirvieron para nada, le miró a la cara y el mundo se deshizo bajo sus pies. No tenía porque hacerlo, le había dicho. Claro que tenía que hacerlo. La vida de su madre dependía de él y era la mejor ocasión, estaba herido y débil, le tenía bajo control. Podía haber acabado con él en el momento que entró en la habitación. Pero no pudo. Retrasó el momento, o puede que lo hiciera él, porque a medida que pasaron los días, las semanas y los meses tras esa noche trágica descubrió que él no le tenía bajo control, que como esos dieciocho años él seguía siendo la marioneta de alguien.

Cuando aparecieron los otros mortífagos la presión fue aún mayor, le decían que lo matase, y él solo podía ver esos dos límpidos ojos mirándole con la sabiduría acumulada a lo largo de los años esperando con serenidad su muerte.

Todo fue demasiado rápido. De repente se vio empujado. Dumbledore muerto, él corriendo con Snape.

Un casa. Una casa pequeña en nada parecida con la mansión Malfoy. Y de nuevo manipulado. Severus Snape, su padrino era un maldito traidor a la causa. Solo que él no lo supo en ese momento. Le mantuvo cautivo durante meses diciendo que Voldemort aún no sabía que hacer con él y que era mejor que permaneciera oculto. Él hizo lo que se le dijo. Meses escondido en una maldita cabaña esperando que la puerta se abriera y que la furia de Voldemort apareciera tras ella. Cada noche los ruidos le despertaban con una opresión en el pecho descomunal, si no lo hacían los ruidos lo hacía su propia muerte a manos de Voldemort en sus sueños. Durante todos esos meses la marca parecía hervirle la piel, el dolor era insoportable, sobre todo porque él nunca acudía a las citas con Voldemort.

Snape. Le odió. Por su culpa su madre iba a morir, era él quien tenía que acabar con Dumbledore, las ordenes eran muy precisas en ese aspecto. Snape intentó calmarle, le dijo que como Dumbledore finalmente había muerto no iba a tomar represalias contra su madre, que se hallaba cómodamente en la mansión Malfoy. Él no podía creerlo, tenía que verlo con sus propios ojos. Meses llenos de preocupación, esperando la muerte en cualquier momento.

Sus días empezaron a amontonarse, unos tras otro la misma rutina. Snape desaparecía a primera hora del día. Él hacía la casa, todo sin rastro de magia, Granger se habría quedado sin palabras por una vez en su vida. Hacía la comida, la cual no era digna de mención. Y después estudiaba uno de los múltiples libros que había en esa maldita cabaña. Snape llegaba después e iban hasta un río para practicar, para que le enseñara como le había enseñado su padre desde que tuvo la facultad de hacer magia. Y después, durante la cena, Snape le interrogaba disfrazándolo de conversación.

Seguía convencido de que la lucha por la causa de Voldemort era correcta, sin embargo, ya no estaba tan de acuerdo con sus métodos. Le abrió los ojos. O le manipuló hasta que él pensó que la lucha de Voldemort no tenía sentido. No tenía sentido el odio hacia personas que ni siquiera conocía. Por dios, si llevaba años relacionándose con mestizos. Blaise era mestizo. Naturalmente, en la casa en la que Blaise estaba jamás se le ocurrió decir nada de Voldemort ni decir en que bando estaba. Nada. No se mojó ni entonces ni después. Normal. Blaise era tan buen mago como cualquier otro. Por dios, si la mejor alumna era una mestiza. Todo lo que hasta ese momento había tenido como seguro se empezó a desmoronar. No se lo podía decir a Severus, un reconocido mortífago. Así que cuando la lucha comenzó, de la manera más brutal él estuvo en el bando de Voldemort en el callejón Diagon dispuesto a salir a la luz por fin y dar la cara. El bando le eligió a él. Una maldita cría llorando desconsoladamente en mitad del caos y la destrucción. Una maldita niña de seis años y todo su mundo derrumbó antes sus ojos. La llevó a San Mungo, en ese momento lleno de heridos. Gente inocente. Tanto mestizos como puros. Todos. El caos, el llanto, los gritos. Gente corriendo de un lado a otro, gente tirada en el suelo mirando al infinito, gente llamando a sus familiares, gente pidiendo a gritos socorro, gente exigiendo una respuesta por parte de los médimagos, gente pidiendo respuestas, intentando saber si sus seres queridos estaban vivos. Y él en medio de ese caos de la mano de esa niña

Se enfrentó a él en la cabaña. Creyó enfrentarse a él. Le dijo que no podía seguir los pasos de su padre, le dijo que no iba a hacerlo y que nadie le iba a hacer cambiar de opinión. Una vez más estaba apuntando con su varita a un conocido, a alguien querido, que había formado parte de su vida desde que él tenía uso de razón.

Snape estaba de pie en la puerta, con una expresión insondable en la cara. Pasó cerca de él y se sentó en el sillón de piel marrón que él solía utilizar, cruzó las piernas y le miró con esos ojos oscuros como pozos.

-No pretendo hacerte cambiar de opinión.- Dijo con voz serena. Otro que estaba apuntado con una varita y no perdía los nervios. Él la bajó rendido, sin saber que hacer cuando la luz se abrió paso en su mente. Era un traidor. Un traidor que había matado a Dumbledore. Claro, que no tenía porque haberlo matado y solo fingirlo.

-Siéntate.- Le ordenó.- Hay algo que debes saber.

-¿Qué eres un traidor.?

-Muy perspicaz.- Respondió con el mismo sarcasmo que él había utilizado al hacer la pregunta.

Draco se sentó enfrente suyo y le escucho durante horas. Dumbledore. Ese maldito cerdo había utilizado a todo aquel que se cruzaba en su camino. Debía morir, eso fue lo que le dijo a Snape el día que se enteró del juramento inquebrantable. Dumbledore había empezado a montar su muerte y le había dicho a Snape que si él no era capaz de matarlo el mismo Snape tendría que hacerlo. Dumbledore le había apoyado cuando nadie lo había hecho y Snape se negó, pero acabó accediendo. Si todo ocurría como Dumbledore esperaba, Snape tendría que hacerse cargo de él, sondearle, convencerle de que estaba equivocado, hacer que trabajara para la orden. No le había resultado muy difícil. Ordenes. Había dejado ordenes para él. Seguía con su batuta gobernándolos a todos incluso después de muerto. Sabía que Voldemort desconfiaba de Snape y necesitaban a otro espía cerca de Voldemort que se ganara su confianza. Y él accedió. Accedió a seguir en ese lugar en el que cualquiera te podía apuñalar por la espalda. Le metió en la boca del lobo. No iba a estarle agradecido por ello.

Voldemort necesitaba una prueba de su fidelidad. Aún sentía el miedo que se había apoderado de él cuando se presentó ante su amo. Una prueba. Una niña. Esa maldita niña. La vida de esa niña. Acabó con ella y parte de su alma inmortal se perdió con ella. Sus ojos cristalinos por las lagrimas estaban clavados en él y él solo podía matarla. Egoísta, debía haber dado su vida por ella. Habría muerto de todas formas, aunque no por sus manos.

Algunos han de sacrificarse por el bien de todos, las palabras de Severus cuando se quedaron a solas en la sala aún seguían presentes en su vida. Esa fue la primera de muchas muertes. Mató tanto a gente inocente como gente del grupo al que decía pertenecer, gente que estaba encima suyo y que no se fiaba de él. Mató a muchos y maduró de un día para otro. Le asqueaba la vida que llevaba, siempre rodeado de traidores, siempre rodeado del olor a sangre que parecía no irse. Siempre poniendo buena cara a las ordenes de un loco y actuando a sus espaldas.

El miedo dejó de existir. No tenía miedo a la muerte, es más la esperaba con ansias con cada asesinato que perpetraba y eso le convirtió en un instrumento mejor para Voldemort que empezó a confiar ciegamente en él. Gracias a eso la orden del fénix estaba al tanto de todos los ataques. Pasado ese año era incapaz de saber a cuanta gente había llevado a su fin.

Todo sucedió con suma rapidez. Coincidieron con ellos. Con el trío de oro. Los tres acabando con el último Horrocrux rodeado por una decena de mortífagos. Él cubría la retaguardia, y menos mal que así había sido.

-¿Qué tenemos aquí.?- Esa fría voz que aún era capaz de hacerle temblar hizo que sus tres compañeros de colegio se volvieran rápidamente con lo los ojos muy abiertos.- Supongo Severus que querrás estar cerca de ellos.

Naturalmente Voldemort sabía que Snape era el traidor, lo que no comprendía era la razón por la que no había acabado con él antes. Eso les había venido de perlas, porque era a través de Snape por lo que la orden del fénix se enteraba de lo que ocurría en el otro lado.

-Él es mío.- Indicó Voldemort a los suyos refiriéndose a Potter. Nadie dijo nada, todo el mundo tenía muy claro que la lucha sería entre ellos y nadie más.

-Por fin das la cara.- Como no Potter con toda su arrogancia creía poder acabar con él. recordaba como lo había mirado como si se hubiera vuelto loco. Pero todo cobró sentido cuando empezó a echarle en cara todo lo que había hecho. La muerte de sus padres, de Dumbledore, de Sirius, de amigos del colegio. Todo. Mientras que Granger se movía lentamente hacia el horrocrux, y mientras Weasly se ponía con bastante disimulo delante de ella. Mientras Snape tomaba posición cerca de Potter. Y él en la retaguardia. Eran menos, pero bien colocados.

En su furia, o en su intento de furia Potter empezó el ataque contra Voldemort. Granger se puso de lleno con el Horrocrux mientras Weasly la cubría las espaldas del mismo modo que Severus hacía con Potter y él iba acabando con todo aquel que tenía en su frente. Goyle fue él que se dio cuenta de que había otro traidor. Goyle fue él que se giró y le miró a la cara primero con asombro y después con rabia. Ya había acabado con tres. Weasly con uno y Severus con dos, mientras Voldemort seguía inmerso en su lucha. Todo pasaba demasiado rápido, él ni siquiera tomaba conciencia de a quien atacaba. Granger profirió un grito indicando que se había deshecho del último de los horrocrux.

La túnica de Voldemort deshizo y una gran cicatriz luminiscente apareció en su torso deshaciéndose por fin de un pedazo más de su lama si es que alguna vez la tuvo. Todos se quedaron mirando, incapaces de salir de esa ensoñación mientras veía como se apagaba la luz con un grito ensordecedor en los labios de Voldemort.

-Aún así no podrás acabar conmigo.- Su voz fría y viscosa. Jadeaba, sudaba. Había sido un gran golpe para él y estaba debilitado. Muy debilitado.

La lucha comenzó de nuevo como si nada hubiera ocurrido, solo que en ese momento eran todos los que protegían a Potter, ya que a pesar de las ordenes que había dado Voldemort al principio de la contienda los cuatro mortífagos que quedaban estaban intentando acabar con Potter. Crabbe cayó a sus manos y Goyle, herido en el suelo mirándole con los ojos inyectados en sangre se arrastró en busca de una varita para poder acabar con su vida. Él lo sabía. Lo veía arrastrarse. Prefirió no hacer nada. prefirió dejarle seguir.

Se puso al lado de Snape y en ese momento Voldemort tomó conciencia del verdadero traidor. La venganza, su sed de sangre le mató. Cambió el rumbó de la varita y le apuntó, en ese momento Potter con un Adavra acabó con su vida antes de que pudiera decir una sola vida.

Se volvió hacia Goyle, que mantenía una varita en su mano temblorosa.

-Yo que tú la dejaba de nuevo en su sitio.- Dijo él con una voz demasiado suave. Goyle miró a su alrededor. Tan solo quedaba él y estaba herido. Tiró la varita lejos de él y se desplomó.

La atención estaba puesta en su persona. Tan solo Severus sabía para donde tiraba él. Los otros le miraban sorprendidos.

-Así que al final el hurón ha cambiado de bando.- La voz de Weasly le sacó de su ensimismamiento, dejó de mirar el cuerpo de Goyle tirado en el suelo inconsciente y se volvió hacia todos ellos. Estaban destrozados. Los cuerpos de todos heridos y sangrando. Granger se estaba convirtiendo en piedra y tenía la camiseta medio desgarrada, el pelo espantosamente enmarañado y un corte en la mejilla. Weasly con una herida en el brazo que no paraba de sangrar copiosamente. Él que mejor aspecto tenía era Potter, que excepto un par de rasguños había conseguido eludir todos los ataques, sin embargo, el combate había hecho mella en él y parecía a punto de perder el conocimiento en cualquier momento.

Él le quitó el hechizo a Granger, acto seguido recompuso sus ropas con un hechizo no verbal y se quitó una mota inexistente de la manga de su túnica.

-Yo iría a que me arreglaran el pelo Granger, tienes un aspecto horrible.

Vio como ella se llevaba la mano al pelo en un gesto inconsciente antes de que él con un simple adiós se despidiera y desapareciera.

Había cambiado mucho de aspecto desde esa vez que la viera, algo normal, ya que habían pasado siete años desde entonces. Todavía podía ver la cara de incredulidad de esos tres. Sonrió sin darse cuenta. Recordaba perfectamente como al día siguiente Snape se había aparecido en la cabaña. Le miró con odió. Normal, le había dejado solo con esos tres. Había tenido que explicar que Dumbledore había muerto porque él lo había decidido así y que si querían confirmarlo tendrían que hablar con Lupin. Potter al parecer se había puesto echo una furia cuando entendió todo, algo que al parecer le costó. Pero al final le había dejado irse a su casa a descansar mientras ellos se iban a la suya. Y la vida comenzó de nuevo, con recuerdos, demasiados recuerdos.

Negando con la cabeza Draco se volvió con la copa al salón. Hermione se había quedado dormida. Tenía la cabeza medio colgando del sofá y el pelo cayéndole en cascadas hasta el suelo, una mano por detrás de la cabeza y la otra sobre su tripa aferrando el mazo de cartas, las piernas estiradas en el asiento que él había ocupado antes. La miró. Paz. Su rostro se había dulcificado y parecía menor de lo que era. Con un chasquido de su lengua supo que había perdido la batalla y que era incapaz de dejarla ahí tumbada, así que con mucho cuidado pasó un brazo por debajo de sus piernas y el otro por de sus brazos. Cuando la elevó ella se despertó. Le miró con esos ojos grandes y curiosos. Sonrió. Una sonrisa que le heló la sangre.

-Has perdido la partida.

Y realmente la había perdido.

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"Cerró la puerta de su habitación con un pie". Final alternativo para heredrha hasta las narices de tanta puerta, al igual que la frase creo que plagiada completamente "definitivamente le estaba fallando el subconsciente" por un review anterior, hasta Draco comete fallos; mejor, así se acerca un poco más a nosotros ¡Oh, pobres mortales!

Bueno, hola de nuevo.

Vamos a ver, capitulo extraño, lleno de recuerdos, que puede llamarse como otro más de transito. Sí, ya lo sé, a ver cuando pasa algo interesante. El capi en el que ocurre esto ya esta escrito, así que no tendréis que esperar tanto... es un m así que lo estaréis esperando.

A lo mejor os parece un poco crudo, o me he puesto demasiado seria, no sé, la verdad es que me ha gustado como me ha quedado, no como el siguiente, que me ha costado la vida acabarlo, tengo tres versiones del mismo capi. En fin, momento de colapso, que se le va a hacer.

No sabía si subir este capi o no, si poner la historia de Draco poco a poco en conversaciones y algún que otro pensamiento o como lo he hecho, al final me he decantado por el recuerdo, por eso he puesto a Harry como Potter, a Ron como Weasly y a Snape como Severus y la mayoría de los "él" como Draco.

Si os estáis planteando decirme que suba el siguiente capi inmediatamente, porque este no cuenta como capitulo ya que son recuerdos y no forma parte de la historia, tengo que deciros, que ni de coña, aún tengo que plantearme como mezclar los tres capis 6 que tengo en uno... lo vais a flipar, a saber que capi extraño subo.

Como ya debéis estar hasta las narices de leer como os pido un review, os lo imagináis, así no me repito demasiado, y me convierto en la pesada de los reviews.

Pues nada wapisimos todos... tengo que dejar de haceros la pelota... que espero que os haya gustado, que muchas gracias por seguir leyendo, que muchas gracias por los reviews que me habéis ido dejando, que sois un cielo... de verdad, lo de ser pelota tengo que dejarlo... no, en serio, que muchas, muchas gracias por los reviews, que no veáis la ilusión que me hace ver mi correo con mensajes de fanficition... ya es que ni siquiera de esos en cadena me mandan... ten amigos para esto.

En fin, que un beso a todos, mucha suerte a los que estén de exámenes y que estoy odiando a todos esos que están de vacaciones ya... sí, soy mala y rencorosa... pero sobre todo tengo una envidia que no puedo con ella. ¡Ah! Y recuerdos a los que están currando... a ver si os llegan pronto las vacaciones.

Agur.