Hola a todos otra vez; aquí estoy, con un nuevo capítulo en el que aparecen personajes que pertenecen a JKRowling, que no son míos, vaya, aunque reivindico a Adrien una vez más. Esta es la primera parte de la visita de Adrien a Hogwarts, desde el punto de vista del niño; la segunda parte será desde el punto de vista de Snape, pero todavía no hemos llegado a esa parte, así que tocará esperar. Muchas gracias a todos por los reviews.
Cris Snape
CAPÍTULO 8. Howarts I
La señora Norris descansaba perezosamente sobre el cojín que su amo le tenía preparado frente a la chimenea, lamiéndose el pelaje con coquetería y con sus ojos ambarinos clavados en las últimas ascuas de un fuego que ya se estaba apagando y que, en realidad, no había sido necesario en un verano tan caluroso como el que estaban teniendo. De pronto, una llamarada verdosa surgió de la chimenea y la vieja gata dio un salto cargado de agilidad, clavando sus ojos ambarinos en el fuego, dispuesta a salir corriendo en busca de su amo si ocurría algo fuera de lo normal, como siempre solía hacer...
Un niño de cuatro años salió volando de la chimenea y cayó estrepitosamente al suelo, cubierto de cenizas blanquecinas y tercamente aferrado a un viejo oso de peluche que, aunque normalmente era de color pardo, ahora lucía más bien gris... La gata puso todo su cuerpo en tensión y miró al intruso con desconfianza, preparándose para marcharse todo lo deprisa que pudiera; Adrien se puso a duras penas de pie, sintiendo su cuerpo un tanto adolorido y con toda la pinta de estar absolutamente perdido.
No le gustaba viajar utilizando la red flú; su papá le había dicho que sería divertido, que ese era el método que utilizaba el abuelo Albus para ir a visitarlo, pero a él no le agradó. De hecho, estaba sucio, desorientado y se sentía terriblemente mareado a causa de todas las vueltas que había dado en el interior de la chimenea. Miró a su alrededor con los ojos entornados; su padre le había dicho que cuando terminara su viaje a través de la red flú, se encontraría en el espléndido Colegio Howarts de Magia y Hechicería, pero a él aquella habitación le pareció de todo menos espléndida... Era un cuartucho pequeño, con solo un ventanuco en la parte de arriba de las ventanas, de aspecto sucio y absolutamente desordenado; al parecer, aquel sitio era una especie de almacén en la que se encontraban apilados multitud de objetos de lo más intrigantes, pero Adrien no tuvo valor para acercarse a ninguno de ellos. A pesar de que le resultaban interesantes, su madre solía repetirse que no debía coger cosas que no conociera, así que Adrien hizo un gran esfuerzo de voluntad y se quedó quieto, preguntándose si sería mejor esperar allí a su padre o salir a explorar.
Fue entonces cuando vio a la señora Norris; la gata estaba parada a unos pasos de él, mirándolo fijamente con sus ojos ambarinos y con una pata alzada, como si fuera a echar a andar. A Adrien le gustaban los gatos (de hecho, le gustaban todos los animales) y, aunque todavía estaba un poco asustado por lo que ocurrió unos minutos antes con aquel perro color canela, se acuclilló y llamó a la gata con un leve siseo, mostrándole su mano y frotando con gracia los dedos índice y pulgar. La gata alzó las orejas y la cola y puso sus músculos en tensión, mirando hacia la puerta de salida, primero, y luego a Adrien, como si tratara de dilucidar algún asunto de vital importancia... Lo lógico hubiera sido que se diera media vuelta para ir en busca del señor Filch, pero en lugar de eso, se acercó a Adrien mansamente, enroscándose en sus piernecitas y dejando que el niño la acariciara. Adrien sonrió y pasó las manos con suavidad sobre el lomo de la gata, contento porque había hecho una nueva amiga de una forma realmente sorprendente; de hecho, por alguna extraña razón él les solía caer bien a los animales (excepto al perro color canela, por supuesto).
-Hola, bonita –dijo, sentándose en el suelo y dejando a "Oso" a su lado, donde pudiera vigilarlo de cerca; la gata apoyó la cabeza en una de sus piernas y ronroneó mientras Adrien le tocaba las orejas; normalmente, sólo el señor Filch podía tocar a la gata, pero ese día, Adrien se la ganó.
Después de unos segundos allí parado, contando únicamente con la compañía de aquella gata, Adrien empezó a extrañarse por la ausencia de su padre; Severus le había prometido que llegaría a Howarts inmediatamente después que él y el niño empezaba a preguntarse si aquel lugar al que había ido a parar era realmente el colegio para magos o si la red flú lo había mandado a otro sitio y ahora estaba perdido en aquel otro lugar desconocido... Bueno, es que a él aquella habitación no le parecía nada del otro mundo (N/A: éste niño...) Y, además se estaba empezando a aburrir... Tal vez podría salir de esa habitación, ir a inspeccionar un poco el terreno y, si le parecía un lugar peligroso, siempre podía volver a esa habitación y esperar a que su papá fuera a buscarle... Después de lo que pasó con el perro, no le parecía lo mejor quedarse solo y sin hacer nada en un sitio como ese; seguro que había habido algún error y estaba en un sitio en el que no debía estar...
Finalmente, Adrien se puso en pie con decisión; no iba a quedarse allí todo el día, así que recuperó a "Oso" y buscó con los ojos muy abiertos la salida de aquel cuartucho. Estaba justo frente a la chimenea y fue hacia allí, seguido muy de cerca por la señora Norris, que al parecer había decidido acompañar al niño en su aventura. Adrien abrió la puerta y...
Aquello sí que le gustó...
Ante sus ojos se alzaba un gran recibidor de paredes de piedra, techo abovedado y grandes ventanales, el mayor recibidor que el pequeño Adrien había visto en su corta vida... Con la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta, Adrien avanzó lentamente, seguido muy de cerca por la señora Norris, e intentó orientarse en aquel lugar que le pareció absolutamente colosal... Sí, debía estar en Howarts y ahora sí que no le extrañaba que su padre no estuviera con él todavía; aquel castillo era tan grande que era normal perderse entre sus muros.. Adrien miró a su derecha y vio un gran corredor, con un jardín central y, al fondo, un bosque inmenso; miró a su izquierda y vio varios pasillos, puertas y unas curiosas escaleras que... ¿se movían? Adrien parpadeó, como si quisiera asegurarse, y quiso ir hacia allí, pero sus pies estaban anclados al suelo; quería ir hacia las escaleras, pero también quería ir al jardín o explorar alguno de los pasillos que tenía cerca o... ¡Todo aquello le parecía maravilloso! Había tantas cosas que ver que ni siquiera podía decidir cuál vería primero!
Entonces, vio algo que terminó por dejarle helado... Un hombre transparente se acercaba flotando a un par de metros del suelo, mientras cantaba una extraña canción que parecía muy antigua e intentaba colocarse la cabeza sobre su cuerpo, pues en ese momento colgaba hacia un lado, unida al resto de su... ser por una fina tira de piel... Vestía como uno de esos caballeros de épocas pasadas y Adrien se quedó con la boca abierta, mirándolo fijamente y con la señora Norris dando vueltas a su alrededor en una actitud claramente protectora... El hombre transparente siguió con su canción unos segundos más, pero entonces paró su paseo por el aire, miró a Adrien fijamente y, con decisión, voló hasta donde estaba, poniéndose a su altura y observándolo como si acabara de ver un fantasma (N/A: ¿Quién fue a hablar de fantasmas?)
-¿Qué haces aquí, niño? –dijo con voz grave, haciendo que Adrien diera un paso atrás –Eres demasiado pequeño para estudiar magia...
-Yo... –Adrien, después de lo que estaba viviendo, no estaba para responder preguntas, pero sí para hacerlas -¿Qué es usted, señor?
-¿Qué? –Nick Casi Decapitado (N/A: espero que haya quedado claro antes que estaba hablando de él), abrió mucho los ojos y, de pronto, pareció sentirse muy ofendido –Soy un honorable fantasma de la casa Griffindorf, por supuesto... Y, ahora contesta, muchacho impertinente...¿Quién eres tú y qué quieres?
-¿La casa Griff...in...do...orf...? –repitió Adrien, abriendo mucho los ojos, sin atender a las preguntas del fantasma -¿Qué es la casa Griff..indorf? –Nick Casi Decapitado fue a decir algo, pero Adrien se le adelantó –Y, si usted es un fantasma, ¿dónde están las cadenas y la sábana?
Nick Casi Decapitado no daba crédito a lo que estaba oyendo... ¿Sábanas y cadenas? ¿Qué clase de mal chiste era aquel? Él era un fantasma respetable, uno de los más antiguos de Howarts, así que ningún mocoso podía ir allí a insultarle de esa manera, hubiera salido de donde hubiera salido...
-¿Sábanas y cadenas? –dijo el espectro con voz chillona -¡No soy un fantasma de circo, muchachito!
Adrien frunció el ceño un momento, intentando asimilar todas las cosas que estaban ocurriendo, y se quedó medio paralizado cuando el fantasma le pasó uno de sus brazos transparentes por el pecho mientras se quejaba de su falta de "modales" y afirmaba que él había sido Sir Nicholas "No sé qué"; Adrien no pudo entender bien el nombre, puesto que estaba demasiado ocupado recuperándose de la extraña sensación que invadió su pecho cuando el espíritu lo traspasó. Tal vez en otras circunstancias se hubiera sentido asustado, por lo extraño de la situación y porque todo eso le era totalmente desconocido, pero no tenía miedo; de hecho, tenía la sensación de que, mientras estuviera en ese castillo, nada malo podría pasarle.
-¡Y, ahora!- gritaba Nick Casi Decapitado, dando vueltas a su alrededor y montando un gran escándalo –Dime quién eres... ¿Un mortífago disfrazado de niño, tal vez?
-¿Un morfigato? –Adrien arrugó la nariz; en su vida había oído esa palabra.
-¡Mortífago! ¡Mortífago! –gritó el fantasma, como si estuviera fuera de sí -¿Cómo has entrado?
-¿Qué es un morfigato? –una vez más, Adrien no atendía las preguntas de Nick Casi Decapitado.
-¡MORTÍFAGO! No, morfigato... –el fantasma se elevó en el aire –Iré a avisar al director inmediatamente...
Y Nick Casi Decapitado se alejó y atravesó un muro mirando a Adrien con suspicacia; cuando el niño escuchó que le fantasma mencionaba al director de ese colegio, se acordó que su padre le había dicho que Albus Dumbledore era dicho director, así que se propuso seguir a Nick Casi Decapitado hasta donde estuviera su abuelo Albus, pero era evidente que, después de su desaparición, eso era algo imposible, a menos que pudiera atravesar paredes él también... Y, bueno, él nunca había hecho tal cosa...
Adrien volvió a mirar a su alrededor, con la misma fascinación de antes; la señora Norris continuaba a su lado, como si quisiera hacerle de guía o algo parecido. Adrien volvió a pasarle la mano por el lomo y decidió que saldría al jardín; así no corría el riesgo de perderse en algún pasillo. Hubiera subido aquellas fascinantes escaleras que se movían, pero le pareció algo un poco peligroso y, como no sabía muy bien a dónde podrían llevarlo, decidió que no era la mejor; echó a andar con dirección hacia el corredor exterior del castillo, seguido por la señora Norris. El día seguía siendo cálido, aunque en aquel lugar no hacía tantísimo calor como en la ciudad de su padre; el sol brillaba con fuerza en lo alto del cielo, consiguiendo que los muros de Howarts parecieran más bonitos que nunca. Adrien paseó despacio, mirando todo lo que alcanzaba a ver, fijándose en los grandes torreones, en las almenas, en las ventanas del castillo, en sus muros de piedra y en su aspecto, tan misterioso y acogedor al mismo tiempo... También veía el bosque, y tuvo la certeza de que era un lugar peligroso (y, por qué no decirlo, divertido? Y, a lo lejos, justo en los límites de dicho bosque, vio una pequeña cabaña que le llamó la atención más que cualquier cosa que hubiera visto hasta ese momento, más incluso que el fantasma y las escaleras móviles... Era sólo una cabaña, pero consiguió que la curiosidad de Adrien lo impulsara a ir hacia allí; tendría que bajar un montón de escalones que descendía a lo largo de una ladera verde y repleta de vegetación. Adrien, que era muy bajito, solía tener dificultad para bajar escalones, sobre todo si eran tan altos como aquellos, pero no era un niño que se dejara vencer por cosas como aquellas, así que echó a andar en dirección a la cabaña que tanto le había gustado. La señora Norris continuaba tercamente pegada a él y miraba a su alrededor como si pretendiera detectar una figura hostil, sin localizar ninguna, por supuesto.
Adrien comenzó a descender con cuidado de no caerse; tenía que dar pequeños saltitos y buscaba algo en lo que agarrarse para no perder el equilibrio. Tal vez bajar sería más sencillo si dejaba a "Oso" en algún lugar seguro, pero el niño se negaba a despegarse de su muñeco; en un par de ocasiones estuvo a punto de caerse de bruces, pero la señora Norris, que le llegaba por la cintura, se interponía entre el niño y el suelo, así que podría decirse que contar con su ayuda era algo bueno, muy bueno, en realidad. Cuando estaba a mitad de camino, Adrien se giró para mirar el castillo y le pareció más bonito y más grande que nunca... Ya casi estaba deseando tener once años para poder ir a estudiar allí, aunque sabía que todavía faltaba mucho tiempo para eso... Tal vez su papá le permitiera volver en más ocasiones o, tal vez, se enfadaría tanto con él cuando supiera que había organizado esa pequeña "excursión" que ni siquiera le dejaría ir cuando le tocara empezar a estudiar en Howarts... Cualquier cosa podía pasar, pero Adrien estaba demasiado maravillado para echarse atrás (quizás hacerlo fuera lo mejor), así que reanudó la marcha, mirando la cabaña con los ojos muy abiertos... Era como una de esas casitas de los cuentos de hadas, con paredes de piedra y techo en forma de cono... Parecía acogedora y, aunque antes Adrien no lo había visto, ahora podía distinguir un pequeño huerto rodeándola, un bonito montón de leña y, el bosque, más oscuro y amenazador que nunca, aunque también bonito y llamativo... Aquello era como un sueño para Adrien y ya empezaba a rezar porque no se acabara nunca; le gustaba tanto Howarts que ya se había olvidado del perro que le había atacado antes y de lo asustado que estuvo cuando lo hizo levitar... Bastante tenía él con admirar toda aquella belleza, con intentar decidir adónde iría después de visitar aquella cabaña; ni siquiera pensaba en su papá y, aunque se estuviera comportando de forma un poco inconsciente... ¿qué otro remedio le quedaba, si todo lo que veía era tan fabuloso? Era como estar metido en alguno de esos cuentos que su madre le contaba antes de dormir y que siempre le ayudaron a tener sueños agradables.. Era, simplemente, fantástico.
Al fin, y después de un gran esfuerzo, Adrien logró bajar todos los escalones y decidió recorrer el resto del trayecto hasta la cabaña corriendo. Llegó frente a ella, encontrándola más grande y más bonita que antes y, puesto ya había llegado hasta allí, subió los escalones y se paró frente a la puerta de entrada, dispuesto a "visitar" a la persona que vivía en ese lugar, sin plantearse ni por un segundo la posibilidad de que pudiera ser peligroso. Formó un puño con la mano y golpeó la puerta con suavidad, haciendo que se abriera un poco sin querer; sin duda, el habitante de la cabaña se la dejó abierta y, al parecer, no estaba allí; no es que Adrien tuviera por costumbre entrar a los sitios sin llamar, pero la curiosidad pudo más y asomó la cabeza por la rendija que había abierta mientras empujaba la puerta con cuidado para abrirla un poco más...
Aquel lugar era realmente... extraño... Todo en esa cabaña parecía más grande de lo normal y Adrien, que a esas alturas ya había entrado y se había plantado justo en el centro de la habitación, se sentía como un enano en el país de los gigantes... Unas sillas enormes, una mesa enorme, una cama enorme... Utensilios de cocina enormes, jaulas enorme (y vacías)... Y, por si eso fuera poco, del techo colgaban un montón de hurones muertos y, en la chimenea, una gran tetera estaba empezando a hervir... Adrien abrió la boca, admirando todas esas cosas, y buscó con los ojos algo que le llamara especialmente la atención... Y lo vio, colgado junto a la puerta de entrada... Un paraguas de colores muy llamativos... Adrien no sabía por qué era precisamente el paraguas lo que encontró más especial de entre todas las cosas que había allí dentro; parecía muy viejo y, bueno, era sólo un paraguas, pero le gustaba... Así que cogió una de las sillas enormes y, con mucho esfuerzo, la arrastró hacia la puerta para poder hacerse con aquel objeto. Luego, se encaramó en dicha silla como buenamente pudo, colocando a "Oso" en el asiento previamente y, empinándose un poco, cogió el paraguas y lo observó con curiosidad.
Adrien se sintió un poco inseguro sobre la enorme silla, así que se bajó con cuidado, vigilado muy celosamente por la señora Norris, y volvió al centro de la habitación sin quitarle los ojos de encima al paraguas; extendió los bracitos para poder abrirlo, pero, como todo en ese lugar, era demasiado grande para que él pudiera hacerlo, así que se quedó a mitad de camino y tuvo que cerrarlo otra vez, molesto por no poder conseguir su objetivo. Lo agitó un poco y, de pronto, un haz de luz blanca salió disparado de la punta del paraguas, golpeando contra una ventana y haciendo el cristal añicos; Adrien soltó el paraguas de forma inmediata y retrocedió, esa vez sí, asustado... No entendía muy bien lo que significa eso que había pasado, pero la señora Norris pareció notar su temor y se acercó a él como si quisiera tranquilizarlo, sin lograr gran cosa, puesto que lo único que Adrien quería hacer en ese momento era regresar al castillo lo antes posible y buscar a su papá en lugar de curiosear por lugares desconocidos y toquetear cosas que soltaban rayos de luz y rompían ventanas... Además, seguro que el hombre que vivía en esa cabaña se enfadaría cuando viera lo que había hecho con su cristal; había entrado en su casa sin permiso, había cogido aquel paraguas tan raro, había toqueteado sus cosas y le había roto una ventana... No podía ser bueno, eso estaba claro, así que debía irse cuanto antes...
Adrien corrió hacia la puerta, pero cuando llegó a ella, una figura descomunal se le interpuso en el camino... Adrien, al principio, solo vio unas piernas enormes que le taponaban su vía de escape, pero cuando alzó la vista, vio al hombre más grande que había visto en su vida, un hombre que debía medir más de dos metros y que era tan ancho como dos o tres hombre "normales" juntos. Tenía el pelo y la barba largos y enmarañados, vestía de forma rara y cargaba con unos conejos muertos... Un hombre que lo miraba claramente sorprendido y que podría aplastar a Adrien con una de sus manazas enormes si se lo proponía... Adrien empezó a retroceder, claramente asustado, no sólo porque el hombre fuera un auténtico gigante, también porque aquella cabaña era su casa y se iba a dar cuenta de todas las cosas que el niño había hecho, hasta que se topó con la pared y no pudo retroceder más. El hombre enorme miró a su alrededor como si no diera crédito y luego se centró en Adrien, entornando los ojos como para asegurarse de que estaba viendo bien...
Hagrid se preguntó qué estaría haciendo en su cabaña un niño tan pequeño; había escuchado como el cristal se rompía mientras se acercaba a la casa procedente del bosque y había apresurado el paso creyendo que, tal vez, algún pájaro se había metido en la vivienda y se lo estaba poniendo todo patas arriba. En ningún caso pensó encontrarse con un niño que, por otro lado, le resultó extrañamente familiar... Parecía estar asustado y no tenía pinta de ser un mago, pero si estaba en Howarts, debía serlo, eso estaba claro; el pequeño estaba pegado a la pared y, eso también le llamó la atención al semi-gigante, lo acompañaba la señora Norris, la vieja gata del señor Filch, que, aunque siempre había parecido odiar a los niños, en ese momento se colocaba a Adrien y soltaba un bufido amenazante contra Hagrid, claramente para proteger al enano. ¡Qué cosa tan extraña!
-Tranquilo –dijo Hagrid con suavidad, viendo su paraguas tirado en el suelo; supuso que fue el niño el responsable de la rotura de la ventana, tal vez a causa de la magia accidental, y entendió perfectamente su temor. Hagrid estiró un brazo para calmarle y se acercó lentamente, fijándose en la señora Norris por si la gata se le abalanzaba para arañarle o algo parecido –No voy a hacerte nada... –Adrien se apretó más contra la pared, y la gata mostró sus dientes y preparó las zarpas. Hagrid se quedó parado –No pasa nada...
Adrien pareció dudar un momento; aquel hombre no parecía peligroso... Salvo por su tamaño, realmente descomunal, no había nada amenazante en él, de hecho, su mirada casi parecía la de un niño, así que tal vez fuera oportuno no asustarse tanto y explicar lo que había hecho; Adrien no creía que quisieran hacerle daño, así que se separó de la pared un poco y pasó su mano por el lomo de la señora Norris, que pareció relajarse un poco, aunque siguió mirando a Hagrid en actitud amenazante. El semi-gigante nunca había visto comportarse a la gata del señor Filch de esa forma...
-Fue sin querer –dijo Adrien con voz débil, agachando la cabeza y dando un pasito al frente.
-¿Qué cosa? –preguntó Hagrid, extrañado por aquellas tres palabras.
-La ventana –Adrien señaló el cristal y miró de soslayo a Hagrid –Cogí el paraguas para jugar y salió un rayo blanco y... Se rompió...
-¡Oh, eso! –Hagrid sonrió, recogió su paraguas y, con un sencillo hechizo, arregló el cristal, ganándose la atención de un Adrien absolutamente perplejo -¿Ves? No pasa nada; yo mismo rompo cosas todo el tiempo, pero se pueden arreglar.
-¡Oh! –Adrien sonrió, claramente aliviado.
-Pero, ¿tú quién eres? –Hagrid colgó los conejos muertos en el techo y se acomodó en una silla, mirando a aquel niño fijamente y decidiendo tomarse las cosas con calma.
-Soy Adrien Bellefort, señor –el niño habló como si eso fuera lo más obvio del mundo, y se atrevió a acercarse un poco a ese hombre.
-¿Y qué haces aquí?
-Mi papá me ha traído, señor.
-¿Tú papá?
-Es que... –Adrien se miró los zapatos mientras hablaba- Esta mañana pasó algo con un perro y mi papá dice que es magia y, como me asusté, me trajo al colegio para que viera que no pasa nada... Usamos la red flú, pero yo caí en un cuarto muy feo, donde encontré a esta gata –señaló a la señora Norris; Hagrid lo escuchaba hablar con una media sonrisa –Y, como me aburría y mi papá no llegaba por la chimenea, salí a explorar... Me encontré con un fantasma sin cadenas y sin sábana que me preguntó si era un "morfigato" –Hagrid rió por lo bajo –Y que luego se fue enfadado para avisar al director... Yo quise seguirle, porque el director es mi abuelo Albus, pero el fantasma atravesó una pared y no pude, así que salí al jardín para ver si encontraba algo bonito y vi la cabaña... –Adrien se detuvo un momento para tomar aire; era curioso como había tomado confianza con Hagrid... Parecía una cotorra –Bajé todos esos escalones y entré a la cabaña... Llamé y, bueno, la puerta estaba abierta... Y luego cogí el paraguas y salió ese rayo blanco y, luego llegó usted y... –Adrien abrió muchos los ojos y se acercó un poco más a Hagrid -¿Por qué es usted tan alto, señor? Nunca había visto a nadie tan grande...
-¡Oh! –Hagrid se lo estaba pasando en grande con ese mocoso -¿Por qué crees tú que soy tan grande, Adrien Bellefort?
-Eh... –el niño pareció meditar la respuesta durante unos segundos, hasta que se encogió de hombros -¿Por qué comía muchas frutas y verduras cuando era pequeño? Mi mami siempre me decía que tenía que comer muchas frutas y verduras para crecer, así que...
-Y tu mamá tenía razón –Hagrid se puso en pie; le había extrañado un poco cuando el niño habló de su abuelo Albus, sobre todo cuando era plenamente consciente de que eso era del todo imposible, así que le intrigaba conocer la identidad del padre de aquel chico... No recordaba a ningún mago llamado "Bellefort" que fuera muy cercano al viejo director... De hecho, no recordaba a nadie que tuviera ese nombre -¿Qué te parece si vamos a buscar a tu abuelo Albus y a tu papá? Deben estar preocupados.
-Bueno... –a Adrien le gustó oír esas palabras; ya estaba cansado de pasear solo –Pero... ¿quién es usted, señor?
-Soy Rubeus Hagrid- el hombre sonrió con afabilidad y le tendió una mano a Adrien, que el niño cogió con timidez y que lo hizo quedarse un poco ladeado -¿Qué te parece si te cojo en brazos? Has debido cansarte mucho bajando todos esos escalones y el despacho del abuelo Albus está un poco lejos.
Adrien se lo pensó un momento; definitivamente se fiaba de ese hombre y, a juzgar por la actitud de la señora Norris, que en ese momento se iba de la cabaña dando por hecho que Hagrid no le iba a hacer nada, afirmó con la cabeza y dejó que el semi-gigante lo alzara en el aire con cuidado y se lo colocara sobre el hombro, haciéndolo parecer un simple muñeco. Adrien estaba cansado y no quería imaginarse lo que significaría subir los escalones el solo, así que estaba encantado con la ayuda de Hagrid, aunque al principio se sintió un poco raro... Nunca antes había estado en un lugar tan alto, aunque no pudiera decirse que tuviera miedo; de hecho, le parecía tremendamente emocionante, sobre todo cuando Hagrid echó a correr hacia el magnífico castillo, adivinando que, tal vez, al niño aquello le haría gracia... Y acertando de lleno, pues Adrien no pudo reprimir las carcajadas alegres mientras Hagrid recorría los terrenos y pasillos de Howarts con la seguridad que da el haber pasado casi toda la vida viviendo entre ellos...
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Y en el próximo capítulo, titulado "Hogwarts 2"
Hace un rato, Adrien ha hecho magia...
-Lo sé.
-¿Lo sabes? –Severus parecía sorprendido -¿Cómo...?
-Los hechizos protectores –Albus habló con calma y Severus cayó en la cuenta de que ese hombre había comenzado a proteger su casa desde hacía una semana, así que era normal que pudiera identificar toda la magia que sucedía en su casa –Esta mañana he localizado varias fuentes mágicas.
-La mía y la de Adrien...
-La tuya –Albus parecía hablar con sumo cuidado –La de Adrien... Y la de un tercer mago...
-¿Un tercer... mago? –Severus supo, instintivamente, que eso no podía ser bueno –No es posible... Sé positivamente que en la casa no había nadie más...
-Es que el tercer mago no estaba en la casa –Albus se aclaró la garganta y su rostro se tornó serio –Logró introducir su magia en la casa, pero en todo momento se mantuvo alejado; no pudo traspasar los hechizos protectores.
