Hola a todos otra vez; supongo que es necesario que repita eso de que los personajes y lugares no me pertenecen a mí, sino a JK Rowling, exceptuando a Adrien, por supuesto, que es mío, aunque si ella quiere, podemos negociar los derechos de autor (la pela es la pela, jeje)
En fin, me dejo de chorradas; voy a actualizar el capi, pero antes, muchas gracias a todos por los reviews. Espero que os guste y, como siempre, acepto sugerencias o cualquier otra cosa.
Besos,
Cris Snape
CAPÍTULO 9. Howarts II
Severus se sacudió las cenizas que quedaron en su ropa y se pasó una mano por el pelo, echando un vistazo a la habitación que se alzaba ante sus ojos; el despacho de Albus Dumbledore en Howarts seguía presentando el mismo aspecto de siempre, con todos esos extraños artefactos repartidos por todas partes, con los cuadros de los antiguos directores colgando en las paredes, con Fawkes, el espléndido fénix, durmiendo plácidamente en su lugar y con el viejo director sentado frente a su escritorio, observando con suma atención lo que parecía ser un pergamino extendido sobre su mesa. Severus miró a su alrededor y buscó al pequeño Adrien con la mirada, alarmándose ligeramente cuando no lo vio allí; salió a toda velocidad de la chimenea, esperando que Albus le dijera algo, y rondó por la estancia durante unos segundos, empezando a preocuparse por Adrien... ¿Por qué no estaba allí? A él le pareció que el pequeño entendió bien sus instrucciones y le escuchó decir claramente la palabra "Howarts", así que se le hizo rara la posibilidad de que hubiera ido a parar a cualquier otra chimenea del mundo mágico; seguramente sí estaba en el colegio, pero como era tan grande, podría haber ido a parar a cualquier rincón, por lo que no debían perder más tiempo en buscarlo, no después de lo que había ocurrido con aquel horrible perro. Severus sabía que el niño estaba asustado después de haber hecho magia, quizás por primera vez en su vida, y por eso se acercó a la mesa de Dumbledore dando grandes zancadas, mientras el anciano alzaba la vista y lo miraba divertido.
-Buenos días, Severus –dijo con calma, extendiendo una mano -¿Por qué no tomas asiento?
-Tenemos que buscar a Adrien –dijo Severus sin más, mirando con nerviosismo a su alrededor –Tiene que estar en algún lugar del castillo y, sin duda, asustado...
-No creo que esté asustado –Dumbledore sonrió y señaló con un dedo el pergamino que tenía sobre su mesa; cuando Severus agachó la mirada, descubrió el mapa del merodeador abierto sobre ella y, tras entornar un momento los ojos, localizó un cartelito con el nombre de "Adrien Bellefort" inmóvil en conserjería y, junto a él, el nombre de la señora Norris –Yo creo que está bien.
-A mí no me lo parece –Severus se separó de la mesa, decidido a ir en busca de su hijo, pero Albus no se movió –Es demasiado pequeño para andar solo por los pasillos de Howarts; iré a buscarlo ahora...
-El instinto paternal... –Albus cabeceó y amplió su sonrisa cuando Severus giró bruscamente la cabeza para mirarlo con el ceño fruncido –No te preocupes por Adrien; sabes que yo sería el primero en ir a buscarlo si corriera alguna clase de peligro... ¿Por qué no lo dejamos unos minutos a su aire y aprovechamos para... charlar?
-Albus... –Severus puso los brazos en jarra, no muy convencido con todo aquello.
-Por favor, Severus –el director le señaló la silla –Adrien tiene derecho a descubrir cosas por sí mismo y, tenemos el mapa... No le pasará nada.
-Está bien –Severus soltó un largo suspiro, sabiendo que el otro brujo estaba en lo cierto, y se dejó caer en la silla con aire malhumorado –Pero si sale de esa habitación...
-Relájate –Albus le echó un vistazo al mapa y sonrió –Creo que tenemos que hablar sobre lo que acaba de ocurrir en tu casa.
-A eso precisamente venía –Severus se irguió y clavó sus ojos negros en el nombre de su hijo –Hace un rato, Adrien ha hecho magia...
-Lo sé.
-¿Lo sabes? –Severus parecía sorprendido -¿Cómo...?
-Los hechizos protectores –Albus habló con calma y Severus cayó en la cuenta de que ese hombre había comenzado a proteger su casa desde hacía una semana, así que era normal que pudiera identificar toda la magia que sucedía en su casa –Esta mañana he localizado varias fuentes mágicas.
-La mía y la de Adrien...
-La tuya –Albus parecía hablar con sumo cuidado –La de Adrien... Y la de un tercer mago...
-¿Un tercer... mago? –Severus supo, instintivamente, que eso no podía ser bueno –No es posible... Sé positivamente que en la casa no había nadie más...
-Es que el tercer mago no estaba en la casa –Albus se aclaró la garganta y su rostro se tornó serio –Logró introducir su magia en la casa, pero en todo momento se mantuvo alejado; no pudo traspasar los hechizos protectores.
-No entiendo lo que quieres decir –Severus miró el nombre de Adrien en el mapa, para asegurarse de que seguía donde debía estar.
-Veamos... –Dumbledore suspiró, como si quisiera poner en orden sus pensamientos –Esta mañana, en tu casa se han sucedido varios hechizos que podríamos calificar como... domésticos...
-Estoy haciendo limpieza, ya lo sabes...
-Efectivamente –el director chasqueó la lengua –También tenemos tus hechizos-alarma para saber si a Adrien le da por salir de paseo sin permiso...
-Son bastante simples; no creo que intercedan para nada en tus hechizos protectores...
-Y no lo hacen, pero son localizados, como todos –Albus miró uno de sus extraños artefactos, pero no se movió de donde estaba –A parte de tu magia, que ha sido constante durante horas, hace unos minutos, han saltado las alarmas porque una fuente mágica ajena a la tuya HA ENTRADO en tus terrenos –y Albus recalcó mucho esas palabras.
-No... –Severus se irguió –No ha entrado nadie... Las alarmas saltarían cuando Adrien hizo levitar a ese perro... Es magia nueva y posiblemente tus... artefactos no la han reconocido...
-La magia nueva de Adrien tuvo lugar después y te aseguro que no saltó ninguna alarma... –Albus frunció el ceño -¿Qué es lo que ha pasado con ese perro, Severus?
Severus se quedó callado un momento y, aún antes de explicarle a Albus con pelos y señales lo que había ocurrido, comprendió a donde quería llegar su viejo mentor. Intentando no olvidar ni un solo detalle, le relató con sumo cuidado todo lo que había ocurrido esa mañana en el jardín de su casa, como Adrien había estado jugando, como él se había quedado en el pasillo, como había escuchado ladrar al perro loco de la señora Olsen y como el animal no había llegado a hacerle daño a Adrien porque el niño había usado su magia de forma inconsciente, sólo para protegerse, y como se había asustado tanto que había decidido llevarlo a Howarts para que comprendiera que no pasaba nada malo. Albus lo escuchó atentamente y, mientras movía afirmativamente la cabeza, parecía estar pensando en algo de suma importancia; Severus casi podía verle atar cabos mentalmente...
-Así que hizo levitar a un animal él solito –Albus volvió a sonreír y soltó un silbidito –Una excepcional demostración mágica para un niño tan pequeño... La magia nueva que localicé era realmente poderosa, pero no imaginé que llegara a esos extremos...
-A mí también me pareció raro... –Severus miró el mapa y vio a Adrien salir de la sala de consejería; inmediatamente, dio un bote, alarmado, y señaló el nombre de su hijo –Tenemos que ir a por él; acaba de salir...
-¡Oh, déjale! –Albus observó el mapa con curiosidad –Mira... El pequeño va a tener su primer encuentro con un fantasma; Nick Casi Decapitado anda por el recibidor...
-Seguro que está aterrorizado –Severus se levantó, apoyando las manos en la mesa, pero Albus lo asió con firmeza por la muñeca –Nunca ha visto un fantasma...
-Estará bien, ya lo verás –Albus le hizo un gesto para que tomara asiento y a Severus no le quedó otro remedio más que obedecer –¡Y, mira! El viejo sir Nicholas parece alarmado... Creo que viene hacia aquí...
-Sí –Severus arrugó la nariz- Y Adrien acaba de salir a los jardines...
-No te preocupes, Severus –Albus cabeceó y miró a Fawkes de reojo; el fénix pareció entender una orden muda y salió volando con sutileza del despacho –Fawkes lo vigilará, tranquilo.
Severus iba a protestar, pero no tuvo tiempo de hacerlo, pues Nick Casi Decapitado acababa de irrumpir en el despacho del director, claramente contrariado y soltando maldiciones de lo más soeces por lo bajo; Albus Dumbledore lo recibió con una sonrisa cargada de afabilidad y el fantasma se detuvo en seco mirando fijamente a Severus. Evidentemente, seguía sin caerle bien, a pesar de todo lo que había ocurrido en los últimos meses...
-Buenos días, sir Nicholas –saludó Dumbledore con voz suave -¿Ocurre algo?
-Hay un intruso en el castillo –anunció con solemnidad el espectro, mirando receloso a Severus, que permanecía enfurruñado y vigilando con atención a su hijo a través del mapa –Creo que es un mortífago, señor; debería detenerlo antes de que cause alguna desgracia.
Después de que el fantasma pronunciara esas palabras, tuvo lugar un tenso silencio; Albus sonrió por lo bajo, divertido por la conclusión a la que llegó sir Nicholas, pero a Severus no pareció hacerle ninguna gracia que insinuaran que su hijo era un mortífago, pues se puso en pie y sacó su varita con violencia, apuntando con ella al fantasma, aún sabiendo que no existía ningún hechizo que pudiera lastimarlo, algo bastante lógico teniendo en cuenta que el espectro llevaba muerto unos cuantos siglos...
-¿Un mortífago? –escupió con desprecio, intentado recordar alguna maldición que le permitiera paralizar a los fantasmas o algo parecido -¿Te parece que un mocoso de cuatro años puede ser un mortífago?
-Para algo está la poción Multijugos, ¿no? –sir Nicholas hablaba con la cabeza bien alta, encogiéndose de hombros como si eso fuera lo más obvio del mundo –Creo que deberíamos alertar a todos los profesores y solicitar la ayuda de los aurores del ministerio y...
-No se preocupe –Albus cabeceó e interrumpió el discurso, echando un vistazo a Severus, otra vez claramente satisfecho con una de sus reacciones –Le garantizo, sir Nicholas, que ese niño es un niño de verdad; no hay motivo para molestar ni a los profesores ni a los hombres del ministerio.
-Pero, señor director...
-¡Ya has oído! –dijo Severus con furia, alzando su varita contra el fantasma -¡Lárgate! No hay mortífagos en Howarts, así que, fuera...
-Seguro que no hay mortífagos –sir Nicholas alzó una ceja y miró a Severus con suspicacia, haciendo que el hombre se enfureciera aún más –Seguro que no...
Y desapareció atravesando la pared; Severus soltó un bufido para intentar controlar el ataque de furia que estaba a punto de sufrir... ¡Malditos Griffindorf! Hasta muertos eran molestos como ellos solos...
-¡Un mortífago! –Severus se sentó otra vez y miró el mapa, para ver Adrien iba en dirección a la cabaña de Hagrid -¡Fantástico! Seguro que Rubeus consigue que Adrien sea devorado por alguna de sus "insignificantes" mascotas.
Albus sonrió, pero no hizo ningún comentario al respecto. Los dos hombres permanecieron en silencio, mientras Adrien entraba a la cabaña vacía del guardabosques.
-¿Crees que el perro era la fuente externa de magia? –preguntó Severus de pronto, soltando un suspiro y apoyando la cabeza en las manos.
-Por lo que me has contado, estoy casi seguro de ello –Albus se quedó serio y miró sus extraños artefactos otra vez –Y también tengo en cuenta el relato de Adrien sobre el hombre que irrumpió en su habitación la famosa noche de la tormenta; creo que no fue un sueño, Severus, creo que alguien fue esa noche a tu casa, no para buscar a Adrien, sino para buscarte a ti.
Severus se quedó callado un momento; eso tenía mucho sentido y, de pronto, se sintió terriblemente vulnerable.
-Y supongo que crees que ese "alguien" ha estado rondando por mi casa esta mañana y ha utilizado al perro para que atacara a Adrien, pero... ¿Con qué propósito, por Merlín? Es solo un niño... ¿quién iba a querer hacerle daño?
Albus guardó silencio y observó el mapa detenidamente; Rubeus Hagrid acababa de irrumpir en la cabaña y el anciano profesor no pudo evitar extrañarse cuando vio a la señora Norris entre Hagrid y Adrien... Casi podía ver a la gata intentando proteger al niño y eso era tremendamente raro, sobre todo porque a la señora Norris nunca le habían gustado los niños.
-Supongamos –dijo al fin, mirando a Severus, que parecía haberse quedado sin aire sólo para poder escucharlo mejor –que la otra noche un mortífago entró en tu casa; tú acababas de regresar de San Mungo un día antes y es posible que ese mortífago hubiera estado esperando ese momento para vengarse de ti porque, según él, traicionaste a su señor... Supongamos que quiere aprovechar el ambiente tormentoso de la noche y que irrumpe en tu antiguo dormitorio dispuesto a atacarte, pero que se encuentra con Adrien... –Severus afirmó con la cabeza; todo eso era muy probable –Hasta hace una semana, tú mismo ignorabas la existencia de Adrien, con más razón ese mortífago; supongamos que esperaba encontrarte en ese dormitorio y que pensaba asesinarte a traición, mientras dormías, o secuestrarte, tal vez, pero en lugar de encontrarte a ti, se encuentra con un niño al que no había visto en su vida... El mortífago no tiene forma de saber que tienes un hijo, así que se marcha, pensando que se ha equivocado de casa o que, tal vez, tú ya no vives allí... –Severus volvió a afirmar con la cabeza; al mirar el mapa, vio a Hagrid al lado de Adrien –Pero sigue rondando y descubre que no se equivocó; yo mismo instauré los hechizos protectores al día siguiente de la tormenta y eso, tal vez, intrigó al mortífago... Seguro que se ha pasado estos días observándoos a Adrien y a ti, y seguro que se ha preguntado qué vínculo tienes con ese niño... Posiblemente, lo que ha ocurrido esta mañana haya sido una especie de... prueba.
-¿Prueba?
-No creo que quisiera poner a prueba a Adrien, por supuesto –Albus entrelazó sus largos dedos –Seguramente quería ponerte a prueba a ti, observar tu reacción si veías al niño en peligro, comprobar hasta que punto Adrien es importante para ti...
-Y utilizarlo en mi contra... –Severus se pasó una mano por el rostro con amargura -¡Oh, Merlín! Eso es terrible... A estas alturas, debe haber atado cabos y Adrien...
-Tal vez no haya atado cabos –Albus lo interrumpió con sutileza –Según lo que me has contado, no has tenido tiempo de reaccionar de ninguna manera; la magia de Adrien surgió en el momento de peligro y le permitió defenderse solo y yo estoy casi seguro de que nuestro "amigo" se largó cuando vio levitar al perro. Posiblemente, ni se percató de tu presencia.
-Aún así...
-Aún así no podemos bajar la guardia –Albus sonrió; Adrien y Hagrid cada vez estaban más cerca del despacho –Hablaré con los miembros de la Orden; si los mortífagos están tan cerca de tu casa, es allí donde nosotros debemos estar...
-Espero que me dejes estar presente en esa reunión –dijo Severus, casi exigió, echando el cuerpo hacia delante –Es la seguridad de mi hijo la que está en riesgo, no puedes dejarme al margen.
Albus no necesitó reflexionar; Severus tenía toda la razón y él no había pensado ni por un momento en dejarlo fuera de todo aquello. Él más que nadie tenía derecho a velar por la seguridad de Adrien, más cuando ya hablaba de él como de "su hijo".
-Te enviaré a Fawkes cuando acordemos la fecha de la reunión, no te preocupes pero, ahora, debemos atender al pequeño Adrien –Albus recuperó su sonrisa más afable- Creo que acaba de ver un buen puñado de cosas interesantes...
-Sólo espero que Hagrid no lo mate antes de llegar aquí –dijo Severus con mal humor; no le hacía mucha gracia que el semi-gigante estuviera al lado de su hijo, pero al menos no se lo había llevado de "excursión" al bosque prohibido- Debiste dejar que fuera a buscarlo...
Severus le echó un último vistazo al mapa... Los nombres de "Rubeus Hagrid" y "Adrien Bellefort" aparecían al otro lado de la puerta del despacho y, efectivamente, un segundo después, el hombre vio aparecer a Hagrid en el umbral, con un muy excitado Adrien sentado sobre su hombro, sonriente y aparentemente encantado con aquella situación. Hagrid entró directamente en la estancia, sin fijarse apenas en Severus, y se plantó frente a Albus mientras bajaba a Adrien con cuidado de su hombro y seguía sosteniéndolo en su brazo, como si no pesara nada.
-Mire lo que me he encontrado por ahí, profesor –dijo con alegría, mientras Adrien extendía un bracito para saludar al director –Dice que ha venido con su papá... Si quiere voy a buscarlo.
Albus sonrió; Severus frunció el ceño y miró de reojo a Hagrid, que por primera vez se dio cuenta de que estaba allí, y Adrien soltó una carcajada mientras el semi-gigante lo balanceaba en el aire como si fuera a arrojarlo hacia cualquier lugar del despacho de un lugar a otro.
-Eso no será necesario –bufó Severus poniéndose en pie y fulminando a Hagrid con la mirada, estirando sus brazos hacia Adrien –Yo me hago cargo...
-¿Us... usted? –Hagrid se quedó quieto, mirando a Severus con sorpresa. Adrien estiró los brazos hacia su padre y éste lo agarró con firmeza, sosteniéndolo con sumo cuidado -¿Profesor Snape?
-Yo. –Severus mostró sus dientes, amenazante, aparentemente molesto por la actitud de un Hagrid que, o bien no se daba cuenta de lo que pasaba, o es que no quería hacerlo.
-¿Él es tu papá? –Hagrid miró a Adrien, como si le diera más credibilidad al niño que al profesor de Pociones, y su rostro se tornó lívido cuando el pequeño afirmó alegremente con la cabeza -¡Oh, rayos! –dijo, acomodándose en una silla, para disgusto de Severus, que empezaba a sentirse como una especie de maravilla circense -¿Usted tiene un... hijo... profesor?
-¿Algún problema con eso? –Severus se puso a la defensiva, dejó a Adrien en el suelo y miró a Hagrid fijamente; el niño acudió de forma casi inmediata a los brazos de su abuelo Albus, que le mostraba con aire tentador una bolsita de caramelos de limón y no podía evitar reír ante las reacciones de Hagrid y Severus. No se había imaginado que todo eso fuera a ser tan divertido.
-No... pero... No es posible –Hagrid miró a Adrien de soslayo –Es un niño muy... alegre y
-Y yo no soy alegre, ¿verdad? –Severus mostró los dientes -¿Qué tiene eso que ver? Es mi hijo y punto.
-Pero... Antes... Nunca... Él no...
-No creo que deba darte explicaciones, Hagrid –dijo Severus de mala gana, dejándose caer en la silla –Seguramente Albus te cuente toda la historia cuando ya no esté aquí, pero por ahora prefiero que no me hagas preguntas, ¿entiendes?
-Sí... Pero... –Hagrid volvió a mirar a Adrien, que estaba sentado sobre las rodillas de Albus, comiendo un caramelo, y luego miró a Severus, que tenía los brazos cruzados y respiraba agitadamente. El guardabosques se dio cuenta de que no era oportuno "curiosear" y cambió de tema –El niño ha hecho magia... –dijo con voz débil, ganándose la atención de los dos hombres, especialmente la de Severus –En la cabaña... Cogió mi viejo paraguas y realizó algún tipo de conjuro... Bueno, supongo que sería magia accidental pero es mejor que lo sepan y...
-¡Uhm...! –Albus golpeó la nariz del niño, que rió con ganas y volvió al suelo para empezar a curiosear por el despacho mientras los adultos se dirigían miradas de lo más extrañas –Interesante...
-¡Oh! –Adrien tenía los ojos clavados en el Sombrero Seleccionador, que parecía dormir -¿Qué es eso, abuelo Albus?
-Un viejo sombrero perteneciente a un mago muy importante –explicó el anciano pacientemente, acercándose al niño –Cuando llegue la hora de que entres en el colegio, lo pondremos sobre tu cabeza y decidirá a que casa debes ir.
-¿Casa? ¿Qué casa? –Albus se dispuso a responderle, pero al parecer Adrien estaba demasiado ocupado mirando a su alrededor; se acababa de dar cuente de que los cuadros podían moverse (a pesar de que todos los hombres que estaban representados fingían dormir) y los señaló con los ojos muy abiertos, loco de curiosidad -¡Los retratos! ¡Se mueven!
-Los cuadros del mundo mágico siempre lo hacen –Albus sonrió y puso su mano sobre la cabeza del niño –Y también hablan, aunque estos míos prefieren vaguear durante todo el día...
-¡Oh! –Adrien corrió hasta donde estaba su padre –Severus... ¿podemos tener nosotros un cuadro de estos?
-Me temo que no –Severus sonrió con ternura y Hagrid hizo una mueca extraña; aquella era la primera vez que lo veía hacer algo así y le pareció estar soñando o algo así –Lejos del mundo mágico no son muy normales y nuestros vecinos podrían alarmarse si ven algo así...
-¡Oh, vaya! –Adrien pareció momentáneamente desilusionado, pero recuperó la sonrisa cuando vio al espléndido Fawkes entrar por la ventana volando y posarse en su lugar de siempre. El niño fue corriendo hacia él y el fénix lo recibió con un hermoso gorjeo; Adrien le pasó los deditos por las plumas con confianza y el ave se dejó, inclinando la cabeza hacia el niño como si quisiera demostrarle que le agradaba que lo tocara -¿Qué es, abuelo Albus? Es muy bonito.
-Es un ave fénix; se llama Fawkes.
-¡Oh! ¡Es precioso! –miró a Severus otra vez y pareció querer preguntarle algo, pero se detuvo, conociendo de antemano la respuesta; de forma inmediata, otras ideas acudieron a su mente, recuerdos de los momentos vividos en el castillo -¿Sabes que he visto, Severus? –dijo, sentándose sobre las rodillas de su padre, que lo recibió encantado y que tuvo que fulminar a Hagrid con la mirada porque el brujo no se cansaba de mirarlo con la boca abierta -¡Un fantasma! Pero no tenía cadenas ni nada... Se enfadó y me preguntó si era un... "morfigato"... ¿Qué es un "morfigato"?
-¿Un morfigato? –Severus reflexionó unos momentos, hasta que cayó en la cuenta de lo que había dicho Nick Casi Decapitado en su visita anterior al despacho y entendió la pregunta del niño -¿Quieres decir un mortífago?
-Supongo –Adrien se encogió de hombros -¿Qué es?
Severus no supo que contestar... ¿Cómo podría explicarle alguien a un niño de cuatro años qué era un mortífago? ¿Qué iba a decirle a Adrien, que eran asesinos sin escrúpulos que apoyaron durante años a un demente que odiaba a todos los que no fueran magos sangre limpia y que buscaba tener el poder absoluto? ¿Iba a decirle que esa mañana los mortífagos atacaron su casa y hechizaron a un perro para que le mordiera cuando no hacía ni dos horas que había descubierto su magia? Si le decía eso, se asustaría, se sentiría aterrorizado, y eso era lo último que Severus buscaba cuando lo llevó a Howarts.
-¿Quién te preguntó eso, Adrien?
Había sido Hagrid el que habló; miraba al niño con sumo interés y, al parecer, se había dado cuenta de que Severus estaba metido en un grave problema, un problema del que quería ayudarlo a salir, por muy extraña que resultara la idea.
-El fantasma... Sir Nicholas...
-¿Ese fantasma? –Hagrid rió y se golpeó la frente con la palma de la mano –No hay que hacerle mucho caso, Adrien; ese fantasma dice disparates la mayor parte del tiempo.
-¡Oh!
No es que Adrien se hubiera conformado con esa explicación, pero no era un niño tonto y se había dado cuenta de que los tres hombres que lo acompañaban se habían puesto tensos de repente, así que supuso que el tema de los "morfigatos" o como se llamaran debía ser algo muy grave para hablarlo con un niño tan pequeño y decidió dejarlo estar (N/A: están al engañar al chavalín, jeje) Ya tendría tiempo para hablar sobre todo aquello con su padre, no tenía porque hacerlo sentir incómodo... Y, otra vez, decidió cambiar de tema.
-El colegio es muy grande –dijo, con aire soñador, mirando a su abuelo Albus –He visto a una gata... Es muy grande y se ha venido conmigo mucho rato... –Adrien iba a seguir hablando, pero sobre la mesa vio algo que le llamó muchísimo la atención y, escalando por las piernas de su padre, se encaramó a la mesa para poder ver mejor aquel trozo de pergamino; con mucho esfuerzo, se puso a leer uno de los cartelitos, que se movía –"Min...errrr...vvva... Mac...macg...ggo...nnnn...a...gg..a...al" Minerva McGonagall- sonrió, satisfecho, después de leer aquello -¿Quién es, abuelo?
-Una profesora del colegio –Albus observó el mapa –Y, según parece, viene hacia acá.
-¡Merlín!- susurró Severus por lo bajo, tapándose la cara con las manos.
-¿Y qué es esto? –Adrien señaló el mapa y giró la cabeza como para leer otro nombre, pero Severus se levantó, lo cogió sutilmente por el brazo, y se lo llevó hacia la chimenea.
-Otro día hablaremos de esto –dijo rápidamente su padre, sin sonar cortante –Ahora, tenemos que irnos.
-¿Qué prisa llevas, Severus? –comentó divertido Albus, comprendiendo perfectamente el motivo de su "huida"
-No estoy para interrogatorios –le tendió un puñado de polvos flú a Adrien –Di "Adiós", Adrien.
-Adiós, abuelo Albus... Adiós, señor Hagrid.
-Adiós, Adrien –Albus le guiñó un ojo al niño –Te avisaré para la próxima reunión, Severus.
-Eso espero –Severus inclinó la cabeza a modo de despedida.
Unos pocos minutos después, Adrien Bellefort y Severus Snape regresaban a la vieja y redecorada casa de "Las Hilanderas"; el primero, ya no tenía miedo de su magia, había disfrutado un montón en Howarts y no veía el momento de regresar, mientras que el segundo tenía un nuevo motivo de preocupación en su lista de preocupaciones (N/A: sería algo lógico en Severus, ¿no?): los mortífagos rondando a su hijo... Sólo cabía esperar a que Albus lo citara para su primera reunión con la Orden del Fénix después de la caída de lord Voldemort; ahora debía vigilar a Adrien, buscarle colegio, niñera, comprar una televisión, preparar sus clases de pociones para el siguiente curso... Y no quería seguir pensando más; le estaba empezando a doler la cabeza... Afortunadamente, no había tenido que soportar un discurso de Minerva McGonagall, aunque a esas alturas ya debía estar enterada de la existencia de Adrien: si lo sabía Hagrid, lo sabría todo el mundo...
Y en el próximo capítulo, titulado "Adrien Bellefort-Snape y la niñera"-Eso no será necesario –Edward abrió el maletín –Debo dar por supuesto que... No hay problemas con Adrien, digo... ¿usted quiere hacerse cargo de la tutela de forma... definitiva?
-Es mi hijo –Severus se encogió de hombros; no había tardado ni un segundo en responder, y Adrien sonrió, contento al oír esas palabras –Por supuesto que asumo su tutela.
-Bien –el asistente social cabeceó y sacó unos documentos de su maletín –En ese caso, tendrá que firmar unos papeles... Y, bueno, creo que ha llegado el momento de hacerle saber que la señorita Bellefort solicitó que su hijo conservara el apellido materno –el señor Burns habló con suma cautela, como si esperara que Severus se ofendiera con lo que estaba diciendo, pero el brujo no le daba importancia a eso... ¿Qué importaba si su hijo se llamaba "Adrien Bellefort" o "Adrien Snape"? Incluso sería menos problemático para él ser conocido con el apellido de su madre- Aunque podremos agregar el suyo, si lo desea...
-¿Adrien Bellefort-Snape? –Severus frunció el ceño y miró al niño -¿Qué te parece?
-Me gusta –dijo con voz chillona el pequeño.
-En ese caso... Terminemos con todo esto cuanto antes...
