Hola a todos. En primer lugar, agradecer que estéis leyendo mi historia y que me estéis dejando los comentarios. RWana me advirtió de que no se pueden responder los reviews en los capitulos, por eso no lo haré en este, pero sí mandaré un saludo a todos los que me habéis enviado un comentario: rWaNa, edysev, dark-sly, Black-Lilith, MeilinSnape, amsp14, Utena-Puchiko-nyu, Lia-Du-Black y Salube. Un beso para todos y espero que la parte del "boggart" de la historia se entienda, no sé si todo este asunto funciona como lo he puesto, pero esto es un fic, ¿no? Espero que os guste
Besos, Cris Snape
CAPÍTULO 13. El mayor temor de Adrien
-Así que los mortífagos están rondándote –dijo Moody con sorna, cuando Dumbledore terminó de explicar a toda la Orden del Fénix que los antiguos seguidores del desaparecido lord Voldemort deseaban vengarse de Severus, obviando, eso sí, toda la parte que tenía que ver con Adrien. Era evidente que el viejo mago prefería que fuese el interesado, es decir, Snape, el encargado de comunicar a sus compañeros (por llamarlos de alguna forma) que tenía un hijo de cuatro años.
-Supongo que es normal –intervino Arthur Weasley con calma; hacía un rato que las miradas que le lanzaba Severus a Moody y Moody a Severus empezaron a ser peligrosas, así que era conveniente evitar un enfrentamiento entre ambos hombres –Después de todo lo ocurrido, deben estar buscando culpables por su derrota.
-Y Severus –Moody hizo una mueca de desagrado al pronunciar el nombre de pila del profesor de Pociones- Es el candidato perfecto, ¿no? Un espía a las órdenes de Dumbledore que les tomó el pelo durante años... No deben estar muy contentos contigo... –Severus fue a decir algo, pero Moody siguió hablando, en un claro intento por molestarle todo lo que fuera posible –Aunque realmente me extraña que solicites la protección de la Orden... Un mago tan capaz como tú que no puede defenderse solo...
-Puedo defenderme solo, Alastor –Severus dijo el nombre de su "enemigo" con desprecio –Pero si queremos capturar a todos los mortífagos, tendremos que buscarlos dónde están y, por ahora, andan cerca de mi casa.
-¿Y no puedes atraparlos tú? –Moody hizo girar su ojo mágico y se cruzó de brazos –Sinceramente, considero una pérdida de tiempo turnarnos para vigilar tu maldita casa; con poner unos hechizos trampa bastaría...
-No se trata sólo de Severus...
Fue Minerva la que intervino, aunque el tono de su voz fue bajando progresivamente al tiempo que un ligero rubor subía a sus mejillas; estaba un poco cansada de las suspicacias de Moody y quería poner fin a toda aquella ridícula situación cuanto antes. En la sala, sólo tres personas sabían que esa reunión tenía lugar para proteger a un niño, Albus, Severus y ella, y sólo ella, la única que no había visto a Adrien en persona, había sido capaz de meter la pata de esa manera. Severus la miró con frialdad y Albus sonrió por lo bajo; el condenado viejo encontraba divertidas todas esas cosas, no cabía duda.
-¿No? –Moody alzó las cejas, escéptico -¿Qué otro as guarda bajo la manga Severus Snape?
-¡PAPI!
El grito resonó por toda la casa... Moody inmediatamente giró su ojo mágico en todas direcciones y alcanzó a ver al mocoso que antes estaba con Hagrid en la cocina, siendo atacado por... ¿un mortífago? Se puso en pie a toda velocidad y salió corriendo antes que nadie... Bueno, antes que nadie no, porque Severus prácticamente había saltado del sofá y ya estaba fuera de la biblioteca, con la sangre helada en las venas, pensando en lo que podría estar ocurriéndole a Adrien para gritar de esa manera, tan fuerte y con tanta desesperación...
Cuando entró en la cocina, nada de lo que hubiera visto hasta ese momento de su vida le causó más temor que esa escena: Lucius Malfoy estaba allí, sucio y con la mirada cargada de ira y sentimientos de venganza... Tenía agarrado a Adrien por el cuello, con fuerza, asfixiándolo, y el pequeño no podía hablar; se aferraba a la mano de su atacante como si se tratase de un salvavidas y poco a poco sus rodillas iban doblándose debido a la falta de aire en los pulmones... Miró a Severus un momento, suplicándole ayuda con la mirada, llorando, indefenso y un poco morado ya... Severus sacó su varita, dispuesto a atacar y apuntó a Lucius con ella...
-"Desmaius"
El hechizo pegó de lleno en Malfoy, pero no pareció afectarle en absoluto... Más bien al contrario, pues era evidente que Adrien empezaba a perder fuerzas poco a poco... Severus lanzó otro hechizo, pero siguió sin pasar nada... Los ojos de Adrien se cerraban poco a poco y sus manitas empezaban a caer laxas a ambos lados de su cuerpo; Severus se lanzó hacia delante, dispuesto a acabar con el maldito Malfoy con sus propias manos, pero entonces una mano se posó con firmeza sobre su hombro...
Remus Lupin acababa de llegar. Malfoy lo miró y, para sorpresa de Severus, el hombre se transformó en una esplendorosa luna llena...
-"Riddikulo"
Y el boggart desapareció al tiempo que el resto de miembros de la Orden llegaban a la cocina, preocupados por lo que acababa de ocurrir...
Severus se quedó inmóvil un segundo... Un boggart... ¿Por qué no lo pensó antes? Se había dejado llevar por la desesperación por una vez en su vida y eso pudo haber traído consecuencias muy graves para Adrien...
Adrien...
El niño estaba tirado en el suelo, encogido contra la pared, con las manos en su pequeña garganta, intentando recuperar el aire, haciendo ruiditos sordos que hicieron que el corazón de su padre diera un vuelco... Adrien alzó la mirada y la clavó en Severus, que se olvidó de todo lo que le rodeaba y se abalanzó sobre el niño, abrazándolo con fuerza... No le importaba que lo vieran, no le importaban que pensaran que era un sentimental o un incapaz, no le importaba perder su fama de hombre de hielo... Lo único que quería en ese momento era sentir la respiración y los latidos del pequeño corazón de su hijo, asegurarse de que estaba bien, de que no le había pasado nada malo. Ya tendría tiempo para pensar en todo lo demás.
-Papi... –sollozó Adrien; era la segunda vez que llamaba así a su padre, aunque la primera que lo hizo mientras él estaba delante, ni siquiera fue consciente de lo que decía, se limitó a gritar –Me duele la garganta, papi...
-Ya... No hables –Severus se levantó, con el niño en brazos, encontrándose con unos cuantos pares de ojos que lo miraban atónitos; prefirió ignorarlos y se dio media vuelta. Notaba las manitas de Adrien aferrándose a los pelos de su nuca y se veía obligado a dominar las emociones que lo impulsaban a llorar; había estado tan cerca de perder al niño... Había sido tan estúpido –No te pasará nada malo...
-Quiero a "Oso" –Adrien empezó a gimotear; sus esfuerzos por controlar el llanto no daban resultado y el pequeño hacía tales pucheros que varios miembros de la Orden se sintieron conmovidos, incluido Alastor Moody. Definitivamente, Adrien no aguantó más y rompió a llorar con fuerza, con tanta fuerza que Severus se sentía incapaz de controlarlo –Quiero que mi mami venga...
-Ella no puede –Severus tragó saliva y miró a Dumbledore, que pareció entender lo que le pedía con los ojos, pues envió a Lupin a por "Oso", que se había quedado en el cuarto de Buckbead... Pero el brujo no llegó muy lejos, pues se topó con Hagrid, que acudía al lugar alarmado por el grito de Adrien... Quiso entrar, pero Albus se encargó de dejar al padre y al hijo solos. No necesitaban estar con nadie más...
Severus se acomodó en una silla y sentó a Adrien sobre sus rodillas, sin dejar de abrazarlo y mecerlo, pasándole la mano por el pelo y limpiándole las lágrimas con los dedos.
-No llores, pequeño –le decía con suavidad, sin saber muy bien cómo actuar en esos casos. Se sentía tan torpe, tan inútil –Todo está bien... Papá no va a dejar que te ocurra nada malo.
-¿Por qué no viene mami? –Adrien hablaba entre sollozos, aferrado a los brazos de su padre –Quiero ver a mi mami...
-Ella no puede venir, pequeño –Severus lo abrazó más fuerte aún –Tu mami está en el cielo y no puede venir...
-Ella me dijo que estaría conmigo cuando la necesitara –Adrien alzó la cabeza y miró a su padre –Pero no vino cuando ese hombre me hizo daño...
Severus no supo que responder a aquello... Pensó en Mariah... ¿Qué diría ella? La verdad es que no la conocía lo suficiente como para saberlo, y en ese momento lo lamentó profundamente... Por fortuna, Remus Lupin no pudo elegir un mejor momento para interrumpirlos; entró a la cocina con "Oso" en la mano, y se acercó al padre y al hijo con timidez, como si no supiera si debía o no estar allí.
-Mira, Adrien –Severus sonrió, mirando a Remus con gratitud, algo inaudito para el hombre- Es "Oso"
Adrien alzó los ojos; le empezaban a escocer un poco y se los frotó, intentando no llorar más sin mucho éxito. Miró a Remus, que le sonreía con dulzura, y luego a "Oso", estirando sus bracitos de forma inmediata hacia él y abrazándolo como si fuera el mayor tesoro del mundo.
-Quiero a mi mami –repitió, hundiéndose en el pecho de su padre y sintiéndose un poco somnoliento de pronto –Quiero que mi mami me cure la garganta...
-Adrien –Severus siguió meciéndolo, buscando las palabras adecuadas para hacerle comprender... Él también perdió a su madre muy pronto, pero nadie le explicó nunca qué ocurrió, así que no sabía que decirle a su hijo –Tu mami te está cuidando desde el cielo, pero no puede venir porque está muy lejos... ¿entiendes?
Remus abrió los ojos de par en par, sin terminar de creerse lo que estaba escuchando... ¿Ese que hablaba era el Severus Snape frío y calculador que conocía desde los once años o se lo habían cambiado? Le parecía tan irreal verlo allí, intentando consolar a un niño de cuatro años que lo había llamado "papi" que por un momento pensó que se había vuelto loco.
-Pero quiero que venga –insistió Adrien, dejando de llorar poco a poco -¡Mami! –se abrazó con fuerza a "Oso"... Tenía a "Oso" desde siempre; su madre se lo compró cuando él sólo era un bebé recién nacido y desde entonces habían estado juntos... "Oso" era el recuerdo más cercano que tenía de su mami y por eso lo necesitaba tanto porque, a pesar de insistir en que ella volviera, sabía que eso no era posible... Su mami se lo había explicado antes de morir, le había dicho que se iba a ir para siempre, que nunca más volvería a verla porque se iba al cielo y el cielo estaba muy lejos, pero que desde allí lo cuidaría... Justamente lo que le había dicho su papi, así que debía ser verdad... Aún así, había cosas que no entendía -¿Por qué se tuvo que ir al cielo? –dijo, cayendo en la cuenta de que el hombre que le llevó a "Oso" seguía allí, mirándolo con intensidad –Yo no quería que ella se fuera... Yo quería que se quedara conmigo para poder tener una mami como todos los otros niños...
-Tú mami hubiera querido quedarse contigo, pero no pudo hacer nada –Severus miró a Remus, que parecía anclado al suelo, observando la escena, y curiosamente no se sintió incómodo por la presencia de su viejo enemigo... –Ella estaba enferma y se murió... Pero seguro que está en el cielo, mirándote y ayudándote.
-Quisiera verla –Adrien había dejado de llorar, pero los ojos se le empezaban a cerrar de sueño; había pasado un momento terrible y debía estar agotado –La echo mucho de menos... Mi mami...
Adrien bostezó y, como por arte de magia se le cerraron los ojos, quedándose sumido en un agradable sueño. Severus lo acomodó entre sus brazos, pensando en que era el momento de irse a casa, pero no se levantó aún; a juzgar por la forma que Remus tenía de mirarlo, el licántropo quería decirle algo. Él había salvado a su hijo; lo menos que podía hacer era escucharle y responder todas sus dudas, aunque eso significara hablarle sobre Adrien.
-Severus... –masculló, sentándose frente a él con la cabeza echa un lío –Ese niño... ¿Es tu hijo? –el brujo se limitó a afirmar con la cabeza mientras secaba el rostro humedecido de Adrien y le acariciaba el pelo –Su madre...
-Murió –Severus chasqueó la lengua; si tenía que "confesar" sería mejor hacerlo de una vez; no era un hombre al que le gustaran los rodeos –Gracias por lo que has hecho antes... No pensé ni por un momento que fuera un boggart... Si no es por ti...
-No fue nada –Remus agitó la cabeza; había muchas cosas que decir, pero no sabía por dónde empezar –No sabía que tuvieras un hijo... Supongo que debo felicitarte...
-Yo mismo ignoraba su existencia hasta hace unas semanas –Severus suspiró y acomodó al niño –Antes de que me lo preguntes, su madre era muggle... Se hizo cargo de Adrien durante cuatro años, pero cayó enferma y falleció a principios de verano. El niño está conmigo ahora y es por eso por lo que he solicitado la ayuda de la Orden para proteger mi casa... Si un boggart ha estado a punto de matarlo, no quiero imaginar lo que podría hacer Lucius si vuelve a tenerlo frente a frente...
-¿Lucius? –Remus observaba detenidamente al pequeño; se parecía a Severus, estaba claro, pero no era un calco de él como Harry lo era de James Potter... Había rasgos que debían ser maternos y daban a su rostro una armonía que el de Severus no llegaba a alcanzar ni de lejos.
-Lo que acaba de ocurrir confirma que Adrien tuvo un encuentro anterior con el maldito Malfoy –masculló, comprendiendo por primera vez lo que significaba el boggart de Adrien... El mayor temor del niño era aquel hombre que irrumpió en su habitación una noche de tormenta... El mayor temor de Severus, viendo lo visto, era que precisamente ese hombre pudiera hacerle daño al niño... Había sido una jugada perfecta para el desafortunado boggart; si no hubiera sido por Remus, tanto Severus como Adrien hubieran sucumbido presa de sus temores.
-¿Le atacó? –Remus habló ligeramente indignado... ¿Quién era capaz de atacar a un niño?
-Esa vez no, pero luego se encargó de hechizar a un perro para que... –Severus agitó la cabeza, procurando no pensar en eso –Dumbledore te explicará los detalles, ¿te parece? Será mejor que me vaya a casa...
-Lo lamento, Severus, pero no puedes irte todavía.
Dumbledore acababa de entrar en la cocina; después de tranquilizar a los miembros de la Orden y de prometer aclarar lo ocurrido de forma inmediata, había regresado a aquella estancia para asegurarse de que todo estaba bien. Tras él, un angustiado Hagrid no dejaba de disculparse por dejar al niño solo; se tiraba del pelo con desesperación y no tardó ni dos segundos en acercarse a Severus para asegurarse de que Adrien estaba bien y, de paso, pedir perdón por su descuido... Pero Severus realmente no estaba enfadado con el guardabosques de Hogwarts; reconocía que no fue muy sensato dejar a Adrien solo en esa casa que parecía ocultar un objeto tenebroso debajo de cada baldosa, pero no estaba enfadado... Tal vez porque estaba demasiado aliviado al saber que Adrien estaba bien para preocuparse por otras cosas.
-¿Está bien? –preguntó Hagrid, estirando una mano hacia la cara del pequeño pero sin llegar a tocarle -¿Le ha pasado algo?
-Se ha dormido –dijo Severus con su voz fría de siempre recuperada –Pero está bien, no te preocupes.
-¡Gracias a Merlín!- Hagrid suspiró aliviado, retrocediendo un par de pasos medio aturdido –Siento muchísimo haberlo dejado solo... No pensé que fuera a ocurrir nada malo... Es un niño tan bueno... no me pareció peligroso...
-Está bien, Hagrid, no hace falta que digas nada –dijo Severus, ansioso por cortar esa conversación cuanto antes; no quería culpables, sólo quería que su hijo se despertara siendo el mismo de siempre, que aquel incidente no le dejara otra secuela que no fueran los moratones del cuello.
-Pobrecito –Hagrid se acercó de nuevo a Adrien y, esa vez sí, le pasó dos dedos con suavidad por la carita, pero el niño no pareció enterarse -¿Fue un boggart? Creí que la casa estaba limpia...
-Es una casa vieja, Rubeus –intervino Remus con calma, consciente de que a Severus no le hacía ninguna gracia escuchar la perorata del semi-gigante –Estas criaturas son escurridizas y se ocultan en cualquier parte –miró a su alrededor y vio la puerta de la despensa abierta y la silla que Adrien utilizara minutos antes a su lado –Seguro que estaba escondido entre las tablas sueltas... –y señaló la estancia con un dedo, logrando tranquilizar en parte el sentimiento de culpa de Hagrid, que en ese momento se sentía como un inútil que ni siquiera podía cuidar de un niño.
-Al menos no le ha pasado nada –Hagrid suspiró, mirando otra vez a Adrien –Pobrecillo...
-Hagrid –Albus interrumpió los lamentos del hombre, hablando con suavidad -¿Podrías llevarte a Adrien arriba? Estoy seguro de que estará a salvo con Buckbead... –y le guiñó un ojo, como si intuyera cómo había sido la reacción del hipogrifo teniendo a Adrien cerca.
-¡No, Albus! –Hagrid hizo amago de coger al niño, pero Severus se levantó, poniéndose a la defensiva –Me lo llevo a casa ahora mismo; necesita descansar y tomarse un par de pociones...
-Lo siento muchísimo, Severus –y, a juzgar por el tono de voz, el director era sincero –Pero es imprescindible que sigamos con nuestra conversación ahora... Todo el mundo está muy agitado...
-Pues explícales tú... –Severus abrazó al niño con fuerza –Adrien tiene que descansar...
-Y lo hará... arriba –Dumbledore decidió que había llegado el momento de ponerse duro –La presencia de Buckbead reconfortará al niño, te lo aseguro, y Molly y Hagrid se quedarán con él todo el tiempo... Va a estar bien.
Severus se quedó pensativo unos segundos; sabía que Adrien estaría a salvo... Sabía que Dumbledore no podía estar equivocado respecto al hipogrifo, sabía que Hagrid era capaz de proteger a cualquier niño de toda clase de amenazas con su propia vida y sabía que Molly Weasley sabía cómo tratar a los niños (no en vano crió a siete, y de edades muy similares entre ellos) pero no quería separarse de él... No quería que Adrien despertara y no lo viera a su lado, no después de haber estado tan cerca de perderlo... Pero sabía que Albus estaba decidido a llevar a cabo esa maldita reunión con la Orden y que él no podía hacer nada... Maldijo al viejo internamente y, con resignación, le entregó a Hagrid el niño... Sólo esperaba que la reunión no se hiciera eterna...
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-¿Cómo está el niño?
Minerva había sido la primera en hablar; la Orden del Fénix en pleno se había quedado mirando a Severus fijamente, como si trataran de analizarlo mentalmente, sin entender si habían visto una escena real o todo lo ocurrido en la cocina había sido un truco. ¿Severus Snape, padre? Aquello sonaba a chiste barato aunque, claro, todos habían visto al terrible profesor de Pociones aferrarse al niño como si se le fuera la vida en ello. Y Minerva, que era la única que sabía la verdad en todo su "esplendor", fue la primera en interesarse por el pequeño Adrien, el único que no tenía nada que ver ni con mortífagos, ni con venganzas ni con la Orden del Fénix, y el que más peligro parecía correr de todos teniendo en cuenta los tiempos que vivían.
-Está dormido –dijo Dumbledore, ante el silencio de un cada vez más enfurruñado Severus –Sólo tiene unos moratones en el cuello y un susto de muerte, nada grave.
Severus chasqueó la lengua dando a entender su disconformidad con el "veredicto" del viejo loco y se dejó caer en un butacón, decidido a no abrir la boca hasta no tener frente a sí a su hijo otra vez. Estaba allí, de acuerdo, pero no pensaba decir ni una sola palabra; que se las apañara Albus solo si tanto interés tenía por mantener esa maldita conversación en ese maldito momento.
-Bien –Moody se aclaró la voz después de un minuto de silencio absoluto, mirando a Severus fijamente –Así que el mocoso...
-Se llama Adrien –dijo Severus con brusquedad, poco dispuesto a soportar las estupideces de Moody; bastantes esfuerzos había hecho antes del incidente con el niño –Haz el favor de no volver a llamarlo "mocoso". Tiene un nombre.
Moody se puso tenso; evidentemente tenía intenciones de hacer algún comentario fuera de tono, pero la mirada dura de Minerva McGonagall lo llevó a morderse la lengua...
-Adrien –prosiguió, apretando los puños para contenerse –Es hijo de nuestro ex–mortífago favorito.
Severus le lanzó una mirada asesina... Minerva le lanzó una mirada asesina... Incluso Remus Lupin lo invitó a quedarse callado mientras sus ojos refulgían misteriosamente.
-Adrien es hijo de Severus, efectivamente –Dumbledore intervino para poner paz; sólo él podía hacerse cargo de la situación y evitar una hecatombe- El motivo principal de esta reunión es proteger al niño de la amenaza que para él suponen los mortífagos...
-Y, ¿cuándo exactamente tuviste tiempo para tener un hijo, Snape? –Moody insistía en buscar pelea y ya eran muchos los pares de ojos que lo estaban fulminando, aunque a él no parecía importarle lo más mínimo.
-No creo que eso te importe lo más mínimo...
-¿Quién es su mamita? ¿Una compañera de "batallas"? –Moody era realmente molesto, haciendo referencia a los mortífagos- Buen futuro le espera...
Severus se puso en pie, con los puños apretados, y echó mano de su varita... Ya no aguantaba más a ese maldito hombre; tenía los nervios a flor de piel después de haber visto a su hijo en manos de Lucius Malfoy (aunque sólo hubiera resultado ser un estúpido boggart) y no iba a permitir comentarios de ese tipo, insinuaciones que iban en contra de Adrien...
-¿Qué quieres decir? –dijo entre dientes, notando la mano de Minerva en su brazo -¿Qué demonios estás insinuando, viejo chiflado? (N/A: uy, uy, uy... Mirad la venita de la sien de Severus; pobre Moody)
-Nada, sólo digo que de tal palo, tal astilla...
Severus se dispuso a lanzarle un maleficio, pero Moody ya estaba de pie también, con la varita preparada... Los dos hombres se miraban con intenso odio y el resto de la Orden optó por tomarse todo aquello con diplomacia. El enfrentamiento entre esos dos se veía venir desde hacía mucho tiempo, así que... ¿por qué no dejar que se mataran, si eso era lo que querían hacer?
-¡Ya está bien!- la voz grave de Dumbledore los dejó a todos paralizados -¡Alastor! Te recuerdo que Adrien es un niño indefenso y nosotros estamos en la obligación de cuidarlo... -Moody quiso protestar, pero no le dieron cuartel –Me importa muy poco que Severus te caiga mal; Adrien no tiene nada que ver con la guerra ni con nada de lo ocurrido los últimos años y te puedo asegurar que lo protegería aunque Severus hubiera resultado ser leal a Voldemort –un estremecimiento general se produjo ante ese nombre –Y, Severus, haz el favor de tranquilizarte. Creo que ya hemos tenido suficientes emociones por hoy y quiero terminar con todo esto cuanto antes para que puedas llevarte al niño a casa.
Severus y Moody se miraron con intenso odio; en ese momento, el profesor de Pociones no hubiera podido mirar a ninguna otra persona del planeta con esa expresión de desprecio y rencor entremezclados con furia, ni siquiera a Sirius Black si siguiera vivo... Tal vez a Lucius Malfoy, pero lo que tenía contra ese brujo era mucho más intenso que unas simples rencillas con un viejo auror medio loco y obsesionado con estar en "alerta permanente". Severus fue el primero en guardar su varita, dejándose caer en el sofá de nuevo, harto de estar en esa casa del demonio que le hacía acordarse del "caniche Black" y, por ende, de su desastrosa adolescencia y, bueno, de todo lo que pasó después... Adrien era la única luz que había tenido en su vida y, tal y como Dumbledore había dicho, él también quería terminar pronto con esa reunión para llevárselo a su remodelada casa, para ponerle su pijama, darle un vaso de leche y acostarse con el pequeño hasta que el susto se le pasase de forma definitiva. Moody también se sentó, aunque no parecía muy conforme, y Dumbledore soltó un largo suspiro.
-Creo que deberíamos establecer turnos para vigilar al niño... –miró a su alrededor; los demás afirmaron con la cabeza- Mientras esté en la casa y en el colegio, estará a salvo, así que adaptaremos nuestros horarios a los suyos y...
Durante casi una hora, Dumbledore explicó el plan que había diseñado para que Adrien estuviera vigilado las veinticuatro horas del día... El niño no debía ser consciente de nada, por supuesto, pero los miembros de la Orden estarían siempre cerca para asegurarse de que nada le pasaba de camino al colegio o a casa, o cuando saliera a jugar al parque o a cualquier otro sitio... A Severus le pareció bastante sencillo; todo el mundo podría adaptar sus horarios de trabajo para prestar su ayuda y Severus se sintió más tranquilo. Dumbledore siempre había sabido cómo elaborar planes tan meticulosos como aquel; no se le escapaba ningún detalle y solía tener en cuenta cosas que nadie más acertaba a ver... Era realmente afortunado de contar con alguien como él para cuidar de Adrien, de eso no cabía duda...
Después de la reunión, los miembros de la Orden se fueron retirando; Moody seguía gruñendo por lo bajo cuando se fue, pero no volvió a dirigirle la palabra a Severus. Al cabo de un rato, en la biblioteca de Grimmauld Place sólo quedaban Severus, Dumbledore, Arthur Weasley, Minerva McGonagall y Remus Lupin; los tres últimos parecían querer conocer un poco más de Adrien (bueno, Arthur puso la excusa de esperar a su mujer, pero no engañó a nadie), y Severus aceptó la situación con resignación... ¿Qué podía hacer él ante la mirada maliciosa de Dumbledore? Siempre Dumbledore... Ese viejo manipulador... Siempre se salía con la suya, no tenía remedio.
-He estado mirando los libros que contienen los nombres de los futuros estudiantes de Hogwarts –dijo Minerva pensando que, tal vez, a Severus le gustaría oír lo que tenía que decir –Pero no he visto a ningún Adrien Snape... Y es extraño, porque el niño es un mago, ¿no?
-Deberías buscar por Adrien Bellefort –dijo de mala gana, apoyando la barbilla en su puño –Su madre insistió en que el niño conservara su apellido de soltera...
Tres personas mirándolo con escepticismo... ¿Severus Snape renunciando a poner su apellido a su hijo? ¡Oh, eso sí era increíble!
-Es solo un nombre, ¿qué mas da? –dijo, quisquilloso, harto de que lo miraran como si fuera la octava maravilla del mundo –Francamente, me importa muy poco si es un Bellefort o un Snape...
-No deja de ser Adrien...
Fue Remus el que habló, sonriendo levemente y cabeceando, como si entendiera a la perfección el razonamiento de Severus... El profesor de pociones encontró algo diferente en su colega de profesión, algo que también percibió cuando saludó a los presentes después de aparecer en la chimenea y que parecía hacerlo realmente feliz...
-Reconozco que ha sido una gran sorpresa enterarnos de esto –dijo Arthur de pronto; Severus lo miró fijamente... Al fin alguien que decía algo sensato, aunque fuera ese Weasley –No quiero que te ofendas, pero eras la última persona que me imaginaba siendo padre... Es casi irreal...
Severus sonrió; por un momento Arthur pensó que estallaría igual que lo hizo con Moody, pero el brujo permaneció tranquilo, moviendo afirmativamente la cabeza.
-Sí, supongo que es lógico... –pareció que iba a añadir algo más, pero en lugar de eso miró a Dumbledore -¿Puedo llevarme a Adrien ya? Se está haciendo muy tarde...
Dumbledore movió afirmativamente la cabeza y Severus no esperó ni un segundo más antes de ponerse en pie y salir de la biblioteca dando sus características zancadas firmes y larguísimas.
-El mundo debe haberse vuelto loco –dijo el señor Weasley, pasándose los dedos por los ojos; luego miró a Dumbledore -¿Estás seguro de que el niño estará bien con Severus? No es desconfianza ni nada parecido, pero, francamente, yo no dejaría al hijo de nadie al cuidado de un hombre como él... El pobre niño debe vivir atemorizado.
-¿Acaso no has visto como lo abrazó? –intervino Minerva; si alguna vez había dudado del "instinto paternal" de su colega, ahora estaba segura de que Severus sería un gran padre –Aunque nos parezca raro, ese hombre adora al niño...
-Y el niño lo adora a él –dijo Remus, sonriendo –Si Sirius estuviera aquí...
-Se daría cabezazos contra la pared hasta quedar inconsciente –Dumbledore rió y todos los demás lo secundaron... Todavía se echaba de menos la presencia del animago, sobre todo en momentos como ese, cuando surgía la oportunidad perfecta para molestar a Severus Snape.
-Esperemos que el niño se recupere de todo esto –dijo Arthur, recostándose en el sillón.
-Eso no lo dudo ni por un segundo- añadió Dumbledore con ese toque de misterio que siempre lograba obtener cuando se lo proponía... Una vez más había dado la sensación de saber más que nadie sobre el tema y los otros tres presentes lo miraron inquisitivamente, aunque ninguno abrió la boca... De todas formas Albus no iba a responderles si le preguntaban algo...
Y en el próximo capítulo, titulado "Una pequeña historia"
-Papi... –masculló, encogiéndose de pronto, como si todos sus peores recuerdos hubieran inundado su mente de repente –El hombre malo...
-Schss... –Severus le pasó una mano por el pelo, sonriéndole tranquilizadoramente –El hombre malo se ha ido... –a Severus le gustaría añadir un "para siempre", pero sabe que eso no es verdad.
-Me duele el cuello –dice Adrien, acercándose a su padre un poco más, evidentemente asustado.
-Ya lo sé, pequeño –Severus se sienta en la cama y enciende la luz, sentando a Adrien en su regazo; ha llegado el momento de hablar en serio con él, aunque no se encuentre con valor suficiente para hacerlo –Se te pasará pronto, no te preocupes.
Adrien se quedó callado, abrazado a su padre, un poco somnoliento aún; sabía que estaba a salvo, pero aún así temía que el hombre que le había hecho daño volviera a la habitación para terminar lo que no había podido hacer antes. Recordó con total nitidez lo que había ocurrido unas horas en el número 12 de Grimmauld Place y un montón de dudas acudieron a su cabeza, dudas que tal vez su padre pudiera resolverle. (N/A: Démosle un respiro al probrecito Adrien, jeje)
