Muy buenas a todos. He vuelto y, bueno, decir lo de siempre, eso de que los personajes y tal pertenecen a JK.Rowling... Quisiera mandar un besazo a Black Lilith, Melisa-C, amsp 14, Paula Moonligth (lo que me comentas de las fotos y tal, ya está pensado, tú tranqui; y por partida doble, además... Pero habrá que esperar un poco más) edysev, Lia Du Black, MeilinSnape, RAC y Utena-Puchiko-nyu. Muchas gracias por vuestros comentarios y, como siempre digo, acepto sugerencias, vociferadores y todo lo que me queráis decir. Espero que os guste el capi.
Besos, Cris Snape
CAPÍTULO 14. Una pequeña historia
Severus subió la escalera todo lo deprisa que pudo; escuchó un retazo de la conversación que estaba teniendo en la biblioteca del número 12 de Grimmauld Place y decidió que lo mejor que podía hacer era ignorar cualquier clase de comentario que tuviera algo que ver con él y con el hecho de que, de un día para otro, hubiera pasado de ser un desagradable profesor de pociones amargado, solitario y ex-mortífago a transformarse en un padre amoroso y medio histérico (porque eso era poco menos lo que la Orden del Fénix había apreciado esa tarde) Procuró pensar en Adrien, sólo en Adrien, para que se le quitara un poco el mal humor, pero no funcionó, porque se acordaba de lo que había pasado unos minutos antes con el maldito boggart y le ardía la sangre, no sólo porque él no había dado la talla en una situación como aquella, sino porque ahora tenía la certeza de que había un hombre rondando a Adrien para lastimarle... Si en ese momento hubiera tenido a Lucius Malfoy delante...
Pero no era Lucius el que estaba ante sus ojos en ese momento, sino la puerta de la habitación en la que estaba durmiendo Adrien bajo la atenta mirada de Hagrid y Molly Weasley... ¿Quién le iba a decir a él un mes antes que esas dos personas iban a resguardar algo (a alguien, en ese caso) que era de vital importancia para él? Abrió la puerta con cuidado, esperando no encontrarse con Buckbead con las zarpas preparadas para atacarle; por fortuna, el hipogrifo no estaba allí, y Hagrid tampoco, así que el guardabosques debía estar ocupándose del animal mágico. La que si estaba sentada en una silla junto a la cama era Molly Weasley, con la mano en la frente del niño, acariciándole con suavidad las cejitas, con cuidado de no despertarlo; Severus se quedó un momento observándola y se dio cuenta de que Adrien iba a necesitar una madre... Él, a pesar de que en toda su vida no había demostrado ser un hombre cariñoso, había encontrado la manera de demostrarle a Adrien que lo quería, pero jamás lograría mirar al niño con la ternura que en ese momento dibujaban los ojos de Molly... Él jamás podría darle al niño el amor de madre que, sin ninguna duda, Mariah le dispensó al pequeño mientras estuvo con él, y se sintió un poco apenado, no por él, sino por Adrien... De cualquier forma, no era ese el momento para pensar en ese tipo de cosas, así que se acercó a la cama procurando no hacer ruido; Adrien dormía plácidamente, con el cuello marcado con unos feos moratones que recordaban el incidente con el boggart de la forma más cruda. Estaba abrazado a su osito, aparentemente tranquilo...
Molly alzó la vista y se puso en pie cuando vio a Severus; todavía estaba intentando hacerse a la idea de que el hombre que tenía delante era el padre del niño que dormía a su derecha... Tenían cierto parecido, de eso no cabía duda, pero la mujer no terminaba de creérselo... ¿Severus Snape, padre? Simplemente no sabía qué pensar, pero tampoco quería dedicar mucho tiempo a hacerlo. El niño era hijo del profesor de pociones, estaba bien cuidado y se notaba que Severus lo apreciaba; ella no tenía motivos para preocuparse.
-Severus... –masculló, mirando de reojo a Adrien -¿Ya ha terminado la reunión?
-Hace unos minutos –Severus se mantuvo erguido, hablando con su habitual frialdad, como si quisiera recuperar su fama de hombre rudo, aunque la verdad era que no veía el momento de coger a Adrien y ocuparse de él en la tranquilidad de su casa -¿Se ha despertado?
-No... –Molly sonrió dulcemente al fijar sus ojos en el niño –Es un angelito...
-Habrá salido a la madre –Severus hizo una mueca y se acercó a la cama, dejando a Molly un poco trastornada... ¿eso había sido una broma? –Gracias por cuidar de él; por lo visto, teníamos que hablar precisamente esta noche de ciertas cosas.
-¡Oh, de nada! –Molly no sabía muy bien qué decir... ¿Snape le había dado las gracias? –La verdad es que después de los gemelos, ocuparse de cualquier otro niño resulta de lo más sencillo.
-Sí... –Severus cogió en brazos a Adrien; el niño soltó un gemido de protesta, pero no se despertó. Quería marcharse antes de que a Molly Weasley le diera por iniciar una conversación sobre la crianza de sus hijos, una conversación que podría ser muy larga teniendo en cuenta que tuvo siete... Teniendo en cuenta que tuvo que ocuparse de Fred y George Weasley desde el día que nacieron... Severus todavía sentía que la piel se le ponía de gallina cuando pensaba en ellos... Quizás algún día le pudiera pedir consejo a esa mujer, pero ese no era ni el lugar ni el momento –Nos vamos ya, Molly –dijo, y su voz sonó más suave de lo que él pensó.
-Sí, bueno... –Molly dio un par de pasos atrás –Supongo que nos veremos pronto...
Severus no dijo nada más; inclinó la cabeza a modo de saludo y, sin más, desapareció de la vieja casa de la familia Black, apareciendo un segundo después en el salón de su propia casa, con Adrien en brazos, cansado, molesto y levemente preocupado por el niño, a pesar de que el plan de Dumbledore sonaba bastante efectivo.
Llevó a Adrien a su habitación, le puso el pijama con ayuda de la magia, de modo que el niño ni se enteró, y se acostó a su lado; era temprano y ni siquiera habían cenado, pero no le importaba la hora... Sólo quería pasarle un brazo por encima al niño y mirarlo dormir, asegurarse de que nadie más iba a lastimarlo; estuvo cerca de una hora despierto, escuchando la respiración acompasada de Adrien, hasta que el pequeño se removió y abrió lentamente los ojos, fijándolos en su padre...
-Papi... –masculló, encogiéndose de pronto, como si todos sus peores recuerdos hubieran inundado su mente de repente –El hombre malo...
-Schss... –Severus le pasó una mano por el pelo, sonriéndole tranquilizadoramente –El hombre malo se ha ido... –a Severus le gustaría añadir un "para siempre", pero sabe que eso no es verdad.
-Me duele el cuello –dice Adrien, acercándose a su padre un poco más, evidentemente asustado.
-Ya lo sé, pequeño –Severus se sienta en la cama y enciende la luz, sentando a Adrien en su regazo; ha llegado el momento de hablar en serio con él, aunque no se encuentre con valor suficiente para hacerlo –Se te pasará pronto, no te preocupes.
Adrien se quedó callado, abrazado a su padre, un poco somnoliento aún; sabía que estaba a salvo, pero aún así temía que el hombre que le había hecho daño volviera a la habitación para terminar lo que no había podido hacer antes. Recordó con total nitidez lo que había ocurrido unas horas en el número 12 de Grimmauld Place y un montón de dudas acudieron a su cabeza, dudas que tal vez su padre pudiera resolverle.
-¿Quién era ese señor? –preguntó, sin moverse, mientras Severus le acariciaba el pelo –El que me llevó a "Oso".
-Se llama Remus Lupin –dijo Severus con calma, agradeciéndole una vez más al licántropo la ayuda prestada –Nos conocemos desde hace mucho tiempo.
-¿Es amigo tuyo?
-Bueno... –Severus sonrió; Adrien había alzado la carita para mirarlo de frente –En realidad, no somos muy amigos... Sólo nos conocemos.
-¡Ah! –Adrien dejó de mirarlo -¿Por qué no sois amigos?
Severus se quedó callado unos segundos; aquella era una buena pregunta, bastante difícil de responder puesto que ni el mismo Severus encontraba una respuesta medianamente convincente... No podía decirle a Adrien que se habían odiado desde el mismo momento en que se vieron, básicamente porque Remus era amigo de Sirius Black y James Potter; seguramente no lo entendería.
-No lo sé... –Severus habló con suavidad –Supongo que no se puede ser amigo de todo el mundo.
-¡Ah! –Adrien volvió a clavar en Severus sus ojos negros, arrugando la nariz –A mí me ha caído bien... –musitó, como si no estuviera muy seguro de si debía o no decir aquello -¿Crees que volveré a verlo?
-Estoy seguro de eso –Severus sonrió y lo abrazó con fuerza.
-Me gustaría preguntarle cómo hizo eso con el hombre malo... –dijo en un susurro, temblando ligeramente de nuevo, asustado por unos recuerdos que no lo dejarían en paz una buena temporada –Lo convirtió en una bola blanca...
-Sí...
Severus se quedó pensativo un momento; era el momento de explicarle a Adrien algo sobre el peligro que se cernía contra él... Dumbledore le había aconsejado que le hablara de los mortífagos para que el niño se acostumbrara a la presencia de los miembros de la Orden vigilándole pero, sobre todo, para que no confiara absolutamente en nadie, no hasta que no estuvieran seguros de que estaba a salvo. El hombre suspiró y cerró los ojos un momento, esperando encontrar las palabras justas para que Adrien entendiera lo que ocurría sin que se sintiera aterrorizado.
-Verás, Adrien –dijo, aclarándose la voz, sintiéndose nervioso e inseguro –Tal vez yo pueda hablarte sobre lo que ha ocurrido en Grimmauld Place... Yo sé cómo convirtió Remus al hombre malo en una bola blanca...
-¿De verdad? –Adrien se incorporó, mirándolo atentamente -¿Cómo?
-Pues... –Severus se sintió estúpido de pronto; media vida siendo profesor y, a la hora de la verdad, era incapaz de explicar las cosas con sencillez y corrección –El hombre malo no era un hombre en realidad...
-Entonces...
-El hombre malo era un boggart –Adrien no preguntó nada, pero tampoco fue necesario; miraba a su padre expectante, esperando que continuara hablando –Un boggart es una criatura mágica que puede convertirse en aquello que nos da más miedo... Nadie sabe qué forma tienen en realidad, porque cada persona lo ve de una forma diferente... –Severus se aclaró la voz otra vez –Por eso, cuando tú te encontraste con el boggart, viste al hombre malo... El hombre de la tormenta...
Adrien miró a su padre atentamente unos segundos; entendía a la perfección lo que quería decir. Se llevó la mano al cuello de forma inconsciente y, después, se recostó en el pecho de su padre, volviendo a sentir el temor que no le dejaba tranquilizarse ni un solo momento.
-Me da mucho miedo –dijo, cerrando los ojos y notando los brazos fuertes de su padre rodeándolo para protegerlo.
-Ya lo sé, pequeño, pero a partir de ahora vas a estar a salvo... –Severus meció al niño en sus brazos –El abuelo Albus y yo hemos pedido la ayuda de mucha gente y no dejaremos que el hombre malo se acerque a ti nunca más... –Adrien lo miró, con la duda en los ojos –Y yo me encargaré de acabar con todos los boggart que nos encontremos.
Adrien sonrió cuando su padre hizo una mueca bastante graciosa de autosuficiencia; realmente creía en las palabras que le estaba diciendo, pero seguía teniendo muchas dudas.
-¿Tú sabes quién es el hombre malo? –preguntó con seriedad; notó que Severus se ponía un poco tenso, pero supo que iba a contestar todas sus preguntas.
-Sí –Severus soltó un largo suspiro –Se llama Lucius Malfoy.
-Malfoy... –Adrien repitió el nombre en un susurro –Y, ¿por qué quiere hacerme daño?
-No es a ti a quién quiere hacer daño, Adrien –Severus le acarició la carita, buscando nuevamente las palabras adecuadas –La noche de la tormenta, Lucius vino a buscarme a mí; él ni siquiera sabía que tú estabas en la casa... Venía a por mí...
-¿Por qué?
Había llegado el momento... Severus lo sabía y, a juzgar por el rostro de Adrien, el niño entendía que lo que iban a decirle a continuación era muy importante, así que estaba dispuesto a escuchar sin perderse ni un solo detalle. Severus se acomodó en la cama, acomodando a Adrien entre su pecho y las rodillas para mirarlo de frente, y empezó a hablar como si no estuviera más que relatando un cuento... Adrien, de hecho, tuvo la sensación de que lo estaba haciendo y se acordó de su mamá y todas las historias maravillosas que solía contarle.
-Verás, Adrien... Tú sabes que no todas las personas son buenas, ¿verdad? –Adrien afirmó con la cabeza, con los ojos abiertos como platos –En el mundo mágico, también hay magos que son muy malos... Pues bien, hace no mucho tiempo, hubo un mago malvado... Se hacía llamar lord Voldemort –pronunció el nombre con temor, aunque lo consideró necesario –Y todo el mundo le tenía mucho miedo... De hecho, muy pocos se atrevían a pronunciar su nombre, porque ese mago malvado hizo daño a mucha gente.
-¿Tú pronunciabas su nombre? –preguntó Adrien con interés, mordiéndose los labios.
-No, pequeño –Severus le cogió las manos y jugueteó con sus dedos –A mí también me daba miedo hacerlo... –Adrien sonrió de forma casi burlona; así que su papá no era tan valiente como parecía... –El abuelo Albus sí lo llamaba por su nombre y Remus Lupin también... Y un chico, Harry Potter, el chico que más tarde lo derrotó...
-¿Harry Potter? –Adrien interrumpió el relato, frunciendo el ceño -¿El dueño de Buckbead?
-El dueño de Buckbead, sí...
-¡Vaya! –Adrien abrió mucho los ojos -¿Cómo lo derrotó?
-Todavía falta mucho para llegar a esa parte –Severus sonrió –No seas impaciente –Adrien se quedó callado, invitándolo a continuar con el relato –Como te decía, lord Voldemort era un mago malvado... Un mago que, como mucha otra gente, pensaba que aquellas personas que no podían hacer magia, conocidos por todos como muggles...
-¿Cómo mi mami?
-Como tu mami... –Severus suspiró; no iba a ser fácil explicar todo aquello con las continuas interrupciones del niño, pero le encantaba saber que había captado con cierta facilidad su atención – Pensaba que los muggles y los magos que eran hijos de muggles, "sangre-sucia" los llamaba...
-¿"Sangre-sucia"? –Adrien frunció el ceño -¿Cómo yo? –Severus se quedó callado, sorprendido ante la inteligencia de aquel niño de cuatro años – Si mi mami era muggle, yo soy...
-Un mago... –interrumpió Severus con seriedad –"Sangre-sucia" es un nombre horrible; no debes dejar que nadie te llame así, ¿entiendes? –Adrien no entendía muy bien, pero afirmó con la cabeza, esperando que su padre le aclarara las dudas más tarde –Mira Adrien, ese mago malvado creía que los muggles y los magos nacidos de muggles eran inferiores a él... Por eso les hacía daño... Él llamaba "sangre-sucia" a la gente para hacerles daño, ¿entiendes? –esa vez, Adrien sí entendió –Pero no eran más que tonterías porque tú sabes que los muggles son tan buenos como los magos... Tu mamá era una mujer maravillosa aunque no pudiera hacer magia y tú serás un gran mago aunque no seas de una familia de "sangre-limpia", como llamaba lord Voldemort a los que procedían de antiguas familias de magos.
Adrien afirmó con la cabeza y Severus llegó a la conclusión de que se estaba embrollando un poco todo con esas explicaciones. Debía retomar su relato sencillo para no confundir a Adrien...
-En fin –Severus agitó la cabeza y siguió hablando –Hace muchos años, ese mago empezó a adquirir poder y a buscar seguidores –Severus se dio cuenta de que había llegado a la parte más difícil del relato, pero estaba dispuesto a contarlo todo –Papá era muy joven y muy tonto y, durante algún tiempo, creyó que lo que ese mago decía era verdad –Adrien no hizo ningún gesto; se limitó a escuchar –Papá tenía dieciséis años y, como tú, era hijo de una bruja y un mago... La abuelita Eillen era la hija única de un mago de mucho renombre hace ya muchos años, Derneq Prince; era una mujer muy buena, pero se casó con un hombre que no la hizo feliz... –Severus tragó saliva, recordando aquellas cosas que le resultaban tan dolorosas –El abuelo Tobías era un muggle y no era un buen hombre... Cuando papá era un niño, pensaba que el abuelo era malo por ser muggle, pero más tarde se dio cuenta de que era malo simplemente porque lo era... –Adrien afirmó con la cabeza; entendía que su papá y su abuelo Tobías nunca se habían llevado muy bien –Papá era muy tonto y pensó que, si se unía a lord Voldemort, podría solucionar todos sus problemas y se convirtió en un seguidor de ese mago malvado –Severus se levantó la túnica y le mostró a Adrien su tatuaje –Esta era la marca que me identificaba como mortífago...
-¿Mortífago?
-Tú me preguntaste por ellos un día, cuando pasó lo del perro –Severus esperó que Adrien mirara con desprecio su Marca Tenebrosa, pero no fue así; seguía habiendo curiosidad y ¿comprensión, tal vez? –Los seguidores de lord Voldemort eran mortífagos... Papá fue mortífago durante algún tiempo, hasta que se dio cuenta de que estaba equivocado y pidió la ayuda del abuelo Albus... Él ayudó mucho a papá, lo ayudó a abandonar a lord Voldemort y, desde entonces, papá se dedicó a luchar contra ese malo malvado que quería hacer daño a mucha gente... –Adrien pasó los deditos de nuevo por la Marca Tenebrosa y Severus se estremeció como ya le pasara la vez anterior –Hace unos meses, Harry Potter venció a ese mago malvado, pero muchos de sus seguidores siguen libres, Lucius Malfoy entre ellos, y quieren vengarse de papá porque un día dejó de ser un mortífago y se unió al abuelo Albus... ¿entiendes lo que te estoy diciendo, Adrien?
-Sí, papi... –Adrien afirmó con la cabeza –Pero no te van a hacer nada, ¿verdad?
A Adrien le angustiaba esa idea; ya había visto como su mamá se moría y no quería que esos hombres malos le hicieran algo a su papá. Lo quería mucho y no quería volver al orfanato con el señor Burns, no quería que le buscaran otra familia ni quería separarse de Severus; ahora era feliz donde estaba, a pesar de que entendía que había cierto peligro rondándolos.
-No, pequeño –Severus sonrió, inspirándole confianza –El abuelo Albus y muchos otros magos hemos hecho un plan para que no nos pase nada. Ni a ti ni a mí... Te voy a presentar a unas personas que van a cuidar de nosotros; puedes confiar en ellos, pero en nadie más, ¿entiendes? No debes acercarte a nadie que yo no te haya presentado antes...
-No hablaré con desconocidos –Adrien habló con firmeza, recordando los viejos consejos de su mamá.
-Muy bien –Severus miró a su hijo, sintiéndose orgullo de él, aliviado porque había comprendido su historia y no parecía dispuesto a hacerle reproches, aunque tal vez se los mereciera... Algún día le explicaría los detalles, pero Adrien era demasiado pequeño para saber más de lo que le había contado –Ahora no tienes que tener miedo, ¿de acuerdo? Estamos en casa y hay mucha gente que quiere protegernos; no vamos a dejar que nadie te vuelva a hacer daño...
-Sí, papi... –Adrien no parecía muy seguro y se llevó la mano al cuello otra vez, una mano que Severus le cogió con suavidad para colocar la suya sobre los moratones del pequeño.
-Creo que tengo una poción por ahí guardada que te aliviará el dolor en el cuello –dijo, levantándose de la cama y cogiendo a Adrien en brazos –Además, supongo que tendrás hambre.
-La verdad es que sí –Adrien sonrió con timidez -¿Me vas a dar la poción? Yo nunca antes he tomado ninguna.
-No puedo decirte que te vaya a gustar, pero te vas a sentir mucho mejor.
Adrien afirmó con la cabeza. Efectivamente, la poción no le gustó para nada; sabía a rayos encendidos y casi le hace vomitar, pero Severus había previsto eso y le había dado rápidamente un vaso lleno a rebosar de su refresco favorito. Después, cenaron tranquilamente en la sala de estar, viendo una película, y regresaron a la cama. Adrien estaba mucho más tranquilo para entonces y, aunque seguía teniendo muchas dudas, ya no tenía el mismo miedo de antes; sabía que su papá había hecho cosas de las que no se sentía orgulloso y algún día le preguntaría por ellas, pero esa noche le bastaba con saber que su papi lo quería mucho y que no iba a dejar que nada malo le pasara mientras estuviera cerca de él.
Y en el próximo capítulo, titulado "Draco":
-Buenos días, Severus –saludó, con una leve inclinación de cabeza; sólo por ese gesto, Severus se prometió ser amable con ese hombre... -¿Qué te pongo?
-Un whisky de fuego, por favor –masculló, ignorando la mirada de Tom que quería decir algo así como "¿A estas horas?"
-Y –Tom se giró para mirar a Adrien, demostrando que sabía perfectamente como tratar a un niño; se inclinó hasta que su rostro quedó a la altura del rostro del pequeño y habló con suavidad -¿Al caballero?
Adrien miró a su alrededor buscando "al caballero", hasta que se dio cuenta de que le estaban hablando a él y dio un bote en su silla. Nunca antes, cuando salía con su mamá, un camarero le había preguntado directamente a él qué quería tomar y ese momento había llegado, a pesar de que él no tenía ni la más mínima idea de lo que podía pedir. No sabía qué cosas se bebían en el mundo mágico y su padre no parecía muy dispuesto a ayudarle, pues en ese momento lo miraba medio embelesado.
-Eh... ¿Una coca-cola? –Tom alzó una ceja y lo miró con cara rara. Adrien comprendió que en el mundo mágico no había coca-cola y se arriesgó con otra cosa -¿Un whisky de fuego?
Tom lo miró con cara rara un momento; el propio Severus alzó una ceja ante lo que acababa de escuchar y Adrien supo que acababa de decir una barbaridad. No sabía lo que era el whisky de fuego, pero sonaba bien y estaba seguro de que debía estar bueno... De pronto, Tom y su padre soltaron una risotada y Adrien sintió la mano de Severus despeinándole para no variar. (N/A: ¿Pensabais que iba a adelantar algo del primer encuentro entre Adrien y Draco? ¡Por supuesto que no!)
