Hola a todos! Bueno, pues aquí estoy, actualizando antes de que pase una semana, para que luego os quejéis, jeje. Como siempre, dar las gracias a los que me dejaron reviews: Lia Du Black, amsp 14, Aurasly (muchas gracias por tu comentario; lo que me comentas del slash, me temo que Paula Moonligth tiene razón; todavía no me he atrevido a hacer fics de ese tipo, aunque me gustan mucho. Supongo que es cuestión de proponérselo...), MeilinSnape, vampiresa, edysev, RAC, Utena-Puchiko-nyu, mace y Paula Moonlight (por cierto, de Draco no dije nada, pero ahora lo aclaro... más o menos).
También quisiera dar las gracias a todos aquellos que seguís la historia; espero que os esté gustando y ya sabéis, sugerencias y tal y tal, si os apetece.
Nada más; os dejo con la primera parte de las "aventuras" de Adrien y Severus en el Callejón Diagón.
Besos, Cris Snape
CAPÍTULO 15. Draco
Adrien se despertó poco después del amanecer; estaba tumbado boca abajo, con la cabeza girada hacia la ventana y lo primero que sintió fue el brazo de su padre sobre su cuerpecito, haciéndole sentir tremendamente protegido y a salvo. Se removió con cuidado, procurando no molestar a Severus, pero enseguida su papá se dio cuenta de que ya no dormía y retiró su brazo para dejar que se diera media vuelta; Severus no había pegado ojo en toda la noche, velando los sueños del niño para asegurarse de que todo estaba bien, así que no había tardado ni un segundo en percatarse de que Adrien ya se había puesto en marcha ese día. Sólo deseaba que estuviera bien, que lo ocurrido el día anterior no le dejara ninguna clase de secuelas y siguiera siendo el niño alegre que se había ganado un hueco en su corazón de hielo con una velocidad pasmosa. Adrien giró la cabeza y se encontró con el rostro sonriente de su papá, que lo observaba como si lo viera por primera vez, con los ojos brillantes y la expresión relajada, de una forma similar a la forma en que su mamá solía mirarlo cuando lo despertaba por las mañanas. Inmediatamente Severus llevó una mano a la cara del niño y le acarició una mejilla, notándolo tranquilo, casi como si no hubiera pasado nada, aunque había algo en los ojos de Adrien que no estaba allí antes, como si el miedo que debió sentir el día anterior fuera a tardar mucho tiempo en desaparecer.
-Buenos días, pequeño –dijo Severus con suavidad, sentándose en la cama mientras examinaba los moratones del cuello de Adrien que, gracias a las pociones, estaban desapareciendo a una velocidad pasmosa -¿Has dormido bien? –Adrien afirmó con la cabeza y se quedó recostado, un poco somnoliento aún; se sentía tan a gusto que no quería moverse de allí en todo el día –He pensado que podríamos pasar el día fuera –dijo Severus, dispuesto a levantarse –Tengo que ir a comprar unas cosas a un lugar especial y estoy seguro de que te gustará mucho.
Severus esperaba una reacción repleta de emoción, pero en lugar de eso, Adrien le miró con un deje de tristeza y se incorporó un tanto resignado, dispuesto a obedecer a su padre a pesar de no tener ganas de ir a más lugares especiales: bastante había tenido el día anterior con la visita a aquella casa tan tétrica y lo que ocurrió después...
-¿Sigues asustado, Adrien? –inquirió Severus examinando el rostro un tanto melancólico del niño, adivinando sus pensamientos sin necesidad de irrumpir en su mente igual que solía irrumpir en la mente de la mayor parte de las personas que tenía cerca. Adrien no respondió, aunque su silencio confirmó las sospechas de su padre –Te aseguro que no te va a pasar nada, pequeño –Severus lo estrechó entre sus brazos, intentando reconfortarlo –Nos vamos a divertir mucho, ya lo verás; el sitio que quiero que veas es el Callejón Diagón, hay muchas tiendas para magos y es un lugar muy bonito. Nada malo te ocurrirá cuando estemos allí.
-Pero... –Adrien agachó la mirada; a Severus no le gustaba verlo así, pero no se le ocurría qué podía hacer para ayudarlo a sentirse mejor –Papi...
Severus suspiró; Adrien se mostraba reacio a salir de la casa y realmente no era para menos, pero no podía permitir que el niño viviera siempre asustado. La noche anterior parecía haber entendido a la perfección todo lo que su padre le explicó acerca del mundo mágico, pero eso no fue suficiente para hacer que su miedo desapareciera por completo; esa mañana, Adrien parecía más pequeño y más vulnerable que nunca y Severus decidió que, si no lograba convencerlo con buenas palabras, no lo llevaría al Callejón Diagón. Después de todo, aún faltaban un par de semanas para el comienzo del curso y podía permitirse el lujo de retrasar las compras unos días más, hasta que el niño estuviera completamente recuperado y se sintiera más seguro.
-Verás, Adrien –dijo con suavidad, rezando por que sus palabras sonaran medianamente seductoras –Había pensado en comprarte unas túnicas de mago –el niño lo miró un segundo, pero no demasiado convencido –Quizás alguna vez pueda llevarte a Hogwarts conmigo, cuando empiece el curso, y las túnicas te vendrán bien... –Adrien pensó que todo aquello parecía tentador, ir a aquel maravilloso castillo muchas otras veces, pero seguía sin querer marcharse de casa esa mañana –Hay túnicas de muchos colores y podrás elegir el que más te guste... –Severus esperó que Adrien le interrumpiera eligiendo el tono que prefería su túnica, pero el niño seguía callado –También hay tiendas donde venden dulces que sólo los magos podemos comprar y una heladería que tiene unos riquísimos helados de todos los sabores –Adrien hizo un gesto de curiosidad, pero siguió sin decir nada; Severus seguía pensando en cosas del Callejón Diagón que pudieran llamar la atención de un niño –Podremos buscar algún libro para que colorees con dibujos que se muevan, como los personajes de los cuadros del abuelo Albus –esa vez, Adrien estiró el cuello y miró a su padre con interés –Y luego están los juguetes, claro: muñecos que pueden moverse y hablar ellos solos, puzzles que cambian de dibujo cada vez que montas uno, escobas voladoras que se alzan un metro del suelo...
-¿Escobas voladoras?
Severus sonrió; por un leve segundo había tenido la esperanza de que al niño le atrajera tan poco como a él la idea de montar en escoba para pasear por los aires como si nada, pero al parecer eso era algo que no podía pasar desapercibido para ningún mocoso de cuatro años. Sería irónico que tuviera frente a sí a un futuro jugador de quiddick, después de lo mal que se le daba a él mismo eso de usar la escoba...
-Escobas voladoras de todos los colores que quieras –Severus le dio un toque emotivo a su voz y, poco a poco, Adrien se fue relajando –Y hay tiendas de animales para que los magos compren a sus mascotas: lechuzas, sapos, gatos, ratones... –Adrien abrió la boca; poco a poco, Severus se fue ganando su interés y se alegró por ello –Y muchas otras cosas más que ahora no recuerdo... ¿Seguro que no quieres que vayamos a ver el Callejón Diagón?
Adrien se quedó pensativo un momento; ese sitio del que le hablaba su padre parecía ser un lugar realmente divertido y el pequeño reconocía que le llamaba mucho la atención. Al principio no quería salir de la casa porque sólo allí se sentía seguro después de lo que pasó con el boggart, pero Severus le había descrito cosas que se moría por ver y, además, parecía estar convencido de que nada malo les iba a pasar en el Callejón Diagón, así que no perdía nada con decir que sí... Seguramente pasaría un día muy entretenido y podría olvidarse poco a poco de lo que había ocurrido el día anterior; era una suerte que no hubiera tenido pesadillas en toda la noche, pero los recuerdos aún estaban demasiado frescos y Adrien pensó que sería mejor para él estar ocupado para no pensar en ello. Si, además, veía cosas que le gustaran, mejor que mejor, y si lograba ver una de esas escobas voladoras... Eso era lo que más le había llamado la atención... ¿Cómo sería volar en escoba?
-Bueno... –dijo casi con timidez, agachando la mirada un segundo –Tiene que ser muy divertido, ¿no?
-¡Claro! –Severus sonrió, satisfecho; convencer al niño le había costado menos de lo que esperaba (o quizás no, todavía no se podía decidir) Se levantó de la cama con agilidad y cogió a Adrien en brazos para no perder más tiempo –Será mejor que nos demos prisa; tenemos muchas cosas que hacer.
Aproximadamente una hora después, el padre y el hijo estaban parados frente a la puerta de "El Caldero Chorreante"; otra vez Severus había escogido la aparición como medio de transporte y Adrien se había mostrado muy contento con esa decisión. Si bien era un poco raro eso de desaparecer de los sitios y luego aparecer en otros completamente diferentes, a Adrien le gustaba mucho más que los viajes a través de la red flú, así que no tardó en encaramarse al cuello de su padre en cuanto él le preguntó cómo quería viajar a Londres. En esa ocasión, Adrien apenas tuvo tiempo de echar un breve vistazo a los edificios que le rodeaban, puesto que su padre ya lo guiaba hacia un local que tenía aspecto descuidado y parecía ser muy pequeño; hubiera querido pasear por el Londres muggle, visitar esos sitios tan bonitos que algunas veces aparecían por televisión, como el Big-Ben o el Parlamento, pero según Severus, visitar el Callejón Diagón les llevaría mucho tiempo y no podían entretenerse con nada. Otra vez le prometió que pronto irían a ver la ciudad más tranquilamente, pero ese día lo pasarían paseando por un lugar totalmente mágico; Adrien necesitaba acostumbrarse a su nueva faceta de mago y Severus estaba dispuesto a ayudarle en todo lo que pudiera.
Severus Snape abrió la puerta de "El Caldero Chorreante" y se hizo a un lado para que Adrien entrara antes que él; el niño se sujetaba a su mano con firmeza y miró el interior de la taberna con aire temeroso, con ese recelo que despierta todo lo que es desconocido. Sintió como su padre lo empujaba con suavidad hacia el interior y él examinó todo con ojo clínico: en su interior, la taberna presentaba el mismo aspecto un tanto descuidado que tenía en el exterior, aunque después de todo, no estaba tan sucio como cabía esperar. Era un lugar medianamente grande, con unas cuantas ventanas a través de las cuales no podía verse el exterior, y con una serie de mesas desperdigadas de una forma un tanto caótica por todos lados. Había una escalera que llevaba a la planta superior y una barra que era atendida por un hombre que tenía una gran joroba y que estaba completamente calvo; Adrien lo miró con curiosidad un segundo, pero antes de que Tom el tabernero se sintiera observado, el pequeño ya estaba mirando al resto de la gente que tomaba cervezas de mantequilla y jarras de hidromiel sentados frente a las mesas de madera. Adrien jamás había visto a una gente tan extraña como aquella: todos iban vestidos con túnicas y algunos llevaban unos sombreros bastante graciosos. Charlaban alegremente entre ellos, como si no tuvieran ninguna clase de preocupación y, cuando Adrien entró, se giraron para mirarlo con curiosidad... Sin duda no le hubieran prestado la más mínima atención al niño si no hubiera llegado acompañado por Severus Snape...
Adrien notó cómo todo el mundo se quedaba mirando a su papá y él mismo no pudo evitar dirigirle una mirada interrogante... ¿Acaso toda esa gente lo conocía? Severus sintió como el odio de toda esa gente se condensaba a su alrededor; a pesar de todo lo ocurrido, aún eran muchos los que se negaban a creer en su inocencia, aunque Dumbledore estuviera vivo y él hubiera estado a punto de morir para ayudar a Harry Potter... Quiso gritarles a todos esos estúpidos que dejaran de mirarlo como si fuera a lanzarles una maldición imperdonable de un momento a otro, pero se contuvo, fijando sus ojos en un Adrien que parecía no comprender mucho de lo que ocurría allí. Severus suspiró profundamente y llevó a Adrien hasta la barra; necesitaba beber algo antes de seguir con aquello y estaba seguro de que Tom no lo iba a envenenar. Cualquier otro de los presentes lo haría sin dudarlo, pero Tom poseía todas las cualidades de un buen tabernero: discreción, serenidad y, sobre todo, una gran capacidad para no entrometerse en los asuntos ajenos. Severus sabía que algún día tendría que enfrentarse a la comunidad mágica, sabía que cuando ese día llegase no le iba a resultar sencillo, pero eso no le servía de consuelo; no le gustaba que lo miraran así, no por él, sino por Adrien, que no alcanzaba a entender lo que estaba ocurriendo, pero que tampoco se atrevía a preguntarlo.
Severus acomodó a Adrien sobre una banqueta y se quedó en pie, con la mano puesta en la espalda del niño para evitar que cayera hacia atrás si hacía algún movimiento brusco. Tom se acercó a ellos de forma inmediata, secando un par de vasos con un trapo inmaculadamente blanco; miró a Adrien un momento y luego a Severus. Afortunadamente no había hostilidad en sus ojos; en caso contrario, Severus no hubiera dudado ni un segundo antes de lanzarle un maleficio y salir pitando de allí.
-Buenos días, Severus –saludó, con una leve inclinación de cabeza; sólo por ese gesto, Severus se prometió ser amable con ese hombre... -¿Qué te pongo?
-Un whisky de fuego, por favor –masculló, ignorando la mirada de Tom que quería decir algo así como "¿A estas horas?"
-Y –Tom se giró para mirar a Adrien, demostrando que sabía perfectamente como tratar a un niño; se inclinó hasta que su rostro quedó a la altura del rostro del pequeño y habló con suavidad -¿Al caballero?
Adrien miró a su alrededor buscando "al caballero", hasta que se dio cuenta de que le estaban hablando a él y dio un bote en su silla. Nunca antes, cuando salía con su mamá, un camarero le había preguntado directamente a él qué quería tomar y ese momento había llegado, a pesar de que él no tenía ni la más mínima idea de lo que podía pedir. No sabía qué cosas se bebían en el mundo mágico y su padre no parecía muy dispuesto a ayudarle, pues en ese momento lo miraba medio embelesado.
-Eh... ¿Una coca-cola? –Tom alzó una ceja y lo miró con cara rara. Adrien comprendió que en el mundo mágico no había coca-cola y se arriesgó con otra cosa -¿Un whisky de fuego?
Tom lo miró con cara rara un momento; el propio Severus alzó una ceja ante lo que acababa de escuchar y Adrien supo que acababa de decir una barbaridad. No sabía lo que era el whisky de fuego, pero sonaba bien y estaba seguro de que debía estar bueno... De pronto, Tom y su padre soltaron una risotada y Adrien sintió la mano de Severus despeinándole para no variar.
-Creo que un zumo de naranja con mucho azúcar le hará bien –comentó con alegría; Tom afirmó con la cabeza sin perder la sonrisa y se alejó para servir sus bebidas.
-¿Qué es el whisky de fuego? –preguntó Adrien, dispuesto a no permanecer en la ignorancia ni un segundo más. Mientras hablaban, ni Severus ni Adrien se dieron cuenta de que todos en "El Caldero Chorreante" los miraban, totalmente alucinados de ver al ex –mortífago acompañado de un niño que era capaz de hacerle sonreír.
-Eso es algo que sólo los magos adultos podemos beber –dijo Severus echando un vistazo a su espalda y logrando una buena cantidad de miradas evasivas –El zumo de naranja es más adecuado para los niños.
Adrien no dijo nada; suponía que eso era verdad y, cuando Tom llegó con las bebidas de ambos, supo que tenía razón. Mientras él se tomaba el zumo más dulce y fresco que había tomado nunca, Severus se enfrentaba a un vasito repleto de un líquido de un color bastante desagradable que desprendía un humillo nada llamativo. Adrien hizo una mueca cuando su padre se bebió esa cosa tan asquerosa de un trago y le ofreció un poco de su zumo, pensando que le haría bien refrescar su garganta; Severus lo miró con extrañeza un segundo y, finalmente, aceptó el vaso que le brindaba el niño para darle un largo trago.
-Creo que el whisky de fuego no me va a gustar nunca –dijo Adrien frunciendo el ceño y mirando el vasito vacío de su padre con algo parecido a la repugnancia.
-Me parece algo muy sensato –dijo Tom el tabernero, que aún seguía frente a ellos, observando con curiosidad al niño -¿Te gusta el zumo?
-Está muy bueno, señor... –Adrien fijó sus ojos en el cartelito que llevaba el hombre pegado en la solapa y leyó lo que allí ponía –T... om... Señor Tom.
-¿Quieres más? –Tom sonrió; Severus parecía querer decir algo, aunque por el momento dejaba que su hijo tomara las riendas de la conversación (por decirlo de alguna forma) –Te invito yo... ¿Cómo te llamas?
-Adrien... –el niño alzó la cabeza con orgullo y fueron muchos los que se giraron para mirarlo –Adrien Bellefort-Snape.
En esa ocasión, todos habían escuchado el nombre que pronunciaba el niño y todos se habían vuelto para mirarle, sin saber si habían escuchado bien a aquel mocoso o si estaban confundidos... Tom también pareció extrañado al escuchar ese nombre y habló con precaución, mirando a Severus de reojo; un Severus que, de pronto, se sintió tremendamente orgulloso. Le gustaba cómo sonaba el nombre completo de su hijo, le encantaba comprobar que Adrien ya se consideraba un Snape...
-¿Severus es tu tío, Adrien Bellefort-Snape? –Tom supuso que aquello era lo más posible y por eso lo dijo. Ni por un segundo pensó en que Severus era algo más que un tío para el niño.
-No... –el niño negó alegremente con la cabeza y miró a su padre un segundo, que sonreía satisfecho y que a su vez lo contemplaba como si aquella fuera la primera vez que se veían, entre fascinado y satisfecho –Es mi papá.
Se produjo un silencio tenso; fue sólo un segundo, pero hasta Adrien se dio cuenta de que todo el mundo los estaba mirando a ellos, a su papá y a él, sin apenas respirar. Definitivamente aquello era un poco raro, pero cuando Severus barrió el local con la mirada, todos volvieron abruptamente a sus conversaciones, fingiendo que no les importaba lo que ocurría en la barra de la taberna. Adrien alzó una ceja y miró a su padre interrogante, aunque optó por hacerse el tonto como todos los demás; quizás en otro momento Severus respondiera a sus preguntas. Siempre terminaba haciéndolo, incluso sin que él le dijera nada...
-Tu papá... –Tom se quedó quieto un momento, hasta que clavó sus ojos en Severus y esbozó una sonrisa; aquello era extraño, pero no podía dejar de parecerle un tanto divertido –Te pondré otro zumo, Adrien. Y quizás a Severus le haga bien beber algo más... fresco que el whisky de fuego...
Tom había hablado en tono confidencial con el niño; Adrien permaneció muy atento a sus palabras y, cuando el tabernero terminó de hablar, él afirmó con la cabeza en un gesto cómplice, chasqueando la lengua y mirando a su padre como si hubiera hecho alguna clase de travesura de la que Severus no debía enterarse.
-Dos zumos de naranja más, entonces.
Tom se alejó de nuevo y Severus observó al niño con detenimiento; si hasta ese día albergaba algún día sobre la conformidad del niño a estar con él, habían bastado unas pocas palabras para convencerle de que Adrien tenía tantas ganas de seguir viviendo con su padre como el propio Severus de estar para siempre con el pequeño. Se daba cuenta de que todos los que habían escuchado alguna vez hablar de él se extrañarían cuando supieran que tenía un hijo, como les había pasado a los brujos que estaban el "El Caldero Chorreante" esa mañana, pero realmente a él no le importaba para nada; sólo le preocupaba lo que pensaba Adrien y, hasta ese día, las cosas iban como la seda y, estaba seguro de ello, nada cambiaría en mucho tiempo.
En ese momento, la puerta de "El Caldero Chorreante" volvió a abrirse y Severus vio de nuevo un rostro que llevaba casi dos meses sin ver: Draco Malfoy acababa de entrar al local, vestido con una sencilla túnica de color verde oscuro y con aire cansado. Severus se alegraba de verlo; siempre había sentido un gran aprecio por aquel muchacho que era ahijado suyo y se alegraba de que finalmente hubiera sabido retomar las riendas de su vida para no repetir los errores que cometieron sus padres y, aunque se le veía muy diferente, como si toda la vieja arrogancia "Malfoy" se hubiera esfumado junto a la libertad de su madre y toda su fortuna, Severus no necesitó más que echarle un vistazo para darse cuenta de que las cosas le irían bien después de todo. Reconocía que le resultó un tanto extraño que el chico no hubiera ido a verlo durante todo el tiempo que estuvo ingresado en San Mungo; aquella era una de las visitas que siempre esperó y que no llegó nunca, como tampoco llegó un mensaje de ánimo o, incluso, un mensaje reprochándole que no hubiera ayudado a sus padres. Tampoco había respondido a las cartas que él le envió cuando, aún estando en San Mungo, Albus le había informado sobre el juicio en el que Draco fue despojado de toda la riqueza de sus padres, que pasó a manos del Ministerio, ni cuando le ofreció su ayuda para todo lo que necesitara... Quizás Draco había perdido la arrogancia pero conservaba el orgullo y por eso no aceptó la propuesta de Severus de irse con él hasta que su situación mejorara; lo único que Severus había llegado a saber de Draco en ese tiempo fue que él también retomaría sus estudios en Howarts.
Draco cerró la puerta con suavidad y alzó la cabeza cuando todo el mundo se giró para mirarle; los cuchicheos no se hicieron esperar y el chico, que no se había percatado de la presencia de su padrino, se encaminó hacia la puerta de acceso al Callejón Diagón. Severus dudó un momento antes de hablarle, temiendo un rechazo, pero finalmente se puso en pie e interrumpió su "huida", mientras Adrien lo observaba todo con curiosidad y Tom llevaba ante él dos grandes vasos repletos de zumo de naranja. Draco detuvo sus pasos y miró a Severus con sorpresa; durante un segundo pareció confundido y, porqué no decirlo, un poco avergonzado, sin saber qué decir, pero entonces Severus habló, buscando que el chico se sintiera cómodo (cosa que nadie más parecía interés por conseguir)
-¿No vas a saludar a tu padrino, Draco? –dijo, con voz suave, aunque no pudo evitar un deje de reproche que hizo que el chico se ruborizara ligeramente.
-Profesor Snape... –masculló Draco, dando un paso atrás –No le vi, lo lamento...
-¿A qué vienen tantos... formalismos? –Severus alzó una ceja, comprendiendo que Draco se sentía un poco avergonzado por su comportamiento de las semanas anteriores; después de un par de segundos de absoluto silencio, el brujo adulto comprendió que no iba a obtener una respuesta -¿Cómo has estado?
Draco carraspeó y agachó la cabeza un momento, notando las miradas del resto de "El Caldero Chorreante" y sintiéndose de lo más incomodado; nunca le habían gustado esa clase de miradas...
-Bien... –dijo en un susurro, percatándose por primera vez del niño que estaba detrás de su padrino. En ese momento, Adrien conversaba alegremente con Tom el tabernero mientras sostenía su vaso de zumo con ambas manos y se bebía su contenido como si estuviera tomando lo mejor que cualquiera podía tomarse... Durante un segundo se preguntó quién sería ese niño, pero, al igual que muchos otros antes que él, no se le ocurrió pensar que estaba relacionado con Severus –El Ministerio decidió imponerme un... periodo de prueba –Severus cabeceó; Albus ya le había contado algo de eso y el profesor de Pociones se alegró de que el propio Draco se animara a sincerarse con él –Estoy viviendo en casa de mi... tía Andrómeda.
Severus hubiera soltado una risotada sino fuera consciente de lo difícil que debía ser para Draco vivir con una de las ovejas negras de la familia Black; en lugar de eso, se arriesgó y llevó su mano al hombro del muchacho para demostrarle que, a pesar de lo que el chico pudiera pensar, estaba ahí para lo que quisiera.
-Si tienes algún problema, ya sabes dónde estoy.
-Estoy bien, en serio –Draco no rechazó el gesto; de hecho, pareció encantado con él, pues Severus no tardó en notar cómo se relajaba –Andrómeda se está portando muy bien conmigo... Ella y su marido han contratado a un abogado para mi madre y... –Draco sonrió un segundo y luego bajó la mirada de nuevo –Todo está bien, no se preocupe, profesor.
-Me alegro, Draco –Severus lo soltó, pensando que quizás ya no le sacaría ninguna palabra más; miró de reojo a Adrien, que le estaba contando algo de lo más interesante a Tom, y se planteó la posibilidad de presentarle "oficialmente" a Draco.
-Siento no haber ido a verle, profesor –dijo Draco al fin, con el rostro un tanto enrojecido –Después de lo que hizo por mi madre y.. por mí, era lo menos que podía hacer, pero...
-No hace falta que me digas nada –Severus chasqueó la lengua y sonrió, en apariencia satisfecho –Aunque es una lástima que no nos hayamos visto antes; me gustaría que conocieras a alguien.
Draco alzó la mirada, sorprendido por el tono alegre que había utilizado su padrino. ¿Desde cuándo Severus Snape sonreía? Quizás no fuera realmente él el hombre que en ese momento tenía frente a sí; ahora que lo miraba detenidamente, no tenía el mismo semblante amargado de siempre, estaba un poco menos pálido y, aunque fuera extraño, no vestía completamente de negro, sino que llevaba un pantalón gris oscuro combinado con una camisa blanca... Además, sus ojos no eran los mismos pozos negros fríos y calculadores de siempre; había en ellos un brillo especial y, cuando habló de ese "alguien", su mirada se iluminó de una forma un tanto extraña.
Pero si Draco se sorprendió al notar a su padrino diferente, lo hizo aún más cuando el hombre dio dos pasos atrás y se colocó junto al niño que hablaba con Tom y le susurró algo al oído. El niño, dejó su zumo sobre la barra de forma inmediata y lo miró directamente a él mientras Severus lo cogía en brazos y le pasaba una mano por el pelo.
-Mira, Adrien –dijo hablando con suavidad Severus, señalando a Draco al mismo tiempo –Este chico es mi ahijado; se llama Draco.
-¡Hola! –saludó Adrien, alzando una manita y sonriendo cautivadoramente; Draco le devolvió la sonrisa sin saber muy bien qué hacer, y Severus siguió hablando.
-Draco –dijo solemnemente –Te presento a Adrien Bellefort-Snape, mi hijo.
Draco sólo pudo hacer una mueca de extrañeza al oír esas palabras... ¿Su hijo? Severus Snape había dicho que tenía un hijo... ¿Y lo había dicho con el orgullo impregnando su tono de voz? Todo parecía un tanto irreal, pero ahora que se fijaba, ese niño, Adrien se llamaba, tenía cierto parecido físico con su padrino: el mismo pelo negro, los mismos ojos e, incluso, los dos habían alzado la ceja al mismo tiempo, esperando a que él dijera algo... Era muy raro, eso estaba claro, pero tampoco podía quedarse allí callado...
-¿Su... hijo? –masculló –El niño es...
-Aunque no te lo creas –Severus bromeó; una nueva rareza que añadir a la lista que Draco estaba forjando en su cabeza. Ya había esperado que Draco reaccionara así; después de todo, esa era la forma en que reaccionaban todos sus conocidos... Adrien se removía nervioso en sus brazos, atento a cualquier gesto del ahijado de su papá; se había dado cuenta de que Severus no había mencionado el apellido de ese chico cuando, en cambio, sí había pronunciado el suyo por completo... y es que Severus no quería que Adrien se asustara si sabía que Draco era un "Malfoy", el hijo del hombre que tanto daño quería hacerles...
-Todo el mundo pone cara rara cuando me conocen –dijo Adrien con calma, mirando a su padre fijamente -¿Por qué, papi?
Draco entornó los ojos... "Papi"... Aquello tenía gracia... Podía haberse imaginado muchas cosas, pero jamás que nadie llamara a Severus Snape de esa forma... Tal vez por eso no reprimió una sonrisa y tal vez por eso extendió una mano hacia Adrien, apreciando el gesto de su padrino; ya tendría tiempo de hacer preguntas, si es que alguna vez se atrevía a interrogar a ese hombre sobre su vida privada...
-Encantado de conocerte, Adrien –dijo con la vieja grandilocuencia típica de los hombres de su familia.
-Ya... –Adrien alzó las cejas; normalmente nadie le hablaba de esa forma y le pareció divertido –Mi papi y yo vamos al Callejón Diagón –le hizo un gesto a Draco para que se acercara y le habló en voz baja –Él no lo sabe todavía, pero me va a comprar una escoba voladora.
Draco rió... Severus, que no había podido oír lo que su hijo estaba planeando, los miró de forma extraña un momento; al parecer, se habían caído bien mutuamente y el brujo se alegraba por ello. Quizás Draco tuviera más objeciones cuando supiera quién era la madre de Adrien, porque algún día tendría que decírselo, pero hasta entonces, podía sentirse tranquilo porque, su hijo y su ahijado se llevaban bien...
OOOO oooo OOOO oooo OOOO oooo OOOO oooo OOOO oooo OOOO oooo OOOO oooo OOOO OOOO OOOO OOOO OOOO OOOO
Y en el próximo capítulo, titulado "Túnicas, calderos, lechuzas y escobas voladoras I"-Hola, señor –dijo con voz suave, saludándole con la mano. Moody arrugó y estiró la cara un par de veces, poco acostumbrado a tratar con niños (menos aún con niños de viejos enemigos) e intentó decidir si quería o no contestarle –Tiene un ojo muy gracioso...
-¡Es un ojo mágico, mocoso! –bufó Moody dando un paso al frente, logrando que Hagrid diera un paso atrás con afán protector –No hay nada de gracioso en eso.
-Y, ¿por qué tiene un ojo mágico en lugar de uno normal? –preguntó Adrien, ajeno al tono algo "estresado" de Moody.
-Porque un asqueroso mortífago me lo arrancó.
-¡Alastor! –exclamó Hagrid, abrazando a Adrien, que parecía seguir interesado en hablar con Moody.
-Mi papi me ha contado muchas cosas sobre los morfigatos... –Adrien estaba contento porque al fin podía hablar con alguien sobre todo lo que sabía –Dice que hay uno que quiere hacerle daño, pero el abuelo Albus ha hecho "UN PLAN"... –Moody fue a decir algo, pero Adrien no le dejó -¿Usted se llama Alastor? Tampoco conozco a nadie que se llame así... Yo me llamo Adrien.
-Sí, lo sé...
-Y, señor Alastor... ¿cómo le arrancaron el ojo? ¿Le dolió mucho?... A mí no me gustaría que me pasara algo así aunque... El ojo mágico, ¿es especial? A lo mejor, tener ese ojo no es tan malo...
