Hola a todos... No soy J.K Rowling, ni siquiera me parezco, así que no me enrollo más, que odio esta parte de los fic... En fin, tengo que reconocer que estoy realmente sorprendida por la acogida que tuvo el capítulo anterior; nunca en mi vida había recibido tantos reviews de una sola vez y de verdad que no termino de creérmelo... Estoy muy agradecida a todos los que me han dejado su comentario y me siento con más ánimos que nunca para continuar con esta historia; además, ya tengo más de 10.000 lecturas (y se dice pronto, pero es increíble, simplemente; aunque, la verdad, no sé muy bien como se contabiliza eso de las lecturas, ejem, ejem) y para celebrarlo estoy planeando un one-short sobre Severus y, evidentemente, Adrien; no sé cuando lo colgaré, pero espero que os guste. En fin, que estoy muy emocionada con todo esto de los reviews y tal (se me nota mucho) y no me cansaré de daos las gracias por seguir el fic...
Bueno, ya vale de rollos; ahora toca la parte de los agradecimientos a todos aquellos que me habéis dejado un review: yukiatena (sí que me ha llegado tu comentario; muchas gracias y perdón por no enviarte un mail, pero te contesto aquí) marcia canija (me alegra que te guste el fic: léelo con calma, a tu ritmo y, bueno, disfruta todo lo que sea posible ¬¬), amsp14, Lia Du Black, Paula Moonlight (el pobre Adrien tendrá que darse cuenta más tarde o más temprano de que no todo es de color de rosa... Ahí queda eso), mace (¿se nota que me gusta Severus), Nemesis Crow, RAC (Puff, Harry está que no se lo cree, jeje), alohopotter, monyk (muchas gracias, de verdad, muchas gracias... Lo de Harry y Snape... bueno, las cosas no han cambiado demasiado, pero ya se verá) luna-rickman-snape (muchas gracias, muchas gracias), MeilinSnape, connyhp, Eugenia Malfoy (a lo mejor si me lanzáis la maldición Imperium y un par de crucios termino de decidirme, jeje) Utena-Puchiko-nyu y BlackLilith (Realmente lo de Snape es difícil de asumir, pero bueno, es un fic; si a Rowling le diera por hacer algo así seguro que la llevarían a un manicomio o algo, jeje... Y Adrien, ahí está el chavalín, cogiendo confianza...)
Una vez dicho todo esto, cuelgo el capi y me dejo de rollos
Besos, Cris Snape
CAPÍTULO 19. Preparativos para el cole
Adrien había pasado toda la tarde hablando sobre sus "clases de vuelo"; después de explicarle detenidamente a su padre lo que todo buen mago debía saber para montar correctamente en escoba, había pasado cerca de una hora halagando a Harry Potter y eso, naturalmente, había molestado a Severus Snape de sobremanera, aunque había sabido disimular su malestar detrás de una de esas tiernas sonrisas que tenía reservadas especialmente para Adrien. Bastante tenía el pobre hombre con saber que todo el mundo admiraba al dichoso Potter por ser "El-Niño-Que-Vivió-Y-Venció" como para que ahora su propio hijo se pusiera a decir que si ese chico era muy simpático, que si sabía volar muy bien, que si era muy bueno porque le había dado permiso para jugar con Buckbead... En más de una ocasión Severus se había sentido tentado de cortar la conversación, pero las sonrisas encantadoras del pequeño Adrien, que estaba entusiasmado con su relato, lo incitaban a permanecer tercamente callado, escuchándolo con atención y haciendo comentarios de sorpresa cada vez que el niño parecía llegar a un punto cumbre de su narración. Si Albus Dumbledore lo viera en esa situación, se reiría de él a mandíbula batiente, haciendo referencia otra vez a su "instinto paternal" y burlándose por las cosas que era capaz de aguantar sólo para que Adrien no perdiera aquella sonrisa infantil que lo tenía hipnotizado sin remedio.
Adrien, por su parte, hubiera querido quedarse en Hogwarts mucho más tiempo, pero su padre se lo había llevado casi corriendo cuando lo encontró cerca de la cabaña de Hagrid; al parecer, una horda de profesores cotillas estaban ansiosos por conocerle (o algo así dijo su papá cuando lo cogió en brazos) y Severus optó por lo que en esos momentos parecía más lógico: huir por piernas. El brujo sentía que las cosas debían hacerse poco a poco: hoy le presenta a Minerva, mañana a Filius, pasado a la profesora Sprout, y así sucesivamente... Soportar todas esas miradas curiosas de sopetón sería demasiado para su estado mental; además, seguro que Adrien era incapaz de memorizar tantos nombres tan de repente, así que era mejor salir de Hogwarts cuanto antes. Había ido directamente al despacho de Dumbledore para que el director se despidiera del niño y, después de varias promesas por parte del viejo que Severus no llegó a escuchar con claridad, pero que estaban relacionadas con los encantamientos, el profesor de Pociones consiguió llevarse a su hijo sano y salvo a casa, sin tener que soportar que la gente le revolviera el pelo, le pellizcara las mejillas y le dijera lo "monísimo" que era (porque conociendo a sus compañeros de trabajo como los conocía, no dudaba ni por un segundo que esas fueran sus intenciones)
Como cada vez que visitaban un lugar mágico, Adrien estaba especialmente nervioso esa tarde; no se cansaba de hablar de Buckbead, de Fawkes, de lo seria que parecía ser la profesora McGonagall (aunque el niño estaba seguro de poder suavizar sus facciones si le sonreía lo suficiente), de lo bonito que era el castillo, de lo emocionante que era volar en escoba... "¿Por qué no pruebas tú también, papi?" Le había dicho Adrien presa de esa emoción mal contenida mientras Severus pensaba que lo último que haría en ese mundo sería subirse en uno de esos aparatos infernales que eran las escobas voladoras, ni siquiera para que Adrien estuviera contento. El niño también le habló de lo gracioso que estaba "Oso" mientras volaban pero, sobre todo y ante todo, le habló de Harry Potter... "Harry Potter por aquí. Harry Potter por allá" y Severus sentía que lo único que ahora faltaba es que a Adrien le diera por querer pasar más tiempo con el dichoso "Elegido"... Vamos, que un Snape demostrara tantas ansias por hacerse amigo de un Potter no era ni lo más normal ni lo más sano del mundo, y Severus sólo podía esperar que Adrien no terminara llevándose una desilusión con el que parecía haberse convertido en alguien digno de su admiración. Y es que Severus dudaba mucho que Harry quisiera volver a dirigirle la palabra al pobre niño cuando se enterara de que precisamente él, su odiado profesor, era el padre de la criatura.
De todas formas, valía la pena escuchar a Adrien; era increíble esa capacidad que tenía el niño de hablar sin parar, aunando unas ideas con otras de forma bastante coherente para un pequeño de su edad. Tan pronto describía el sabor amargo y dulce de los caramelos de limón como mostraba interés por el aspecto greñudo de Hagrid, y todo eso uniendo las frases con una naturalidad innata... Quizás algún día ese niño pudiera dedicarse a la política; era evidente que tenía capacidades esenciales para hipnotizar a cualquiera que lo escuchara con su discurso (aunque, claro, Severus era el padre del niño y cualquier cosa que el pequeño hiciera lo dejaría anonadado)
-Y entonces el abuelo Albus me dijo que yo estaría bien en Ravenclaw –decía Adrien, que estaba sentado en las rodillas de su padre, en el porche de la casa, con un gran vaso de limonada en las manos, "Oso" frente a él y los últimos rayos de sol del día iluminando su pelo negro –Dice que soy muy inteligente –y el pequeño sacó pecho y sonrió con orgullo –Mi mamá también solía decirme que era un niño listo... Y, bueno, mi mamá nunca me decía mentiras... –Severus le sonrió y se acomodó mejor, ajeno a todo lo que le rodeaba –A mí me gustaría ir a Slytherin, como tú... Seguro que aprendo a ser un mago muy bueno en esa casa. Tú estuviste allí y sabes transformar cosas muy bien, aunque no haces mucha magia... ¿Por qué?
-Porque en casa no podemos –Severus miró a su alrededor y habló confidencialmente –Si los muggles supieran todas las cosas que podemos hacer, se asustarían mucho, y nosotros no queremos que eso pase, ¿verdad?
Adrien agitó la cabeza en señal de negación y le dio un trago a su limonada.
-Y... ¿Mi mami sabía que tú podías hacer magia? –la pregunta era plenamente inocente, pero Severus no sabía muy bien como responderla.
-No tuve tiempo de decírselo... No pudimos estar juntos mucho tiempo, ¿sabes?
-Sí –Adrien afirmó con la cabeza –Yo algunas veces le preguntaba a mí mamá por ti y ella me hablaba de todo lo que hacíais juntos cuando estuvisteis en la ciudad de mami –Severus pensó que posiblemente Mariah no se lo había contado "todo" y esbozó una sonrisa –A mí me ponía triste no tener un papá, igual que algunas veces me pongo triste cuando pienso en mi mami y sé que no va a venir más... Pero –y Adrien se irguió, como si no quisiera que su padre se preocupara –Se me pasa pronto... Ahora porque sé que mi mamá siempre va a estar ayudándome y antes porque mi mami me contaba cosas sobre ti cuando yo le preguntaba. No me gustaba no tener un papá como los otros niños, pero mi mami siempre me decía que tú me querías mucho y que no estabas con nosotros porque ella... –Adrien se aclaró la voz –Porque ella no te había dicho nada de mí –Severus abrió la boca sorprendido; indudablemente Mariah era una mujer que iba con la verdad por delante –Yo le decía que no podías quererme si no sabías nada de mí, pero ella estaba segura de que ya me querías y que, cuando me vieras por primera vez, me lo ibas a demostrar –Adrien sonrió y dejó el vaso vacío en manos de su padre –Al principio me dabas un poco de miedo, ¿sabes?
-¿Por qué? –Severus hizo una mueca divertida; creía tener unos cuantos buenos "por qués" en mente, pero prefería escucharlos de labios de Adrien.
-¡Uhm...! –Adrien frunció el ceño y arrugó la nariz, como si estuviese seleccionando cuidadosamente sus palabras –Pues porque eras muy serio... Me mirabas como si quisieras pisotearme como a un bicharraco...
-¡Adrien!
-Pero luego me di cuenta de que siempre miras así a la gente –dijo el niño alegremente, y Severus no pudo evitar sonrojarse un poco –También vestías todo de negro y hablabas de una forma... Como los malos de las películas.
-¿De verdad?
-Sí –Adrien afirmó con la cabeza animosamente –Y luego me diste vueltas por la casa; estaba todo tan oscuro y sucio que me daba mucho miedo... ¡Y ni siquiera sabías cocinar!
-Sí, bueno...
-Pero luego –Adrien suavizó su voz y jugueteó con las manos de su padre –Me dejaste quedarme contigo cuando ese hombre malo fue a mi habitación y me sentí muy bien –Severus acarició la carita del niño, mirándolo embobado –Y luego me compraste toda esa ropa y entonces empecé a pasármelo bien contigo... Ya no me das miedo.
-¿Ni un poquito? –Severus alzó una ceja y le dedicó una de sus miradas "Snape", cargada de frialdad y algo de furia.
-Ni cuando me miras así –Adrien rió y se bajó de sus piernas -¿Me das otro vaso de limonada?
-Ya has bebido suficiente limonada por hoy –Severus se levantó y le tendió una mano al niño –Mucho me temo que te estás volviendo adicto al azúcar como tu abuelo...
-¡No!
-¡Sí! Y ahora vamos a cenar y luego nos iremos a la cama; mañana tenemos que ir a recoger tus uniformes del colegio y todos los libros...
-¿No puedo beber un traguito más? –Adrien puso su carita "encantadora" y Severus no pudo evitar acordarse de Gilderoy Lockhart -¡Sólo un poquitito más! Porfis...
-Sólo si te comes toda la verdura...
-No me gustan las espinacas...
-Pues me temo que si quieres limonada, tendrás que comer espinacas, Adrien Bellefort-Snape.
La tienda de ropa estaba de lo más concurrida; eran muchos los padres que parecían haber dejado para última hora sus compras y a esas alturas del año, cuando sólo faltaban quince días para que empezaran las clases, se agolpaban en el mostrador exigiendo que alguien le ajustara correctamente la ropa a sus hijos. Severus, que era un hombre precavido y que, además, debía él mismo empezar a trabajar en Hogwarts dentro de una semana, ya había pasado por aquel local unos días antes y había dejado encargados todos los uniformes, así que esperó pacientemente en un rincón de la tienda, con Adrien sentado en una sillita; el niño le estaba echando un vistazo a su nuevo libro de Matemáticas y se entretenía básicamente mirando los dibujos... El libro entero parecía estar dedicado a las andanzas de un ratón intelectual llamado "Números" ("Vaya nombre más original", pensó Severus desdeñoso) y el animalito en cuestión pretendía introducir a los niños en el complicado arte de las sumas y las restas de una forma divertida y sencilla. Severus debía reconocer que los muggles tenían imaginación a la hora de educar a sus pequeños y dejó que Adrien curioseara por todos sus libros de texto: en el de Lengua aparecía un pájaro de plumas amarillas que se llamaba "Señor Letras"; en el de Inglés, una gata blanca con lacito incluido que se llamaba "Minnie"; en el de Lectura, tres vacas que se erguían sobre sus patas traseras y se hacían llamar "Versa", "Poesy" y... ¡Oh, qué original! (Severus puso los ojos en blanco) "Doña Prosa"... Y así con todos y cada uno de los libros que Adrien iba sacando... Severus sólo esperaba no tener que hablar sobre esos personajes como si fueran miembros de su familia o algo así; sería demasiado para él, incluso cuando trataba de ser un padre amante y cariñoso...
-¿Señor Snape? –la voz chillona de una mujer baja y regordeta resonó entre las voces de todas las demás mujeres y Severus giró la cabeza, viendo una cara alzada entre los hombros de personas mucho más altas que ella, intentando localizarle mientras sujetaba unas cuantas perchas con las manos. Severus agitó un brazo y la mujer sonrió aliviada, acercándose a él mientras trataba de ignorar las "casi" amenazas de los padres (bueno, la mayoría eran madres)más ansiosos –Disculpe que haya tardado tanto; ya ve todo el jaleo que tenemos –Severus inclinó la cabeza a modo de disculpa y miró a Adrien –Tú debes ser el pequeño –y miró disimuladamente la etiqueta identificativa de la ropa –Adrien.
-¿Ya están mis uniformes? –Adrien se puso de pie y miró con avidez a la mujer.
-Así es... ¿Por qué no vienes conmigo para ver si te quedan todos bien? –la mujer miró a Severus -¿Le importaría esperar aquí, señor Snape? Tenemos los probadores llenos de gente y, bueno, no tardaré mucho con el niño... Sólo si no le molesta.
-¿Tú que dices, Adrien?
-¡Vale!
Al niño realmente le daba igual si su padre lo acompañaba o no cuando iba a probarse ropa; se lo pasaba tan bien que no tenía tiempo para acordarse de él aunque, claro, ese día iba a probarse uniformes para el colegio y seguramente no sería tan divertido... Haría un esfuerzo, aunque sólo fuera para que la mujer que le sostenía la mano con suavidad dejara de tener esa cara de disgusto... Y Severus, bueno, hubiera querido ir con Adrien, pero la mujer tenía razón; con la aglomeración de gente que había en esos momentos en la tienda, era una misión casi imposible llegar a los vestuarios... ¿Es que los muggles no podían tener la decencia de no dejar las cosas para el último momento? ¡Demonios! ¡Qué molesto estaba resultando ser todo esa mañana! Casi dos horas en la librería y ahora iban por el mismo camino para poder conseguir los uniformes...
-¿Severus Snape?
Aquella voz le resultó muy familiar; era la voz de una mujer y, cuando Severus giró la cabeza no pudo evitar que una gran sonrisa apareciera en su rostro... Durante un par de días había pensado que se había quedado sin niñera y ahí estaba Carole Allerton, aparecida justo en el momento más propicio, cuando el plazo para encontrar a alguien que cuidara de Adrien se estaba terminando. Esa mañana hacía un poco de fresco y Severus se fijó en la ropa que traía puesta la mujer (no sabía muy bien porqué, pero se fijó): un pantalón vaquero de talle bajo, unos zapatos con mucho tacón, una camiseta blanca que realmente se ajustaba a las bien formadas curvas de su cuerpo (Severus no sabía porqué se fijaba en las curvas de ese cuerpo) y una chaqueta vaquera que realmente se ceñía muy agradablemente a su cintura (y Severus seguía sin entender). Llevaba el pelo suelto y parecía haberse pasado un par horas en el baño hasta que sus rizos quedaron perfectamente formados, y sujetaba por el cuello de una sudadera azul marino a un siempre enfurruñado Josh... El criajo hacía esfuerzos por escapar de las manos maternas, con el pelo rubio algo despeinado ya y con los cordones de las zapatillas desatados; definitivamente ese niño necesitaba endulzar su carácter, no se parecía en nada a Adrien...
-Carole Allerton –Severus estrechó la mano de la mujer y le lanzó a Josh una de sus miradas de "profesor cabroncete"; extrañamente el niño ni se inmutó... Por el contrario, le sacó la lengua despectivamente y Severus dejó de mirarlo de forma inmediata... ¿Acaso estaría perdiendo facultades? -¿Cómo está?
-Muy bien, gracias. He venido a recoger los uniformes de Josh; el curso comienza en par de semanas –Carole miró disimuladamente los libros de Adrien y reconoció al ratón "Números" -¿El Saint Andrews?
-Me pareció el mejor colegio –Severus se encogió de hombros.
-La profesora Stiller es una mujer realmente encantadora –Carole cabeceó y sujetó a Josh con fuerza; incluso apretó los dientes un poco –Por lo que sé, lleva casi veinte años ocupándose de los niños y es una de las mejores cuidadoras de la ciudad... Josh también irá al "Saint Andrews"; posiblemente coincida en la misma clase de Adrien... –Carole miró a su hijo -¿Te acuerdas de Adrien, cariño? Este señor es su papá...
-Adrien me mordió –dijo el niño tensamente, mirando a Severus con cierto rencor, aunque luego se suavizó su expresión –Pero luego me dejó jugar con él en el parque... –definitivamente Adrien no le caía mal del todo...
-Seguro que vais a la misma clase –Carole sonaba conciliadora –Así que no tienes que preocuparte por hacer amigos; ya conoces a Adrien.
Josh soltó un bufidito; claro que tenía preocuparse por lo de hacer amigos, por más que dijera su madre... Era cierto que Adrien había sido amable con él la última vez que se vieron, pero Josh no era uno de esos niños que les resultaban simpáticos a los demás; como siempre estaba serio y tenía la costumbre de pegar a todo aquel que le llevara la contraria, normalmente no muchos se atrevían a acercarse a él. Bueno, Adrien lo había hecho después de la pelea en el centro comercial y luego le había presentado a sus amigos del cajón de arena; quizás esa nueva ciudad no fuera tan horrible como todas en las que había estado antes... ¿Quién sabe?
-Estoy seguro de que a Adrien le encantará volver a verte –dijo Severus, procurando ser amable (y sin saber por qué; era raro que esa mañana no tuviera capacidad para saber muchas cosas)
-¿Dónde está? –preguntó Josh finalmente, medio obligado medio interesado de verdad.
-Ha ido a probarse sus uniformes, no tardará.
-¡Oh!
Finalmente Carole soltó la sudadera de su hijo; el niño parecía estar más tranquilo y se sentó en la silla que antes ocupara Adrien, sacó un pequeño coche del bolsillo de su pantalón y comenzó a jugar distraídamente. Carole sonrió, aliviada porque Josh parecía haberse olvidado de su enfado, y miró a Severus que la contemplaba tan fijamente que casi se sintió incómoda. La mujer carraspeó y acomodó los uniformes de su hijo; realmente había sido una suerte encontrarse con ese hombre precisamente esa mañana, cuando estaba empezando a perder las esperanzas de encontrar un nuevo trabajo y sólo podía llamarse estúpida por no haberse acordado de preguntarle a ese hombre por su dirección el día que se encontraron en el parque.
-Creo que tenemos un asunto pendiente, señorita Allerton –dijo Severus, aclarándose la voz y sin saber si debía llamar a esa mujer "señorita" o "señora"; optó por lo primero porque no vio ninguna alianza de casada en su dedo –Me refiero al empleo que le ofrecí.
-¡Oh, sí!
-Quizás ya haya encontrado otra cosa, pero mi oferta sigue en pie.
-¡Oh, realmente me está salvando la vida! –Carole bromeaba, por supuesto, pero había algo de sinceridad en sus palabras –Ya estaba empezando a desesperarme...
-Falta muy poco para la hora de comer –Severus miró distraídamente un reloj colgado en una de las paredes de la tienda, sobre el escaparate –Quizás pudiera invitarles a tomar una hamburguesa o una pizza; podríamos hablar de negocios, ya sabe.
-¡Oh! –Carole se giró para mirar a su hijo que, aunque pareciera mentira, estaba atento a todo lo que decían los adultos -¿Qué dices, cariño? ¿Te apetece una buena hamburguesa?
-Mejor que uno de esos enormes platos de espinacas –dijo Josh con desdén; Severus rió por lo bajo, asombrado con el parecido existente entre Adrien y Josh (que no era mucho realmente, pero ahí estaba)
-Por una vez –Carole se encogió de hombros y volvió a mirar al brujo –Aceptamos, entonces.
-Bien; nos iremos en cuanto terminen con Adrien.
Carole cabeceó; a Severus le había parecido que su mirada se iluminó cuando volvió a ofrecerle el trabajo que ya le ofreciera en su día y, aunque de una forma extraña (incluso retorcida) se sintió satisfecho consigo mismo porque, y no lo quería reconocer, esa mujer parecía depender de él. Y hacía tanto tiempo que nadie dependía de él... De hecho, sólo Adrien parecía necesitarlo constantemente y Severus, a pesar de que no se planteó esa posibilidad demasiado en serio, estaba contento al poder ayudar a Carole y a su hijo; había algo en esa mujer que le incitaba a pensar que ella no lo había pasado bien del todo y no estaba mal facilitarle un poco las cosas. Y, si de paso se las facilitaba a sí mismo, mejor que mejor.
Adrien se reunió con ellos un cuarto de hora después; parecía un poco cansado, pero su carita se iluminó cuando vio a Josh. Inmediatamente se abalanzó sobre él y empezó a hablar sin parar, arrancándole alguna que otra sonrisa al otro muchachito, que era mucho más tímido y callado. Fueron a la hamburguesería más cercana y comieron tranquilamente; los niños se comportaban bien y se llevaban cada vez un poco mejor, así que cuando terminaron su comida los adultos les permitieron irse a jugar entre las mesas con la condición de que no molestaran a nadie.
-Me encanta ver a Josh con Adrien –comentó Carole distraídamente, casi como si hablara consigo misma –Normalmente es un niño muy reservado y con muy mal carácter; le cuesta mucho hacer amigos y me preocupa, pero con Adrien parece diferente... –la mujer miró a Severus –Su hijo es totalmente opuesto al mío: amable, extrovertido... Dulce... Debe ser muy fácil manejarlo...
-No se crea –Severus cabeceó y sonrió entre alegre y resignado –Cuando pone su carita de ángel es capaz de conseguir cualquier cosa; puede preguntárselo a mi tarjeta de crédito.
-Josh opta por berrear hasta que le doy lo que quiere... U optaba, porque hace unos meses decidí que ese método de persuasión había pasado a la historia; ya casi no monta pataletas...
-Es un chico con mucha personalidad –comentó Severus, acordándose de sí mismo a su edad –Quizás cuando empiece el colegio se suavice un poco, al contactar con otros niños, todos diferentes entre sí...
-Eso espero, porque cada día que pasa se pone peor –Carole agitó la cabeza y sonrió –Pero no sigamos hablando de Josh o terminará replanteándose el asunto de mi contrato; no quisiera asustarlo con mis problemas...
-No se preocupe. Cuando le ofrecí el empleo ya sabía que tenía un hijo; no tengo porque cambiar de opinión ahora.
-Porque no sabe lo insoportable que puede llegar a ser ese pequeño demonio –Carole miro a su hijo y un deje de tristeza empañó su mirada –Quiero creer que a partir de ahora las cosas mejorarán; últimamente hemos cambiado de ciudad bastante a menudo. Ojalá podamos establecernos de una vez.
Severus tuvo la sensación de que había algo más detrás de esas palabras; Carole pareció hablar más para sí misma que para su acompañante y el brujo sintió que ya había pasado por una situación similar antes, muchos años atrás. Agitó la cabeza casi imperceptiblemente y miró a Josh... Y a Adrien... Era su hijo el que animaba al otro a jugar; el rubio parecía aceptar sus proposiciones casi a regañadientes, pero cuando lo hacía era evidente que disfrutaba tanto como Adrien, o incluso más... Había algo en ese niño que también le resultaba vagamente familiar, pero prefería no pensar demasiado en ello.
-En fin –Severus suspiró y decidió empezar a tratar los asuntos que lo habían llevado hasta esa hamburguesería.
Aproximadamente una hora después, ya estaba todo acordado; los niños habían vuelto a la mesa y jugaban distraídamente con los muñecos de regalo que tenían sus hamburguesas, completamente ajenos a otra cosa que no fueran dichos juegos. Carole y Severus tomaban su tercer café de la sobremesa y poco a poco el local se iba quedando vacío, una vez pasada la hora de comer; Carole no empezaría a trabajar hasta la semana en que daban comienzo las clases en el colegio. Tenía que viajar con Josh a Londres para hacer unos papeleos y no podría cuidar de Adrien, así que Severus asumió que su hijo iba a pasar siete días de lo más interesantes en Hogwarts. Así pues, el día siete de septiembre Carole llegaría a la casa de los Snape a las siete de la mañana y recogería a Adrien todos los días para llevarlo al colegio; tal vez fuera una hora muy temprana, pero Severus tenía que estar en su puesto de trabajo a las siete y media a más tardar, así que Adrien tendría que acostumbrarse a madrugar más de la cuenta. Por las tardes, a eso de las seis, el propio Severus iría a recoger a Adrien al apartamento de Carole, que estaba bastante cerca del colegio; si él no podía ir, enviaría a alguien de su total confianza, alguien a quien Carole debía conocer personalmente. Los niños comerían en casa de Carole diariamente; terminaban las clases a las dos de la tarde y la propia Carole se encargaría de que hicieran sus tareas y luego se los llevaría a jugar al parque hasta que fuera hora de que Severus recogiera a Adrien... Y, en cuanto al sueldo, podría decirse que Carole no era demasiado exigente; de hecho, Severus le ofreció más dinero del que ella tenía pensado pedir en un principio.
Sí, todo estaba arreglado y sólo podía salir bien, así que ya era hora de dejar de hablar de negocios. Carole decidió que necesitaba saber algo más de Adrien y habló con total confianza; había empezado con buen pie aquella relación con su nuevo jefe, sólo esperaba que no se estropeara con el tiempo.
-El otro día comentó que era viudo –dijo, echándole un ojo a Adrien para asegurarse de que el niño no le prestaba atención.
-Bueno, técnicamente no lo soy –Severus se encogió de hombros; no le gustaba hablar de su vida privada, menos aún con una mujer a la que apenas conocía, pero sin duda era imprescindible que ella supiera algo más de Mariah, sobre todo para no meter la pata cuando hablara con Adrien –En realidad no estuvimos casados; de hecho, no supe nada del niño hasta hace unas pocas semanas... Su madre falleció y quiso que yo me hiciera cargo de Adrien; podría decirse que su nacimiento fue fruto de un pequeño desliz.
-Ya veo –Carole sonrió, indulgente, y se dijo que ese niño no había sido menos querido por ser fruto de un desliz, tal y como afirmaba su padre.
-Mariah y Adrien estaban muy unidos; supongo que es algo normal, pero el niño sigue muy apegado a ella –Severus miró a "Oso", que parecía ser una parte muy importante de los juegos de los pequeños –No se separa del peluche que le regaló su madre ni a sol ni a sombra.
-Es una pena que haya perdido a su madre siendo tan pequeño –otra vez la tristeza en los ojos de la mujer.
Severus estuvo a punto de preguntar por el padre de Josh, pero creyó conveniente no hacerlo por el momento; recordó la escena en el parque y a ese hombre de pelo rubio que había zarandeado a Carole. Definitivamente no era el padre de Josh, no cuando había hablado del niño de la forma en que lo hizo, así que debía haber una historia oculta que, por supuesto, Carole no iba a contar tan rápidamente; quizás el "señor Allerton", si es que había habido alguno, hubiera fallecido recientemente. De ahí la melancolía de Carole y el comportamiento ligeramente hostil del pequeño Josh; perder a un padre no era algo fácil y cada niño manifestaba su dolor de una forma. Quizás la forma que tenía Josh para sentirse mejor era golpeando a otros chicos. Quizás algún día pudiera saber si sus suposiciones eran ciertas o no...
-¡Oh, pero que tarde se nos está haciendo! –Carole dio un bote y se puso en pie –Lo siento muchísimo, señor Snape, pero tenemos que marcharnos ya; el tren a Londres sale dentro de dos horas y tenemos que preparar algunas cosas...
-No se preocupe, no hay problema.
-Josh, cielo, vámonos...
El niño no parecía muy conforme con esa decisión de su madre, pero terminó por levantarse, aunque con cara de pocos amigos... Justo ahora que se lo estaba pasando en grande, tenía que dejar de jugar con Adrien para irse a Londres, donde seguro se aburriría muchísimo...
-El día siete me tendrá puntual en su casa, señor Snape –dijo Carole a modo de despedida –Hasta luego, Adrien. Ya verás lo bien que nos lo vamos a pasar este año; te prepararé unas galletas de chocolate que estarán para chuparse los dedos.
Adrien afirmó con la cabeza, entusiasmado ante esa perspectiva, y un par de minutos después, su padre y él se quedaban solos otra vez. Había sido muy agradable poder pasar casi toda la mañana con Josh; últimamente no jugaba mucho con nadie, salvo los ratos que pasaba en el parque, y se lo había pasado muy bien con su nuevo amigo, sobre todo porque Josh ya no era tan huraño como al principio de conocerse. De hecho, el rubio había tenido un par de buenas ideas durante sus juegos y Adrien iba a estar encantado de pasar muchos ratos con él durante ese año; ya sabía que Carole iba a ser su niñera, había oído retazos de la conversación que tuvieron ella y su padre. Carole le caía bien y lo mejor era Josh, alguien con quien compartir su tiempo, alguien con quien jugar y con quien aprender a ser un niño mayor... Sí, iba a estar bien que Carole lo cuidara cuando su papá no pudiera y, aunque le daba un poco de pena saber que no podría ir a Hogwarts tantas veces como quisiera, pensaba que tal vez algún día pudiera hablarle a Josh sobre el colegio de los niños magos y enseñarle todas las cosas que había aprendido del mundo mágico: podía enseñarle cómo mandar cartas con "Athos", presentarle a Buckbead y volar ambos a lomos del animal; podría hablarle de toda la gente que había conocido, de pociones, transformaciones... Podría incluso enseñarle su escoba voladora y enseñarle a volar igual que a él le había enseñado Harry Potter... Adrien estaba ansioso por compartir todas esas cosas con alguien porque, aunque era divertido estar con su papá, con Dumbledore y con Hagrid, muchas veces prefería estar con otros niños. Sin embargo, sabía que no podía hablar con Josh sobre la magia; era un fastidio no poder hacerlo y seguro que le costaba mucho trabajo quedarse callado, pero se lo había prometido a su padre y pensaba cumplir con su palabra; quizás algún día conociera a otros niños magos con los que poder jugar, aunque por el momento se conformaba con su nuevo amigo... El primer amigo que tenía desde que abandonaron la ciudad de su mamá...
OOOOO ooooo OOOOO ooooo OOOOO ooooo OOOOO ooooo OOOOO ooooo OOOOO oooooY en el próximo capítulo, titulado "En el Expreso de Hogwarts"...
Malfoy...
Adrien se puso pálido... Apretó con fuerza la mano de Tonks y dio un pasito atrás, aterrado...
Malfoy... ¿Estaría allí el hombre malo? ¿Había ido a buscarlo al tren aprovechando que su papá no estaba allí para protegerlo?
-Muy bien –Remus había suspirado, ajeno a lo que estaba pasando por la mente del niño; ni siquiera se había dado cuenta de que Adrien estaba allí –Señor Weasley –y miró al pelirrojo –Señor Malfoy...
Y miró al rubio... Al ahijado de su papá...
Adrien abrió mucho los ojos y dejó de respirar; Tonks pareció notar algo raro en el niño entonces y lo miró fijamente, pero para el pequeño, en ese preciso momento, su mundo se reducía a Draco... Draco Malfoy... Ahora que lo miraba mejor, ese chico se parecía mucho al hombre malo, tenía los ojos brillantes y una expresión maliciosa que no recordaba... Una expresión que no tenía cuando lo conoció pero que la pelea con Ron Weasley había hecho aparecer...
-Adrien, cielo –Tonks se colocó a su altura, cogiéndolo por suavidad de los hombros; nadie más les prestaba atención... Draco, tal vez sí que miraba de reojo, pero parecía escuchar el discurso de Remus -¿Te pasa algo? –le colocó una mano en la frente -¿Estás bien, cariño?
-Mal... Malfoy... –musitó con voz apagada, mientras las lágrimas acudían a sus ojos –Malfoy...
Draco, que había sido mortífago, jamás había escuchado a nadie pronunciar su nombre con tanto terror... Unos minutos antes, Adrien le miraba como si fueran amigos de toda la vida, como si le tuviera un afecto especial, y ahora el niño le tenía miedo, quizás demasiado miedo, y él no le había hecho nada... ¿Sería por la pelea? Había sido un error, pero tampoco era para tanto, Adrien debía entender que a él no lo iba a lastimar, debía entender que se había pegado con Weasley porque el pelirrojo era una comadreja estúpida... Y, porqué no reconocerlo, él un hurón descerebrado...
-El... el hom... bre... –murmuró Adrien, dando pasitos atrás, convirtiéndose en el centro de atención –El hombre ma...malo... (N/A: otro adelanto muuy largo... Pero es que el siguiente capi también lo es)
