Hola a todos. En primer lugar, decir que los personajes no me pertenecen a mí, sino a JK Rowling, así que no saco ningún beneficio y bla, bla, bla
En segundo lugar, agradecer a todos aquellos que se han tomado la molestia de leer y que me han dejado un review... De verdad que estoy muy sorprendida por todos los que he tenido en este capítulo, así que un beso para todos y muchas gracias.
En tercero, el capítulo; es el más largo de todos y espero que os guste.
Besos
Cris Snape
CAPÍTULO 20: En el Expreso de Hogwarts
-¡Date prisa, Adrien, o vamos a llegar tarde!
Adrien frunció el ceño un momento y volvió a contemplar su reflejo en el espejo; su papá siempre le dejaba que se peinara solo, como si fuera un niño más mayor, y esa mañana ya llevaba diez minutos intentado que sus pelos quedaran de punta, pero ya empezaba a tener el cabello más largo de lo normal y se le antojaba una misión imposible. Al parecer, su papá había tomado la decisión de que el pelo de su hijo debía tener el mismo aspecto que el suyo propio y había ignorado al pequeño cada vez que le pedía que lo llevara a la peluquería a recortarle un poco las puntas; a Adrien le gustaba llevar el pelo más corto, a su mamá también le había gustado poder peinar a su hijo con aquellas puntitas que le daban cierto aspecto travieso y Adrien había aprendido a hacerlo con bastante facilidad, pero ese día, por más que se echara el cabello hacia arriba, por más que se lo mojara y tratara de retorcerlo, el dichoso pelo insistía en quedarse pegado a su cabeza, sin mucha gracia. Afortunadamente no tenía el mismo aspecto grasiento que el de su padre, pero Adrien se había propuesto una meta para cuando volvieran de Hogwarts el sábado por la tarde: ir a la peluquería y llevar a su padre con él. Tampoco a Severus le vendría mal un corte, eso era algo obvio para el niño.
Finalmente, Adrien soltó un bufidito y se rindió; con el peine, se hizo la raya a un lado de la cabeza y se arregló con cuidado, recordando la forma ondulada que su madre le daba al cabello cuando lo llevaba a eventos importantes y le ponía los trajecitos con corbata para ir elegante... Ahora sí que parecía un niño bueno y Adrien no pudo evitar sonreír con cierta malicia... ¡Uhm! Con esa carita de ángel iba a conseguir cualquier cosa que se propusiera... De un salto se bajó de la silla que había acercado al lavabo para poder lavarse la cara, cepillarse los dientes y, como no, peinarse, y fue corriendo hasta su habitación para recoger a "Oso"; por la noche su padre había llenado un baúl todo lo que iban a necesitar en Hogwarts, túnicas incluidas. Aquella mañana Adrien iba vestido como un muggle, con unos pantalones vaqueros algo desgastados y una sudadera blanca y negra; hacía fresco y, aunque el pequeño llevaba una camiseta de manga corta por debajo de la sudadera, convenía ir abrigado. Se ató los cordones de una de sus nuevas zapatillas de deporte, agarró la mochila donde había guardado su libro de Hogwarts, unos cuantos cuadernos de dibujo y un puzzle, y se reunió con su padre en el recibidor de la casa. Severus había vuelto a su ropa negra y Adrien lo miró de mala manera un momento, aunque terminó por encogerse de hombros; si a su padre le gustaba vestirse así, él no podía hacer nada...
Severus miraba el reloj con impaciencia; había hecho un par de intentos para ayudarle a vestirse, pero el niño insistía en hacer esas cosas él solo. Realmente no tenía mal aspecto, así que la esperaba había merecido la pena... Bueno, no le gustó demasiado la forma de peinarse; él había esperado que hubiera dejado que el cabello tomara una forma similar al suyo (los dos tenían el pelo muy parecido), para eso se había propuesto dejar que el pelito del niño le creciera hasta la altura de los hombros, pero Adrien había tomado su propia decisión y estaba repeinado, con un aspecto quizás demasiado formal... Quizás si le decía que los magos tenían el pelo largo aceptaba dejárselo crecer...Severus lo dudaba realmente, puesto que cada día que pasaba Adrien se ponía más y más pesado con el tema de la peluquería, pero Severus no se iba a rendir; el niño iba a estar mucho mejor con el pelo largo, como él.
-¿Lo has cogido todo? ¿No te olvidas de nada?
-No, papi –Adrien miró el baúl que estaba junto a su padre y le tendió su mochilita –Ya nos podemos ir.
-Sabes que el viaje en tren es muy largo –Severus puso los brazos en jarra –Yo no podré ir contigo y no quiero que molestes a Remus si te aburres, ¿seguro que lo tienes todo?
-Lo tengo todo, papi –Adrien afirmó con seguridad.
-Vale –Severus le tendió los brazos a Adrien para cogerlo –Vamos a aparecernos en el Anden 93/4... ¿Te acuerdas de todo lo que te conté sobre ese lugar?
-Sí, papi –Adrien cabeceó, sujetándose al cuello de su padre –Es un lugar mágico; habrá mucha gente y no tengo que soltar tu mano para no perderme ni acercarme a las vías del tren.
-Eso es. Y, ahora, vamos para allá... Una, dos...
¡TRES!
Adrien cerró los ojos un momento, abrazándose fuerte al cuello de su padre y, un segundo después, estaba en lo que parecía ser una estación de tres, sólo que era muy diferente a las otras estaciones en las que antes había estado con su madre... Una vez más, se vio rodeado de gente vestida con túnicas extrañas y durante un segundo lamentó no haberse puesto una de las suyas, pero entonces vio a un montón de chicos que se saludaban cerca de donde estaba y se sintió a gusto; la mayoría de ellos iban vestidos con ropa muggle, así que debía ser algo normal allí. Además, aunque la mayoría de los adultos llevaban túnicas, otros iban con pantalones y camisas más comunes (su padre le había dijo al oído que esos no eran mágicos) y Adrien tuvo la sensación de estar en alguna reunión de padres en el colegio, una de esas reuniones de principios de curso que solían celebrarse y a las que él fue sólo una vez, a principios del curso anterior... Severus lo dejó en el suelo y buscó con la mirada a Remus Lupin; hubiera querido poder llevar al niño consigo esa mañana, pero sabía que sus tareas en Hogwarts lo iban a tener demasiado ocupado para poder prestarle atención a Adrien. Ni siquiera Hagrid iba a poder hacer de niñero, puesto que él tenía también muchas cosas que preparar para cuando llegaran los nuevos estudiantes, y Severus finalmente había aceptado la oferta de Remus para cuidar de él en el Expreso de Hogwarts; no es que la idea le hiciera demasiada gracia, puesto que Lupin y él no eran precisamente amigos, aunque su relación era ahora mucho más cordial que unas semanas antes. Si había aceptado su ofrecimiento fue porque no le quedó otro remedio y porque, además, Albus había pasado dos días enteros enviándole lechuzas para convencerlo; no es que le hubiera dejado tomar otra decisión, vamos, y Severus confiaba en que Remus y el niño estuvieran tranquilos durante todo el viaje. El profesor de Pociones entornó un poco los ojos, ignorando las miradas curiosas de los que pronto volverían a ser alumnos suyos, hasta que distinguió una mata de cabello morado a unos metros de distancia; así que Remus había traído a Tonks consigo... Bueno, Adrien parecía haber simpatizado bastante con la bruja, así que su presencia en el tren no sería tan mala; dos víctimas a las que "atormentar" para el bueno de su hijito... Severus cogió con una mano el baúl con el equipaje de Adrien (y una parte del suyo propio) y echó a andar en dirección a Remus; el niño miraba a su alrededor con los ojos abiertos como platos, maravillado por el aspecto brillante de la locomotora de aquel tren, que echaba humo por una chimenea y pitaba de cuando en cuando de una forma muy llamativa. A Adrien le hubiera gustado ver cómo funcionaba aquella cosa, pero su padre parecía tener demasiada prisa; llevaba tres días diciéndole que se tenía que portar muy bien cuando estuviera en el Expreso de Hogwarts, que tenía que obedecer a Remus y que no debía darle nada de guerra porque no debía molestar a los demás. Adrien había prometido portarse bien, encantado con la perspectiva de pasar una semana entera en Hogwarts; tenía un montón de juguetes para entretenerse. Se quedaría todo el tiempo en su compartimiento, sin curiosear por los pasillos y sin ir a presentarse a cuanto niño con túnica se le pusiera por delante (Severus tenía la sensación de que al mocoso le daría por hacer eso si no se lo prohibía expresamente); no comería demasiadas chucherías (eso, por supuesto, Adrien debía pensárselo todavía) y tendría mucha paciencia porque iban a llegar a Hogwarts de noche, así que tendría que estar todo un día sin salir de ese tren.
Finalmente su padre se detuvo y Adrien, que estaba un poco aturdido por todo lo que estaba pasando, alzó la cabeza y se encontró con el rostro sonriente de Nymphadora Tonks; era un poco raro que ahora no tuviera el pelo amarillo chillón, largo y rizado, ni los ojos violetas. De hecho, su pelo era morado, lo llevaba corto y puntiagudo, y sus ojos eran azules muy claros, pero por lo demás, sus facciones seguían siendo las mismas del día en que la conoció. Adrien frunció un poco el ceño hasta que la reconoció y respondió al saludo pícaro de la joven cuando ella le sacó la lengua. Luego, miró a Remus, que había empezado a hablar con su papá sin que él se diera cuenta, y decidió esperar a que le dijeran algo.
-No quiero que coma demasiados dulces –decía Severus y, a juzgar por la cara de Lupin, al pobre hombre todavía le resultaba difícil de creer que el profesor de Pociones pudiera hablar de esos temas con tanta naturalidad –Seguro que te pedirá, pero no quiero que le compres nada; ya lleva unas ranas de chocolate en su mochila y una bolsa de caramelos de limón... Por lo visto Albus cree que se puede comer todo lo que le mete en los bolsillos –aquellas palabras fueron más una reflexión que otra cosa –A medio día dale de comer el bocadillo y la pieza de fruta; enviaré a "Athos" para asegurarme de que todo anda bien sobre esa hora... Y procura que se eche la siesta, así te dejará en paz un rato...
-No creo que vaya a molestarme... –alcanzó a decir Remus cuando Severus se quedó callado para tomar aire.
-Tiene un puzzle y unos cuadernos de dibujo en la mochila para que se entretenga –Severus ignoró por completo el comentario del licántropo –Si quiere leer algo de su libro de Hogwarts te agradecería que le echaras una mano; a veces confunde las letras, pero se esfuerza mucho por aprender y...
-Severus, todo va a estar bien, no te preocupes –Remus estiró una mano para que Adrien se la cogiera y, aunque un poco dubitativo, el niño lo hizo –Estoy seguro de que Adrien no va a dar ninguna clase de problemas, así que relájate.
-Si ves que se pone muy pesado envíame una lechuza y veré que puedo hacer...
-¡No me pondré pesado, papi! –intervino Adrien un poco molesto –Me portaré muy bien.
-Eso ya lo sé –Severus se acuclilló frente a él –Ya sabes lo que te he dicho de las chucherías...
-Sí... –Adrien parecía impaciente.
-Sabré si has convencido a Remus para que te compre algo más –Severus alzó un dedo, amenazador –Si intentas engañarme te voy a quitar todos los caramelos de limón hasta nueva orden...
-No te engañaré –Adrien hablaba con firmeza, aunque tenía los dedos cruzados en su espalda, algo de lo que Severus era plenamente consciente –Te lo prometo.
-Sí... Ya... –Severus miró su reloj –Tengo que irme ya... ¿te portarás bien?
-Me portaré mejor que bien, papi –Adrien afirmó con la cabeza y dejó que su padre lo cogiera por los hombros.
-Sabes que el viaje será muy largo y seguro que te aburres...
-No me voy a aburrir –Adrien miró a Remus de reojo –Si me aburro, le pediré al señor Remus que me cuente historias como las que me cuentas tú; seguro que sabe muchas... Y pienso hacer unos dibujos muy chulos para tu despacho; ya verás como te gustan...
-¿Qué dibujarás?
-¡Ah! –Adrien se puso en plan misterioso –Hasta esta noche no lo sabrás...
-Está bien... ¡Dame un abrazo, enano!
Adrien se arrojó inmediatamente a los brazos de su padre y le dio un fuerte beso en la mejilla; por lo visto, a Severus le estaba costando un esfuerzo sobrehumano soltarse de él... Era la primera vez que se separaban en todo el tiempo que llevaban juntos y se le estaba haciendo un poco duro, a pesar de que era plenamente consciente de que el pequeño iba a estar perfectamente bien; además, debía acostumbrarse a no estar todo el día con Adrien, puesto que las clases comenzarían al día siguiente y Severus iba a pasar varias horas al día sin poder verlo. Pero era duro, no quería dejarlo solo en ese tren para irse a Hogwarts... Hubiera preferido llevarlo con él, pero eso no podía ser, así que finalmente lo soltó y se puso en pie, dejando que Remus volviera a coger la manita de su niño...
-En fin –Severus se pasó la mano por el pelo, disimulando su repentina turbación; Remus lo miró divertido y Tonks carraspeó para disimular una risita –Ya sabes que si hay algún problema...
-Lo sé, Severus –Remus le puso una mano en el hombro y pensó que Severus lo fulminaría con la mirada, pero al parecer el hombre estaba demasiado ocupado mirando a su hijo.
-Será mejor que me vaya.
Severus le dio un beso en la frente a su hijo y se alejó de ellos, sin dejar de mirar a Adrien mientras el niño le decía adiós alegremente con una manita. Cuando desapareció de la vista, miró a Remus y a Tonks y les puso su mejor cara de angelito; le había prometido que iba a ser bueno a su papá, pero quizás pudiera hacer alguna travesura pequeñita... Todavía no lo había decidido.
-Bueno, Adrien, ¿qué te parece si vamos a coger un buen sitio? –Tonks le tendió una mano y Adrien se cogió a ella ufanamente –Remus se encargará del equipaje... ¿Necesitas algo del baúl?
-Lo tengo todo en la mochila...
-Pues vamos.
Tonks se encaminó hacia el tren mientras, efectivamente, Remus se hacía cargo de tres baúles: el de Adrien, el de Tonks y el suyo propio. Después de ayudar a Adrien a subir la escalinata, abrió una puerta y el niño se encontró en el interior de un hermoso vagón de aspecto antiguo, como los trenes de las películas que le gustaban a su madre. A esas horas no había muchos estudiantes, así que no tardaron en encontrar un compartimiento vacío, cerca de la locomotora, un lugar donde estarían mucho más tranquilos, pues por allí sólo estaban los sectores que solían utilizar los prefectos de Hogwarts, alumnos en teoría mucho más formales que los niños más pequeños (y Tonks pensaba que eso sólo era teoría, pues era conocido por todos que los estudiantes más mayores tenían más peligro que los más jóvenes, básicamente porque sabían mucha más magia)
-¿Tú también eres profesora en Hogwarts? –le preguntó Adrien mientras se instalaban; Nymphadora colocaba las bolsas de viaje en los maleteros y el niño corría hasta colocarse junto a la ventana, de rodillas sobre el asiento, realmente nervioso.
-No, cariño. Yo sólo voy a acompañar a Remus durante unos días –explicó Tonks con una sonrisa; en realidad viajaba con otras intenciones, pero no convenía comentárselas al pequeño.
-¡Oh! Y... –Adrien puso carita maliciosa –Remus es tu... ¿novio?
Tonks abrió mucho los ojos y parpadeó... ¡Vaya con el criajo!
-Sí... Él es mi... novio...
-Y... ¿le quieres mucho? (N/A: Ahí tenemos a Adrien, metido a comentarista del corazón... Tiembla, Rita Skeeter...)
-Sí... –Tonks carraspeó, sintiéndose un poco incómoda –Le quiero mucho, sí...
-¡Oh...! ¡Qué bien! –y Adrien parecía alegrarse realmente –Mi papá no tiene novia, ¿sabes?
-¿No? –Tonks se sentó; aquello ya empezaba a gustarle más... ¡Pobre Severus Snape!
-Mis papás no fueron novios tampoco... –Adrien se acomodó mejor, dispuesto a hablar sobre temas que, sin duda, no le harían demasiada gracia a su padre. Pero él no le había prohibido tocar ese asunto, así que... –Mi mamá me contó que se conocieron durante muy poco tiempo y mi papá también me dijo eso cuando le pregunté... Pero yo igual creo que se querían mucho, aunque no fueran novios ni nada, porque cuando yo le pregunté a mi mamá que de dónde venían los bebés, ella me dijo que del amor de dos personas... Así que, si yo nací, mis papás tuvieron que quererse, ¿no te parece?
-Por supuesto que sí –aquella deducción infantil sonaba más que lógica.
-A mí me gustaría que mi papá tuviera una novia... Me hubiera gustado más que mis dos papás hubieran podido estar juntos, pero como mi mami se murió, eso ya no va a poder ser –Adrien pareció entristecerse por un segundo, como siempre que recordaba la muerte de su madre, pero enseguida se repuso –Si mi papá tuviera una novia, yo podría tener hermanitos... –Adrien dio un bote –A mí me gustaría tener hermanitos, ¿sabes? Para poder jugar con ellos y también para poder hacerles de rabiar de vez en cuando –Tonks rió y escuchó atentamente todas las palabras de Adrien –Mi mami tenía dos hermanos; uno, que era más pequeño que ella, se llamaba igual que yo y también se murió, cuando era pequeño, y el otro no sé como se llama... Creo que no me quiere, pero eso ya me da igual porque ahora tengo a mi papá –Adrien alzó la cabeza –Él no tiene hermanos... ¿Tú tienes alguno, Nymphadora? –antes de que Tonks pudiera contestar, Adrien la interrumpió -¿Te importa que te llame Nymphadora? Es que eres muy joven para decirte "señora"...
-¡Claro que no me importa! De hecho, preferiría que me llamaras Tonks... Es mi apellido...
-¿No te gusta Nymphadora? –Adrien alzó una cejita –Es un nombre muy bonito; a mí me gusta como suena y me gustaría poder llamarte así... Si no te enfadas, claro.
-No me enfado, tranquilo.
-Entonces –Adrien sonrió, satisfecho -¿Tienes hermanitos?
-No –Tonks negó con la cabeza –Soy hija única (N/A: ¿Dice en alguno de los libros de Rowling que Tonks tenga hermanos? Yo, la verdad, no recuerdo haberlo leído)
-¡Oh! Pues debías aburrirte mucho –Adrien chasqueó la lengua –Mi papá y yo nos lo pasamos muy bien ahora porque es verano y estamos de vacaciones, pero cuando llegue el invierno y tenga que estar más tiempo solo, me aburriré mucho... ¿Tú te aburrías de niña, Nymphadora?
-Algunas veces, pero mi madre me llevaba a jugar con mis primos (N/A: primitos Tonks, no Black, por supuesto) Y, la verdad, es que algunas veces sí que me hubiera gustado tener un hermano...
-Yo creo que tampoco me voy a aburrir mucho, después de todo –Adrien adquirió una pose un tanto reflexiva y se acercó a Tonks con total confianza –Mi papá ha encontrado una niñera para mí; se llama Carole y es muy simpática. Tiene un hijo que se llama Josh y es de mi edad, así que seguro que podemos jugar juntos todas las tardes.
-Pues eso está muy bien, Adrien.
El niño fue a decir algo, pero en ese momento Remus llegó al compartimiento; cuando abrió la puerta, se escuchó mucho más ruido que unos minutos antes y varios chicos mayores pasaron frente a la puerta con aire acelerado, colocándose sus túnicas del colegio y charlando apresuradamente. No era fácil volver a las clases después del año de infarto que habían pasado hasta que Voldemort murió; muchos alumnos habían fallecido y, pese al ajetreo matutino y a la alegría lógica que traía el fin de la guerra, el ambiente estaba un poco enrarecido... Aunque, claro, Adrien no se dio cuenta de eso, no tenía razones para pensar que algo podía ir mal.
-Al fin –suspiró el licántropo, cerrando la puerta tras de sí –Menuda locura hay montada ahí fuera... –miró a Adrien fijamente -¿Te gusta el tren?
-Es muy bonito, señor Remus –Adrien miró al hombre con cierta suspicacia; hubiera querido preguntarle si él también quería a Nymphadora, pero prefirió quedarse calladito –Hay mucha gente en el andén, ¿verdad que sí?
-Son los padres de los alumnos de Hogwarts; han venido a despedir a sus hijos...
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-Espero que sepáis comportaros, chicos –decía el señor Weasley, mirando fijamente a sus dos hijos menores, Ron y Ginny, los únicos que aún tenían que asistir a Hogwarts para terminar sus estudios. Normalmente era su esposa Molly la que se encargaba de esas charlas, pero esa mañana la señora Weasley estaba en San Mungo, ayudando a Fleur con su hijo recién nacido, un bebé llamado Percy en honor al hijo que los señores Weasley habían perdido en la guerra. Hermione Granger observaba la escena desde una distancia prudencial con una media sonrisa en los labios; ella ya se había despedido de sus padres un rato antes –Sois adultos, así que espero de vosotros que no os metáis en líos, ¿entendido?
-Sí, papá –dijeron los dos jóvenes al tiempo, medio exasperados.
-Los dos sois prefectos de Griffindor; procurad hacer honor a vuestras insignias...
-Papá, tenemos que subir al tren –cortó Ron bruscamente; el joven era mucho más alto que un año antes y su cuerpo, lejos de ser desgarbado, era atlético, de movimientos casi gatunos. La guerra le había afectado positivamente a aquellos músculos.
-Si nos dejas, claro –concluyó Ginny, dejando que el señor Weasley la abrazara.
-Está bien –Arthur los soltó y dio dos pasos atrás –Saludad a Harry de parte de vuestra madre y mía, ¿de acuerdo?
-Lo haremos, no te preocupes...
-Y, por favor, no os peleéis con los Slytherin... Procuremos tener la fiesta en paz...
En ese momento, una cabeza rubia pasó junto al señor Weasley. Draco Malfoy escuchó perfectamente el último comentario de ese hombre y en otro tiempo hubiera hecho algún comentario mordaz e hiriente, pero teniendo en cuenta que estaba en periodo de prueba (y que no deseaba mandar todo lo conseguido al cuerno) pasó de largo tirando del viejo baúl que un día perteneciera a su prima Nymphadora (ni un mísero baúl le habían dejado los ineptos del Ministerio), ignorando la mirada de desprecio con que lo obsequió, una vez más, Ron "Comadreja" Weasley. Definitivamente, no estaba de humor para peleas; después de todo, y por alguna extraña razón, (seguro que su padrino tenía algo que ver con eso) seguía siendo prefecto de la escuela y debía dar ejemplo. El final de la guerra estaba demasiado reciente para que los Slytherin se pusieran a hacer o decir tonterías, sobre todo si eran tan conscientes como Draco de que ese no iba a ser un año fácil en la escuela, con tres casas literalmente en su contra... Quizás los Ravenclaws y los Hufflepuffs fueran más comedidos, pero de los Griffindors no podía esperar demasiadas sutilezas, menos aún de aquellos como eran como el estúpido de Ronald Weasley. De hecho, Draco algunas veces pensaba que sería más soportable tratar con la "sangre-sucia" Granger aunque, claro, eso no estaba dispuesto a admitirlo ni aún bajo los efectos de la maldición Cruciatus... Todavía tenía algo de orgullo Malfoy, demonios, y aunque nunca se había sentido con valor (ni derecho) para matar a un insignificante muggle, no estaba de mal conservar las antiguas apariencias y defender los viejos valores de los "sangre-limpia", aún derrotados.
-Eso sí que no te lo puedo prometer, papá –dijo Ron con los dientes apretados, mirando de reojo a Malfoy; Ginny le dirigió una mirada asesina, pero nadie pareció darse cuenta –Todas esas serpientes deberían estar en Azkabán, no en Hogwarts, paseando sus malditas figuras de asesinos como si nada...
-Ron... –Arthur Weasley se preparó para soltar por enésima vez su famoso discurso defensor de viejos sangre-limpia prejuiciosos y que se habían redimido durante la guerra, pero el tren estaba a punto de salir y no quedaba tiempo para eso –Procura controlar tu carácter, hijo... Es mejor así.
-Vamos, chicos –dijo Ginny, poniendo fin a la conversación –Tenemos que ir al vagón de prefectos...
Los tres jóvenes se despidieron del señor Weasley y subieron al tren portando sus baúles; echarían de menos a Harry ese año, pues siempre era agradable compartir el viaje con él, pero entendían los motivos que tuvo para ir a Hogwarts antes de tiempo (bueno, Ron no lo entendía, pero es que seguía siendo tan cabezota como siempre) Entraron al compartimiento reservado para los prefectos de Griffindor; Colin Creevey, el otro prefecto de sexto curso, estaba allí sentado, con semblante serio. Todos sabían que había cambiado mucho desde que su hermano fue asesinado por los mortífagos, poco después de la "muerte" de Dumbledore, cuando los aliados de Voldemort decidieron chantajear a los funcionarios del Ministerio secuestrando a un buen puñado de magos menores de edad, todos ellos hijos de muggles. Ginny saludó a su compañero amablemente y él apenas le respondió; frente a Colin, los prefectos de quinto curso, dos chicos a los que Ron y Hermione apenas habían tratado y que se llamaban Serenity Parker y Brice Walters. Parecían bastante nerviosos, aunque la presencia de los más mayores los alivió un poco; los recién llegados se acomodaron en los lugares vacíos. Ginny se acercó a Colin y empezaron a hablar en susurros; siempre habían sido muy amigos y entre ellos no parecía haber secretos.
-No entiendo que hace Malfoy aquí –bufó Ron de mal humor, cruzándose de brazos –No digo que merezca pasar su vida encerrado, pero de ahí a que se le permita ir a Hogwarts como si nada... ¡Sigue siendo prefecto, por Merlín! No sé en que estaba pensando Dumbledore cuando lo readmitió.
-No deberías poner en duda los motivos del profesor Dumbledore –dijo Hermione calmadamente, aunque ya estaba un poco cansada de escuchar el eterno discurso anti-Malfoy del que, al fin, era su novio –Malfoy ayudó mucho durante la guerra; merece una segunda oportunidad...
-Pero lejos de Hogwarts...
-¿Quieres cerrar la boca, Ron? –dijo Ginny, cogiendo las manos de un Colin que parecía punto de ponerse a llorar –Ya hemos hablado mucho sobre eso, haz el favor de callarte y... No sé, podrías ir a hacer la ronda... ¡Yo que sé! Busca a Neville y a los chicos y suéltales a él tu discursito...
Ron se puso rojo y hubiera querido contestar a su hermana de mala manera, pero vio el rostro pálido de Colin Creevey y se quedó callado de pronto. Hermione se levantó, pensando que la propuesta de Ginny era bastante acertada, y arrastró a Ron fuera del compartimiento, mirándolo con cara de pocos amigos.
-Mira que eres bestia –le dijo una vez fuera, mientras recorrían los vagones con tranquilidad. El tren había salido un par de minutos antes y los alumnos no terminaban de colocarse en sus lugares –Sabes perfectamente que Colin sigue afectado por lo que le pasó a su hermano y tú insistes en comportarte como un imbécil...
-Sabes que lo que digo es completamente cierto –Ron cabeceó, casi furioso –Bueno está tener que soportar al grasiento Snape durante un año más; se jugó la vida y debemos reconocer que tuvo un buen par de... –Ron carraspeó –Pero Malfoy... En fin, supongo que siempre nos queda el consuelo de saber que ni Crabbe ni Goyle andan por ahí para hacerle de guardaespaldas...
Hermione no dijo nada; sabía que los dos amigos de Draco Malfoy habían ido a una institución penal para menores de edad ubicada en algún lugar desconocido de, posiblemente, Groenlandia, y, aunque en un par de años serían puestos en libertad, jamás podrían poner una mano encima de una varita (no es que el mundo hubiera perdido dos magos notables, claro) y, aunque en el fondo la joven se alegraba, tampoco era cuestión de mofarse de los dos ex –Slytherin. Después de todo, su mayor crimen había sido ser dos cretinos integrales y, posiblemente ahora Malfoy tendría dos aliados peores que esos dos muchachos, otros dos Slytherin que eran mucho más inteligentes y que, por alguna extraña razón, no habían tenido nada que ver con la guerra: Blaise Zabini y Theodor Nott. De hecho, este último había pedido la protección del Ministerio cuando su padre quiso que se tatuara la Marca Tenebrosa... Hermione aparcó esos pensamientos y siguió a Ron por el pasillo, rezando por no tener un encuentro con Malfoy en ese preciso instante... Afortunadamente su novio encontró a Neville Longbottom, Dean Thomas y Seamus Finnigan charlando alegremente en un departamento, y se metió en él antes de que Draco Malfoy apareciera al fondo del pasillo; Hermione y él intercambiaron una mirada, pero no se dijeron nada.
Draco, por su parte, había decidido salir a hacer la ronda él solo. No soportaba las estupideces de Pansy Parkinson mientras intentaba convencer a los prefectos de sexto y quinto curso de que se alegraba de la derrota de lord Voldemort, y optó por estar solo para poder pensar con claridad. En cierto modo echaba de menos la presencia de Crabbe y Goyle; siempre le habían hecho sentirse protegido y, a pesar de que ninguno de los dos era muy inteligente, eran buenos amigos. Draco se alegraba de que no hubieran salido muy mal parados (¿alguien creía que eran menores de edad? Algo más que agradecer a Albus Dumbledore y sus influencias), pero se sentía irremediablemente solo; Blaise y Theodor no habían participado en la guerra y, aunque el primero siempre hablaba mal de los "sangre-sucia", todo quedaba siempre en eso, en palabras sin sentido. A Draco no le gustaba demasiado el hecho de que Zabini pudiera competir en inteligencia con él y por eso nunca fueron amigos, aunque quizás había llegado la hora de cambiar eso. Y, en cuanto a Nott, era, indudablemente, un amante de los muggles y sus amigos... Nunca había sido un chico muy hablador en sus primeros años de escuela, nunca había dirigido un insulto contra los "sangre-sucia" y nunca había participado en las discusiones que tenían lugar en la sala común de Slytherin sobre ese tema (N/A: según tengo entendido, Nott es un chico callado, así que lo describo así... Si me equivoco, lo lamento) Además, había pedido protección después de enfrentar a su padre y miraba a Draco de mala manera... Miraba a la mayor parte de los Slytherin de mala manera, de hecho, así que Draco no terminaba de entender qué pintaba en la casa de las serpientes... Quizás se debía al hecho de que en los últimos tiempos había demostrado ser extraordinariamente astuto y un manipulador nato... Los había visto un momento antes, compartiendo un departamento con otros chicos de Slytherin, todos demasiado asustados aún para abrir la boca, esperando quizás la llegada de algún auror para llevarlos a Azkabán, y Blaise le había invitado a quedarse con ellos, pero Draco rehusó la propuesta... No tenía ganas de sentirse incómodo rodeado de chicos tan incómodos como él...
Quizás pudiera volver al compartimiento de prefectos de Slytherin y dormir un poco... Y, entonces, vio dos rostros familiares... El de una mujer de pelo morado que reía las gracias de un niño pequeño de pelo y ojos negros. Draco entornó los ojos y, cuando Adrien lo vio, se quedó parado, mirándolo medio pasmado...
Y es que Adrien quería ir al cuarto de baño; los nervios estaban haciendo estragos en su vejiga (los nervios y los tres vasos de zumo de naranja que se había desayunado) y le había pedido a Tonks que lo acompañara... Draco realmente no se alegró de ver a su prima (últimamente, donde estaba ella siempre estaba el licántropo y bastantes comidas se habían visto obligados a compartir), pero en cuanto a Adrien... Era un muchachito realmente agradable, una de las pocas personas que no lo miraban como si fuera un asesino en potencia, y eso le hacía sentirse realmente aliviado...
Adrien soltó la mano de Tonks y corrió hasta colocarse frente a Draco; se puso muy tieso de repente, adquiriendo una postura de lo más solemne, y estiró una mano para que Draco se la estrechara. El rubio lo miró con el ceño fruncido, sin entender muy bien esa actitud que le resultaba de lo más incómoda.
-Hola –dijo el niño con voz grave, recordando los modales un tanto exagerados de los que hizo gala ese chico cuando su papá se lo presento –Soy Adrien Bellefort-Snape... ¿Te acuerdas de mí? Tú eres Draco, el ahijado de mi papá...
-Claro que me acuerdo –Draco estrechó la mano y, por primera vez en unos cuantos días, sonrió con total sinceridad -¿Cómo estás?
-Bien, pero –Adrien bajó la voz –Ahora mismo me hago mucho pipí... ¿Te importa que...?
-¡No! Ve, ve...
Adrien hizo un gesto y Tonks se apresuró en seguir con su paseo al baño, mirando a Draco un segundo pero sin llegar a decirle nada. El rubio dudó un momento entre seguir su camino hacia el vagón de prefectos y esperar a Adrien para hablar con él; quizás pudiera preguntarle si Snape le había comprado al final su escoba voladora... Y, entonces, dio dos pasos atrás y se topó con alguien...
Ron sólo quería comprobar si la señora del carro de los dulces andaba por ese pasillo; como siempre, tenía un hambre atroz y sentía que no podría aguantar más tiempo con el estómago vacío. En cualquier caso, no buscaba pelea, aunque supo que la tendría cuando se chocó con la persona que menos le apetecía ver en ese momento.
Draco pensó que sería conveniente dar media vuelta y no decir una palabra, pero simplemente no pudo hacerlo; habían sido demasiados años molestando a aquel cretino Griffindor y no veía porqué ahora las cosas tenían que ser diferentes... Bueno, sí veía porqué, y de hecho intentó auto-controlarse, pero las palabras se escaparon de su garganta sin que él pudiera evitarlo, al tiempo que su mano se deslizaba bajo su túnica en busca de su varita mágica... No, no era una buena idea tener un duelo precisamente con ese chico, pero era demasiada tentación. Y Ron, pese a haberle prometido a su padre que no se metería en líos, cuando vio el gesto de autosuficiencia de Malfoy, también echó mano de su varita; si ese rubiales quería pelea, la tendría, por supuesto que la tendría.
-Vaya, "Comadreja" –dijo despectivamente Malfoy, recuperando algo de la arrogancia de sus mejores tiempos –Sigues teniendo la misma cara de imbécil que siempre; realmente confiaba en que hubieras cambiado un poco, pero ya veo que eso no es posible.
-¡Oh, sí! –Ron chasqueó la lengua; de repente, Malfoy tuvo la sensación de que ese pelirrojo había madurado mucho en muy poco tiempo y sintió que no podría salir victorioso de un duelo verbal –Y tú sigues teniendo la misma cara de mortífago de hace un año, ¿por qué será, "Huroncito"?
-Y estoy dispuesto a comportarme como tal si tengo que soportar la presencia de imbéciles como tú, Weasley –amenazó Draco después de un segundo de silencio; la respuesta de Ron le había descolocado... un poco –O como tus "amiguitos"... ¿Dónde te has dejado a Potter? ¿Llorando sus penas escondido en algún rincón de tu "casa"? –y le dio a esa palabra un toque despectivo –Y... ¿la "sangre-sucia"? No me digas que ya has empezado a tirártela...
Ron no necesitó hacer uso de la magia en esa ocasión; después de que sus orejas pasaran del blanco al rojo en cuestión de segundos, alzó su puño todo lo que pudo y descargó un fuerte golpe en el rostro estupefacto de Draco, que se tambaleó hacia atrás hasta toparse con la pared. El rubio se llevó la mano al pómulo, descubriendo un hilillo de sangre que manaba de una herida abierta y, soltando un grito furioso, se arrojó sobre Ron, cogiéndolo por la cintura y estampándolo contra el suelo estrepitosamente, olvidándose de su magia por completo... Draco se colocó sobre el pelirrojo, dejándolo prácticamente inmovilizado, e intentó golpearle en la cara, pero Ron había ganado en reflejos durante la guerra y detuvo el golpe mientras pataleaba y se retorcía para intentar liberarse... Aquello ya era oficialmente una pelea y fueron muchos los estudiantes que se asomaron a curiosear, Hermione Granger entre ellos, seguida por Neville, Seamus y Dean, que miraron la escena sin saber muy bien qué hacer.
Hermione se adelantó y cogió a Draco por los brazos para intentar separarlo de Ron, pero lo único que la chica consiguió es que el Slytherin hiciera un movimiento brusco y le diera un codazo en plena nariz, haciendo que la Griffindor se pusiera a sangrar en abundancia.
-¡Hermione!
Al ver la agresión (aunque accidental, no dejaba de ser agresión) que había sufrido su novia, Ron pareció recobrar fuerzas y, cogiendo a Draco por el cuello de la túnica, lo empujó a un lado... Rodaron por el suelo hasta que el rubio pasó a ser el inmovilizado y se llevó otro golpe en la cara que, posiblemente, le había destrozado algún diente. Hermione, por su parte, no se dio por vencida y quiso parar la pelea, algo bastante difícil teniendo en cuenta que ella, siendo una chica, no tenía fuerza para separar a aquellos dos bestias que parecían haber perdido la razón; pidió ayuda a sus compañeros, pero ni tan siquiera Neville se atrevió a acercarse a los dos contendientes, que iban a terminar destrozándose el uno al otro si seguían golpeándose así...
-¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO AQUÍ!
El rugido procedía del otro lado del vagón; Remus Lupin se acercaba al lugar de la pelea, abriéndose paso entre los estudiantes, con la varita preparada para cualquier cosa. Ron y Draco siguieron golpeándose ajenos a la presencia del profesor, que se vio obligado a lanzarle un hechizo paralizante a cada uno...
-¡¿QUÉ CREEN QUE ESTÁN HACIENDO! –bramó el licántropo; Hermione no recordaba haberlo visto tan enfadado nunca -¡¿EN QUÉ ESTÁN PENSADO, SEÑORES! ¡¿QUIEREN SER EXPULSADOS ANTES DE LLEGAR AL COLEGIO! –Lupin se volvió para mirar a Hermione –Señorita Granger, ¿qué ha pasado aquí? –Remus vio horrorizado la nariz de la chica y realizó un hechizo curativo; quizás hubiera sido bueno mostrar ese mismo gesto con los chicos que seguían inmóviles, pero se hizo el desentendido –Hable de una vez.
Y mientras Hermione intentaba explicar lo que había pasado, un niño de cuatro años salía del cuarto de baño del vagón contiguo mientras Tonks le cogía de la mano, ambos completamente ajenos a la pelea que acababa de tener lugar a solo unos metros de distancia. Adrien estaba ansioso por volver a saludar al ahijado de su papá, pero cuando lo vio ya no parecía el mismo chico de antes: estaba tirado en el suelo, inmóvil, con varios golpes en el rostro y la mirada furiosa. A su lado había un chico pelirrojo en un estado similar y Adrien supo que se habían estado peleando... Y, entonces, el nombre llegó a sus oídos, haciéndole sentir un terrible escalofrío.
-Y entonces –decía Hermione, que conseguía explicar lo ocurrido de una forma bastante objetiva –Malfoy me dio un codazo, creo que sin querer...
Malfoy...
Adrien se puso pálido... Apretó con fuerza la mano de Tonks y dio un pasito atrás, aterrado...
Malfoy... ¿Estaría allí el hombre malo? ¿Había ido a buscarlo al tren aprovechando que su papá no estaba allí para protegerlo?
-Muy bien –Remus había suspirado, ajeno a lo que estaba pasando por la mente del niño; ni siquiera se había dado cuenta de que Adrien estaba allí –Señor Weasley –y miró al pelirrojo –Señor Malfoy...
Y miró al rubio... Al ahijado de su papá...
Adrien abrió mucho los ojos y dejó de respirar; Tonks pareció notar algo raro en el niño entonces y lo miró fijamente, pero para el pequeño, en ese preciso momento, su mundo se reducía a Draco... Draco Malfoy... Ahora que lo miraba mejor, ese chico se parecía mucho al hombre malo, tenía los ojos brillantes y una expresión maliciosa que no recordaba... Una expresión que no tenía cuando lo conoció pero que la pelea con Ron Weasley había hecho aparecer...
-Adrien, cielo –Tonks se colocó a su altura, cogiéndolo por suavidad de los hombros; nadie más les prestaba atención... Draco, tal vez sí que miraba de reojo, pero parecía escuchar el discurso de Remus -¿Te pasa algo? –le colocó una mano en la frente -¿Estás bien, cariño?
-Mal... Malfoy... –musitó con voz apagada, mientras las lágrimas acudían a sus ojos –Malfoy...
Draco, que había sido mortífago, jamás había escuchado a nadie pronunciar su nombre con tanto terror... Unos minutos antes, Adrien le miraba como si fueran amigos de toda la vida, como si le tuviera un afecto especial, y ahora el niño le tenía miedo, quizás demasiado miedo, y él no le había hecho nada... ¿Sería por la pelea? Había sido un error, pero tampoco era para tanto, Adrien debía entender que a él no lo iba a lastimar, debía entender que se había pegado con Weasley porque el pelirrojo era una comadreja estúpida... Y, porqué no reconocerlo, él un hurón descerebrado...
-El... el hom... bre... –murmuró Adrien, dando pasitos atrás, convirtiéndose en el centro de atención –El hombre ma...malo...
Y rompió a llorar; Tonks lo abrazó, sin entender muy bien lo que pasaba. Remus, que sí parecía comprender a la perfección los sentimientos que embargaban a Adrien, despejó el pasillo, ordenando a Hermione que se ocupara de Ron, y se olvidó de castigar a los jóvenes Weasley y Malfoy por su pelea. Draco, que debería haber aprovechado la ocasión para escapar indemne, se quedó paralizado, creyendo saber lo que le pasaba a Adrien... Seguro que tenía que ver con su padre... Hacía mucho que sabía que clase de persona era Lucius Malfoy pero, ¿había sido capaz de hacerle daño a un niño pequeño? Draco recordaba que algunas veces su padre jugaba con él cuando tenía la edad de Adrien... ¿Había sido capaz de...? Sí, sin duda le había hecho algo al pobre enano; no había otra forma de entender el llanto amargo de Adrien, se le veía realmente aterrorizado.
-El hombre malo no está aquí –dijo Lupin con suavidad, agachándose al lado de Adrien y pasándole una mano por la espalda –No te va a pasar nada.
-Pero... –Adrien señaló a Draco, que seguía ahí quieto, pensando en las cosas que su padre era capaz de hacer –Mal... Malfoy...
-Él no es el hombre malo, Adrien –Remus chasqueó la lengua –Draco no quiere hacerte daño.
-Pero... –Adrien pasó un brazo por el cuello de Remus; echaba mucho de menos a su papá en ese momento, pero sin duda Lupin no iba a dejar que le lastimaran –Se.., Se parece... Los ojos... Le brillan...
Adrien miraba a Draco como si fuera el monstruo de sus peores pesadillas; Draco realmente se sentía como si lo fuera y eso era realmente "genial". Por si no era poco tener que lidiar con los brujos adultos que le despreciaban por sus errores del pasado, ahora iba a convertirse en un ser al que los niños temerían... Realmente "genial"... Tuvo la tentación de salir de allí cuanto antes para no tener que soportar los ojos llorosos de Adrien fijos en él, pero Tonks se puso en pie y le hizo un gesto para que se quedara donde estaba.
-Él no es el hombre malo –repitió Remus con firmeza, procurando sonar convincente y tranquilizador –Draco se parece al hombre malo porque es hijo suyo, pero te aseguro que no quiere hacerte nada, ¿verdad?
Remus miró a Draco con expresión insondable; el chico, que seguía muy quieto, mirando a Adrien fijamente, agitó la cabeza y comprendió lo que el licántropo quería de él.
-No... –Draco se atrevió a acercarse un poco a Adrien –Yo nunca te haría nada... Acuérdate de que tu padre nos presentó... –musitó –Si él pensara que yo voy a hacerte algo... Él no...
-Eso es verdad, Adrien –Remus parecía muy satisfecho con el argumento que utilizó el rubio y el niño, por su parte, consideró aquellas palabras –Tú papá jamás te hubiera presentado a alguien que quisiera hacerte daño. Draco es un buen tipo –dijo el hombre, y Draco entornó los ojos, sorprendido –Seguro que si hablas con él un rato te convences de que no es peligroso.
-¿Seguro? –Adrien miró a Draco y, esa vez, el rubio sintió que el niño no estaba tan asustado como antes.
-Y también podemos esperar a que tu papá envíe a "Athos" y preguntarle lo que le parece a él –Remus se irguió y cogió a Adrien de la mano -¿Te parece?
-Seguro que mi papá sabe qué hacer –Adrien se limpió las lágrimas y Tonks suspiró aliviada.
-Señor Malfoy –Remus miró a Draco con intensidad -¿Le apetece acompañarnos un rato en nuestro compartimiento?
Y Draco no pudo negarse, no cuando la furia del licántropo podía ser liberada en su contra si se negaba a calmar los temores del pobre Adrien...
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Adrien se había quedado dormido después de comer; Draco Malfoy había pasado con él una buena parte de la mañana y, aunque al principio el niño se había mostrado claramente desconfiado, poco a poco había empezado a acercarse a Draco hasta el extremo de que, cuando el rubio se marchó al departamento de los prefectos, antes de tomar un tentempié, ya eran buenos amigos. Adrien había decidido llamarle "primo Draco" porque algún parentesco debían tener si Severus era su padrino, y Draco había estado demasiado anonadado escuchando el eterno discurso del pequeño para protestar. Adrien le había hablado de su madre (aunque no mencionó el hecho de que ella no fuera una bruja), de cómo llegó a la vida de Severus, de todas las cosas que había hecho desde que conocía a su padre, de lo que pretendía hacer, le presentó a "Oso", le contó maravillas de Buckbead (Draco tuvo que hacer un esfuerzo para reprimir una mueca de desprecio hacia el hipogrifo) y, en un momento determinado, le narró sus experiencias con Lucius Malfoy: lo ocurrido durante la noche de la tormenta, el ataque que el brujo provocó al hechizar a aquel perro color canela, lo que le había hecho el boggart... Adrien incluso le había mostrado lo poco que quedaba de aquellas manos que estuvieron a punto de asfixiarlo y Draco se estremeció notablemente, a pesar de no haber visto ni la mitad de lo que el boggart le había hecho.
Pero no solo hablaron; Adrien insistió en enseñarle su libro de Hogwarts y leyeron un par de páginas, ambas dedicadas por completo a la selección de estudiantes que cada año tenía lugar en la escuela de magos. Adrien le contó a Draco que él ya había visto el "Sombrero Seleccionador" y que seguramente quedaría en la casa Ravenclaw; así se lo había dicho su abuelo Albus y el niño siempre le daba mucho crédito a las palabras del sabio anciano. Slytherin le gustaba porque su papá había formado parte de esa casa y, cuando Draco le mostró el escudo que adornaba su túnica de prefecto, el niño abrió los ojos como platos... Era realmente bonito, aunque las serpientes no fueran precisamente sus animales favoritos, pero el color plateado era precioso... Adrien se reafirmó entonces en su propósito de ser algún día un Slytherin de "pro" y, aunque Draco dudaba mucho que fuera a terminar en su casa (era evidente que el carácter de Adrien no era precisamente el de un Slytherin; demasiado hablador, demasiado alegre, demasiado inocente y franco), dejó que se hiciera ilusiones... Seguramente el viejo Dumbledore tuviera razón y el mocoso terminara siendo un Ravenclaw empollón y engreído; después de todo, el director de Hogwarts no solía equivocarse demasiado a menudo, menos aún cuando se trataba de analizar el comportamiento de las personas... Adrien era muy pequeño aún, eso era cierto, pero Draco no esperaba que sufriera un gran cambio de personalidad... No, definitivamente ese niño no estaba destinado a ser un Slytherin... Sería realmente gracioso que terminara siendo un Griffindor; al viejo Severus le podía dar un infarto si eso ocurría...
Draco regresó al compartimiento de prefectos poco antes de la hora de comer; se despidió prometiéndole a Adrien que volverían a verse en Hogwarts, dejando al niño plenamente convencido de que, a pesar de que era hijo del "hombre malo", el chico no se parecía en nada a su padre. Adrien lo despidió con una sonrisa alegre y luego centró su atención en Remus y Tonks, que habían permanecido todo el rato fuera del departamento, charlando tranquilamente entre ellos y vigilando a los alumnos; mientras Adrien se comía lo que su padre le había dejado en la mochila, llegó "Athos". El águila entró al tren a través de una ventana y planeó elegantemente por los pasillos, llamando la atención de más de uno, hasta que localizó a Adrien y comenzó a picotear el cristal de la puerta insistentemente; después de que el niño le hiciera unas carantoñas y de que Remus le entregara un pergamino explicándole a Severus lo que había ocurrido con el chico Malfoy, "Athos" se marchó tan elegantemente como había llegado y dejó a Adrien con una duda: comer chucherías o no comer chucherías, esa era la cuestión... Su padre le había vuelto a pedir que no tomara más dulces de los que ya tenía, pero es que Remus había querido darle una sorpresa y le había comprado una gran tableta de chocolate que tenía un aspecto realmente delicioso. Era bien sabido por todos que al licántropo le encantaba el chocolate y, finalmente, consiguió convencer al niño para que comiera un poco (N/A: este Remus... Es peor que un crío) Sin embargo, Adrien no cogió más que un pedazo y le hizo jurar a Remus que él se ocuparía de su padre si se enfadaba con él por comer más dulces de la cuenta... El niño hubiera seguido dándole vueltas al asunto durante más tiempo, pero los ojos se le habían cerrado pesadamente mientras dibujaba y Tonks se había encargado de recoger todas sus cosas y de recostarlo en los asientos, con la cabeza apoyada en una almohada suave y esponjosa que ella misma conjuró.
Después, la joven fue a sentarse junto a Remus, para disfrutar de uno de los pocos momentos de intimidad que iban a tener en ese viaje. El licántropo le rodeó los hombros con el brazo y Tonks se recostó en su pecho, cerrando los ojos para aspirar el aroma de su prometido... Se sentía tan a gusto cuando él la abrazaba, tan protegida, tan feliz... Y Remus no podía negar que a él le pasaba exactamente lo mismo cuando estaba con la joven... Nunca antes en su vida se había dado la oportunidad de querer a alguien tanto como la quería a ella.
-Está guapísimo cuando duerme –suspiró Tonks, mirando fijamente a Adrien –Es increíble la forma que tiene de hablar el enano... Sólo cuando está dormido es capaz de quedarse callado...
-Debe estar volviendo loco a Severus –Remus rió por lo bajo –Él, acostumbrado a la soledad, de pronto se encuentra con un niño como Adrien...
-Creo que lo está sabiendo llevar –Tonks se abrazó a la cintura de Remus y él la estrechó con más fuerza –Es evidente que el niño es feliz con él...
-Albus afirma que lo peor que le podría pasar a Severus es que lo alejen de su hijo y realmente creo que tiene razón... –Remus colocó la mano en el vientre de su novia –Este cachorrito no ha nacido aún y ya no concibo la idea de vivir sin él...
-Todavía no sabemos si habrá cachorrito, Remus –dijo Tonks con un deje de tristeza –No quiero que te ilusiones hasta que madame Pomfrey me lo haya confirmado...
-Yo estoy convencido de que nuestro hijo está ahí dentro –Remus le besó la frente –El lobo que hay en mí lo presiente...
-¿En serio? –Tonks lo miró, divertida -¿Y cómo es posible que tu lobo presienta eso?
-No pretendas que entienda al lobo –Remus hizo una mueca –Él lo sabe y punto.
-¡Oh, claro! –Tonks se quedó seria de pronto –Y, en caso de que esté embarazada... ¿Crees que el niño?
-Tendrá mi pequeño problema peludo –Remus murmuró esas palabras claramente contrariado y preocupado; ese era el único motivo que tenía para no querer se padre –Pero no te preocupes por eso ahora, cariño... Si finalmente estás embarazada, que lo estás –Tonks frunció el ceño –Pienso hablar con madame Pomfrey y con Severus; quizás con la "Poción Matalobos" consigamos que sus transformaciones no sean traumáticas en ningún momento...
-¡Oh, no hables así, Remus! –Tonks se abrazó a su prometido con fuerza, claramente angustiada –No quiero pensar en eso ahora, por favor... Disfrutemos de lo que tenemos ahora...
-Tienes razón –Remus le plantó un beso en la frente –Disfrutemos...
Adrien despertó dos horas más tarde; a esas alturas, la que se había quedado dormida era Tonks, agotada después de un viaje tan largo. Adrien decidió que no iba a molestar y, en silencio, recuperó sus cuadernos de dibujo y sus lápices de colores; terminó el dibujo para su papá (estaba seguro de que le iba a encantar) y decidió hacer algo para Draco. Sabía que el chico se había sentido un poco mal cuando lo miró como si fuera el "hombre malo" y quería compensarle, así que hizo un bonito retrato del propio Draco Malfoy y decidió que se lo llevaría en ese preciso momento. Después de pedirle permiso a Remus, y de que este decidiera que no era peligroso que Adrien fuera en busca del rubio, puesto que el compartimiento de prefectos estaba en el mismo vagón que en el suyo, Adrien salió al pasillo, dibujo en mano, y fue asomando la cabecita por todos las puertas, sin localizar a Draco, básicamente porque no veía bien, era demasiado pequeño. Finalmente, optó por pasar a todos los departamentos y preguntar por su "primo"... En el primer vagón, una chica muy agradable que se llamaba Susan le dijo que en esa estancia todos eran Hufflepuffs y se ofreció a ayudarle en su búsqueda, pero Adrien optó por seguir solo. Después de todo, sólo le quedaban tres puertas más por abrir...
El niño fue a la segunda puerta y, curiosamente, tuvo suerte; Draco estaba allí, sentado junto a la ventana, observando el paisaje con aire ausente y procurando ignorar las estupideces que Pansy Parkinson tenía que decir. Adrien abrió la puerta con mucha timidez y entró lentamente al compartimiento, carraspeando para que los chicos que había dentro le escucharan. Dos de ellos dormían y no se dieron cuenta de su presencia, otro lo miró con indiferencia y una chica que hablaba con Draco parecía querer aplastarlo con la punta de su zapato. Draco, por su parte, giró un poco la cabeza y, cuando lo vio, se sorprendió bastante; inmediatamente se puso en pie y cogió a Adrien de la mano, llevándolo al pasillo para hablar con él. A pesar de que Adrien le resultaba agradable, aún tenía una reputación que mantener; que sus compañeros Slytherin le vieran hablando tan tranquilamente con un niño sólo serviría para dañarla más de lo que estaba.
-¿Sabe el lic... el profesor Lupin que estás aquí? –antes de terminar esa frase, supo que Adrien tenía permiso. La cabeza de Remus asomaba dos puertas más adelante, así que lo estaba vigilando.
-Me ha dado permiso –Adrien cogió con fuerza la hoja con el dibujo para Draco y se balanceó hacia delante y hacia atrás con nerviosismo –Quiero darte una cosa.
-¿Qué...?
-Como antes me porté mal contigo...
-¿Te portaste mal? ¿Cuán...? –Draco cayó en la cuenta de lo que quería decir el pequeño -¡Oh, no te preocupes por eso! Es normal que estuvieras asustado.
-Mira –Adrien le entregó la hoja y Draco la cogió algo confundido, sin mirarla realmente –Es un dibujo para ti... Eres tú...
Adrien agachó la cabecita, medio avergonzado, y Draco entrecerró los ojos antes de mirar su "regalo"... Efectivamente, allí había dibujado un monigote de pelo rubio y grandes ojos claros, vestido con una túnica verde y con la cabeza alzada, captando a la perfección la vieja arrogancia Malfoy; el Draco del dibujo estaba en lo que parecía ser una taberna y el joven mago se dio cuenta de que Adrien lo había dibujado teniendo en cuenta el día que se conocieron. El monigote se movía un poco, aunque era evidente que Adrien no terminaba de entender el funcionamiento de sus lápices de colores mágicos.
-A lo mejor no te gusta... –Adrien habló un poco apenado y Draco dejó de mirar el dibujo y clavó en el niño los ojos grises –La verdad es que no se parece mucho a ti...
-¡Oh, no Adrien! Me gusta mucho –y Draco era plenamente sincero; tal vez aquel regalo no era caro ni ostentoso, pero el detalle del niño tenía mucho más valor –Y si que se parece a mí...
-No es verdad –y realmente no lo era –Se me da mejor dibujar animales... Las personas no me salen bien y tú no te pareces al del dibujo... –Draco esbozó una sonrisa –Será mejor que vuelva con el señor Remus y con Nymphadora...
-Cierto. Ya falta poco para que lleguemos.
-Bien –Adrien empezó a retroceder en dirección a su departamento –Nos veremos luego, en Hogwarts...
-Claro que sí.
Adrien se despidió con la mano y desapareció del pasillo. Draco se quedó muy quieto unos segundos, mirando el dibujo una vez más, hasta que finalmente lo dobló con cuidado y lo metió en el bolsillo de su pantalón. Eso era algo que debía guardar durante mucho tiempo; era, sin duda, el regalo más especial que le habían hecho en mucho tiempo.
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En el próximo capítulo, titulado "Los thestral y el banquete inaugural"...
Mientras Severus le dirigía al señor Remus un discurso que amenazaba con ser eterno, Adrien se escaqueó y fue hasta la mesa de profesores del Gran Comedor; Albus le indicaba con aire divertido que se acercara y el niño no pudo esperar a que los otros dos adultos terminaran de hablar... ¡Qué pesados eran los mayores cuando se lo proponían! Adrien fue hasta donde estaba su abuelo e inmediatamente se encaramó en sus rodillas.
-¿De verdad que sólo comiste un trozo de chocolate? –preguntó el anciano y Adrien afirmó con la cabeza, saludando con la mano a una Minerva que estaba retrasando al máximo el momento de irse –Pues vaya... ¡Qué aburrido es tu papá!
-Dice que los dientes son muy importantes... –Adrien alzó la cabeza y se inclinó hacia delante; un hombrecillo diminuto lo observaba con la boca abierta. Al parecer, Flitwick era el único que aún no se había recobrado del shock que le produjo ver a Severus abrazar a otro ser humano –Creo que ese señor está enfermo, abuelo...
Minerva giró la cabeza y vio la expresión pasmada del profesor de Encantamientos, dándole un codazo para que reaccionara al tiempo que Albus rompía a reír, ganándose la atención de todos los presentes.
-Filius... –recriminó la mujer con seriedad –Es un niño, no una serpiente de siete cabezas... Haz el favor de cerrar la boca.
